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Full text of "Boletín"

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BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 




Fototipia de Hauscr y Meiut.— Madrid 



ARMADURA DE UN LEBREL (SIGLO XVI) 
Real Armería de Madrid 



Boletín Áñox v.-mm. ie? 



DE LA 



SOGIEDIID ESPUjIOLII DE ElCUBÜIOjiES 

^:§3- cx: Madrid. — Enero de 1907. -»-^^ 

*********************************************** **\****\\\\*^*^* 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fattgati, Presidente de la Sociedad Pozas 17. 
Administradores: Sk^s. /f«2/serjy A/e«e/, Ballesta, 30. 



--Vs ADVERTENCIA tf-^ 

Con este nvimevo se reparte á nuestros consocios tres pliegos y una fototipia de La Pin- 
tura en Madrid, de D. Narciso Sentenach, 



■nrwaOOQOanr-» 



aviles: portada de san Nicolás. — puerta de la capilla de las alas. 

altar de la capilla de las alas 

Estas tres láminas se estudian en el trabajo de D. Fortunato de Selgas. 

RETRATO DEL GRABADOR CARMONA.— RETRATO DE ANA MENGS 

Véase para estas dos láminas el artículo de D. Pelayo Quintero. 

ARMADURA DE UN LEBREL 

Constaba en el inventario de la Real Armería la existencia de la armadu- 
ra de un perro de caza que se estimaba perdida y estaban medio arrinconadas 
diversas piezas do forma extraña, cuya significación y procedencia eran des- 
conocidas. 

Parte de éstas habían sido calificadas de musleras que se aplicaban en los 
casos de lesiones en el muslo; es decir, como unas verdaderas musleras qui- 
rúrgicas; pero no dejaba de extrañar que siendo destinadas á tal uso se las 
hubiera adornado con asuntos cinegéticos. 

El actual conservador de aquel centro artístico, discípulo del inolvidable 
Conde de Valencia de Don Juan, y sagaz investigador como él, hubo de aso- 
ciar un día la antigua indicación del inventario con la imagen de las susodi- 
chas piezas, y reuniéndolas, cotejándolas entre sí, viendo en ellas los mismos 
elementos ornamentales y estudiándolas detenidamente, adquirió el pleno 
convencimiento de que formaban entre todas la armadura del perro de caza 
tantos años olvidada. 

Deseoso de propagar entre los devotos de las artes y la arqueología la no- 
ticia del hallazgo, mandó modelar la figura de un lebrel y puso él mismo 
manos en la obra; acomodada la armadura sobre ella, la instaló en el salón de 
la Real Armería; hizo que la casa Hauser y Menet sacase del modelo una foto- 
grafía para estampar la primorosa fototipia que va en este número; publicó 
un artículo en La Ilustración Española y Americana, cuyos directores se 
muestran siempre propicios á favorecer las empresas de propaganda de la 
cultura, é hizo una tirada aparte que ha sido recibida con gran interés por las 
sociedades sabias nacionales y extranjeras. 

Este amor del Sr. Florit por las ciencias que cultiva le hacen ser un ele- 
mento activo de nuestro progreso, así como el excepticismo, la tendencia á 
servir sólo á las pasiones personales y la falta de aprecio de los trabajos de ' 
los demás, son los signos mejor marcados de la degeneración de los individuos, • 

Boletín de la Soo. Esp. de Exc. — 1 



2 ==:=; = = = :=:= Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Monumentos de ;^V¡lés. 



Las i"-lcs¡as de Aviles llevan el sello del estilo románico, la manifestación 
más religiosa de la arquitectura cristiana, y antes de estudiarlas en particu- 
lar nos parece conveniente hacer una reseña liistórica de la aparición y des- 
ai-roUo de este arte en Asturias, y asi se comprenderá mejor el carácter de 
los monumentos que vamos á describir. 

Cuando nuestros arqueólogos se fijan en las construcciones románicas de 
este país, al querer asignar la época de su erección,- suelen remontarla al si- 
glo XI en que aparecen en Francia, especialmente en Borgoña, cuna de este 
bello arte, nacido después del milenario, pasados los temores del fin del mun- 
do. Castilla, más dispuesta que Asturias á recibir, por su mayor grado de cul- 
tura y de riqueza, las influencias del extranjero, adoptó j)ronto este nuevo es- 
tilo como se puede ver en la Basílica de San Isidoro de León, erigida al finar 
el reinado de Fernando I, en la que se muestran todos los caracteres de este arte, 
traído por los monjes de Cluny, por los peregrinos que visitaban nuestros 
Santuarios, en especial Santiago, y por los cruzados y gente de aventura que 
venían á ayudarnos en nuestra lucha con los árabes. Entonces se construye- 
ron las grandiosas Basílicas de Sahagún y de Compostela, en las que aparece 
en todo su esplendor el estilo románico, tanto por la riqueza de la exorna- 
ción como por las gigantestas proporciones de las naves que igualaban las 
de las grandes iglesias monacales de Borgoña y de la Isla de Francia. 

Mientras en Castilla se verificaba rápidamente este cambio en el arte de 
construir, levantábanse los templos de Asturias^, siguiendo las prescripciones 
de aquella arquitectura que los visigodos huidos de la dominación musulmana 
implantaron aquí, y en el período de dos siglos construyeron un número in- 
menso de monumentos religiosos, de los que si desgraciadamente quedan po- 
cos, conservamos por fortuna los más notables. En las iglesias levantadas en 
el primer tercio de la undécima centuria vense empleados todavía los elemen- 
tos de la arquitectura visigoda, como en San Salvador de Fuentes de Villavi- 
ciosa, y hubiera continuado imperando este estilo por largo tiempo á no 
mediar un hecho importante: el viaje santo que Alfonso VI hizo á Oviedo 
en 1075 con el fin de adorar las reliquias guardadas en la Cámara Santa. 

Había sido levantada esta venerable capilla por Alfonso II el Casto en los 
comienzos del siglo IX, y como casi todos los monumentos de aquella edad era 
de pobre construcción y desnuda de ornatos; pero el futuro conquistador de 
Toledo quiso decorarla con toda la riqueza que el nuevo arte podía prestar, 
y en efecto, nada más espléndido y suntuoso que el interior de la pequeña 
nave, con las pilastras que sostienen la bóveda, donde se ven adosadas á las 
columnas y á manera de cariátides las estatuas de los doce apóstoles bella- 
mente esculpidas, abultados capiteles cubiertos de exuberante exornación, 
sobre los que cargan los arcos torales formados de gruesos toros en los que 
campean también ornatos vegetales tomados de plantas exóticas, cualidad ca- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = =-= 3 

racterística de este estilo (1). Y mientras la Cámara Santa se vestía interior- 
mente con las ricas galas del románico, alzábase al exterior una cuadrada y 
maciza torre, severa en su parte inferior, coronados sus cuatro frentes de gra- 
ciosas archivoltas en las que se ve impreso el sello del nuevo arte- Sin embar- 
go estos monumentos no ejercieron al principio gran influencia sobre las 
construcciones del país, ya por la tendencia que ha habido aquí siempre á no 
aceptar las innovaciones que venían de fuera, efecto del espíritu rutinario de 
sus habitantes, ya porque la vieja arquitectura estaba unida al pasado de la 
monarquía, ó bien porque las nuevas construcciones exigían costosos y sóli- 
dos materiales, una ornamentación rica y dispendiosa de difícil ejecución por 
entrar en ella como principal elemento la escultura de la forma humana, 
monstruos y quimeras, asuntos prestados por la fauna y por la flora, tallados 
con acentuado relieve que contrastaba con la pobreza y desnudez que en ge- 
neral se ve en los monumentos aquí erigidos en los siglos IX y X. 

La falta de datos precisos nos impide fijar la época en que el nuevo estilo 
empezó á extenderse; pero casi se puede afirmar que debió ser en los comien- 
zos del reinado de Alfonso el Emperador, sin que haya mediado en el cambio 
el período de Transición que se observa en la transformación de toda arqui- 
tectura durante la Edad Media, en el cual los elementos del arte naciente se 
confunden con los del que espira, hecho que no se encuentra en ningún mo- 
numento de aquel tiempo aquí erigido, cuyos caracteres son esencialmente 
románicos, en lo que á los ornatos se refiere. Un suceso acaecido en Astu- 
rias á fines del siglo XI y principios del XII fué causa de que la nueva ar- 
quitectura se extendiese rápidamente por el país. Los monasterios que hasta 
esa época eran generalmente dúplices y de propiedad particular carecían de 
carácter monumental; se componían de unas cuantas celias estrechas y mez- 
quinas, agrupadas alrededor de una pobre capilla, donde monjes y monjas se 
reunían para orar en común. La vida que se hacía en estos conventos no de- 
bía ser muy edificante viviendo juntos hombres y mujeres, y á eso se debió 
su supresión, llevada justamente á cabo por el Papa Pascual (2). 

La reforma que sufrieron entonces las Asociaciones religiosas en Asturias 
dio por resultado la desaparición de los antiguos conventos, y en su lugar se 
crearon otros poco numerosos, debidos á la piedad de los Reyes y magnates, 
bien dotados con los bienes de los suprimidos y las donaciones de los funda- 
dores, cuyas Comunidades necesitaban para el ejercicio de la vida monástica 
templos de mayores proporciones, claustros, refectorios y otras dependencias 
que había que decorar con los primores de la nueva arquitectura. De esta 
época datan las restauraciones ó fundaciones de San Vicente de Oviedo con 
su basílica de tres naves coronadas de elevado cimborrio; la claustra de la 
Catedral, de la que sólo se conserva alguna tumba é inscripciones; los mo- 
nasterios de la Vega y San Pelayo; Valdedios con su magnífico templo; Vi- 

(1) Cuando en el siglo XVIII se alzó un piso sobre el claustro de la Catedral, quedó oculta 
la fachada dé la Cámara Santa que debió estar ricamente decorada. Sin duda pertenece a 
ella un magnifico trozo de friso i-ománico que cd^-ona la portada greco-romana de la Catedral 
que se abre entre el claustro y la torre vieja y que contrasta ciertamente con las churrigue- 
rescas y barrocas hojarascas que le rodean. 

(2) Decía este Pontífice al Arzobispo compostelano D. Diego Gelmírez, en 1103, sobre estos 
monasterios diíplices: «Illud omnino incongruum est quod per regionem vestram monachos, 
cum santis monialibus habitare audimus, ad quod resecandum inmineat est qui praesencia- 
rum simul sunt divisis longe habitacuiis separentur». Sandoval. Cinco Obispos. 



4 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

llanueva con su notable Basílica; Cornollana, que aún ostenta su mutilada 
iglesia los elegantes y curvos ábsides; Belmente, y algunos otros de los que 
no quedan más que la memoria ó un montón de ruinas. 

Desgraciadamente, esos venerables monumentos sufrieron del siglo XVI 
al XVIII restauraciones que han borrado las primitivas formas románicas, ó 
fueron totalmente reedificados, vistiendo sus muros la arquitectura greco- 
romana en su manifestación menos estética: el barroquismo. Los templos de 
estos monasterios, aunque no grandes, superaban en proporciones á las hu- 
mildes construcciones religiosas del país. Los habitantes de Asturias vivían, 
como hemos dicho, diseminados por el campo en pobres y pequeñas aldeas, 
sin que existieran localidades importantes, villas y ciudades populosas, en 
las cuales, la cultura, la riqueza y el espíritu de asociación y la excitación 
del sentimiento religioso, producían magníficos monumentos arquitectónicos 
como se ve en las poblaciones de Castilla, que en la misma época se cubrían 
de grandiosas basílicas románicas. Las iglesias rurales siguieron bien pronto 
el ejemplo de las monacales, y desde mediados del siglo XII empiezan á ves- 
tirse sus fachaditas con las galas del nuevo arte, sus portadas de abocinadas 
arquerías, cuajadas de caprichosos ornatos, las columnas cilindricas de histo- 
riados capiteles, y los ábsides exornados de anillados fustes que sostienen los 
aleros ó cornisas, con sus graciosos canecillos y metopas de folias y de anima- 
les fantásticos. En los tres siglos que imperó este estilo, del XII al XV, se 
restauraron la mayor parte de los templos de la época anterior que eran pe- 
queños y mezquinos, y en su lugar se alzaron centenares de iglesias románi- 
cas, de las que quedan un número grande á pesar de las reedificaciones que 
á su vez sufrieron estos monumentos en la Edad Moderna. 

A pesar de haberse aceptado con entusiasmo la nueva manera de cons- 
truir, no se rompió en absoluto con las tradiciones del pasado. Los templos 
de planta basilical con tres naves y otros tantos ábsides de la época anterior, 
no fué empleada más que en las iglesias monacales; en las demás, por gran- 
des que fueran sus dimensiones, se hacían de una sola nave, cubierta de teja 
vana como en tiempo de la monarquía, no usándose la bóveda más que en los 
ábsides. En las basílicas asturianas de los siglos IX y X no aparecen jamás 
los testeros semicirculares, sino los de forma rectangular, preferida sin duda 
porque sobre muros rectos y paralelos se podía levantar fácilmente la bóveda 
más elemental y sencilla, la de medio cañón, y en los curvos había que hacer 
la de un cuarto de esfera ó cascarón de difícil ejecución en aquellos tiempos, 
dado el atraso en que estaba el arte de construir. Y tanto se arraigó aquí esta 
forma de cerramientos cuadrados, que el románico fué impotente para deste- 
rrarlos, y persistió, no solo durante el dominio de este arte, sino en el perío- 
do ojival y del renacimiento, de modo que desde los tiempos de Pelayo hasta 
hoy se ve predominar en nuestras iglesias el santuario rectangular, cuyo 
ejemplo nos ofrecen las iglesias de Aviles, en las que, á excepción de la de 
Sabugo, conservan la tradicional forma cuadrada. 

Otra particularidad se observa en los templos románicos rurales de Astu- 
rias. Mientras que las fachadas están enriquecidas con la ornamentación de 
este estilo, la nave carece de decoración, formando desagradable contraste 
con los muros lisos y desnudos, la techumbre de madera labrada, las luces al- 
tas y escasas, que penetran no á través de artísticos ajimeces, sino de estre- 
chas saeteras, y solo se manifiesta esta arquitectura en el arco toral que da 



BOL. DE LA sor. f'SP. De EXCURSIONES 




Fototipia de Hauser y Menet.— Madrid 



AVILES 
Portada de San Nicolás 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. == = = = = =:= 5 

ingreso al Santuario, flanqueado casi siempre de pilastras, pocas veces de co- 
lumnas, y en la ventana que se abre en el muro del ábside. Se pueden citar, 
sin embargo, algunas iglesias de aldea, cuyos paramentos interiores apare- 
cen más exornados, si cabe, que los exteriores, como los de Amandi y Villa- 
mayor. Los miembros arquitectónicos que entran en las construcciones ro- 
mánicas asturianas son siempre los mismos, desde el siglo XII en que apa- 
rece sin mediar, como hemos dicho, el período de transición en que el viejo y 
el nuevo arte se aunan fraternalmente, hasta su desaparición á fines del si- 
glo XV, cuando casi alboreaba el renacimiento. El único elemento ajeno que 
logró penetrar en las construcciones románicas, es el arco apuntado ú ojivo, 
introducido acaso á mediados del siglo XIII, pero no consigTiió desterrar el 
de medio punto que coexiste con aquel hasta la venida del arte clásico. No 
es, pues, de extrañar, que apareciendo estos monumentos durante tantos si- 
glos con los mismos caracteres, iguales formas y ornamentación, haya habi- 
do entre los críticos que se ocuparon en su estudio, como los Sres. Guerra y 
Cuadrado, tal divergencia de pareceres acerca de la época en que fueron eri- 
gidos. 

Ciertamente que no se ven aqui esas magníficas construcciones románi- 
cas, como las de Avila, Segovia, Salamanca y otras ciudades monumentales 
de Castilla; pero no por eso las pequeñas iglesias rurales de Asturias dejan 
de producir en quien las contempla una profunda sensación estética, debida 
en parte á la hermosa naturaleza del país que se une en armónico consorcio 
con el arte. Están situadas generalmente en las alturas, desde donde se do- 
minan espléndidos paisajes, y al lado se levantan añosos árboles, contempo- 
ráneos de su erección, que los cubren con su frondoso ramaje. Rodéanlas ve- 
tustos pórticos que preservan de las inclemencias del vendaval las archivol- 
tas de las portadas, en cuyos tímpanos campean relevadas esculturas que re- 
presentan los símbolos de los Evangelios, y á veces se ven adosados á los fus- 
tes, toscos iconos, magros y estirados unos, macizos y pesados otros, pero 
siempre expresivos, con los ojos cerrados como absortos en la contemplación 
de lo infinito, que forman singular contraste con la vida y movimiento de los 
monstruos, vestiglos y diablillos traviesos que exornan los canecillos de los 
ábsides, los cornisamentos de los ingresos y los piñones de las fachadas. Las 
iglesias románicas son más numerosas aqui que en Castilla, porque allí, como 
los habitantes se agrupaban en villas y ciudades populosas, ricas y en cons- 
tante progreso, hubo necesidad de reedificarlas en mayores proporciones du- 
rante el periodo ojival, y sobre todo, del renacimiento á nuestros días. En As- 
turias vivían sus habitantes esparcidos por el campo, asociados para sus fines 
religiosos en parroquias de escaso vecindario; de modo que los pequeños tem- 
plos han sido siempre suficientes para satisfacer las necesidades del culto, y 
á eso se debe su conservación sin otra ingerencia de estilos posteriores que 
la del greco-romano en las espadañas y en los retablos de los altares, perte- 
necientes casi todos al más bárbaro y degradado churriguerismo. 

IGLESIA DE SAN NICOLÁS 

Es probable que cuando Alfonso VI fundó la puebla de Aviles, sirviera de 
iglesia parroquial una de las dos que cita el testamento del Rey Magno, situa- 
das en el territorio de Illés, pero más adelante la población adquirió algún 



6 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

desarrollo debido á los privilegios y franquicias que el fuero otorgaba á sus 
vecinos, y entonces el pequeño templo, de pobre construcción, como solían 
serlo los del tiempo de la Monarquía, desapareció, alzándose el que hoy ve- 
mos de mayores proporciones y embellecido con los primores de la arquitec- 
tura románica que ostenta todas sus galas en las archivoltas de su portada. 
No es de creer que ocupe este templo el mismo sitio que el anterior, pues si 
así fuera conservaría seguramente la advocación de Santa María ó San Juan 
Bautista que aquellas basílicas tenían. Aunque en el transcurso de la Edad 
Media las iglesias sufrieran una ó más restauraciones, ya por la necesidad de 
darlas dimensiones más grandes, ya por adaptarlas á las exigencias de los 
diversos géneros arquitectónicos imperantes en tan largo período, siempre 
persistía el culto del Santo titular de la primitiva basílica, á no ser que la 
iglesia se convirtiera en monástica, porque solía llevar entonces el nombre 
del fundador de la institución religiosa allí establecida. 

Aparecía este templo, al principio aislado, sin las capillas y dependen- 
cias que después se hicieron, rodeada del atrio ó cementerio, y la defendía 
de las olas del mar la cerca de la villa que aún se conserva, oculta por el 
moderno caserío. Como en aquellos tiempos estaban confundidas la vida re- 
ligiosa y la civil, si en la nave de San Nicolás se juntaban los fieles para 
orar, bajo sus pórticos se reunían los ciudadanos para tratar de las cosas 
concernientes al pro-común segunt lo han por antigua costumbre {1). Del es- 
tudio arqueológico del monumento no se puede deducir en qué época fué cons- 
truido, pues como hemos dicho, los caracteres del arte románico en Asturias 
son siempre los mismos durante siglos, y en ese período se había olvidado la 
buena costumbre del tiempo de la Monarquía de perpetuar en inscripciones 
votivas la era de la fundación y los nombres de los Obispos consagrantes, 
que nos hace conocer la fecha de la erección de la mayor parte de las basí- 
licas de este país de la novena y décima centuria. Aunque carecemos de da- 
tos que lo confirmen, nos inclinamos á creer que este templo fué construido á 
fines del siglo XII ó principios del XIII bajo el reinado de Alfonso IX. Tenía 
este Monarca gran predilección por el monasterio de Valdedios, cuya vida 
cenobítica había restaurado con la Orden del Císter y alzado el magnífico 
templo románico hoy existente. Se dice que en aquel retiro lloró la separa- 
ción de su esposa Teresa á que le obligó el Papa por su estrecho parentesco. 
Unido poco después con Berenguela, la hija de Alfonso VIII hizo frecuentes 
visitas á la villa, favorecida con su afecto y sus donaciones. En aquellos días, 
corriendo el año de 1216, el Pontífice ovetense Juan, primero de este nombre, 
consagró en la iglesia de San Nicolás al abad del Monasterio de Corlas, don 
Juan Pérez, que lo rigió hasta 1232. Este hecho demuestra terminantemente 
que ya existía el templo, por lo menos en los comienzos del siglo XIII, por lo 
que nada tiene de extraño que no aparezcan sus archivoltas y sus vanos ce- 
rrados por arcos góticos, pues sabido es que la ojiva na se manifiesta en las 
construcciones asturianas hasta el siglo siguiente, como se ve en las demás 
iglesias de Aviles, cuya fundación no pasa de esa centuria. 

Desgraciadamente ha sufrido tales restauraciones, que no queda de la 
primitiva fábrica más que la fachada principal. La anchura de la nave y la 
carencia de contrafuertes en los muros laterales revela que debió estar cu- 

(I) Así dicen documentos de los siglos XTII y XIV, publicados por D. Ciriaco M. Vigil en 
8U Colección Diplomática del Ayuntamiento de Oviedo. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 






bierto el templo de madera, empleándose la bóveda solamente en la capilla 
mayor, á la que daba ingreso un gran arco toral, perforado el ábside de un 
exornado vano que alumbraba el santuario. Llegó intacto este templo hasta 
mediados del siglo XVI, sin que alteraran sus formas primitivas las capillas 
de Solis y de las Alas, levantadas en el cementerio en las dos centurias ante- 
riores. Comenzó la restauración por el ábside, como sucede casi siempre al 
que se dio mayor amplitud y altura, afectando su planta la forma poligonal 
para cubrirle de una bella bóveda de crucería con claves colgantes en las 
intersecciones de los nervios. También ganó la nave más elevación como 
puede verse en el muro de la fachada principal donde descansa la espadaña 
marcándose perfectamente las pendientes del primitivo tejado más bajo que 
el actual. En sustitución del antiguo techo de madera se alzaron tres bóvedas 
ojivales de igual estilo que las del ábside, sostenidas interiormente por pilas- 
tras resaltadas, y para contrarrestar su empuje se adosaron al exterior robus- 
tos y abultados contrafuertes, descollando los del arco toral que fué construido 
de nueva planta. El muro del lado de la Epístola fué perforado para hacer 
las capillas sepulcrales, y en una de ellas, la de Camposagrado, existe una 
urna del Renacimiento, poco artística, sostenida por leones con dos tumbas 
donde yacen los muy magníficos Sres. Fernando de las Alas, fallecido en 1545 
y su mujer D."" Catalina de Quilos. Dos grandes arcos dan ingreso á la exten- 
sa capilla del Cristo, construida en 1729, como lo demuestra su barroca ar- 
quitectura, con su pequeña cúpula y bóveda con adornos de yesería, lisos y 
poco relevados, muy usados entonces. La sacristía, de regulares dimensiones 
fué levantada á ñnes del siglo XVIII á expensas del Obispo de la diócesis 
D. Juan de Llano Ponte. 

Las restauraciones no alcanzaron, felizmente, á la fachada del templo 
que conserva sus primitivas formas, si bien algo deteriorada por la mala ca- 
lidad de la piedra de sillería y por las mutilaciones que sus ornatos han su- 
frido cuando le añadieron el agobiador armatoste del pórtico, derribado poco 
tiempo hace. También altera la unidad artística del conjunto el pequeño 
vano que corona la espadaña, feo y mezquino, con reminiscencias del greco- 
romano, arte que si bien dominó en Asturias durante tres siglos, fué mal com- 
prendidoy peor interpretado, como lo dicen las numerosas iglesias construidas 
en tan largo período. La fastuosa portada resalta fuertemente del muro, para 
que en el ancho macizo campeen las tres archivoltas abocinadas que embelle- 
cen tan peregrino ingreso. Las seis columnas, tres á cada lado, que sostienen 
las arquerías, asientan en un robusto zócalo, sobre el que descansan las basas, 
que por su forma recuerdan las áticas con sus dos toros, saliendo del inferior 
los característicos agrafes que llenan los ángulos del plinto. Lisos y desnu- 
dos aparecen los cilindricos fustes, pero son muy notables los capiteles que 
los coronan, de variada composición, exornados de cabezas humanas, leones, 
tallos, hojas y otros ornatos de precedencia animal y vegetal, descollando 
por su belleza el que representa Adán y Eva en el Paraíso comiendo la man- 
zana. La imposta que abraza estos capiteles está tallada en bisel, y en el 
plano inferior se desarrollan serpeantes tallos, alternando con graciosas 
folias. 

Las arquerías de las archivoltas son de medio punto, viéndose en el es- 
trados del interior que cubre el ingreso, toros, filetes y escocias, y en los 
otros dos, complicados zig-zas y tondinos, que se cruzan en ángulo recto. 



3 = = = — = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

con relieves dentro de los rombos. Terminaba la portada con un magnífico 
cornisamento, del que no queda más que un pequeño trozo en el centro, ha- 
biendo sido picado la mayor parte para adosar al muro las maderas del pór- 
tico. Se compone de un saliente entablamento labrado en bisel, en el cual se 
ven círculos con cuadrifolias bien ejecutadas, y le sostienen canecillos va- 
riados, entre los que aparecen, haciendo de metopas, leones relevados, alter- 
nando con florones de cuatro hojas. El tablero de la cornisa está exornado de 
cruces inscritas en medallones circulares y de cuadrifolias, ornato muy pro- 
digado en esta hermosa portada. Sobre ella se ostenta una ventana cubierta 
de una archivolta de medio punto, y termina dignamente la fachada una ele- 
vada espadaña de dos arcos, cuyo piñón fué destruido cuando se levantó pos- 
teriormente el pequeño vano que corona la fachada. 

Como casi todas las iglesias asturianas restauradas en la época moderna, 
no se encuentra en la nave y capillas de este templo nada referente al arte, 
pero sí á la historia. Próximo al churrigueresco altar mayor, del lado del 
Evangelio, se ve á bastante altura una hornacina cubierta de arco de medio 
punto, y en ella aparece una pobre arca de madera, semejante á las que tie- 
nen las aldeanas del país para guardar sus ropas. La larga leyenda que llena 
el frente del misero sarcófago, dice que allí están guardadas las cenizas del 
insigne marino Pedro Mcnéndez de Aviles, uno de los más grandes hombres 
que ha producido la España del siglo XVI. Dominábale, como á todos sus 
compatriotas, el sentimiento religioso, llevado al más exaltado fanatismo, y 
su ideal era la expansión del catolicismo por el mundo, especialmente por la 
parte de América por él conquistada, pero no con las armas del misionero, 
con la persuasión y el catequismo, sino con la espada que hacía rodar las 
cabezas de los indios que se resistían á recibir las aguas del Bautismo, ó de 
los herejes que iban á las lejanas playas de la Florida en busca de libertad 
religiosa. Ningún marino de su tiempo le igualó en el conocimiento de las 
cosas del mar, y si la muerte no lo impidiera, la armada Invencible por él 
mandada se hubiera salvado del naufragio, ya que no realizado el desem- 
barco en Inglaterra. 

Es sensible que Aviles, villa culta y rica y en creciente progreso, tenga 
en el abandono y el olvido las cenizas de su ilustre hijo, que llevado del ca- 
riño á su pueblo natal, quiso que descansaran sus restos en la iglesia donde 
fué bautizado. Los grandes marinos españoles del Renacimiento, Sebastián 
Elcano, Alvaro de Bazán y Oquendo, están reproducidos en bronce en Gueta- 
ria, Madrid y San Sebastián. Aviles debe imitar su ejemplo, erigiéndole una 
estatua para que se perpetúe su memoria, levantando al par en este templo 
un monumento sepulcral que guarde dignamente sus mortales despojos. 

Al lado de la tumba del gran marino yace una hija del Adelantado de la 
Florida D. Pedro de Góngora, Marqués de Almodóvar y Conde de Canalejas, 
fallecida en Londres, donde su padre representaba á España en 1779, y á los 
siete años de edad. Era este diplomático escritor eminente, que contribuyó al 
renacimiento literario de nuestro país en la segunda mitad del siglo XVIIL 
Con la firma de El castellano de Aviles, escribió de Berlín una hermosa car- 
ta en la que describe magistralmente una fiesta palatina en la Corte de Fe- 
derico II, inserta en la colección epistolar de la Biblioteca de Autores Espa- 
ñoles. 



Éolctin de la Sociedad Española de Excursiones. = = == = = 2= = = 9 

CAPILLA DEL PROTONOTARIO SOLIS 

Hijo de Aviles fué el muy reverendo Sr. D. Pedro de Solís, protonotario y 
cubiculario del Papa setabense Alejandro VI, arcediano de Babia abad de 
Santa María de Astorga, arcediano de Madrid, abad de la Colegiata de Arbas 
y de MondoñedO;, y canónigo, maestro de escuela de la Catedral de León. To- 
dos estos cargos ejerció el afortunado clérigo que le granjearon honores y 
forturna, si bien la empleó dignamente antes y después de su fallecimiento 
acaecido en Toledo en 1516, con la construcción y dotación del hospital hoy 
existente y de la capilla que lleva su nombre en el cementerio de San Nico- 
lás, levantada para guardar las cenizas de sus padres que yacian en la igle- 
sia conventual de San Francisco. Así dicen las inscripciones que se ven so- 
bre los ingresos de ambos edificios, casi ilegible la de la capilla por estar 
grabada en una piedra blanda descompuesta con los años. Copióla Jovellanos 
en 1793 y se la dio á Ceán Bermúdez, que la publicó en el Diccionario de 
Arquitectos Españoles de Llaguno, y por cierto, que al leer aquel hombre 
ilustre la retahila de prebendas acumuladas en una sola persona, no pudo 
menos de hacer algunas consideraciones sobre los abusos que había en aque- 
llos tiempos acerca de la pluralidad de beneficios. Fué construida esta capilla 
en el año 1499 por trazas del maestro Fernán Rodríguez de Borceros, natural 
de Oviedo. Su principal ingreso está en el cementerio, de forma abocinada, 
flanqueado de delgados fustes, más bien toros, que elevándose por encima 
de los diminutos capiteles se inclinan hacia el centro describiendo una gra- 
ciosa ojiva. Tiene otra entrada por la iglesia, cuya arquitectura nada de par- 
ticular ofrece; pero llama la atención la reja de hierro que la cierra, con su 
bello arco conopial, cuajado de hojas y otros ornatos, y en el centro se des- 
taca el heráldico escudo del fundador. La planta es cuadrada, y cubre la pe- 
queña nave una bóveda de crucería que descansa sobre ménsulas albergadas 
en los ángulos, y para contrarrestar su empuje se hicieron robustos contra- 
fuertes de piedra de talla, de la que también son los muros. El primitivo altar 
ha desaparecido, y en su lugar se alzó otro con un retablo, cuya forma acu- 
sa el estilo del neo-renacimiento del siglo XVIII. 

La circunstancia de ser esta capilla una de las pocas construcciones as- 
turianas en que se manifiesta francamente el arte ojival, nos obliga á decir 
algunas palabras sobre la pobre y efímera existencia que ha tenido durante 
los siglos XIV y XV, en cuyo período no logró introducir en los monumentos 
del país más que la característica ojiva. Cuando se levantó esta capilla toda- 
vía llevaban nuestras iglesias impreso en sus muros el arte románico, y á él 
hubiera pertenecido á no estar trazada por el maestro Borceros, que como 
hijo de Oviedo, estaba empapado en las máximas del gótico, imperante sólo 
en las construcciones de la capital, ó mejor dicho, de la Catedral. Ya dijimos, 
que nunca pudo penetrar el arte ojival en estas montañas á pesar del domi- 
nio absoluto que ejerció en los edificios de la última parte de la Edad Media. 
Durante los siglos XIII y XIV, época de su esplendor, se observa el fenómeno 
de que todos los monumentos aquí erigidos pertenecen al románico, arte emi- 
nentemente religioso, el único que logró aclimatarse entre nosotros. En vano 
la arquitectura gótica consiguió apoderarse del edificio más importante del 
país: la Catedral de Oviedo. En tanto que su esbelta torre se elevaba á las 
nubes ostentando las ricas galas de aquel estilo, levantábase en los valles, en 

Boletín de la Soc. Esp. de Ese. —2 



IQ = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

las laderas, en medio de una vegetación espléndida, humildes iglesias con 
portadas de archivoltas, de semicirculares y cuadrados ábsides, coronados de 
cornisas sostenidas por canecillos y otros variados ornatos. La forma apun- 
tada de los arcos, único recuerdo del gótico, que se ve en los monumentos de 
los siglos XIV y XV, no altera en nada la armonía del conjunto, que conser- 
va un carácter esencialmente románico. 

Al finar la centuria, algunos maestros que se habían distinguido en 
las obras de la Basílica ovetense, hicieron fuera de la capital varias iglesias, 
en las cuales la antigua arquitectura del país desaparece, como esta capilla 
del protonotario Solís, en donde se ven empleados en su fachada elemen- 
tos decorativos usados tan sólo en los tiempos del estilo ojival, terciario ó 
flamígero. Como este arte se extendió tarde por el país, apareció ya alterado 
y confundido con elementos decorativos del renacimiento, conocido con 
el nombre de plateresco, cuyos albores no aparecen hasta mediados del si- 
glo XVI. 

Un cambio tan radical en arquitectura, el paso del gótico, rico en ex- 
ornación, al greco-romano, donde no se ve más que severas líneas, no podía 
hacerse sin transición, y en efecto, aparecen al principio con timidez, y en 
escaso número adornos platerescos, que van aumentado á medida que los 
ojivales desaparecen, y por fin campean ellos solos. en la decoración monu- 
mental. Acaso sería debida su importación á un excelente maestro autor de las 
mejores obras que se hicieron entonces en elPrincipado, Juan deCerecedo. Era 
este arquitecto natural del país, y como Juan de Cándame, el de las Tablas, 
Pedro Bunieres y el maestro Berceros, se dio á conocer en la Catedral donde 
trabajó toda su vida. Pertenecía á la escuela gótica, y aunque siempre se 
mostró enemigo del clasicismo, no pudo menos de introducir, siguiendo la 
corriente de la moda, adornos platerescos en sus composiciones, usados con 
tanta economía como acierto. Son ejemplos las iglesias de Santo Domingo de 
Oviedo y la parroquial de Cudillero^ y especialmente la torre de la Catedral, 
coronado su último cuerpo, sobre el que se levanta al cielo la elevada flecha, 
con su bello antepecho de balaustres, de pirámides, vanos y trepados, en 
donde se aunan graciosa y fraternalmente elementos del viejo y del nuevo 
arte. La vida del plateresco, como la del gótico, ha sido bien efímera y de 
tan escasa importancia, que apenas ofrece monumentos dignos de mencionar. 

La venida del greco-romano á Asturias, evolución realizada más tarde 
que en Castilla, no hizo desaparecer completamente la arquitectura ojival. 
Mientras que en las iglesias de los siglos XIII al XV las naves estaban cubier- 
tas de techumbres de madera, empleando solamente la bóveda en los ábsides, 
del XVI en adelante, en muchos templos, sóbrelos muros, decorados con ele- 
mentos clásicos, se alzaron bóvedas de crucería, bellamente ejecutadas, con 
las complicadas combinaciones de los nervios, en cuyas intersecciones cam- 
pean sendas claves y otros ornatos pertenecientes á esté estilo. 

Estos anacronismos, estos despropósitos arquitectónicos sólo se pueden co- 
meter en países donde no domina en sus habitantes el sentimiento del arte, 
y en verdad que causa desagradable impresión el ver aquellas ligeras y de- 
licadas crucerías que arrancan, no de haces de finas columnas ó de ménsu- 
las, sino de enormes entablamentos greco-romanos, que parecen hechos para 
soportar macizas bóvedas de medio punto. Este bárbaro consorcio de dos 
-arquitecturas contrapuestas, la clásica y la cristiana, dura hasta los comien- 



BOL. DE LA SOC. E5F. DE EXCURSIONES 



TO"^ XV 




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Puerta de la Capilla de Las Alas 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 11 

zos del siglo pasado, como puede verse en la mayor parte de las io-lesias de 
aldea y en las capillas de las casas señoriales, cubiertos los santuarios de 
pobre y tosca crucería. 

De estas aberraciones arquitectónicas ofrece la Basílica ovetense nota- 
bles ejemplos: el trascoro levantado por el maestro Meana en el primer ter- 
cio del siglo XVII, y la iglesia del Rey Casto, de principios del XVIII, con 
sus pilares robustos como torres, obra disparatada de Bartolomé de Haces 
como sus hermanas las capillas de Santa Bárbara y Santa Eulalia, del más 
pesado barroquismo. Algunas iglesias de Aviles, en las restauraciones que 
sufrieron en la época del clasicismo, fueron cubiertas de crucería, como la 
de San Nicolás, que un perspicuo arqueólogo la consideraría del siglo XVI 
cuando consta en un documento del archivo de la villa que fué levantada 
en 1660, á expensas del Municipio (1). 

CAPILLA DE LAS ALAS 

En el lado septentrional del antiguo cementerio de la iglesia de San Nico- 
lás, la familia de las Alas, la más noble y poderosa de la villa, construyó, al 
mediar el siglo XIV, una capilla sepulcral, que aparecía antes aislada y hoy 
unida á otras edificaciones que se hicieron por esta parte en el siglo XVI. 
A pesar de su antigüedad, muéstrase en perfecto estado de conservación^ cual 
si no hubieran pasado los siglos por ella, lo que no sucede con los demás monu- 
mentos religiosos de Aviles, que han perdido sus primitivas formas en diver- 
sas restauraciones. Pedro Juan de las Alas, su fundador, no quiso que sus ce- 
nizas y las de sus sucesores yacieran en el suelo confundidas con las de la gen- 
te plebeya, sino en tumbas alzadas y al abrigo de artísticas bóvedas. Su tes- 
tamento, otorgado en 1346, que se consorva en el archivo de la familia, hace 
recordar por sus cuantiosos legados á hijos naturales y legítimos, á Cofradías 
y casas de Malatos, á servidores y domésticos, el de otro Procer asturiano de 
la misma especie, D. Rodrigo Alvarez de las Asturias, como él rico, magní- 
fico, cuya religiosidad la hacían compatible con la licencia de sus costumbres. 
Las dimensiones de esta capilla son reducidas como conviene al panteón 
de un cementerio, de planta cuadrada, y la cubre una sencilla bóveda de 
crucería, sin molduras en los nervios, que exhiben superficies poligonales, de 
modo que si no fuera por la ojiva que cierra sus vanos, y sobre todo, porque 
se sabe cuándo fué construida, tal es su desnudez y severidad que más parece 
obra de la decimatercia centuria que de la siguiente. No deja de ser, sin em- 
bargo, su portada una bella muestra del arte románico, en donde se aunan 
graciosamente las líneas arquitectónicas y la decoración escultural. La for- 
ma una apuntada archivolta sostenida por dos columnas en cada lado, cuyos 
lisos fustes descansan sobre basas áticas y éstas á su vez en dobles dados 
rectangulares. Llaman la atención los capiteles que representan mascarillas 
con las caras gesticulantes y sus notantes cabelleras de hojas y plumas que 
les dan el aspecto de pajecillos de la Edad Media. El arco exterior está sepa- 
rado del muro por una impostilla que arranca de dos cabezas pequeñas que 
hacen el oficio de ménsulas, y el interior, de forma trebolada, lo adornan ta- 
llos serpeantes, en cuyas ondulaciones se albergan trifolias bien perfiladas. 
Al entrar en esta capilla se ven á uno y otro lado tres turabas murales cobi- 
(1) Aviles, Noticias históricas, por Julián García San Miguel, pág. 191. 



12 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

jadas por arcos ojivales, en los que campean sendos escudos con las armas de 
los señores de esta noble familia. El suelo está cubierto de losas sepulcrales 
con las leyendas de góticos caracteres que dicen los nombres de las personas 
allí inhumadas (1). No siendo bastante á contener este pequeño panteón los 
restos mortales de los sucesores del fundador, alzaron mejores tumbas, algu- 
nas con bultos yacentes, en la vecina iglesia de San Nicolás y en la de San 
Francisco. Alumbra la nave una ventana gemela, frontera al ingreso, con su 
parteluz y ojo de buey, sin adornos ni molduras, con los arquitos acentuada- 
mente apuntados como los de la portada. 

Llama vivamente la atención de los inteligentes el gótico altar, una joya 
escultórica, tanto más de admirar, cuanto que en Asturias apenas se ven 
muestras de este bello arte, empleado tan solo como elemento decorativo en 
las obras arquitectónicas durante el período románico. Cuando se construyó 
esta capilla, todavía no exhibían los altares los enormes retablos que, trepan- 
do como la hiedra por los muros de los ábsides, llegaron con sus cresterías de 
filigrana hasta los ventanales y arranques de las bóvedas. A mediados del 
siglo XIV, no eran más que unas sencillas cajas de forma de sarcófago don- 
de estaban guardadas las reliquias de los santos, "expuestas á la adoración de 
los fieles en la sagrada mesa. Como aquellos, tiene este retablo su frente del 
corado de bajo-relieves, no de plata, según se acostumbraba entonces, sino 
de alabastro, dorado y coloreado en algunas partes para dar más realce á las 
figuras. Siete son los asuntos, representando el central la Ascensión del Se- 
ñor formando un grupo de cinco imágenes. A la diestra aparecen sucesiva- 
mente la Asunción de la Virgen, la coronación y un santo, y de la otra parte 
la Adoración de los Reyes Magos, la Anunciación y Santa Catalina. Tienen 
estas figuras una altura aproximada de pie y medio, y descansan sobre un 
estrecho zócalo, en el cual aparecen escritos en letra gótica los nombres de 
las escenas y de los santos, que están coronados por una mezquina faja de 
crestería ojival confusa y mal ejecutada. Indudablemente, estos relieves de- 
bieron pertenecer á otro altar más grande, y para acomodarlo á las dimen- 
siones de este los pusieron unidos, no separándoles, como exige el estilo gó- 
tico, haces de columnitas terminadas en pináculos cubierto cada uno con su 
doselete, cobijado por un arco lobulado ó conopial. La composición de los 
asuntos está bien concebida y la ejecución es excelente, á lo que se presta la 
blandura de la piedra. Las figuras son algo alargadas, magras, y las cabezas 
no muy expresivas, grandes, desproporcionadas con el tamaño de los cuer- 
pos, pero sin dureza y sequedad. Los paños bien plegados y caídos con sol- 
tura. Las actitudes naturales, nada de la angulosidad que se nota en muchas 
obras escultóricas de su tiempo; al contrario, vense algunos relieves, como el 
de la Anunciación, una flexibilidad y morbidez en las figuras que recuerdan 
algo la estatuaria del renacimiento. 

Fortunato DE SELGAS. 

(Concluirá.) 

(1) PubHcanlns Quadrado en Recuerdos y Bellezas de España, y C \I. Vig-il en su Epi- 
grafía asturiana. Helas aquí: «Aquí yace Esteban Pérez de las Alas que Dios perdone que finó 
viernes X de Noviembre de MU c CCCOXXII.» Léese en otra: «Sepulcro del muy honrado e 
mucho bueno Juan Estébanes de las Alas que Dios haya vecino que fué de esta villa el cual 
finó en el año de mil e quatro cientos e quarenta c quatro años.» Bajo un escudo de la casa 
Be lee otro: <>: Alonso Estébanes de las Alas que Dios haya que pasó de este mundo a cuatro 
días del mes de Septiembre, año de mil e quatro cientos e sese'^ta e ocho iaños.» 



BOL. DE LA SOC. ESF. DE EXCURSIONES 



Tono XV 






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Fototipia de Hauser y .Ifiuet. —Madrid 



RETRATO DE ANA MENGS 
Dibujado al lápiz por Carmona 

'BIBLIOTECA NACIOMAL) 



BOL. DE LA 50C. E5F. DE EXCURSIONES 






TOMO XV 




Fototipia de Iía-uS¿r y .'■íinet. — Madrid 



RETRATO DEL GRABADOR CARMONA 
Dibujado al pastel pop Ana Mengs 

(ACADEMIA DE BELLAS ARTES) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = iq 



Al finalizar el siglo XVII hallábase la pintura española en un estado de 
lamentable decadencia y casi pudiera afírn-iarse, sin temor de exagerar, que 
no existía tal pintura. Los artistas franceses é italianos traídos por los Reyes 
Felipe V y Fernando eran los únicos que producían algo, y ésto de no gran 
mérito. Houausse y su hijo ]\íiguel Ángel se establecen en Madrid y tienen 
algunos discípulos, que pensionados por el Rey para estudiar en Italia, vuel- 
ven siendo medianos pintores, pero sin nada de originalidad, meros imita- 
dores de lo que habían visto, y por tanto sin condición alguna para la rege- 
neración tan necesaria de la pintura patria. 

En tales circunstancias pensóse en hacer algo oficialmente, para contri- 
buir al ansiado renacimiento de nuestras artes, y surgió la idea de la crea- 
ción de una Academia que dirigiera y encauzara las doctrinas y métodos ve- 
nidos del extranjero, que sólo confusión y amaneramiento producían en los 
pintores noveles; idea que ya en tiempo de Felipe IV había existido (r) y en 
parte realizó el escultor Olivieri (en el reinado de Felipe V), sosteniendo por 
cuenta propia una escuela pública para el estudio de la pintura y escultura, 
que vino á ser como el cimiento de la que, después de algunos años de lucha, 
quedó definitivamente fundada con el nombre de «Academia de nobles artes 
de San Fernando». 

Aprobáronse sus estatutos en 3 de Mayo de 1757, dotándola con 12.500 pe- 
sos, estableciendo premios y pensiones, con clases de arquitectura, pintura, 
escultura y grabado. Estuvo primero instalada en la Plaza Mayor, en el edi- 
ficio llamado «Casa Panadería», y en 1774 pasó adonde hoy está. Sus resul- 
tados fueron escasos, sobre todo hasta que, reinando Carlos III, vino Rafael 
Mengs á encargarse de su dirección, con el cual, si bien es verdad que no se 
hizo el milagro de que salieran nuevos Velázquez, se enseñó el dibujo con toda 
corrección y quedaron gran número de discípulos, entre ellos Bayeu, Maella, 
Menéndez, el célebre grabador y dibujante Salvador Carmona y la no menos 
notable é interesante artista Ana María Mengs, hija suya y esposa de Car- 
mona; la cual mereció ser nombrada académica por sus excelentes miniatu- 
ras y retratos al pastel (2). 

Era Ana María la mayor de los cuatro hijos que tuvo Rafael Mengs, y 
como todos ellos, desde muy niña aprendió de su padre la pintura, á la vez 
que recibía esmerada educación, haciendo de la pequeña discípula una buena 
esposa y madre de familia, al mismo tiempo que era excelente retratista, 
tanto al pastel como en miniatura. 

El retrato que de ella hoy reproducimos está tomado de un dibujo al lápiz, 
sobre papel gris, ejecutado por Carmona, su esposo. Representa tener cua- 
renta años de edad, y es su fisonomía simpática, denotando inteligencia y bon- 
dad, debiendo estar hecho poco tiempo antes de su muerte. Los otros dos retra- 
tos que de ella conocemos son de época anterior y obra también de su mari- 

(1) A Felipe V le pi-opusieron también la creación do una Academia de nobles artes el 
ministro Vi Hadar cas y el escultor Olivieri. 

(2) La primera académica nombrada fué D.* Bárbara María Hueva, natural de Madrid; 
nombrada en 13 de Junio de 1752. 



14 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

do; uno está publicado en la antigua revista El Arte en España, reproducción 
litográflca á dos tintas hecha por Lozano, y figura como ilustración de un ar- 
tículo biográfico del grabador de Cámara, Manuel Salvador Carmena; el otro 
es inédito y propiedad del inteligente coleccionista D. Félix Bois, está dibu- 
jado al lápiz, ligeramente colorido, y aparece más joven que en los antes des- 
critos, pero con la misma expresión inteligente y bondadosa. 

Nació Ana María en Dresde el año 1851, educándose en Italia, donde vi- 
vía su padre, y tendría unos veintiséis anos cuando Salvador Carmona, acom- 
pañado de su hermano, fué á Roma con el exclusivo objeto de tomarla por es- 
posa, pues ya desde Madrid había pedido su mano y otorgada con agrado por 
parte de Mengs.' 

Para juzgar lo que era nuestra biografiada, moral y físicamente, veamos 
cómo se expresan los hermanos Carmona en una carta dirigida á su padre 
con fecha 1.° de Octubre de 1778. Dice así Salvador: «Estoy lleno de satis- 
facciones y honores que he merecido del caballero Mengs, pues me colma, 
igualmente que á mi hermano, de favores toda su familia que es la más ama- 
ble del mundo y la más bien educada, de manera que lo pasamos como si 
hubiéramos vivido siempre juntos, dejando aparte los primeros días que fue- 
ron (como es natural) de sorpresa. Mi doña Anita es preciosísima, un genio y 
modo que enamora cada día más, y con dificultad se hallará otra de sus 
prendas»... 

Su hermano en una postdata confirma el parecer del enamorado esposo, 
del que, como tal, pudiera parecer demasiado interesada su opinión, y dice: 
«Mi hermano puede dar el viaje por bien empleado, por haber hallado una 
prenda de tal mérito, pues en todo es perfecta»... 

Cuando Carmona, terminada su estancia en Italia, regresó á España, Ana 
María siguió á su esposo y se establecieron en Madrid, donde el cargo de gra- 
bador real que tenía los reclamaba, y donde, á pesar de los deberes materna- 
les que los siete hijos que tuvo la imponían, siguió pintando miniaturas y pas- 
teles, sin que esto la impidiera cumplir con aquéllos, como cumplió siempre, 
con el cariño y perfección más extremados. 

En Junta particular de 29 de Agosto de 1790, presidida por el Conde de la 
Roca, fué nombrada académica de honor y de mérito de la Real Academia 
de San Fernando, al mismo tiempo que D.'' María Palafox y D.*" María Lucía 
Gilabert, considerando la Junta, según el informe, «su virtuosa aplicación y 
con el objeto de estimularlas á mayores progresos». 

En la Academia de San Fernando se conserva una obra de ella, cuya re- 
producción fototípica acompaña á estos apuntes y da una perfecta idea de su 
mérito. Representa á Salvador Carmona^ y está dibujado al pastel con gran 
maestría y soltura, recordando algo, como es natural, la pintura de su padre. 
El colorido es todo lo ajustado que permite el procedimiento pictórico emplea- 
do, debiendo tenerse en cuenta que la fabricación de lápices no había logrado 
la perfección que hoy, y advirtiendo que el tiempo ha borrado algo, por lo 
cual la frente y parte de la cara no modela lo que debiera, pero no impide que 
el dibujo sea perfectamente correcto, acusando una gran seguridad y maes- 
tría para el arte del retrato y copia del natural, cosa esta última digna de 
notarse, porque generalmente las artistas solían limitarse á la copia de obras 
maestras; pero Ana Mengs, educada desde niña en el estudio del yeso y del 
natural, continuó siempre cultivándolo, y si bien no llegó, que :epamos, á 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



= == = = 15 



componer cuadro alguno, hizo numerosos retratos, tales como el de D.*^ Ju- 
liana de Morales, el de la Marquesa de Valdecorzana y otros varios como los 
pintados por encargo del Infante D. Luis. 

En la Sección de estampas de la Biblioteca Nacional hay dos preciosos es- 
tudios de cabezas femeniles, que al ser colocados, como lo han sido entre 
otros varios de célebres maestros, por el inteligente Jefe de la Sección es 
prueba evidente de que nada desmerecen de los otros. 

Están ejecutados por el procedimiento del pastel, pero no enteramente 
igual al que hoy se hace, sino con lápices más duros, y por tanto menos pas- 
tosos, viéniose el negro por algunos sitios, no habiendo perdido el vigor á 
pesar del tiempo transcurrido y del roce natural que han sufrido hasta su 
colocación en el lugar en que ahora se guardan. Representa uno de ellos 
simpática cabeza, colocada de frente, que juzgando por la semejanza de ras- 
gos flsonómicos con el retrato de Carmona, parece ser la de una de las hijas 
de nuestra artista, tal vez el de la mayor, que junto con el retrato de su pa- 
dre, Rafael Mengs, con el de su marido y con un dibujo de la Madona de la 
Segiola, presentó para ser nombrada académica. El otro es también una ca- 
beza, pero de perfil, más joven y con expresión más risueña, con aire tam- 
bién de familia, siendo probable fueran estudios hechos por pasatiempo y con 
el cariño de madre^ reñejándose en ellos gran soltura y facilidad en el ma- 
nejo de los lápices, y si no hubiera más obras de Ana Mengs que estas dos, 
con ellas bastará para acreditarla de pintora y digna discipula de su padre. 

El retrato de Mengs que presentó en la Academia, no sabemos cuál puede 
ser su paradero, y es una verdadera desgracia que no figure junto al de Car- 
mona, pues dado el carino con que está hecho éste, nos daría una perfecta 
idea del artista, que si bien nació en suelo extranjero, lo podemos considerar 
como español por el cariño que profesó á España y por lo mucho que trabajó 
en pro de su renacimiento artístico. 

Disfrutó bien poco la distinguida académica del honor alcanzado, pues 
algún tiempo después de haber sido nombrada, tras penosa y larga enferme- 
dad, falleció en Madrid, contando sólo cuarenta años de edad, y cuando aún 
hubiera podido dar muchas muestras de su valer y talento, celebrándose des- 
pués de su muerte, en el año 1793, una Exposición en que figuraron varias 
de sus obras, para que el público pudiera juzgar de su mérito artístico. 

Pelayo QUINTERO, 




16 ■■:== = = ■= = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

SECCIÓN OFICIAL 

Domingo 17. — Excursión á Toledo. 

Salida de Madrid (Estación del Mediodía): ocho de la mañana. — Llegada 
á Madrid: ocho de la noche. 

Monumentos que se visitarán. — Catedral, Cristo de la Luz, Tránsito, Santa 
María la Blanca y todos los demás que permita el tiempo. 

Cuota. — Catorce pesetas con billete de ida y vuelta en segunda, almuer- 
zo, gratificaciones y gastos diversos; pero no los derechos especiales que 
cobra el Cabildo por tesoro, ropas, etc. 

Las adhesiones al señor Director de Excursiones, D. Joaquín de Ciria y 
Vinent, plaza del Cordón, 2, 2.** izquierda^ hasta el sábado 16 á las cuatro de 
la tarde. 

cMes óo cMarzo. 

Domingo 3. — Excursión por Madrid. 

Lugar de reunión: El Ateneo. — Hora: diez de la mañana. 

Al terminar la excursión almorzarán juntos los socios que asi lo deseen. 

Domingo 17. — Fiesta de aniversario de la Sociedad, 

Habiéndose celebrado en el año de 1906 con una excursión á puntos rela- 
tivamente alejados de la capital, toca este año celebrarla en Madrid ó pobla- 
ciones próximas. 

Los detalles de esta fiesta se publicarán en el número de Febrero, pero 
puede anticiparse á los señores socios que la cuota no pasará de diez pesetas. 



^VWV /S^^V^^^s^fc^^fc^^^ 



EXCURSIÓN REALIZADA 

En-el momento de entrar en prensa nuestro número acaba de realizarse 
la visita al Museo de Reproducciones, con asistencia de los Sres. Allende Sa- 
lazar, Aníbal Alvarez, Argamasilla, Barrustell, Bosch (D. Pablo), Carrasque- 
do. Conde del Retamoso, Ciria, Delgado, Dusmet, Echevarría, Estremera, 
Guilmain, Jara, León y Ortiz, Linares, Marqués de Villasante, Mélida (Don 
J. Ramón), Mélida (hijo), Mendizábal, Menet, Ovejero, Pelayo Quintero, Ro- 
jas, Sentenach, Serrano Fatigati, Ventosa y Vera. 

El Director del Museo y consocio nuestro, D. José Ramón Mélida, espera- 
ba á los excursionistas en aquel centro artístico, y durante más de dos horas 
tuvo suspensa gratísimamente la atención de todos con sus observaciones tan 
sabias, ingeniosas y eruditas, como amenas. 

Al terminar el estudio de la bella colección se reunieron nuestros conso- 
cios en un familiar almuerzo, bien servido por el Hotel Inglés y organizado 
por el Sr. Ciria como él sabe hacerlo. 

De esta excursión y de la muy brillante á Córdoba, Granada, Guadix, Al- 
mería y Jaén, con que se ha inaugurado el decimoquinto año de vida de nues- 
tra Sociedad, publicaremos en el próximo número más extensas relaciones 



BOL. DE LA SOC. ttSP. DE EXCURSIONES 



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AVILES 
Portada de San Francisco 



BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 



TOMO XV 




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Capitel romano 




Fototipia de Hauser y Menet.— Madrid 



AVILES 

San Francisco: Friso Latino-Bizantino 



BOLBTÍN 



Año XV. —Nú 771. 168 



DE LA 





DE ElCOBSiOIIES 



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— Madrid. — Febrero de 1907. -®-.^ 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fattgati, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: Sres. Haiiser y Menet, Ballesta, 30. 



Monumentos de ;^ viles. 



(Continuación.) 



IGLESIA DE SAN FEANCISCO 

La Orden monástica de San Francisco fué traida á Asturias por un com- 
pañero del Seráfico fundador: Fr. Pedro Compater, que levantó en Oviedo el 
convento de este nombre, en cuya gótica iglesia de bellos ábsides, bárbara- 
mente destruida en estos días, yacían las cenizas de aquel venerable siervo 
de Dios, y las de muchos asturianos ilustres del apellido de Valdés. Exten- 
dióse por el país la religión franciscana, siendo el Monasterio de Aviles el 
más importante después del de la capital. Remonta su origen al reinado de 
Enrique II, según dicen antiguos documentos anteriores al año de 1380 en que 
se supone haber sido fundado. Carballo se inclina á creer que en este lugar 
estaba situado el monasterio Abelaniense, otros el de Samos, y no falta quien 
atribuya á los templarios su erección, á los que el vulgo suele asignar el ori- 
gen de numerosas fundaciones religiosas. Ya hemos demostrado en otra parte 
lo absurdo y erróneo de estas opiniones, y no insistiremos en combatirlas. 
Es muy probable, sin embargo, que tuviera aquí su asiento la Basílica de San 
Juan ó de Santa María, pei'tenecientes á la villa de Illés ó Abellics, citadas 
en la donación de Alfonso III del 905, porque en unas excavaciones prac- 
ticadas no hace mucho tiempo en la actual iglesia se encontró un' fragmento 
decorativo que manifiesta el Arte de la época de la Monarquía. Según cuenta, 
el maestro Gil González Dávila, fueron protectores de esta santa casa Juan 
Alonso de Oviedo y su mujer Aldonza González, contribuyendo con cuantio- 
sos recursos á la construcción del templo, que más adelante, en 1522, sufrió 
grandes desperfectos, causados por el terremoto que derruyó muchos edificios 
del Principado (1). 

(1) Carballo reproduce en su historia de Asturias el sig-uicnte extraño suceso acaecido en 
Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 3 



18=r- = == = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 

Esta iglesia, como sus hermanas la de San Nicohls y Sabugo, ha sido víc- J 
tima de las restauraciones que se hicieron del siglo XVII á nuestros días, que 1 
han alterado sus primitivas formas románicas. Es de una sola nave, y á uno 
y otro lado del presbiterio hay dos espaciosas capillas, separadas por arcos 
semicirculares, que por su diafanidad tienen más bien el aspecto de brazos 
de crucero ó de naves laterales. Un arco toral apuntado con el dovelaje des- 
nudo de molduras, da ingreso á la capilla mayor, de planta rectangular, 
alumbrada por una gran fenestra, dividida por un parteluz, sin más ornatos 
que la ojiva que cierra sus vanos gemelos. Cubre el santuario una hermosa 
bóveda de crucería de entrelazadas nervaduras con claves colgantes en las 
intersecciones, que fué alzada posteriormente á la construcción del templo, 
acaso en el siglo XVII en que, como hemos dicho, á pesar de imperar en to- 
das partes el greco-romano, se hacían en este país bóvedas góticas. La ca- 
rencia de contrafuertes en los muros de la nave, indica claramente que tenía 
una techumbre aparente de madera, que más tarde se ocultó con una bóveda 
tabicada de yesería, que fué derribada á mediados del siglo pasado para ha- 
cer la no menos fea y antiartística que hoy se contempla. En los altares do- 
mina el churriguerismo y el mal gusto, viéndose en uno de ellos una hermosa 
imagen de Santa Rosa, obra del afamado escultor asturiano Antonio Borja, 
discípulo del gijonés Luis Fernández de la Vega, y éste á su vez lo fué de 
Gregorio Hernández, jefe de la escuela escultórica Vallisoletana (1). 

En las capillas campean magníficas tumbas murales, viéndose en la de 
Santiago dos juntas cobijadas por arcos apuntados, con las urnas exornadas 
de arquerías ojivales y de escudos de la familia de las Alas, sobre las que 
descansan dos estatuas de hombre y de mujer sin inscripciones que digan los 
nombres de los personajes allí sepultados; y en la opuesta álzase también 
otra anónima muy notable, albergada en un nicho cerrado de arco semicircu- 
lar, sostenido el sarcófago por leones, con una figura yacente bien ejecutada, 
con ángeles á la cabeza y á los pies, emblema de la armas de esta Casa, que 
pretendía traer su origen de un hecho milagroso acaecido en el castillo de 
Gauzón. No queda del románico claustro ni siquiera la memoria, desapare- 
cido, como todos los de los monasterios de Asturias, á impulso de la reacción 
neo-clásica de los siglos XVII y XVIII. Aquellas bajas arquerías sobre robus- 
tos basamentos, sustentadas por columnas de cortos fustes y abultados capi- 
teles, cubiertas de ennegrecidos techos de madera, alumbraban débilmente 
sus ánditos convertidos en cementerios, en cuyos suelos y paredes se veían 
tumbas y losas sepulcrales con leyendas en bárbaros versos latinos que de- 
cían las virtudes de los monjes y levitas que esperaban allí el día de la resu- 
rrección. Al realizarse entre nosotros, aunque más tarde que en Castilla^ la 
evolución artística del Renacimiento, el claustro de la Edad Media, de una 
sola planta, desaparece, y en su lugar se levanta el patio clásico, remedo de 
las construcciones palacianas del siglo XVI, con sus amplias galerías de co- 

esta casa, que cuenta el P. Gonzaga: Al celebrarse la fiesta de San Antonio de Padua en este 
convento, NicoIiVs Alfonso de Aviles, por instrucción de su abuelo Juan Alonso de Aviles, 
abriendo un pez para dar de comer á los frailes, hallaron en el buche una sortija que el mis- 
mo Nicolás Alfonso había perdido en el mar, cayéndole del dedo, yendo navegando, de que 
había recibido mucha tristeza por la gran estima que la tenia, por haber sido de su padre y 
abuelo y de precio, lo cual fué atribuido á milagro del santo. 

(1) En la iglesia de San Nicolás existe una imagen de la Virgen del Carmen tallada por 
Borja. (Geán Bermúdez, Diccionario de los Artistas Españoles, t. I, pág. 166.) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = =^ = ~ = = 19 

lumnatas ó de pilastras, abiertas á la luz, repartidas en dos pisos, sin sepul- 
cros, sin inscripciones, sin nada que recuerde la vida contemplativa el mis- 
ticismo y la muerte. Los dos únicos claustros de arquitectura religiosa que 
existen en este país, el de la Catedral y el del convento de San Vicente de 
Oviedo, fueron también victimas de antiartísticas restauraciones, cuando al 
mediar el sigio XVIII alzaron sobre sus afiligranados ventanales los pesados 
cuerpos de barroco estilo al que pertenece el de este monasterio franciscano. 

El templo carece de fachada principal y su ingreso está abierto en el 
muro septentrional de la nave, protegido al exterior por un enorme pórtico 
de clásica arquitectura, que si le agobia con su mole, le preserva de la intem- 
perie y le mantiene en buen estado de conservación. Domina en la portada 
el arte románico, si bien la ojiva logró introducirse en las archivoltas, lo que 
confirma haber sido construida en el siglo XIV. No desdice tan peregrino in- 
greso, ni por sus proporciones, ni por su belleza, de los que exhiben las igle- 
sias de Sabugo y San Nicolás. Está formado por cuatro archivoltas abocina- 
das, sostenidas por ocho columnas, la mitad á cada lado, cuyos cilindricos 
fustes descansan sobre bien perfiladas basas, que á su vez asientan en dobles 
dados. En los capiteles muéstrase exuberante la ornamentación vegetal, en- 
vueltos graciosamente los tambores en hojas, frondas y algún mascaroncillo, 
observándose en su composición la euritmia y no la simetría, cualidad carac- 
terística de la arquitectura religiosa. Una imposta tallada en bisel, decorada 
de folias y otros ornatos, corre horizontalmente sobre los capiteles, sirviéndo- 
les de abacos. Las archivoltas acusan más bien el estilo ojival, pues aparte 
de la forma apuntada de los arcos, el dovelaje no es rectangular, sino de 
molduras lisas, de toras, escocias y filetes, y sólo la exterior está separada 
del fondo del muro por una impostilla ornamentada. Corona dignamente esta 
portada un cornisamento de variados y caprichosos canecillos, entre los cua- 
les se ven folias, flores y cruces cobijadas bajo el entablamento abiselado y 
exornado de tallos y hojas, y en la cara inferior trenzas y otros adornos pro- 
pios de este estilo arquitectónico. 

Capitel romano. — A los pies de la iglesia, bajo el coro, en sitio oscuro y 
aprisionada por espesa reja, se ve una pila bautismal que no pertenece, como 
todos los monumentos religiosos de Aviles, al Arte cristiano. Los romanos no 
levantaron en Asturias construcciones artísticas durante su larga domina- 
ción, como hemos dicho, así es que causa sorpresa la presencia de este mag- 
nifico fragmento de la arquitectura clásica, digno de figurar en la misma ca- 
pital del imperio por sus proporciones colosales, por el rico material de que 
está formado, y sobre todo por la belleza de su estilo. Es un capitel de orden 
corintio, de noventa y seis centímetros de alto por otros tantos de ancho en 
su mayor vuelo. Envuelven el tambor doble fila de hojas de acanto finamente 
picadas, de entre las cuales brotan los vastagos y caulícalos que salen hasta 
los ángulos del cimacio, que al desarrollarse forman graciosas volutas... Des- 
graciadamente tan bella perspectiva se ve más bien con los ojos de la imagi- 
nación, porque allá, sabe Dios cuándo, una bárbara mano le despojó de sus 
ricos ornatos, arrancó los caulícalos, borró las líneas delicadas de sus hojas, 
lo relabró todo, dejándolo escueto y medio desnudo de su exuberante vege- 
tación. 

No impiden, sin embargo, esas mutilaciones percibir las correctas formas 
que acusan la presencia del orden corintio en sus mejores tiempos, siendo 



20 = — — = = = = = Boletín ríe la Sociedad Española de Excursiones. 

probablemente tallado en la segunda centuria de nuestra Era. Por los módu-: 
los que tiene el capitel en su collarino, se deduce que la columna á que per- 
tenecía no bajaba de 30 pies de altura, proporciones semicolosales, que sólo 
se empleaban en los peristilos de los templos de las grandes ciudades roma- 
nas. Los críticos del siglo XVIII y de principios del siguiente, Jovellanos, 
Ceán Bermúdez y Carlos Posada, asturianos todos, se fijaron detenidamente 
en este capitel, tanto por el carácter cLásico de su arquitectura, en la que 
eran tan peritos, como por ser el único resto romano de importancia que ha- 
bían hallado en este país. ¿De dónde vino ese grandioso fragmento monu- 
mental, la uña de león, como la llama elegantemente Jovellanos? No se sabe, 
ni es fácil averiguarlo, Ceán Bermúdez, que entre aquellos críticos era el 
que conocía mejor las antigüedades asturianas, dice: «Al considerar la belle- 
za y perfección de este trozo de arquitectura, que hubo de pertenecer á un 
suntuoso edificio, y lo inverosímil de que lo construyesen los romanos en un 
país donde no hicieron más que obligar á los naturales á trabajar en las mi- 
nas y canteras, no puedo menos de sospechar que la trajo de otro lugar algún 
aficionado á las Bellas Artes, y éste, acaso, fué D. Pedro Solís^ natural de 
Aviles y Protonotario y Camarero del Papa Alejandro VI» (1). 

Respetando la opinión de tan autorizado crítico, nos permitiremos obje 
tarla, manifestando que no debió ser traído de Roma, en el Renacimiento, 
sino en la Edad Media, época en que los viejos capiteles se convirtieron en 
pilas de agua bendita, y no venido de la Ciudad Eterna, con la que no tenía 
Aviles fáciles comunicaciones por la larga distancia. Más probable es que 
proviniera de una importante población marítima de la Península, como Lis- 
boa ú Oporto (2), ó más bien de Francia, en cuyo litoral existieron las ciuda- 
des romanas de Burdeos, Tours y otras, que mantenían relaciones comer- 
ciales con esta villa^ según dicen curiosos documentos de los siglos XIII 
y XIV (3). 

El arquitecto D. Manuel de la Pena Padura, académico de mérito de la 
de San Fernando, y teniente arquitecto mayor de Madrid, sacó en 1798 un 
bosquejo de este capitel, y después, en 1814, hizo un vaciado en yeso de una 
cuarta parte de su circunferencia para presentarlo á la Real Academia, que 
aceptó, reconocida^ tan artístico donativo (4). Estuvo sirviendo el capitel de 
pila de agua bendita en el cementerio de la iglesia parroquial de San Nico- 
lás, situado á mano derecha de su principal ingreso, adosado al muro de su 
románica portada. Allí le vieron y' le estudiaron los eminentes críticos que 
hemos citado; pero no muchos anos después, cuando este templo dejó de ser 

(I) Sumario de las antigüedades de España, png'. 19G. 
. {2) De esta ciudad llevó Alfonso el Magno, á fines del siglo IX, columnas romanas y otros 
mármoles para decorar la Basílica Compostelana. 

(3) Véase la «Colección diplomática del Ayuntamiento de Oviedo», publicada por D. Ci- 
riaco M; Vigil, págs. 171, 72 y 73. 

(4) Sr. D. Manuel de la Peña Padura. — En Junta ordinaria de 7 de este mes, hice presen- 
te á nuestra Beal Academia el vaciado en yeso que V. S. sacó en Aviles del trozo de capitel 
corintio, esculpido en mármol, que se halla á la entrada de la iglesia parroquial de dicha 
villa, y sirve de pila de agua bendita Visto por los señores profesores abundaron en la idea 
de V. S., ya por su particular mérito, ya por ser una oferta nacida de su filial reconocimien- 
to y del honroso deseo de propagar y fomentar con el estudio de la antigüedad el noble arte 
de la arquitectura que proí'esa. Le participo á V. vS el acuerdo de la Academia para su go- 
bfcrncTN' satisfacción. Dios guarde á V. S. muchos años.— /asé Mancirriz. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = ==91 

parroquial, fué llevado al de San Francisco, donde hoy se encuentra dedica- 
do á pila bautismal. 

No deja de extrañar que siendo la única misión de un capitel la corona- 
ción de una columna, aparezca en la Edad Media adaptado á uso tan distinto 
como de pila de agua lustral en una iglesia cristiana. En Asturias es acaso 
más frecuente este hecho que en otras partes, por lo que nos permitiremos 
decir dos plabras acerca de él. Las pilas bautismales de las primitivas basí- 
licas cristianas y de los templos visigodos eran grandes cubetas de piedra ó 
de fábrica, empleándose también los labros de las termas romanas. 

En las Sedes episcopales estaban situadas en edificios aislados, llamados 
baptisterios, ó en ei centro de los atrios, rodeados de pórticos que precedían 
á los templos. Cuando cayó en desuso el Bautismo por inmersión, no hubo 
necesidad de pilas tan grandes, y se labraron tazas de piedra, que conserva- 
ban la forma de los antiguos labros, que los árabes españoles aprovecharon 
para pilas de abluciones de sus mezquitas. En Asturias conservaron estas 
pilas durante la Edad Media la forma tradicional, siendo un bello ejemplo la 
de San Pedro de Villanueva, del siglo XII, hoy custodiada en el Museo Arqueo- 
lógico Nacional. En los templos levantados en la época de la monarquía astu- 
riana desaparecieron los patios ó atrios cuadrangulares, y las pilas bautis- 
males se albergaron en los pórticos que circuían las iglesias, y por fin den- 
tro de las naves, á los lados de los ingresos. 

En las construcciones religiosas de la primera mitad de la Edad Media se 
empleaban los restos decorativos de los monumentos romanos, y entonces se 
convirtieron los capiteles en pilas de agua bendita, especialmente los del or- 
den corintio, que por la riqueza de sus ornatos y por su forma alargada se 
prestaba á esta transformación, ahuecándolos, á manera de vaso, para conte- 
ner el sagrado líquido, y colocados para ganar altura sobre un pedestal que 
solía ser un trozo de fuste de una antigua columna. En el interior de España, 
y particularmente en Extremadura, donde abundan las poblaciones monu- 
mentales, se ven todavía en las iglesias muchos capiteles dedicados á este 
uso. En Asturias, á falta de ruinas romanas á quien despojar de estos bellos 
miembros arquitectónicos, se imitaban toscamente los viejos modelos ó se la- 
braban siguiendo los diversos estilos dominantes en la Edad Media. Hállanse 
con frecuencia sirviendo de pilas, capiteles del tiempo de la monarquía, 
aprovechados con este objeto en las diversas reedificaciones que han teniao 
nuestros templos, pudiendo citar entre ellos las de San Francisco de Oviedo 
(hoy desaparecidos) y de la Colegiata de Gijón. 

Friso latino-hizantino .—En la capilla de Cristo existe un curioso fragmento 
decorativo, de época muy anterior á la fundación de la puebla de Aviles, 
perteneciente sin duda, como acabamos de decir, á una de las dos iglesias 
citadas en la donación del Rey Magno, que debió estar situada muy cerca ó 
en el mismo lugar que la actual. Se halló no hace mucho tiempo, cuando so 
hizo la última restauración del templo, teniendo el acierto de incrustarle en 
en el muro donde está libre de toda profanación. Ofrece esta interesante an- 
tigualla idénticos caracteres artísticos que se ven en los escasos fragmentos 
que de la época visigoda se encuentran en Mérida, Córdoba y Toledo. Su or- 
namentación acusa el arte contemporáneo de la monarquía asturiana, lláme- 
se latino-bizantino ó como se quiera, porque la clasificación arqueológica de 
los monumentos de este obscuro período está todavía por hacer. En una losa de 



22 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

piedra marmórea y entre dos anchos filetes aparece un tallo serpeante de vid, 
con las hojas semihundidas, y marcadas las res picaduras con líneas conven- 
cionales, no imitadas del natural, y las uvas de forma más imaginaria que 
real, orilladas de un filetito cual si fueran perlas encerradas en un estuche. 
Este motivo ornamental se prodiga en las basílicas asturianas de los siglos IX 
y X, y se ve en el antepecho del altar de la iglesia de Santa Cristina de Lena 
y en el de la de Santiancs de Pravia (1), y citando ejemplo más lejano, en el 
de San Eleucadius, en la basílica de San Apolinar in Classe de Rávena, lo que 
muestra el origen bizantino de este caprichoso ornato que en el templo primi- 
tivo formaba parte de la transenna ó valla de piedra que separaba la nave ó 
crucero del santuario ó ábside, como vemos en la citada iglesia de Santa 
Cristina, donde está reproducido con exactitud este notable friso. 

IGLESIA DE SANTO TOMÁS DE SABUGO 

Separado antes por ancha marisma y unido hoy con magnífico caserío, se 
encuentra al Norte de la villa el arrabal de Sabugo, situado en un bajo teso 
al pie de la elevada planicie de la costa que desciende suavemente hasta mo- 
rir en la orilla de la ría. No era en la Edad Media un barrio suburbano como 
en la actualidad, sino que formaba una localidad independiente con su térmi- 
no deslindado. Su origen debe remontarse á muy lejanos tiempos, acaso á los 
de la Monarquía, pues según dice el testamento que hicieron en 1199 Alfon- 
so IX y su mujer D.* Berenguela al Salvador de Oviedo, en la que dona la 
quinta parte de los faga res y cahqmias que aquel Monarca percibía en este 
pueblo, á cambio de otras heredades que el Cabildo tenía en Lar enes (Llara- 
nes?) y otros lugares, existían dos iglesias por lo menos, consignando además 
la terminante prohibición de que nadie pudiera levantar allí un nuevo templo, 
más que el Obispo ovetense; prudente medida que más tarde, en 1269, el Eey 
Sabio extendió á todas las iglesias que se alzaran en las pueblas que entonces 
se creaban, para evitar que los señores y los municipios quisieran ejercer en 
los templos parroquiales derechos y jurisdicciones sólo compatibles con la 
autoridad episcopal. Es de sentir que no dijera esta donación los nombres de 
los Santos titulares de estas basílicas, porque sabríamos si era alguna, ó acaso 
ambas, las que aparecen en el testamento de Alfonso III. De todos modos de- 
bieron ser pobres y mezquinas, cuando al finar el siglo XII se hacía necesa- 
ria, dado el desarrollo del pueblo, la construcción de un templo de más vas- 
tas proporciones. 

La iglesia actual, hermosa muestra del Arte cristiano, fué construida pro- 
bablemente, según dice el Sr. Fernández Guerra en una de sus notas del Fue- 
ro de Aviles, á principios del siglo XII, por la Infanta D."" Sancha, á quien su 
hermano Alfonso el Emperador dio el título honorífico de Reina. En uno de 
los iconísticos capiteles que ostenta el ingreso principal creyó ver los bultos 
de la augusta fundadora y de los Obispos consagrantes de él. Más acf:rtado 

(1) El altar de la basílica do Silo, el más antig'uo de España, erigido en los años de 774 
á 83, fué arrancado de su sitio en 1894 y sustituido por otro de escaso mérito. Afortunada- 
mente ha sido salvado de inminente destrucción, y ha hallado digno albergue en el ábside de 
la capilla mayor de la cripta de la Iglesia de Jesús, levantada en estos días eu el pueblo del 
Pito, próximo á Cudillero. 



BOL. DE LA 50C. ESF. DE EXCURSIONES 



TOMO XV 




'., y Mciul- Madrid 



AVILES 

Portada de Santo Tomás de Sabugo 



BOL. DE LA sor. PSP. Df= EXnjRSíONES 



TOMO XV 





)l: 



;.¡ de Hunsery Mciut. -Madrid 



AVILES 

Puerta lateral de Santo Tomás de Sabugo 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = =: 



23 



estuvo el sabio académico en la etimología del nombre de Sabugo (1) que en 
la fijación de la época en que fué erigida la iglesia, que no se remonta cierta- 
mente á tan lejana fecha. Ningún documento existe en que conste haber sido 
levantada en el siglo XII, ni puede hallarse, porque la arquitectura á que 
pertenece es la románica, aunque alboreando el período de transición, em- 
pleada dos siglos después, viéndose en la portada principal, y en algunos va- 
nos cerradas las archivoltas por arcos acentuadamente apuntados y otros or- 
natos pertenecientes al arte ojival. Existen en Asturias numerosas iglesias 
del mismo género, tan semejantes á ésta que parecen obra de una misma 
mano, cuya fecha es conocida, y de su estudio se deduce, con seguridad de 
acierto, que la de Sabugo, como la de San Francisco, fué construida en el 
siglo XIV, época en que la ojiva comienza á manifestarse en los monumentos 
del Principado. 

El capitel á que se refiere el Sr. Guerra le forma un tambor circular en 
la parto inferior y cuadrado en su unión con el abaco, agrupadas alrededor 
de él, no tres cabezas, como dice, sino cinco, todas iguales^ al parecer feme- 
niles, con trenzas orillando la frente y los lados, y cubierta cada una con su 
caperuza triangular algo parecida á la montera asturiana. Aquellas simétri- 
cas cabezas, toscamente esculpidas, rígidas é inmóviles, no tienen símbolo al- 
guno que demuestren ser de reinas y de Obispos; son simplemente mascaron- 
cilios, elemento decorativo muy usado entonces para exornar capiteles, mén- 
sulas y los conecillos que sostienen los tejaroces. Donde sí aparece una 
tosca cabeza cubierta con una mitra es en el ángulo saliente de una de las 
pilastras que reciben las archivoltas, y á nuestro entender más bien que el 
simulacro de un Obispo debe ser un símbolo para indicar que el templo perte- 
nece al Prelado ovetense, según la expresa voluntad de Alfonso IX y su con- 
sorte Berengueía. Razones no suministradas por la arqueología afirman núes, 
tra opinión de que la fecha de la erección del templo es posterior á la que le 
asigna el Sr. Guerra. Está consagrado bajo la advocación de Santo Tomás de 
Canterbury ó Cantauriense, como vulgarmente se le llama, que padeció el 
martirio en Inglaterra en 1170, siendo elevado á los altares tres años después. 
Su culto tardó en extenderse mucho tiempo por España y es de suponer que 
no habrá llegado á Asturias hasta entrado el siglo XIV, cuando aquí impe- 
raba el Arte á que pertenece este notable monumento. 

La iglesia de Sabugo, como todas las de Aviles y la mayor parte de los 
templos románicos de Asturias, ha sufrido restauraciones que la han quitado 
el carácter artístico, teniendo que hacer un esfuerzo de atención, auxiliado 
por la arqueología, para verla en su prístino estado (2). 

Los siglos XVII y XVIII, época funesta para los monumentos de la Edad 
Medía, han dejado huellas indelebles de su paso, vistiendo sus muros la arqui- 
tectura greco-romana. Tiene una sola nave, amplia, de buenas proporciones 
y una alargada capilla mayor terminada en semicírculo. Cubríala un techo 

(1) De la palabra latina Sambucus, de la que se ha formado la asturiana Sabugo y la 
castellana Saúco. Hay en Asturias muchas localidades conocidas con este nombre y con su 
variante sabugal, bosque de saúcos. 

(2) Dice Jovellanos de este templo: En Sabugo, contiguo á Aviles, se halla una iglesia 
que por su forma se conoce ser de mayor antigüedad que la de San Nicolás de Aviles, por ser 
más parecida á la de Villamayor y Villana eva. Se conservan bien los arcos de las dos puer- 
tas k los pies y costados; se conoce que fué consagrado porque se conservan las cruces gra- 
badas en ambas puertas. (M. Marina, t. IV, leg.ajo 108). 



24 = = = = = — = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

de ma,dera de dos aguadas^ siendo visible interiormente la armadura del te- 
jado; pero en el siglo XVIII se le adosó debajo de las vigas tirantes una bó- 
veda de medio cañón, dividida en tres compartimentos iguales con grandes 
lunetos, donde se albergan los vanos, que casi se tocan cual si fueran de aris- 
-ta. Para resistir el peso de la postiza bóveda y contrarrestar su empuje:, se 
reforzaron los muros interiormente con pilastras resaltadas que coronan 
-molduradas impostas, y por el exterior con abultados contrafiíertes. En la pa- 
red septentrional de esta nave se abrieron grandes arcos que dan paso á unas 
capillas que se comunican entre sí por espaciosos vanos cubiertas de bóveda 
de crucería. 

Nada conserva el cuerpo de la iglesia de su primitiva forma más que el 
arco toral que da ingreso al santuario. Se compone de dos grandes archivol- 
tas con anchas dovelas rectangulares, sin ornatos, orillada la exterior de una 
graciosa imposta que sigue en el extradós la curvatura del arco, el cual en su 
forma apuntada lleva el sello del período de transición, entre el arte románi- 
co que expira y el ojival que nace. Sostienen las archivoltas, cilindricos fus- 
tes albergados en los codillos y en los frentes de las pilastras, con sus basas 
que recuerdan las áticas y los historiados capiteles, cuya composición apenas 
se percibe, cobijados bajo abiseladas impostas características de este bello 
estilo. Franqueado el arco toral se encuentra el santuario, de planta cuadra- 
da, cubierto de una bóveda de crucería, con abultadas claves que por lo es- 
merado de la ejecución y lo complicado de la traza revela ser obra del si- 
glo XVI. Es ciertamente bello su aspecto, pero cuadrábale mejor la bóveda de 
cañón seguido que antes tenía, que si bien estaba desnuda de ornatos, coad- 
yuvaba á dar á la nave la sencillez que caracteriza las construcciones reli- 
giosas de este período. Termina el testero en un ábside semicircular, al que 
se adapta un cascarón de cuarto de esfera, y perfora el muro dando luz al 
santuario una ventana^ hoy oculta por las edificaciones que se adosaron al 
ábside, posteriormente á su erección. El templo está rodeado de un enorme 
pórtico, obra desdichada del siglo XVIII, á cuya sombra se puede albergar 
toda la población de Sabugo. 

Tan pesada mole impide que se contemplen como se debe las archivoltas 
de los ingresos, y es necesario alejarse para ver la coronación del santuario 
que se levanta sobre el tejado del atrio, con su cornisa de graciosos caneci- 
llos y moldurado entablamento, y los fustes empotrados en el curvo muro del 
ábside. Alzase por el lado opuesto la severa fachada de piedra de cantería, 
oculta su mitad inferior por la aguada, sóbrela que descuella una espadaña 
de dos vanos. 

La portada principal se destaca de la fachada para que puedan desarro- 
llarse en el espesor del muro las cuatro archivoltas que decoran este hermo- 
so ingreso. Sobre un elevado basamento, descansando en dados, se levantan 
cuatro columnas en cada lado, albergadas en los codillos de las pilastras, y 
en las dos más gruesas, que sirven de jambas á la puerta, *se ven grabadas, en 
la parte superior de los cilindricos fustes, sendas cruces de consagración. Las 
basas recuerdan las áticas por sus toros, ocultos algunos por las modernas 
pilas del agua bendita que, sostenidas por trozos do columnas, aparecen en 
los ángulos entrantes del basamento. Muy notables son los capiteles, en los 
que la ruda imaginación del artista quiso representar animales fantásticos, 
cuadrúpedos, aves, cabezas humanas, vegetales, que expresan alguna leyen- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = =:— on 

da misteriosa imposible de interpretar. No se observan las leyes de la sime- 
tría en la composición de los asuntos y en su agrupación. Al lado de un capi- 
tel iconístico se ve otro con motivos tomados de la fauna ó de la flora; pero 
en todos hay una armonía, una euritmia, una unidad artística tan completa 
como la que se encuentra en las arquitecturas obedientes á los preceptos in- 
flexibles de la simetría. Carecen estos capiteles de abacos, ni los necesitan 
porque les sirve de coronación la saliente imposta tallada en bisel con rele- 
vados adornos triangulares que separan las columnas de las arquerías las 
cuales terminan en ojiva más acentuada que la equilátera, revelando su for- 
ma, como los toros y las escocias que los separan, pertenecer al período de 
transición, que, según hemos dicho, vino más tarde y echó hondas raíces en 
las construcciones del país, alcanzando su vida hasta fines del siglo XV cuan- 
do ya la arquitectura gótica estaba en plena decadencia en Castilla y albo- 
reaba el risueño Arte del Renacimiento. Las portadas románicas de aquel 
tiempo ostentaban todas sus archivoltas frisos bellamente esculpidos deco- 
rados de metopas y variados canecillos que sostenían el entablamento. En 
los ingresos de las iglesias de Aviles muéstranse visibles estos hermosos cor- 
nisamentos, pero no el de este templo, oculto por el techo y el tejado del pór- 
tico. Si algún día se derriba este feo armatoste es probable que aparezca 
mutilado ó destruido, como sucede en San Nicolás (1). 

La puerta lateral, aunque menos importante, llama la atención por sus 
bellas proporciones y su ornamentación. La forman tres archivoltas semicir- 
culares, con los toros más gruesos y las escocias que las separan más anchas 
y profundas, orillada la arquería exterior de una impostilla, en la que rele- 
van dientes de sierra y otros ornatos . Domina en los capiteles la ornamen- 
tación vegetal y en algunos se observa el hecho curioso, sólo frecuente donde 
existen monumentos romanos como en la Provenza, y es que el artista se ins- 
piró para la composición en el Arte clásico, viéndose, aunque toscamente re- 
producidos, los caulícalos y las volutas características de los órdenes corin- 
tio y compuesto. Los dos fustes que sirven de jambas á la puerta carecen de 
capiteles y suben hasta la imposta general, de igual corte y dibujo que la 
del otro ingreso, sobre la cual arrancan las abocinadas archivoltas. 

La vieja iglesia de Sabugo ha dejado de ser parroquial, trasladándose el 
culto á otro hermoso templo construido en estos días, perteneciente á la ar- 
quitectura ojival. Acaso este venerable monumento sufrirá la misma suerte 
que otros muchos de Asturias, bárbaramente destruidos á impulsos de la ig- 
norancia. Es de esperar, sin embargo, de la cultura é ilustración de los avi- 
lesinos que no se reproduzca aquí tan fatal ejemplo, y que será preservado 
de la ruina y del olvido tan interesante recuerdo de la Edad Media. 

CASAS CONSISTORIALES 

El edificio más antiguo de Aviles que lleva impreso el sello de la arqui- 
tectura greco-romana es el Ayuntamiento. El desarrollo que había alcanzado 
la villa en los comienzos del siglo XVII hacía necesario la construcción de un 
consistorio donde se reunieran decorosamente los representantes del Concejo 

(1) A niiestro ruego, el ilustrado cura párroco de Sabugo, Sr. Monjardín, mandó derribar 
la parte de pórtico que ocultaba el cornisamento de esta portada, que afortunadamente se 
conserva en buen estado. 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 4 



26 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

que en los albores de su vida municipal hacían sus reuniones en el pórtico de 
la iglesia de San Nicolás (como los de Oviedo en el de San Tirso), y después 
en una modesta casa de la calle de la Fruta. El emplazamiento del nuevo 
edificio no pudo ser mejor elegido. Los límites del murado recinto de la Edad 
Media eran estrechos para contener la creciente población de la floreciente 
villa, que rebasó la cerca en el transcurso de los siglos XIV y XV. Como no 
podía hacerse el ensanche hacia Sabugo, pues la ría llegaba entonces hasta 
la muralla, rodeándola por aquella parte y sirviéndole de foso, tuvo que ex- 
tenderse por la parte alta levantándose el caserío á los lados de los caminos 
de Oviedo y Grado, formando las calles del Rivero y Galiana. Ambas vías 
arrancaban de un espacioso campo limitado al Norte por el muro en donde se 
alzaban los dos arcos flanqueados de cubos, que daban ingreso por este lado 
á la población, levantándose sobre la puerta oriental un elevado torreón 
que sirvió de alcázar á la villa en la contiendas civiles; y cuando en el Re- 
nacimiento perdió su importancia, todavía aspiraban los señores del país al 
título honorífico de ser sus castellanos, que lo fueron después á perpetuidad 
los Condes de Canalejas, descendientes de Pedro Menéndez de Aviles. 

Apoyadas en la cortina del muro que unía las dos puertas se levantan 
aisladas las Casas Consistoriales. Afecta la planta de este edificio un parale- 
lógramo con una sola fachada, dividido en dos pisos, perforada la baja por 
once arcos en su frente y dos en los lados, haciendo una cómoda y espaciosa 
lonja, y la principal igual número de balcones abiertos á plomo de los vanos 
inferiores. Tanto estos como los superiores están separados por pilastras 
fuertemente relevadas de los macizos, que suben desde el suelo hasta la cor- 
nisa, cortadas á la mitad de su altura por una faja horizontal qUe corre entre 
las dos plantas. Campea en el centro un frontón triangular, sobre el cual 
carga á manera de ático un cuerpo coronado de un gracioso retablito hecho 
en nuestros días para cobijar la esfera del reloj. Pudiera criticarse á este edi- 
cio la carencia de ornamentación, dadas sus vastas dimensiones, pero si es 
verdad que no se ven en su fachada molduras, capiteles^, guardapolvos y 
otros elementos decorativos comunes en los monumentos greco-romanos, en 
cambio, la solidez de su construcción toda de piedra de sillería, la correc- 
ción de sus proporciones y la buena traza de sus arquerías le dan un aspecto 
serio y majestuoso que hace olvidar la falta de decoración arquitectónica. 

La situación de este edificio, apoyada su espalda en la muralla y haciendo 
frente á una espaciosa plaza, es idéntica á la del Ayuntamiento de Oviedo, y 
no coinciden sólo en el emplazamiento, sino en la forma y traza, que son igua- 
les: como que ambas construcciones han sido levantadas por unos mismos 
maestros y en el mismo período, precisamente cuando el greco-romano hacía 
su aparición en Asturias, por lo cual nos permitiremos reproducir lo que en 
otra ocasión hemos dicho acerca de las vicisitudes que este género de arqui- 
tectura ha sufrido en este país. Al morir, hacia el año de 1568, el célebre 
maestro Juan de Cerezedo, que había mantenido enhiesta- durante medio siglo 
la bandera del arte-ojival, puede decirse que murió también el gótico plate- 
resco del Renacimiento, y desde entonces van despojándose los monumentos 
de su lujosa vestidura, hasta que, al terminar el siglo, desaparece del todo, 
como sucede en la iglesia de San Vicente de Oviedo, construida en gran parte 
por el eminente historiador de la Orden de San Benito, el P. Yepes, en la 
que se muestran completamente victoriosos los órdenes del greco-romano. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursíoiies. = = = = = = = = 27 

Algunos sectarios de esta escuela neo-clásica, que se daban el modesto título 
de canteros, paisanos y discípulos de Juan de Herrera, autor de las trazas 
de El Escorial;, vinieron á Asturias, y á ellos se deben varias iglesias y san- 
tuarios de escasa importancia en general, pero curiosos, porque revelan la 
transformación que sufrió aquí el arte de edificar en aquella época. Contá- 
banse entre estos maestros algunos que, si bien ignoraban la teoría de su 
profesión y carecían de inventiva, no dejaban de conocer la práctica de la 
construcción y el trazado de los miembros más vulgares y elementales de este 
estilo, que distribuían á veces con acierto, habituados como estaban á verlos 
monumentos levantados entonces en Castilla con arreglo á las prescripciones 
Herrerianas. 

Distinguióse Grüemes Bracamonte en las trazas de la l'niversídad de Ovie- 
do, severo edificio con algunos resabios platerescos, cuyas robustas fachadas 
contrastan con las elegantes arquerías del claustro. Los maestros Pedriza, 
Cajigal, Barcena, Huertas y Tejera, de origen montañés como dicen sus nom- 
bres, nos recuerdan las Casas Consistoriales de Oviedo y éstas de Aviles y las 
capillas de la Barquera, San Lorenzo y Valdés, de Gijón, y otras muchas cons- 
trucciones de buena arquitectura. Domina en ellas casi exclusivamente el 
más serio de los órdenes, el dórico, empleados sus miembros con oportunidad 
y mesura, aunque la uniformidad con que están repartidos y su constante re- 
petición los hacen monótonos y amanerados. Si el edificio era religioso, su 
fachada tenia necesariamente en los ángulos pilastias que sostienen el enta- 
blamento sobre el que descansa un frontón triangular, en cuyas pendientes 
asientan, á modo de acroteras, bolas y pirámides características en el estilo 
de Herrera; y á veces se alza sobre el vértice una espadaña con uno ó dos 
vanos, coronada de cornisa y piñón que termina en un disco ó en una cruz. 
El ingreso estaba también flanqueado de columnas ó pilastras para recibir 
el arquitrabe, friso y corona, con su frontoncillo, si el espacio ocupado por 
este cuerpo no lo llenaba la hornacina para albergar la imagen del Santo ti- 
tular, una ventana, ó el escudo con las armas del fundador ó patrono del 
templo. Distínguense los miembros por la corrección de las proporciones, 
como el que trazado se hacía con fórmulas sacadas de las obras de Vignola 
ó Paladio, y de ahí la poca originalidad que se observa en estas construc- 
ciones. 

Lo mismo que el gótico en la anterior centuria, el greco-romano no llegó 
á dominar más que en la capital y en alguna que otra villa, pero en el cam- 
po, cuando las necesidades del culto exigían el derribo de la pequeña iglesia 
románica para reedificarla en mayores proporciones, ó por el aumento de la 
población se hacía una nueva parroquia y un nuevo templo, sólo se atendía 
á procurar un amplio espacio para los fieles sin cuidarse de que el edificio 
tuviera carácter artístico. Nada más pobre que una iglesia de aldea astu- 
riana de estas tres últimas centurias, pues no se ven en ella columnas, corni- 
sas, escultura decorativa, como en el románico, ni adorno alguno que revele 
un género arquitectónico. 

Fortunato DE SELGAS. 

(Concluirá.) 



28 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 



ARTE OJIVAL SIN IMAGINERÍA 

Santo Tomás de Avila.— 'E^ una de las más típicas de este período y forma 
grupo con las de Míraflores, Sigüenza, Oña, Segovia, Falencia (Catedral y 
Santa Clara), San Juan de los Reyes, Santa María del Campo (Burgos), Ta- 
razona y con las más sencillas de Mondonedo, Avalos, Oviedo y los restos es- 
parcidos de la de Mejorada. 

En el año 1482 se comenzó á edificar el monasterio de Santo Tomás, cos- 
teados los trabajos por los Reyes Católicos. Está situado el coro en alto, á 
los pies de la nave central; siendo de planta rectangular con unas dimensio- 
nes de 13 metros de fondo por 10 de anchura. 

La sillería está formada por dos órdenes de asientos finamente tallados en 
madera de roble, con arreglo al gusto ojival castellano de fines del siglo XV. • 
Setenta y nueve sitiales, sin contar los dos laterales destinados á los Reyes, su- 
man en total; siendo los altos, 13 en el fondo ó testero y 16 á cada lado, y 
los bajos, 8 en el frente con escalera enmedio y 13 á cada costado, también 
con una escalenta de tres peldaños. 

Están cobijadas todas las sillas del orden alto por un dosel corrido de ar- 
cos ñorenzados, orlados de crestería cairelada. Los respaldares sepáranlos 
finísimas pilastras terminadas en agujas. Y en los tableros, delicadamente ta- 
llados, dejó el artista una muestra evidente de su fecundidad creadora, pues 
con la base de la línea curva, desarrolla un dibujo distinto en cada uno de 
ellos, decorando los espacios con variadísimos elementos de la fauna y flora, 
formando, á pesar de esta multiplicidad de detalles, un conjunto tan armónico 
que al primer golpe de vista parecen iguales todos los motivos. 

La parte inferior del respaldo es lisa y los costados están formados de 
brazales altos y bajos, estos semejando una voluta floronada, en la que apoya 
una columnita que sostiene el segundo brazal desprovisto por completo de 
adornos. Las misericordias están decoradas con follajes. 

Las sillas bajas, muy sencillas, no se diferencian de las otras más que en 
el tablero tallado que tienen á la altura de los brazales con tracería entreve- 
rada de arcos ojivales y círculos lobulados. 

Los dos sillones laterales antes citados, de mayores dimensiones que los 
demás, aparecen separados del resto de la sillería por las puertas de entrada, 
pero unidos á ella por el dosel corrido, á pesar de lo cual constituyen un 
cuerpo aparte. Son los dos en todo semejantes; el del lado de la Epístola des- 
tinado á la Reina Isabel y el otro á D. Fernando. Cobíjanlos sendos y elegan- 
tes doseletes de la mejor época, formando una torrecilla calada con cairela- 
dos, follajes, pilastrillas, contrafuertes, etc., que los dan un aspecto grandio- 
so y monumental. Los respaldos constan de tres partes; un tablero bajo com- 
pletamente liso, encima un panel con tracería á base de semicírculos, y sobre 
este otro mayor con el escudo de los Reyes, el yugo y las flechas, y follajes 
muy bien tallados cubriendo los espacios libres. 

Entre los elementos decorativos empleados en esta sillería, vemos además 
de águilas, cuadrúpedos, cardinas, trébol, vid, pinas, etc., los yugos y las 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = == = =:=—= 29 

hojas y fruto del granado, que denotan su posterioridad á la conquista de 
Granada. 

Los costados exteriores de las sillas, situadas junto á las puertas, están 
decorados con tallas,, figurando jarrones y cardinas con orlas simétricas de 
motivos vegetales. 

Respecto al maestro entallador que concibiera y ejecutara tan hermosa 
obra, modelo del arte ojival español, no existe documento alguno que nos lo 
diga; pero la época en que se ejecutó y el estudio comparativo con. la de Mira- 
floi'es^ de que ahora hemos de ocuparnos, nos dicen que su autor no pudo ser 
otro que Martín Sánchez, á quien, sin duda, la Reina, entusiasmada con la 
que dicho maestro ejecutó para la Cartuja, le encargaría su repetición, como 
así debió hacerlo por. el año 1493 (en que se terminaron las obras) con lige- 
ras diferencias y la adición de los dos sitiales reales. 

Cartuja de Mirafiores (Burgos) (1). — Esta sillería, aun cuando muy seme- 
jante á la anterior, no es tan rica ni elegante, teniendo 40 sillas de nogal 
obscuro, dispuestas en un sólo orden, y ante ellas álzanse reclinatorios en 
forma de pupitres, cuyas caras anteriores decóranlas labores de tracería se- 
mejantes á las de los respaldos. La diferencia principal entre ésta y la de 
Santo Tomás es la parte sobrepuesta sobre los brazales altos para que los 
monjes no se vieran unos á otros^ según costumbre de la Orden Cartujana. 

Es obra, como hemos apuntado, de Martín Sánchez, vecino de Valladolid; 
la contrató en 1486 por 125.000 maravedís sin la madera, que fué regalo de 
D. Luis de Velasco, señor de Belorado. Duró su construcción hasta el 1489 en 
que quedó colocada. 

Está junto á los muros laterales del coro, siendo su aspecto sencillo y ele- 
gante. En el testero hay diez sillas, cinco á cada lado de la puerta, sustitu- 
yendo á las que se quemaron; son también de nogal, sencillo dibujo y bien 
construidas. La silla del preste está separada de las demás y forma por sí 
sola un monumento, muy seoiejante á la silla prioral de la Orden de Santia- 
go, que estaba en el coro de la iglesia de Uclés. El respaldar es casi doble de 
alto que los costados y sobre él apoya únicamente el doselete de forma octó- 
gona, rematando en pináculo; toda ella finamente entallada con follajes y 
tracería calada. 

Silla ele UcUs.~En la antigua iglesia que la Orden de Caballeros de San- 
tiago poseía en Uclés, hubo una sillería que se destruyó al levantar el nuevo 
edificio en el siglo XVI y de la cual solo nos resta el sitial destinado al prior, 
por el cual puede juzgarse que el resto de ella sería muy semejante á las dos 
que hemos descripto. Es de arte ojival florido como aquéllas y ha sufrido res- 
tauraciones de mal gusto, como las cuatro columnas corintias que sostienen 
el doselete. Mide seis metros de altura por uno aproximadamente de anchu- 
ra, siendo el asiento fijo y lisos los brazos y parte inferior. El respaldar hasta 
el doselete consta de tres cuerpos cuajados de tracería en relieve, formando 
rosetas y bifolios falcados. El doselete lo componen otras tres partes: inferior, 
de arcos conopiales con crestería bitrebolada y agujas en los ángulos, rema- 
tando en grupos bastardos; central, más estrecha y alta, dividida por contra- 
fuertes con arbotantes y dobles agujas, entrepaños de dobles arcos lanceola- 
dos inscritos en otro semicircular, sobre los que voltean rosetones con trace- 
(1) En este monasterio hay otra llamada de menores, que es de estilo renacimiento y de 
la que nos ocuparemos más adelante. 



30= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

ría cobijada por arcos canopiales, agujas y crestería, y, finalmente^ la supe- 
rior, de forma piramidal con dobles ajimeces y rosetones en sus caras. 

Este sitial se guardó en el monasterio de Uclés hasta mediados del si- 
glo XIX, en que pasó al Museo Arqueológico Nacional, y poco después á la 
residencia del Obispo Prior de las Ordenes militares en Ciudad Real. 

Catedral de Sigüenza. — Produce su vista efecto análogo á la de Santo To- 
más, y al igual que en ella, las combinaciones geométricas de sus entalladu- 
ra se multipKcan, demostrando la gran riqueza de imaginación de aquellos 
maestros, pues ni una sola se repite. La misma descripción general que pu- 
diera hacerse de una corresponde á la otra, sin más diferencia que la silla 
episcopal que aquélla no tiene y los dos sitiales reales de que ésta carece. 
Es la silla del Prelado de forma elegante y severa, y vemos en su respaldo 
dos imágenes de los Patriarcas bajo sendos arcos de medio punto, sobre los 
que ángeles tenantes sostienen el heráldico escudo del Cardenal Mendoza, 
policromado^ y sobre él un arco ñorenzado y orlado de cairelada crestería, 
cubierto todo por calado doselete con pináculos, agujas, hojarasca, etc., com- 
binado con gran acierto. 

Respecto á la fecha en que se hizo y á quién fuera su autor, según don 
Manuel Pérez Villamil (1), que ha escudriñado el archivo de la Catedral y 
estudiado sus documentos, resulta que se terminó al final del año 1491, y que 
trabajaron varios maestros, pero sin nombrar cuáles fueran éstos, siendo 
de suponer, dada la semejanza con la de Avila (comenzada en 1482), que 
Martín Sánchez sería uno de ellos, ó cuando menos se tomó la suya por mo- 
delo. La silla episcopal es posterior, y no debió estar hecha para el actual 
lugar, creyendo el Sr. Villamil que pueda ser del maestro Rodrigo Duque, 
autor de la parte baja de la toledana. De 1500 hay en las cuentas de fábrica 
una partida en que dice se dio un [castellano por señal al entallador Fran- 
cisco de Coca, por las sillas de los postigos, y en 1503, al maestro G-aspar, 
3.700 maravedís por las medias sillas del coro con los rincones. Hay también 
otras partidas por¡las que se ve que^el maestro toledano Petí Juan cobra 4.721 
maravedís, y después 265, en les años 1517 y 1518, por reparar y recorrer 
seis sillas; asi como en 1574 el maestro Martin Vandoma, natural de Sigüenza, 
ejecuta cuatro sillas más del orden inferior, dos á cada lado, que después se 
quitaron para colocar sendas tribunas de muy mal gusto, así como se han 
arrancado otras dos bajas para hacer dos escaleritas. 

Monasterio de Oña. — Está la sillería en coro bajo, un sólo orden de asientos 
con entalladuras geométricas, y en conjunto es igual á la de Miraflores. Van 
unidos á ella dos artísticos templetes que cobijan en ambos lados del crucero 
las ocho urnas de reales personajes. 

La forma rara en que está situada esta sillería, adosada á los muros del 
crucero, es un término medio entre la costumbre de colocarlas en la- nave 
central, usada en las Catedrales, y la" de fijarlas en el presbiterio. 

Respecto á su autor y fecha de construcción no existen datos. 

Museo Arqueológico Nacional y Santa Clara de Palencia. — Pertenecientes 
á este mismo período, tenemos en el Museo varios restos de sitiales; un grupo 
de tres, que pertenecieron al convento de Santo Domingo el Real de Madrid, 
cuyas maderas son de pino y roble, y otros tres respaldares procedentes del 

(1) La Catedral de Sigüenza. 






BOL. DE LA 50C. E5F. DE EXCURSIONES 



TOMO XV. 




FotoÜpUL de i¡a:i^.r y ..: c-:H. — Madrid 



DETALLE DE LA SILLERÍA DE LA CATEDRAL DE SEGOVIA 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = - 



31 



convento de monjas de Santa Clara de Falencia donde aún se guarda el resto 
de la sillería en el coro bajo, habiendo otro alto, liso y sin mérito alo-uno 
Consta de dos órdenes de asientos con once en los lados y siete en el frente 
ocupando una extensión de unos quince metros por seis, habiendo muchas si- 
llas con los respaldos lisos por haber perdido los antiguos. No tiene silla prio- 
ral ni existen datos respecto á sus autores. 

Catedral de Segovia. —Ocui:>Si el coro el centro de la Iglesia, v es su sille- 
ría de tracería canopial de la más rica y primorosa talla. En el frente fio-ura 
el escudo heráldico del prelado D. Juan de Arias, que vivió por el 1461 á 1497 

Estaba colocada en la Catedral vieja, y en el ano 1790 se trasladó aña- 
diéndosele 18 sillas de nogal, trabajadas por Huici, tallista del Real Sitio de 
San Ildefonso, por las que se pagaron 33.500 reales. 

Catedral de Palencia. — Pertenece á dos épocas distintas, pues construida 
y colocada primero en otro lugar, fué trasladada en el año 1517 al coro nuevo 
y entonces sufrió grandes reformas y se entallaron 20 sillas más por el maes- 
tro vallisoletano Pedro de Guadalupe, pagándole 40.000 maravedís por cada 
una, reforma con la cual perdió sin duda bastante de su carácter primitivo y 
á esta época debe pertenecer la silla episcopal, que colocada en el centro 
se eleva sobre las otras con su calado doselete, cuyas labores indican un pe- 
ríodo ojival no muy floreciente ó un artista mediano. 

Consta, como todos los coros de Catedrales, de dos órdenes de sitiales, los 
bajos con tableros de labores geométricas, y los altos cobijados con dosel 
corrido y los correspondientes arcos canopiales, follajes y tracerías caladas 
propios del estilo ó arte del siglo XV. 

Respecto á su autor, se dice que el maestro Centellas trabajó en ella por 
el año 1410, y que un Obispo, D. Sancho de Rojas, dio 2.000 florines para su 
construcción. Así consta por una carta del Cabildo al citado Obispo acusán- 
dole recibo de la cantidad de 76.000 maravedís entregados para la sillería, y 
suplicándole la donación de 24.000 para completarlos 100.000 ofrecidos. Dice 
así la carta: 

«Señor: El vuestro cabildo de la vuestra iglesia de Palencia, vuestros ser- 
vidores y capellanes, con humildad y reverencia besamos vuestras manos y 
nos encomendamos á la vuestra merced, á la cual plega á saber: que las si- 
llas del coro desta iglesia, que B. Señoría mandó hacer, están en buen estado 
y serán acabadas en breve placiendo á vos. E la silla principal obispal está 
acabada, en la cual por vuestro servicio hicimos poner 4 escudos en campo 
dorado con sus estrellas según que vuestras armas se suelen poner en seme- 
jantes obras, para lo cual V, Señoría hizo ayuda de 2.000 florines de los cua- 
les la V. Merced mandó pagar al colector 50 mil maravedís y mas 25.000 ma- 
ravedís que mandasteis dar al asistente de Cuéllar, vuestro familiar, y al 
Maestro Centellas que face las sillas le mandasteis dar mil maravedís, assi 
quedan para cumplimiento de los dichos dos mil florines, veinte y cuatro mil 
maravedís, los quales suplicamos á la V. Señoría, los mande dar á Pedro Es- 
tévanez de Alcántara vuestro familiar y otro canónigo, á quien encomenda- 
mos la obra de la iglesia para que las sillas sean acabadas. Si la V. Señoría 
non nos acorre quedará la obra por facer según las costas presentes...» 

Es muy probable que estos temores se confirmaran y la sillería no se ter- 
minara por entonces, dependiendo de esto la variedad de trabajo y estilo que 
en ella se nota. 



32=^= = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

San Juan de los Reyes .(Toledo). — En esta sillería nos encontramos ya en 
el orden bajo, con monstruos y animales más ó menos fantásticos; pero aún 
no se ve en ella representaciones de santos. En los altos, separando unos ta- 
bleros de otros, colocó el entallador el cordón de San Francisco, así como en 
los respaldos tenemos la variedad de estar. talladas, como elemento decorati- 
vo, las dos letras F é I en tipo gótico ornamental, iniciales de Fernando é Isa- 
bel, alternando con el yugo y flechas, emblema de los Reyes. 

Según se deducé jDor una escritura, esta sillería fué obra de Juan Millán, 
natural de Talavera, que se comprometió á ejecutar las 80 sillas en dos anos, 
empezando el 1494 y llevando á feliz término su obra (1). 

Pela YO QUINTERO. 

(■Continuará.) 

impresiones de la excursión á Andalucía. 

Sin notarlo pasamos los excursionistas del año 6 al 7; aunque Igual, 
hombre previsor, había llevado buena provisión de uvas, el cansancio por un 
lado y el esperarnos un día muy ajetreado por otro, hicieron que los más de 
nosotros se echaran á dormir y guardaran para mejor ocasión la de comerse 
aquellas uvas. Aún era noche cerrada cuando Ciria, el infatigable excursio- 
nista é insuperable director de excursiones, tuvo que llamarnos uno á uno, 
pues todos roncábamos apaciblemente al llegar á Córdoba, y aún casi dormi- 
dos empezamos á recorrer en coche unos obscurísimos túneles (que tal pa- 
recían las Calles), en los que niebla intensísima sólo permitía ver. los muros, 
cuando la luz de un farol nos anunciaba el peligro de estrellarnos contra una 
esquina. Paramos en la Catedral, cuyas puertas no pensaban en abrirse, y en 
obscuridad absoluta dimos algunas vueltas por las calles; nada veíamos y nos 
hubiéramos creído en una ciudad deshabitada, si el sonido de un órgano y las 
voces de unas monjas que entonaban los maitines no nos' indicaran que está- 
bamos en un pueblo cristiano, en el que ya se festejaba el primer día del año. 

Con el primer sacristán que abrió una puerta nos colamos en la mezquita. 
El efecto era sorprendente. Perdidos en aquella inmensidad que las sombras 
aumentaban, andando casi á tientas por entre aquel bosque de columnas, sin 
más luz que la lejana que allá lejos aparecía, moviéndose en el fondo de las 
naves, teniendo que llamarnos para no separarnos, más nos parecía estar en 
el fondo de misteriosa cueva que en el centro de una Catedral; el efecto de 
grandeza, de inmensa mole que aplana, efecto que siempre produce la iglesia 
cordobesa, no puede sentirse nunca con tanta intensidad como en aquella fría 
mañana de Enero, yertos los huesos con la humedad ambiente y buscando el 
espíritu un más allá, representado por una luz que indicaba el sitio donde iba 
á celebrarse el incruento sacrificio. Y así fué, en efecto: acudían algunos fíe- 
les á la Misa de alba, y con ellos nosotros comenzamos el año oyendo Misa. 
Deseamos á todos los consocios que acabeíi el año tan felices y contentos como 
lo empezábamos los seis excursionistas, que éramos: Ciria, Lampérez, Igual, 
Carrasquedo, Arenas y el que suscribe, magistrados ellos en el arte del saber 
y del decir, modesto juez municipal yo, y que, sin embargo de ello, ó tal vez 

(1) Esta sillería, según noticias, fué quemada por los franceses durante la invasión napo- 
leónica. 



Boletín de ta Sociedad Española de Excursiones. =^ = = = = = -.00 

por lo mismo, fui el encargado de la grata tarea de contar á los consocios las 
impresiones de tan agradable viaje. 

Cuando la luz lo permitió empezamos á recorrer la iglesia: llevábamos 
con nosotros al maestro, á Lampérez. Como él sabe hacerlo, nos explicó so- 
bre el monumento la misión de los dobles arcos, el origen de los capiteles las 
sucesivas ampliaciones de la mezquita, las prodigiosas labores del mihrab 
la transformación de parte de la mezquita en iglesia cristiana por los tiempos 
del Rey Sabio, y por último, la magnifica Catedral del siglo XVI. Pero el tiem- 
po apremiaba; no tratábamos más que de echar una ojeada á la mezquita y 
hubimos, á pesar nuestro, de abandonarla. Rápidamente vimos San Pablo 
iglesia gótica modernamente restaurada, con una capilla mudejar de cons- 
trucción reciente, tan rica en detalles de ornamentación, como escasa de es- 
crupulosidad histórica; San Miguel, curiosa iglesita de tipo cordobés; San Ni- 
colás y el casino, monumental edificio, quizá único en su clase. 

Después de almorzar en la estación, ni tan bien como hubieran querido 
nuestros estómagos, ni tan mal como en otras estaciones, salimos para Gra- 
nada. Nada vamos á decir del camino; las estaciones están en cualquier guía 
de ferrocarriles; indicaciones de si en un pueblo hay buenas bellotas y en el 
de más allá nació Perico el de los Palotes, las da con profusión sobrada la 
clásica Baedeker; no diremos más, sino que al pasar por Antequera se hicie- 
ron sabrosos comentarios sobre la peña de los Enamorados, y que en Loja hi- 
cieron nuestras delicias unos roscos clásicos y una leche, que si no tan clási- 
ca como la de las Navas del Marqués, le supo á gloria á nuestros desfalle- 
cidos estómagos. 

Y llegamos á Granada; instalámonos en el hotel y nos dormimos con la 
agradable tranquilidad de quien emplea bien el tiempo; nos habíamos des- 
pertado en la mezquita cordobesa y nos dormimos á la sombra de la Alham- 
bra granadina. 

La estancia en Granada fué, aunque corta, tan bien aprovechada, que 
para contar lo que vimos sería necesario escribir un libro, y como esto no es 
posible, nos limitaremos á hacer algo así como un diario de operaciones de 
aquellos tres inolvidables días. El 2 de Enero fué el primero que allí pasamos, 
y como en ese día se celebra la conmemoración de la toma de la ciudad por 
los católicos con una fiesta típica en la Catedral, á ella se dirigieron nues- 
tros pasos, pero no tuvimos que preguntar el camino; aún no nos habíamos 
lanzado á la calle, cuando llegó en nuestra busca D. Manuel Gómez Moreno, 
ilustrado consocio á quien conocíamos todos por sus notables trabajos arqueo- 
lógicos y en el que los excursionistas hallamos un cicerone ideal y un amigo 
cariñoso. Con tal guía recorrimos la Catedral, notable construcción del si- 
glo XVI, no tan grande en dimensiones como en magnificencia, y que pasa 
sin embargo inadvertida, pues la gran obra granadina, la Alhambra, deja 
en sombra cuantos monumentos se agrupan á su alrededor. En la capilla real, 
donde están los sepulcros de los Reyes Católicos y sus hijos D."" Juana y D. Fe- 
lipe, tiene lugar una curiosa ceremonia que recuerda el final de la reconquis- 
ta; reunido el cabildo bajo la presidencia del Obispo, entra el síndico del 
Ayuntamiento llevando un antiguo pendón; le siguen los concejales, escolta y 
mucho público, porque el pueblo granadino tiene la gran virtud de conservar 
sus tradiciones, y al través délos siglos comprende que en aquella ceremo- 
nia hay algo más que lucir trajes y sonar las músicas. En el centro de la ca- 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 6 



34= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 

pilla tremóla el pendón el síndico (revolotea, dicen con su peculiar lengua- 
je los granadinos), saludando al altar, prelado, cabildo y regidores, recordan- 
do la señal famosa con que desde la Torre de la Vela anunció á sus reyes el 
Conde de Tendilla, el 2 de Enero de 1492, que el estandarte de Cristo ondea- 
ba ya en toda la península. Entre las cosas notables de la Catedral, citare- 
mos, sólo por curiosidad, los confesorios, pequeñas habitaciones abiertas en 
el espesor de los muros donde se ejercía el Sacramento de la Confesión. 

Como el tiempo apremiaba hubimos de abandonar la Catedral, sin más que 
echar rápida ojeada á la sacristía, y dimos con nuestros huesos en los Jeró- 
nimos. Es esta hermosa iglesia el monumento más antiguo del renacimiento 
español; notable también por contener los restos del Gran Capitán. No tiene, 
sin embargo, el caudillo ninguna sepultura, una simple losa indica el lugar 
donde fué sepultado. ¿Causas de tal abandono? Las de siempre: una obra lar- 
ga, primero; un pariente poco escrupuloso en cumplir un testamento, después; 
más tarde, una comunidad que da largas al asunto; luego, los franceses; la 
exclaustración, por último. Menos mal que, como con verdad dice la lápida, 
«su gloria no está sepultada con él». En el altar de la Epístola, en el crucero, 
hay á los lados del cuerpo principal dos efigies guerreras, que tienen la par- 
ticularidad de ser sus cubrecabezas dos cosas parecidas á vacías de barbe- 
ro: aquí tenemos el famoso yelmo de Mambrino. ¿Tomó de aquí Cervantes la 
idea? ¿Era un traje militar del que no hace mención la historia? Lo ignora- 
mos; pero como la cosa es curiosa, la ofrecemos á los aficionados al estudio 
de la indumentaria; pues atribuirlo á capricho del escultor, en dos figuras 
grandes, en sitio preferente y con toda la armadura bien representada, nos 
parece hipótesis un poco aventurada. Imposible fué ver el coro, pues no hay 
galgo que coja las llaves en poder de una comunidad que tiene derecho á usu- 
fructuar la iglesia, no la usa, pero guarda las llaves, y gracias á que por ser 
la iglesia monumento nacional es asequible al público; el antiguo claustro, 
la escalera y algunos restos del monasterio están hoy destinados á cuartel 
de caballería; pudimos verlos, y menos mal que las necesidades de una apli- 
cación tan distinta de la primitiva, han permitido la conservación de tan cu- 
riosos restos. 

Por la tarde subimos á la Alhambra. Como ese día es costumbre grana- 
dina ir á la torre de la Vela, el palacio, desierto de ordinario, estaba lleno de 
gente, y aquella multitud abigarrada, con trajes de colores chillones en su 
mayoría, añadía tal encanto á los que el palacio árabe ofrece, que el aspecto 
de tristeza y abandono que generalmente tiene el mágico alcázar, se trocaba 
en otro de alegría y vida. La gente campesina, fiel á la costumbre, trepaba 
á la torre de la Vela para tocar la campana, pues haciéndola sonar en tal 
día, dice la fama que quien oficia de campanero se casa dentro del año: no 
pudimos nosotros por menos de subir á la torre, aunque para la mayoría no 
tuviera aplicación la conseja, y allá trepamos con dificultad por una estrecha 
escalera, escasamente alumbrada por algunas arpilleras. Recorrimos después 
el palacio de Carlos V, las torres de las Infantas y la Cautiva, y por un alegre 
camino que no tiene de triste mas que su nombre (de los muertos), bajamos á 
la carrera del Darro, uno de los sitios más pintorescos de Granada. En la ciu- 
dad nos esperaba un granadino que se desvivía por atendernos, D. Luis Seco 
de Lucena, persona atentísima, que si sus ocupaciones no le permitían dedi- 
carnos todo el día, suplía con sus agasajos y su amena conversación el tiem- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = — — — 35 

po que, bien á pesar nuestro, no estaba con nosotros. Con él dimos una vuel- 
ta en tranvia eléctrico por el camino de Huetor; con él fuimos al casino, sien- 
do tan bien recibidos por su presidente Sr. Martes, que en lo sucesivo tenía- 
mos que tomar cerveza en los cafés, pues en el casino no hubo manera de 
que la clásica bolsa verde de Ciria se abriese para pagar un té; y por último, 
cuando nos despedíamos á la hora de comer, nos trajo un palco para ver 
aquella noche el drama histórico La toma de Granada. Es esta comedia de 
moros y cristianos, resumen de una época del romancero morisco, aunque de 
mérito literario escaso, tiene sabor local, y de aquí el que continúe represen- 
tándose. En el tercer acto está todo el interés; molestos los moros granadinos 
por la famosa hazaña de Pulgar, colocando un cartel con la leyenda Ave Ma- 
ría en la puerta de la mezquita, eligen su campeón á Tarfe, guerrero muy 
diestro, para que desafie á los cristianos; recoge erreto Garcilaso, vence al 
moro, le corta la cabeza y vuelve al Real con ella enarbolada al extremo de 
su lanza, á guisa de banderola. El desafío de Tarfe tiene lugar desde el patio 
de butacas; entra por el pasillo montado á caballo y desde allí reta al corte- 
jo real que está en el escenario, nombrando á los paladines más afamados 
del ejército cristiano; recogen éstos el guante y poco rato después aparece, 
también entre las butacas, Garcilaso que regresa del combate con la cabeza 
del vencido. Tanto el reto del moro como el parlamento del cristiano no ca- 
recen de energía, y como la causa es simpática, recuerda al pueblo una lucha 
épica y á Granada una época crítica de su historia, es perfectamente expli- 
cable el afán conque el público acude ese día al teatro^ y el interés conque 
sigue el desarrollo del drama. Nosotros nos alegramos infinito haber hecho 
la excursión en ocasión de poder verlo, y buena prueba de ello es que volvi- 
mos al día siguiente á ver la obra y en todo el viaje hablamos mucho de ella: 
verdad que en la estación de Baeza, á los pocos días, hubimos por fuerza de 
acordarnos de la comedia, pues nos encontramos al moro Tarfe tomando pa- 
saje con billete kilométrico. ¡Misterios deja civilización! 

Amaneció el día 3, y aún era temprano cuando nos encaminábamos á la 
Alhambra. Al paso entramos en San Matías, iglesia con cubierta de madera 
del tipo granadino, y Santo Domingo. La Alhambra la vimos como nadie; los 
dos Gómez Moreno (padre é hijo) nos hicieron ver hasta los últimos rincones; 
pero no como cinta de cinematógrafo, sino explicando las cosas, llamándonos 
la atención acerca de lo más notable que cada aposento encierra, haciéndonos 
comparar unas estancias con otras^ distinguir unos de otros estilos, todo con 
tal claridad, tanta abundancia de datos y tal amenidad en la conversación, 
que insensiblemente oímos una lección de arte é historia'granadina, tan pre- 
cisa y completa como sólo de ellos puede escucharse. La enumeración de las 
cosas que vimos no puede hacerse, baste sólo decir que hasta el harem en res- 
tauración y la antigua rauda, estancias que por su mediano estado raramen- 
te se enseñan, pudimos verlas á satisfacción. 

Aquella tarde nos había usurpado Seco de Lucena. Tiene este señor un 
Carmen, llamado de Rumaya, en lo alto del Albaicín, y en él nos invitó á 
pasar la tarde. Este barrio es el más pintoresco de Granada; no ha entrado 
por allí aún la piqueta, y la gente nace, vive, muere y no se lava nunca, lo 
mismo que en tiempos de Abdul-Haddjad. La entrada al barrio por la puerta 
de los Estandartes, en la llamada plaza Larga (que es como un pañuelo) no 
debe haber variado gran cosa desde Aben Humeya; aquellas mismas casas 



36= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

debieron presenciar la rebelión, pues en la plaza fué donde se juramentaron 
los moriscos, y en la puerta donde en señal de revuelta se izó la señal con- 
venida. Iglesias no faltan en aquel barrio, todas son del tipo granadino in- 
mediato á la reconquista; tres naves con cubiertas de maderas vistas de en- 
trelazados geométricos y tres ábsides torneados con cubiertas de casetones; 
los de Santa Isabel son los más grandes que tal vez existan; San Pedro, San 
Nicolás y San Cristóbal son del mismo tipo, con ligeras variantes. Fuimos en 
seguida á la puerta de Moraita, que formaba parte del primitivo recinto cons- 
truido en el siglo XI durante el dominio de la dinastía Zirita, y después de 
recorrer algunas calles curiosas de aquel barrio, paramos en el Carmen de 
Rumaya. Bien aprovechó la ocasión Seco de Lucena para obsequiarnos; un 
té le sirvió de pretexto para darnos champagne, y lo desapacible del día nu- 
blado y tristón fué motivo para invitarnos á volver en ocasión más propicia, 
y todos, en nuestro fuero interno, hicimos voto de aceptar la oferta, pues 
aquel rincón escondido entre granados, bastante lejos de la ciudad para no 
oír su ruido y bastante cerca para no carecer de nada, con espléndida vista 
sobre la vega y con grandes comodidades dentro de casa, debe ser encanta-, 
dor en primavera; y cuando al caer la tarde abandonamos aquella casa, 
todos envidiábamos al propietario, que puede darse el placer de descansar 
de la lucha cuotidiana en aquel rincón privilegiado del planeta, que el histo- 
riador árabe Ibn-AIjathib llama «recreación de los ojos y satisfacción de las 
almas». 

El día 4 no fué menos aprovechado que los anteriores; la Merced, el Hos- 
pital Real y la Cartuja consumieron la mañana, y por la tarde, Gómez More- 
no padre nos llevó á ver su escuela, la de Artes é Industrias, modelo de esos 
centros de instrucción en el que los alumnos aprenden arte verdad; luego en 
la famosa casa de los Tiros alcanzamos á ver una soberbia espada árabe, 
(dicen perteneció á Boabdil), y por último, subimos al Generalife, mágico pa- 
lacio que tal vez impresiona más que la Alhambra; pero esta nos atraía y 
volvimos á ella. Caía el sol de un día espléndido; la nieve de la sierra brilla- 
ba como plata fundida; el cielo se enrojecía á la luz del sol poniente; los mil 
variados tonos de la vega empezaban á confundirse; las Torres Bermejas 
brillaban como teas encendidas; los que estábamos en aquel momento en el 
jardín de los Adarves no podíamos contener nuestra emoción ante aquella 
grandeza, y cuando puesto ya el sol, brillando aún las cimas de Mulhacen y 
el Veleta, emprendimos el regreso, mudos ante tanta majestad, revolvíamos 
en nuestra mente mil recuerdos... Boabdil el Zagal, Isabel, los Abeilcerrajes 
y nuestros vecinos los franceses, que á pretexto de considerar obras de for- 
tificación los débiles muros de la Alhambra, hicieron minas, prendieron fuego 
á la mecha, y gracias á la intrepidez de un anónimo soldado español pudo 
impedirse la destrucción de una obra que querían derribar por no poder lle- 
vársela. 

Y llegó al día siguiente el momento de partir, y cuando empezamos á co- 
rrer por la Vega granadina recordábamos con placer los días pasados, y con 
tristeza el habernos separado de los Sres. Gómez Moreno, Seco de Lucena, 
general Serrano, Martínez Victoria y demás amigos que nos acompañaron 
por Granada. 

Pocas ciudades habrá en España con posición más soberbia que Guadix; 
al pie de Sierra JS evada y con feracísima vega, su aspecto alegre invita al 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = =: = = _ 37 

viajero á detenerse. Sin embargo, es poco conocida, y esto se debe á haberle 
ocurrido con respecto á Andalucía, lo que A la Catedral de Granada con la 
Alhanibra; al hablar de Andalucía nadie se acuerda más que de Córdoba 
Sevilla y Granada; como al hablar de Granada sólo recordamos á los moros 
desdeñando á los cristianos que también produjeron obras notables; esto 
explica que Guadix, como Ronda, Ubeda y tantas otras, sea conocida sólo de 
nombre por algunos y no por ella en sí, sino^;or reflexión, por haber sido la 
patria de Alarcón; algún erudito recordará que fué el primer Obispado espa- 
ñol, pero nadie dirá palabra ni de su magnífica Catedral, ni de sus curiosas 
cuevas, ni de aquel carácter de ciudad árabe andaluza que conserva como 
ninguna. Pero el carácter más marcado de arcaísmo no se lo dan las calles 
estrechas, ni las casas bajas, ni la carencia de alineaciones rectas en la vía 
pública, no; se lo dan sus cuevas. Mas de la mitad de los aceítanos son tro- 
gloditas, viven bajo tierra, en casas semisubterráneas que la formación geo- 
lógica ha permitido hacer con facilidad. El terreno es arcilloso, y la abundan- 
cía de los cursos del agua que bajan de la sierra ha creado una serie de ba- 
rrancos poco profundos, con laderas casi verticales, esto permite abrir al 
exterior puertas y ventanas y dar salida al humo, horadando la tierra; el sis- 
tema es ingenioso y muy bien entendido, pues en un clima tan frío el proble- 
ma de la calefacción tiene gran importancia y no hay material más térmico 
que la tierra. La nomenclatura municipal no se hace por calles sino por ca- 
ñadas, y así reza el padrón, cañada ojea, de los gitanos, del armero, etc., y 
en todo aquel populoso barrio no hay más ccnstrucción que la escuela, mo- 
derno edificio construido y sostenido á expensas del Obispo, donde pudimos 
ver que la enseñanza era práctica, y con muy buen sentido se prefiere que 
aprendan á leer cinco niñas, que una á hacer encaje de bolillos; todas las de- 
más viviendas, desde la iglesia hasta la casa de la maestra, modelo de arre- 
glo y limpieza, están excavadas en la arcilla. Una tarde entera pasamos 
en aquel barrio, que recorrimos de punta á cabo, acompañados por D. Ma- 
nuel Martínez García, familiar del señor Obispo, que no nos abandonó en 
todo el día. 

La Catedral, obra hermosa de fines del siglo XVIII, con una sillería de coro 
digna de estudio (cedemos la palabra al Sr. Pelayo Quintero); Santiago, igle" 
sia del tipo granadino; San Francisco, Santa Ana y Santo Domingo, con cu- 
biertas de madera muy bien conservadas, y San Agustín, neo-clásica, forman 
un cuadro muy extenso, acerca del cual esperamos diga algo el Sr. Lampé- 
rez. Después de ofrecer nuestros respetos al señor Obispo y agradecerles sus 
atenciones, lo mismo que á los canónigos D. Antonio Ortiz y D. Manuel Martí- 
nez, que muy atentos con nosotros nos acompañaron por la población, aban- 
donamos la ciudad y tomamos el tren para Almería. 

Desde La Calahorra hasta el mar, puede decirse que el tren se despeña; 
la unión de la Sierra de los Fílabres y la Nevada forma un escalón que en 
pocos kilómetros baja de 700 metros al nivel del mar, y en ese trayecto no es 
exagerado decir que la locomotora no gobierna al convoy, sino el convoy á 
la locomotora; con la rapidez de la marcha es mayor el contraste de clima; 
frío en Guadix, casi tropical en Almería. 

Apenas instalados en la fonda y después de preguntar con gran interés á 
qué hora se comía unos, y otros (el cronista entre ellos) dónde se escribía, sali- 
mos á la calle; nuestra buena estrella nos hizo tropezar con D. José Paniagua, 



38= = == = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

atento amigo nuestro á quien secuestramos en el acto. Domina la ciudad an- 
tigua alcazaba árabe, enorme construcción, y allá se dirigieron nuestros pa- 
sos, después de dar una vuelta por el muelle; aunque la subida es penosa, 
puede darse por bien empleada para disfrutar de la espléndida vista del 
puerto. Pocos son los restos que quedan de la primitiva fortificación árabe, la 
mayor parte son posteriores á la reconquista; de tiempo de los Católicos hay 
restos de una capilla con ingreso cobijado por arco canopial y una escalera 
en la que abundan los signos lapidarios, entre los cuales hay uno igual al ca- 
racterístico de las murallas cicópleas de Tarragona. 

Ofrece la Catedral de Almería un curioso modelo de iglesia fortificada, 
está rodeada por altos muros coronados por almenas, sin más huecos que las 
puertas, y en los ángulos hay torreones salientes de planta cuadrangular, 
que servían como obra de flanqueo. El interior es ojival, influenciado por la 
Catedral sevillana; sus tres naves son de igual altura, resaltando sólo un poco 
la del crucero; el conjunto es severo y frío, adornado con algunas obras de 
arte, entre los que debe mencionarse un altar en la cabecera de la iglesia 
con buenas esculturas, que parecen ser del siglo XVI, y algún cuadro en la 
sacristía. Es también digna de verse la iglesia de Santo Domingo, de planta 
original, y la estación del ferrocarril, adornada con cerámica de colores 
vivos, cuyos tonos brillantes harmonizan muy bien con el cielo y la luz in- 
tensa de que disfrutan los privilegiados habitantes de Almería. Lástima es 
que en población tan bien situada deje la urbanización tanto que desear; no 
hay muestras de riego en las calles, escasísimo número están empedradas y la 
limpieza anda descuidada; haga un esfuerzo el Municipio, y con seguridad 
que á poca costa la ciudad, hoy por completo mercantil, se convertiría en 
estación invernal; pero al propio tiempo es necesario que los hoteles mejoren 
un poco, pues á juzgar por el que nos albergó (cuyo nombre callamos para 
que no huela á contra reclamo) la pulcritud era tan escasa como en cualquier 
venta cervantina. 

A medio día del 7 salimos de Almería, y hasta la una del 8 no llegamos á 
Jaén, molidos de tanto tren, tanto cambio y tanto apetito, pues no pudimos 
comer hasta Espeluy, y después de diez horas de ayuno, mal disimulado con 
unas naranjas, la comida, propia de fonda de estación, nos pareció digna de 
un César. No es Jaén población que se ve en un día, pues sólo la Catedral 
consume más. Es una obra colosal, construcción risueña y alegre, clásica, sin 
pesadez, ligera en apariencia aunque sus macizos sean enormes, clara como 
pocas, pues no tiene retablo el altar mayor, y desde los pies de la iglesia se 
ven las ventanas de la giróla, que es cuadrada. Su autor, Pedro de Valdel- 
vira, era un clásico que tenía más de artista que de geómetra. El coro es 
enorme y bien tallado, y el sagrario, obra de Ventura Rodríguez, es bello en 
proporciones, aunque frío, como casi todas las producciones del gran arqui- 
tecto. 

Poco tiempo teníamos para ver la ciudad, y sólo echamos un vistazo á San 
Ildefonso, á San Bartolomé, iglesia del tipo granadino que conserva una mag- 
nífica pila bautismal de cerámica; la Magdalena, gótica, que tiene en el pa- 
tio una piedra con inscripción árabe por un lado y romana por otro (curioso 
ejemplo de aprovechamiento de material), y San Andrés de un tipo difícil 
de definir, de planta cuadrada con tres naves separadas por arcos de herra- 
dura, con restos de haber tenido arrabaá y una capilla gótica á los pies, ce- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. ==^=i:=:: — = ====39 

rrada con verja del renacimiento, mejor labrada que concebida en conjunto. 

En un lienzo de la antigua muralla está la puerta de San Lorenzo, y en 
uno de sus machones hay una capillita del siglo XV con un altar, cuyo frontal 
es de magnífico azulejo alicatado; en el friso dice una inscripción: «esta ca- 
pilla de Jesús Nazareno es del Hospital de la Madre de Dios». Bien merece 
ese monumento serlo nacional, y en Jaén debe conservarse con cuidado, pues 
es uno de los poquísimos restos antiguos que conserva la ciudad^ que dicho 
sea de paso, ha perdido por completo su carácter; hoy es de un electicismo 
abrumador. 

Aquella tarde, última de la excursión, nos dividimos en dos grupos: uno 
volvió á la Catedral, donde pudo ver la famosa «Cara de Dios», que es uno de 
los panos de la Verónica, y el relicario; mientras que el otro, compuesto por 
junto de Lampérez, el cronista y D. Fernando de los Ríos (ilustrado archive- 
ro municipal que nos acompañó todo el día), subió al castillo en busca de una 
capilla de Santa Catalina^ que, en efecto, aún no ha sido derribada y sirve hoy 
día de almacén al guarda de la fortaleza. No es la capilla más que una redu- 
cida habitación cubierta por bóveda de arista, con unas fajas en que hay es- 
culpidos castillos y leones, pero hechas por artistas árabes sin duda. 

Amaneció el día 9 y con él el de separarnos. En la estación de Madrid 
tomó cada cual su camino, recordando con placer aquellos días y prometién- 
donos todos reincidir para la próxima. 



EIPÍLOC^O 

El día de nuestra marcha había acudido á despedirnos D. Pablo Bosch (su 
nombre es bastante conocido en la sociedad para que haya necesidad de decir 
más). Nos invitó á ver sus cuadros, y en su casa nos reunimos el día 12 los 
Sres. Barón, Ciria, Dr. del Amo, Aníbal Alvarez, Lanipérez_, Carrasquedo, 
Arenas^ Pelayo Quintero, Clámelo, Cánovas y el que firma. Aunque sus pin- 
turas y sus medallas son bien conocidas, no puede mirarse sin interés aquella 
colección, que si no es muy numerosa, es sin duda la más completa de las 
particulares de España. Dos primicias nos enseñó aquel día el Sr. Bosch: dos 
cuadros de reciente adquisición, lienzo español el uno, tabla extranjera la 
otra, que aún no figuran en la colección, hasta que la limpieza y rotoques de 
que están bien necesitados los pongan en condiciones de figurar al lado de 
las demás obras maestras de aquella casa. 

Los dos hermanos Bosch nos atendieron con la atención y cortesía en ellos 
peculiares, y al abandonar su casa no se nos ocurría más que una pregunta. 
¿Qué cantidad de constancia, paciencia é inteligencia habrá tenido que em- 
plear su dueño para en pocos años reunir una colección tan valiosa? 

Salvador GARCÍA DE PRUNEDA. 




40— = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



SECCIÓN OpIClAL 



Domingo 3 de Marzo, — Excursión por Madrid. 

Lugar de reunión: El Ateneo. — Hora: diez de la mañana. 

Al terminar la excursión almorzarán juntos los socios que asi lo deseen. 



FIESTA DE CONMEMORACIÓN 

A propuesta del señor Director de Excursiones, D. Joaquín de Ciria, y con 
el buen deseo de realizarla en mejores condiciones para los socios, se trasla- 
da este año la fiesta de nuestra Sociedad al primer domingo de Abril. En el 
número de Marzo se publicarán todos los detalles. 



EXCURSIÓN DE SEMANA SANTA 

La está organizando el Sr. Ciria y su anuncio se publicará también en 
el número de Marzo. 



EXCURSIÓN A COLMENAR Y MANZANARES EL REAL 

Para el próximo mes de Abril se prepara una excursión á estos dos pue- 
blos de la Sierra, cercanos á Madrid, con objeto de visitar la Iglesia parro- 
quial de Colmenar y el Castillo de Manzanares el Real. 

La excursión se hará en carruaje y durará un dia. Las condiciones eco- 
nómicas no pueden precisarse porque dependen del número de adheridos. 

Cuantos deseen tomar parte en ella se dirigirán, hasta el 10 de Abril, á 
D. José Ibáñez Marín, calle de la Concordia, 4. Una vez conocido el número 
de adheridos, se fijarán las condiciones económicas y el dia festivo del mismo 
mes de Abril en que se realizará. 

La excursión tiene además el atractivo de ver en conjunto el panorama 
de las Pedrizas. 

Si hubiere tiempo, se visitarán las obras hidráulicas hechas en el río 
Manzanares por iniciativa del Sr. Marqués de Santillana. . 



BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



TO/nO XV 




Fototipia de Hausíry Menct- -Madrid 



AVILES 
Palacio de Camposagrado 



B o L E T í N "^'"'^ ^^- - -^^^'- "^^^ 



DE LA 



SdCIEDHD ESPBlOLli DE ElGDIISIOIIEÜ 

<^-^-^ Madrid. — Marzo de 1907. -^^^ 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas 17. 
Administradores: Sres. Haiiser y Menet, Ballesta, 30. 



— ^ ADVERTENCIAS t^ 

1.* Con este número se reparte á nuestros consocios tres pliegos y tres fototipias de La 
Pintura en Madrid, de D. Narciso Sentenach. 

2.* Las nueve láminas que han acompañado á los artículos sobre Aviles tienen una his- 
toria que debe ponerse en conocimiento de nuestros consocios. El autor de los interesantes 
trabajos, D. Fortunato de Selgas, costeó de su bolsillo particular el viaje y estancias del fotó- 
grafo que fué k tomar directamente los clichés en Asturias, y ha costeado asimismo tres de 
las nueve fototipias, haciendo entre todo un espléndido regalo á nuestra Sociedad. No te- 
niendo otros medios de demostrarle la gratitud de la Corporación, conste por lo menos aquí 
que ésta es grande y sincera. 

■ nnnQQo> 



Monumentos de ;^v¡lés. 



A^^^^k^«^«^W^ 



PALACIO DE CAMPOSAGRADO 



La familia de los Bernaldo de Quirós, la más ilustre de Asturias, se enla- 
zó en el siglo XV con la muy noble de las Alas y Carrefio de Aviles. Cuando 
los últimos Reyes de la dinastía Austríaca y primero de la de Borbón, otor- 
garon á algunos señores del país títulos de Castilla, los blasones de esta casa 
ostentaron la corona de Marqués. Muestran el poder y la riqueza de esta 
familia las residencias que levantaron en Oviedo, que hoy habita la Audien- 
cia, y en esta villa, que llevan impreso en sus muros el mismo Arte, como que 
han sido construidas casi al mismo tiempo. La fachada del palacio avilesino 
está dividida en tres zonas horizontales, campeando en cada una nueve huecos 
con ventanas en la planta baja y balcones salientes con antepechos de hierro 
en las demás. Llenan los entrepaños ó espacios que hay entre los vanos, enor- 
mes cartelas rectangulares con florones de mal gusto y peor ejecución. Tres 
cuerpos resaltados dan movimiento y variedad al espacioso frente: el central 
abraza un solo vano, flanqueado en el piso terreno de columnas dóricas es- 
triadas; en el principal, de fustes retorcidos, decorados de toros espirales, y 
de salomónicas en el segundo, con subientes vides de abultados racimos, que 
trepan hasta el collarino del capitel, que, como el de la planta anterior, per- 
tenece al más rico de los órdenes del greco-romano, el corintio. Termina este 
cuerpo, alzándose sobre el cornisamento, un ático formado por dos pilastras 
relevadas, y en su amplio espacio se destaca un gran escudo de armas de los 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 6 



42= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Camposagrado^ sostenidos por dos belludos salvcijes, sombreado por aristo- 
crática corona. En los extremos del edificio se levantan torres de tres pisos» 
con dos huecos en cada uno de igual traza que los demás. 

Toda la obra es de piedra de talla, con los ángulos y esquinas de las to- 
rres, y las jambas y dinteles de los huecos, de saliente almohadillado, que da 
á la construcción un aspecto de robustez y solidez que caracterizan los pala- 
cios de los señores asturianos de los siglos XVII y XVIII. En los edificios ar- 
quitectónicos del país, aun en los tiempos que se obedecían mejor los precep- 
tos del Arte clásico, no se coronaban las fachadas de entablamentos de pie- 
dra, sino de madera, muy salientes, sobre cornisas de poco vuelo, con el fin 
de proteger muros y huecos del azote de la lluvia. En este palacio se supri- 
mió el alero, sustituyéndole un feo y pobre tejaroz, empleado en los edificios 
asturianos,, que agobia con su masa la fastuosa cornisa con su friso dórico de 
triglifos y flores cuadrifolias por metopas y otras molduras decoradas de 
ovas, dentículos y hojas picadas en el talón del cimacio. Fué construida esta 
señorial vivienda por el primer Marqués de Camposagrado, que ocupó en 
América elevados puestos, que le granjearon riquezas y el título nobiliario. 
El edificio tiene idéntica arquitectura que el derruido convento de la Merced, 
por él fundado, y es probable que ambas trazas sean debidas al mismo maes- 
tro, á fines del siglo XVII, en el reinado de Carlos II (1). 

No debe llamarse churrigueresca la arquitectura dominante en las resi- 
dencias que los señores asturianos labraron en su época, cuyo ejemplo nos 
ofrece este palacio. Generalmente se les da ese nombre á las construcciones 
importantes contemporáneas á las de Castilla, y e3 un error, porque no se 
ven en sus muros aquella balumba de ornamentación sin orden ni concierto, 
aquella confusa hojarasca, aquellos disparatados despropósitos que han me- 
recido, y con razón, la execración y el odio con que los miraban Jovellanos, 
Ponz, Ceán Bermúdez y otros críticos de la época del Renacimiento neo-clá- 
sico de la segunda mitad del siglo XVIII. No es decir que no haya penetrado 
aquí el churriguerismo con todos sus delirios, pero fué sólo en el interior de 
los templos, en los altares que exhiben la monstruosa exornación que en los 
de allende los montes, como puede verse en los dos gigantescos retablos ge- 
melos de la Virgen y de Santa Teresa en los brazos del crucero de la cate- 
dral de Oviedo. 

Afortunadamente, esas locuras insensatas no trascienden á las fachadas 
de los palacios, á cuya arquitectura le cuadra mejor el nombre de Barroca^ 
porque sus elementos componentes son los mismos que cuando imperaba el 
greco-romano con todo su esplendor, aunque degenerados, corrompidos, alte- 
radas sus proporciones, distribuidas las líneas sin regla ni medida, y una or- 
namentación caprichosa sin carácter determinado. 

Las fachadas de los palacios castellanos suelen carecer,'' de vestidura ar- 
quitectónica, desnudos los muros de columnas y pilastras, y los huecos de 

(1) Un rnodeino historiador avilesino asigna al siglo XVI su construcción, y Wñxns. plate- 
resco degenerado al estilo á qne pertenece. Ni es de tal centuria ni es esa su arquitectura. 
El bellísimo arte que imperó en España en la primera mitad del siglo XVI, exhumado de las 
Termas de Tito por Rafael, y traído h nuestro país por Berruguete, Machuca, Covarru- 
bias y otros, no llegó á degenerar, como sucede con todos los géneros arquitectónicos. Ai 
contrario, murió en la plenitud de su vida, risueña y graciosa, á impulso del severo greco- 
romano. 



!OL. DE LA 50C. ESF. DE EXCURSIONES 




Fototipia de Haustr y Meiui.—Mn . 



AVILES 
Casa de los Baragañas 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 



43 



jambas y guardapolvos, coronado el edificio de una mezquina cornisa sin 
frisos ni arquitrave; en cambio, el ingreso y los balcones que á plomo se 
alzan, están envueltos en la más fastuosa exornación, desde el suelo hasta el 
tejado, un verdadero erizo de talla, semejante á los retablos de las iglesias; 
así son las portadas de las casas de Oñate, Miraflores, Perales y otras muchas 
que cuenta la Corte, monumentos que dan una triste idea del estado fatal en 
que cayó entre nosotros el arte de construir en aquellos días. Al contrario, 
en las fachadas asturianas, la distribución de los ornatos es más racional, 
acusándose fuertemente los ángulos formados de prominentes almohadillas: 
los huecos se destacan del macizo con jambas acentuadas y abultados guar- 
dapolvos, separándolos pilastras sobre las que descansan el cornisamento ge- 
neral. Aquellas formas toscas, rudas, incorrectas, la mole de sus muros de 
piedra de talla ennegrecida por la humedad del clima, los salientes aleros de 
madera obscurecidos por el tiempo, y la pesadez del conjunto, previenen 
desagradablemente á los que los contemplan, y no es ciertamente estética la 
impresión que les produce. 

CASA DE BARAGAXA 

El templo, por el uso á que está destinado, por su adaptación á las nece- 
sidades del culto cristiano, conserva sus formas indefinidamente; así se ven 
iglesias, como la de SantuUano de Oviedo, que cumple sus fines religiosos 
desde la novena centuria; pero la casa, la habitación del hombre sufre fre- 
cuentes transformaciones, debidas á los progresos de la civilización, al cambio 
de costumbres, á las exigencias de la higiene, de la comodidad y hasta de la 
moda. Apenas se encuentra en Asturias una vivienda de la Edad Media, y 
si alguna existe es pequeña, mezquina, sin decoración arquitectónica, acu- 
sando tan sólo su antigüedad la ojiva de sus escasos vanos, el voladizo de la 
planta alta y el saliente alero del tejado. Xo deja, pues, de sorprender encon- 
trar en esta villa, y de una época tan atrasada, una casa como ésta, hermo- 
sa muestra de la morada de un señor asturiano, cuando, dejando los castillos 
roqueros, aquellos nidos de águila, bajaron á establecerse en las villas y 
pueblas de reciente fundación, donde labraron viviendas dignas de su eleva- 
da posición. La fachada está dividida en dos plantas, perforando la baja dos 
puertas de igual forma y dimensiones, cuyas jambas, de poca altura, apare- 
cen lisas, con la arista viva, coronadas de una saliente imposta tallada en 
bisel que corre también por los macizos uniendo ambos vanos. Cubren las 
puertas arcos de acentuada ojiva con las dovelas sin molduras en el intradós; 
pero en la parte exterior se desarrolla, siguiendo la curvatura, una imposti- 
lla de delicadas líneas, exornada de dientes de sierra. Uno de los ingresos, á 
juzgar por lo que se observa en otras construcciones análogas del extranjero, 
debió ser de una tienda ó almacén, y lo confirma la existencia en el muro 
sobre ambos vanos de unas ménsulas ó zapatas, donde se apoyaba la arma- 
dura de madera de un tejadillo ó marquesina que protegía de la lluvia los 
objetos puestos á la venta y á los compradores. Para que campease con hol- 
gura este artefacto, el arquitecto no colocó la bien decorada imposta que se- 
para ambas plantas en su verdadero lugar, al nivel del suelo, acusándolo al 
exterior, sino que la elevó á la altura del ventanaje, al que sirve de antepe- 
cho y de asiento. 



44 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Decoran esta hermosa fachada cuatro ventanas iguales en la traza y en 
los ornatos, obedeciendo su colocación á las leyes de la simetría, algo olvi- 
dadas en las arquitecturas medioevales. Estos agimeces son semejantes á los 
que ostentan los imafrontes y los ábsides de las iglesias del país, y están for- 
mados de dos arquitos que se apoyan en un parteluz central y en dos colum- 
nitas laterales adosadas á las jambas, en las que penetran un tercio del diá- 
metro, sustentados los tres fustes en molduradas basas, coronándolos abulta- 
dos capiles de ornamentación vegetal. Estos pequeños vanos aparecen abier- 
tos en una gran losa perforada de un ojo de buey y se alberga bajo un arco, 
cuyas dovelas, como las jambas sobre que descansan, son de corte rectangu- 
lar. A la altura del salmer corre horizontalmente una bellísima imposta, com- 
puesta de una escocia decorada de discos ó pomas, filete y toro que, al llegar 
al arco, asciende adaptándose á su curvatura, formando agradable contraste 
la parte recta con la semicircular. 

Termina la fachada en un tejaroz que la afea y la quita carácter que sus- 
tituyó al primitivo alero de madera, destruido por el tiempo ó por el fuego. 
Toda la obra es de sillarejo, de buena labra, de construcción sólida, mante- 
niéndose en perfecto estado de conservación. Lástima que la hayan emba- 
durnado en estos días de colorines, que deben borrarse y devolverle el color 
de hoja seca de la piedra, que es la tonalidad propia de los viejos monumen- 
tos arquitectónicos. El arte á que pertenece esta fachada es el románico de 
transición, viéndose empleados indistintamente arcos ojivos y semicirculares, 
por lo cual nos atrevemos á afirmar que ha sido levantada en el siglo XIV, 
al par que las iglesias de Sabugo, San Francisco y la capilla de las Alas. 
Cuenta la tradición que en esta casa paró el Rey Don Pedro el Cruel cuando 
vino á Asturias en persecución de su hermano bastardo Don Enrique, en cuyo 
caso ya estaría construida en el año de 1352 en que se verificó aquel hecho 
histórico (1). 

Fortunato DE SELGAS. 



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SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 

(Continuación.) 

Huelgas de Burgos. — En el monasterio de religiosas de Santa María la 
Real existe otra sillería, en coro bajo, muy semejante á la de Miraflores, 
formada por dos filas de sitiales de nogal, con sus correspondientes reclina- 
torios y coronada cada silla con las armas de León y Castilla. El sillón aba- 
cial es independiente y de mayores dimensiones. (Dificultades de clausura nos 
han impedido estudiar esta sillería, como las demás pertenecientes á conven- 
tos de monjas.) 

Catedral de Tarazona. — Está situada en coro bajo, en el centro de la nave 
principal; consta de dos órdenes de asientos: los inferiores sencillos, y los 
altos con tracería tallada de buena época, follajes, pináculos, etc., y un. 

(1) La índole de nuestro estudio, exclusivamente dedicado á lo qxie tiene relación con la 
Historia y Arqueología, no nos permite hacer la descripción del magníñco templo gótico que 
Aviles ha erigido en estos días. Sólo diremos que tan hermosa construcción honra al puebla 
que la levantó y al arquitecto que la ha trazado. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = — — = = 45 

guardapolvo corrido con su crestería, terminando al llegar sobre el grupo 
que forman la silla del Prelado y laterales, que están cobijadas por tres dose- 
letes de elegante corte, con arcos calados, contrafuertes, agujas y florones. 

Catedral de Mondoñedo. — Esta y la de Avalos, de que nos ocuparemos á 
continuación, son muy semejantes y están comprendidas dentro del grupo 
primitivo, pero acusan peor gusto y quizá época más avanzada, ó bien han 
sufrido grandes transformaciones. El decorado de los tableros altos, en vez 
de tener arcos florenzados, consiste únicamente en grandes paneles de trace- 
ría de no gran relieve, separados unos de otros por un delgado baquetón y 
la moldura del panel. Sobre todos ellos corre una escocia decorada en igual 
forma, y remata en calada crestería de labores platerescas algo toscas. 

En el orden inferior de asientos se ven también grandes tableros con di- 
bujos ojivales, de una talla análoga á los otros, y sobre ellos corre un atril. 

Tiene el coro puertas laterales, y los tableros que componen las hojas, lo 
mismo que los que sobre ellas están, se hallan decorados con tallas de folla- 
jes, en estilo plateresco, siendo probable que primero la sillería estuviera en 
otro lugar, y al trasladarse al actual, que lo es en la nave central, frente al 
altar mayor, se haría gran parte de la obra que hoy vemos, y que fué ejecu- 
tada por manos poco expertas. La madera empleada es el nogal y el pino. 




IGLESIA DE AVALOS 



Iglesia de Avalos ^Lo^ronoj.— Hállase situado el coro á los pies de la igle- 
sia, y en alto, sobre una bóveda de fábrica, montada con dos arcos formeros 
rebajados y dos transversales, también rebajados. La sillería, desde luego se 
echa de ver que no fué trabajada para el sitio actual, y en efecto, según los 
datos recogidos, parece que perteneció al monasterio de Jerónimos de la Es- 
trella, de donde fué adquirida por compra el año 1860. Consta hoy de 24 si- 
tiales altos y 11 bajos. No tiene silla abacial, pero en su lugar, las tres del 
centro forman un grupo cobijado por un dosel que sostienen eolumnitas tor- 



46 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

neadas sencillamente, fijas sus bases sobre los brazales. El respaldar del cen- 
tro tiene una pintura de San Esteban (patrón de la iglesia de Avalos), y en 
las dos laterales se ven también pinturas, pero únicamente de motivos orna- 
mentales. Los tableros restantes de los demás sitiales altos forman grandes 
paneles de tracería ojival, unos de combinaciones geométricas de líneas cur- 
vas, otros de rectas, y sobre todos ellos corre una sencilla moldura, for- 
mando cornisa de poco vuelo, pertenecientes, lo mismo que las columni- 
tas, remates torneados y otros detalles, á la época de su traslación. Las sillas 
bajas tienen pequeños tableros con tracería, semejantes unos á otros. 

Las maderas empleadas parecen ser de nogal y castaño. Crestería la de- 
bió tener antes de su traslación, y se perdería como parte más delicada, pero 
no hay dato alguno de cómo fuera, y lo mismo sucede respecto al maestro ó 
maestros que la labraron. 

Catedral de Oviedo. — En el altar mayor, debajo del precioso retablo oji- 
val, había, hasta hace muy poco tiempo (en que según parece ha sido quita- 
da por orden del Cabildo), una pequeña sillería de planta poligal, con dos 
órdenes de asientos, cuyos tableros estaban igualmente decorados con trace- 
ría de talla, de muy buena época, diferenciándose las sillas bajas de las 
altas en que éstas terminan en una pequeña crestería calada y pináculos, y 
aquéllas en una moldura lisa que sostiene el atril. 

Los brazales eran labrados, y las misericordias formadas de talladas 
hojarascas. 

Metropolitana del Salvador ó La Seo (1) de Zaragoza. — Clasificamos esta 
sillería con las de Barcelona y Tarragona, como las últimas del grupo ojival 
sin imaginería, no por ser posteriores á las citadas ya, puesto que antes al 
contrario, su fecha es muy anterior á la de algunas de ellas, sino porque unas 
caracterizan la tendencia castellana y las otras nos presentan bastante deter- 
minada la influencia del Norte, y vemos en ellas ciertos detalles por los que 
podríamos incluirlas entre los del segundo período ojival. Fué labrada la 
de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XV, sobre madera de roble de 
Flandes, á expensas del Arzobispo D. Dalmau de Mur, cuyo escudo heráldi- 
co se ve tallado en el respaldo del sitial metropolitano. Haces de elegantes 
columnillas separan entre sí los sillones, cuyos altos respaldares están ter- 
minados por arcos canopiales de variada labor, mientras que amplia y salien- 
te cornisa corre sobre todas ellas, apoyando en ménsulas de fina talla y ter- 
minando con crestería, de época muy posterior y arte muy distinto. El frente 
está cortado por dos puertas de tracería mudejar, y entre las dos álzase la 
silla arzobispal, en grupo con otras dos laterales, coronadas por elegantes y 
calados doseletes de gran riqueza decorativa. En lo3 brazales lleva medallo- 
nes con figuras talladas. 

Según los datos que existen, trabajaron en la sillería desde el año 1412, 
los artistas moros Alí Arrondi, Muza y Chamar, cobrando cuatro sueldos dia- 
rios, é indudablemente fueron los autores de los arabescos y trazados mude- 
jares que en ella se ven. En 1446 figuran como entalladores Juan Navarro y 
los hermanos Antonio y Francisco Gomar (autor éste de la de Tarragona), y 
en 1449 un tal Francoy. Por esta variedad de maestros y fechas no es de ex- 
trañar los elementos diversos que se advierten, asi como no es posible consi- 

(l) La Sen ó la Silla. 



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Fototipia di Hatisery Menet.— Madrid 

CATEDRAL DE BARCELONA 
Pulpito y primeras sillas del lado del Evangelio 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = ___i7 

derarla comprendida, en absoluto, dentro de uno de los grupos en que las he- 
mos dividido para su estudio. 

Catedral de Barcelona.— E^ la sillería de esta Catedral la de mayor mag- 
nificencia y más señorial aspecto entre todas las góticas españolas, pero qui- 
zá por eso mismo sea una de las menos típicas. Su estilo es el ojival del Nor- 
te, con algunos detalles del Renacimiento. 

Alzase en la nave central, frente al altar mayor, y consta de dos órdenes 
de asientos; los bajos, obra del entallador catalán Matías Bonafé, que trabaja 
en ellos de 1457 á U60. Tienen brazales inferiores, con el frente en forma de 
volutas y segundos brazales lisos, apoyados sobre arquería calada ojival. 

Los asientos altos son muy semejantes, pero en los respaldares, están pin- 
tados grandes escudos heráldicos, separados unos de otros por medio de pla- 
terescas pilastras abalustradas que sostienen grandes capiteles decorados con 
motivos de fauna y flora, y sobre los cuales apoyan los arranques de airosos 
y calados doseletes, correspondiendo uno á cada sitial. Los alemanes Miguel 
Loquer y su discípulo Juan Frederick, por los años l-iSB á 1485, fueron los 
maestros entalladores que ejecutaron los mencionados doseletes. 

En el fondo del coro, al lado derecho, está la puerta llamada de San Juan 
ó del Obispo; la parte izquierda es conocida con el nombre de San Pedro ó 
del Dean. La silla episcopal tiene gran dosel calado y algunas estatuitas. 

Los escudos pintados que decoran los respaldos de las sillas altas, so pu- 
sieron en 1518, según se lee en una cartela, en el rebpaldo de la silla que hay 
al extremo izquierdo, junto al pulpito que hace juego con la silla episcopal. 

Cada respaldar está dividido en tres partes rectangulares, decoradas con 
pinturas; dos pequeñas separadas con una pilastra en relieve y otra de ma- 
yores dimensiones, colocada sobre ellas, en donde aparecen policromados un 
escudo, yelmo, lambrequín, etc., y el collar del Toisón, predominando en- 
tre los colores, el oro y azul. 

Escrito en caracteres alemanes cada uno tiene el nombre del personaje á 
quien correspondían las armas. 

Es debido este extraño decorado, realmente impropio de una sillería de 
coro catedral á que, reinando Carlos I, reunióse en él por primera vez en 
asamblea la Orden del Toisón de Oro, instituida en el siglo XV por el Duque 
de Borgoña. El primer sitial, á la derecha de la puerta del fondo, ostenta el 
escudo del Emperador y el de la izquierda el de Maximiliano L Algunos de 
los sillones no llegaron á ser ocupados por las personas á quienes estaban 
destinados, por haber éstas fallecido antes de efectuarse la asamblea; tai su- 
cede con el de Maximiliano y otros que aparecen señalados con la palabra 
traspassé. 

Según una inscripción colocada á los lados de la puerta del coro, esta 
asamblea tuvo lugar en 5 de Marzo de 1519 y en ella recibieron el collar va- 
rios reyes é insignes personajes (1) y según refiere Sandoval en la Historia 

(1) Cristermo, Rey de Dinamarca; Segismundo de Polonia; D. Fadrique de Toledo, 
Duque de Alba; D. Diego Pacheco, Duque de Escalona; Diego Hurtado de Mendoza, Duque 
del Infantado; Iñigo Fernández, Duque de Frías y Condestable di- Castilla; Alvaro de Zúñi- 
ga, Duque de Béjar; Antonio Manrique, Duque de Nájera; Fadrique Enríquez, Almirante 
de Castilla; Fernando Folch, Duque de Cardona; el Principe Visiñano de Ñapóles; D. Este- 
ban Alvarez Osorio, Marqués de Astorga; Pedro Antonio, Duque de Saint-Mary; Adriano 
Croy, Señor de Beauraiga; Jacobo de Luxemburgo, Conde de Guare, y Filiberto de Chalón, 
Príncipe de Orange. 



48= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

de Carlos I, el Conde de Benavente lo renunció diciendo: que el era muy cas- 
tellano y no se honraba con blasones extranjeros, pues los había tan buenos en 
el Reine, y á su parecer mejores. 

Los brazales de los sitiales, tanto altos como bajos, son sumamente airosos 
y elegantes, figurando una arquería calada, que sostiene un gran cornisa- 
mento decorado, que es el brazal. Las volutas que hay debajo de la arquería 
tienen talladas figuras en los dos caras. Los costados terminales de las sillas 
del orden inferior también tienen tallas de la época. Y las misericordias son 
del género de las de León y Zamora, representando variados asuntos: tales 
como una vieja atando al demonio, figuras soplando con fuelles una hoguera, 
otros dos tirando del bigote á una gran cara barbuda, pareja amorosa, dos 
bustos de mujer, animales fantásticos, etc., etc. 

En resumen, es una buena sillería de coro, pero la menos española, y á 
pesar de su magnificencia, no ejerció gran infiujo sobre las posteriores ni 
formó escuela entre los maestros entalladores, como sucede con la de Santo 
Tomás de Avila en la época ojival y la de Toledo en el período plateresco. 

Catedral de Tarragona. — Se construyó esta sillería según la traza de la 
que se había hecho para La Seo de Zaragoza, y trabajaron en ella los mismos 
Francisco y Antonio Gomar, que tan buena prueba de su maestría habían 
dado en aquélla. 

Se celebró el contrato para la obra en 1.° de Mayo de 1478, ajustándola 
en 65.000 sueldos, y el 3 de Abril del año siguiente se colocaron las primeras 
sillas, durando su ejecución catorce años. 

Es de roble de Flandes y de maderas finas, llevadas desde Cádiz y del mo- 
nasterio de Poblet. 

SILLERÍAS OJIVALES CON IMAGINERÍA 

Catedral de Plasencia (Cáceres). — Es la sillería de esta Catedral una délas 
más interesantes del período llamado de transición, recordando al primer gol- 
pe de vista la no menos importante y rica de la Catedral Hispalense, con la 
cual se asemeja en gran manera por su disposición ornamental y detalles, 
consistiendo la principal diferencia, en que los tableros de los respaldares 
altos son en la sevillana de taracea mudejar, y en ésta, las incrustaciones 
representan imágenes de santos, orlados con hojarascas y otros motivos, en 
la misma forma que las miniaturas de un códice. Los respaldos inferiores 
también son de taracea de hojarasca pero con carácter ya del Renacimiento. 

Rodrigo Alemán aparece como autor de las sillas cabeceras, y contrata- 
das por el 1497 en la cantidad de 35.000 maravedís cada una; siendo, por lo 
tanto, posteriores en diez y nueve añosa las de Sevilla, que terminó Nufro Sán- 
chez en 1478, siendo muy probable que la traza de una y otra sea obra de un 
mismo maestro. 

Está situado el coro en la nave central, dando frente al altar mayor y 
adosado al muro que separa esta nave de la Catedral vieja. Consta de dos ór- 
denes de asientos, procedentes los altos del antiguo edificio, y ejecutados los 
bajos para completar la sillería con arreglo al estilo de los primitivos. Forman 
un total de 65 sillas; 39 altas y 26 bajas, y en el centro la silla episcopal, co- 
bijada con gran doselete, semejante á los que coronan las dos sillas altas de 
las cabeceras destinadas á los reyes. En el tablero del respaldar alto de dicha 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, = = = = = = = = 



49 



Billa está representada en taracea la imagen de San Pedro con tiara, llaves 
y demás símbolos, y sentado en una cátedra. Sobre este tablero, un grupo ta- 
llado significando á Jesús y los pescadores sacando las redes y nave de San 
Pedro. 

Los brazales altos tienen hojarasca; los bajos, uno figura de hombre be- 
Iludo cabalgando sobre cuadrúpedo, y el otro un paje luchando con oso enca- 
denado. La misericordia, decórala una figurilla de hombre cepillando con gar- 
lopa sobre un banco de carpintero. 

Los sitiales reales son más altos y anchos de asiento que los demás, y en 
vez de imágenes de santos, tienen en los respaldos las de los Reyes; la del Rey 
en el lado del Evangelio, y la de la Reina en el de la Epístola, ambas en ta- 
racea, como todas las otras, y encima escudo heráldico con ángeles tenantes 




RESPALDOS ALTOS DE LA SILLERÍA DE PLASENCIA 



en bajo relieve. Las pilastras laterales que limitan estos tableros soportan do- 
bles estatuitas del mismo tamaño y carácter que todas las del resto del mo- 
numento. 

Entre las imágenes de santos que ejecutadas en taracea decoran los table- 
ros, bajo arcos canopiales y florida tracería, están las siguientes: San Rafael, 
Santa María Magdalena, Santa Ana, Santo Domingo, San Nicolás, San Al- 
fonso, San Agustín, San Lucas, San Bernabé, San Simón, San Mateo, Santo 
Tomé, San Andrés, San Pablo, San Felipe, Santiago, San Judas, San Matías, 
San Marcos, San Lorenzo, San Vicente, San Gregorio, San Ambrosio, San 
Isidro y Santo Tomás. El carácter de estas imágenes, tanto por su factura 
como por los detalles de su indumentaria, es el mismo que el de las tablas 
llamadas góticas, pintadas en el siglo XV. 

Debajo de estos tableros, hasta el arranque de los brazales altos, hay una 
serie de relieves representando pasajes bíblicos. Separando unos tableros de 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 7 



50 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

otros elegantes pilastras sirviendo de pedestales á estatuítas de muy buen 
arte (imágenes de otros tantos santos y santas), á la altura de las cuales 
arrancan los arcos que cierran cada respaldo y sobre los que corre el dose- 
lete, con calada crestería y estatuítas, muy semejante al de Sevilla, pero que 
tiene un aditamento de época posterior y muy mal gusto, consistente en unos 
rosetones y cabecitas aladas colocadas entre las agujas ó pináculos que re- 
matan la crestería. 

Los brazales bajos figuran monstruos y seres grotescos bastante bien 
ejecutados y algunos muy notables, siendo muy interesantes ciertos asuntos 
tratados en las paciencias, tales como una mujer con las faldas levantadas 
y los pies metidos en un barreño; fraile enamorando á una mujer que hila con 
rueca; figura de hombre delante de un toro en actitud de embestir, presentán- 
dole el capote con la mano izquierda y amenazando con una espada que tiene 
en la derecha; chicos jugando al moscardón; un auto de fe; guerrero azotado 
por una dama; una mujer y un cerdo, etc. 

Las sillas bajas son posteriores, como ya dijimos, y aun cuando se trató 
de ajustarse á la factura de las altas y no desentonan, se nota, sin embargo, 
la diferencia de mano. Están compuestas, como las de Sevilla, de las mismas 
partes: repisa ó atril, tablero con relieves de asunto bíblico, respaldo deco- 
rado con motivos vegetales, parte inferior con trazado ojival idéntico al de 
aquéllos y brazales bajos con animales. Los costados correspondientes á las 
dos escaleras del frente están decorados con estilo ojival, con escudos de ar- 
mas de los Reyes católicos y del Obispado. 

Entre los libros de actas hay uno señalado con el número 6 en cuyo folio 
14 se lee lo siguiente: 

«En plasencia siete días del mes de Junio de mili e quatrocientos e noventa 
e siete años Maestre Rodrigo (Alemán) entallador se obligó por sí e por sus 
vienes muebles e Rayzes e de sus herederos de faser dos syllas que se han de 
asentar en los cabos del coro a cada parte la suya cada una por prescio de 
treynta mili maravedís a vista de Maestre Enrrique(Egas) e de otro oficial que 
el Cavildo señalare e nombrare que las vean esyla obra fuere tal que meresca 
mas de treynta mili mrs. la sylla que puedan tasarla fasta en treynta e cinco 
mili mrs. e non mas. E lo que menos valiere de dicho prescio que lo menos 
caben que los oficiales dixeren e que sobre lo que han de determinar que lo 
determinen con juramento a esta obra ha de ser segund una muestra que 
esta asentada en un papel donde están escriptas las palabras suso dichas, 
y esta obra se ha de faser segund la dicha muostra e segund al elegimiento 
de la dicha muostra que suba el capitel. En su proporción lo que viere el 
dicho Maestre Rodrigo que puede subir contando que no suba con mucha 
parte tan alto como esta debuxado e ha de ser la dicha obra de las dichas 
syllas fecha en perfecion e muy limpia, obligóse el dicho Maestre Rodrigo de 
dar a acaba la dicha obra fasta un año complido primero syguiente e dé 
labrar con syete oficiales labrando el dicho Maestre Rodrigo por oficial con 
ellos e contándose como uno de los dichos oficiales e sy los dichos non flzieren 
nin complieren otorge poder a las Justicias, etc., etc » 

Conviene notar que esta sillería, la de Santo Tomás de Avila y la de Se- 
villa son las únicas que tienen sitiales especiales destinados á los reyes. 

Catedral de Ciudad Rodrigo. — Las sillas de este coro son obra del mismo 
Rodrigo Alemán, que hace á la par las de Plasencia, colocadas en las cabe- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = ^\ 

ceras, y que había ejecutado en 1-495 la parte baja de la sillería toledana. 
Según Pons le fueron pagados 10.000 mrs. por la obra que ejecutó, y que re- 
sulta muy semejante á la de las sillerías de León, Astorga, Zamora y otras. 
Los respaldos tienen gran variedad de tallas, como sucede en los de aqué- 
llas, y los asuntos de brazales y paciencias son caprichosos y fantásticos, al- 
gunos muy curiosos, viéndose entre otros representados la fábula de la zorra 
y la cigüeña, osezno y su madre, que acuden á un panal de abejas, frailes con 
alas de murciélago, monos y diablos mitrados, cerdo tocando la gaita, lucha 
entre un tigre y un toro, salmistas que tienen por cuerpos odres de vino, mata- 
rife dando muerte á una res, mono tocando el tambor, etc., etc. 

Pelayo quintero. 

(Continuará.) 




Sociedad de Excursiones en acción. 

El día anunciado en nuestro Boletín se realizó la excursión á Toledo, con 
asistencia de la Sra. Freiré, Srtas. Sánchez Anido, Ballesteros, Muro y Foron- 
da; reverendos Padres dominicos holandeses, Vine Smit, C. Hentzen y J. 8i- 
moné; Sres. Aníbal Alvarez. Dr. del Amo, Rdo. P. Builla, Ballesteros, Beni- 
to Aceña, Caleya (padre é hijo), Carrasquedo, Cánovas, Delgado, Echevarría, 
Foronda, García Cabrera, Guilmain, Hernández Iglesias, Dr, Hernández 
Briz, Lafourcade, Rojas, Utrillas y Ciria. 

Nuestros compañeros visitaron los principales monumentos de la ciudad, 
Catedral, Tránsito, Cristo de la Luz, Santa María la Blanca, etc., etc., y al- 
morzaron luego en el Hotel Castilla, donde fueron bien tratados gracias á la 
excelente organización del viaje, en que demostró una vez más sus excep- 
cionales condiciones D. Joaquín de Ciria y Vinent. 

Todos los que tomaron parte en la excursión han vuelto complacidísimos 
y deseando repetir otras análogas. 

EXCURSIÓN POR MADRID 

El domingo, 3 de Marzo, se realizó la anunciada excursión por Madrid, 
que honró con su presencia la Srta. Ballesteros, con asistencia de diecisiete 
socios más. 

Fueron visitadas las notables colecciones de la Real Academia de Bellas 
Artes de San Fernando, contemplando nuestros consocios con deleite los mag- 
níficos lienzos de Goya, Pereda, Zurbarán y Ribera que atesora, el intere- 
sante retrato de Alenza y los cuadros de Mengs, Batoni, Van-Loa, etc., las es- 
culturas polícromas de Ginés y los delicados dibujos. 

El almuerzo se celebró luego en el Inglés, que trató muy bien, como siem- 
pre, á los excursionistas. 

La organización de esta visita corrió á cargo de D. Emilio Alfredo Se- 
rrano y Jover, que se la dio muy acertada, por haber tenido necesidad de 
marckar á Valencia el señor Director de Excursiones 



52 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



SECCIÓN OFICIAL 



Excursión á Zaragoza y Navarra. 

Salida de Madrid el 27 de Marzo á las cinco y treinta de la tarde. — Comi- 
da en el exprés y noche en Zaragoza. 

Día 28: De ocho á una visita al Pilar, Catedral y otros monumentos. 

A la una almuerzo, y á las dos de la tarde salida para Tudela. — Noche 
en Tudela. 

Día 29: Visita á los monumentos de Tudela. 

Día 30: A las nueve y cuarenta salida para Tarazona. — Almuerzo en 
Tarazona. 

A las tres y cuarenta y cinco salida para Castejón, donde se comerá, 
pernoctando en Pamplona. 

Día 31: En Pamplona hasta las dos y veintidós, en que se saldrá para 
Alsásua, donde se tomará el exprés á las cinco y treinta dos. — Comida en 
Miranda y llegada á Madrid el día 1.** de Abril á las siete y dos de la mañana. 

Cuota: Doscientas cinco pesetas, comprendiendo en ellas viajes en 1.^ clase, 
butaca en el exprés, fondas, coches, propinas, comidas en ruta, gratificacio- 
nes y gastos diversos. 

A los que tengan billete kilométrico ó se lo proporcionen de otra clase, 
sólo se les cobrará sesenta y cinco pesetas. 

Las adhesiones á D. Joaquín de Ciria y Vinent, plaza del Cordón, núm. 2, 
segundo, hasta las cuatro de la tarde del martes 26. 

Fiesta de aniversario. 

Se celebrará el domingo 14 de Abril. 

Se ha retrasado este año por el laudable empeño del señor Director de 
Excursiones en celebrar el banquete dentro del nuevo restaurant que se está 
construyendo en la Moncloa; pero habiendo comunicado sus dueños que no 
podrán dar almuerzos hasta los primeros días de Mayo, no se quiere aplazar 
la fiesta hasta dicha fecha. 

Lugar de reunión: La iglesia de San Antonio de la Florida, donde se ve- 
rán los célebres frescos de Goya. 

Hora: Diez y media de la mañana. 

El almuerzo se celebrará luego en el restaurant de la Huerta. 

Cuota máxima: Diez pesetas con cubierto, café, gratificaciones, etc. 

Las adhesiones á D. Joaquín de Cii'ia y Vinent, plaza del Cordón, núm. 2, 
segundo izquierda, hasta el sábado 13 á las cuatro de la tarde. 



13 o L E T í N __AnoJCV^-Núm. 170 



DE LA 



SoeiEDP ESPIIIOLII DE ElGURSIOHES 

-^■^^-^ Madrid. — ;í^br¡l de 1907. ■ & -i^ 

***** ******** * * * X. -y. ^ .V. .V. .V. .V. -v. jc. .V. .V. .V. .v. v. v jt v it 

*************** -x- -x- * * * -x * •■* ■■* ■■* * * ■ •«■ * * * "\ ** ■•■«. % 

Director del Boletín: D. Enrique Sen-anu Faligali, Presidente de lu. Sociedad, Pozas, 17. 

Administradores: Sres. Haiiser y Menet, Ballesta, 30. 



->^ ADVERTENCIA ^^ 

Con este número se reparte á nuestros consocios tres pliegos y tres fototipias de La 
Pintura en Madrid, de D. Narciso Sentenach. 



SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 

(Continuación.) 

Santa María la Real de Nájera (Logroño). — Perteneció esta sillería á una 
comanidad de monjes de la Orden de San Benito, y es, sin duda, una de las 
más bellas dentro del estilo ojival castellano, pero el abandono ó incultura 
de las gentes la han puesto en tal estado de ruina y tan destrozada, que en- 
tristece y apena á quien con ojos de artista la contempla; torcido y amena- 
zando caerse el airoso doselete que cobija la silla abacial, rota y desapare- 
cida gran parte de la crestería, perdidas muchas de las estatuítas, incomple- 
tas otras, falta de casi todos los tableros de las sillas bajas; aún quedan her- 
mosos restos de florida talla ojival, tan bellos como los de Santo Tomás y 
Miraflores, calada crestería con lindas estatuítas ejecutadas con cierta per- 
fección precursora del Renacimiento, y otra porción de detalles que la hacen 
digna de fígurar al lado de las primeras, y merecedora de ser considerada 
como monumento nacional, mejor que otras muchas ruinas no tan intere- 
santes. 

Componen esta sillería 50 asientos de nogal, distribuidos en dos órdenes. 
Los bajos tenían tableros tallados con imágenes de santos, pero de ellos sólo 
quedan tres, dos á la izquierda de la entrada y otro delante de la silla aba- 
cial, en que se ve una representación de la Virgen con el Niño en brazos. Los 
sitiales altos tienen grandes tableros con tallas de variadas combinaciones 
g.eométricas, y en el centro de cada uno, pequeñas hornacinas y pilastrillas 
destinadas á sostener y cobijar lindas estatuítas, semejantes á las del dosel 
corrido, y perdidas la mayor parte. 

Entre los brazales y estos grandes tableros hay otros pequeños, decorados 
con escudos heráldicos, figuras humanas, animales y seres grotescos, todos 
bien ejecutados y muy interesantes. En los brazales y misericordias también 
hay figuras talladas de marcado carácter ojival. 

En el centro del coro destácase (unido á los demás) elegante sitial desti- 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 8 



54= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

nado al prior ó abad del Monasterio. Es de asiento más alto y ancho que los 
otros, y en su respaldar, en vez de las tallas ojivales y las imágenes de san- 
tos que vemos en todos los tableros correspondientes á cada una de las sillas 
altas, tiene sobre una repisa la estatua del Rey Don García, fundador del 
Monasterio. Estatua muy bien tallada en alto relieve y representando al Rey 
en gallarda actitud, cota de malla y armadura completa, collar sobre la cora- 
za, manto real, cabeza descubierta y casco á los pies. Es una escultura muy 
bien proporcionada, y no se nota en ella la influencia alemana que se ve en 
otras tallas de esta época, sino que resulta muy española y de la mano de un 
artista conocedor de las nuevas corrientes artísticas. Separan esta figura de 
las sillas laterales hacecillos de pilastras que sirven de apoyo al airoso do- 
selete de caladas labores, rematado en un escudo con las armas de Navarra 
y de la abadía, que eran una jarra de azucenas, tres flores de lis, mitra, bácu- 
lo y las cadenas (escudo heráldico que también está en uno de los tableros 
calados del dosel corrido). 

Respecto á quiénes fueran los autores de estas tallas, se sabe que unos 
maestros entalladores nombrados Andrés y Nicolás recibieron 24.000 mara- 
vedís por la silla del abad. Madrazo refiere que cada silla alta costó 6.600 
maravedís, y las inferiores 3.500, y Madoz, sin que sepamos con qué funda- 
mento, dice que la parte alta la ejecutaron en 1493 dos hermanos llamados 
Amutio, vecinos de Cárdenas. 

Catedral de Coria (Cacares). — D. Eugenio Escobar Prieto, Deán de Pla- 
sencia, á quien debemos todas las noticias respecto á la sillería de la cate- 
dral de Coria, dice que es un monumento que puede competir con los mejo- 
res de la época, y que en su ornamentación, lo mismo en los respaldares que 
en el resto de la obra, no cabe labor más perfecta ni delicada. 

Es toda ella de madera de nogal; construidas sus sillas en dos épocas dis- 
tintas, no existiendo antecedentes respecto al autor de las más antiguas, cuya 
fecha data del año 1489 á juzgar por la inscripción que se ve en la segunda 
silla de la izquierda que dice: Acabáronse ario de Me C . CCe LX . X . X . I. X 
años de Cristo (1). 

Tiene en total el coro 71 asientos, 43 altos y 28 bajos, con silla episcopal, 
en la que aparece tallada en bajorelieve la imagen del Salvador. Los res- 
paldares de los demás sitiales tienen delicadas labores de estilo plateresco, 
todas distintas, y sobre ellos figuras talladas de santos y un coronamiento de- 
corado con ángeles que sostienen atributos de la Pasión. 

Las sillas que hay entre las puertas laterales y la reja son obra de Martín 
de Ayala, que las ejecutó en el año 1514, según consta en el siguiente docu- 
mento : 

CORIA.— ACTAS CAPITULARES DE 1514.— SILLAS DEL CORO 

«En Coria treinta días del dicho mes de Julio del dicho año de mil qui- 
nientos catorce, estando dentro del coro de la dicha Iglesia los Sres. D. An- 
tonio de Naveros, Chantre, Presidente de la dicha Iglesia é D. Agustín de 
Camargo, Maestrescuela de ella, é Gil Muñoz, é Luis Medrano de Lagunas, 

(1) Al leer esta fecha debe sin duda ponerse otra C en el lugar donde hay un punto 
después de la primera, y resulta 1489 en vez de 1389, fecha más en relación con el carácter 
de la obra. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 5^ 

Canónigo de la dicha Iglesia, y estando en presencia de mi el Notario é de 
los testigos infrascriptos, los dichos señores Presidente é Cabildo, en nombre 
de la dicha Iglesia como Administradores que son della, de una parte, ó de 
otra Martin de Ayala, entallador, se concertaron del modo siguiente: 

»Que el dicho Martin de Ayala haga todas las sillas que fueren necesarias 
para el coro de la dicha Iglesia conformes á las otras sillas que el dicho coro 
tiene, de manera que no discrepen dellas. 

«Iteni, que fechas é acabadas las dichas sillas que faltan é son menester en 
el dicho coro, que se pongan é nombren dos Maestros, cada una de las dichas 
partes el suyo, é con juramento que hagan los dichos dos Maestros, que deter- 
minen é tasen la dicha obra de las dichas que el dicho Martin Ayala 

é que lo que ansí mandaren, censuren é determinen que ambas las 

dichas partes é cada una dellas estarán por ello é lo habrán por bueno é los 
dichos señores en nombre de la dicha Iglesia é fábrica della se lo pagaran al 
dicho Martin de Ayala lo que así determinaren, é mandaren é tasaren los di- 
chos Maestros, é para ello obligaron los bienes de la dicha Iglesia é fábrica, 
de se lo pagar, como dicho es. 

»Item, que porque la dicha Iglesia é el muy magnífico Sr. D. J. de Ortega, 
Obispo della, le dan é han de dar la madera que es menester para las dichas 
sillas, se obligó el dicho Martín de Ayala, por su persona é bienes muebles é 
raíces habidos é por haber que si dañare la dicha madera, no faciendo las 
dichas sillas como conviene, ó hiciere otro daño ó defecto en la obra della, 
que el lo pagará á la dicha Iglesia é á los dichos señores á su costa. E asi lo 
otorgaron é celebraron ambas las partes según uso es ante el dicho Notario é 
testigos.» 

Catedral de León. — Es una de las sillerías más curiosas del siglo XV la 
que hoy vemos, recientemente restaurada en esta catedral. Consta de dos ór- 
denes de asientos profusamente tallados en madera de nogal. Sobre los altos, 
corre un guardapolvo de menuda labor ojival, terminado con crestería cala- 
da interrumpida por pináculos y unos bonitos doseletes pareados encima de 
las dos puertas laterales. En la parte superior de cada respaldar hay una figu- 
ra tallada, de regular tamaño, colocada bajo un arco ojival de elegante y 
vistosa traza que descansa en los hacecillos de pilastras que separan los ta- 
bleros. Estas figuras representan apóstoles y otros santos, como Santo Domin- 
go de la Calzada, San Lorenzo, San Agustín, etc., siendo muy curiosa la que 
significa á San Martín cabalgando sobre un pequeño caballejo sumamente des- 
proporcionado, por estar dentro del tablero sin disminuir el tamaño del San- 
to. Encima de las puertas y en los dos chaflanes de los ángulos, hay también 
curiosas figuras de mayores proporciones que las de los asientos. 

Los sitiales del orden inferior alcanzan un desarrollo mayor que el que 
suele dárseles en otros coros, teniendo más altura los tableros y formando la 
parte que sirve de atril á los de orden superior una especie de guardapolvo 
de poco saliente, decorado por la parte de abajo con tallas ojivales, que es- 
tán divididas por la continuación de las mismas pilastras que separan los 
tableros en que aparecen ejecutadas en alto relieve imágenes de santos de me- 
dio cuerpo, figuras que, al igual de las de la parte superior, tienen un marca- 
do carácter ojival, sin indicios aún de Renacimiento. 

Tiene el coro tres puertas, dos laterales y una en el fondo que lo divide en 
dos mitades. Los tableros correspondientes á los costados de las sillas por esta 



56 = = 



= ==== Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



entrada están profusamente decorados con muy primorosas tallas que repre- 
sentan la Generación temporal de Jesucristo, la Bajada del Salvador á los In- 
fiernos, San Miguel y otros asuntos bíblicos, combinado con ornamentación 
ojival y una serie de figuritas, soportes y doseletes en el tablero posterior que 
lo hacen de una gran riqueza decorativa. 

En los tableros, brazales y misericordias, hay gran variedad de asuntos, 
algunos sumamente curiosos, tales como el que se nos presenta en un tablero 
pequeño de las sillas de canónigos, figurando el demonio metido en un confe- 
sonario dispuesto á dar consejos á un penitente, aludiendo sin duda á los clé- 
- rigos de mala conducta , ó tal vez po- 

niendo en acción el conocido refrán que 
dice: «El diablo harto de carne se me- 
tió á fraile». En otro sitio vemos figuras 
hilando y ejerciendo otros oficios, perso- 
najes en cepos, una mujer dando de ma- 
mar á un asno, un cerdo tocando la gai- 
ta, una dama que desde su ventana ayu- 
da á subir á su galán con una cuerda, 
un campanero, un músico tocando un 
laúd y otra multitud de asuntos de pi- 
cante intención, que dan ¿i la sillería un 
carácter especial, que la harían muy in- 
teresante si ya no lo fuera también por 
el buen gusto y originalidad del resto de 
la obra. 

Respecto á quien labrara tan nota- 
ble obra escultórica^ se sabe que en 1481 
se contrató con el maestro Theodorito 
su construcción y colocación en el pres- 
biterio, y en las actas capitulares cons- 
ta también que en 1467 se mandó desti- 
nar cierta cantidad para dicha obra de 
la sillería, siendo prelado D. Antonio de 
Venerís. 

Esta sillería no suele ser del agrado de todos los que la visitan por la des- 
proporción de algunas de sus figuras y rigidez de los plegados en las ropas, 
pero defectos son éstos de la época, compensados sobradamente con las mu- 
chas bellezas ornamentales que atesora con la ingenuidad y expresión de sus 
figuras y con el sin fin de detalles, de indumentaria y de datos que para l'á 
historia social de su tiempo en ellas pueden estudiarse. Sus tallas, como es 
natural, habían sufrido algún deterioro con tantos años de existencia, pero 
restaurada con inteligencia en reciente fecha, presenta excelente aspecto y 
enorgullece con razón á los leoneses amantes de sus glorias. 

Pelayo quintero. 

(Continuará.) 




León.— Detalle de un costado de la sillería. 




Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = === ==57 



1l9le$ia$ medioevales de tuy. 



Introducción. 



T. -Iglesia de San Bartolomé.. 



' A Reseña histórica. 

\ B Disposición y organismo. 

\ C Decoración. 

f D Juicio crítico. 



III. — Iglesia de Santo Domingo. < ^ ^w' 

I ^ ^ \C Decoración. 



A Reseña histórica. 

B Disposición y organismo 



índice del 1 ' D Concepto resultante, 

texto. . \ 



\ 



A E'liticio primitivo. 

B Ampliaciones posteriores. 

C Desperfectos y obras perniciosas. 

T-^-. „ , , , : D Decoración interior. 

III.— Catedral..... < c, t^ ., , . 

I E Decoración exterior. 

'. IF Claustro. 

' G Concepto artístico. 

I Í7 Períodos de construcción y juicio crítico. 

\lV. — Resumen Importancia monumental de Tuy. 

de la iglesia de San Bartolomé. 

Plantas., de la iglesia de .Santo Domingo Sptixial de cabecera. 

i \general de la Catedral, 

índice de lasi 
ilustracio-j /de la cabecera y hastial del crucero. 

^^^ ) , de Santo Domingo. ' de los ábsides. 

I I (de la portada del Rosario. 

Vistas . . . < /del cuerpo del trifolio y embovedamientos. 

I i del presbiterio. 

( Catedral ) ^e la fachada principal. 

j del pórtico. 
f de la fachada lateral N. 
de la galería del claustro. 

Nota. -Las fototipias que ilustran este trabajo, están sacadas de imágenes debidas al. 
fotógrafo tudense Sr. Bugarín, v que me han sido proporcionadas por mis queridos amigo. 
Sres. D. Antonino Cervino, Penitenciario del Cabildo tudense, y D. Jesús López de Regó, ar- 
quitecto y profesor de la Escuela de Artes é Industrias de Santiago, que encargaron expresa- 
mente algunas de ellas para esta Monografía. 



58= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 



INTRODUCCIÓN 

Los dulces recuerdos que conservaba en mi mente respecto á las bellezas 
naturales que ofrece la deliciosa vega del Miño y mis aficiones al estudio de 
nuestros monumentos, me indujeron, hace poco tiempo, á visitar de nuevo 
aquellos lugares que habia recorrido en mi infancia, y á cuya vista experi- 
menté nuevas y gratas impresione3. 

Su clima, templado en invierno, se refresca en estío con las brisas ma- 
rinas, y el accidentado relieve de su suelo ofrece floridos campos y frondosos 
bosques cubiertos de pinos, robledales y castaños (1). En sus deliciosos va- 
lles y fértiles vegas, regados por multitud de fuentes y riachuelos, se produ- 
cen toda clase de granos, excelentes hortalizas y las más delicadas y sabro- 
sas frutas; sus colinas y laderas aparecen cubiertas de verdes viñedos, por lo 
general emparrados; en sus prados se cría toda clase de ganados; en sus en- 
cantadores pousas se dan los granados, limoneros y naranjos, que embalsa- 
man el aire con su delicado azahar, y sus ríos producen ricos pescados, cons- 
tituyendo en conjunto una tierra tan deliciosa, que no sin razón se llama el 
Jardín de Galicia. 

Entre tan placenteros campos álzase la vieja y pintoresca ciudad de Tuy, 
en la falda de un cerro bañado por el Miño, y en frente, y á la opuesta mar- 
gen, aparece el pueblo portugués de Valenza, enlazado con el nuestro por 
el soberbio puente internacional de la línea férrea, desde el cual se des- 
cubre uno de los más encantadores paisajes que la imaginación puede con- 
cebir. 

En este singular pueblo, poco conocido á pesar de hallarse tan amparado 
por los dones de la naturaleza, existen tres iglesias pertenecientes á los tiem- 
pos medios, dignas de un particular y detenido estudio, que es el objeto de 
este modesto trabajo. 

Al efecto, he recopilado los documentos pertenecientes á la historia de 
tan preciados monumentos, algunos de ellos inéditos, que debo á mi querido 
y docto amigo Sr. D. An tonino Cervino, datos que, unidos al análisis arquitec- 
tónico de las fábricas en que resplandecen tan variadas manifestaciones ar- 
tísticas, podrán tal vez aportar algún nuevo elemento de juicio sobre los ya 
publicados (2), para el conocimiento de la interesante arquitectura gallega 
en tan largo período. 

(1) Estos bosques van, por desgracia, reduciéndose considerablemente, á, causa de las 
nocivas talas de que son objeto, lo que ha de producir en breve plazo las más funestas conse - 
cuencias en el régimen climatológico de la región, si se persiste en tan perjudicial proce- 
dimiento. 

(•2) Las publicaciones por mí conocidas que se han ocupado de Ios-monumentos tudenses 
son: R. Rodrigo Blanco: Apuntes históricos de la Santa Iglesia Catedral, ciudad y antigua 
diócesis de Tuy, 1879. — M. Murguía: España. Sus monumentos y artes; Galicia, 1888.— J. Vi- 
lla-amil y Castro: Iglesias gallegas, 1904.— Rudy Charles: Th cathedrals of northen 
Spain^ 1?06, 



Boletín de ía Sociedad Española de ExcursiotieÉ. = = = = = = = = 59 

I. — IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ 
A. — Reseña histórica. 

Las noticias referentes á este memorable, aunque pobre y reducido tem- 
plo, se remontan á principios del siglo XI, pues aparece ya mencionado en la 
donación hecha por Alfonso V del devastado Señorío de Tuy, al ratificar el 
acuerdo del Concilio Compostelano celebrado en Octubre de 1024, agregando 
la Sede tudense á la de Santiago. 

Restablecido aquel episcopado en el año 1070, y habilitada provisional- 
mente como iglesia principal la de San Bartolomé, se celebraron en ella 
dos Concilios provinciales en los días 15 de Abril y 1.** de Septiembre de 1118, 
los que fueron presididos por el Arzobispo de Santiago D. Diego Gelmírez, 
perteneciente á la histórica Orden de Cluny, y célebre en los anales ecle- 
siásticos por la campaña que hizo para introducir en nuestra patria la disci- 
plina romana. 

Por los años de 1145 debió ser restaurada esta iglesia, según se colige 
de una escritura del extinguido monasterio de Santa María de Oya, en la 
cual los monjes agradecidos al Obispo y canónigos por una donación que les 
habían hecho en aquellos términos, se ofrecieron, según escritura de 19 de 
Abril de 1145 (1), á contribuir con dos marcos de plata in opus ecclesiaeS. Ma- 
riae faciendum. El Prelado, al emprender la reconstitución de la que era en- 
tonces catedral de San Buenaventura, quiso dedicarla á Santa María; pero 
edificada la nueva en el sitio que hoy ocupa, conservó aquélla el título de 
San Bartolomé. 

En el lienzo N. de esta antigua iglesia, cerca del ángulo del iraafronte, 
aparece empotrada en su fábrica una piedra cuya inscripción ha suscitado 
grandes controversias entre arqueólogos y epigrafistas; mas, según el parecer 
de mi buen amigo Sr. D. Manuel Lago, hoy Lectoral de la Catedral de Lugo, 
formó parte de un epitafio escrito en dirección oriental, es decir, de dere- 
cha á izquierda, y cuyos caracteres patentizan que debió esculpirse á lo sumo 
en el siglo XI. ' 

B. — Disposición y organismo. 

Descripción.— OoiíBiSi de tres naves terminadas por otras tantas capillas 
que forman la cabecera, y de las cuales la central aparece prolongada for- 
mando un ábside de planta semicircular, resaltado de las laterales cuyo teste- 
ro es recto. 

Organismo.— hsis, naves se hallan separadas por anchos machones con co- 
lumnas adosadas á sus costados, que sustentan los arcos formeros destinados 
á recibir las primitivas armaduras, sustituidas por otras modernas que cu- 
bren hoy el cuerpo de iglesia, y de las cuales es artesonada la central y de 
par y picadero las colaterales. 

Las capillas de la cabecera se cubren con bóvedas de medio cañón, termi- 
nando el central en hemiciclo. 

(1) La Cueva: Historia general y eclesiástica de España de la ciudad y Obispado de 
Tuy^ tomo III, apéndice (inédita). 



■60 == = = = = ^ = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 

Las cornisas, ya cargan sobre canes, ya se encuentran desprovistas de 

ellos. :Kr^A-.>i:,^m ■. ■. i^:'uv. ^ 

El imafronte es muy moderno, así como parte de los muros laterales. 



C. — Decoración. 

• • i Es muy sobria y la escultura, tosca é imperfecta, revela marcadas influepr 

cias orientales y normandas. 'ach'üñcS 

Las basas de columnas se hallan moldadas con altas escocias, plintos ,y 

garras. ' 



IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ 




< > -t 



PlcuxLa/ 



EsraJa o-o- I- I l ilil í 



_i_ 



}P Melros 



Los capiteles ostentan en sus tambores hojas de agua y clásitías, volutas, 
entrelazos y efigies, ya humanas, profanas ó sagradas, ya de aves y cuadrúpe- 
dos unidos ó separados. 

En los frentes de parte de los abacos campea el ajedrezado, y en alguna 
de las impostas los billetes. . , 

D. — Juicio critico. ,-, 

La sencilla distribución y construcción de este templo, los rudos caracteres 
de sus ornatos y el ajedrezado que atestiguan su erección en la undécima 
centuria, hacen también muy presumible que sea el mismo que resistió lo$ 
ataques de los normandos, en cuyo caso resulta ser la más antigua de las igle( 
sias monásticas gallegas. - f 

Otra particularidad ofrece este templo, y es la gran malogía que presen- 
ta en formas, dimensiones y ornamentación con el que, para mayor identifi- 
cación, ha sido también catedral de la Sede mindoniense, y cuyo conocimien- 
to se debe al Sr. Villa-amil, uno de nuestros más doctos consocios (1). 



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(i) J. Villa-amil y Castro: Iglesias gallegas, pág. 57. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. ^= = = ^ = — — (\ 

II. — IGLESIA DE SANTO DOMINGO 

A. — Reseña histórica. 

Los Padres dominicos de Tuy obtuvieron terreno en 21 de Agosto de 141,5 
á cambio de dos casas que poseían en la ciudad, para construir la capilla ma- 
yor y otra menor de la iglesia del convento (1). 

En 1418 se efectuó la venta de varias fincas, hecha al Cabildo por dichos 
Padres, que estaxan labrando á cápela maor e non Uñan para alahrar (2). 

Por el testamento otorgado por el Obispo D. Juan Fernández de Sotoma- 
yor II, año 1423, consta que este Prelado dejó á los religiosos dominicos de 
Tuy 32.000 maravedís de moneda vieja Manca para concluir la fábrica de la 
capilla mayor de la iglesia del convento (3), 

En el año de 1534, siendo prior de la comunidad el P. Fv. Fernando Lucio 
el Obispo D. Pedro Sarmiento consagró la Iglesia, aunque no debía entonces 
estar concluida del todo, pues consta que en el año de 1728 se trabajaba en 
la obra de las bóvedas, que se dieron por terminadas en el de 1730. 

A la edificación de la parte gótica del templo, y muy especialmente á la 
de las capillas absidiales, debió contribuir la casa de los Sotomayores; pues 
se ve muy prodigado su escudo, tanto en el capitel que recibe el arranque 
izquierdo del arco triunfal como en las losas sepulcrales del presbiterio, y los 
dos hermosos arco-solios que existen en el muro del crucero de la izquierda 
en que se hallan las estatuas yacentes de una dama y un guerrero, tal vez 
los Padres del Obispo D. Juan Fernández de Sotomayor 11, pues consta por 
una escritura que su madre, llamada D.'"" Inés Alvarez, se mandó enterrar 



en dicha iglesia. 



B. — Disposición y organismo. 



Descripción. — La iglesia es de cruz latina, de brazos muy desiguales y de 
una sola nave mayor, cortada en ángulo recto por la del crucero. La cabe- 
cera es de tres ábsides, de los cuales el central, que es de plan,ta heptagonal, 
corresponde á la nave mayor, y los dos de costado adosados á él, de base 
pentagonal, pertenecen á los brazos del crucero. 

Organismo. — Los arcos de la nave mayor son de medio punto; descansan 
sobre pilastras greco-romanas y son contrarrestadas por contrafuertes exte- 
riores. El arco triunfal es apuntado y recibido, así como los de los ábsides, 
por pilares de estructura gótica. Los otros pilares del crucero son de medio 
punto, y su bóveda de arista. Los restantes embovedamientos son de cru- 
cería. 

La introducción de pilastrones en el interior de la nave para disminuir 
la luz de los arcos transversales y suprimir así los contrafuertes exteriores ó 
reducir su salida, como sucede en el ejemplar de que me ocupo, es frecuente 
en las construcciones gallegas. 

La parte más importante del templo es, sin duda, su cabecera, cuya plan- 
ta (que guarda grandes analogías con la de Nuestra Señora de Dijón, en Bor- 

(1) Escritura que se conservaba en el archivo del convento. 

(2) Libro 1." de ac^as capitulares, que comienza eii 1418. 

(3) La Cueva: tomo IV, pág:. 37. 
Bolet. de la Soc. Esp, de Exc. — 9 



62==^ = = = = = = Boletín de ta Sociedad Española de Excursiones. 

goña), represento á mayor escala, por constituir uno de los mejores ejempla- 
res de su género que ofrecen las iglesias franciscanas y dominicanas galle- 
gas de la Edad Media, á excepción de la de San Francisco de Pontevedra, de 
cinco ábsides, que es la más notable de todas. 

Es de notar la excelencia que en el ábside de la nave mayor ofrece la 
adopción de la planta de poligonal de siete lados, procedente del decágono 
regular, para el directo contrarresto mee ínico de los nervios. 

IGLESIA DE SANTO DOMINGO 




Pla^nta oic rtcraL. 



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Las capillas absidiales se alumbraban antiguamente: la mayor, por tres 
altos y estrechos ventanajes, y cada una de las menores por dos, todas las 
que han sido, en mal hora, tapiadas, á causa sin duda de la colocación pos- 
terior en la primera de un retablo barroco de pésimo gusto que cierra el 
fondo. Estos huecos de luces son apeados por columnillas, según puede apre- 
ciarse en la vista exterior de este monumento, en que se ve el hastial S. de 
la nave del crucero con su elegante rosetón. 

C. — Decoración. 

Efecto interior. — Los haces de columnas de los ábsides ofrecen elevados 
plintos y capiteles exornados con pasajes históricos y flora indígena. 



BOL. DF. LA SOC. F.SP. DF EXCURSIONES 




IGLESIA DE SANTO DOMINGO DE TUY 
Portada del Rosario 

LÁA\. 11. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 






Las arcaturas ornamentales que exornan interiormente el ábside mayor 
y que han sido empleadas en los estilos normando y anglo-sajón, se concre- 
tan principalmente, en España, á la región N., y en el mismo Galicia apare- 
cen en las iglesias también dominicanas de Santiago y de Pontevedra, y en 
la franciscana de esta última ciudad. 

Este preciado elemento ornamental debió, pues, contribuir en alto grado 
á prestar mayor esplendidez al ábside central cuando ostentaba, diáfanos, 
sus hermosos ventanajes, formando un rico y armónico conjunto. 

IGLESIA DE SANTO DOMINGO 
Planta de cabecera. 




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Puertas.— Dos puertas dan ingreso al edificio: la de imafronte, correspon- 
diente al siglo XVIII, que no ofrece ningún interés artístico, y la del costa- 
do O. del brazo S. del crucero, llamada del Rosario, que es románica pura y 
más antigua, por lo tanto, que el resto del edificio. Hállase descargada esta 
última por una archivolta compuesta de dos arcos apuntados concéntricos 
decrecentes y apeada por dos pares de columnas, en cuyo fondo se abre el 
hueco de ingreso, cuyo dintel, trasdosado por arco concéntrico al de la ar- 
chivolta, es aliviado por ménsulas. 

Los capiteles ofrecen una exornación á la vez sagrada y de fauna; en los 
de la izquierda rostros de ángeles y cisnes, y en los de la derecha un mono, 
cuya cola extendida recoge una figurilla casi destruida. 

Rodea el frente del tímpano una resaltada corona de arcos lobulados, en 
cuyo plano de fondo campea un grupo de la Adoración de los Reyes Magos, 
desgraciadamente mutilado. 

Adolfo FERNÁNDEZ CASANOVA. 

(Continuará. 



64 = = = = = = — = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Portadas artísticas de templos españoles. 



Esculturas de las puertas del siglo XIII al XV en las diferentes 

comarcas españolas. 

tContinnación). 

Puertas castellanas. 

Varios elementos ornamentales de las puertas castellanas del siglo XII se 
siguen empleando durante todo el curso del XIII, por lo menos, lo mismo que 
en Navarra y en Cataluña. Los grandes relieves y estatuas se propagan en 
cambio de un modo muy diferente k la forma en que se propagaron por estas 
comarcas, y partiendo desde focos en general muy distintos. 

Se había señalado por varios arqueólogos de nuestro país, como muy ca- 
racterístico de las construcciones de la duodécima centuria, el diente ya de 
sierra ó ya de otra forma cualquiera, y ha de reconocerse que le presentan 
muchas puertas construidas después del 1200. A este período hay que referir 
las que le contienen en las Huelgas de Burgos, en la actual iglesia del Hospi- 
tal del Rey y otros edificios. 

Demuestra Bond en su magistral tratado de la Arquitectura gótica ingle- 
sa (1), que un hecho análogo se ha realizado en Inglaterra, y dice que estas 
formas son una derivación más ó menos remota de las cabezas de clavo nor- 
mandas, que es una de las escasas ornamentaciones que no tienen abolengo 
clásico y que las causas de haberse conservado son de una parte el buen 
efecto que produce, y de la otra, lo muy fácil que es de hacer. Lo que él afir- 
ma de su país, podemos repetirlo del nuestro. 

Pasan en España también varias palmetas y alguna forma más; pero muy 
pronto aparecen ya follajes diversos más ó menos estilizados y representa- 
ciones realistas del mundo vegetal. En Santo Tomé de Soria adornan hojas 
de encina, dibujadas con gran dureza, el arco circunscrito al tímpano. En la 
puerta de los pies, hoy oculta, de la Colegiata de Toro, sirve de marco á las 
seis arquivoltas llenas de santos, y á la que reproduce el Juicio final, un arco 
exterior, donde un tallo con frutos ú hojas inclasificables se aproxima á las 
líneas de una greca de postas, recordando de un lado, lo clásico, y prometien- 
do, del otro, la ornamentación más propia del XIII al XV. 

Hay portadas en que contrastan elementos decorativos de un acento ar- 
caico con otros de tipo motlernista para la época. En la principal de San 
Juan de los Caballeros, de Segovia, se dibuja franco el arco apuntado, dife- 
renciándose del arcQ de medio punto del pórtico adyacentCj y en ella se jun- 
tan también dientes de sierra y otros detalles de ornamentación románica 
alejada de la naturaleza, con plantas de la localidad {Taraxacum dens leonis 
ú otras compuestas) representadas de un modo muy realista en las metopas. 

(1) Francis Bond: Gothic ArchUecture in England, Londres 1905, pcág. 77. The tooth or- 
nament had enormons voguc in the thirteenth century; e. g. Sl^elton and Warmington; partly 
because of its effectiviness, partly hecaiise it was easy to exccute... It had its origin in the 

wonnan naü-head Tt os one of the fo.w orr.aments withont a elasical pedigree. 



BOL. DE LA 50C. ESF. DE EXCURSIONES 



TOMO XV. 




Fototipia de Haiiser y Menet.— Madrid 



LEÓN 
Catedral: Puerta del centro de la fachada principal 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 55 

Sobre la cornisa enriquecida por éstas, corre lueg-o una faja terminal, con 
entrelazos y adornos amaneradísimos, confirmando la vacilación en el de- 
corado. 

Las estatuas de tamaño natural tuvieron desde el primer momento una 
gran representación en las puertas del siglo XIII castellanas, como ya la ha- 
bían tenido á fines del XII en el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compos- 
tela. La tradición de las hermosas esculturas gallegas se perdió muy pronto 
y las efigies que se hicieron á continuación de aquellas en diferentes locali- 
dades se parecen poco á las que habían salido de manos del maestro Mateo. 

En la misma comarca en que lucen estas obras maestras se reprodujeron 
mal después. La Puerta Paraíso, de Orense, es una copia de la de Santiago, 
como ya hemos dicho y puede verse comparando entre si las fototipias en 
que se representan una y otra; y al establecer un paralelo entre ellas salta á 
la vista la inferioridad de la susodicha copia respecto del original. El imagi- 
nero que la hizo trabajaba mecánicamente y no fué capaz probablemente de 
sentir las inspiraciones de su maestro, y hubiera sido de seguro completa- 
mente impotente para crear lo que éste creó. 

Sobre las puertas castellanas se colocaron luego imágenes de las más di- 
ferentes facturas, ¿en qué fecha?; es muy difícil decirlo con exactitud. Los 
hechos están probando todos los días que al señalar el período en que se hizo 
un edificio bajo la fe de diversos documentos, se cometen cotidianos errores, 
y si ha de afirmarse esto de las fábricas en conjunto mucho más ha de exten- 
derse igual doctrina á las estatuas que las enriquecen que se pusieron en unas 
inmediatamente, aguardando en otras varias largos años las hornacinas que 
les estaban destinadas y habiéndose quedado sin ellas hasta nuestros días 
algunas. 

De la labra de todas las efigies, en uno mismo ó en diferentes períodos, 
deciden sólo sus lineis, y á ellas hay que atender para señalar sucesiones, 
escuelas y procedencias; lo que sí puede afirmarse aquí, como se ha afirmado 
para el arte de otras épocas y de otras comarcas, es que, los amantes del 
modo de hacer arcaicos y los partidarios de innovaciones, siguieron ejercien- 
do dos series de influencias paralelas á lo largo déla decimotercera centuria, 
y á veces juntaron las creaciones de muy diverso esoíritu en una misma obra. 

Al tipo de la momia rígida y seca que se había dibujado en bultos pega- 
dos á fustes de columnas en San Martín de Segovia y otros puntos, siguió el 
tipo de las momias llenas de expresión, en que encarnan los apóstoles de San 
Vicente de Avila; el que examina- despacio aquellas cabezas y aquellos ros- 
tros de personajes que conversan animados entre sí, no espera verlas unidas 
á aquéllos cuerpos, reducidos á la piel y los huesos, á menos de suponer en 
su autor un propósito muy premeditado de reflejar en sus imágenes el extra- 
ordinario ascetismo, borrando las formas del cuerpo y dejando sólo los refle- 
jos del espíritu. 

En el triple ingreso de los pies de la Catedral de León, se asocian estatuas 
á la altura de las mejores de la puerta de la Virgen en la Catedral de Char- 
tres con otras de pobre modelado y acento mucho más arcaico. 

Enrique SERRANO FATICATÍ. 

(Continnani.) 



66 = = =» = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



SOCIEDAD EXCURSIONISTA DE MÁLAGA 



Asuntos de mi profesión me llevaron pocos días antes de Semana Santa 
hacia el Sur de España, y las simpatías que en mí despiertan los alrededores 
y el bello recinto de la ciudad de Málaga, me invitaron á continuar el viaje 
y elegir aquel puerto como punto de descanso. Su clima de eterna primavera, 
su ambiente embalsamado por la fragancia de tempranas flores, la pureza de 
su cielo y la vegetación tropical que la rodea, hacen de la urbe andaluza el 
lugar ideal para despedirse de las inclemencias del invierno, mucho más 
para los que vivimos en frías regiones. 

Nunca la había visitado en esa época, y confieso que, á los lejanos y gra- 
tos recuerdos que de ella guardaba, he agregado uno nuevo y mas grato. 

No me proponía hacer en tales parajes investigaciones de clase alguna; 
buscaba en ellos descanso. La noticia, sin embargo, de que en Málaga se ha- 
bía constituido una Sociedad de excursiones, que por entonces creí regional, 
avivó mis deseos de ponerme en comunicación con sus iniciadores, y aun de 
utilizar los datos que me proporcionasen sobre algunas curiosidades arqueo- 
lógicas de la provincia, que ha tiempo deseaba conocer. Lo segundo no me 
fué posible intentarlo por la escasez del tiempo de que disponía; otra vez, 
quizá pronto, satisfaré mi curiosidad. Lo primero se logró, gracias á la ama- 
ble solicitud de nuestro consocio el Sr. Quintero y Atauri, que me dio una 
carta de presentación para D. Luis Cañas, secretario de la Excursionista de 
Málaga, n la cual dedico estas líneas. 

Hace ya diez años que se intentó la constitución de dicha Sociedad, y si 
bien quedó por entonces frustrado el intento, no corrieron igual suerte las 
esperanzas de que en tiempos más propicios pudiera alcanzarse el fin apete- 
cido. Pasados siete años, y animados sus iniciadores por el ejemplo que ofre- 
cían otras sociedades como la Española de Excursiones, celebraron una 
reunión en el estudio del Sr. Quintero^ cuya cooperación pudo servirles de 
mucho por ser uno de nuestros infatigables consocios, y aunque de momento 
tampoco coronó el éxito los trabajos, no se abandonaron éstos hasta que en 
Septiembre del año pasado se convirtieron en un hecho las aspiraciones de 
tan largo tiempo abrigadas. Hoy cuentan ya con 52 socios. 

Propónese la Sociedad Pro Patria «conocer, estudiar y procurar la con- 
servación de todo cuanto de notable ofrezca España, y especialmente la pro- 
vincia de Málaga, en su naturaleza, historia, arte, literatura, valiéndose del 
excursionismo para divulgar su conocimiento y fomentar su estimación», y 
convencida, á su vez, «de lo útiles y necesarios que son los ejercicios físicos 
y de lo mucho que contribuyen en el adelanto, bienestar y prosperidad de 
una Nación... perseguirá también el patriótico fin de cultivar y fomentar to- 
dos aquellos sports compatibles con su carácter fundamental y con las aspi- 
raciones expresadas». Así lo dice su reglamento. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. :^^=2= = — — ±= = 67 

Como se ve, su fin principal es instructivo y de educación, y no se circuns- 
cribe á una especialidad científica, sino que abraza todas las que se pueden 
fomentar por medio del excursionismo, estando acordado que la Sociedad se 
divida en secciones para hacer posible la especialización en cada una de 
las ramas científicas. Este fundamental propósito se hermana con el cultivo 
de los deportes, lo cual les permite aprovechar elementos de vida para la So- 
ciedad, que desde este aspecto ofrece la población de Málaga; pero siempre 
atentos, como me decían sus iniciadores, á reclutar personas de aficiones 
científicas y artísticas que hagan de la misión social una misión de cultura. 

Ofrece dicha Sociedad otra característica simpcitica. — Ha nacido en una 
apartada región de España, pero le interesa todo lo español; el estudio de 
las riquezas que ofrecen la naturaleza y la historia de^nuestro suelo es su fin 
primero. No se propone una labor de exclusivismo regional. Constituida, 
sin embargo, en una bella com.arca de la Península, su más útil trabajo ha de 
consistir en estudiar lo que tiene más cerca, en cooperar con propios mate- 
riales á la obra de cultura nacional, porque en esta época de amplitud de co- 
nocimientos y de variedad de investigaciones, los trabajos intensos y limita- 
dos son los primeros que han de realizarse, sin los cuales no es fructífera 
ninguna obra de construcción general, y entonces aparece su fisonomía re- 
gional, proponiéndose principalmente recorrer la provincia de Málaga. Su 
norte, su guía, es nacional; su cooperación, regional. Esa es la única y acer- 
tada manera de entender el amor por la región en que se nació. 

Desde que llegué á Málaga, fui cuidadosamente atendido por el Sr. Cañas 
(D. Luis), quien me hizo conocer al Presidente de la Sociedad, D. Luis de 
Gonzaga Martínez, una mañana que destinamos á recorrer las cumbres donde 
aún se yerguen parte de las antiguas fortificaciones y el castillo de Gibral- 
faro. Dos caracteres, mis acompañantes, de muy distinta idiosincrasia, con- 
currieron siempre en un punto; en su afán de hacerme agradable aquella 
excursión. Y mientras desarrollábamos el itinerario trazado, ya recordando 
anteriores excursiones, á las que había concurrido mi amigo el Sr. Perepérez 
(D. Antonio), que también formaba parte de dicha expedición, ya admirando 
el espléndido panorama que desde lo alto se descubre, ya contemplando los 
pocos y curiosos restos que el recinto murado conserva, fui cosechando los 
datos que aquí utilizo 

Sólo me resta hacer público en estas columnas el testimonio de mi agra- 
decimiento al Presidente y Secretario por sus innumerables atenciones, y 
desear el engrandecimiento de la Sociedad y el logro de sus propósitos. 

Alfredo SERRANO Y JO VER. 
Madrid, 9 de Abril de 1907. 




53 = = =: = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Sociedad Española de E^^cürsiones. 



XV ANIVEESARIO DE SU FUNDACIÓN 

La fiesta del Aniversario se ha variado, organizándola como sigue: 

Día 12 de Mayo de 1907. 

A las diez y media de la mañana, reunión en San Antonio de la Florida 
para admirar una vez más los frescos de Goya. 

Á las doce y media, almuerzo en el restaurant de La Huerta. 

Lista: Entremeses. — Tortilla de jamón, solomillo al Cham- 
pignon, langosta, capones asados, ensalada, helado, vino 
tinto, quesos y frutas, café y licores. 

Á las dos y media, salida para El Pardo en un reservado de segunda. 

Paseo en El Pardo hasta las seis y media, en que se regresará á Madrid. 

Cuota: ocho pesetas como máximo, incluidas en ellas almuerzo, café, pro- 
pinas y viaje de ida y vuelta á El Pardo. 

Las adhesiones al Sr. D. Joaquín de Ciria, plaza del Cordón, 2, segundo, 
hasta el sábado 11 á las ocho de la noche. 

Es absolutamente necesaria la previa adhesión. 

Se ruega á los señores excursionistas que lleven el distintivo de la Socie- 
dad, para evitar que se unan personas extrañas á ella. 



Excursión á Colmenar, Manzanares el Real y Presa de Santillana. 

La dirigirá nuestro consocio y Presidente de la Excursionista militar, don 
José Ibáñez Marín, el próximo domingo 28 de Abril. 

Los coches arrancarán, á las siete en punto de la mañana, de la Puerta 
del Sol, frente al Ministerio de la Gobernación, y se regresará de nueve á 
nueve y media de la noche. 

Cuota: veintidós pesetas, con todos los gastos comprendidos. 

El Sr. Ibáñez Marín se ha encargado de avisar uno por uno á los veintitrés 
señores que se han adherido con arreglo al anuncio publicado en un número 
anterior. 



B o L E T í N ^^^ ^^^- - ^^^^- ^^^ 



DE LA 





deE 




- Madrid. — Mayo de 1907. 



■^-^ 



* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *******»■■*********#** 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: Sres. Hauser y Menet, Ballesta, 30. 



--V ADVERTENCIA 2/— 

Con este número se reparte á nuestros consocios dos pIieí>'os y tres fototipias de La 
Pintura en Madrid, de D. Narciso Sentenach. 



JSa Gahóraí óe cHímería. 

NOTAS DE LA EXCURSIÓN Á ANDALUCÍA W 

El viajero que, llegado á Almería por el mar vaya penetrando en ella por 
las estrechas callejas de la ciudad antigua, experimentará gran sorpresa al 
encontrarse con un extenso castillo que, contra las antiguas reglas poliorcéti- 
cas, no está emplazado en ninguna altura, sino al bajo nivel de las vías cir- 
cundantes. Lo primero que llamará su atención es una larga y lisa muralla 
de rojiza piedra elevada sobre un talud y flanqueada por dos gruesísimos 
cubos, cuadrados en su zona baja, octógonos en la alta, abierta aquélla por 
cañoneras, y coronada ésta con almenas, matacanes y meiiones. Circundan- 
do el torreón de la derecha,, yendo hacia Oriente, verá otra muralla con aná- 
logos elementos, que vuelve formando ángulo recto; luego, más hacia el 
Norte, se encontrará con dos recias torres semicirculares, entre las cualos 
destácase otra más recia aún, cuadrada abajo, octogonal después, con estre-, 
chas ventanas y coronación almenada. Ante tal aparato guerrero no cabrá 
al curioso excursionista la menor duda de que tiene á la vista un castillo, 
verdadero puesto avanzado de la Alcazaba que allá en lo alto de la ciudad 
destaca sobre el cielo y sobre la sierra sus semimoriscas y semigóticas líneas. 

Sigamos la circunvalación del supuesto castillo en demanda del ingreso, 
que seguramente estará ya cercano, provisto de amplio aparato de defensa, 
barbacana avanzada, cubos laterales y tortuoso callejón de acceso hasta la 
fuerte torre del homenaje, que debe ser aquella que se- ve ya cercana, ele- 
vando su cuadrada mole sobre las casas. De pronto, al desembocar en ancha 
plaza, desaparece la ilusión guerrera ante un completo cambio de aspecto, 
de líneas y de formas. La fachada de aquel lado ya no es lisa, ni fuerte, ni al- 
menada. Grandes y riquísimos contrafuertes la subdividen y entre dos de 
ellos luce suntuosa puerta de viril «Renacimiento» español. Lo que se nos 
figuró castillo es la Catedral almerinense. 

(1) Véase el número del Boletín correspondiente á Febrero último. 
Bolet. de la Soc. Eap. de Exc. — 10 






Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Es en realidad curioso y singularísimo el aspecto externo de este monu- 
mento. Perdidos desde largos siglos los tipos de la Abadía fortificada y de la 
iglesia-castillo, que fueron constantes entre monjes benitos y bernardos, ca- 
balleros templarios y sanjuanistas, y prelados castellanos, leoneses y catala- 
nes, eran^ por el contrario, la suntuosidad y el afiligranamiento los caracte- 
res de las fundaciones de los Reyes Católicos. Fué preciso que un motivo po- 
deroso obligase de nuevo á unir el concepto religioso-militar, y aquél existía 
para toda la costa mediterránea en las incursiones de los piratas turcos y 
berberiscos, y á él deben sus envolturas guerreras iglesias como la de Jávea, 
en Valencia, la Catedral de Almería, y algunas más. 

CATEDRAL DE ALMERÍA 




VISTA GENEEAL (Cliché del Sr. Paniagua). 

El apresto defensivo de ésta y de su cabildo consta de antiguo en nume- 
rosos asientos de los libros de cuentas. Pedreros, arcabuces, mosquetes, pól- 
vora... son adquiridos frecuentemente por los prebendados almerinenses para 
defender la Catedral (1). Lo que no sabemos es, si entre la Mezquita mayor, 
_^«cuya fábrica era de labor morisca muy hermosa» y que sirvió de Catedral 
después de la reconquista (1490) (2), hasta la actual, hubo otro edificio^ ni si 
era el antiguo templo mahometano el que se hundió á impulsos de un terre- 
moto el 22 de Septiembre de 1522. La destrucción debió ser completa, puesto 
que el cabildo acordaba el 24 de Octubre siguiente fuese á la corte una per- 
sona á decirle al Emperador que «si no curava de la reedificar... que nos po- 
damos trasladar á otra cibdad ó villa ó lugar de este Obispado, donde á su 
magestad pareciere» (3). Estas palabras indican un tan grave daño y tal di- 
ficultad de remedio, que ante ello no vacilaba el cabildo en un éxodo total y 
definitivo. 

(1) Desde 1517 á 1636 son numerosas las citas sobre la organización militar del cabildo, 
y la adquisición de armas y municiones. Véase las notas de las págs. 450 y 451 en la obra 
«Granada> (España, sus monumentos y artes, su naturaleza é historia), por D. Francisco Pi 
Margall. — Barcelona, 1885. 

(2) «Vida de San Indalecio y Almería ilustrada», por el Dr. D. Gabriel Pascual y Orba- 
neja.— Almería, 1699. 

(3) Pi Margall: obra citada. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 71 

Debió acudir el Emperador á lo que se le pedía, aunque no con la pronti- 
tud exigida, pues se tardaron algunos años en emprender las obras. Para 
fijar las fechas exactas de comienzo y terminación,, nos encontramos con al- 
gunas dudas. No caben en que fué el Obispo Fr. Diego Ferncández de Villalán 
el que realizó la empresa, pues lo dice clara y terminantemente el epitafio 
de su hermoso sepulcro, en la capilla absidal del monumento: «. .el cual cons- 
truyó él solo esta iglesia, erigiéndola desde los cimientos con grandes costas 
y trabajos...» Supone esto las fechas de 1526-1556, entre las cuales se des- 
arrolla el prelaciado de Fr. Diego, y ellas se compaginan mal con las de 1524 
y 1543 que se dan para el comienzo y la conclusión de las obras (1). Esta úl- 
tima puede referirse á las partes principales: pero después continuaron las 
accesorias, puesto que entre 1550 y 1573 se hacían las dos grandes portadas, 
la sillería del coro y la sala capitular, y en 1610 aún se trabajaba en la 
torre (2). 

Ignórase el maestro que trazó y construyó la Catedral de Almería. Del 
primero que tenemos noticias es de Juan de Orea, que fué maestro de ella y 
del cabildo desde 1550, y que debió conservar su puesto hasta 1573, en que 
aparece en Granada (3). En este tiempo dirigió las portadas, la sillería del 
coro (1558-1560) (4) y la sala capitular. 

CATEDRAL DE ALMERÍA 




ÁBSIDE (C i.fió del Sr. Pania^ua). 

La Catedral de Almería es una no muy grande construcción, compuesta 
del cuerpo de la iglesia y del claustro: este último tiene dos grugías conti- 
guas, donde se alojan las dependencias (sacristía, sala capitular, oficinas...) 
Todo ello está circuido por las murallas y torres descritas. La iglesia es, en 
conjunto, de estilo ojival decadentísimo: tiene tres naves, más una suplemen- 
taria de capillas entre los contrafuertes del lado de la epístola, y otra de cru- 
cero no señalado en planta por mayor saliente: giróla, y en ella, tres capi- 

(1) «Diccionario Geográfico», de Madoz.— Almería. 

(2) Madoz: obra citada. 

(3) Debo estas noticias al erudito Sr. Gómez Moreuo, cuya amabilidad me permite pu- 
blicarlas. 

(4) Pi y Margall; obra citada. 



72= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones . 



CATEDRAL DE ALMERÍA 




INTERIOR (Cliché del Sr. Paniagua). 

pítelos do los pilaros de las naves, son 
los cuatro toi-ales se manifiestan las 
formas del Renacimiento, con preten- 
siones corintias, que siguen en las vo- 
lutas de hojarca que ornamentan los 
muros de la linterna del crucero; y 
en los arcos de comunicación de la 
capilla mayor con la giróla se advier- 
ten modificaciones del más soso cla- 
sicismo, obra sin duda contemporá- 
nea de la reforma general de la capi- 
lla y del altar (primera mitad del si- 
glo XVIII) (?). 

No pretendo en modo alguno en es- 
ta nota hacer un estudio analítico del 
monumento, pues me faltaron tiempo 
y datos para ello: bástame apuntar 
las impresiones recibidas en su exa- 
men. La disposición de la planta es la 
general de salón, con giróla, y en ésta 
son de notar las capillas. Como he 
apuntado ya, son inarmónicas con el 
resto de la iglesia, pues su tamaño es 
excesivo y sus formas, robustas y sim- 
plicisimas, andan muy distantes de 



lias inarmónicas entre si y con el res- 
to de la iglesia, sobre todo las latera- 
les, como luego se dirá. 

La estructura es de pilares moldu- 
rados muy subdivididos, sobre zócalos 
octogonales, contrafuertes exteriores, 
aicos de medio punto, igual altura en 
las tres naves, y una mayor en el cru- 
cero, el cual se corona por una linter- 
na cuadrada y no muy alta, formada 
por muros que trasdosan los arcos to- 
rales, calados con ventanas. Todas 
las bóvedas son de crucería estrella- 
da, de bastante complicación, excep- 
tuadas las capillas absidales latera- 
les, cubiertas con semicañones y me- 
dias esferas, por un procedimiento 
semiromano ó semirománico, pues lo 
mismo puede obedecer á un retorno 
seudo-clásico propio del siglo XVI, 
que á las tradiciones del XII, nunca 
perdidas en España. 

En los elementos decorativos nótan- 
se sistemas y manos distintas. Los ca- 
anillos de flora gótico -decadente; en 

CATEDRAL DE ALMERÍA 




P ÜERTA DEL NORTE (Cliché del 8r. G. Moreno) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 73 

las finas y sutiles del estilo y de la época. Acaso las conveniencias militares 
se sobrepusieran aquí á las artístico-religiosas. La igualdad de altura de las 
naves recuerda la escuela aleraana-borgoñona, tan preponderante en nuestra 
última etapa ojival, quizá traída á Almería por la imitación de la Catedral de 
Sevilla, á la que también se recuerda en la linterna. En cuanto á la modifi- 
cación barroca sufrida por la capilla mayor, anda en ella, como en la de la 
Catedral de Gruadix, una pobre emulación de la soberbia cabecera granadina. 

CATEDRAL DE ALMERÍA 




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PLANTA GENEEAL (Croquis). 



Cuanto tiene de frío, atildado y anodino el interior de la Catedral alme- 
rinense, tiene de vibrante y viril el exterior. El aparato guerrero de muros, 
torres y almenas da la primera impresión de fortaleza; y ésta misma, anima- 
da por el arte, producen las dos portadas. La del Norte ó lateral (hoy en fun- 
ciones de principal) es un soberbio ejemplar de ese «Renacimiento» grana- 
dino, tan espafiolísimo y tan valiente. El prototipo es la hermosa puerta del 



74= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 

Perdón de la Catedral de ÍTranada, en la que Diego de Siloe dejó impresa su 
garra de león. La de Almería ocupa todo el espacio entre dos contrafuertes 
que le forman adecuado marco, pues tienen diversos cuerpos con molduras, 
cartelas, cabezas de león y vasos ornamentales, todo de gran estilo. La por- 
tada se compone de dos órdenes corintios superpuestos: el inferior, con co- 
lumnas gemelas valientemente destacadas y hermoso entablamento, todo de 
gran pureza, encuadra una puerta rectangular con guardapolvo afrontonado 
en cuyo vértice campean dos ángeles tenantes de las armas episcopales. El 
orden superior, de menos relieve, tiene análogos elementos, entre pilastrones, 
y se corona con el escudo imperial. Traza, proporciones y decoración, acredi- 
tan la mano de Juan de Orea. 

La otra portada, llamada de los Perdones, es de muy semejante composi- 
ción, pero no brilla por igual valentía, purismo ni perfección decorativa. Si, 
como parece indudable, es obra del mismo Orea, durmióse un tanto al con- 
cebirla y ejecutarla. Del propio maestro es la Sala capitular. Es más notable 
la sacristía, de planta rectangular, tres arcadas por banda, entre un orden 
corintio y bóveda encasetonada, según un tipo del que pueden señalarse la 
de la catedral de Sigüenza (1) (más espléndida de decoración que la alme- 
rinense), la del Salvador de Ubeda (que no conozco de visu). 

Del claustro actual poco ha de decirse: es clasicón, con todas las caracte- 
rísticas del renacimiento adocenado del siglo XVIII, sin que sepamos si sus- 
tituyó á otro de mejor época y arte, ó es el primero que tuvo el monumento. 
La frialdad arquitectónica de esta parte se compensa con el aspecto africa- 
no de su frondoso jardín, donde las palmeras reinan entre arbustos y plan- 
tas, floridos en pleno invierno. 

Para intentar el estudio de los accesorios más ó menos artísticos de la 
Catedral, me faltaron tiempo y competencia. Por eso han de quedarse sin 
más que una cita escueta la sillería de coro y el bello sepulcro del Obispo 
Fernández de Villalán, la capilla del Sagrario y algunos retablos (uno muy 
apreciable en la capilla central de la giróla). Mi propósito no se extiende 
tampoco á más que á señalar las características del monumento almerinense 
y á publicar un croquis de su planta, dato gráfico interesante, que creo no 
conocido hasta ahora. 

Vicente LAMPÉREZ Y ROMEA, 
Arquitecto. 

Madrid-Almería y Marzo de 1907. 

(1) Obra de Covarrubias (15421551): cHiitoria de la Catedral de Sigüenza», por D. Ma- 
nuel Pérez Villamil.— Madrid, 1899. 




Boletin de la Sociedad Española de Excurp:)ones. = = = = = = = = 75 



Hglesias medioeuales de tuy. 

(Continuación.) 

El primer anillo de la archivolta se exorna con follajes de escaso relieve 
con ángeles que sustentan bandas en sus manos y con la representación 
simbólica, propia de los tiempos medios, del Padre Eterno y de su divino 
Hijo. El primero está simbolizado por una mano que sale de entre nubes y 
bendice á la griega. El segundo se halla representado por la cabeza, tronco 
y brazos extendidos de un joven vestido de amplia túnica que bendice también 
á la griega con la diestra, y ostenta en la siniestra el libro abierto de la nue- 
va ley (1). 

Z).— Concepto resultante. 

Aunque este monumento no ofrece ningún carácter distintivo especial, 
resulta, sin embargo, muy estimable, tanto por conservar una interesante 
portada románica y subsistir integras sus principales estructuras ojivales, 
como por constituir su cabecera el tipo característico en aquella comarca de 
la arquitectura ojival monástica que se desarrolló en Galicia á fines de la 
Edad Media. 

III.— CATEDRAL 
A. — Edificio primitivo. 

Reseña histórica. — El canónigo Sr. Rodríguez afirma (2) que el Obispo 
D. Alfonso puso la primera piedra de la catedral sobre el año 1120. Fún- 
dase este historiador en la autoridad del P. Argaiz, quien á su vez se apoya, 
para afirmar este hecho, en una escritura de donación de bienes hecha por 
la Reina de Portugal D."' Teresa, el año de 1125. 

Pero esta escritura nada contiene que permita asegurar que el Obispo 
D. Alfonso levantaba á la sazón templo ni iglesia episcopal. Lo que sí parece 
verosímil es que el Obispo D. Pelayo Ménendez escogiese para emplaza- 
miento de la nueva Catedral el alto y pintoresco cerro vecino al citado ba- 
rrio de San Bartolomé, á que se reducía entonces la ciudad, y que esta consi- 
deración moviese al Emperador D. Alfonso VII á firmar la escritura de do- 
nación que hizo á D. Pelayo de la torre fortificada que había construido. 

Opinan algunos autores que fué este prelado Sr. Ménendez el que empezó 
la obra del nuevo templo, fundándose en la escriiura antes citada del Monas- 
terio de Oya, tomando á la letra las palabras in opits ecclesiae Sanctae Mariae 
faciendum (3). 

Contradice tal aserto «La Cueva» (4), fundándose en el auténtico dato de 
hallarse en dicha época la ciudad de Tuy, no en el sitio que hoy ocupa, sino 

(1) De esta portada lia publicado hace tiempo una interesante descripción arqueológica, 
en el periódico de Tuy La integridad, mi estimado amigo D. Manuel Lago. 

(2) Apuntes históricos de la Santa Iglesia Catedral de Tuy, pág. 137. 

(3) La Cueva: Historia general y eclesiástica de la ciudad, y obispado de Tuy (inédita), 

(4) ídem Id. 



76 = = =i=í: = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

en el barrio bajo de San Bartolomé, cuya iglesia servía de Sede episcopal 
Ínterin se fabricaba la nueva. 

Por los años de 1170 el Rey D. Fernando de León conquistó á Tuy, ga- 
nándola del poder de D. Alfonso de Portugal, que se la había arrebatado al- 
gunos años antes, y entonces, viendo que el asiento que tenía era flaco^ de- 
terminó mudar el sitio de la ciudad, cui hostium frecuentissime parahantur 
insidiae á otro más fuerte y seguro, poblado entonces de viñas y árboles, que 
eran del Obispo y canónigos (1), 

Por entonces era Obispo de Tuy D, Juan II ó I (según La Cueva) , y es 
probable que este prelado comenzase las obras del templo, ó las prosiguiese, 
si es que fueron comenzadas por su antecesor; pues se presume que uno de 
los primeros edificios que tratase de levantar fuera la iglesia episcopal, una 
vez que los vecinos del barrio de Buenaventura subieron á poblar la nueva 
ciudad, que cercaron de muros y fosos. 

En Agosto de 1180, el Rey D. Fernando otorgó en Zamora un privilegio 
al Obispo D. Beltrán , haciéndole espléndidas donaciones ad reficiendum 
ipsum Alcazarera et Ecclesiam Sanctae Mariae. 

Dedúcese^ pues, que por entonces estaban comenzadas las obras de la 
iglesia episcopal, si se quiere que la palabra reficiendum, como parece, no 
signifique levantamiento de un templo no empezado, sino continuación de las 
obras del mismo. Si se admite esta última interpretación debe tenerse por 
cierto que los Obispos D. Pelayo ó D. Juan II fueron ios iniciadores de la fá- 
brica del templo. De todos modos resulta indudable que las obras de la Ca- 
tedral debieron inaugurarse á principios del último cuarto del siglo XII, con- 
tinuando luego paulatinamente hasta el pontificado de D. Esteban Egea, quien 
consagró solemnemente el templo por los años 1124 ó 1125 y lo abrió al culto 
público, según se lee en el texto de D. Lucas el Tudense, su sucesor en la silla 
magnus lapidibus consumavit et ad consecrationem usque perdiixit. (Cronicón, 
página 113). 

Del pórtico erigido á los pies de la iglesia, sobre cuya época de construc- 
ción se han emitido tan encontrados pareceres, no se conoce, hasta el día, 
más documento que el publicado por el ilustre historiador y canónigo de la 
iglesia compostelana Sr. D. Antonio López Ferreiro, y consiste en el testa- 
mento otorgado en 26 de Junio de 1225, por el zapatero de Tuy, Fernán Suá- 
rez, dejando, entre otras mandas, una dedicada á Sanctae Mariae de Tuda 
Solidos V Portali ejusdem ecclesiae. Parece, pues, indudable que por entonces 
se trabajaba en dicha obra destinada á completar el templo primitivo. 

Disposición. — Comprende el templo actual el primitivo cuerpo de iglesia y 
las construcciones á él adosadas en diversas épocas. 

Las dimensiones totales del templo en luces son: 50,20 metros de lon- 
gitud la nave mayor, 16,35 metros de latitud del cuerpo de iglesia, 31,76 me- 
tros de largo la nave del crucero y 4S metros de altura en las naves princi- 
pales. 

Primitivo cuerpo de iglesia. — La planta de esta edificación, marcada de 
tinta llena negra en el plano general (2), se halla orientada según la tradición 

(1) Escritura del Tumbo de Tuy, folios 37 y 171. 

(2) He trazado esta planta con los datos que se ha dignado proporcionarme nuestro con- 
'socio y buen amigo Sr. D. José Villa-amil y Castro, y los que me ha suministrado mi también 
amigo querido Sr. D. Antonino Cervino. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. =. = = ^^_^^., 

y consta de tres naves, tanto en el cuerDo dp iVi^oío 

es de muy cortos brazos. ^ ^^"'^^ ''"^" ^^ ^^ ^^"^ero, que 

La fachada principal comprende la puerta ahonino^ a • 
por un pórtico que corresponde al muro'de erra^^^^^^^^^ ."^^"^ ^'^^^^^^ 
se halla protegida por dos torres de carácter IZivo """"^^ "^^^'^ ^ 

los dos colaterales. Estas torres, de 6,40 meTrof J i^^^^^^^ 
tud, se coronan con Dretilp« nr.r.Wri^c, . "Sa^uu por d «u de latí- 

Én la fachadalatera N se eñcuentrIZ '" "f '■'°°" ^"^ ''^P"'--' 
en el colateral S del crucero t»l^!r. , f """""^ "' '"S''^^" »' «'<"''='». v 
ea decir, desprovista deraine^ct^ílt '' '"^"'™' ""'^^^ "^ "" ^°'» <=-- 

Píanía general de la Catedral. 




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fradaTe T ! 'f "'* '" "* ""■''' ^- '^- "« '«^ P'^"^ ^e la iglesia, y cuya en- 

una ne„„r"' 't- "" ''°° "^'™' ''"' P'^" "<" ^*"»' ^'''^«"do está altura con 
una pequeña escalinata exterior. 

van^Tf T"t " '"■Í'"'«'»"--Las fábricas son de sillería granítica del país, 
variando las alturas de las hiladas entre 0,40 y 0,50 metros, correspondiendo 
por lo tanto al sistema de aparejo llamado medio. 

Bolet delaSoc. Esp. do Exo. —11 



7g_=: = — 3= = = = Boletín de la Sodedad Española de Excursiones. 

Los diferentes elementos arquitectónicos comprenden siempre hiladas 
completas, y los arcos están formados por uno ó más anillos, según sus res- 
pectivos destinos, hallándose siempre trasdosados de igual espesor. 

Por cima de las naves colaterales corren las galerías, que no aparecen 
cubiertas de bóveda seguidas, sino de arcos aislados que trasmiten los empu- 
jes de los embovedamientos altos concentrados sobre los apoyos de división 
de tramos y reciben las cubiertas de los colaterales en prolongación de las 
de las naves mayores. Estos arbotantes han sido tapiados modernamente. 

Los formeros bajos de la nave del crucero son de medio punto, peralta- 
dos, es decir, que el arranque se halla por bajo de la linea de los centros. 

Los formeros y transversales de la nave mayor son apuntados. En altas 
naves los formeros y transversales son también apuntados y los diagonales 
de medio punto. 

Las bóvedas de colaterales de los brazos del crucero son de arista, muy 
tosca é irregularmente ejecutadas, y no parecen bombeadas, de modo que 
ios arcos de arista deben tender á la forma elíptica; pero ofrecen grandes 
irregularidades á causa de los movimientos y dislocaciones que han experi- 
mentado las fábricas. 

Las bóvedas de colaterales de la nave mayor son ya articuladas, así como 
los embovedamientos altos, cuyas plementerías están construidas de losas. 

Los pilares son, ya de base, ya circular, ya octogonal. El neto es de sec- 
ción cuadrada con columnas empotradas en ios frentes y costados. 

Las naves mayores tuvieron luces directas á través de estrechas venta- 
nas abiertas en los muros de costado, pero que hoy están inutilizadas y es de 
presumir que las colaterales también las posean y que han sido cegadas. 

l^os hastiales é imafronte se hallan perforados por amplios rosetones, que 
son los que iluminan actualmente el sagrado recinto. 

Enriquece las naves principales un elegante trifório compuesto en cada 
tramo de cuatro arcos apuntados iguales y de arranques á nivel, que cargan 
sobre columnillas. En el día todos estos huecos se hallan tapiados, pero han 
debido ser practicables los dos extremos de cada tramo. 

Corresponden estas diversas obras á dos períodos distintos: al primero, 
inspirado en el arte románico, se refieren los apoyos, los muros de recinto y 
parte de los embovedamientos bajos, y al segundo, que se realizó bajo la in- 
tiuencia del ojival primario^ pertenecen el cuerpo del trifório y las restantes 
bóvedas. 

Decoración. — Las columnas empotradas en los pilares son de basas áticas 
con garras en los ángulos. 

Los capiteles de formeros de colaterales, son románicos muy interesantes, 
y guardan grandes analogías con los de la Catedral lucense. En algunos de 
sus tambores campea la ornamentación vegetal y la geométrica, pero por lo 
general son historiados y fantásticos, representando animales enlazados ó 
afrontados. 

Los del segundo cuerpo son de gran vuelo, y orlados de frondas, hallán- 
dose todos esculpidos por un mismo modelo. 

Entre los accesorios del templo merece citarse especialmente el estimable 
pulpito ojival de piedra calada. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. == = = = = = =79 

B. — Ampliaciones posteriores. 

Numerosas liau sido las obras adosadas al primitivo cuerpo de iglesia, y 
si bien algunas, como el pórtico y el claustro, ofrecen gran interés artístico, 
otras, en cambio, han sido tan poco acertadas que, como sucede en la gene- 
ralidad de los monumentos, sólo han servido para hacer desmerecer al tem- 
plo en sus naturales luces, grandiosidad y armónica sencillez primitiva. 

Sólo me ocuparé en la reseña cronológica de las más importantes, ya re- 
sulten beneficiosas ó ya perjudiciales en el concepto artístico. 

Adolfo FERNÁNDEZ CASANOVA. 

(ContÍ7iu.arú.) 



La Sociedad de Excursiones en acción. 

El Miércoles Santo, 27 de Marzo, salimos de Madrid para llevar á cabo la 
anunciada excursión á Zaragoza y Navarra los Sres. Aníbal Alvarez, Are- 
nas y el que suscribe. 

El exprés de Barcelona nos dejó en Zaragoza á la una y cuarenta, y el 
hotel Europa nos dio, como otras veces, cómodo alojamiento. 

La mañana del Jueves Santo la empleamos en el Pilar, Aseo, Matadero y 
San Pablo, y el Sr. Arenas, único que no conocía la heroica ciudad, pudo 
admirar las bellezas de que está llena. 

En el mixto de las dos de la tarde salimos para Tudela, donde nos cruza- 
mos con un tren de Pamplona, en el que venía á unirse á nosotros desde San 
Sebastián nuestro distinguido consocio D. Pablo Bosch. 

Sin más tiempo que cambiar de andén, nos trasladamos al tren de Tara- 
zona, y hora y media después llegamos á la pintoresca ciudad de origen cel- 
tíbero, que en el itinerario romano figuró con el nombre de Turiaso. 

Tarazona estaba situada en el camino militar romano de Astorga á Zara- 
goza. En el cronicón de Idacio se le llama Turiasson, y en el anónimo de Rá- 
vena^, Tyriassone. 

Desde los tiempos más remotos tuvo Tarazona verdadera importancia, 
y en la dominación árabe conservó sus leyes y su religión. 

La impresión que experimenta el viajero al llegar al primer puente que 
se encuentra desde la estación y contemplar la parte antigua de la ciudad, 
que está en escarpada colina, le produce una sensación grandísima. 

Como población antigua se buscó la altura para la defensa, y con esos 
arranques que tenían las generaciones que nos precedieron, nada lesarredró, 
y allí, en aquella empinada cuesta, asentaron la ciudad. 

Al llegar á lo más alto, los diferentes puntos de vistas que se presentan 
no pueden ser más hermosos. Las estrechas y tortuosas calles, las rápidas 
pendientes, lo raro de los aleros, algunos sumamente curiosos, son arsenal 
grandísimo donde los pintores podrían encontrar miles de asuntos que tras- 
ladar al lienzo. 

El palacio obispal, fundado sobre un acantilado casi vertical que sirve 
de asiento á los arcos sobre los cuales se erige la aérea fábrica, no puede ser 
más imponente. 



80 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 

La Catedral antigua, convertida hoy en parroquia, y la iglesia de la Mag- 
dalena, son notables. 

A la otra parte del río Queiles, en la plaza de su nombre, se alza esbelta, 
en una pequeña altura, la Catedral nueva del siglo XIII. Esta obra fué muy 
reformada, siendo muy interesante las bóvedas del crucero, que si bien re- 
cuerdan, por su disposición, la de Burgos, presenta caracteres muy distintos 
de aquélla, y que la hacen digna de estudio por su aspecto hermoso. El exte- 
rior del crucero aparece adornado con labores de ladrillos y barros cocidos 
esmaltados. 

Siendo tan conocida esta Catedral por las muchas descripciones que de 
ella se han hecho, sobre todo por Madoz, Madrazo y Quadrado, omitimos de- 
cir nada más. 

En la contemplación de tan variado panorama invertimos la mañana, 
y eran ya las nueve y media cuando en un cómodo familiar salimos para 
Veruela. El camino, siempre subiendo, es sumamente curioso, pues el paisaje 
cambia con frecuencia por las continuas revueltas, no decayendo su belleza 
un solo instante. 

Desde mucho antes de llegar, ya se descubre el célebre monasterio de Ve- 
ruela, tan espléndido como severo, asentado á los pies del Moncayo, que pa- 
rece lo está vigilando. 

Una calle poblada de corpulentos árboles nos conduce á la portada que da 
paso á la hospedería, donde nos bajamos del coche, encargando que nos hicie- 
sen de almozar mientras admirábamos las bellezas de aquella mole, que en 
levantarla airosa sólo se emplearon seis años. 

Admiramos las condiciones del estilo del Císter, que tiene caracteres pro- 
pios; aplaudimos su esbeltez, la pureza de su construcción y la sobriedad 
del adorno. 

En la deliciosa contemplación del claustro pasamos gran rato. La varie- 
dad de sus ventanales no pueden ser más interesantes, y es verdaderamente 
notable su buen estado de conservación á pesar de los miles de vicisitudes 
porque ha pasado. 

Un hermano lego, cuyo nombre sentimos no recordar, tuvo la bondad de 
acompañarnos, y gracias á él pudimos, á pesar de ser Viernes Santo, admi- 
rar mucho de lo bueno que allí hay. 

Lo espacioso de la nave central y la sobriedad de los adornos le dan un 
carácter tan sencillo y grandioso á este templo, que lo hace verdaderamente 
imponente. Por ser Viernes Santo (como hemos dicho) y estar cubiertos los 
altares, nos causó gratísima impresión el sombrío, el imponente aspecto de 
los pilares y bóvedas de las cinco capillas absidales, que con sus antiguas 
mesas de altar le dan un carácter especial, y por lo mismo que había escasa 
luz y nada turbaba el profundo silencio que por la santidad del día reinaba 
en el severo templo, fué nuestra impresión tan grandiosa^ que difícilmente se 
borrará de nuestra memoria. 

En la hospedería del monasterio (donde hay habitaciones bastante bue- 
nas) nos dieron un suculento almuerzo, nada caro. 

Con pena abandonamos aquel monasterio de tantos recuerdos históricos y 
la vista de tan grandioso espectáculo, en cuyo fondo se destacaba el Moncayo 
nevado, y volvimos á Tarazona á tiempo de tomar el tren, que á las cinco de 
de la tarde nos dejó en Tudela. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, = = = = = = 5= = 81 

Nuestra llegada coincidió con la salida de la procesión, que presenciamos, 
y que estaba muy bien organizada, sin que ninguno de sus pasos merezca 
citarse 

Tudela está en un llano y ofrece muy buena impresión. Fuimos á la Cate- 
dral y contemplamos su interior gótico del XIII en muy buen estado de con- 
servación. El pórtico, donde están los premios y castigos de la otra vida, le 
dan un carácter especial á aquellas piedras. Aunque con muy malas condi- 
ciones de luz, nuestro consocio D. Manuel Anibal Alvarez obtuvo algunas 
fotografías. 

Tiene Tudela casas señoriales y calles antiquísimas. Los palacios de los 
marqueses de ligarte y de Iturbieta, del renacimiento, con salientes aleros de 
exquisita labor, son notabilísimos, y en cuyo gusto podría inspirarse la mo- 
derna arquitectura. 

A la mañana siguiente salimos para Tafalla, y de esta población sólo men- 
cionaremos una capilla románica de propiedad particular, en la que hay al- 
gunos cuadros y un tríptico de mérito. En una de las calles vimos una verja 
idéntica á la del monasterio de Tordesillas, que tiene la particularidad de 
estar cambiados y confundidos los machos con las hembras en sus enlaces. 
Después de almorzar, y por una hermosísima carretera que más bien parecía 
un paseo, salimos para Olite. Entramos en esta población pasando por un arco 
llamado del Reloj, penetrando en una gran plaza, en uno de cuyos extremos 
está el castillo, ya desgraciadamente en ruinas. 

En la plaza y á la izquierda mirando al castillo hay una lápida perpe- 
tuando el nombre de heroicos hijos de la población fusilados por los franceses 
el afio 1808. 

Antes de entrar en el castillo contemplamos su exterior y vinieron á 
nuestra mente los grandes y transcendentales problemas tratados en ese mon- 
tón de piedras que en época pasada con orgullo ocuparon Reyes, Esas pie- 
dras que los siglos han maltratado y que pronto desaparecerán del todo 
¡cuántos recuerdos nos trajeron á la imaginación! En el Castillo de Olite se 
reunieron Cortes, en él vivió y murió Carlos III el Noble, y desde su construc- 
ción ocupó en la historia de Navarra lugar preferente. 

En compañía de la que tiene las llaves^ penetramos por entre aquellas 
ruinas y quedamos verdaderamente extasiados en la contemplación de la 
esbeltísima galería gótica^ que es una obra de lo más acabado que se conoce 
y que en este número se publica debido á una fotografía de nuestro distin- 
guido consocio D. Manuel Aníbal Alvarez. 

Recorrimos aquellas ruinas en todas direcciones, subimos á las más altas 
torres por escaleras que se conservan muy bien y bajamos á los subterráneos 
donde se encerraban las fieras, y por último, contemplamos la Capilla Real, 
que es una joyita del arte arquitectónico construida evidentemente por artis- 
tas franceses, como lo acredita su estilo interior y la preciosa portada, en la 
cual se empleó la flora de un modo admirable, y que recuerdan las iglesias 
de la Isla de Francia. 

En Olite como en Tudela, existen antiguos palacios señoriales de salien- 
tes y adornados aleros, con casetones colgantes, que le dan carácter especial 
á aquellas estrechas callejas. 

Al salir del Castillo y reunidos en la plaza, no pudimos menos de comen- 
tar el estado de un edificio que se va desmoronando y se vende á duro la ca- 



82 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

rretada de piedra, siendo así que, según tenemos entendido, su legítimo pro- 
pietario es la Diputación de Navarra. Nos permitimos llamar la atención de 
esa celosísima Corporación que tan repetidas pruebas dio de su cultura y 
amor al arte, y que con tanto desvelo acude presurosa á ayudar á la Comi- 
sión de Monumentos, para que á ser posible recabe sus indiscutibles derechos 
con el fin de que declarado momumento nacional pudiera volver á su esplen- 
dor la antigua residencia de los Monarcas navarros. 

A las ocho de la noche salimos para Pamplona, y á las diez nos recibió en 
la estación, en nombre de la Comisión de Monumentos, nuestro consocio don 
.Julio Altadill, que tan entusiasta es de nuestra Sociedad. 

El Domingo de Resurrección, á las ocho de la mañana ya estaban en el 
hotel La Perla el Sr. Altadill, el arquitecto Sr. Ausoleaga y el comandante 
de Ingenieros Sr. Morera de la Valí. Fuimos con ellos á la Catedral, donde 
admiramos las riquezas de las alhajas, los cuadros y las ropas^, y después de 
examinar los sepulcros de la antigua cocina fuimos al claustro, y en la con- 
templación de sus afiligranadas labores empleamos gran rato. 

Visitamos la Diputación y su notable archivo, y después de ver algunas 
iglesias fuimos al Museo Provincial, que es una verdadera tacita de plata; 
todo en él está dispuesto con gusto y se ve que reina un orden admirable en 
la colocación de los diferentes objetos de que se compone, haciendo honor á 
los encargados de tan valiosas joyas artísticas. 

Con nuestros acompañantes vimos todo lo notable que Pamplona encierra, 
y que no detallamos por ser conocido, y debido á las amistades y relaciones 
de los señores citados, en todas partes se nos miró con agrado, recibiendo de 
todos tantas y tan repetidas pruebas de atención, que cumpliendo el encargo 
del señor Presidente, en nombre de la Sociedad rogué al decano de la prensa 
hiciese público (como así tuvo la bondad de hacerlo) nuestra más profunda 
gratitud por las distinciones de que habíamos sido objeto desde que pisamos 
la hermosa tierra navarra. 

La tarde del domingo la empleamos en ir á Gazolaz, en cuya expedición 
nos acompañó el distinguido arquitecto Sr. Ausoleaga. 

Es Gazolaz un pueblo pequeñísimo con una iglesita románica que acredi- 
ta y retrata el carácter enérgico y sobrio de los navarros. Posee la iglesia 
un terno completo de extraordinario mérito, con exquisitos y primorosos bor- 
dados que nos recordaron los de Támara y Guadix. Unos y otros son del XVI. 

A la mañana siguiente, á las seis, salimos para Huarte-Araquil, y debi- 
do á la bondad del Sr. Ausoleaga, que había escrito el día antes, ya encon- 
tramos preparados los caballos que nos debían llevar á San Miguel de Ex- 
celsis. 

La subida por la agreste montaña, por aquellos mal llamados caminos, 
que distan mucho de serlo, no puede ser más curiosa. El panorama que se 
presenta á cada revuelta es diferente y siempre sumamente interesante, no 
pudiendo describirse; los infinitos pueblos que se van viendo en todas direc- 
ciones, la vega hermosísima de Huarte-Araquil, y como marco de ese esplén- 
dido cuadro, por un lado el Moncayo y por otro los Pirineos, le dan un as- 
pecto de tanto interés, que en momentos determinados queda nuestro áni- 
mo verdaderamente subyugado á la vista de ese grandioso espectáculo supe- 
rior á toda ponderación. 

A nuestra llegada á San Miguel iio§ recibió con exquisita cortesía el rec- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = =: = r= = }«!3 



tor D. Miguel Maquirriain, y cuando supo por la carta del Sr. Ausoleaga que 
trataba con una Comisión de la Sociedad de Excursiones, se puso por com- 
pleto á nuestra disposición, y sin pérdida de tiempo nos llevó á admirar el 
magnífico esmalte de incomparable mérito, y que no describimos por ser co- 
nocido de la mayoría de nuestros consocios. Ni la época exacta, ni la proce- 
dencia de tan valiosa joya artística se conocen de un modo cierto. 

La iglesia es románica y el altar (moderno), debido á dibujo del Sr. Auso- 
leaga, es de gusto y severo. 

Los alrededores de San Miguel son preciosos, y el contraste que forman 
las encantadoras vistas y la naturaleza verdaderamente salvaje le da un ca- 
rácter propio. 

Después de una mañana de continuo movimiento, los estómagos necesita- 
ban fortalecerse y de ello se había encargado el ama del señor Rector, pre- 
sentándonos un opíparo almuerzo al que 
hicimos los honores. 

Dimos por todo gracias al Sr. Maqui- 
rriain, y empezamos el descenso. 

Cuando subimos, en el primer tercio de 
la montaña vimos uno de los robles que 
la pueblan con una piedra grandísima 
en el tronco, como inscrustada en él. 
Pedida la explicación á los guías, resul- 
ta un caso verdaderamente curioso. Una 
mole de piedra, por uno de esos fenóme- 
nos inexplicables, se desprendió de la 
montaña, y rodando, fué á dar al tronco 
de un árbol, que con aquel choque que 
dó medio destrozado^ mas no muerto, y 
andando el tiempo, al revivir, levantó 
la enorme mole, y hoy se da el caso rarí- 
simo de ver un árbol al que le sale del 
tronco, á más de un metro del suelo, una 
piedra de un metro cúbico. 

Al llegar á esta corte, la casualidad 
nos reunió con el ilustre poeta Gene- 
ral D. Leopoldo Cano, y como Aníbal 
Alvarez es un artista de corazón, le dio 
tan acabada, tan perfecta cuenta de 
aquel caso tan extraordinario y tan raro, y de tal modo se penetró de la des- 
cripción el aplaudido vate, que al rogarle nos hiciese unos versos, al día 
siguiente nos entregó la composición que publicamos^ y que como suya no 
necesita ponderarse. 

El Boletín de la Sociedad Española de Excursiones se engalana hoy 
con tan va liosa joya, é interpretando fielmente los sentimientos de mis conso- 
cios, al expresar á tan distinguido literato nuestra más profunda gratitud por 
su delicada atención, enviamos un caluroso aplauso á quien demostró, como 
el General Cano, que en él están hermanados el pundonor del militar, la 
ciencia del maestro, la inspiración del poeta y un grandísimo amor á la Patria. 




Koble de la mototaña á que alude el Sr. Cano. 



84= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Si^VIA PE 5OPL1E 



Con aire de majestad 
y con dureza absoluta, 
por ley de esa fuerza bruta 
que se llama gravedad, 
una mole de granito 
rodando de la montaña, 
como si hiciese una hazaña, 
cayó sobre un arbolito, 
que bajo la piedra inerte, 
que sobre su tronco blando 
quedó como proclamando 
el derecho del más fuerte: 
por vencido no se dio, 
pues en la agresión salvaje 
perdió el tronco y el ramaje... 
¡pero las raíces no, 
que eran de esa savia noble 
con que el vigor se acrecienta...! 
(porque hay que tener en cuenta 
que el arbolito era un roble); 
y retoñando enseguida, 



de luchar con afán loco, 

ejerciendo poco á poco 

el derecho de la vida, 

y esquivando el pétreo yugo 

por no prostar vasallaje, 

fué, con su nuevo ramaje, 

envolviendo á su verdugo; 

y, vigoroso, creció; 

y hoy, más que sorprende, espanta 

ver cómo el roble levanta 

la roca que le aplastó. 



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Así de la fuerza impía 
se vengó la libertad, 
y quedó la crueldad 
esclava de la energía. 

Así es la victoria noble 
del pueblo que fué vencido; 
así ha de alzarse el caído 
que tiene sangre de roble. 

í Leopoldo Cano.) 



A Huarte-Araquil llegamos después de una agradabilísima excursión, de 
la que todos guardamos tan buenos recuerdos. Allí tomamos el tren que nos 
llevó á Alsásua, y en esta estación el exprés para Madrid. En Burgos, donde 
saludamos á nuestro consocio el señor Lampérez, quedó el señor Boch, y á la 
mañana siguiente, una vez que el tren hizo alto, hubo (como siempre) la 
desbandada de los excursionistas, que en aquel momento dejaban de serlo, 
y corrían presurosos en busca de coches, ñvidos de abrazar á sus familias. 

Joaquín de CIRIA. 




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'^^-^-^ Madrid. — Junio de 1907. -«-^-^ 

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Director del Boletín: D. Enrique Serrano Faligati, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: Sres. Haiiser y Metiet, Ballesta, 30. 





^ ADVERTENCIA 



Con este número se reparte á nuestros consocios cuatro pliegos y una lámina portada, 
como terminación de la obra La Pintura en Madrid, de D. Narciso Sentenach. 



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SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 

(Continuación.) 

Catedral de Astorqa. — Forma grupo su sillería con la de la Catedral de 
León, de aspecto y disposición general enteramente semejantes, sin más dife- 
rencias que la crestería ó terminación del dosel corrido, que en ésta es de 
arte plateresco i formado por una serie de tableros calados, correspondientes 
á cada una de las sillas altas, cuyas labores son de variados motivos tomados 
de la fauna y ñora, sin carácter ojival), mientras que en la leonesa, los cala- 
dos son de dibujo geométrico con pináculos y remates florenzados. 

En los respaldares del orden superior, hay imágenes de santos, de cuerpo 
entero, talladas en medio relieve, muy parecidas á las de León, así como en 
los del inferior hay medias figuras debajo de arcos canopiales. Misericordias, 
brazales, pilastras, todo es semejante en disposición, pero en factura es más 
fino aquí, indicando una época más adelantada, sobre todo algunas de las 
imágenes de santos, que son de mai'cado estilo Renacimiento, y quizá sean 
obra de los maestros Roberto y Nicolás, que trabajaron en ella por el año 1551. 

Entre los curiosos asuntos representados en sus tallas, tenemos: panadero 
con cesto y detrás otro hombre robándole los panes; jugadores de cartas; lucha 
de un ave de rapiña y un cocodrillo; combate entre hombre y monstruo; pelea de 
muchachos; mona peinando á otra, etc., etc. 

Las figurillas pareadas que hay en las pilastras que separan los tableros 
altos, son también muy lindas y no las tiene la de León, como tampoco tiene 
los tableros de debajo de los asientos decorados con tracería que vemos en 
ésta á semejanza de las de Plasencia y Sevilla. 

Catedral de Oviedo. —EñixxY o hasta hace poco tiempo esta sillería en el 
centro de la nave principal, pero sin que sepamos la causa, ha sido quitada de 
allí por orden del Cabildo y arrinconada en una capilla, colocando en su lugar 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 12 



S6= — — = = — — = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

otra nueva, sin mérito alguno (pero sin duda más cómoda para los canónigos). 
En el año 1905, en que está tomada la fotografía que reproducimos hoy, 
constaba de dos órdenes de asientos, 34 abajo y 45 altos, iguales unos á otros 
y muy semejantes sus tableros á los de las sillas bajas de la Catedral de León. 
Como en aquélla, tienen medias figuras en relieve, encerradas en recuadros 
separados por pilastras. En las enjutas de estos recuadros, sobre el arco que 
cubre cada una de las figuras, hay motivos ornamentales muy curiosos. Las 
figuras de las sillas bajas son personajes bíblicos, con símbolos y filácteras 
destinadas sin duda á contener leyendas alegóricas. En las altas se represen- 
tan varios santos, cuyos nombres van escritos en los nimbos, que todos llevan. 
Las misericordias, son también en el estilo de las de León, representando 
animales y asuntos de época. 

De su autor nada sabemos, pero es muy probable que en ella trabajara 
el mismo maestro Theodorito que hizo la de León. 

Catedral de Zamora.— -Tiene el coro de esta Catedral dos órdenes de si- 
tiales; en los altos hay figuras de santos, talladas en los respaldares, y en 
torno de cada una su correspondiente inscripción alegórica. Corre sobre 
ellas un dosel con finas labores y un friso decorado con follajes y caprichos. 
En el testero, llenando el respaldo de la silla episcopal, que está en el 
centro^ vemos las imágenes del Redentor y las de los Apóstoles, ejecutadas 
en bajo-relieve. Este sitial remata en un doselete de forma piramidal de ele- 
gante forma y finas labores. 

En los extremos de la sillería hay otros dos sitiales, uno á cada lado, con 
doseletes semejantes al de la silla episcopal, con labores caladas de gran mé- 
rito, y en los respaldares las imágenes de San Roque, en el lado del Evange- 
lio, y la de San Miguel en el de la Epístola. 

En las sillas bajas se ven figuras de Patriarcas y Profetas; por todo lo que 
resulta bastante semejante á las de León y Astorga, al igual de las cuales, 
una de las cosas que más la caracterizan es la abundancia de tallas con 
asuntos extravagantes y curiosos, tales como: una zorra vestida de fraile pre- 
dicando ante un grupo de gallinas que la escuchan con atención, mientras ella 
se guarda los pollos; muchachos soplándose en el trasero con unos fuelles; hom- 
bre luchando; cerdos y otros animales y motivos extravagantes, sumamente 
parecidos á los de aquéllas, por lo cual puede asignársele una fecha igual de 
antigüedad, sobre todo con la de Astorga, á la que es tan semejante que no 
cabe dudar que en una y otra se siguió el mismo trazado y tal vez sean obra 
de unos mismos maestros. 

Está construida con madera de nogal obscuro (1). 

Catedral de Sevilla. — El estudio de la sillería del coro de esta Catedral 
(obra en su mayor parte del siglo XV) es útil en extremo á todos los artistas 
por los muchos y curiosos detalles que se nos presentan en sus tallas, tanto 
artística como socialmente considerados, de los cuales no, trataremos ahora 
con mucho detenimiento por haberlo hecho ya en un estudio monográfico pu- 
blicado el año 1901 en este Boletín. 

El 1." de Agosto de 1888, el derrumbamiento de un pilar con gran parte 
de la bóveda aplastó por completo la magnífica reja de cerramiento del coro, 
y redujo á menudos fragmentos los primeros asientos del lado de la Epístola. 

(1) Para conocerla en detalle puede leerse el erudito estudio publicado por D. Francisco 
Antón. «Estudio sobre el coro de la Catedral de Zamora». 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. — = = -^r. — ^ — ^ ,S7 

Con este triste motivo hubo de arrancarse de mala manera gran parte de la 
sillería y trasladarla, sin intención de armarla otra vez, á la capilla de San 
Francisco, donde permaneció en informe montón, hasta que en el mes de 
Agosto de 1897 se ordenaron un poco los restos y se presentaron en un salón 
del Alcázar para poder apreciar su estado y proceder á su restauración. 

Con escasísimos recursos pecuniarios (debidos á suscripción nacional) y 
luchando con muchas dificultades, emprendióse la obra, dirigida por D. Joa- 
quín Fernández, arquitecto (1), y por los señores D, Claudio Boutelou y don 
Virgilio Mattoni, de la Comisión de Monumentos; á cuyo celo é inteligencia, 
secundados por la pericia artística de los tallistas Eduardo Bellver, Adolfo 
López principalmente, y otros cuyos nombres siento no recordar, auxiliados 
hábilmente por el maestro carpintero Sr. Solís, se debe el haber llegado á 
dar cima de un modo tan perfscto como lo han hecho á obra tan llena de difi- 
cultades, pudiéndose ya, colocada y terminada por completo, tal cual estuvo 
en su lugar primitivo, admirarla y verla por inteligentes y profanos, como si 
el transcurso de los siglos no hubiera hecho mella en sus finas y elegantes la- 
bores. 

Ocupa la sillería un espacio de planta rectangular entre los dos tramos de 
nave central contigua al crucero. Es de madera de roble y abeto. Apóyase 
por los costados en los pilares correspondientes á las altas naves y por el tes- 
tero en un muro de cantería, orlado en la parte superior por una faja de tra- 
cería flamígera, terminada por una imposta coronada de crestería. Está for- 
mada por dos órdenes de sillas: el alto con 33 por cada lado, mas la arzobis- 
pal, colocada en el centro del testero, y el bajo con 25 al lado de la Epístola 
y 25 al lado del Evangelio, que forman un total de 117, separadas por cuatro 
entradas, dos laterales por debajo de los órganos y dos al fondo, que comuni- 
can con el trascoro. Las sillas altas están cobijadas por un guardapolvo co- 
rrido, formado por gran escocia, decorada con preciosas y variadas tallas oji- 
vales, que apoyan en los contrafuertes de los respaldares, viniendo á termi- 
nar en un friso de tracería flamígera, dividido por pilastras con figuras de 
santos sobre repisas, cobijadas aquéllas por doseletes con pináculos. Este 
frente termina por la parte inferior con un cairelado de arcos ojivales lobu- 
lados, y por la superior con una crestería de arcos también lobulados, eriza- 
dos de trepados. Los fondos ó respaldares de cada silla son de taracea ó la- 
cería" mudejar (2), embutidos en distintas maderas de diferente dibujo cada 
uno, separados entre sí por pilastras con dos órdenes de pequeñas estatuas 
con doseletes y repisas, en cuyas pilastras apoyan arcos canopiales lobula- 
dos, gabletes y cardinas que cierran, haciendo como un marco á cada cuadro 
de tracería. El tablero correspondiente á la segunda silla de huéspedes, tiene 
incrustado el escudo de armas de Castilla y León y una inscripción con la 
fecha y nombre del artista que la hizo. Debajo de cada uno de estos tableros 
de tracería hay unos relieves en que se representan escenas reales ó fantásti- 
cas. Los brazales de las sillas están formados, así como los asientos de mise- 
ricordia, por animales, figuras humanas, grupos caprichosos, etc. 

Las sillas bajas, como antes dijimos, suman un total de 50, 23 á cada cos- 

(1) Últimamente reemplazó á e.ste señor en la dirección de las obras el arquitecto D. Ma- 
riano Fernández Rojas. 

(2) La taracea tuvo su orig-en en la imitación del mosaico, cuyo efecto hace con maderas 
de distintos colores. Se aplicó en Italia desde el siglo XIII. 



88 = = = — = = === Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 

tado y dos en cada uno de los ángulos del testero. Se componen de base, con 
arcada ojival de relieve, asiento móvil, espaldar de taracea, figurando el es- 
cudo del Cabildo, que es la antigua Giralda (dos cuerpos y remate con cam- 
panas); brazales con figuras talladas y á la altura de los hombros, segundos 
brazales lisos, de donde arranca otro respaldar con relieves que representan 
escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Encima un frisito con ángeles ta- 
llados y simétricos, llevando atributos de la Pasión, largas alas, pelo eychia- 
no y larga túnica con cinto. Hay algunos buenos, en otros se ve cambio de 
actitud. En cinco sillas en vez de ángeles hay figuras humanas con diversos 
atributos, y en otras cuatro, figuras sentadas con símbolos. En las volutas, 
en forma de báculo que separan los brazales inferiores de los superiores, se 
ven figuras más ó menos convencionales y retorcidas para llenar el círculo. 
En los tableros colocados en los pasillos laterales que dan entrada al coro 
por las capillas de los costados, tenemos relieves ojivales sobre mot-ivos geo- 
métricos. Es obra moderna, inspirada en la antigua, por haberse perdido los 
primitivos. 

Los tableros de los costados correspondientes á las entradas por el tras- 
coro, contienen preciosas'composiciones, ejecutadas en alto relieve, obra de 
fines del siglo XV, que á pesar del mal estado en que se encontraban, han 
sido muy acertadamente restauradas por el Sr. Bellver, Cada costado lo for- 
man tres tableros de distinta altura, apareciendo representada en el del lado 
del Evangelio la Ascensión del Señor y un San Miguel en pie con armadura 
y manto talar. Es una figura muy curiosa por la indumentaria. En el costado 
correspondiente á la otra punta, represéntase la venida del Espíritu Santo y 
la Resurrección. Todos estos tableros están separados y como encuadrados 
por tallas ojivales de un trazado muy fino. 

El espacio' intermedio entre las dos puertas está destinado á la silla arzo- 
bispal, que con otras dos, colocadas á los lados se alzan sobre ancha escali- 
nata de mármol rojo con balaustrada de bronce dorado, obra muy posterior 
al resto de la sillería. 

La silla arzobispal es debida al maestro Dancart; pero ha sufrido mucho 
con reformas de mal gusto, siendo el espaldar y las tuatro columnas que sos- 
tienen el dosel de época posterior á lo demás. Cobíjala un doselete, en que 
aparecen mezclados adornos ojivales con otros del siglo XVTIL Las sillas la- 
terales, destinadas á los asistentes, también han sido recompuestas y están 
igualmente cubiertas por doseletes exágonos de menor altura que el central. 
Debajo do los tableros decorados con taracea mudejar, hay otros más pe- 
queños (semejantes á los que tiene la sillería de Plasencia), en los que se re- 
presentan en relieve variados asuntos. Son todas estas tallas de estilo ojival, 
entre los siglos XV y XVI, viéndose en ellas, tanto por su factura como por 
los ropajes de sus figuras, perfectamente determinada la influencia del Norte. 
Los asuntos principales son: grupo que parece representnr la avaricia, for- 
mado por una mujer contando dinero, dos hombres^ el diablo y otra figura de 
pequeño tamaño montada en un monstruo; mujer con traje monjil cabalgando 
sobre un monstruo] un entierro en el momento de colocar la caja en la sepul- 
tura; hombre luchando con monstruo] pareja de caballero y dama hablando co- 
gidos de la mano, detrás escudero y entre las almenas del castillo una cabeza 
de hombre que los observa; niño desnudo en un lecho cogido por dos monstruos 
(refiriéndose quizá á la infancia de Hércules); corrida de toros enmaromados 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = =$9 

(fiesta ILamada gallumbos en Andalucía"); lucha entre dos caballeros á pie, cu- 
rioso torneo entre caballero y dama, ésta derriba á su contrario de un bote de 
lanza, es un relieve muy interesante y de pronunciada influencia eychiana, 
lo mismo que otro representando un festín, en el que aparecen cabezas de hom- 
bre recién cortadas; niños desnudos tocando y cantando; aparición del ciervo 
con la cruz á San Eustaquio', Hércules niño estrangulando á dos monstruos (en 
estos tres relieves se ve la influencia del Renacimiento); asuntos grotescos de 
carácter ojival; monstruos con capuchas de fraile; David y Goliat-, danza al 
son del tamboril; dragón persiguiendo á pastor y ovejas, y caballero que se dis- 
pone á darle muerte con su espada (asunto muy corriente en los romances 
de la Edad Media); otro torneo muy curioso por los trajes, etc., etc. 

En las sillas bajas hay también pequeños tableros semejantes á los ante- 
riores; pero los asuntos son ya escenas de la Vida y Pasión de Jesús y del 
Antiguo Testamento, ejecutadas en época muy posterior. Están colocados en 
el orden siguiente: Lado Evangelio. — 1.° Resurrección. — 2." Jesús en los in- 
fiernos. — 3.^ Piedad. — 4.^ Calvario. — o.*^ Jesús con la cruz. — S.'^ Ecce Homo. — 
7." Jesús ante Pilatos. — '9.'^ Jesús atado á la columna.— 9" Jesús coronado de 
espinas. — 10. Lavatorio. — 11. Oración del Huerto. — 12. Prisión de .Jesús. — 
13. Cena. — 14. Entrada en Jerusalén. — 15. Mesa larga y debajo una mujer que 
agarra á otra por los pies (es malo y le faltan figuras). — 16. Tentación de 
Jesús. — 17 . San Juan. bautizando á Jesús.— /'*>'. .Jesús ante los doctores. — 19. De- 
gollación de los inocentes. — 20. Herodes. — 21. Huida á Egipto. — 22. Presenta- 
ción de Jesús en el templo.— 23. Circuncisión. — 24. Nacimiento del niño Dios. 
Y en la ochava, la Adoración de los Reyes Magos. 

En general, todas estas tallas tienen el defecto de la exagerada despro- 
porción de las figuras, apreciándose en ellas la influencia que sobre las artes 
trajo el imperio de Carlos I, viéndose en los ropajes elementos amalgamados 
de las civilizaciones árabe y romana con otros del siglo XVI. Las actitudes 
tienden á la exageración, siendo lo mejor el modo de tratar los paños, apre- 
ciándose muy bien la mano de varios entalladores. 

En el lado de la Epístola los asuntos son del Antiguo Testamento; los cua- 
tro primeros, tallados nuevamente al hacerse la restauración, reproducién- 
dose los antiguos que estaban destruidos. Empiezan por la Creación del mundo, 
Caída de Luzbel, Creación de Adán y Eva, etc., q.íq,., para concluir con la his- 
toria de los israelitas y Profecías de Lsaias, Estos relieves son mejores que los 
del lado opuesto y más antiguos. 

Las estatuitas sueltas, repartidas por toda la sillería, forman un total 
de 216, correspondiendo 72 al dosel corrido y 144 á las pilastras. Las hay de 
distintos artistas y épocas, algunas bastante buenas y muy interesantes casi 
todas por la indumentaria. Son nuevas las ocho que están sobre las cuatro 
primeras sillas del lado de la Epístola y las correspondientes á la cuarta y 
quinta del opuesto íreproducción de las antiguas). En las misericordias y 
brazales están talladas escenas grotescas y animales reales ó fantásticos. 

Del estudio en conjunto y datos que existen sobre esta sillería, puede de- 
ducirse que la parte ojival y mudejar son resultado del primer plan, y que 
en sus relieves trabajaron diferentes entalladores influidos por distintas ten- 
dencias, así artísticas como sociales, viéndose clara la del Norte en algunos 
relieves, la del Renacimiento en otros y la mudejar en la tracería y en algu- 
na com})osición, tanto humorística como religiosa. 



W = = = = — = — ~ Bol el i n (le la Sociedad Española de Excursiones 

En una inscripción que en caracteres góticos hay en la segunda silla del 
lado del Evangelio, se lee: este coro fizo nufio sanchez, entallador, que 
DIOS AYA, acabóse ANO DE MCCCC Lxx VIII ANOS. Examinados los documentos 
existentes en el archivo de la Catedral, aparece este Nufio ó Nufro Sánchez 
viviendo en 1461 en la Plaza de Torneros, siendo su padre maestro mayor de 
carpintería de la Catedral, sucediéndole en 1464 y continuando en su pose- 
sión hasta 1478 en que falleció, y figura ya maestro Dancart en las cuentas 
de la sillería. En un libro de actas capitulares del 1478 se manda pagar á 
Dancart varias cantidades por la obra de las sillas y se ordena también se 
dé al dicho maestro 16.000 maravedís por cada silla de obra como las ya 
hechas, y por la grande otro tanto de lo que se dé por dos sillas de las otras, 
tasadas en 18.000 maravedís. 

En los libros de fábrica consta que en el año 1464 maestro Duardo era 
carpintero de la Catedral y que los entalladores Marco Manto en 1496, maes- 
tro Marco en 1497 y Juan de Ecija en 1496 cobraron algunas cuentas por 
obras en la Catedral, y muy bien pudieron ayudar en la obra de la sillería, 
como lo hizo G^onzalo Gómez en 1497, Gómez Horozco en 1511 y Juan Ale- 
mán (discípulo de Jorge Fernández Alemán) que en 1512 terminó algunas 
sillas que estaban sin concluir. 

De todos estos acuerdos y cuentas, se deduce que á Nufro Sánchez le su- 
cedió el maestro Dancart en la dirección de las obras, que también dejó sin 
terminar, continuándolas otros en los años siguientes hasta llegar asi al 
siglo XVI, pudiendo decirse que toda la parte ojival se hizo en tiempo del 
maestro Nufro Sánchez, debiéndose á Dancart la silla del Prelado, las tallas 
de los costados y algunos relieves de marcado carácter extranjero, asi como 
á Gonzalo Gómez, á Horozco y á otros desconocidos todos los demás tableros, 
asientos y figuras en que se manifiesta bien claramente el siglo del Empera- 
dor Carlos I. 

Catedral de Granada. — Ocupa el coro el espacio comprendido entre seis 
pilares de la nave central; su sillería es de escaso valor artístico, construida 
en el siglo XVI en estilo ojival de la última época, con bastantes elementos 
platerescos. 

La silla episcopal es muy pobre, lo mismo que el resto de la sillería, y, 
como toda ella, tiene también relieves y adornos platerescos, mezclados con 
los ojivales y con otros de tiempos más recientes. 

Colegial de Belmonte (Cuenca). — En la iglesia de San Bartolomé hay una 
sillería perteneciente á este período, compuesta de 29 sillas de nogal. De 
ellas, seis (tres á cada lado) sólo tienen ligeros adornos ojivales; en las de- 
más existen, en los respaldares, tableros con asuntos del Antiguo y Nuevo 
Testamento bastante bien ejecutados. Entre ellos recordamos los siguientes: 
La Creación, la Caída del Demonio, Expulsión de Adán y Eva del Paraíso, 
Reparto de tierras entre Ahraham y Lot, la Crucifixión y Santa Ana y la 
Virgen. 

Los respaldares de los sitiales altos tienen sobre ellos arcos canopiales; 
pero las sillas bajas, los brazales y las misericordias son lisos comple- 
tamente. 

Está el coro en planta baja y se trajo á él la sillería del vecino pueblo de 
Villaescusa de Haro, y sin duda sería costeado por D. Diego Ramírez, Pre- 
lado que fué de las diócesis de Astorga, Málaga y Cuenca en tiempo de los 



Boletín de la Sociedad Española de Excurfiiones. == = = = = = = 9t 

Reyes Católicos, natural del mencionado pueblo, al que hizo muchas do- 
naciones. 

Damos con esto por terminada la descripción de las sillerías pertenecien- 
tes al primer grupo de los tres en que las hemos dividido para su estudio, 
pues si bien es verdad que existe alguna más que las ya apuntadas, son de 
escaso mérito artístico, como la de la Colegial de Torrijos, compuesta de dos 
órdenes de asientos sin nada notable, por lo cual pasamos á ocuparnos de las 
del segundo, ó sean de arte plateresco. 

Pela YO QUINTERO. 

(Continnarn.) 



Silesias medioevales de tuy. 

(f 'ontiniiación.) 

Torre fortificada adosada al costado X. de los pies de la iglesia. — Se mandó 
labrar por el Obispo D. Juan Fernández de Sotomayor, segundo de este nom- 
bre, según aparece en escritura de 22 de Noviembre de 1419 (1). 

Consta esta torre de tres pisos: el primero consagrado al Santísimo, y el 
segundo á San Andrés; se hallan cubiertos con bóvedas de crucería francesa, 
y el tercero y último está cerrado á teja vana. Se halla robustecida esta torre 
por contrafuertes, y defendida por potente matacán corrido, sobre el que se 
eleva un pretil perforado por aspilleras y coronado de merlones. 

Campanario. — Descansa esta torre sobre el tramo colateral N. O. del 
brazo del Evangelio lindante con el hastial correspondiente. Esta obra es ro- 
mánica en su cuerpo inferior, y del renacimiento en el superior, que fué eje- 
cutada á expensas del Obispo D. Beltrán, y terminado en 18 de Octubre 
de 1499. 

Torre del reloj. — Se halla situada entre las dos que acabo de citar, y es 
la donada por el Emperador Alfonso VII al obispo D. Pelayo. Esta histórica 
torre, que sólo sirve hoy para el paso de las pesas del reloj, formaba haces 
con el hastial N. del templo. Mas ál-edificar la torre contigua del Sacramen- 
to, se tomó parte de la de Alfonso VII^ según lo demuestra el hueco cortado 
de esta última que aparece bajo el reloj, y se colocó delante de la parte que 
se ha dejado subsistir un retallado y robusto contrafuerte, para reforzar, por 
el costado, el ángulo saliente de la repetida torre del Sacramento. 

Claustro. — No se tienen datos ciertos respecto á la primitiva construcción 
de esta interesante obra, y sólo se sabe que ha sido completamente reedifi- 
cada hacia los años 1408 por el Obispo D. Juan Fernández de Sotomayor, se- 
gún dos inscripciones colocadas en la galería del S., una de las cuales resul- 
ta muy poco legible. 

En Agosto de 1415 parece estaba ya concluida esta obra, puesto que en 

(1) Protocolo Paranim. folio 22. 



92= = — — == = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

una escritura de cambio hecha entre los Padres dominicos de Tuy y el Rec- 
tor de San Juan de Porto, figura como uno de los testigos Estevo Damorin, 
carpinteiro maestro da obra da claustra da Iglesia de Tuy (1). 

Estas obras de (Carpintería deben referirse á las que dicho prelado mandó 
construir sobre las galerías del claustro para trasladar á este sitio su palacio, 
que antes se encontraba en la Oliveira. 

La primitiva entrada al nuevo palacio se efectuaba por un costado del 
muro de la galería oriental del claustro, y D. Diego de Torquemada la mandó 
trasladar en 1560 al centro del mismo y construir una nueva escalera de su- 
bida que aún subsiste. 

Capilla de Santa Catalina. — A la época de erección del claustro tiene que 
corresponder la construcción del muro que separa su galería del costado N. de 
la capilla de Santa Catalina, adosada al costado derecho, según se entra, de 
los pies del templo, y que hoy se halla dedicada á iglesia parroquial. Esta ca- 
pilla fué restaurada en 1700 por el Obispo Fray Anselmo de la Torre. 

Cimborio. — Los datos cronológicos que existen de la erección de esta obra 
son los dos escudos que se ven incrustados en la bóveda, pertenecientes al 
Obispo D. Diego de Avellaneda (1526-1537) como lo comprueban los sellos 
de varios títulos expedidos por este prelado y el grabado de un Sinodal pu- 
blicado por el mismo. 

Capillas de la cabecera. — Se han alargado hacia Oriente en tiempos del 
Obispo D. Pedro Beltrán (1495-1499), según consta en actas capitulares (2) y 
se consigna además en una inscripción existente en la capilla de Santiago. 
Resulta, por lo tanto, que la parte de la capilla mayor situada delante de la 
escalinata pertenece á la primitiva planta románica, y el resto de la misma 
á las postrimerías de la decimoquinta centuria, cuya bóveda ha sido después 
restaurada por el maestro Novas en 1794-95. 

El alargamiento del templo hacia Oriente parece ser de 8,50 metros, se- 
gún las señales que restan de la parte antigua. 

Capilla de San Telmo. — La primitiva, situada en la cabecera de la nave 
lateral derecha, pertenece al Obispo Fr. Diego de Torquemada, que la hizo 
labrar por los años 1577-78, y se halla cubierta de bóveda de crucería. 

Posteriormente resultaba ya reducida esta obra á causa de la gran con- 
currencia de fieles, y en su consecuencia se demolió el muro de fondo y se 
prolongó la capilla hacia el E. por los años de 1770-85, coronando el tramo 
de ampliación con una cúpula greco-romana de escaso valor artístico. 

C — Desperfectos y obras perniciosas. 

Los siglos XVII y XVIII han sido funestos para el monumento, no sólo 
por los desperfectos que los agentes naturales han producido en sus fábricas, 
sino también por las obras realizadas durante este perípdo, perniciosas to- 
das ellas para el efecto estético, y algunas hasta para la estabilidad de las 
fábricas. 

Comienza tan desdichada serie de reformas el prelado Fr. Prudencio de 
Sandoval en 1608 (3), situando la entrada del palacio episcopal al costado 

(1) La Cueva: Obra citada, t. IV, pág*. 26. 

(2) Libro 2.° del secretario particular Fernán Pérez, folio 215. 

(3) Notas de un anónimo que consultó el historiador La Cueva. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones,. — = = = = =: = = o;¡ 

derecho del grandioso pórtico del iraafronte, para lo cual tuvo que cerrar el 
arco lateral correspondiente, y erigió sobre los claustros unas galerías altas 
sostenidas por deformes pilares colocados en el patio ante las bellas arcadas 
de los claustros, con lo cual mató el efecto estético de estas dos muy precia- 
das joyas del arte cristiano. 

En el obispado de D. Diego de Torqueraada (1564-1582), hubo ya preci- 
sión de acodalar parte de los pilares correspondientes al crucero, según indica 
el escudo de este prelado colocado en uno de ellos. 

A este triste acontecimiento sigue, en 1627, la ruina del muro lindante 
con el Palacio episcopal (1), y una de las bóvedas del claustro (2). 

En 1715 hubo necesidad de acodalar por sus centros, con arcos de sillería, 
los pilares de alta nave correspondientes al coro, por haberse cerchado, á 
consecuencia tal vez de fnovimientos sísmicos, de que no se tiene noticia, 
pero sí consta que el terremoto llamado de Lisboa, de 1." de Noviembre 
de 1755 (3), y el que se sintió en Tuy el 31 de Marzo de 1761 (4), ocasionaron 
en muros, pilares y bóvedas nuevos daños, aumentados más todavín con el 
rayo caído en 16 de Noviembre de 1791. 

Las actas capitulares dicen que los destrozos alcanzaron ú toda la igle- 
sia, haciendo especial mención de los ocasionados en las torres, bóvedas, 
cepa toral del lado del Evangelio y capilla mayor. 

En los años de 1792 á 93 se reconstruyeron los dos pilares que sustentan 
las bóvedas de esta capilla, bajo la dirección del lego Fr. Mateo. Estos apo- 
yos desdicen grandemente de los restantes del templo por sus pésimas for- 
mas, y su autor fué expulsado de las obras, al parecer, por haber puesto di- 
cha capilla en peligro de ruina (5). 

En 19 de Abril de 1793 recurrió el Cabildo al Gobierno en demanda 
de 70.000 reales del fondo de Obras pías para demoler y apear las torres de 
San Andrés, del reloj y de las campanas, por haber quedado muy resentidas 
;i consecuencia de la exhalación desprendida en la noche del 17 de Noviem- 
bre de 1791 (6). 

En 1795 se efectuó la reparación de todos los desperfectos, bajo la direc- 
ción del maesti'o D. Domingo Novas, conservando las tres torres que se ha- 
bía proyectado derribar, y entonces es probable que se acodalasen los demás 
pilares. 

D. — Decoración interior. 

El templo es de airosas proporciones, y la multiplicidad de arcadas y em- 
bovedamientos que forman las intersecciones de las tres naves del crucero 
con las del cuerpo de iglesia, es de muy vistoso efecto. 

Desgraciadamente interrumpen en alto grado la visualidad de tan bellas 
perspectivas, los arcos de cantería que, á manera de codales, se empezaron 
á colocar en la segunda mitad del siglo XVI para sujetar los pilares de la 
nave mayor y que son, por lo tanto, anteriores al terremoto de Lisboa ocurri- 

(1) Actas capitulares, t. IX, fol. :-J9iJ. 

(2) ídem id., t. XIII, fol. 335 v. 

(3) ídem id, t. XVII, fol. 78 v. y 81 v. 

(4) ídem id., t. XVIII, fol. 216 v. 

. (5) Actas capitulares del expresado año. 
(6) ídem id., t. XXIV, expediente de obras. 

Bület. de la Soc. Esp. dt Exc. — 18 



^A = — = — — =:-== Boletín (le la Socifilad K<.()aHola de Exí uysíont's. 

do en 1755, que tantos daños lia causado en varios de nuestros más venera- 
dos templos, por lo cual es de presumir que otras conmociones anteriores, de 
que no se tiene noticia, pusieron en peligro la fábrica de la Catedral y obli- 
garon á efectuar tales obras de conservación, de muy mal efecto estético. 

También es de lamentar que se haya encalado interiormente el templo, 
cubriendo así las pinturas, que según el P. Flórez, exornaban en otros tiem- 
pos sus bóvedas. 

De las obras complementarias, sólo merecen especial mención algunas de 
las verjas de estilo plateresco que cierran sus capillas, y varias preciadas 
obras de talla en madera. 

De los datos conservados acerca de la sepultura del bienaventurado San 
Telmo y del levantamiento de sus reliquias, se deduce que el coro debió ha- 
llarse antiguamente en la tercera nave transversal del crucero. 

El coro actual, que ocupa la posición peculiar á nuestros templos, fué cons- 
truido en 1700 á expensas del Obispo D. Anselmo Cíómez de la Torre, y no 
ofrece especial interés artístico. Bajo su pavimento se han encontrado inte- 
resantes tablas de fresno que debieron pertenecer al primitivo cerramiento 
sustituido por el actual de fábrica. La ornamentación es de estilo ojival y se 
compone de un fino vastago ondeante formando fajas, arcaturas y tracerías 
circulares cruzadas, en las que se hallan inscriptos lóbulos y flores variadas. 

E. — Decoi'ación extei'ior. 

Efectos de conjunto. — Las obras agregadas al templo en diversas épocas, 
algunas de las cuales han sido tan poco acertadas, le privan en parte del 
agradable efecto que su racional y hermosa composición arquitectónica de- 
biera producir vista exteriormente; mas por fortuna pueden aún admirarse, 
en detalle, las bellezas de sus más interesantes fábricas. 

La fachada de los pies de la iglesia, cuya belleza puede apreciarse en la 
adjunta fototipia, ha perdido, en parte, sus grandiosos efectos perspectivos; 
con el total aditamento del vestíbulo de entrada al palacio episcopal, que se 
ha colocado á la derecha del pórtico y el pasadizo situado al pie de la escali- 
nata, que sirve para dar acceso directo al claustro y á las caballerizas del 
palacio. 

La fachada lateral N. tampoco puede verse en totalidad por efecto de la 
antiartística construcción agregada al costado N. de su cabecera, y que por 
fortuna sólo obstruye una pequeña parte de la imponente é interesante obra 
primitiva. 

La cabecera del templo aparece ahogada por las construcciones inmedia- 
tas; pero como es precisamente de escasa valía artística, ofrece menores 
atractivos, y por lo tanto me circunscribiré al examen de las dos primeras 
fachadas. 

Fachada principal. — Sobre alta escalinata, que da acceso á una extensa 
plataforma, se eleva el templo cuyo irnafronte se divide en un cuerpo central 
terminado en piñón y dos torres laterales más elevadas y coronadas de al- 
menas. 

La región central of i-ece, en su parte inferior, una rica portada consagra- 
da á la Santísima Virgen, de profundo derramo, en cuyo fondo se abre la 
puerta de un solo claro, según la tradición clásica, cubierta por dintel alivia- 



BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCUKSIONES 




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Fototipüi de Huiiser ]• Menet.-Mtidiiil 



CATEDRAL DE TUY 
Interior del pórtico 

LÁM. VI. 



BOL. DE LA SOC. F.SP. DE [=XCUK.S10NES 



TOMO XV. 




Fototipia de ilítnser y Meuet.-Mutlrid 



CATEDRAL DE TUY 
Fachada principal 
LÁM. V. • 



Holetin de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = -.= = — 9,"i 

do por ménsulas de costado orladas de ángeles y descargado por un potente 
arco abocinado compuesto de varios anillos apuntados y decrecentes, y en 
cuya parte superior aparece un rosetón destinado á iluminar el sagrado 
recinto. Ante la'portada se destaca un pórtico exterior apoyado en dos pilares 
adosados á la fachada y otros dos exentos que reciben, por el frente y por 
los costados, abocinados arcos apuntados, cuyos empujes se hallan debida- 
mente contrarrestados por contrafuertes y sobre los que se elevan los muros 
de recinto también almenados. 

El vano interior de este avanzado pórtico es de planta cuadrada y se cu- 
bre con bóveda de crucería. 

Los costados de la portada que resguarda este pórtico, se hallan formados 
por escalonados basamentos que reciben por cada costado ocho columnas de 
fustes monolíticos exentos, alojados en los rincones délos acodillados muros, 
enfilados en dirección de los derramos, y cuyas basas y cimacios, puestos de 
frente, completan la disposición esencialmente románica de estos apoyos. 

Los capiteles, orlados de frondas, hojas de col y de helécho y palmetas, 
reciben una imposta general moldada con listeles y medias cañas y orlada 
de ondas. En esta imposta, que corre también sobre el dintel, descansan los 
moldados arcos de descarga que cubren el hueco en derramo. Estos arcos 
aparecen moldados, ya con hojas de col arrolladas, ya con flores y pifias. 

Ante cuatro de las columnas de cada costado, se destacan otras tantas 
estatuas de pie sobre peanas adosadas á los fustes y separadas por las otras 
cuatro columnas, libres de todo aditamento. 

Tales elementos arquitectónicos, anteriores á la creación de nichos, en 
combinación con la estatuaria, se ven también en la portada central del ad- 
mirable pórtico septentrional de la Catedral de Chartres, consagrado á la 
glorificación de la Virgen María, con la diferencia de que los alternados fus- 
tes lisos de columnas son, en la portada de este último templo, de menor diá- 
metro, y se hallan más remetidos que los que reciben estatuas, y que éstas se 
hallan, además, cubiertas con doseletes, lo que no se verifica en la de las már- 
genes miílonienses. 

La decoración del dintel se divide en tres tableros por medio de colum- 
nillas, cuyos capiteles de gran vuelo reciben graciosos arcos trilobados bajo 
la imposta general. 

El tímpano comprende una ancha faja inferior cuya imposta es recibida 
por arcos también trilobados y orlada de ondas, canaladuras y cruces. Sobre 
ella campea una fortaleza flanqueada por destacados torreones erizados de 
aspilleras, motivo que aparece en los doseletes de la referida portada de 
Chartres. Pudiera tal vez esta fortaleza ser símbolo de Turris davidica ó Tu- 
rris ebúrnea, recordando la invocación de la letanía. 

La estatuaria de la tudense se inspira ya en el estudio del natural y pa- 
lece corresponder á las escuelas del Orleanés y de la Isla de Francia. Sus 
figuras, especialmente las de los costados, son de actitud digna y reposada, 
de largos y bien dispuestos ropajes y de sencillo y fino plegado. 

Respecto á la representación iconográfica de estas imágenes, según la opi- 
nión del citado arqueólogo Sr. Villa-amil que ha hecho de ellas un detenido 
estudio, es la siguiente : 

Las estatuas que exornan los dos costados de la puerta son de bulto re- 
dondo. 



Qb= = — =: = = = = Boletín (1c ¡a Socf'ef/ad Kspañola de Excursiones 

Las del lado izquierdo, vistas del exterior al interior, parecen repre- 
sentar: 

Moisés, nimbado, con las tablas de la ley y las serpientes á sus pies. — 
¿ÍJn profeta?, con filacterio. — San Pedro, con dos llaves alzadas y un libro. 
San Juan Bautista, barbudo, con el cordero en un disco. 

Las del costado derecho, vistas de dentro á fuera, se presume que repre- 
sentan: San Juan Evangelista, imberbe, nimbado, con filacterio y sobre una 
serpiente, mirando como la famosa estatua del Pórtico de la Gloria de San- 
tiago (1). ¿San Pablo?, barbudo, nimbado, con un Crucifijo y báculo con 
paño. ¿D.""* Berenguela?, coronada y nimbada, con ropa muy larga y cintu- 
ron (,2). ¿San Fernando?, nimbado, con calzado puntiagudo, inscripción en la 
corona, túnica sin mangas á media rodilla sobre larga ropa, é iglesia en la 
mano (3). 

En el grupo del centro, consagrado, según el Sr. Villa-amil, al Nacimien- 
to de la Virgen, y según otros arqueólogos al del Divino Salvador, aparecen 
en altos relieves: 

A la izquierda el anuncio de los ángeles á los pastores, que tienen cayados 
y ganado. 

En el cuadro del centro se ve un lecho suntuoso colgado con Santa Ana y 
la recién nacida: detr.'ís asno y animales (4). 

A la derecha ¿San JoaquinV, sentado, con b'ículo; están detrás una mu- 
jer (5) y encima un ángel. 

En el tímpano aparecen, á la izquierda, Herodes sentado, con una pierna 
sobre la otra; un rey de pie hablando con él; otro mirando á la Virgen; otro 
arrodillado ante ella. í]n el centro, la Virgen sentada y coronada, con el Niño 
Dios en los brazos, y sobre ella dos ángeles (6). A la derecha, San José 
de pie. 

Considerada en conjunto esta fachada de aspecto sacro-militar, en que 
tan á maravilla se unen las formas constructivas y ornamentales peculiares 
al destino del edificio, con el carácter defensivo que le imprime el almenado 
de pórtico y torreones, y que corresponde á las exigencias de los tiempos en 
que se erigió la iglesia, imprimen al conjunto un carácter original muy ex- 
presivo y de verdadero interés artístico. 

Adolfo FERNANDEZ CASANOVA 

(Concluirá.) 

(1) Es de advertir (jue los dos Sanjuanes se hallan uno frente á otro. 

(2) Opinan otros arqueólogos que esta estatua debe representar, bien á Doña Urraca, ó 
bien k Doña Teresa de Portug-al, y por fin á Isabel la Católica. 

(3) Sostienen otros eruditos que esta figura representa al rey David, y no falta tampoco 
quien juzga que es la figura de Fernando 1 de León, y asimismo quien supone que es la de 
Fernando de Aragón. 

(4) O en su caso con la VMrgen María y el Divino Jesús; encima tres ángeles que velan 
los lechos de la Virgen y el niño. Asoman, en último término, las cabezas de la muía y 
del buey. 

(5) Los que consideran que el grupo del centro representa el nacimiento de Jesús, 
suponen como consecuencia que esta mujer figura Santa Ana. 

(6) Este grupo representa, pues, la Adoración de los Reyes Magos. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = — = = = = =— 97 

Portadas artísticas de templos españoles. 

Esculturas de las puertas del siglo XIII al XV en tes diferentes 

comarcas españolas. 

(Contintiación). 

Puertas castellanas. 

En las estatuas de tamaño natural, natural .a:randioso y dimensiones re- 
ducidas del siglo XIII, se reproduce el mismo fenómeno que dejamos señalado 
para el período románico: el de la supersposición de un arte de importación 
extranjera á un arte eminentemente nacional. No hay sucesión en el tiempo 
de las obras de los unos á las de los otros; hay sí coexistencia en muchos mo- 
mentos y siempre paralelismo en el desarrollo de las diferentes fases. 

Las efigies que se suponen de San Fernando y Beatriz de Suavia, en ei 
claustro de Burgos, podrán representar á éstos ó á otros personajes, pero son, 
sí, desde el punto de vista de la factura y de la indumentaria, excelentes 
creaciones del arte Alfonsi con algunas más de análogo carácter que se conser- 
van en aquellas galerías. En el mismo claustro hay, en cambio, otras, como 
la yacente de un Obispo tendido sobre una urna con cuadrifolios, que reve- 
lan la existencia de talleres de inspiración muy distinta y de origen muy 
diverso. 

Las esculturas de Aguílar de Campóo y la del templario de Villasirga, la- 
bradas por Antonio de Carión, declaran de un modo fehaciente en sus líneas 
y género de labor la existencia de una escuela castellana, no tan formac^a 
como la francesa importada en la misma centuria, y sí muy castiza, dotada 
de esas condiciones de vigor en medio de la rudeza que compensaba en ener- 
gías y rasgos salientes de bien marcada personalidad, lo que faltaba en las 
obras de primor y delicadeza. 

Al llegar el siglo XIV el arte entra en un gran período de crisis, como lo 
estuvo la nacionalidad bajo las minorías de Fernando IV y de Alfonso XI, 
durante el reinado agitadísimo de D. Pedro el Cruel, bajo el gobierno vaci- 
lante de los dos primeros Trastamaras, y en la siguiente minoría de Enri- 
que III. El país vivió en continuo estado de revuelta é inseguridad y en la 
escultura hubo de imperar una absoluta indisciplina que se extendió á la pri- 
mera mitad del XV. 

Los que quieran convencerse del deleznable fundamento sobre el que se 
han establecido las leyes generales para la imaginería del susodicho siglo, 
deben sólo pasar revista á sepulcros como el de Fontecha, de una de las capi- 
llas de la giróla de la Catedral de Burgos, las efigies de la Malograda en Tole- 
do y de D^ María de Molina en las Huelgas de Valladolid, la del Prelado San- 
cho Dávilaf en el crucero de la Catedral de Avila, la de D. Enrique II y III y 
sus respectivas esposas en la capilla de Reyes Nuevos de Toledo, los de Alon- 
so de Vivero y tres más en la Catedral Vieja de Salamanca, la del Obispo Lu- 
cero en una de las capillas de las galerías claustrales de la misma y otras 
cien, y verán que desde los comienzos del XIV hasta bien entrado el 1400 no 
tuvo la escultura carácter marcado ni orden de evolución definido en Castilla, 
confundiéndose primores con tosquedades, inspiraciones con araaneramien- 



98 = ^ = ====: — = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

tos, maestría de concepciones con torpeza de dedos, como ocurre hoy y ha 
ocurrido siempre en la vida humana. Las cosas de género análogo parecen 
muy uniformes cuando se las conoce poco y es, por lo tanto, lo mismo que si 
se las mirase de lejos como las estrellas y las montañas. Esta doctrina tropie- 
za con grandes dificultades para ser admitida y parecerá á muchos anticientí- 
fica^ porque son muy cómodas para los entendimientos perezosos la adopción 
de las formulitas hechas que basta aprender de una vez para todas. 

La indisciplina comprobada en los bultos sepulcrales de la decimocuarta 
centuria, se extiende naturalmente á las efigies del mismo período y de otro 
género. Del mismo período son las primorosas repisas de la capilla de Santa 
Catalina en el claustro de Burgos y en ellas se perpetúan los rasgos más ca- 
racterísticos del arte de las miniaturas de las cantigas de Alfonso el Sabio, 
con las profundas diferencias en la indumentaria de los hombres de armas 
representados en aquéllas y éstas. La Virgen guardada en un convento de 
lUescas y la del claustro de Santo Domingo de Silos que debieron labrarse 
en fechas no muy distantes de los lindos grupos de Burgos, son, en cambio, 
sobrado rígidas y no tienen el movimiento de aquéllas. 

Esto mismo se revela en las esculturas de algunas portadas que son ahora 
las que más directamente nos interesan. La puerta de ingreso al claustro de 
la Catedral de Burgos puede citarse corno una de. las más hermosas de su es- 
tilo y de su período que existen en Castilla, en contraste con otras contempo- 
ráneas de efigies amaneradas. Elegante en sus líneas generales y llena de 
bellas estatuas y relieves, produce gratísima impresión en los inteligentes y 
en los profanos por ser hermosa en sí misma y no con relación al momento 
en que la trazó el arquitecto y la labraron los escultores. 

'Ha corrido como tradición, muy poco fundada, que la cabeza de fraile que 
se ve á uno de sus lados es el retrato del propio San Francisco, que pasó por 
Burgos en el momento en que llegaban á aquella altura los trabajos; y en 
nuestros mismos días Emile Bertaux la ha puesto también en el siglo XIII, 
comparando sus efigies con las de célebres puertas francesas (1). 

Estímase en cambio por varios arqueólogos españoles que el claustro de 
la Catedral de Burgos es un claustro del siglo XIV, y de esta doctrina se de- 
duce naturalmente la afirmación de que la portada no puede ser anterior á 
dicha fecha, porque no había de hacerse el ingreso antes de construir el re- 
cinto adonde se pasara por él. 

Street cita la hipótesis en que se consigna que dichas gallerías se constru- 
yeron por los años de Don Enrique II de Trastamara (1379-90), añadiendo á 
continuación que sería más cuerdo datarlas desde el 1280 al 1350, y pone al 
pie del texto una nota en que se dice que en el año 1257 de Jesucristo el Rey 
dio al deán de Burgos una parcela de terreno en el lado opuesto al Palacio 
Real, que es ahora el palacio del Obispo, preguntando: ¿no sería para la cons- 
trucción del claustro? 

Hay otro dato, sacado de la misma historia de Burgos, que inclina el áni- 
mo á admitir mejor el supuesto del arquitecto inglés que el común y corrien- 
te; la capilla de Santa Catalina ó antigua Sala capitular se construyó en la 
claustra vieja, desde 1316 á 1352, y parece deducirse de aquí que la estación 
correspondiente y, por lo tanto, las más en contacto con la iglesia estarían 
ya edificadas por los supracitados años, 
(l) En la Histoire de l'Art, publicada bajo la direecióu de André Michel, tumo II. 



Roletln de la Sociedad hspañola de Excursiones. = 



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Asociando las noticias documentales á los detalles gráficos, puede deci- 
dirse de la fecha de la hermosa portada de un modo menos vago que se deci- 
de en las hipótesis anteriores. Los primeros límites puestos por aquéllas y por 
éstos quedan bastante separados entre los fines del siglo XIII y los comienzos 
del XV y nos cuentan poco para lo que deseamos averiguar; pero estable- 
ciendo otros paralelos podremos profundizar bastante más en el asunto. 

La capilla de Santa Catalina tiene también otra puerta con relieves, cuya 
fecha es más conocida por deber encerrarse entre los limites antes citados 
para la construcción de la estancia á que se ingresa por ella. Además uno de 
los personajes representados en su tímpano lleva armas ofensivas y defensi- 
vas análogas á las que usaran los combatientes en la batalla del Salado, y de 
aquí que pueda afirmarse su proximidad á los mediados del siglo XIV. 

Los diferentes elementos de la puerta del claustro de la Catedral de Bur- 
gos obligan á colocarla en fecha posterior á la acabada de indicar. La exis- 
tencia en sus doseletes del gablete y el modo de estar dibujados los castillos 
heráldicos, que tanto se repiten en ella, no permiten alejarla mucho de la de- 
cimocuarta centuria, y de todo ello se deduce que debió ser construida entre 
las postrimerías de ésta y los comienzos de la siguiente. 

Vacilación hay también en el arte, como la hubo en la política en todo el 
largo reinado de Juan II y en el de Enrique IV, en la que la atmósfera de intri- 
guillas, de luchas intestinas, de continuo atropello de personas y de hacien- 
das, de inseguridad permanente, de falta de ideales y de pasiones mezquinas 
que han quedado reflejadas en las narraciones de época y en los hechos se pres- 
taban sólo al desarrollo de las inspiraciones artísticas en recintos excepcio- 
nales y casos aislados. El advenimiento de Isabel I oambió la faz moral del 
país, cambió el pensamiento, dio unidad á las fuerzas nacionales, produjo 
una violenta sacudida en el género de vida y en los ideales, y con él se formó 
con marcado sello, lleno de fecundidad, de fuerza creadora y de poder de ex- 
pansión un arte nuevo. 

No por ello se fundieron las corrientes y las escuelas opuestas; pero sí 
imprimió el período á todas unos caracteres comunes en medio de la gran 
variedad de rasgos diferenciales. La severidad de Pablo Ortiz en los bultos 
yacentes del Condestable D. Alvaro de Luna y su mujer en la Catedral de 
Toledo, pudieron coexistir con la riqueza exuberante en filigranas de pie- 
dra de los enterramientos de D. Juan II y su mujer y del infante D. Alonso en 
la Cartuja de Mirafiores de Burgos, y modelándose en general las estatuas 
de un modo muy semejante, pudieron, sin embargo, variar sus proporciones, 
desde las que presentan en la orante de D. Juan de Padilla de Fresdelval, 
hoy en el Museo húrgales, esbelta sin exageración, hasta la ya más prolonga- 
da de D. Juan de Luna, y las ya verdaderamente ahiladas del caballero Va] de- 
rrábanos en la Catedral de Avila y la de D. Martín de Arce en la de Sigüenza. 

En estos días de los Reyes Católicos se acentúa en Castilla el contraste 
entre el primor de los sepulcros y la inferioridad notoria de las labras de las 
portadas; los principales monumentos erigidos bajo su gobierno son otras 
tantas pruebas fehacientes de esta afirmación. 

La Cartuja de Mirafiores de Burgos contiene en su interior los ya citados 
y admirables enterramientos de Juan II con Isabel de Portugal y del Infante 
D. Alonso, y presenta en su portada unas cuantas efigies de santos de imper- 
fectos dibujos y vulgares proyecciones. 



loo — — = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excurstoneá. 

Santo Tomás de Avila está enriquecido por la artística tumba del Príncipe 
D. Juan, el único hijo varón que tuvieron aquellos Soberanos, tumba que es 
un primor de factura, y en su ingreso es en cambio muy basta la labor de las 
estatuas de santos. 

¿Dependían estas diferencias de los escultores encargados de las obras ó 
del material empleado? El granito que ha servido para bastantes ingresos se 
presta mucho menos á primores, es cierto, (\\xe las calizas de las urnas y bul- 
tos funerarios; pero fácil es ver también que no dibujaban lo mismo los que 
hacían las primeras que los autores de los segundos. 

No han de citarse, por lo tanto, las portadas de las postrimerías del 
siglo XV como lugares donde puede formarse un juicio exacto de la belle- 
za de la escultura en el período, ni como modelos de la esplendidez que ha- 
bía imperado en los ingresos en épocas anteriores. 

Enrique SERRANO P^ATTGATr. 

(Concluirá.) 



SECCIÓN OFICIAL 



Excursión al antiguo monasterio de IPiedra. 

Salida de Madrid (Estación del Mediodía), el viernes 28, á las 7 y 30 de 
la tarde. 

Llegada á Piedra, el sábado 29, á las 6 de la mañana. 
Salida de Piedra, el domingo 30, á las iO de la noche. 
Llegada á Madrid, el lunes 1," de Julio, á las 7 y 55 de la mañana. 

Cuota: sesenta y ocho pesetasi comprendidas en ellas billete de 
ida y vuelta en primera clase, comida de fiambres en el tren á la ida, des- 
ayuno en Guadalajara al regreso, cafés, propinas y gastos diversos. 

Es absolutamente necesaria la previa adhesión hasta el jueves 27, á las 
cuatro de la tarde, á D. .Joaquín de Ciria y Vinent, Plaza del Cordón, 2. 



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BOL. DE LA 50C. E5F. D5 EXCURSIONES 



TOMO XV. 




Fototilti'i de Hauser y Meiut. — Miidri.l 



ESCUELA DE FERNANDO GALLEGOS; Caída de Jesús camino del Calvara 

DEL RETABLO QUE FUÉ DE LA CATEDRAL DE CIUDAD RODRIGO 
COLECCIÓN DE SIR FR. COOK, EN RICMMOND 



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IB o L E T í N ^^0 XV . — Núm. 17J 



DE LA 



SOCIEDP ESPBiOLII DE ElCDBSIOHEIi 

-;^-^-^— Madrid. — Julio de 1907. <^-^ 

*************** ■V.*Ji-4<--S**-!f*7>*JiJWlJiJiJ£,JiJlJ£. 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Falignti, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: 5re.s //íí/ísei'jy J/e;Ve/, Ballesta, 30. 



i^tioías soBrQ pinturas españolas 

en galerías particulares de Inglaterra.'^* 

Es cosa sabida que Inglaterra posee inagotables tesoros de arte español 
en sus colecciones particulares. No es mi objeto explicar aquí su origen ni 
relatar la historia de ninguna de ellas; los siguientes apuntes son una mera 
indicación de lo que existe y de lo que podría todavía salir á luz si alguien se 
dedicase con afán á investigar el asunto. 

Las principales colecciones de cuadros españoles pueden verse: 

1.** En Kingston Lacy, Dorsetshire, propiedad de Mr. Bankes. 

2." En Richmond, cerca de Londres, perteneciente á Sir Frederick Cook.. 

S.'' En casa de Mrs. Ford, en Londres. 

4." En casa de Sir John Sterling Maxwell, también en Londres. 

5."" En Swanage, Dorsetshire, en casa de Sir Charles Robinson. 

6.** En el Bowes Museum, Barnard Castle, Durham. 

7.** En Keir, Escocia, en la propiedad de Mr. Archibald Stirling. 

Además de éstos, nadie ignora que él Duque de Wellington, el Duque de 
Westminster, el Comandante Holford, el Conde de Radnor, Mr. Pierpont 
Morgan y otros, poseen obras auténticas de Velázquez, y cuadros sueltos de 
Murillo, Zurbarán, Ribera, Alonso Cano y Goya se encuentran en muchas 
casas particulares. Los Murillos más importantes pueden verse en casa del 
Duque de Sutherland, del Conde de Northbrook, del Marqués de Lansdown, 

(1) ?e honra hoy el Roletí.»- de la Sociedad Española de Excüiísiones con un tra- 
bajo abreviado, pero concienzudo, del insigne critico ing-lés autor del famoso libro Giorgione 
(Londres, 1900) \^ de tantos notables estudios sobre pintores venecianos. Debemos al mismo 
señor las fotografías de las obras citadas, por las que se han trabajado las fototipias. Debien- 
do advenir que no se reproducen los cuadros citados al niíni. V y VIII en atención— aparte 
la consideración de los compromisos editoriales de la Revista — á que el V se halla en la pá- 
gina 114 del popularizado Velázquez, de la Casa de Stuttgart — entre la obra espúrea def 
maestro - , y que el VIII es una repetición — si no es una copia— no de las mejores, del retrato 
que "se conserva en el palacio de Liria, y que figuró en la Exposición Goya de 1900. 

El Boletín hace constar que la traducción la debe al Sr. Bosch (D. Pablo), que habiendo 
sido el intermediario con el Sr. Cook, quiso finamente entregarnos las cuartillas apunto de 
darlas á la imprenta. 

La discreción del autor resplandece en las atribuciones y en los reparos que á ellos opone. 
Todavía nos va á permitir, al suplicarle otras muestras de colaboración, que manifestemos 
nuestro deseo de mayores esclarecimientos críticos, que sólo por excesiva modestia recata 
el Sr. Cook al tratar del Arte español,— E. T. M. 
Bolet, de la Soc. Esp. de Exc. — 14 



102 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

de Mr. Bankes, del Duque de Rutland y de Mr. Cartwright (Aynhs, Oxfords- 
hire). — No hablo de la Dulwich Gallery ni de Hertford House, porque son co- 
lecciones públicas que constituyen una especie de apéndice de la Galería 
Nacional. 

No es mi objeto ocuparme de las obras de Velázquez y de Murillo que ya 
nos son familiares, sino dar idea de cuadros menos conocidos de otros pinto- 
res españoles, tratando así de estimular el celo de las personas competentes 
en España para que nos ayuden con sus luces á un conocimiento más perfecto 
de cuanto se refiere al arte español^ especialmente al primitivo. 

I 

El retablo español más importante existente en Inglaterra pertenece á Sir 
Frederick Cook. Procede de la Catedral de Ciudad Rodrigo, y vino á Ingla- 
terra en 1879. Ahora adorna dos secciones de la Galería de Richmond. Se com 
pone de veinticinco cuadros, varios de los cuales se publicaron en el Burling- 
ton Magazine en 1905. Otro se reproduce en estas páginas. Sir Charles 
Robinson opina que el retablo entero es obra de tres pintores distintos, uno 
de los cuales debe de ser Fernando Gallegos. Se considera obra de los alrede- 
dores de 1480. 

II 

De Diego Correa (1) es el Encuentro de San Joaquín y Santa Ana á la puer- 
ta del templo. Este cuadro, que formaba parte de la galería del Rey Luis Fe- 
lipe en París, pertenece ahora á Sir Charles Robinson. Demuestra la influen- 
cia italiana que experimentó Correa hacia 1550. Se cree que esta tabla pro- 
cede del retablo del suprimido Monasterio de Valdeiglesias, 

III 

El mismo Sir Robinson tiene una Anunciación, formada por las dos tablas 
de un díptico, firmada Maistre Ju. de Burgos Pitor. Nada parece saberse 
de este Juan de Burgos, pero las tablas debieron pintarse hacia el año 1450. 
El efecto es muy agradable y conserva el marco dorado antiguo. 

IV 

La Virgen con el Niño y Santa Ana, se adquirió en Sevilla en 1863 de la 
colección del canónigo Cepero (2), y parece ser obra de Alejo Fernández de 
Sevilla, cerca de 1510-20. También pertenece á Sir Charles Robinson, de 
Swanage, Dorsetshire. 

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Hace verdadera falta una historia de la pintura española primitiva. Los 
admirables estudios sobre la escuela catalana publicados el año pasado por 

(1) El Padre Sigüenza da el verdadero nombre y estado de este pintor: se llamaba Fray 
Juan Correa. El error de llamarlo Diego ó Domingo Correa está todavía generalizado entre 
nosotros. — (Nota del Boletín), 

(2) Núm. 781 del Catálogo de la venta (1860). Alto un pie diez pulgadas, ancho uno con 
tv%&.—(Nota del Boletín). 



BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



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Fototipia d-í Haitser y Menet. — Madrid 



ESCUELA MADRILEÑA DEL SIGLO XVII: Santa Isabel de Hungría 



CUADRO ATRIBUIDO Á ZUREARÁN 
DE LA COLECCIÓN DE LORD BAKKYMORE 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. == = = = = = = \cp, 

rl Sr. San-pere y Miquel, debieran ser precursores de otros tratados sobre 
las escuelas hermanas en la Península, pues todo lo que de ellas sabemos se 
reduce al anticuado criticismo de Oeán Bermúdez y de otros autores de una 
época pre-científica. Hay una afición grande, que crece de día en día, entre 
los coleccionistas, por todo lo que es arte cuatrocentista de España y de Por- 
tugal; y sin temor de equivocarme es fácil predecir que el valor material de 
tales obras aumentará de una manera considerable en el transcurso de muy 
pocos años. Lo3 primitivos franceses se han puesto de moda, y lo mismo su- 
cederá con los primitivos españoles. Vale, pues, la pena de que los españoles 
á quienes sus estudios llamen por ese camino, se fijen bien en que sus inves- 
tigaciones y su trabajo han de traer como consecuencia un beneficio material 
y un aumento de gloria para su patria. 

V 

Entre los muchísimos cuadros injustamente atribuidos á Yelázquez (de los 
cuales existe un número prodigioso en las galerías inglesas), hay uno de que 
no damos reproducción, que es de esperar no tarde en identificarse. Nada se 
sabe de él, ni de dónde procede, ni el autor, ni quiénes puedan ser las niñas 
representadas. Pertenece á Mr. J. B. Robinsón, que recientemente ha hecho 
una fortuna en el África del Sur, y que lo compró á Sir Georges Donaldson. 
Tiene tal encanto, un sentimiento tan delicado, unos tonos argentinos y rosa- 
dos tan deliciosos, que produce un entusiasmo indescriptible. ¿No habrá me- 
dio de llegar á una conclusión definitiva acerca de él? (1) 

Semejantes problemas ocurren con respecto al retrato de un niño con un 
perro, del Marqués de Bristol; el niño á caballo, de Sir Frederick Cook; la en- 
cantadora Santa Elisaheth, Reina de Hungría, que pertenece á Lord Barry- 
more, etc., etc. Este último ha figurado siempre en los catálogos como de 
Zurbarán, lo cual no puede admitirse. Se acompaña la fotografía. 

VI 

La siguiente ilustración no ofrece duda. San Buenaventura esciibiendo des- 
pués de muerto las memorias de San Francisco es una obra maestra de Juan de 
Valdés Leal (2). Estuvo primitivamente en el claustro grande del convento de 
San Francisco en Sevilla, y de allí pasó á las galerías de Luis Felipe, de Lord 
Dalling y de Buhver. Actualmente forma parte de la de Sir Frederick Cook, en 
Ilichraond. Según la leyenda le fué dado al Santo volver por tres días al mun- 
do, á fin de que pudiese terminar las memorias de San Francisco que estaba 
escribiendo cuando le sorprendió la muerte. La figura, de tamaño natural, 
es una terrible página de realismo, pero tan llena de fantasía, que lo re- 
pulsivo del asunto no destruye la fascinación que ejerce sobre el que la con- 
templa. Esta afición á lo macabro es uno de los rasgos característicos de Val- 
dés Leal, como saben bien todos los que han visitado Sevilla, y en el cuadro 
que nos ocupa tenemos una excelente muestra de su habilidad especial. La 
National Gallery posee del maestro una obra de humor más idílico, algo en 
la manera de Murillo, y no sé que haya nada más suyo en toda Inglaterra. 

(1) Véase la nota primera de este artículo. 

(2) A juzgar por la venera y por lo que de la inscripción se lee, más parece un Reveren- 
do andaluz, y no de mano de Valdés. — (Xota del Boletín). 



104 = = = = = = = = Boleiin de la Sociedad Española de Excursiones, 



VII 

El Cristo con la cruz á cuestas es tal vez la obra maestra de Francisco Ri- 
balta. Tiene además la ventaja de estar firmada in extenso, y fechada, 1612. 
Pertenece actualmente á la viuda de Mr. Richard Ford, el conocido pintor y 
literato que en 1831 lo compró en Valencia donde formaba parte de la céle- 
bre galería de Pesanera. El cuadro lo pintó el autor para el convento de San- 
ta Catalina en Zaragoza (véase Ceán Bermúdez, Diccionario, etc., IV, 174), 
y fué arrebatado del convento por los franceses Aquí Ribalta ha imitado di- 
rectamente á Sebastián del Piombo, cuya obra parecida se encuentra en el 
Museo del Prado. En Magdalen College, Oxford, puede verse una réplica, 

VIII 

- De Goya hay algunos buenos retratos y otros asuntos en varias casas de 
Inglaterra.' Reproduciríamos un retrato de cuerpo entero de la Duquesa de 
Alba, que pertenece á Sir Julius Wernher. Es algo rígido, pero tiene mucho 
carácter, si bien no resulte agradable. El arte de Goya no deja indiferente á 
nadie: repele ó atrae. Hay que mirar... y pasar. 



Podrían extenderse considerablemente estas someras Notas, pues son mu- 
chas las casas particulares de Inglaterra en que se encuentran buenos ejem- 
plares; no sólo de los maestros más famosos, Velázquez, Murillo, Zurbarán y 
Ribera, sino de otros como los que he reseñado, y los que voy á citar, para 
concluir, como dignos también de estudio 

El Museo Bowes, por ejemplo, en el Norte de Inglaterra, contiene obras de 
Pedro Orrente, Herrera, Alonso Cano, Pereda, Tristán, Luis de Vargas y Ca- 
rreño, además de un Velázquez de la primera época y tres Goyas.- 

Sir John Sterling Maxwell posee en su casa de Londres cuadros de Pero- 
da, Caxés, Valdés Leal, El Greco, Coello, Pantoja y Carreño. 

Sir Frederick Cook, además de los mencionados, tiene cuadros de Alonso 
Cano, Pacheco, Carreno, El Greco, Pedro Campaña, Morales, Ribera y otros 
de autores españoles inciertos. 

El Conde de Clarendón tiene tres bellas obras de Herrera el Viejo. 

Mr. Bankes un retrato de cuerpo entero y tamaño natural de Espinosa , 
y otras obras de Ribalta, Pedro Orrente, y como ya he dicho^ de Velázquez 
y de Murillo. 

Y así sucesivamente; pues aquí y allí se encuentra á lo mejor un solo cua" 
dro que resulta un Zurbarán de importancia, ó un hermoso Ribera, sin contar, 
naturalmente, con verdaderas colecciones de Murillos, que ha sido siempre 
un pintor favorito en Inglaterra. 

¡Cuántos y cuántos echamos de menos al hombre estudioso, — y entiendo 
que ha de ser un español, — que recogiendo todos estos materiales dispersos, 
nos dé por fin una historia completa de la Pintura española! Esta anhelada 
historia no puede escribirse sino teniendo presentes y estudiándolos á fondo 
los tesoros escondidos en las casas do Inglaterra. 

Herbert COOK. 

Enero de IHOT. 



Bolelin de lo Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 105 



Los tapices de Actos de los Apóstoles 

de la colección de los Reyes de España. 



Intercálase, por exigencia i'igarosa de la Historia y Cronología, en el des- 
arrollo de la Tapicería flamenca, una obrn , una serie de tapices, que cuando 
se trabajó en Flandes hubo de suponer allí rompimiento violento de toda ló- 
gica evolución artística, y rompimiento también y quebranto notable de la 
natural clasificación nos trae aparejada al estudio que venimos haciendo de 
las tapicerías de la Corona de España; me refiero á la serie, famosa entre las 
famosas, de los Actos de los Apóstoles tejida según cartones de Rafael de 
Urbíno. 

Si escribiera estos artículos con otras pretensiones que las de popularizar 
entre nosotros, mediante indicaciones adecuadas, el más acabado conoci- 
miento de visu de las tapicerías de Palacio, poco debería decir de esta serie 
tan repetidamente estudiada. Los críticos de todos los países, á la vista de 
los cartones originales conservados en Inglaterra y de la primera tejedura, 
como si dijéramos editio princeps, del Vaticano, que es la que da nombre á la 
galería degli arrazzi, han completado el estudio y han sacado toda la serie de 
las deducciones estéticas: nada original podría añadir. 

Pero entiendo que los antecedentes explicativos no huelgan entre nos- 
otros los españoles que gozamos del ejemplar de Palacio dos días al año— pues 
es de los que se cuelgan en las galerías de Palacio el día de la Candelaria y el 
Domingolnfraoctava del Corpus, — y que en el entretanto podemos ver á diario 
una tejedura del siglo XV [I sobre los mismos cartones, legado Villahermosa, 
en la sala del Monetario del Museo Arqueológico Nacional. 

Fué el Pontífice del Renacimiento León X, quien ideó completnr con los 
tapices de Rafael el gran poema que en la capilla Sixtina habían ido signi- 
ficando y traduciendo los maravillosos pinceles de los más grandes pintores 
de la Italia central, Toscana y Umbría. El mencionado Papa Médicis quiso 
cerrar con ellos el circuito de ideas y de maravillas que habían encargado en 
dos ocasiones distintas los Papas la Rocere, sus más gloriosos predecesores. 

Sixto IV [delta Rovere, tío) había atraído y juntado en la capilla á que 
dio su nombre á los más excelsos prérrafaelístas. que pintaron en las paredes, 
á media altura, las escenas parangonadas de la vida de Moisés y de Jesucris- 
to,— unas las del Antiguo Testamento, al lado de la Epístola, y las otras al lado 
del Evangelio (1). -Más arriba, entre las altas ventanas, otros prerrafaelitas 
habían representado la genealogía de los Pontífices romanos que mei-ecieran 
la palma del martirio y los honores de la santidad en la época heroica de las 
catacumbas. 

Después Julio II (della Rovere, sobrino), había hecho concebir al genio 
de Miguel Ángel la maravillosa creación del techo, en el cual las pi'imeras es- 

(0 'Os p.ii-a mi iiidi-scutible— aunque en ningún libro he visto la espei-iw- que la Sixtina 
tuvo el altar donde ahora los pies; por eso tiene la cancela tan cerca, porque antiguamente 
marcaría el cierre del presbiterio. Hoy está todo al revés de como lo digo en el texto: el 
cambio debió verificarse cuando se pintó el Juicio final ó poco antes. 



106 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

cenas del Grénesis, la creación, la primera falta y la expulsión del Paraíso y 
las escenas del Diluvio universal constituyen el primero de los cantos de la 
divina epopeya, simbólica síntesis de la Historia religiosa de la humanidad 
caída y redimida, que mucho más tarde — muchos años después que los tapices 
de Rafael— el Papa Farnesio, Paulo Til, había de hacer completar al mismo 
Miguel Ángel con la página estupenda del Juicio final en la pared del fondo, — 
pai'a pintar la cual por cierto hubo necesidad de sacrificar y borrar alguna 
parte de los frescos de los prerrafaelistas. 

León X al encargar los tapices, quería completar, con los actos de los 
Apóstoles, es decir, con las escenas de la predicación y propagación de la ver- 
dad evangélica (1), las series de la creación, del éxodo hebraico y de la vida 
de Jesús, y la serie de los Pontífices con que Sandro Botticelli, Doraenico 
Ghirlandajo, Pietro Perugino, Cosimo Rosselli, Luca Signorelli, Bernardino 
Pintoricchio, Fra Diamante y Miguel Ángel Buonarrotti habían enriquecido la 
capilla de Sixto IV: el mejor, el máximo conjunto de obras maestras que la 
Historia general de Arte puede recordar y ofrecer á la posteridad. 

Rafael al concebir y crear los cartones para la parte baja de los para- 
mentos de aquella sala, entiendo que sintió más que nunca — más aún que en 
las estancias — la grandeza del propósito, el acicate de la rivalidad más no- 
ble y encumbrada, la inspiración más armoniosa y sentida, la más ñuída y 
serena ecuanimidad creadora. Al menos yo no veo ni en las mismas estancias, 
obras de belleza tan sencilla, tan acabada, tan definitiva como el cartón del 
Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos, de belleza pintoresca como el 
otro de la Lapidación de San Esteban, 6 el de la Pesca milagrosa. 

De dos maneras puede apreciarse el valor estético de esa magna obra 
rafaelesca: olvidando ó no olvidando que era para tejida en tapicería. Si aten- 
demos al destino en la Sixtina y prescindimos de la metamorfosis artístico- 
imlustrial que habían de sufrir las composiciones pictóricas en manos de los 
tapiceros, y si concebimos en consecuencia esos cartones de Rafael como 
parte de las pinturas decoraciones murales de la capilla famosa, las alaban- 
zas deben ser extremadas, y no cabe reserva ni reparo de ninguna clase. 
Como cuadros y como «frescos» la serie es un portento, y Rafael, en el zócalo 
de la Sixtina, mantiene el parangón con Miguel Ángel en el techo de la misma 
pieza; única vez esa, por cierto, en que en una misma empresa, en un mismo 
conjunto rivalizaron á la vista, téte-ci-téte, los dos más grandes genios del 
Renacimiento. Rafael — dice Burckardt — trabajó esto con serena estética vo- 
luptuosidad; el más puro sentimiento de la línea se junta con la inteligencia 
profundísima del asunto ó asuntos representados. En el cuadro del Pasee 
oves ¡con cuánta dulzura y con qué penetración se manifiesta, sin gloria, sin 
apoteosis, el poder de Cristo transfigurado, por el mayor encanto de que se 
sienten poseídos los Apóstoles á medida que están más cerca de El; mientras 
los más alejados todavía están en pie, ya ha caído de rodillas San Pedro, que 
es el que se halla más próximo! La curación del paralitico en el templo, sin 
amontonamiento de grupos ni de cabezas, se beneficia con la división arqui- 

(1) La serie se llamó cu su tiempo más llanamente y más á la romana Historia de San 
Pedro y San Pablo. Nótese que, efectivamente, los cuatro primeros tapices se refieren á San 
Pedro, y á Sau Pablo los otros seis. Pero todos los sucesos narrados son de ios Actos, faltando 
el martirio de entrambos y la parte de la anterior vida de San Pedro, que se narra en los 
Evangelios. 



Botetin de la Sociedad Española de Excursiones, == = = = = = = 107 

tectónica, y logra, por la elevación del estilo, carácter de tranquila hermosu- 
ra. La conversión de San Pablo, sin los efectismos de la luz, ni empeño de mos- 
trar virtuosifá de escorzos yde dibujo, halló aquí sólo la apropiada dignidad de 
composición tan difícil, y ocasionados temas hay, como el de la Predicación de 
San Pablo y el Sacrificio de Lystra, cuya influencia en la historia del arte es 
tan evidente, que Lesueur y Poussin, los grandes clásicos franceses, no tienen 
otro más conocido legítimo abolengo. La fuerza de la convicción personal 
— dice Müntz — le valió á Rafael aquí más que ningún otro mérito; por ella 
alcanzó en esta obra una elocuencia de la que no se le creyera dotado; sus 
Apóstoles son los del Evangelio; nadie ha penetrado nunca en el espíritu del 
Evangelio como penetró Rafael en esta obra, la más popular, la más perfec- 
ta y quizá, en tales conceptos, la última creada por el espíritu artístico de 
los italianos. 

Los cartones de Rafael — en parte quizá, según Vasari, del íattore, su dis- 
cípulo — , formaron una serie de diez composiciones, de las cuales una, la Pi'i- 
sión de San Pablo, era estrechísima (1), mientras las otras nueve, aunque de 
distinto ancho, son homogéneas en su tamaño. Hecha en Flandes, por el tapi- 
cero Fierre Van Aelst, la reproducción del Vaticano (años 1515-1519) para 
León X, parece que allá en Bruselas se conservaron los cartones, excepto 
uno — La conversión de San Pablo — , que se cita en Italia en 1521. Lo frecuente 
era siempre que los tapiceros flamencos conservaran y transmitieran á sus 
hijos y sucesores tales patrones, aprovechándolos para tejer repetidas series 
de tapicerías. Un siglo más tarde Rubens adquirió en Flandes para Carlos I 
de Inglaterra (1630) los que quedaban, que eran siete, pues faltaban también 
la Lapidación de San Esteban y el estrechísimo de la Prisión de San Pablo. 
Esos siete cartones, que Cromwell evitó que se vendieran cuando la subasta 
de las obras de arte del Rey decapitado, se ostentan hoy en el South Kensing- 
ton Museum de Londres, Museo Victoria y Alberto (2). En cambio dejó ven- 
der el Protector los tapices de la misma serie que fueron tejidos^ poco des- 

(1) Entiendo que esta estrechez— no llega á un metro — la ocasionó la proximidad de la 
tribuna y la cancela. Sólo representa á San Pablo en la prisión de Filipos, mientras abajo 
un terremoto se halla representado por un Titán que agrieta y conmueve con sus nervudos 
brazos una sima que se abre en el suelo. Correspondería á ese tapiz en la serie un lugar 
después de nuestro paño 8.°, pasando á ser 10 el 9." y último. 

(2) Los cartones de Rafael, como en general los de tapicerías, no están trabajados en 
lápiz sobre papel claro — como los que usaron para los frescos — , sino que son verdaderas pin- 
turas al temple, á todo color, y hacen el mismo efecto que un fresco terminado, aunque 
apagados. 

En su Eaphael, sa vie, son oeuvre et son temps, dice Müntz que las siete reproducciones 
fotomecánicas que en plancha aparte trae, lo son de los siete cartones originales conservados 
en el Museo de Londres. En mi concepto aqui, como en tantas otras ocasiones, el descuido de 
los autores puede traer errores ocasionados. Las reproducciones de Müntz lo son de grabados 
—que creo son los de Volpato— ; los tales grabados, excelentes por cierto, tienen á la derecha 
lo que en los tapices está á la derecha, y á la izquierda lo que en ellos está á la izquierda, y 
como en los cartones originales está á la iu versa todo, es evidente que el grabador no tomó 
el dibujo directamente de los cartones, sino de alguna de las series de tapices. No ocurre asi 
en los grabados de Dii Bosc, trabajados en Inglaterra-por encargo de Guillermo III y 
María II, según la portada grabada por Tardieu. 

Que la inversión de derecha y de izquierda es un hecho en estas series, lo confirma ade- 
más el mismo Münz en el texto, y lo comprueban las láminas del Baffael, de Rosenberg, 
editado en Stuttgart, entre las cuales se ven reproducidos los tapices vaticanos, excepto la 
Ceguera de Eiymas, que por el mal estado del tapiz se ha reproducido directamente del 



108 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

pues que los de León X, para Enrique VIII de Inglaterra. Los compró don 
Luis de Haro, piimcr ministro de Felipe IV, y perduraron en sus sucesores 
los Duques de Alba, de cuya casa salieron en el siglo XIX para ir por fin á 
decorar el Musco de Berlín (1) También los de León X han sufrido curiosas 
peripecias, primero cuando el saco de Roma por nuestras tropas al mando 
del Condestable de Borbón, y después cuando la dominación de la primera 
República francesa; pero la una vez parte de ellos,— que habían llegado hasta 
Constantinopla, y que devolvió ñ los Papas, regalados, el Condestable de 
Montmorency— , y la segunda vez todos, la serie entera, fueron recobrados por 
los Pontífices, aunque con la pérdida de algunas de sus orlas laterales, y 
aun de parte de uno de los fondos— en el Castigo de Elymas—. En los tiempos 
posteriores se han tejido repetidas veces esos asuntos. Citaré la serie con 
orlas de Van-Dyck (?), que en los talleres ingleses de Mortlakc mandó tejer 
el dicho Carlos I (2); la serie nuestra del legado Villahermosa, tejida después, 
á mediados del siglo XVII, con orlas de estilo flamenco, por los bruseleses 
Everardo Leyniers, Gerardo Peemans y Guillermo Van Leefdael; la serie que 
en los Gobelinos mandó tejer Luis XIV, etc., etc. (3). 

Como la serie de León X y la de Enrique VIII, la nuestra del Palacio 
Real es incunable, queriendo yo decir con esa palabra, que nuestros tapices, 
aunque tienen las marcas de tapicero que se verán, no muestran la conocida 

cartón de Londres, dándose la casualidad de que la letra puede evitar la duda de que eí 
cliché se haya volteado. 

Y por cierto que estos trastrueques de derecha é izquierda me llevan á tener A los céle- 
bres tapices de los Actos, en sus varias series, por obra de hojo lizo, p;ies es sabido que en el 
alto lizo no pasa á la derecha lo que está á la izquierda, ni viceversa; siendo esa la casi única 
característica segura para llegar á saber si un tapiz se ha trabajado c n los lizos horizontales 
ó verticales, con el cartón delante ó detrás, en bajo ó en alto lizo. 

Y sin embargo, la gran historia del bajo lizo ¿no habiamcs convenido en que no tiene otra 
antigüedad que la del siglo XVir?... 

(1) La compra en la almoneda de Carlos I la hizo para D. Luis de Haro, Marqués del 
Carpió, nuestro embajador en Londres, D. Alonso de Cárdenas, al mismo tiempo que adquiría 
para Felipe IV la Perla de Rafael y varios otros preciosísimos cuadros. La Casa del Carpió 
se refundió en la de Alba (1668), y en ella se conservó la tapicería por casi dos siglos Un 
cónsulinglésenCataluña. Mr. Carey Tupper, que la había adquirido, la expuso en 18vd, 
acaso con esperanzas de mayor lucro, en el Egiptian Hall, y como el Rey de Inglaterra 
Joro-e IV se negara á adquirir la serie que fuera de sus mayores, el ministro de Prusia en 
LoiTdres. Mr. Bunsen. la compró (1844) para su Rey. Hoy se ostenta en el recién ordenado 
Museo del Emperador Federico, en Berlín. Ponz, V. pág. 317, alaba mucho esa sene, no ci- 
tando 1¿ de Palacio. ^ . • j Af » ^ 

(2) Puede verse uno de ellos reproducido por el grabado en La Tapisserie de Muntz, A 
la pág. 301. Allí se ven las preciosísimas anchas orlas, con juegos de indti de \ an-Dyck 
(seo-ún se cree^: estos niños -cuento hasta veinticuatro, aparte los del blasón de Inglaterra 
-nótese que casi corresponden por su tamaño á la escala de la composición prmcipal. 

La serie de Mortlake sólo se compone de siete tapices, según los siete cartones de Kafael 
conservados en Inglaterra. Esta tapicería se conserva en Francia, en el Garde Meuble natio- 
nal, por haberle regalado con ella á Luis XIV el destronado Jacobo IT. 

(3) Veo citadas series en las monjas de la Encarnación, de Madri I qiie no sé si la con- 
servan- ; en el mismo Palacio Real-otra distinta, posterior y muy interior á la que es objeto 
de este artículo-; en la Catedral de Loreto, en Italia; en Yiena-una serie procedente del 
Palacio de Mantua-; eu el Museo de Dresde - serie de seis tapices del siglo XV 11-; otia ac la 
misma época (trabajada en 1620 por Juan Raes), en las monjas Carmelitas Descalzas de Bru- 
,ela«— la de la Catedral de Beauvais. fines del XVII, de los talleres de la m'sma ciudad. 

Los cartones, copiados por orden de Luis XIV, que sirvieron para la tejedura de l03 Uo- 
belinos se guardan en la Catedral de Meaux. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = — — — = -_- =r =; \0') 

marca de Bruselas-Brabante — dos B. B., separadas por un escúdele — , que se 
estableció rigurosamente en las Ordenanzas de 15-28. Ya con ese dato y esa fe- 
cha bastara para conjeturar lo que se acepta por todos los críticos, esto es: 
que las tres series primitivas de los Actos de los Apóstoles las tejió, con poquí- 
simos años de diferencia^ el mismo tapicero poseedor de los cartones de Ra- 
fael;, Fierre Van Aelst. 

Era Van Aelst tapicero de la famosa Princesa tía de Carlos V, que en 
nombre del sobrino gobernó como ilustrada Mecenas los Países Bajos. Doña 
Margarita de Austria — ex-delfina de Francia, ex- Princesa de Asturias de Es- 
paña y Duquesa viuda de Saboya— fué la principal patrocinadora del arte 
de la tapicería, que bajo su gobierno alcanzó el ápice de su gloiioso apogeo. 
Eran además pintores suyos y de su corte aquellos ilustres ñamencos roma- 
nizados, Bernard Van Orley y Michel Van Coxcye, que por encargo del 
Pontífice ó del gran pintor romano habían vigilado la ejecución de la tejedura 
princeps de la serie de León X. ¿Cómo había de consentir D." Margarita que 
su recámara y los de su familia quedaran sin una repetición de la serie fa- 
mosa? Antes al contrario, es lo más verosímil que al mismo tiempo que se re- 
mitía á Roma un ejemplar se estuviera tejiendo el otro para los Pi'íncipes 
de la casa de Austria, cuyos eran subditos y proveedores, titulados, así el ta- 
picero como los pintores, inspectores del encargo pontifical que tan honda 
revolución iba á producir en el arte suntuario de los tapices tejidos é histo- 
riados (1). 

Á falta de documentos que estas hipótesis abonen, ya bastaría á con- 
firmarlas la mi^ma excelencia de la labor técnica. Comparada la serie nues- 
tra con las otras dos series primitivas, se echa de ver que, por el gasto de oro, 
por la cantidad de hilo del precioso metal que las sedas y lanas dejan al des- 
cubierto es la serie romana la más suntuosa, á la vez que aparece también 
la más gastada y estropeada. Pero es el mismo alemán Burckhardt el que 
asegura que «las tapicerías fueron al mismo tiempo reproducidas en dos ejem- 
plares, de los cuales, el uno, le plus precieux de heaucoup, está en Madrid, y el 
otro en el Museo de Berlín» (2). 

(1) Pierre Van Aelst ya fué tapicero y varlet de chambre de Felipe el Hermoso, siéndolo 
después de Carlos el Emperador: íigura su nombre con este cargo tan codiciado y «con nueve 
plazas» en el «Libro de la etiqueta de Borgoña», de la Biblioteca del Conde de Valencia. Pol- 
lo dem;\s, las tapicerías de los Actos no se hallan citadas en los documentos de Carlos V, y si 
en los de Felipe II, y aquella circunstancia y la de no ofrecernos en los escudos indicación iie- 
ráldlca alguna— pues al parecer se tejieron^n blanco- deja algo sugpeiiso el ánimo, sólo lor- 
talecido por las conjeturas de absoluta verosimilitud referentes al trato y relaciones de doña 
Margarita con el tapicero, con Van Orley y con Coxcye, y k la imposibilidad moral de que la 
gran protectora y alta directora de las tapicerías bruselesas consintiera quedarse sin un ejem- 
plar de los Actos, que tanta resonancia tenían entre sus contemporáneos. 

(2) Mxintz da á los tapices vaticanos un alto medio de 4'80, siendo por consecuencia un 
poco mayores los nuestros. Pero donde la diferencia que hallo es inexplicable, haciéndome 
suponer que Müntz ha cometido errata, es en el largo Jotal de la serie, allá de unos 42 me- 
tros, segúu él, y acá de 61 metros 66 centímetros. La diferencia no se puede explicar tan solo 
con la falta de muchas orlas laterales y de parte del tapiz de Elymas, mal agrandado además 
—pared, hornacina y estatua— en nuestro ejemplar como en otros. 

En el nuestro, con excelente acuerdo, se sustituyeron por guirnaldas para encuadrar las 
arquitectónicas grecas y entrelazos, tan impropias de la tapicería, que se ven en el ejemp ar 
del Vaticano; á la vez algo, aunque no mucho, se acrecentaron las matas de los paisajes. 

Si las medidas de Müntz son exactas habrá razón para pensar que sólo con los Actos do 
Rafael se pensó vestir uno de los dos lados (40 metros, sólo el paramento) de la Sixtma, y 

Bolet. de la Soc. Esp. dw Exc. ~ 16 



lio = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Para la comparación y definitivo aprecio del ejemplar madrileño precisa 
atender, con atención muy despierta, á las horduras, orlas ó cenefas. 

En este punto todos han reconocido que los Actos de las Apóstoles de Ra- 
fael trajeron á la Historia de la Tapicería una revolución también. Pero con 
esta diferencia; que así como es de rechazar como impropiedad en el arte 
textil el estilo de los cartones de los Actos por ser traducción demasiado lite- 
ral, é impropia, del estilo de los frescos y las pinturas murales; en cuanto á 
las franjas, por el contrario, la revolución, traduciendo á ellas el estilo gru- 
tesco y traduciéndolo con ciertas notas propias, distinguiéndolo del grutesco 
mural pintado ó estucado, fué afortunada y felicísima innovación. 

No me corresponde hacer aquí la historia de los caprichosos grutescos. 
Descubiertos algunos de la época romana en las ruinas de las termas de Tito, 
Rafael (capitaneando un grupo de discípulos, que más particularmente consa- 
gró á esa manifestación artística, característica singular del arte del Renaci- 
miento) logró maravillas retorciendo frondas, combinando á fantasía los ele- 
mentos arquitectónicos, la figura animal y la humana, y los detalles frag- 
mentarios de los unos y las otras en lineas de un arabesco gentil, que dentro 
de la variedad^ que es extremada, obedece siempre á ritmo arquitectónico y 
decorativo. La expresión de la delicadeza, de los sentimientos joviales, de la 
alegría irrestañable, artísticamente expresada, no ha tenido en el arte grá- 
fico, ni quizá en otro alguno — si no es el musical — fórmula más hechicera que 
la lograda por Rafael (y los suyos) en estas bagatelas decorativas. Con él (y con 
ellos) eclipsáronse los grutescos del antiguo; no solamente los de las termas 
de Tito, que ie dieron ocasión y dechado, sino los descubiertos siglos después 
en Pompeya no tienen méritos comparables. 

Y ocurre, que habiendo dado Rafael (y los suyos) en las logias vaticanas^ 
y también en los baños de Bibbiena^ y en otros varios lugares — la muestra más 
famosa;, conocida y popularizada del grutesco del Renacimiento, es en los tapi- 
ces y para los tapices donde extremaron el acierto feliz, genial y triunfante; 
donde el grutesco adquiere nobleza — con el predominio de la figura huma- 
na — , donde adquiere unidad de concepción— por fundir en una idea los ele- 
mentos dispersos — y donde, por consecuencia, podemos imaginar que está, 
más que en ningún otro de sus famosísimos grutescos, la huella personalísima 
del genio de Rafael (1). 

Y ocurre que así como es un error generalizado al extremo, el suponer 
í\\iq\qq panneaux áelas Parcas^ las Horas, las Estaciones son de los logias, 
cuando no son sino de las tapicerías — y sólo délas tapicerías (2) — , así es de ver 

que la serie seuio-rafaelesca, pero inmediatamente encargada, de la Vida de María y de 
Jesús, se destinaba á vestir el lado de enfrente. 

(1) 8e suele atribuir á Udina la parte principal en el trabajo de las orlas. Más acepta- 
ble sería atribuirlo á Penni il Fattore; pero las principales creo yo^que son de Rafael, casi 
por entero. 

(2) El error parte de un verdadero engaño. 

En al siglo XVIll se hicieron unos famosos enormes grabados de las Logias, según dibu- 
jos del pintor Savorelli y el arquitecto Camporesi; toda la tarea, — salvo la portada que la gra- 
bó \ olpato — , es del grabador Juuu Oitaviani, que la trabajó «con privilegio del Papa Clemen- 
te Xlii», según se dice en todo^ los grabados de la primera parte. En esta se reprodujeron la 
portada conteniendo la vista general, un corte longitudinal de las trece logias, lado interno, 
los dos frentes con las dos puertas, y las catorce pilastras, lado interno, reproduciendo en cada 
lámina el centro y uno de los lados; estos trece grabados se comprueban como detalles de la 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = =: \\\ 

cómo apenas se ha desentrañado, al señalar en el ejemplar de Madrid la supe- 
rioridad, respecto á los grutescos de las franjas, sobre el ejemplar de Roma, 
toda la unidad de pensamiento que declaran nuestras cenefas, que es también, 
sin embargo, de toda evidencia. 

Y no me refiero solamente al estado de conservación; el de Roma perdió» 
con lo siglos y las peripecias ocurridas, parte de las orlas laterales y frag- 
mentos de otras, mal sustituidos con bellos remiendos estos últimos: mientras 
el de Madrid conserva íntegras las cenefas laterales. 

Me reñero á algún punto más importante: á las cenefas bajas ó de zócalo. 

León X no quiso olvidarse de sí mismo en la obra esa de su vanidosa pre- 
dilección, y pidió al pintor que aprovechara esa cenefa para hacer en simu- 
lados relieves monocromos — impropiedad inaudita para ser modelo de tapices 
tejidos — •, la historia de los sucesos faustos ó infaustos, gloriosos ó menos glo- 
riosos de su vida pública de hijo de la fortuna; ¡hasta se dibujó y se tejió la 
prisión en el campo de batalla de Rávena del futuro primer Papa Médicis en 
esos simulados bronces! (1) 

Nada de esto se reprodujo en el ejemplar de la Casa de Austria, así como 
en los escudos heráldicos á lo alto de las franjas laterales no se pusieron los 
cinco róeles -y el sexto mayor en jefe cargado de tres Uses — de los Médicis, 
ni las llaves y tiara del Pontificado. En cambio tienen unidad de estilo todas 
las cenefas, y en alguna de ellas la unidad es de pensamiento, de idea integral^ 
desmostrándose, ó mucho me equivoco, que el ejemplar matritense es en par- 
te una más fiel traducción del pensamiento de Rafael y de los artistas rafae- 
lescos que dieron patrones para los tapices. 

En prueba de esto nada hay tan elocuente como el estudio de las orlas 
de nuestro tapiz, núm. 42. Lo mismo á la derecha, que á la izquierda, que al 

lámina general,— corte longitudinal—. Aunque todas las láminas de esta primera parte son 
del tiempo ó del privilegio de Clemente XIII (1758-69); la portarla ya es con privilegio de Cle- 
mente XIV (1769-74), y el oorto texto está fechado ea Roma en 1772. Su titulo «Loggie di 
Rafaele nel Vaticano>, sin indicación de ser primera parte. 

En 1776 se publicó la «Seconda parte delle L^gcre di Rafaele nel yaticano>, conteniendo 
las trece bóvedas, ó mejor un segmento de cada una de ellaá, incluso la parte correspondien- 
te de las cincuenta y dos composiciones de la Biblia de Rafael; todos los grabados son de 
Ottaviani, según dibujos de Savorelli y Camporesi, y el privilegio de Clemente XI V. 

Siendo grandísimo el óxito de la publicación, se ofreció hacer una tercera parte para oí 
abasto de los muchos pintores que en Europa se dieron á imitar el grutesco rafaelesco y el 
pompeyano en aquella época neo-clásica Esta tercera parte la forman doce grabados, al pa- 
recer de la parte externa de las logias, ó sea de las pilastras y jambas de las arcadas que dan 
al patio de San Dámaso; y sin embargo, allí hay grutescos refaelescos de muy varia proce- 
dencia, y entre ellos, y esa es la base del engaño que quise hacer notar, los panneaux de las 
-tapicerías, las Estaciones, las Parcas, las Horas, las Tirtudes teologales y el Hércules con la 
bóveda celeste ¡y con el ángel añadido por Montmorency!— pero no con el escudo heráldico 
fiquf, sino con un gran cesto de flores en guirnaldas. 

Como los famosos grabados de Ottaviani se han reproducido en heliograbados por Koch 
(Viena, 1878), en fotograbados por Bottger (Berlín, Wasmuth), etc., y como se han aprove- 
chado además detalles y más detalles en variadísimas publicaciones, el error y el engaño to- 
davía son generales. 

(1) El coste, por los antiguos escritores exagerado, de la serie de León X, parece ser 
(le 15.CO0 ducados de oro, que traído á nuestra moneda y al actual valor de ella son 750.0(Xl 
francos (Müntz). A Rafael le pagaron los cartones á razón de 100 ducados cada uno, que en 
la propia forma r^ sultaron ser á razón de 5.000 francos. Grosso modo, y habida consideración 
á nuestros cambios, podemos decir que á León X le costaron los diez tapices un millón de 
pesetas. 



112 = = = = — = =:= Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

zócalo, se nos muestran admirablemente reducidas al estilo grutesco la apo- 
teosis y los trabajos de Hércules: la unidad y la armonía delatan la autenti- 
cidad de la concepción rafaelesca del conjunto, aunque en esto, como en to- 
das las obríis del tiempo, Rafael fuera mis que pintor, el dictador, el dipu- 
jante y el inventor de siluetas y de formas que á su presencia ejecutaban y á 
sus retoques sometían aquellos numerosos discípulos que colaboraban con él 
en unos mismos talleres, mediando la división del trabajo. 

Frente á esa nuestra triple orla de los trabajos de Hércules, ¿qué vemos 
en el ejemplar del Vaticano? Allí lo de Hércules (que no corresponde al tapiz 
del sacrificio de Lystra, sino al de la predicación'en el Areópago) no se ve en 
la franja de la derecha (que es de grutesco sencillo), ni en la de abajo, que es 
de la vida de León X (como todas), sino solo en la franja izquierda. Y como 
esta izquierda es la que perdió fragmentos, el Condestable de Montemorency, 
antes de de volver el tapiz á los Papas, completó lo perdido con un ángel te- 
nante y el escudo de su blasón. Queda de los temas de Hércules solamente la 
Victoria y el héroe sosteniendo, nuevo atlas, la bóveda del cielo. Ni más ni me- 
nos: ¡y así ha sido reproducido el panneau por los grabadores y por todos los 
autores (1)! 

Nuestros tapices, como de exposición bianual en Palacio, no se han lle- 
vado á las Exposiciones de Barcelona y París. En la de 1892, de Madrid, se 
vieron los núms. 35, 36, 87, 40, 41 y 42 en la sala I."" (con los núms. 85 á 00 
de aquel Catálogo). El núra. 35 se reprodujo en las «Joyas». 

NUM. 35. — PAÑO 1° — La pesca milagrosa en el lago de Tiberiades. 

Orla izquierda: .Júpiter, .Juno, Neptuno y Ceres (negra, por cierto); de- 
recha: la misma, pero invertida (y blanca Ceres); baja: Prometeo con la com- 
pañía de Minerva, trabaja su estatua, roba el fuego, é infúndele en el hombre. 
El dibujo de ellas autoriza á pensar en un pintor rafaelesco, pero flamenco. 

Lfini. 47 del Conde de Valencia, t. I.— Fot. Laurent, B. 488 (1.° de la 12 *") expuesta en el 
Gasón I. U.— Alto, 4,87; largo, 5,i)4. 

NÚM. 36. — PAÑO 2.''— La institución del primado de Pedro, cuando ele- 
gido por Criíto, éste le dice: «Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas». 

Orla izquierda: las tres Parcas; derecha: la misma, invertida — varían 
los atlantes ó cariátides de abajo comparándolos entre sí y con los graba- 
dos — ; baja: ocho figuras, que no sé descifrar y pueden ser del pincel flamenco- 

Lám. 48 del C. de V., t. 4.— Fot. Laurent, B. 439 (2.° de la 12.*) expuesta en el Casóo 
I. U.-Alto, 4,83; largo, 7,21. 

NÚM. 37. — PAÑO 3. - — La curación del paralítico; milagro obrado por' 
los Apóstoles en el templo de .Jerusalem apenas posoídos del Espíritu Santo. 

Orla izquierda: las horas (Apolo y Diana, los dos crepúsculos, reloj, etc.); 
derecha: las cuatro estaciones (gentilmente expresadas, 'la Primavera es un 
abrazo de amor); baja: nueve figuras alegóricas, que no acierto á descifrar y 
pueden ser del pincel flamenco. 

Lám. 49 del C. de V., t. L — Fot. Laurent, B. 440 (;3.° de la 12.*) expuesta en el Gasón 
1. U.-Alto, 4,92; largo, 7,54. 

(1) Tengo entendido, aunque no puedo garantizar la certeza, que la serie de Berliu 
no tiene orlas. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = === 113 

NÚM. 38.— PAÑO 4.°— La muerte de Ananías, milagrosamente castigado 
por ocultar una parte de su riqueza al ofrendarla ;i la primitiva comunidad 
cristiana. 

Orlas: trece representaciones alegóricas de Virtudes y Artes; que pueden 

ser de mano flamenca! 

Lám 50 del C. de V., t. I. — Fot. Laurent, B. 4il (4.° de la 12.*) expuesta en el Gasón 
I. V. — Alto, 5,02; largo, 7,17.- -No tiene marca. 

NUM. 39.— PAXO 5."— La lapidación de San Esteban en presencia del jo- 
ven Saulo (el que después será San Pablo). 

Orlas: doce representaciones alegóricas de Virtudes (repetidas, inverti- 
das las cuatro laterales); pueden ser de mano flamenca. 

Lílm. 51 del C. de V., t. I. —Fot. Laurent, B. 442 (5.'' de la 12.*) expuesta en el Gasón 
I. V.-Alto, 4,89; larg-o, 5,.56. 

MUM. 40. — PAXO 6.° — La caída y conversión de Saulo en el camino de 
Damasco; derribado del caballo ve al Cristo vencedor. 

Orlas: doce figuras alegóricas (repetidas, trastocadas las cuatro laterii- 
lés) de las Ciencias del Trivio y Cuatrivio (?), y una hidra en el centro ence- 
rrada en redil alrededor de un árbol. Puede ser de mano flamenca toda la 
bordura. 

Lám. 52 del C. de V., t. L —Fot. Laurent, B. 44íj (6.^ de la 12.'') expuesta en el Gasón 
I. V— Alto, 4,97; largo, 7,29. 

NÚM. 4L— PAXO 7.*'— Elymas el mago cegado al pretender oponerse á 
la predicación de los Apóstoles en presencia del Procónsul L. Sergio Paulo, 
que se convierte ante el milagro. 

Orlas: quince figuras alegóricas (repetidas, invertidas las de los lados, 
de Virtudes cardinales y teologales...; quizá de dibujo flamenco. 

Lám. 53 del C. de V., t. 1. — Fot. Laurent. B. 448 (7.° de la 12.*) expuesta en el Gasón 
I. X.-Alto, 4,90, largo, 7,40. 

NÚM. 42.— PAXO 8.^ -San Pablo y San Bernabé en Lystra abandonados 
á su dolor al darse cuenta de que pretende la muchedumbre adorarles y ofre- 
cerlos sacrificios sólo debidos al verdadero Dios. 

Orla izquierda: Victoria, Hércules con el globo celeste y vencedor del 
minotauro; derecha: apoteosis, protector de Hesione (?) y luchando con las es- 
tinfálicas; baja: vencedor de la hidra de Lerna y del león de Nemea, y ado- 
rado en su templo. Esta parte baja tiene otras figuras: quizá sean, ollas 
solas, de pintor flamenco. 

Lám. 54 del C. de V., t. L — Fot. Laurent, B. 444 (8.° de la 12.") expuesta en el Gasón 
1. X.-Alto, 4,95; largo, 6,21. 

NÚM. 43.— PAXO 9." -Predicación do San Pablo en el Areópago de Ate- 
nas, anunciando al Dios desconocido de los gentiles. 

Orla izquierda: las Virtudes teologales (rafaelescas puras), y la del Es- 
tudio (que falta en los grabados); derecha: ídem, id., invertidas; baja: cinco 
figuras alegóricas, quizá de mano de Van Orley. 

Lám. 55 del C. de V., t. I. — Fot. Laurent, B. 445 (9.° de la 12.') expuesta en el Gasón 
I X.-Alto, 4,85; largo, 7,34 

Elias TORMO Y MONZO. 




114==» = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



iglesias medioevales de Cuy. 

(Conclusión.) 

Fachada de costado.— La parte de este frente, no ocultada por la sala ca- 
pitular, comprende el hastial N. de la nave del crucero y la torre, ambas ro- 
uiclnieas, y el formidable torreón adosado al cuerpo de iglesia que cierra la 
capilla del Sacramento y que alcanza ya el estilo ojival. 

La portada contiene una puerta dintelada de ingreso aliviada por arco de 
medio punto, compuesto de anillos apeados por columnas, sobre el que cam- 
pean dos arcaturas gemelas, cobijadas por una gran archivolta, y el rosetón 
superior p(;rteneciente al estilo ojival. 

La coronación de esta portada es moderna. 

La torre se encuentra protegida por robustos contrafuertes; en su frente 
aparece una ventana baja y otras dos altas, de archivoltas semicirculares, 
moldadas sobre columnas adosadas á los codillos. Entre una y otras existen 
otros estrechos huecos aspillerados, de carácter defensivo. En el cuerpo su- 
perior se hallan otros dos sencillos y rasgados huecos destinados á alojar las 
campanas, coronando la obra un liso antepecho con antefijas de ángulo. 

El torreón contiguo á la torre se halla reforzado por dos contrafuertes 
de costado y otro central, coronado de piramidión, sobre el que insistía en 
lo antiguo una estatua cubierta de pequeños doseletes. En las campos inter- 
medios aparecen dos grandes ventanas de arco apuntado, con orladas archi- 
voltas, y otras dos mis altas, divididas cada una en cuatro arcos parciales, 
mediante un mainel central y una puente pétrea intermedia. Corona la obra 
un robusto matacán erizado de almenado parapeto. 

jF.— Claustro. 

El claustro, colocado al costado S. del templo, como sucede en los de 
Santiago, Falencia, Tudela y Veruela, es de planta casi cuadrada, y se halla 
limitado por galerías, cada una de las cuales aparece dividida, en cinco tra- 
mos las de los costados E. y S., y en seis las de los N. y O., cubiertas todas 
ellas, así como las de los rincones, con bóvedas de crucería francesa, y sepa- 
i'adas del patio por basamentos corridos, sobre los que aparecen elegantes 
huecos de arcos apuntados que estriban en los pilares de división de tramos, y 
cada uno de los cuales cobija dos arcos semicirculares, finamente moldados 
apeados por esbeltas columnas^ cuyas basas se hallan delicadamente molda- 
das y los capiteles muy variados y exornados de frondas y hojas carnosas 
muy extendidas, inspiradas en la flora indígena. Esta exornación ofrece mar- 
cadas analogías con las del pórtico. 

Aunque la coronación de los contrafuertes aparece en general mutilada, 
á causa de haber colocado, en mal hora, otras modernas galerías sobre las 
antiguas, á fin de establecer el paso á las habitaciones episcopales, sin em- 
bargo, se ven algunos de ellos chaflanados por cilindros cortados en medias 
cañas, que establecen la transición gradual de la planta cuadrada á la octo- 
gonal superior. 





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BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



V 



TOynO XV. 




Fototipia tie Haustr y Mtuet.- Madrid 



CATEDRAL DE TUY 
Fachada lateral N. 

LÁM. VIL 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 115 



íx.— Concepto artístico. 

Planta y organismo de la iglesia. — El templo tudense, si bien inspirado en 
el compostelano en cuanto al número de naves del cuerpo de iglesia y del 
crucero, ofrece ya notables diferencias en sus proporciones respectivas (1), y 
atestigua sobre todo radical mudanza en la forma de la cabecera, que es 
sensiblemente recta, en el situado en los márgenes del Miño. 

Sin embargo, hemos visto que el templo tudense se ha alargado en las 
postrimerías del siglo XV, y queda, por lo tanto, la duda de si la primitiva 
cabecera tenía la misma forma que la actual, pues tal partido no se encuen- 
tra en ninguna otra de las catedrales ni en las iglesias importantes medio- 
evales gallegas, y es asimismo muy raro en el resto de los templos españoles 
hasta los últimos tiempos del ojival^^y el renacimiento, cuya forma de reta- 
blos impuso la necesidad de hacer recto el testero de las capillas. xVntes de 
esta época, los tipos dominantes en nuestro suelo son: el francés de giróla, 
adoptado en la catedral compostelana, y el bizantino de ábsides indepen- 
dientes, de planta semicicular ó poligonal, que perduró durante toda la Edad 
Media en varias regiones de la Península. 

En Francia también se ve aplicada, sólo por excepción, la cabecera de 
planta rectangular á las catedrales, cual se verifica en la de León. En Ingla- 
terra, por el contrario, esta forma es frecuentemente empleada, bien hacien- 
do resaltar la capilla mayor respecto de las colaterales, cual se verifica en 
las catedrales de Salisbury y de Winchester, y también en la Colegiata galle- 
ga de Bayona, bien dejando seguido el muro del testero, como en la catedral 
de Ely, en San Julián de los Prados (Santullano) y en la moderna cabecera 
del de Tuy. 

Mas teniendo en cuenta que la planta de la catedral sufragánea de que se 
trata, se inspira por lo general en la de su metropolitana, tal vez se haya 
prescindido de la giróla, á causa de las dificultades que para su estableci- 
miento oponía la estrechez de la meseta en que se halla emplazada la cate- 
dral y se haya adoptado primitivamente en su lugar el sistema de ábsides in- 
dependientes, á cuya conjetura se presta el constituir el tipo verdaderamente 
tradicional en nuestro suelo y que pudo muy bien aplicarse al arco triunfal 
que debió limitar el antiguo tramo de bóveda de medio cañón que todavía se 
conserva contiguo al actual presbiterio, según puede apreciarse en la adjunta 
vista interior de este santuario, y que revela que la primitiva estructura de 
la nave mayor se tomó de la compostelana. 

Admitida, pues, la posibilidad de tal solución absidial, análoga á la de la 
primitiva cabecera de la catedral mindoniense, resultaría también aceptable 
la reforma posterior de la cabecera en la tudense, como se verificó en su si- 
milar de Mondoñedo, con la diferencia de que en éste se respetó el antiguo 
ábside central, y en aquél se sustituiría, en tal caso, por capillas de testero 
recto (2). 

El cuerpo de iglesia de la catedral tudense también ofrece, como he indi- 
cado, grandes analogías con la de Santiago en la forma de los apoyos y en la 
estructura general de colaterales de crucero, que es completamente armónica. 

(1) Monografía de la Catedral de Santiago de Compostela, por A. Fernández Casanova. 

(2) Apunto esta idea sin atreverme á formular sobre ella ninguna afirmación concreta. 



116 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

El resto del organismo, románico en la primera y ojival en la segunda, 
difieren ya grandemente entre sí. 

Las bóvedas bajas por arista de la nave del crucero, parecen ser todavía 
de estructura latino-románica sin influencia bizantina. La de colaterales de 
los pies de la iglesia y las do altas naves son ya de crucería francesa con ar- 
cos diagonales de medio punto, orlados por sus intradoses de dobles junqui- 
llos separados por rehundido listel y arcos transversales apuntados, dulcifi- 
cando con medias canas la dureza de sus aristas. 

Los embovedamientos del crucero y de la cabecera, formados con nervios 
de una y de dos curvaturas, que dibujan elegantes y variadas rosas, corres- 
ponden al arte ojival germánico. 

Los capiteles de la parte más antigua correspondientes á los brazos del 
crucero ofrecen analogías con los de la catedral lucense. 

TrifoHo. — Conservando la solución románica adoptada en la iglesia com- 
postelana, de ocupar todn la amplitud del colateral, muestra, sin embargo, el 
triforio tudensc; visto desde el pavimento de la nave mayor, un aspecto in- 
termedio de los adoptados en las iglesias francesas del N. y borgoñonas 
puesto que tiene como aquéllas el ventanaje alto á plomo de los del triforio 
y ofrece como éstos el carácter de un pórtico abierto bajo los estrechos hue- 
cos superiores de luces. Presenta, en este concepto, el triforio de la catedral 
que estudiamos, una marcada singularidad respecto á los de otras cuatro ga- 
llegas; pues la de Orense carece de él, los de las catedrales de Santiago y 
Lugo son de huecos dúplices en cada tramo y de forma ajiraezada y el de la 
de Mondoñedo sólo presentaba en su primitiva estructura dos órdenes de muy 
estrechas ventanas: uno para iluminar las naves laterales y otro las galerías 
superiores, que no comunican con la nave mayor más que por una ventana 
sobre cada formero bajo, y no tienen, por lo tanto, el carácter de verdadero 
triforio. 

Pórtico. — Es el único ejemplar de su género que ofrecen las catedrales 
gallegas, pues el famosísimo de la compostelana y el i ico de la de Orense 
son interiores, y el exterior de la de Lugo no es, en realidad, sino un suntuo- 
so cobertizo agregado posteriormente á la primitiva portada románica, y no 
forma, por lo tanto, con ella, un armónico conjunto, cual se verifica en la 
tudense. 

Avalora más aún este último pórtico exterior, la circunstancia de ser muy 
contados los ejemplares de su género que ofrecen las catedrales de las demás 
comarcas españolas, pues el de imafronte de la legionense es corrido, abar- 
cando el frente de las tres naves y los de otras catedrales tan impoi'tantes 
como las de Avila, Tarragona, Barcelona, Toledo, Salamanca, Segovia y Se- 
villa carecen de él. 

Tampoco se encuentran verdaderos pórticos ojivales del siglo XIII en las 
fachadas principales de las grandes catedrales francesas d^l XIII, como los de 
Amiens, de París y de Reims, en que se quiso facilitar cuanto fuera dable 
el acceso de los fieles al templo, y sólo se encuentran en ios hastiales de na- 
ves de cruceros de algunas de ellas, como los de Bourges, que abrigan por- 
tadas románicas, y los incomparables de la de Chartres que son corridos, 
como el legionense, y ofrecen por lo tanto distinto carácter que el de las már- 
genes del Miño. 

Claustro. — Por su extensión, armónicas proporciones, preciados sepul- 




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BOL. DE LA -SOC. r:5P. DE FXCIJKSIONES 



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V 



TOMO XV. 








Fototipiíi de llaii.^er y Menet.-Miulrid 



CATEDRAL DE TUY 
Presbiterio 

LÁM. IV. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 117 

cros en él subsistentes y por conservar íntegras la mayor parte de sus pri- 
mitivas y delicadas estructuras (1), constituye uno de los más selectos monu- 
mentos de su género que ofrecen las catedrales gallegas; pues el rico claus- 
tro del templo auriense ha sido torpemente mutilado; el de la catedral com- 
postelana es de transición del ojival al renacimiento, y los de Lugo y de 
Mondoñedo son de época posterior y no pueden, en modo alguno, ponerse en 
parangón con el de las encantadoras márgenes del Miño. El trazado de este 
último se asemeja grandemente al del claustro principal del monasterio cis- 
terciense de Plobet en Cataluña, resultando verdaderamente curiosa tal ana- 
logía de formas en dos monumentos tan distantes entre sí. 

Es también de notar que el procedimiento de moldados chaflanes emplea- 
do en los contrafuertes del claustro para pasar del prisma rectangular al 
ochavado, ofrece grandes analogías con una de las dos soluciones dadas á los 
exteriores de las cúpulas de las mezquitas y de las tumbas del Clran Karafah 
en el Cairo, durante los siglos XIII y XIV, para pasar igualmente de la plan- 
ta cuadrada á la octogonal. 

Desgraciadamente los modernos pilares, colocados en el patio para soste- 
ner las galerías superiores adicionadas al palacio episcopal, interrumpen las 
agradables perspectivas de sus claustros, no permitiendo, por lo tanto, apre- 
ciar el hermoso efecto de tan interesante producción arquitectónica. 

H. — Períodos de construcción y juicio crítico. 

Cronoloyia. — Difícil es, en verdad, aquilatar por los caracteres de las di- 
versas fábricas las fechas de erección que los anales históricos consignai) 
para cada una de ellas, á causa de la persistencia de los estilos románico y 
ojival en las construcciones gallegas. 

Así, por ejemplo, en la iglesia parroquial de San Martin de Noya y en va- 
rias iglesias franciscanas y dominicas de Galicia, levantadas en pleno si- 
glo XV, se descubren fuertísimas reminiscencias del estilo románico (2), y la 
antigua iglesia de Bayona, que al parecer ha sido erigida en 1278, es de plan- 
ta y estructura románica. 

Respecto al estilo ojival, perdura también en Galicia hasta períodos muy 
cercanos al nuestro, cual lo demuestra la bóveda de crucería que cubre la 
capilla mayor de Santa María de Ortigueira, erigida en la segunda mitad del 
siglo XVII, y en la iglesia de San Francisco del mismo Tuy de igual tiempo, 
aparecen asimismo tres bóvedas articuladas de estructura marcadamente 
ojival. 

Por estas razones es muy difícil aventurar juicios cronológicos respecto á 
las diversas fábricas que constituyen la catedral tudense. 

Desde luego, no viéndose en las obras primitivas más que una directa 
aplicación de las estructuras de la compostelana, no es posible resolver téc- 
nicamente las dudas que sugieren los documentos antes mencionados respec- 
to á la fecha de fundación del templo tudense. 

En cuanto al pórtico, por el gran adelanto que ofrece en estatuaria y ele- 
mentos ornamentales, no creo pueda corresponder al del siglo XIII á que se 

(1) La cornisa y los escalonados remates de los contrafuertes son los únicos elementos 
constructivos, mutilados á consecuencia de la implantación de las galerías sobre los claustros. 
12) Villa-amil: Obra cit., 140. 

Bület. de la Soc. Esp. de Exc. ~ 16 



1Í8 «:»= = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

refiere el documento dado á luz por el insigne arqueólogo é historiador señor 
López Ferreiro, sino más bien á otro anterior, á no ser que las obras del ac- 
tual se hallasen suspendidas por largo tiempo, pues no creo pueda juzgarse 
este pórtico anterior al claustro que, según se ha visto, fué erigido á princi- 
pios de la decimoquinta centuria. 

Juicio critico. — Este notable monumento, á la vez casa del Señor y forta- 
leza, ofrece además singulares atractivos por la diversidad de influencias ar- 
tísticas que en él campean. 

IV. — RESUMEN 

Importancia monumental de Tuy. 

Aunque ninguno de los tres templos citados puede colocarse á la altura de 
los más selectos de su especie respectiva que, por fortuna, se conservan en 
nuestro suelo, su conjunto presenta, sin embargo, un acabado cuadro arqui- 
tectónico y escultórico de los tiempos medios en Galicia, como trasunto fiel 
de su interesante historia. 

Ofrece la antigua catedral de San Buenaventura, después iglesia de San 
Bartolomé, la más sencilla expresión arquitectónica y los rudos esbozos or- 
namentales correspondientes al primer período del arte románico. 

Encuéntranse reunidos en la iglesia de Santo Domingo un muy preciado 
ejemplar de portada roniiinica y un acabado tipo de cabecera y crucero per- 
teneciente á la arquitectura y escultura monástica del arte ojival gallego de 
fines de la Edad Media. 

Constituye, por último, la catedral un interesante museo arquitectónico 
que muestra sus diversas galas á partir del arte románico del segundo pe- 
ríodo, que campea en parte de su organismo interior, en su original é impor- 
tante fachada N. y en la formidable torre contigua. Brilla el ojival del pri- 
mer período en la mayor parte de los embovedamientos, y el de fecha poste- 
rior, con influencias todavía románicas, en el claustro y en el único pórtico 
de su género, con estatuaria también ojival, que se encuentra en las catedra- 
les gallegas. 

Tres son los lunares que afean grandemente tan hermoso y acabado cua- 
dro: 1.", el acodalado interior de los pilares de la nave mayor, que sólo podría 
suprimirse mediante costosas obras de reconstrucción en que no es dable 
pensar; 2.", los deformes pilares colocados en el patio del claustro para sos- 
tener las galerías superiores, que no sería difícil suprimir; S.'*, la moderna 
entrada al palacio episcopal que cierra el costado derecho del pórtico y oculta 
parte de tan bello imafronte. La singularidad de este pórtico, y el sitio tan 
principal en que se halla emplazado le prestan mayores atractivos y causa 
por lo tanto gran sentimiento al artista y al arqueólogo que lo contemplan, 
la vista del feo aditamento colocado modernamente á su derecha, por lo cual 
me permito concluir este pobre trabajo, llamando respetuosamente la supe- 
rior atención del Muy Reverendo Prelado de la Diócesis tudense acerca de 
la conveniencia de su desaparición, á fin de conseguir que el principal mo- 
numento de dicha Sede, dedicado á la Santa Virgen María, muestre con todo 
el posible esplendor las variadas y singulares manifestaciones artísticas que 
atesoran sus preciadas fábricas y resulte digno de tan excelsa advocación. 

Adolfo FERNANDEZ CASAN OVA. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. ==_ = =: = = = = 119 



J^as pintoras esp iñolna, por D. José Parada y Santín, con un prólog^o 
del Excmo. í^r. D. Ang-el Avilé?. 



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Las diversas y al parecer antitéticas aptitudes que reúne en su personali- 
dad de publicista el Sr. Parada y Santín, han dado como fruto libros, opúscu- 
los y artículos curiosos, que prestan la innegable utilidad de nacer por causa 
de esa variedad de cultura científica y artística que recíprocamente se com- 
plementa y produce sus mejores resultados así acumulada. Contra lo que opi- 
nan algunos exagerados partidarios de los estudios intensivos y de las espe- 
cializaciones escuetas, la cultura extensa y varia es la mcás firme base de 
toda sólida investigación, y el cultivo combinado de determinadas ciencias y 
artes no tropieza con la incompatibilidad de disposiciones que se presume, 
porque descansa en el proceso inductivo, empleado por el observador en el 
estudio de las ciencias naturales como en el cultivo de las Bellas Artes. Baste 
esto en cuanto se refiere á la personalidad del autor, sobradamente conocida, 
y me sirve de ocasión para defender doctrinas de luengo tiempo sustentadas. 

El folleto que encabeza estas líneas no reviste ese carácter especial de los 
trabajos del Sr. Parada; se circunscribe á la esfera del arte, que es quizá 
por la que siente decidida predilección. Le titula, con sobrada modestia, bo- 
ceto histórico-biográfico y artístico, y traza en sus pocas páginas un cuadro 
tan completo como conciso de la intervención femenina en el desenvolvi- 
miento del arte de la pintura en España. 

Contando aún muy pocos aüos reunió el autor numerosos datos de este 
asunto, ayudando á su padre en la confección de la obra Escritoras y erudi- 
tas españolas, datos que merecieron con justicia los honores de la publicación 
en la Ilustración Española y Americana. Posteriormente fué adicionándolos 
con nuevas investigaciones y descubrimientos, y reunidos todos constituyen 
el fondo de la última obra que ha lanzado á la publicidad sobre tal asunto. 

No cabe duda— según hace notar el ilustre prologuista de este libro, el 
Sr. Aviles— que en el alma femenina predomina la parte afectiva y que es, 
por tanto, la mujer tan apta ó más que el hombre para el cultivo de las 
Bellas Artes. No es esto sólo; si por predisposición la mujer puede brillar en el 
cultivo de aquéllas, la educación de su sentimiento lo aconseja, además, como 
medio de depurar sus influjos con la percepción de la belleza natural y su 
apreciación, favoreciendo la transformación de la violencia propia de las pa- 
siones en la tranquilidad de los afectos. 

Muchas afirmaciones y originales ideas sobre el arte de la pintura y su 
historia, expuestas con cierto carácter de generalidad, se encierran en los 
apartados de este interesante estudio y sobre algunas de ellas me permitiría 
abrir discusión, si la falta de espacio no me lo impidiese, al par que suscribo 
con gusto otras. Refiriéndose á la intervención que en los orígenes y prime- 
ros desenvolvimientos de la pintura medioeval pudo corresponder al ele- 
mento femenino, apunta la idea de que las comunidades de religiosas y aun 
las damas pertenecientes á las altas clases sociales debieron de ocupar sus 
ocios en trabajos de esa clase. A tal conclusión llega teniendo en cuenta 
la parte que es sabido tomaba el bello sexo en la fabricación de tapices, 
siendo así que en ellos entran como elementos el dibujo y el colorido, y la 



120 = = = = = =^ = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.. 

situación especial do la mujer en la Edad Media. Las espléndidas obras de 
tapicería, debidas á manos femeninas en tales tiempos, no sólo so prestan á 
conjeturar el cultivo de la pintura por religiosas y nobles, sino que consti- 
tuyen gallarda muestra, por sus condiciones, del grado en que la poseían; 
dígalo la curiosísima tapicería de la reina Matilde, bordada por ésta y sus 
cortesanos para perpetuar gráficamente la conquista de Inglaterra, realizada 
por su esposo el gran Duque Guillermo de Normandía. 

El estudio del Sr. Parada, después de estas indicaciones sobre la pintura 
en la Edad Media, se fija principalmente en las pintoras que florecieron h 
partir de la época del Renacimiento, desde sus comienzos hasta principios 
del siglo XVIII, y desde aquí á nuestros días, agrupándolas según que per- 
tenecieron ó no á familias de artistas ó vivieron en religión, en el primer pe- 
ríodo, y distinguiendo, en el segundo, las que se educaron ó pertenecieron á 
la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de las que no tuvieron aquel 
precedente en su carrera ó se vieron favorecidas por esta alta distinción. 

En el transcurso de estas someras indicaciones me he referido al prólogo 
que el opúsculo lleva, labor de estilista y de quien siente profundamente el 
arte, como propia del Sr. Aviles, y que viene á completar los reconocidos mé- 
ritos del estudio debido á los desvelos del Sr. Parada y Santín. 

Elogio histórico tie i). Antonio José Cavanilles , por D. José Pizcueta. 
Premiado por la Real Sociedad Económica de Valencia en 1826. 

La vida de Cavanilles fué la vida de un hombre dedicado por completo á 
la ciencia, primeramente como profesor oficial, más tarde como preceptor de 
los vastagos de los Duques del Infantado,, situación esta última que aceptó, 
no para ganar influencias y favorecer su medro personal, sino para aumentar 
sus medios de investigación, trasladándose á París y estudiando con las emi- 
nencias de su tiempo. La Gramática y las Humanidades al comenzar su labor 
de estudiante, la Filosofía después, las Matemáticas y las Ciencias naturales 
en último lugar, todo fué recorrido por su incansable actividad con provecho. 
Un suceso puramente casual le incitó á cultivar los estudios de Botánica, 
cuando ya contaba treinta y seis años, y después de haber brillado en muchas 
y varias disciplinas, formándose una sólida y amplia cultura, constituyó con 
aquéllos la especialidad que le dio fama universal, haciendo que su nombre se 
recuerde encomiásticamente en las Universidades extranjeras más que eji 
España. 

La iniciativa de la Real Sociedad Económica de Valencia abriendo un con- 
curso en 1826 para premiar el mejor elogio histórico que de este sabio valen- 
ciano se presentase, por todos conceptos laudable, halló su mejor intérprete 
en un escritor fácil y correcto que, á juzgar por esta galana muestra de su 
ingenio, es de presumir que hubiera figurado en primera línea entre los escri- 
tores de su tiempo, si sus trabajos, como médico favorecido por las gentes, no 
se hubiesen sobrepuesto á sus inclinaciones de publicista é impedido que de- 
jase escrito algo más sobre su labor docente. 

El elogio histórico de Cavanilles debido á Pizcueta es un monumento dig- 
]io de estimación, donde se recogen datos curiosos de la vida del primero, que 
quizá se habrían perdido de otra suerte, y sirven hoy de obligado precedente 
paia juzgar del mérito de sus múltiples escritos en relación con la cultura 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 121 

científica del período. Es además dicho elogio uno de los pocos trabajos que 
el Dr. Pizcueta dio á la publicidad, y el que por su asunto se presta más á 
desenvolver sus innegables dotes de literato, bastando, aunque fuese solo, 
para acreditarle como tal. 

Nombres tan preclaros de la ciencia española merecen perpetuarse en la 
memoria de las gentes, y la empresa comenzada por la Real Sociedad Eco- 
nómica de Valencia ha recibido digno remate, merced á los empeños del señoi- 
Conde de Cerragería, que en cuidada edición, publicada á sus expensas, ha 
reunido el Elogio histórico de CavaniUes, digno homenaje á la personalidad 
del elogiado y muestra fehaciente de las relevantes dotes literarias de su 
autor y un estudio biográfico de éste, que bien merece el Dr. Pizcueta, por 
haber cultivado la misma especialidad y por el asunto que trató en su más 
importante trabajo, que no pase inadvertido su nombre al pronunciar al de 
CavaniUes, 

La Oftalmología en tiempo de los romanos, por el Dr. Rodolfo del Castillo 

y Quartiellers. 

Este curioso libro sobre los adelantos realizados por los romanos en la es- 
pecialidad médica que en el título se expresa, perfectamente documentado y 
profusamente ilustrado, forma parte de una serie de trabajos que su autor ha 
destinado á esclarecer los progresos de las ciencias médicas en la antigüedad 
y preferentemente los conseguidos en la Oftalmología, objeto de su predilec- 
ción como profesor que es de la Clínica de enfermedades de los ojos en el 
Instituto del Dr. Rubio, 

Además de los trabajos concernientes al i)eríodo oriental, ha dedicado 
buena parte de sus investigaciones á ensanchar el campo de estos conoci- 
mientos con relación al pueblo romano, publicando su Epigrafía oftalmológi- 
ca hispano-romana, una adición á la misma, Los colirios oleosos en la antigüe- 
dad, y la obra que es objeto de estas líneas, prescindiendo de algún otro 
opúsculo sobre el mismo asunto. Para dar cima á su empresa utiliza las obras 
que los médicos de esas épocas nos legaron y testimonios de escritores coetá- 
neos, combinándolos con el más detenido examen de las inscripciones y res- 
tos monumentales que andan dispersos por los museos de Europa, por lo cunl 
la labor del Dr. Rodolfo del Castillo tiene un primordial interés arqueológico. 

La Arqueología presta con sus auxilios valor á las afirmaciones históricas: 
la historia de la Medicina puede hallar poderosos elementos de investigación 
en el examen de los restos monumentales de lejanos tiempos; ¿por qué enton- 
ces desdeñar estos elementos y abandonar el cultivo de tales ramas del huma- 
no saber en perjuicio de las ciencias médicas? Sólo podría comprenderse este 
desprecio, por desgracia pocas veces vencido, según lo es en libros como el 
que examino, reconociendo que la historia de esas ciencias no reviste impor- 
tancia ni reporta beneficios; pero además de que las conquistas del pasado, 
aun siendo escasas, ofrecen sólida base al presente y son auxilio del porve- 
nir, la historia de la vida humana es tanto más interesante cuanto más se 
aplica á conocer el progreso del trabajo humano y se teje* mal si le faltan da- 
tos sobre alguna de sus manifestaciones. 

Inspirado en las ideas expuestas, el libro del Sr. Castillo es de reconocida 
utilidad, y viene á llenar un vacío inexplicable en esta clase de investigacio- 
nes. Sus méritos compensan con ventaja algunos juicios e:sagerados y convie- 



t22 ==r = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

ciones no muy en armonía con la realidad histórica sobre la significación del 
pueblo romano enfrente de los restantes pueblos de la Edad Antigua y el va- 
lor de su cultura y civilización, así como el lenguaje un tanto difícil de cier- 
tos párrafos, que indica ha sido el libro escrito al correr de la pluma. 

Ecciirsión ¡tnr Atnéiicu: Costa liird, por D. José Seg-arra y D. Joaquín Jufiá. 

San José de Costa Rica, 1907. 

Seguramente los lectores del Boletín tendrán idea por las relaciones de 
los periódicos, por el comentario de las noticias que transmiten de unas á 
otras reuniones los amantes de lo sensacional y del excursionismo heroico, ó 
por la lectura de los libros que llevan publicados, de los jóvenes escritores 
valencianos Segarra y Julin. Nacidos de modesta familia y educados en la 
Escuela de Artesanos de la ciudad levantina, sintieron la necesidad de dila- 
tar su esfera de acción y enriquecer el caudal de sus conocimientos, sentando 
plaza de viandantes para dedicarse á contemplar las bellezas atesoradas en 
el mundo, á escudrifiar sus olvidados rincones y traducir con fino espíritu de 
observación y numen juguetón y mesuradamente crítico, sus impresiones en 
páginas de amena lectura. 

Acometieron su empresa con una excursión por Italia y el Mediodía de 
Francia, á la que pusieron remate en París. Su primer libro fué dedicado á 
la estancia y recuerdos de Provenza; Segarra dio en la capital de la vecina 
República una interesante conferencia sobre el tema de sus viajes, y comen- 
zada bajo tan favorables auspicios la labor de publicistas, volvieron á Espa- 
ña para ocupar digno puesto en la prensa con sus crónicas. No debían, sin 
embargo, detenerse en el comienzo de la senda emprendida; necesitaban au- 
mentar la materia de sus trabajos literarios, realizar nuevos viajes, y esta 
vez el itinerario trazado alcanzó una extensión considerable: el Nuevo Con- 
tinente fué el elegido para campo de sus investigaciones. Primero Cuba, al 
presente Costa Rica, después no sabemos... Poco á poco van convirtiendo en 
realidades sus proyectos. 

El libro que publicaron sobre Cuba mereció una feliz acogida de la críti- 
ca; no tengo la fortuna de conocerle. El que hace muy poco vio la luz, dedi- 
cado á la República centro-americana en donde ahora se encuentran, des- 
pierta un vivo interés por la variedad y curiosidad de su contenido, que re- 
cibe forma en un lenguaje sencillo, más flexible que limado. 

Los anuncios de próximas revueltas en Costa Rica hicieron nacer en el 
ánimo de los autores el vehemente deseo de visitar aquellos parajes, pues, 
como ellos dicen irónicamente, en esas situaciones azarosas porque suelen 
atravesar las comunidades políticas, se revelan grandes héroes, obscuros tra- 
bajadores é ignorados genios, llevando las huestes á la victoria ó haciéndose 
cargo de los destinos del país con habilidad irrefragable; los sueños de la 
ambición los encaminó al centro de América. 

Imitando con raro acierto el estilo y lenguaje de nuestros cronistas del 
siglo XVI, reseñan su salida de la Habana, la travesía y su feliz arribo ñ 
Puerto Limón. Este capítulo es una muestra acabada, sin que deje de tener 
algunos lunares tal imitación, de la facilidad con que dominan el castellano 
y el grado de corrección á que pueden llegar cuidando la redacción de sus es- 
critos. La novela del indiano, del pariente que hace fortuna en lejanas tie- 
rras, tan- repetida en ciertas comarcas españolas que se despueblan en bene- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = =-=: 12H 

flcio de los países de la América latina, es otro de los incentivos que para 
nuestros excursionistas tuvo la entrada en Costa Rica. Apenas llegados en- 
cuentran al pariente que buscaban, y con su apoyo se les abren las primeras 
puerta^s, medio necesario para ingerirse en la sociedad costarricense. 

Salen de Puerto Limón y se detienen en la finca Numancia, propiedad de 
otro hijo de Valencia, amigo del pariente indiano. La finca est;í enclavada 
en lo más fragoso de la comarca, ceñida á las faldas de los montes de Sierra 
Morena, cerca del apagado volcán de Turrialba, imponente mole de tres mil 
metros, que contribuye en gran parte á dar el aspecto de grandeza con que 
á los ojos del espectador se presenta aquel paisaje. En sus apuntes campes- 
tres describen las costumbres de los habitantes de esas granjas, la belleza de 
las selvas circundantes y curiosidades relativas á los animales, inofensivos ó 
dañinos, que allí tienen sus guaridas, y de los cuales los últimos— con su pre- 
sencia — -ponen temporalmente en conmoción ñ los moradores de los reducidos 
poblados. 

La capital de la República merece de los autores del libro un estudio de- 
tenido. No importa que sus irónicos ensueños se desvanezcan sin llegar á 
ceñir la corona de laurel destinada á los héroes; su estancia en San José les 
convence de que son infundados los temores de revueltas en aquel pueblo, 
pero á su vez les proporciona el medio de alabar el carácter pacífico de los 
costarricenses, ese su admirable instinto de conservación que los distingue 
de los demás centro-americanos y favorece el desarrollo de su actividad. 

Aspecto natural, edificios notables, costuíTibres de sus gentes, figuras sa- 
lientes en la política y la literatura, elementos de civilización, todo eso es 
objeto de las numerosas páginas que dedican á la capital. Sus entrevistas con 
los dos repúblicos que se sucedieron en la jefatura del Estado el 8 de Mayo 
de 1906, Esquivel y González Víquez, aparecen descritas con sobriedad y ma- 
tizado su recuerdo con chispazos de ingenio y sanos comentarios á los pro- 
gramas de su respectiva acción gubernamental. 

Con el título de «Lecturas» encabezan el capítulo en que estudian el mo- 
vimiento literario, Cítanse en él nombres y trabajos que son de nosotros co- 
nocidos por las espléndidas remesas de libros que la Biblioteca Nacional de 
Costa Rica viene haciéndonos en correspondencia al envío del Boletín. 
Muchos de ellos son juzgados favorable y hasta encomiásticamente por los 
Sres. Segarra y Julia, como lo han sido por mí y hubiese hecho público si las 
materias tratadas en algunos no se separasen notablemente de la especiali- 
dad de nuestrii publicación. Sirva,^ pues, el capítulo «Lecturas» de la obra 
objeto de estas líneas, para dar á conocer los laudables esfuerzos que en las 
esferas oficiales de Costa Rica se realizan en pro de la cultura del país y para 
difundir más allá de sus fronteras el conocimiento de la labor emprendida; á 
aquél me remito como más completo, sin ser esto óbice á que más adelante, 
entresacando de los estudios recibidos los de carácter histórico, dedique al- 
gunas cuartillas á tan simpática empresa. 

. El viaje á las costas del Pacífico ocupa la tercera parte del libro Costa 
Rica, y como la materia se presta, la amenidad, el interés y las gracias de 
un estilo satírico rebosan en sus páginas y hacen desear al lector que no 
arraiguen en Costa Rica los jóvenes excursionistas españoles y dispongan 
pronto de nuevas impresiones para otro libro. 



I 



124 = = = — = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Correspondencia epistolar entre J>. José de Vargas Fonce y D. Juan A. Ceán -Bcr- 
niíidez durante los años de ISO 3 á 1805, presentada á la Real Academia de la 
Historia por el Marqués de Seoane. 

Nada más apropiado para descubrir el grado de entusiasmo producido en 
ciertos hombres por sus trabajos profesionales que las manifestaciones de su 
vida íntima y las relaciones que en esta esfera mantienen, adonde tratan de 
llevar, ó por lo menos muestran, esa intensa satisfacción que les causa toda 
nueva conquista alcanzada en la ciencia ó arte objeto de sus devociones. Allí 
donde les es lícito desbordarse en la exteriorización de sus más preciados 
anhelos y vestirla con el ropaje sencillo y á veces desaliñado, pero mejor ce- 
ñido, del lenguaje familiar, se encuentra el espejo de su alma, la verdad de 
sus propósitos, el individuo que los convencionalismos sociales quieren tradu- 
cir, valga la frase, á la vida colectiva y lo transforman, y ese estado íntimo 
es piedra de toque para juzgar del valor que debe atribuirse á los arrestos 
científicos ó artísticos de un hombre, tan necesaria como el estudio del medio 
ambiente en que se formó y dio rienda suelta á su actividad. 

Leyendo las cartas que el Marqués de Seoane ha publicado de Vargas Pon- 
ce y Ceán Bermúdez, se confirma la importancia de estos trabajos. En dicha 
correspondencia palpita la laboriosidad y el entusiasmo de los dos eruditos 
arqueólogos á través del estilo jocoso y poco correcto de Vargas y de la cir- 
cunspección y aplomo de que dio pruebas en sus actos Ceán, según hace notar 
con estas mismas y acertadas frases el recopilador de aquélla. 

Vargas solicitaba de Ceán el envío de los datos que sobre Cano existiesen 
en el Archivo de Indias de Sevilla; Ceán, á su vez, pedía á Vargas noticias 
sobre los arquitectos y arte de Guipúzcoa. Con este doble motivo se hacen, 
sobre todo en las cartas de Vargas, afirmaciones muy curiosas respecto á la 
intervención de algunos arquitectos y maestros de obras en la conservación 
ó reforma de los monumentos artísticos y el celo de los eclesiásticos por los 
mismos. Hablando de la parroquia de San Bartolomé de Olaso, dice: «Era 
muy antigua é inmemorial en 1290; es ya un montón de ruinas, porque los 
cléiigos, protestando que se caía (y ni con tiro de pólvora la pudieron derro- 
car), la echaron abajo por no subir la cuestecita en que estaba, algo fuera del 
lugar.» Excusado me parece el comentario al hecho que denuncia el ilustre 
investigador y referirlo á otros de índole parecida que se registran, por des- 
gracia, al presente. 

El Marqués de Seoane expone en muy pocas lineas, con trazos de singular 
acierto, la característica de ambos escritores, el interés que la corresponden- 
cia reunida tiene para la historia artística de Guipúzcoa y el amor que le 
inspira la misión encomendada á la Comisión de Monumentos de aquella pro- 
vincia, cuyo cumplimiento se ve impedido por múltiples causas. 

Alfredo SERRANO JOVER 

En el tiempo que, por diversas circunstancias, han dejado de publicarse estas crónicas 
bibliográficas, se han acumulado mAs libros de los que es posible resumir en los lioiites de 
una de ellas, quedando para la próxima los tres que se recil)ieron en último lugar: 

Don Pedro López de Miranda, estudio histórico por D. Carlos Groizard.— Los cuatrocen- 
tistas catalanes, por D. Salvador San-pere y Miquel. — El General Martínez Campos y su 
monumento, por D. José Ibáñez Marín y el Marqués de Cabriñana. 



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Madrid. — ;\gosto de 1907. 



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************************ ***#*»*»jtJi 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: Sres. Hauser y Menet, Ballesta, 30. 



^pVERTENCjA 



-I- 



El día 8 de Octubre, cuando se iba á ordenar el presente número para re- 
partirlo enseguida, anunciaron el envío de dos interesantes trabajos otros 
tantos consocios nuestros, prometiendo entregarlos en la Redacción el día 15 
lo más tarde. Se ha esperado hasta el 24 por la mañana y los susodichos es- 
tudios no han llegado, por causas de seguro independientes de la buena vo- 
luntad de nuestros dignos compañeros. No pudiendo aguardar más, confec- 
cionamos el número con otros materiales para empezar á repartirle antes de 
fin de mes, explicando por esta nota á nuestros lectores la causa del retraso. 



--^ fototipias. !^- 

SILLERÍA DEL PAULAR. — SILLERÍA DE SAN FRANCISCO EL GRANDE 

Véase el estudio acerca de las sillerías españolas que está publicando don 
Pelayo Quintero. 

pamplona: ARQUETA DE LA CATEDRAL 

Se la cita al paso en los artículos «Puertas artísticas de monumentos es- 
pañoles» como una de las varias pruebas de las influencias islamitas en todo 
el desarrollo del arte español. 

Lleva el nombre de Agib y la fecha de la Egira, que reducida á los años 
de Jesucristo corresponde al 1005. 

Es de labor profusa y bastante delicada. Hay en ella representadas lu- 
chas de animales, combates de hombres contra fieras y escenas de cacerías. 
En otros recuadros se ven sentados personajes en medio de otros que los 
atienden respetuosamente. 

Puede calificársela de una joya de excepcional importancia, como otras 
varias que posee el privilegiado tesoro de la Catedral de Pamplona. 

TARA zona: interior y portada de la CATEDRAL 

Se sacaron estas fotografías con ocasión del viaje de nuestros compañe- 
ros á la ciudad aragonesa, y se publican como ilustración á la reseña escrita 
por el Sr. Pruneda. 

En Tarazona admiraron también los excursionistas los curiosísimos azu- 
lejos con cabeza de relieve que adornan la torre, y representan uno de los 
últimos períodos del arte de cerámica esmaltada que lució en tantos monu- 
mentos del país. 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 17 



126= = = = =^ = = = Bo/efin de la Sociedad Española de Excursiones. 

SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 

(Continuación.) 

San Francisco el Grande (Madrid).— T vea sillerías de distintas proceden- 
cias (1) se guardan en este suntuoso templo: uaa en el Coro (cuyo origen no 
se puede precisar), otra en el Presbiterio (procedente del Parral de Segovia) 
y la tercera en la sala Capitular (traída hace años de la Cartuja del Paular). 

Fué instalada la sillería del Coro cuando se terminó de pintar la bóveda 
del mismo; ocupa el espacio comprendido entre los dos órganos; sumando un 
totiil de 40 sitiales y una serie de otros tantos respaldares, mas otros cuatro 
tableros semejantes, correspondientes á los ángulos y que carecen de asiento. 
En cada uno de los tableros va tallada en bajo relieve una figura (de casi ta- 
maño natural) representando la imagen de algún santo ó santa. Sobre todos 
ellos, y adelantando hasta cubrir el saliente de los asientos, corre un dosel 
de traza ojival, formado por arcos canopiales, florenzados y calados y enci- 
ma crestería igualmente calada, con pináculos, florones y escuditos con atri- 
butos cristianos. Delante de las sillas corre un atril reclinatorio, en cuyo 
frente aparecen talladas escenas de la historia de David, cuya factura ar- 
tística indica una época muy posterior. 

Esta sillería fué restaurada y colocada donde hoy se ve, por el carpintero 
tallista Sr. Guirao, y como puede juzgarse en la fototipia, es una amalgama 
de elementos artísticos diversos, pertenecientes á épocas diferentes. 

Entre las imágenes talladas en los tableros están; un San Juan con el cor- 
dero, Jesucristo con globo y cruz, San Pedro, San Miguel, San Andrés, un 
santo con una gran cuchilla y un monstruo encadenado á sus pies, San Lo- 
renzo, otro Jesús, un santo desnudo y dos perros ó leones (2) lamiéndole los 
pies, otro SanPedi'o, santa con largas trenzas, otra con corona de espinas y 
unas tenazas en la mano, y hay una que bien pudiera ser Santa Teresa, pues 
viste ropa monjil, tiene en las manos un libro con un corazón y pisa un mons- 
truo; además tenemos varias, cuya correspondencia no es fácil adivinar, 
como las que representan un personaje con dalmática y birrete; guerrero con 
armadura, cota, venablo, mandoble y manto; hombre con turbante, larga tú- 
nica, escarcela y botas altas. Esta figura y la del personaje con dalmática 
no tienen nimbo como todas las demás, y por lo tanto, quizá en vez de san- 
tos representen patronos ó protectores, como sucede en el coro de San Benito 
de Valladolid. 

Observando detenidamente estas tallas se ven ciertos detalles propios del 
siglo XVI; pero su factura artística es más propia de un entallador mediano 
del XVII. 

Las separaciones de los tableros apoyadas sobre los brazales, así como los 
costados de éstos, son semejantes á los del Paular que hay en la sala Capitu- 
lar; pero la interpretación artística es mucho peor y muestra un artífice ó 
una época decadente que no sentían el estilo. Lo mismo sucede con las tallas 
que hay á los pies de cada figura, entre las cuales se ven animales, grupos 

(1) Hay otra más, pero sin tallas y muy moderna, 
(i) Pudiera significar el Profeta Daniel. 



BOL. DE LA SOC. E5F. DE EXCURSIONES 



/'.V. 




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Folotipia ae nuií^tf y .■. 



MADRID: SAN FRANCISCO EL GRANDE 
Lado derecho de la Sillería que está en el Coro 



-V 



BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 

m 




Fototipia de Hanser y Menet. — Madrid 



SILLERÍA DEL PAULAR 
Sala Capitular de San Francisco el Grande 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. == = = = = = = 127 

ornamentales, monstruos, atributos de la Pasión, los cuatro animales compa- 
ñeros de los Evangelistas, escudos heráldicos, etc., etc. Las tallas del recli- 
natorio acusan ya una fecha más dentro del siglo XVIII que del XVII. 

Si la imagen que indicamos como probable de Santa Teresa representa, 
como parece, á la ilustre escritora; enamorada de Jesús y venciendo á la he- 
rejía y á las pasiones, no puede ser anterior al siglo XVII, en que fué canoni- 
zada, y por tanto, la sillería sería obra, en su mayor parte, de dicha época, 
ejecutada por varios entalladores (probablemente monjes), sirviendo de mo- 
delo otra más antigua ó bien compuesta con trozos de varias sillerías unidos 
con otros nuevos. 

No son muy precisas las noticias que hemos podido recoger para aclarar 
este punto; por una parte resulta, que en la Iglesia de Santo Domingo el Real 
de Madrid existió una sillería construida en el reinado de Felipe ITT, com- 
puesta de 50 sillas con tableros en forma de hornacina con un cascarón en 
el cerramiento y arco de medio punto por el frente, apoyando en delgadas 
columnas y en el fondo pilastras correspondiendo con ellas. Terminaba (se- 
gún la descripción que de ella se hace en el Museo Español de Antigüedades) 
en un coronamiento calado interrumpido por agujas, enmedio de las cuales 
campeaba el escudo de Santo Domingo. Por esta descripción, podía tal sillería 
ser la misma que hoy vemos reformada en San Francisco, mucho más si se 
tiene presente que al derribarse Santo Domingo fué trasladada su sillería al 
Museo Arqueológico, y en dicho establecimiento no existe hoy resto alguno 
dá ella, pero sí un documento fechado en 1873, en que dice se llevaron 50 si- 
llas de coro á San Francisco el Grande; y como las del Parral, que están en 
el Presbiterio, son 30 y llegaron directamente de Segovia, se podría afirmar 
que las sillas que están en el Coro y las de Santo Domingo son las mismas; si 
uno de los empleados antiguos del hermoso templo madrileño no asegurara 
su procedencia del Paular; afirmación que no nos llega á convencer, pues re- 
sultarían tres sillerías las que había en la Cartuja, no debiendo ser más que 
dos; y siempre resultaría demasiado ostentosa para un coro de conversos, los 
cuales solían tener sillas más sencillas que los sacerdotes, como lo son las 
que hay en la sacristía procedentes de dicho Monasterio; en cambio es muy 
adecuada para un convento de dominicos protegidos por los Reyes y que llevó 
el título de Real. Por todo esto, creemos lo más probable que la sillería de 
que nos venimos ocupando es la de Santo Domingo, arreglada y recom- 
puesta con trozos antiguos, que le dieron el carácter extraño que actualmen- 
te tiene, acabando de transformarse al ser instalada donde hoy está, esco- 
giendo trozos entre restos amontonados de diversas procedencias, enlazados 
y completados sin el debido estudio y criterio artístico. 

Sillería del Paular. — Instalada en una pequeña sala, que llaman Capitu- 
lar (al lado de la sacristía), están los restos de la sillería que perteneció al 
coro de monjes profesos del Paular, en cuyos sitiales, respaldos y dosel, á 
pesar de que la mayoría de sus elementos son de arte plateresco, se nota un 
ambiente tal del período anterior, que claramente se ve la educación recibi- 
da por los maestros entalladores que la trabajaran. 

Se compone de 17 sitiales del tamaño corriente y dos mayores, indepen- 
dientes del resto de la sillería, destinados al prior y al preste oficiante (1). 

(l; Eü la .MUa cuiiN entual el celebrante ó préstele sentaba en l;i silla principal y la co- 
munidad avudaba la Misa á canto llano. 



128 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Estos dos tienen grandes doseletes ojivales, con calados, follajes, pináculos 
y demás elementos del período florido, siendo uno de ellos mucho mayor 
que el otro y su ornamentación más escogida. En el respaldo tiene un gran 
tablero con un grupo de figuras en relieve, representando el martirio de un 
monje (quizá refiriéndose al del Beato Landuino, bárbaramente martirizado 
por los herejes). Aparece la figura principal casi desnuda, pues no tiene 
más que un ligero paílo suelto; la cabeza es de fraile, con cerquillo, y las 
manos están amarradas por la espalda á una columna; junto á esta figura 
otras dos de hombres, con extraña indumentaria; le pasan por la espalda una 
especie de peines ó gradiUas con que le desgarran la piel. El carácter de 
esta talla es de marcada influencia del Norte, y en los trajes y tipos de los 
verdugos parece quiso el tallista representar gentes extranjeras (sin duda 
para significar á los herejes). Encima de este tablero hay otro con la imagen 
del Padre Eterno presentando á Jesús; es de grandes proporciones y tallada 
en medio relieve. 

El otro sitial suelto parece de época un poco posterior, y es de mucho me- 
nos mérito, pues los tableros del respaldo sólo están decorados con tallas or- 
namentales de motivos geométricos y vegetales, de arte ojival decadente. 

El resto de la sillería lo componen dos series de tableros: unos pequeños, 
con relieves de animales y figuras fantásticas, de carácter ojival la mayor 
parte, y otros grandes (separados entre sí por columnitas abalustradas), en 
los que aparecen talladas en bajo relieve imágenes de santos, todos presen- 
tados de pie y con la cabeza situada en el centro de la concha que forma la 
parte superior del tablero. 

Los santos representados, empezando desde la derecha de la puerta de 
entrada, son: la Virgen y el Niño; San José; San Pablo, en hábito de pere- 
grino, con cayado, rosario, libro y cuervo con el pan; San Jerónimo, con 
sombrero redondo, león á los pies y una iglesia en la mano izquierda; San 
Bruno (1); San Juan; santa con libro y pluma en la mano; San Agustín, vesti- 
do de Obispo y con un cisne á los pies; santa con palma y una saeta en la mano; 
San Ildefonso; otro santo con mitra é iglesia; San Antón, con libro, campa- 
nilla y cerdo; los cuatro Evangelistas; Santa Clara, fundadora, y otro (con 
un cáliz en la mano) que puede ser San Benito, abad. 

Cobijando todos estos sitiales corre un cornisamento formado por una gran 
escocia y un friso compuesto de tableros separados por ménsulas (uno por 
cada silla) ó modillones invertidos, molduras y crestería, decorado todo con 
profusión en estilo Renacimiento. 

Los brazales bajos tienen forma de voluta, y sobre los altos hay unos 
tableros decorados para separar las sillas unas de otras, según la costumbre 
de los Cartujos. 

Está trabajada la sillería en madera obscura, y no se tienen datos sobre 
quién fuera el artista ó artistas que en ella trabajaran. Juzgando por el arte 
y factura de sus labores, pertenece á los comienzos del siglo XVI, pudiendo 
ser muy bien obra del mismo Bartolomé Fernández que trabajó en el Parral, 
por la gran semejanza que existe entre sus tallas, sobre todo en los tableros 
grandes que representan imígenes de santos. 

(1) ' Nació San Bruno en Colonia, por el 1035, y se estableció con seis compañeros en un 
lugar de la diócesis de Grenoble (llamado Desierto de la Cartuja) en el año 1084, por la Na- 
tividad de San Juan Bautista. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = == 129 

En el año 1873 fué trasladada esta sillería al lugar donde hoy está, por 
iniciativa del Sr. Castelar, habiéndose traído desde el sitio llamado Cortijo de 
Santa María, partido judicial de Torrelavega, donde estuvo la célebre Car- 
tuja, fundada por Don Juan I, cumpliendo voto de su padre, que él hizo 
suyo (1). Hoy sólo quedan escasas ruinas de tan célebre Monasterio, prote- 
gido de los Reyes, siendo verdaderamente providencial el que se hayan con- 
servado sus sillerías. 

Silleria del Parral de Segovia. — Los sitiales de esta hermosa obra del Re- 
nacimiento español están repartidos hoy, entre el templo de San Francisco el 
Grande y el Museo Arqueológico Nacional. 

En el Presbiterio de la mencionada iglesia hay 26 sillas, que con 17 más de 
las del Museo, formaban el orden superior de los dos que componían la sille- 
ría del antiguo Convento de frailes Jerónimos del Parral. 

Entre las imágenes representadas en los tableros están: las de Santo Do- 
mingo, San Juan, San Pedro, San Miguel, y en el centro la del Salvador, con 
globo en una mano y bendiciendo con la otra. La imagen de Santo Domingo 
de Guzmán se presenta de frente vistiendo hábito monacal, la cabeza de perfil 
(con cerquillo) y mirando á un Crucifijo que coge con la mano derecha, en la 
izquierda tiene una pequeña iglesia y á los pies el perro con la antorcha (re- 
firiéndose al sueno que tuviera la madre del Santo antes de nacer éste). San 
Juan viste túnica y largo manto, tiene libro en una mano y en la otra una 
pluma, á su lado el Águila en pie teniendo en el pico un tintero. San Miguel 
está con grandes alas y manto, armadura á la romana, balanza en la mano 
izquierda y cruz en la derecha; con los pies aplasta á un monstruo. La de San 
Pedro con largos ropajes, libro en la mano izquierda y llave grande en la 
derecha. 

Este grupo de sillas debió formar el centro del Coro, porque además de la 
significación de los personajes representados, el cornisamento ó dosel corrido 
que las cobija (y que lo mismo que en las del Museo está formado por grupos 
simétricos correspondientes á cada asiento) tiene sobre las figuritas tenantes 
de la crestería un pequeño frontón triangular, en cuyo tímpano se destaca la 
representación del Eterno bendiciendo con las dos manos. 

La parte más interesante es la instalada en el Museo Arqueológico, en 
igual forma que si estuviera en un coro. En la segunda fila están las 17 sillas 
altas que completan las de San Francisco, y ocho de las bajas^ cuatro á cada 
lado. Delante de ellas se hallan las restantes bajas que son 20, y una corrida, 
en forma de banco, que ocupa ellugar de tres. 

La madera en que está construida es el nogal; y según parece es obra de 

(1) El año 1390 tomaron los monjes posesión del lugar, y en los de 1433 á 1440 se edificó 
la iglesia principal. 

Las Cartujas en España datan de sesenta años después de la muerte de San Bruno (6 de 
Octubre de UOl), en que una colonia de monjes fundó en Cataluña la Cartuja Scala-Dei, en 
la Sierra de Prades (1163). Después se fundó la de San Pablo de la Marina, y luego la de 
Montealegre, junto á Tarragona, 13l4. En Valencia existieron las de Porta-Coeli (1272), Val- 
de-Christo (1385) y Ara-Christi (1585). En Aragón, LasFaentes (1507), Aula-Dei (1563) y la 
Concepción (1639). En Castilla, Miraflores (1442), Paular (139U) y Sa7ita María de Ama- 
go (1441). Y en Andalucía, Las Cuevas de Sevilla (1400), Cazalla (1490), Jerez (1476) y Gra- 
nada (1515). 

De todas ellas la de Miraflores es la mejor conservada y la única habitada en el día por 
monjes de la Orden, aun cuando no pertenezcan á la Comunidad española que se extinguió. 



130 = = = -^-^ = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Bartolomé Fernández de Segovia, que la hizo por el año 1526 en la cantidad 
de 300.000 mrs. con destino al convento de Jerónimos de Santa María délos 
Huertos ó del Parral de Segovia (1). 

Las sillas altas, del tipo de las de San Benito de Valladolid, son iguales á 
las ya descritas; las tallas, no de mucho relieve y regularmente ejecutadas. 
Las hornacinas quedan separadas entre sí por pilastras que sostienen el guar- 
dapolvo ó dosel, cuyo frente lo forma un cornisamento sostenido por colum- 
nas abalustradas que apoyan en los brazales. Remata el conjunto una creste- 
ría calada, compuesta de grupos de figuras tenantes, macetones y escudos 
con las hojas de parra atributo del Monasterio. El friso está decorado con 
una serie de cabecitas aladas y simétricas. 

Entre los santos representados estín: San Frutos, San Roque, San Sebas- 
tián, San Antón, San Esteban, San Buenaventura, San Agustín, San Lorenzo, 
Santa María Magdalena, vSanta Águeda, Santa Inés, y en el centro Santa Ana 
con la Virgen en los brazos. 

Las sillas bajas tienen sobre los respaldares tableros tallados con asuntos 
tomados del Apocalipsis de San Juan y sobre los cuales corre un atril deco- 
rado por la parte inferior con grandes cabezas aladas. 

- Aun cuando la descripción de los asuntos de dichos tableros sea un poco 
monótona la hacemos á continuación, para que pueda servir de guía á quien 
visite en el Museo tan curioso ejemplar de la talla española. 

Tablero primero, empezando por la derecha conforme se da frente á la si- 
Ue7'ia. — En el centro figura de Jesús, sentada en un Trono con dosel ojival; 
actitud de dirigir la palabra á doce ancianos que están á los lados sentados 
en grandes sillones. La imagen que representa á Jesús viste largo manto que 
le cae sobre el brazo izquierdo y tiene abierto un libro apoyado en el asien- 
to. Debajo del Trono (como saliendo de la tierra) se ven varias cabezas, dos 
de fraile y una de mujer; dos tienen delante libros abiertos (representando las 
conciencias) versículo 12. 

Este relieve se refiere al versículo 4°, cap. XX, que dice: Luego vi unos 
monstruos, y varios personajes que se sentaron y se les dio potestad para juz- 
ga7'; y vi las ánimas de los que habían sido degollados por la confesión de Jesús, 
y por la palahra de Dios, y los que no adoraron á la bestia, ni á su imagen, ni 
recibieron su marca en las frentes, ni en las manos, que vivieron y reinaron con 
Cristo mil años 

Tablero 2° — Ciudad murada, entre cuyas almenas salen varias cabezas 
humanas con distintos tocados. La puerta de la muralla tiene rastrillo, y so- 
bre ella dirigen sus tiros unos guerreros armados de arcabuces y arcos con 
flechas. A un lado monstruo con cuerpo de hombre. 

En este tablero nos quiso presentar el entallador, sin duda alguna, la 
ciudad de Jerusalén con los justos, dentro; y fuera el demonio dirigiendo 
sus ataques sobre ella (caj). XXI). 

Tablero 5'.° — Ciudad fortificada que representa á Babilonia; á las puertas 
se ve una figura de Ángel (de proporciones extraordinarias) que lleva una 
gran llave (la del abismo) y una cadena, con la que sujeta á un monstruo (Sa- 

(1) Primeramente fué Monasterio de premostratenses, y en 1447 se estableció en él la 
Orden Jerónima, nacida en l-iTO, cuyo primer monasterio fué el de iLupiana (Guadalajara). 
El primer Capitulo se celebró en Guadalupe, presidido por dos cartujos españoles. La regla 
es la de San Agustín. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. ==:=: = ^ = = =: 131 

tanas), al que según el versículo 23, cap. XX, encadenó y encerró por mil años 
para que no anduviera engañando á las gentes. 

Sobre unos peñascos aparecen dos figuritas, que son las de San Juan y la 
del Ángel; éste señala con la mano en dirección de la ciudad (llamada por 
San Juan, La gi^an ramera), 

Tablero 4."— Representa el versículo 6.% cap. VI, que dice: Vi un caballo 
pálido y macilento... Y en efecto, vemos en él un escuálido rocín, sobre el que 
cabalga un esqueleto con guadaña, atrepellando en su fantástica carrera á 
dos mujeres y á un hombre, pero sin descargar golpes sobre ellos (conforme 
á la letra de los versículos). A un lado monstruo, de cuyas fauces salen ca- 
bezas humanas (representa el infierno). Al lado opuesto figura de San Juan. 

Tablero o."— Tres guerreíos^ jinetes en extraños corceles que arrojan lla- 
mas por la boca; marchan al galope y parece van á atropcllar á un hombre 
de apacible semblante que, vestido con larga túnica, está sentado en el suelo 
escribiendo sobre un libro que apoya en las rodillas. Representa á San Juan 
escribiendo el versículo 11, cap. IX, referente á las misteriosas señales que 
iban apareciendo, según sonara la quinta y sexta trompeta; dice así: Y los 
jinetes vestían corazas como de fuego y de color de jacinto ó cárdenas, y de azu- 
frey y las cabezas de los caballos eran como de leones, y de su boca salía fuego, 
humo y azufre. 

Tablero 6 " — En el centro, sobre una especie de pulpito, figura represen- 
tando á Cristo dando la señal á un Ángel que toca larga trompeta. En el cen- 
tro figura de San Juan con el libro; en el fondo dos ángeles con espadas, y 
entre éstos y la del santo un grupo de hombres con espadas. Refiérese al vei-- 
sículo en que dice que los hombres se matarían unos á otros. 

Tablero 7." — Dice el cap. IX que cuando el quinto Ángel tocó la trompeta 
vio San Juan una estrella caída en el suelo; y se le dio la llave del pozo del 
abismo, del cual salió mucho humo y langostas que parecían caballos enjae- 
zados para la batalla con cabeza de hombre, largos cabellos, coronas y cora- 
zas haciendo grande estruendo con las ala». 

Fielmente aparece representado todo esto por el artista; en lo alto el Sol 
y la Luna, en un lado el Ángel tocando la trompeta (vistiendo dalmática), y 
á sus pies brocal de pozo, llave y estrella y delante cuatro monstruos tal 
como aparecen descritos, marchan al galope y parece van a pisar la figura 
del Santo, que sentado en el suelo los contempla. 

Tablero 6'." — Ángel exterminador toca la trompeta, á cuyo sonido, según 
el cap. VIII, enrojecieron el Sol y la Luna, cayó sobre la tierra una gran estre- 
lla ardiendo como tea, se formó una gran tempestad, etc., etc., mientras una 
gran águila, lanzando grandes gritos, iba chillando: ¡Ay, ay, ay! (represen- 
tación de Luzbel). 

Todo esto aparece en el tablero, presentado de un modo ingenuo; el Sol y 
la Luna tienen cara humana con expresión de ira, la nube está retorcida 
(para expresar la tempestad), el águila lleva una tenia en el pico y en ella 
escrita la exclamación de queja; en las revueltas aguas se ven gentes aho- 
gadas y dos naves medio destruidas, y en una especie de gruta confuso mon- 
tón de hombres. 

Tablero 5." — Figura del Salvador con cetro y libro; debajo y á los lados 
las siete lámparas y los cuatro extraños animales de que se habla en el capi- 
tulo IV, versículos 6, 7 y 8. En la parte inferior seis cabezas coronadas, re- 



132 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

presentando quizá á los 24 ancianos, con coronas de oro; cuyo número no 
pudo completar el entallador por falta de espacio para ello. En el ángulo de 
la derecha, la fígura de San Juan escribiendo en el libro. 

Tablero 10. — La imagen de San Juan (desterrado en la isla de Patmos); 
aparece sentado en el suelo escribiendo sobre un libro que tiene en las rodi- 
llas; delante un árbol con frutos, y llenando todo el campo del tablero siete 
pequeñas iglesias con sus espadañas y su Ángel custodio á la puerta, en re- 
presentación de las siete iglesias del Asia menor y de los siete dones del Es- 
píritu Santo. 

Tablero 11. — En el centro la figura de Jesús con largos ropajes ceñidos 
con faja (ver. 13, cap. I), bendice con dos dedos; á su derecha siete estre- 
llitas (símbolo de los Obispos de las siete iglesias); al otro lado espada de dos 
filos (representación de la palabra de Dios {ver. 16). Alrededor de dicha 
imagen hay siete candeleros luciendo y sobre uno de ellos apoya la figura. 
A los lados se ven cuatro iglesias con sus espadañas, colocadas simétrica- 
mente una encima de otra, refiriéndose á las cuatro iglesias primeras de 
Epheso, Smyrna, Pérgamo y Thijatira. 

Tablero 12. — (Es el primero de los tres que forman el respaldo del banco 
central). Represéntase á Cristo con el Cordero y eriibro; á los lados el lirio 
y la espada, símbolos de la pureza y fuerza de la palabra divina, y alrede- 
dor los siete ángeles con las trompetas que habían de sonar conforme se fue- 
ran rompiendo los sellos del libro. En un ángulo San Juan con el libro. 

Tablero 13. — (Centro del banco). Vemos en él el Cordero de Dios con los 
atributos de los Evangelistas (cap. XIV) y varios ángeles con palmas (alude 
á la predicación del Evangelio). Debajo de este grupo, separado por una re- 
torcida nube, se ve otro de varias figuras, entre las cuales una arrodillada 
recoge palma que le entrega otra que está de pie y en actitud de bendecir 
(cap. VII, ver. 9). 

Tablero 14. — (Tercero del banco). En el centro figura de un Ángel seña- 
lando en la frente á varios personajes que están arrodillados. Representa el 
Ángel encargado de señalar los siervos de Dios que habían de salvarse {ca- 
pitulo Vil). A un lado la figura de San Juan, y todo el grupo envuelto por una 
nube en forma de serpentina, que lo separa de otro formado por cuatro án- 
geles que sostienen otras tantas caretas ó mascarones. El significado de esto 
son ios cuatro ángeles exterminadores sujetando á los cuatro vientos que 
habían de soltar sobre la tierra. 

Correspondiendo á estos tres tableros hay otros tres inferiores de iguales 
proporciones, en los cuales hay relieves ornamentales de estilo plateresco, 
con figuras el del centro y sin ellas los laterales. El asunto ó tema desarro- 
llado en el central, es el pecado original; siendo la composición de una gran 
simplicidad y monotonía, basada toda ella en la línea vertical. 

Tablero 15. — Representa este relieve un paisaje de espléndida y curiosa 
vegetación, y en el centro aparece volando un Ángel de grandes dimensio- 
nes llevando una cinta y en ella (escrita en color negro) la leyenda: QVOD: 
VIOES : SCRIBE : IN : LIBRO : » Cinta que presenta ante la figura orante de 
San Juan. Esta composición debe referirse al cap. X, ver. 4, en que dice el 
Santo, oyó una gran voz que le decía: tíella ó reserva en tu mente las cosas 
que hablaron los siete truenos; y no las escribas. 

Tablero 16. — Ante una puerta fortificada hay tres personajes: el del cen- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = — = — — — — = 133 

tro con capa, otro tiene espada y una gran escarcela, y el tercero, que viste 
corto sayal, conduce atada á una mujer pasando sobre un tablón que une 
la tierra con la cubierta de un bajel de dos palos á cuyo bordo están tres 
hombres, uno de los cuales ayuda á pasar á la mujer, mientras los otros dos 
observan. 

Este relieve es muy interesante por los detalles de indumentaria; está 
bien compuesto y parece ser símbolo de la destrucción de Babilonia (capi- 
tulo XV ni) y de las relaciones comerciales que esta ciudad sostuvo con di- 
versos países. 

Tahlero 17 . — Un simbolismo semejante al del tablero anterior vemos en 
este relieve: Babilonia destruida por el fuego como castigo de sus muchos 
pecados y liviandades, aparece representada por una mujer desnuda que está 
dentro de una caldera de aceite hirviendo (castigo que en la Edad Media so- 
lía darse á las brujas en algunos países), un hombre sopla con grandes fue- 
lles para avivar la llama y otro con un cazo vierte sobre la mujer parte del 
líquido de la caldera. A un lado, sentado en trono, una figura de hombre con 
larga barba, cetro y collar, vistiendo amplia toga y duendo la cabeza con 
turbante. A su lado hay otra figura de hombre de menor tamaño envuelto en 
una capa. Parecen, por su actitud, el juez que ordena la pena y el secretario. 
En la parte alta del relieve asoman cuatro figuras de hombre, dentro de 
un marco, con diferente traje cada uno; representan á los comerciantes v 
personajes que comerciaron y vivieron en Babilonia, y contemplan su casti- 
go (versículos 8, 9 y 11). 

Los trajes son los propios del siglo XVI, y recuerdan los de los alemanes. 
Este relieve y el anterior parece de mano diferente, pues las dos figuras 
son mejor proporcionadas, de más expresión, las composiciones estudiadas, y 
el asunto está expresado simbólicamente, en vez de copiarle fielmente del 
texto de San Juan, como sucede con todos los demás, en los que se aprecia 
la mano de un artista ingenuo y que ha visto poco. 

Tablero 18. — Represéntase la señal misteriosa referida en el cap. VI, ver- 
sículo 9, que dice: Abierto el quinto sello, vi debajo ó al pie del altar las almas 
de los que fueron muertos por la palabra de Dios y por ratificar su testimonio. 
San Juan con su libro está sentado, con una larga cinta en la mano, en la 
que aparece muy borrosa una inscripción. Puede apreciarse la palabra 
VITES, y debe referirse á las que las almas de los muertos dirigían al Señor. 
Encima de la figura de San Juan hay dos árboles, y delante está el altar 
(que parece descubrir un ángel), dentro del cual se ven seis figurillas desnu- 
das en actitud de súplica. A los lados del altar dos ángeles levántanse 
la túnica, bajo la cual dejan ver otras dos figurillas semejantes á las del 
altar. 

Tablero 19. — Abierto el tercer sello oí al tercer animal que decía: — Ven y 
verás. — Y vi á un caballo negro: y el que lo montaba tenia una balanza en su 
mano, y oí una voz en medio de los cuatro animales que decía: — Dos libras de 
trigo valdrán un denario, y seis libras de cebada á denario también, mas el 
vino y el aceite, no hagas daño. (Cap. VI, versículos 5 y 6). 

Aparece todo esto representado en el relieve del modo siguiente: la figura 
de San Juan á un lado; delante el animal que tiene forma parecida á un toro; 
encima varios sacos de trigo, y en el lado opuesto caballo galopando con jine- 
te que lleva en alto una balanza. 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 18 



134 = —= — = — — = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Tablero 20. — San Juan, y delante de él extraño animal parecido aun 
león. El Santo está sentado y señala con el dedo á un jinete sobre caballo 
que galopa. El caballero no lleva armadura, pero si larga espada que apoya 
en el hombro. Encima de la roca que oculta al Santo, un hombre pincha en 
un ojo á otro que se defiende 

T>ÍQ,Q,i\\os versiculos 3.^ y 4.'^, cap. IV: Y como hubiese abierto el segundo 
sello, oí al segundo animal, que decía: — Ven y verás. 

Y salió otro caballo be^'mejo; y al que lo montaba se le concedió el poder 
desterrar la paz de la tierra y de hacer que los hombres se matasen los unos á 
los otros, y asi se le dio una gran espada. 

Tablero 21. — Refiérese éste al cap. VI, en que trata de las señales miste- 
riosas que fué viendo el Apóstol, conforme iba el Cordero abriendo los seis 
primeros sellos. 

Aparece en primer lugar la figura que representa á San Juan y delante 
otra de joven con largos ropajes y alas extendidas, que toca con una mano 
la cara del Santo y con la otra señala á un jinete sobre caballo marchando 
al galope. El caballero lleva corona imperial, viste larga túnica y va armado 
con arco y ñechas. 

Versículos 1.° y 2.°: Yoi al primero de los cuatro animales, que decía con 
voz de trueno: — Ven y verás. 

Yo miré; y he ahí un caballo blanco, y el que lo montaba tenía un arco, y 
diósele una corona y salió victorioso para continuar las victorias. 

'Tablero 22. — El Sol y la Luna, con caras de triste expresión, unidos y me- 
dio cubiertos por serpenteante nube. Ingenuo modo de representar las pala- 
bras del versículo 12: Y el sol .'ie puso negro como saco de cilicio ó de cerda, y 
la luna se volvió tan bermeja como sangre. 

Pelayo quintero. 

(Continuará.) 




I 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 135 



)SÍot¡cias Arqueológicas y Artísticas. ^^ 



Templo prerománico próximo á Berlanga. 

En Casillas (provincia ele Soria) y cerca de Berlanga, se ha encontrado 
un templo de singularísima estructura con unas pinturas murales anteriores 
al siglo XII, en opinión de las competentes personas que las han estudiado. 

D. José Ramón Mélida dio cuenta del hallazgo en una de las últimas se- 
siones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la forma 
expresiva y clara que él sabe emplear, llevando el convencimiento al ánimo 
de todos los señores Académicos de que se trataba de un asunto de excepcio- 
nal importancia. 

D. Juan Catalina Garcia habló también del mismo asunto en la Comisión 
Central de Monumentos, anunciando una moción, que la citada Comisión hará 
suya, pidiendo al Gobierno que declare nacional el citado monumento. 

Los Sres. D. José Ramón Mélida y D. Manuel Anibal Alvarez han prome- 
tido un trabajo descriptivo y de análisis para que se publiquen en nuestro 
Boletín con las correspondientes ilustraciones. 



Pinturas murales en Maderuelos. 

En una ermita de Maderuelos (provincia de Segovia) existen unas pinturas 
murales que debieron ser hechas en el siglo XIII, á juzgar por lo poco que 
puede verse en unas fotografías medio borrosas, y por la siguiente descripción 
debida al único investigador que las ha estudiado, D. Pedro Mata y Alvaro, 
tan inteligente como modesto: 

«La ermita está orientada, mirando el ábside, al N. E. El ábside ó presbi- 
terio es de planta cuadrada, de unos cinco metros de lado y de igual altura 
de la planta á la bóveda. Los lados N. y S. están unidos por bóveda. 

^Entrando en el presbiterio está, de frente y sobre lo que era altar, una 
saetera, y sobre ella, hasta el techo, una cruz de estilo bizantino, que en el 
centro tiene un medallón sostenido por Ángeles: en el centro del medallón la 
figura de un cordero blanco de pie con nimbo y á los lados de la cruz dos 
pinturas: en el de la derecha una figura arrodillada que parece ofrecer un 
corderino; en el de la izquierda de la cruz otra arrodillada también que ofrece 
algo que no es distinguido; en ambas figuras la cabeza echada hacia atrás 
casi formando ángulo recto con el cuerpo y el calzado parece del siglo XIII. 
Á los lados de la ventana saetera, en el de la derecha, una figura sentada que 
con las manos coge una trenza de su pelo, y tiene sobre las rodillas una es- 
pecie de haz que forman dos pies que atraviesan unidos por los metatarsos. 
La cabeza la tiene inclinada y sobre ella hay un Ángel que con su mano de- 
recha está señalando dicha cabeza y con la izquierda indicando á otra figura 



136 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

que representa al Padre Eterno, con nimbo y en actitud de bendecir á la 
primera. Á la izquierda de la saetera el espacio está dividido (formando dos 
cuadros) por una columna sobre la cual corre un almenado: el primero de lo?^ 
cuadros es el de la Virgen con el Niño y el segundo el Padre Eterno sin 
duda, con corona y en actitud de presentar á la Virgen. 

»E1 arco que forma la bóveda arranca próximamente á tres metros de al- 
tura. Del arranque á abajo, en los muros, hay seis figuras á cada lado con 
nimbo, unas encarnado y otras amarillo. La mayor parte de ellas con barba y 
cabellera rizada, con un libro en la mano izquierda y la derecha elevada á 
la altura de los pechos con dos dedos ó con toda la mano abierta. 

»En el centro de la bóveda una elipse apuntada con la figura de Jesucristo 
con ropaje, cuya franja es estilo bizantino, con un libro abierto en la mano 
izquierda y la derecha alzada con dos dedos abiertos; barba y cabellera 
rizada. 

»A1 lado izquierdo de la bóveda, en el ángulo O. N. E., un Ángel con ca- 
beza de toro y presentando un cartucho; sigue un Ángel con un rollo en la 
mano izquierda. 

»Á éste, en el centro, un querubín, del cual sólo se ven cara, manos y pies; 
lo demás son dos alas, la de la derecha sobre la de la izquierda, además de las 
otras dos alas. En alas, pies y manos muchos ojos y conteniendo con cada 
mano un incensario. Á éste sigue otro Ángel con cabeza de gato sin orejas 
presentando un cartucho y á éste una figura de Santa en actitud parecida á 
la de Santa Eulalia de la Capilla del Cristo de la Luz, pero sin flor en la 
mano derecha, la cual tiene la actitud que los demás Santos; en el arranque 
frontero, ángulo N. E. E., un Ángel con cabeza de perro y nimbo encarnado 
presentando un cartucho: sigue otro Ángel con rollo en la mano izquierda á 
la altura del cuadro y la derecha sosteniendo el ala; sigue otro querubín igual, 
al que le hace frente luego otro Ángel con libro cerrado en la mano izquier-* 
da y con la derecha indicando al libro, y por último, una figura de monje, 
un Obispo con tonsura, barba y cabellera blanca rizada, orejas á la altura 
de las sienes y nimbo encarnado. 

»Frente al lienzo del altar mayor, sobre el arco de ingreso al presbiterio, 
pero dentro de éste, á un lado Adán y Eva en el Paraíso y al otro una figura 
que parece también de Adán, arrodillada, y á quien coge de la mano izquierda 
el Padre Eterno que con su derecha no sé si le bbndice ó le indica el castigo. 
Las figuras de Adán y Eva con cabellera rubia, y aquel con igual barba, pero 
ni la barba ni las cabelleras son rizadas. El Padre Eterno aquí tiene además 
de nimbo una cenefa ó anillo que le bordea. Ambos tienen el vientre de frente 
y los muslos y las costillas señalados á la manera ó con reminiscencias de 
los dibujos egipcios. En muchas de las figuras los pies en el mismo plano 
pero dibujadas como un rectángulo, viéndose los cinco dedos de frente. 

«Entre la elipse de la bóveda y los cuadros fronteros á los cuatro ángulos 
cuatro ángeles que parece sostener aquella. 

»Las cabelleras de muchas de esas figuras están no sólo rizadas y cayen- 
do cuatro ó seis rizos sobre la frente^ sino cortadas á la altura de la nariz. 
En el lienzo del altar mayor y en su frontero, á la altura del arranque de la 
bóveda, una cenefa en ángulos obtusos y sobre ella otra ondulada que sirve 
de piso á las figuras del lado de la cruz. Entre figura y figura de las de los 
muros laterales, lo mismo que entre las dos del lado izquierdo de la saetera, 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 137 

una columna de base y capitel cuadrados, estriada en forma salomónica, y 
sobre su capitel una especie de torre en forma de cápsula y uniendo las to- 
rres á la altura de las cabezas de las figuras un almenado ó muralla. 

»En el ángulo N. N. E., bajo el serafín de cabeza de toro, en el lienzo de 
la pared bajo el arranque de la bóveda, se ven tres ó cuatro caras juntas 
bien dibujadas, pero no los cuerpos, y cortando por la frente una línea recta 
que sirve de base á un campo en el que se ve una muralla. 

«Todas las figuras de los muros laterales parece que están sentadas, 

»De las diez figuras que hay en los dos lados del arranque de la bóveda, 
las centrales de cada lado tienen cuatro alas, dos de ellas cubriendo el cuer- 
po, y de las otras ocho dos no tienen alas, cuales son las inmediatas al arco 
de ingreso, ó sean el Santo ú Obispo de la derecha al ingresar y su corres- 
pondiente de la izquierda^ ó sea la Santa que recuerda á la Santa Eulalia de 
Toledo. 

»En esta última y el Cristo de la bóveda el nimbo es negro y en la del 
Cristo está pintada una cruz blanca.» 

El singular monumento es hoy propiedad de un molinero que no compren- 
de el tesoro que aquellos dibujos representan ni la importancia que tienen 
para la historia del arte patrio. Toda la nave de la ermita está ya destecha- 
da; el arco de ingreso al presbiterio^ que es donde se ven las pinturas, se está 
agrietando, y si no se pone por alguien pronto remedio se perderá en breve el 
precioso documento, quizá insustituible, como se han perdido tantos otros. 

Las puertas del retablo de la Catedral de Valencia. 

La cuestión llamada de los primitivos españoles está despertando vivo in- 
terés en los investigadores nacionales y extranjeros. 

Entre los muchos trabajos que se publican para adelantar en tan notables 
estudios, merece citarse la Memoria que acaba de dar á luz M. Emile Bertaux, 
como tirada aparte de los artículos publicados en la Gazette de Beaux Arts y 
como resumen y análisis á la vez de los descubrimientos hechos por D. Roque 
Chabás y otros eruditos españoles. 

En ella se pone de relieve la personalidad de dos pintores nacidos en la 
Mancha, entre Ciudad Real y Alcázar de San Juan; uno de ellos. Ferrando 
de Llanos, imitador de las inspiraciones italianas; el otro, Ferrando Yáñez 
de la Almedina, lleno de personalidad, digno de ser considerado como el pre- 
cursor de los pintores del siglo XX, que en toda España han vuelto á las tra- 
diciones más robustas de su arte nacional. 

Analizando los documentos que fijan la paternidad de las pinturas de las 
puertas del retablo de la Catedral de Valencia, que habían pasado siempre 
por un producto extranjero, dice Emile Bertaux: 

«Les peintures léonardesques des volets du retable sont-elles de méme 
l'oeuvre d'italiens? Les érudits espagnols l'ont cru jusqu'á la fin du XIX« sié- 
cle, sur la foi d'un témoignage authentique, connu des 1738 et depuis lors 
mal interpreté. 

*I1 est certain qu'en 147-2, trois ans aprés l'incendie qui avait détruit 
1 anclen retable, le chapitre et larchevéque, qui n'était autre que le car- 
dinal Rodrigo de Borgia, plus tard Alexandre VI, passérent un contrat avec 



138 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

«deux maitres peintres florentina». De ees deiix «Florentins», Tiin était un 
napolitain, Francesco Pagano; l'autre, un lorabard des environs de Reggio, 
Paolo da San Leocadio. Aucun d'eux n'eut ni ne pouvait avoir part aux 
peintures du retable. Comment se seraiént-ils inspires des figures deLéonard 
et de celles-la mémes que le maítre peignit dans sa pleine maturité, eux qui 
avaient quitté l'Italie alors que le fils de Ser Piero da Vinci venait á peine 
d'entrer dans la hottega de Verrocchio? 

»La découverte du document auttientique du 28 Juillet 1472 a expliqué et 
dissipé le malentendu. Les deux italiens y sont designes, dans une curíense 
périphrase latine comme des peintres al fresco: <^pictores super recenti et ?iu- 
mefacta pictura». C'est á fresque, «suivant la pratique et usance d'Italie», 
qu'ils sont chargés de peindre, non point les volets d'un retable dont le corps 
méme n'était pas commencé á leur arrivée, mais la voüte du choeur, que 
l'incendie de 1469 avait noircie et dégradée. Les fresques des deux italiens 
ont péri longtemps avant le retable d'argent; elles avaient disparu des 1682, 
sous les stucs qui défigurérent Téglise gothique. C'est seulement dans les 
premieres annóes du XVP siócle que Paolo da San Leocadio, qui était resté 
á Valence, ou y était revenu, peignit á Tliuile des retables entiers, qui seront 
étudiés prochainement et reproduits en partie ici méme; aucun de ees ouvra- 
ges n'était destiné á la cathédrale dont il avait decoré les voütes. 

j>En publiant le contrat de 1472 relatif aux fresques, D. Roque Chabás 
enlevait á Francesco Pagano et á Paolo da San Leocadio un honneur usurpé; 
en faisant suivre ce premier document d'un second, le contrat méme passé 
avec les peintres du retable, il a rendu cet honneur á ceux qui l'avaient 
mérité . 

»Les bas-reliefs d'argent étaient achevés et fixés au mur de pierre, lorsque 
le chapitre s'occupa des volets destines á les proteger. En 1506, le charpen- 
tier Caries fut chargé de dresser les panneaux. Le 1®*" Mars 1507, deux pein- 
tres s'engagérent par contrat a les décorer. lis s'appelaient Ferrando de 
Llanos et Ferrando de l'Almedina. Les bougardes dont ils portent le nom se 
trouvent situées á quelqaes milles Tune de l'autre, sur le haut platean de la 
Manche, entre Ciudad Real et Alcázar de San Juan. 

»Les raaítres mystérieux qui ont revelé á Valence le sourire des femmes 
de Léonard sont deux castillans du pays de Don Quichotte.» 

Este estudio es un trabajo serio y que merece leerse con detenimiento. 



Museo de escultura española. 

La creación de un Museo ó, por lo menos, de unas salas de escultura es- 
pañola de los diferentes períodos, es de absoluta necesidad. 

El que se dedica á la pintura tiene medios, si no completos, bastante 
extensos de seguir la evolución de su arte en nuestro país, de ver las dificul- 
tades que se han ido venciendo en cada época, de adivinar las causas de la 
decadencia en determinados momentos y de los vigorosos progresos en otros, 
de enterarse de la forma en que se han traducido aquí las influencias de las 
grandes escuelas extranjeras. 

El alumno de escultura tiene sólo ante su vista los modelos de la perfecta 
belleza clásica, la traducción más ó menos fiel del espíritu que los animaba 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 139 

en el período del Renacimiento y las creaciones modernas hechas con mucho 
mayor esfuerzo y no siempre con el acierto con que se hubiera marchado á 
una renovación con sentido de actualidad y alma española, si la educación 
de los jóvenes fuera más amplia y más completa. 

Poner á la disposición de éstos, bien instaladas y ordenadas, en locales á 
propósito, reproducciones de imágenes medioevales; efigies del periodo alfon- 
8i; esculturas de los fines del siglo XV^ con que Gil de Siloe y otros prepara- 
ban el vigoroso despertar de nuestra genialidad; obras de Berruguete, de 
Gregorio Hernández, de Juni, de los escultores que les sucedieron en el si- 
glo XVII; de las importantes creaciones de Montañés, de Salcillo, etcétera, 
etcétera, reunir todo esto en un cuadro es mostrarle el camino que la fecun- 
didad genial ha seguido, con inevitables caídas de cuando en cuando, y pre- 
pararles sólidamente para la transformación necesaria en los tiempos mo- 
-dernos. 

La creación del susodicho Museo fué propuesta y defendida en la Memoria 
de Secretaría, leída en la solemne distribución de premios que celebró la Real 
Academia de Bellas Artes de San Fernando en el mes de Febrero del corrien- 
te año. En una de las próximas sesiones de este Cuerpo artístico será presen- 
tada una moción en el mismo sentido, y luego de elevada á la Superioridad 
se harán cuantas gestiones sean necesarias para lograr el éxito de tan útil 
empresa. 

Excavaciones en las proximidades de Santa María 

de Huerta. 

El Sr. Marqués de Cerralbo ha emprendido unas extensas excavaciones 
en terrenos colocados entre su posesión de Santa María de Huerta y el pueblo 
de Monreal, llevado de su ardiente amor al arte y á la historia patria, tradu- 
cido siempre en hechos beneficiosos. 

Ha encontrado ya los restos de una ciudad ibera, los fundamentos de un 
Castro romano y otros indicios de poblaciones. 

De entre las ruinas se han sacado restos de objetos de cerámica, muy des- 
trozados desgraciadamente, y un magnífico capitel clásico. 

En uno de los próximos números daremos cuenta más en extenso y con 
mayor precisión de estos trabajos, destinados quizá á completar las acerta- 
das investigaciones que se están practicando en Numancia. 



Descubrimientos en Carmona. 

Han sido varios los hechos en los últimos meses. Se han hallado las bases 
de las columnas que completaban un recinto del que sólo se había visto una 
parte de su fondo monolítico; se ha encontrado un nuevo y curioso sepulcro; 
se ha podido fijar el carácter de un antiguo é interesante templo, entre otros 
varios trabajos. 

El Sr. D. Adolfo F. Casanova fué comisionado para estudiarlos por la 
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en una de las últimas se- 
siones celebradas por ésta describió minuciosamente los resultados de las 
nuevas investigaciones con su reconocida competencia. 



140 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Dicho señor nos ha prometido un artículo para el Boletín, y en él podrán 
enterarse detenidamente nuestros consocios de los curiosos datos recogidos 
para la historia del arte español. 

Otros estudios de Emile Bertaux. 

En la Revue de VArt ha publicado también M. Bertaux interesantes inves- 
tigaciones sobre otros pintores primitivos españoles. 

En la primera analiza la personalidad del pintor cordobés, autor de la 
Piedad de Barcelona, y señala todas las obras importantes atribuidas á otros 
que deben devolvérsele como indiscutiblemente producidas por su genio. 

En los dos artículos dedicados á «Los discípulos de Juan Van Eyck en el 
reino de Aragón» borra por el contrario el nombre de Luis Dalmau, el autor 
del cuadro délos Concelleres de Barcelona ante la Virgen, de los muchos en 
que se le habia puesto sin fundamento alguno, demuestra que éstos son la 
expresión de una pintura clásicamente catalana y española, y fijando por 
contraste la personalidad de Dalmau, dice: 

«La única obra de Dalmau que merece un lugar en la historia del arte es, 
hasta aquí, el retablo firmado por él. En cuanto á la influencia del discípulo 
de Juan Van Eyck sobre la pintura catalana, ha sido nula. Los mismos que 
han imitado la Virgen de los Conselleres, como el pintor anónimo que ha agru- 
pado los ángeles músicos alrededor del trono de María, sobre una tabla que 
posee en Barcelona la señora viuda de Ríus y Badía, se han acordado de la 
composición, pero no del estilo. Permanecen catalanes puros.» 



SECCIÓN OFICIAL 



Domingo 17 de Noviembre. 



Visita á una colección de Madrid. 
Lugar de reunión: el Ateneo. 
Hora: diez de la mañana. 



BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 



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TOMO XV. 




Fototipia de Hauser y Menet. — -Mudrid 



RETRATO DE D. IÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA 
Primer Marqués de Santillana 

POR EL MAESTRO JORGE INGLÉS 



]B o L E T í N ^ifo XV. — Núms. 175-77. 



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Madrid.— Septierribre-lNíoviembre de 1907.-® 



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Director del Boletín: Z». Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: Sres. Hauser y Menet, Ballesta, 30. 



Retratos de D. Iflip López de lendíza, priier larpés de Santillana 

/ de su mujer Doña Catalina Suárez de Figueroa. 

No hay que encarecer^la importancia ^del personaje cuyo retrato, con el 
de su mujer^ tenemos hoy la fortuna de presentar á nuestros consocios; su re- 
nombre en las letras y su valer en las armas lo hicieron un tipo que raya en 
10 simbólico y legendario, de tan relevantes méritos,, que la inmortalidad le 
acoge entre sus predilectos de mayor renombre. 

Entrado en la vida al comienzo del siglo XV, vivió hasta el año 58 del 
mismo, habiendo heredado de su padre, el Almirante de Castilla, muy niilo 
aún, los señoríos de Guadalajara, Hita, Buitrago y el Real del Manzanares. 

Casó con D.'' Catalina Suárez de Figueroa, hija del Maestre de Santiago, 
D. Lorenzo Suárez de Figueroa, de quien tuvo vastagos tan lozanos como el 
primer Duque del Infantado, el primer Conde Tendilla y el gran Cardenal 
Mendoza, comenzando por servir en la corte de la Reina viuda de Don Enri- 
que III, Doña Catalina de Alancaster. Mezclado después en las turbulencias 
que siguieron al comienzo del reinado de Don Juan II, empezó á lucir su valor 
en mejores empresas contra los moros de Granada por los años de 1437, en 
cuyas comarcas fronterizas hizo temible el nombre cristiano. 

Enemigo obligado de D. Alvaro de Luna, debió á éste las mayores 
persecuciones, y aunque en la célebre batalla de Olmedo conquistó por su 
lealtad al Rey el título de Marqués de Santíllana con el uso del Don, entonces 
de gran distinción, continuó en su encono contra D. Alvaro hasta su muerte, 
por la que quedó siendo el más poderoso procer de la corte. Rival del Condes- 
table, pero más ilustrado y por lo tanto más estadista que él, ocupó al cabo el 
primer puesto entre los que seguían dirigiendo á aquel débil Monarca. 

Su gran amor á las letras aumentaba su prestigio en alto grado; y si como 
político y caudillo llegó á obtener relieve extraordinario, como literato, 
poeta, bibliófilo y conocedor de todas las ciencias aparece cual una figura 
de primera magnitud, tocando por sus talentos y condiiúones en lo genial y 
extraordinario, «que la sciencia non embota el fierro de la lanza, nin face 
floxa la espada en la mano del caballero», según él mismo decía. 

Su biblioteca, toda de manuscritos, como tenía que ser en aquel tiempo, 
constituyó un verdadero tesoro de inapreciable riqueza literaria; su casa fué 

Bolet. de la Soc. Eap. de Exc. — 19 



142= = = = = = = = Boletín de la Sociedad ñ.'^pañola de Excursiones. 

lugar de cita de todos los sabios; sus costumbres domésticas modelo de mo- 
raHdad y caridad ardiente; sus fundaciones de Sopetrán, Lupiana y Buitra- 
go asilo de todos los menesterosos y enfermos, revistiendo siempre sus actos 
de tal grandeza, que mereció ser llamado por Juan de Mena «maestro caudi- 
llo, e luz de discretos y Febo de la corte». 

Su reputación como poeta fué tan grande como merecida; trovador en la 
juventud, compuso Canciones y decires amorosos, en forma tan galana y gra- 
ciosa como en aquellas serranillas, que una vez aprendidas nunca se olvidan, 
y de las que todos recordamos aquella que comienza: 

Moza más fermosa-no vi en la pradera, 
cual fué la vaquera— de la Finojosa. 

Leyendo tan preciosas composiciones convenimos en que sus dotes poéti- 
cas eran de una frescura y originalidad tal, que le otorgan el más eminente 
puesto entre los primitivos autores de la métrica castellana. 

Más adelante sus luchas y empresas maduraron su juicio sin mermar sus 
facultades, haciéndolo autor de los Proverbios, del Doctrinal de privados y del 
Diálogo de Bias contra fortuna, dedicándose con gran interés al foll lore de 
su tiempo, al recoger por si propio de boca del pueblo sus refranes y consejas 

Tan insigne personaje es el que representa los retratos que damos á nues- 
tros consocios, los que pueden ampliar las noticias referentes á sus hechos y 
escritos en la Vida que sobie tan notable procer escribió el Sr. D. José Ama- 
dor de los Ríos, teniendo noticias de preciosas ampliaciones hechas por dis- 
tinguidos hispanófilos extranjeros, cuyos trabajos deseamos vivamente que 
vean pronto la luz pública. 

De tan glorioso personaje es, pues, el retrato en cuestión; pero tiene ade- 
más tanto el de él como el de la Marquesa, interesante historia, que á más 
de identificarlos sin género de duda, les presta excepcional importancia para 
el estudio de nuestras artes, al tenerlos que considerar como uno de nuestros 
más curiosos ejemplares primitivos. 

Hallándose el ilustre caudillo en la tala de la vega de Granada, otorgó 
codicilc en Jaén en 5 de Junio de 1455, queriendo cuidar de todo lo concer- 
niente á su persona, dados los peligros á que había de entregarse, en cuyo 
codicilo determinaba explícitamente que para el retablo del Hospital de Bui- 
trago, que había fundado, y en cuyo nicho central se ostentaba la Virgen Ma- 
ría, que había traído de la feria de Medina, pintase el maestro Jorge Inglés 
todo lo restante de las historias del retablo y de los colaterales, poniendo en 
düs tablas de su parte inferior su propio retrato y el de su mujer la Condesa 
D.* Catalina Suárez deFigueroa. 

Ceán, que vio el retablo, lo describe con las siguientes palabras: «Consta 
de dos cuerpos: en el primero y al lado del Evangelio retrató el maestro Jor- 
ge á D. Iñigo arrodillado, en actitud de orar, algo menor ,que el tamaño del 
natural, y á un paje detrás, también de rodillas; y al de la Epístola á su mu- 
jer en la misma postura y á una criada á la espalda. Pintó en el segundo doce 
ángeles, vestidos con tunicelas, con unos pergaminos en las manos, y en cada 
uno está escrito uno de los doce Gozos, llamados de Santa María, que com- 
puso el Marqués, y andan impresos en un cancionero general con algunas 
variaciones de como están aquí en loa pergaminos, y remata el retablo con 
¡San Jorge, de la misma mano. 



BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 






TOMO XV, 




Fototipia de Hauser y jSIenet. — Madrid 



RETRATO DE D. IÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA 
Primer Marqués de Santularia 

POR EL MAESTRO JORGE INGLÉS 
(FRAGMENTO) 



BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



TOMO XV. 




Fototipia de Hauser y Menet.-- Madrid 



RETRATO DE D." CATALINA SUAREZ DE FIGUEROA 
Primera Marquesa de Santillana 



POR EL MAESTRO JORGE INGLES 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 143 

»No existen los colaterales, pero sí las dos pinturas de Santiago y San Se- 
bastií'in, que contenían, colocadas en los postes inmediatos á la capilla mayor; 
por unos y por otros se viene en conocimiento de que el maestro Tno-lés era 
uno de los mejores pintores de su tiempo en España, pues están pintados con 
el acento y prolijidad que ofrecían los conocimientos de aquella época.» 

Seguidamente da cuenta de como el Duque del Infantado, á cuyo título se 
había incorporado el Marquesado de Santillana, hizo transportar los retra- 
tos á Madrid para restaurarlos, y con tal ocasión pudo D. Fernando Selma 
copiar y grabar el del Marqués, para aumentar con él la seri^ de estampas 
de españoles ilustres que, con otros profesores, venían formándose, tan cono- 
cida por los aficionados. 

El retrato de la Marquesa no es menos interesante ni de menor valor ar- 
tístico que el de su marido. Arrodillada ante otro reclinatorio igual que el de 
éste, bajo el que se distingue un diminuto perrito blanco, y sobre el que tiene 
un libro abierto, aparece orante, teniendo el rosario entre sus manos un 
tanto levantadas. Cubre su cabeza enorme cofia, de las llamadas de cum- 
hrais; ciñe su cuerpo bien plegada túnica de seda roja con guarniciones de 
pedrería, y sobre sus hombros cae amplio manto de terciopelo verde inten- 
samente obscuro, forrado de riquísimo brocado, más costoso aún que su an- 
verso. Una doncella, igualmente en actitud orante y vestida con traje rojo, 
aparece detrás de su señora, en segundo término, completando el fondo do- 
sel y accesorios semejantes á las de la tabla con que forma pareja. 

Tales son los retratos, afortunadamente salvados, de los insignes perso- 
najes que ilustran el cuerpo inferior del retablo del Hospital de Buitrago. 

De éste no resta al presente más que los dos retratos y la tabla que forma 
el cuerpo superior á ellos, con el coro de los doce ángeles á que hace refe- 
rencia Ceán, habiendo desaparecido hace mucho tiempo de su hornacina la 
imagen central de la Virgen, que debía ser de talla, el San Jorge que corona- 
ba el retablo y las tablas de San Bartolomé y Santiago y San Sebastián, á 
que también Ceán se refería. 

No cede en respeto á los más entusiastas de la memoria de tan ilustre 
personaje, el actual Marqués de Santillana, pues gracias á su celo y al del 
actual patrono el Duque del Infantado, hallándose la capilla y retablo del 
Hospital muy necesitados de reparación, por efecto de pasados abandonos, 
ha emprendido las obras necesarias para evitar su ruina, proporcionándonos, 
gracias á ellas y á su amabilidad, la ocasión de poder fotografiar los origina- 
les de tan interesantes retratos, ^que si por ahora se han salvado de una inmi- 
nente pérdida, quién sabe lo que en lo futuro pudiera ocurrir al permanecer 
en el deshabitado Hospital de Buitrago. 

De la reconocida ilustración y acendrado patriotismo del ilustre actual 
Marqués de Santillana podemos esperar soluciones oportunísimas sobre este 
punto. 

Con esto debe quedar á salvo cualquiera poca piadosa insinuación á pro- 
pósito del reciente traslado á Madrid que se ha hecho de estos interesantes 
retratos, de los que los excursionistas hemos disfrutado en la última visita 
efectuada á la casa de nuestro ilustre consocio el Marqués de Santillana 
antes de volverlos á su puesto, cuidadosa y oportunamente restaurados. 

Como se ve, pocas obras de arte podrán estar más documentadas que 
las que nos ocupan, y aunque esto sea muy esencial, sobre todo para los afl- 



144 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

donados de nuevo cuño, que careciendo de criterio sobre asuntos de arte lo 
quieren comprar hecho, en casos como el presente en que se trata de identi- 
ficar tan notables personajes, toda información es oportuna, por más que 
como obras de arte baste verlas para comprender que están ejecutadas por 
mano maestra, muy connaturalizada con nuestro carácter aunque fuera ex- 
tranjera, como se desprende del dictado de Inglés que se da al autor. 

Ning-una otra noticia tenemos por lo demás de él, ni en ninguna otra oca- 
sión se le cita en nuestra historia artística, si bien podemos considerarlo como 
uno de los que inician la escuela de los pintores al óleo castellanos, ó más 
concretamente aún, alcarreños, que con los Rincón y otros vemos dibujarse 
en la historia de la pintura española, al amparo principalmente de la pode- 
rosa casa de los Mendoza. 

N. SENTENACH. 



Un monumento desconocido. 



LA ERMITA PE SAN IBAUPELIO 

en término de Casillns de Berlnngo (provlncio de Sorin). 



Menester es convenir en que la casualidad cuenta, aunque parezca extra- 
fio, entre los agentes que colaboran en la formación de la Historia. Buena 
parte de los restos de pasados días han salido á luz inesperadamente, y así 
sucede con el que motiva estas líneas. 

Cierta referencia, de gratos recuerdos de la niñez, hecha por nuestro 
amigo D. Heliodoro Carpintero, ilustrado profesor del Instituto de Alicante, 
á nuestro querido compañero de la Comisión de Excavaciones de Numancia, 
D. Teodoro Ramírez, puso á éste un año hace sobre la pista del peregrino mo- 
numento que vamos á describir. El Sr. Ramírez fué la primera persona inte- 
ligente que lo vio y á quien puede considerarse como descubridor, pues se 
trata de un monumento ignorado. Comprendiendo la importancia del mismo 
nos animó á visitarlo, y he aquí la causa de que nos reuniéramos con los 
Sres. Ramírez y Carpintero en Berlanga de Duero el día 30 de Agosto último. 

Después de visitar la Colegiata de Berlanga, fábrica del último tiempo de 
la arquitectura ojival, notable por la forma poligonal de su ábside y de las 
capillas inmediatas á él, como también por dos retablos de otras, — uno de 
talla estofada y policromada, otro compuesto de pinturas en- tabla — , empren- 
dimos la expedición al dicho monumento, que es una ermita dedicada á San 
Baudelio. 

Caminando por buena carretera hacia el S. E., al cabo de ocho kilómetros 
desde la villa y á unos novecientos metros ,al S. del pueblo de Casillas de 
Berlanga, á cuya vista pasamos, hubimos de llegar, no sin subir por las estri- 
baciones de una sierra situada á la derecha de la vega del Escalóte, á la 
ermita que en ellas se halla y que suspensa tenía nuestra curiosidad. 



BOL. DE LA SOC. ESF. DE EXCURSIONES 



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^, TOMO XV. 




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Antepecho del coro y decoración mural 







Fototipia de Hauser y Meiiet. — Madrid 

Interior de la tribuna del coro 

ERMITA DE S. BAUDELIO EN TÉRMINO DE CASILLAS 

DE BERLANGA (Soria) 



BCL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



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TOMO XV. 




Vista exterior por el punto opuesto al 
presbiterio y á la puerta 



Puerta de entrada 





Pilar central y fondo 
visto desde el presbiterio 

ERMITA DE S. BAUDELIO EN TÉRMINO DE CASILLAS 



Disposición de los arcos 
que sostienen la bóveda 



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TOMO XV. 



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La Cena: Pinttira mural del laclo del Evangelio 




Fotjíipuí de Haus¿r y Jhnet.— Madrid 

Escena de nionteria: Pintura mural del lado del Evangelio 

ERMITA DE S. BAUDELIO EN TÉRMINO DE CASILLAS 

DE BERLANGA (Sofia) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = — = = = = — = 145 



II 

Hallamos el pobre edificio oculto en un repliegue de la montaHa, y de im- 
proviso, cuando estábamos ya á pocos pasos, é implantado en una pequeña 
colina de tal modo que la puerta sólo es accesible subiendo tres peldaños 
hasta llegar á la planta del recinto, mientras que junto al muro del testero el 
terreno sube hasta la mitad de su altura, dejando al monumento medio en- 
terrado. 

Antes de penetrar en él acusa éste su destino, pues consta de dos cuerpos, 
ambos de planta rectangular y de desiguales alturas; el mayor, donde está la 
puerta, mirando al N. O. y con cubierta á cuatro aguas; el menor, que indica 
ser, desde luego, la cabecera del santuario con una pequeña y rasgada ven- 
tana en su muro de fondo, hoy cegada y con cubierta á dos vertientes. 

Ambas cubiertas, hoy de tejas, fueron hasta hace poco de piedra, esto es, 
las primitivas, como algunas de que se conservan restos en monumentos romá- 
nicos, cuales son la Catedral de Avila y la ermita de los Mártires en el Cerro 
de Garray, donde estuvo Numancia. 




B 



f</>íi fa. iiiDim' 



Planta. 

Al exterior los muros, que son de mampostería con los ángulos formados 
por sillarejos y las primeras hiladas con grandes sillares de la misma roca en 
que el monumento asienta, no ofrecen elemento alguno de interés más que 
la puerta de entrada, la cual se perfila en arco de herradurfi bien trazado y 
construido con sillarejo; una venta,nita adintelada, tapiada, en la parte alta 
y á la derecha de la puerta en el mismo muro de N. O., y otra (la ya indica- 
da de la cabecera del santuario al N. E.) de idéntica forma que la puerta. 

Abierta ésta, nuestro asombro al penetrar en el interior fué grandísimo. 
El recinto, de peregrina y original arquitectura, aparece cubierto en todas 
sus partes, bóvedas y muros, de pinturas, cuyo arcaísmo medioeval y buena 
conservación de colores sorprende é impresiona vivamente. Ninguno de nos- 
otros recordaba, ni recuerda, ejemplar alguno semejante, por lo que luego di- 
putamos el monumento como excepcional, único en España y digno de dete- 
nido estudio que no podíamos hacer de momento, pues no habiéndonos sido 
dable apreciar de antemano la importancia de aquél, no habíamos hecho pre- 
venir las escaleras y útiles necesarios para realizar la medición completa de 
todos sus elementos ni llevar oportunos medios para reproducir sus pinturas 



146= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

íntegramente y con la mayor exactitud. Supliendo sin embargo, y no sin pe- 
nosos esfuerzos, la falta de dichos medios, pudieron ser tomadas las cotas 
necesarias para levantar los planos que acompañan y las fotografías que 
aquí se reproducen, en las que bien se advierte la escasa luz, que no penetra 
hoy en dicho interior más que por la puerta. 

Los medios gráficos que ofrecemos, aunque deficientes, podrán, sin em- 
bargo, dar una idea de esa que no vacilamos en llamar joya arqueológica 
hasta hoy desconocida. 

III 

La forma de su planta es rectangular, de 8,50 metros sus lados mayores y 
7,-30 metros los menores en el cuerpo principal del recinto ó nave del san- 
tuario. 

Adosado á sus cuatro muros corre un banco de raampostería con losas de 

piedra. 

A la izquierda de la puerta se halla la cabecera ó presbiterio, al que da 
entrada un arco asimismo de herradura, siendo menester salvar cuatro esca- 
lones desde la nave para penetrar en él. Su planta es también rectangular, 
de cuatro metros de longitud y 3,50 metros de anchura, estando cubierto con 
bóveda de medio cañón y ofreciendo, adosado al muro de fondo, un altar 
compuesto de cascote y yeso. 

El interés arquitectónico está principalmente en el primer recinto. En su 
centro se levanta un pilar de sección circular de 0,90 de diámetro, construido 
por hiladas de piedra y mortero. 

Ocupa más de un tercio de este recinto, en la parte opuesta adonde se abre 
el presbiterio, una triple arquería que sostiene una tribuna ó coro, sustentada 
por columnas de piedra, monolíticas,, pequeñas, de 0,09 de diámetro, de las 
cuales dos, que sostienen un cuerpo central avanzado de la tribuna, apoyan 
en el basamento cuadrado del pilar antedicho y las adosadas á los muros en 
el banco corrido. De estas columnitas arrancan los arquítos, también de he- 
rradura, construidos aparentemente con yeso, que soportan un piso formado 
de maderos y yeso. 

Se sube á este piso por una estrecha escalera pegada al muro del lado de 
la Epístola, frontero á la puerta de entrada, la cual escalera se halla hoy sin 
antepecho y está formada por escalones de losa muy desiguales y mal colo- 
cados. La tribuna tiene alto antepecho de fábrica, que apenas permite ver el 
presbiterio, lo que pudo obviarse con una tarima, y ofrece al comedio, sobre 
el cuerpo avanzado de la columnata y adosado al pilar central, un espacio ó 
pequeñísimo recinto cerrado por su frente y costados con tabiques que sus- 
tentan una techumbre á dos vertientes por su parte exterior, y por su inte- 
rior dispuesta en bovedilla de medio cañón, construida al parecer con yeso. 
El tal recinto no tiene más luces que las segundas que recibiera por una ven- 
tanita abierta en el muro de la izquierda (según se mira al presbiterio) y por 
el hueco de entrada, el cual, así como la ventanita, se perfilan en arco de he- 
rradura. La disposición de este reducido espacio y de su ventana, del lado de 
la puerta de la ermita, solamente parecen hacerle propio para el organista, 
que de espaldas al presbiterio y de cara á los cantores tocara un pequeñísimo 
instrumento, pudiendo ver el papel de música al escaso rayo de luz de la 
dicha ventanita. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones^. = = ==:=: = = = 147 



El interés que despierta el estudio de las diversas partes del interior se 
acrecienta en el visitante así que fija sus miradas en la bóveda, puea en ella 
ve que del grueso pilar central irradian ocho arcos de herradura, que van á 
apoyar cuatro á los centros de los muros y los otros cuatro, ó sean los diago- 
nales^ á unos planos de 0,97 metros de ancho que roban los ángulos del re- 
cinto, estando sostenidos á su vez por trompas cónicas. Los indicados ocho 



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Sección longitTdinal. 

arcos, cuya sección es de 0,37 metros por su frente y 0,13 metros de salida 
por sus arranques, están bien ejecutados, con piedra de sillarejo; tienen por 
la parte inmediata al pilar unos suplementos, cuya altura va aumentando 
hasta llegar á él, y sostienen una bóveda, la cual tiene su parte más ele- 
vada sobre el centro del pilar, por donde se halla en hueco, particularidad 
que permite ver en aquel punto unos arcos meridianos de piedra, hechos sm 
duda para completar esta pequeña parte de la bóveda. 




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Los datos recogidos son suficientes para deducir que resultando hemicir- 
culares túmidos los arcos visibles en la sección, ó sean los normales á los la- 
dos menores del rectángulo de la planta, los otros dos, correspondientes á los 
lados mayores, tienen que ser algo peraltados, y los diagonales algo rebaja- 
dos; diferencias que acaso por ser muy pequeñas no se perciben allí. La bó- 
veda hecha con descuido parece querer ser de hiladas horizontales; pero 



148 =^ = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

más bien resulta de mampostería ejecutada con lajas de piedra, y por las 
cotas apuntadas se advierte es rebajada, efecto que tampoco se aprecia al 
verla. 

IV 

Si la ermita que vamos describiendo solamente ofreciese de particular los 
extraños caracteres arquitectónicos que dejamos apuntados, por los cuales 
puede el lector conocer la rareza de tal ejemplar, ellos bastarían para apre- 
ciar su valor artístico y arqueológico; pero es de notar que muros, bóvedas 
y arcos están realzados con pinturas, lo que da á aquella humilde ermita, 
que como olvidada en la sierra se halla, un aspecto de riqueza inusitado y que 
contribuye poderosamente al vivísimo efecto que produce su interior al pe- 
netrar en él. 

Dichas pinturas están ejecutadas ai temple, sobre el enlucido de yeso que 
cubre en todas sus partes el dicho interior, y su conservación, salvo en la 
bóveda donde parte del enlucido se desprendió ó forma abolsados, es bastante 
buena, ofreciéndose en general vivos los colores. 

Forman dichas pinturas en el recinto mayor ó cuerpo de la ermita tres 
zonas de composiciones sucesivas, que se desarrollan la superior en la bóveda 
y las otras dos en los muros, desde una altura de metro y medio, estando se- 
paradas por fajas ornamentales. Los arcos de la bóveda y los distintos pla- 
nos que ésta ofrece aparecen asimismo ornamentados. 

La zona historiada inferior^ cuya altura alcanza hasta la del barandal 
del coro, ofrece desde el arranque de éste en el muro del lado del Evangelio, 
donde se halla la puerta, cuyo arco invade y merma un poco la composición, 
hasta el arco triunfal, que da entrada al presbiterio en el inmediato muro^ 
un asunto de la vida real sin enlace con los demás: es una escena de cacería. 
Repasándola desde el comienzo del friso, por junto al coro, ó sea al lado 
izquierdo, vemos un cazador disparando una hecha á un venado que corre 
junto á un árbol; otro cazador á caballo y armado de un extraño tridente 
persigue, precedido de tres lebreles, á otros dos ciervos, de los que lea se- 
para otro árbol, y ya en el muro en que se abre el presbiterio, aparece, ha- 
cia la derecha^ en un caballo blanco, otro caballero con espada, que parece ser 
el protagonista de la escena, la cual es posible se relacione con la fundación 
de la ermita y represente un episodio de alguna historia milagrosa conser- 
vada por tradición local, y cuyo teatro fuere el peñasco y sitio de la sierra 
en que la ermita fué enclavada. Verosímil es que la continuación, y acaso 
el episodio más interesante de la historieta de montería, se viera al lado de 
la Epístola, en el muro donde se abre el presbiterio y en el frontero á la puer- 
ta; pero, desgraciadamente, esta parte del friso está borrada. En el antedicho 
trozo visible bordea por su base á la composición una faja' de hojas de perñl 
ondulado que se arquean sobre sus tallos formando un motivo semejante á la 
onda griega, y por cima de aquélla corre y continúa por todo el recinto, se- 
parando la zona historiada inferior de la media otra faja, cuyo motivo es una 
greca del tipo meandro, formado por una cinta en perspectiva. 

Dicha zona inferior continúa por el barandal del coro con asuntos que, á 
primera vista, no parecen relacionarse con la descrita escena de montería, 
pues si bien es cierto que junto al ángulo del barandal con el muro en que la 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 149 

escena empieza, se ve como primera figura la de un oso, ésta aparece aisla- 
da, como las siguientes, y separadas por fajas verticales de adorno. 

En la parte del barandal que describimos, correspondiente al lado del 
Evangelio, dando frente á la figura del oso pardo, y como éste, de perfil, apa- 
rece la de un elefante blanco enjaezado y que lleva sobre sus lomos una torre. 
Continúa el friso por el exterior del cuerpo saliente cuadrado que dijimos 
hay en el coro, ofreciendo en el múrete que da frente á la puerta de entrada 
la figura de un hombre viejo, como lo indica la blancura de su barba y el 
estar calvo, el cual, descubierto y armado de lanza y escudo redondo, con el 
que cubre á los ojos del espectador la mitad de su cuerpo, aparece represen- 
tado mirando hacia el altar. En este personaje ¿trató de retratarse á persona 
determinada? ¿Se relaciona, así como los dos grandes mamíferos indicados 
con la escena de montería? Imposible nos parece esclarecer estas conjeturas. 

En el múrete del mismo cuerpo saliente, adosado al pilar central del re- 
cinto, continúa dicho friso con dos lebreles empinados, uno á cada lado del 
pilar, y espaldas á él, en el pilar mismo, frente á la puerta, hay otra figura 
de hombre con manto rojo; y aún sigue el friso por el barandal de lado de la 
Epístola, ofreciendo un decorado que difiere totalmente del anterior, pues 
ofrece un carácter ornamental consistente en series de águilas repetidas 
blancas y con las alas abiertas, dentro de círculos azules bordeados de rojo 
tangentes y festoneados. 

Completan el decorado del frente, que ofrece el coro con su arcada, unas 
rayas rojas que perfilan los arcos y unos motivos semejantes á las ñores de 
lis, y pintados asimismo de rojo, que llenan las enjutas. 

Las zonas media y superior ó de la bóveda están separadas por una faja 
ornamental ajedrezada. Los asuntos de dichas zonas, tratados de un modo 
uniforme y algo distinto á los descritos, son pasajes de la vida del Salvador. 
No todos se distinguen bien, por el deterioro á que hicimos referencia. Al 
lado de la Epístola parece haber sido representada la Adoración de los Reyes, 
en la bóveda, por la que debieron continuar los demás pasajes del Naci- 
miento, — cuyo principal asunto acaso haya correspondido á la parte del fondo 
de la ermita — y á la infancia de Jesús. 

Los asuntos del friso, que son los mejor conservados, aparecen separados 
por los arranques de los arcos y por una arquitectura simulada en la misma 
pintura, y tan extraña, que unas veces son arcos y otras huecos perfilados en 
ángulo obtuso, por dos líneas cual las superiores de un frontón, sobre colum- 
nillas, lo que forma los compartimientos ocupados por los pasajes bíblicos. 
Estos, desde la línea media del lado de la Epístola, son la curación del ciego 
de nacimiento, la resurrección de Lázaro; en el muro de fondo, bien visible 
desde el coro, las bodas de Cana, la tentación, representada en tres momen- 
tos diferentes; en el muro del lado del Evangelio, la huida á Egipto, la entra- 
da en Jerusalén y la Cena. Al muro en que se abre el presbiterio y cuyo 
arco triunfal aparece bordeado de medallones pintados, conteniendo cabezas 
de bichas, á modo de toros, con las fauces abiertas, y que acaso representan 
demonios, debieron corresponder en el friso medio asuntos capitales de la 
Pasión, que se han perdido; y por fin, en el lado izquierdo del lado de la Epís- 
tola termina la serie con la representación de las Marías ante el sepulcro 
donde se les aparece el ángel anunciador de la Resurrección. 

El pequeño recinto ó tribuna del organista ofrece también decorado con 

Bolet, de la Soc. Esp. de Exc. — 20 



150 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española dé Excursiones. 

pinturas su interior. En sus tres muros fué desarrollada una sola composi- 
ción, de figuras pequeñas, que representa la Adoración de los Reyes, ocupan- 
do el muro de fondo la figura de la Virgen con el Niño. En la bovedilla, den- 
tro de un círculo, aparece la mano del Omnipotente bendiciendo. 

Los arcos, por sus arranques é intradoses, están ornamentados con tallos 
serpeantes, roleos y palmetas, y en sus enjutas, por junto al pilar, se ven 
blancas figuras de cisne. 

Donde menos se conserva la decoración pintada es en el presbiterio, pues 
solamente en su muro de fondo, en el mediopunto determinado por la bóveda, 
se ve dentro de un círculo la representación del Agnus Dei sobre la ventana 
tapiada á que hicimos referencia, y dos figuras á los lados, más otras dos 
debajo en ofra faja, por cuyo borde inferior, á la altura de los ojos, corre 
una inscripción ilegible á causa de estar, como las figuras, borrada casi en 
totalidad. Además, ventana y figuras de la faja inferior están cubiertas por 
un retablo de madera muy deteriorado , y desde luego muy posterior á la 
construcción y decorado de la ermita. 

En el cuerpo principal de ésta, junto al arco triunfal y del lado de la Epís- 
tola, se conserva un altar que estimamos primitivo: es de piedra, y le com- 
ponen dos de tosca labra y sin moldura alguna; una que hace de pilar de la 
otra, la cual, colocada horizontalmente, constituye el ara 

Una singularidad ofrece la ermita, que no debemos pasar en silencio. 
Bajo el coro, del lado de la Epístola, en el último arco, á la altura del banco 
corrido y á favor de la circunstancia ya indicada de hallarse la construc- 
ción adosada á una peña, se abre y profundiza en ésta una cueva, evidente- 
mente labrada ó agrandada por mano de hombre y constituida por dos gale- 
rías en ángulo, de poca profundidad. 



Examinada la ermita, su extraña y vieja arquitectura, su lujoso é intere- 
sante decorado, nos preguntábamos nosotros al abandonarla y preguntará el 
lector: ¿cuya es su historia? ¿Cuál el estilo artístico á que pertenece? ¿Qué 
fecha se le debe asignar? Y sobre todo, ¿es posible que tan original y pere- 
grino monumento haya quedado desconocido para los viajeros, recopiladores 
é historiadores del arte? 

Inútil será decir que para satisfacer estas preguntas, especialmente la 
primera y la última, hemos practicado repetidas investigaciones, y debemos 
añadir que hasta el presente han sido inútiles. M el P. Florez en su España 
Sagrada, ni Ponz en su Viaje, ni Llaguno y Amírola en su recopilación histó- 
rica de nuestra arquitectura, ni Caveda en su Ensayo sobre la misma, ni el 
inteligente viajero inglés Street en su excelente obra GotJiic ArcMtecture in 
Spain, ni D, Nicolás Rabal en su volumen de Soria de la colección histórico- 
descriptiva, España, sus monumentos y artes, revelan, ni siquiera por inciden- 
cia, conocer la existencia de la ermita, que oculta ha permanecido á los ojos 
de viajeros investigadores, escondida como se halla en aquella sierra, y más 
escondida mientras ésta estuvo, hasta hace pocos años, cubierta y poblada de 
espesa arboleda. 

El famoso historiador Gil González Dávila, en su Teatro de las iglesias de 
España (Madrid, 1645, tomo I, pág. 130), solamente nos dice que la villa de 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. =■= = = = =: = = 151 

Berlanga fué ganada á los moros por Fernando el Magno, que perdida la re- 
cobró Alfonso VI el año (1085) que ganó á Toledo; noticias á las cuales puede 
añadirse que, disputada dicha villa durante algún tiempo por los cristianos á 
los moros, antes que el último Monarca citado la recuperó Fernando I de Cas- 
tilla, y que el mismo Alfonso VI, por lo mucho que aquella localidad sufrió 
en las discordias civiles de la época, la mandó 1 epoblar en 1108; mas por 
ninguna parte parece referencia alguna de la ermita y de la relación que con 
su origen pudieran tener los citados hechos y fechas. Los Académicos de la 
Historia D. Juan Loperráez en su Descripción histórica del Obispado de Osma 
(Madrid, imprenta Real, 1788), donde se ocupa largamente de las competen- 
cias mantenidas en el siglo XII por dicho Obispado y los de Tarazona de 
Burgos y Sigüenza, y D. Juan Manuel Bedoya en sus Memorias históricas de 
la villa de Berlanga (Orense, 1810, pág. 15) que dice consta por un privilegio 
de Alfonso Vil haberse declarado en 1135 la villa de Berlanga del Obispado 
de Sigüenza, lo que quedó definitivamente establecido en el Concilio de Bur- 
gos, celebrado en 1136, nada dicen de nuestra ermita, á pesar de que el últi- 
mo cita las existentes á las afueras de dicha villa. 

El Sr. D. Juan Catalina García, noticioso por nosotros de la ermita é 
interesado como nosotros en que sea pronto declarada monumento nacional, 
ha indagado, por su parte, antecedentes históricos que dieran luz, y como 
resultado de sus investigaciones comunicó, poco hace, á la Academia de la 
Historia, y nos ha comunicado las siguientes referencias, sacadas del archivo 
Catedral de Sigüenza: En el Líber privilegiorum de la misma se halla la sen- 
tencia del citado pleito, mantenido por los Obispos de Sigüenza, Osma y Ta- 
razona, dada por el Cardenal Guido, el cual, según nos informa Bedoya, fué 
el Legado apostólico que presidió el dicho Concilio de Burgos en 1135, incor- 
porando al Obispado de Sigüenza la villa de Berlanga con su Monasterio de 
San Baudilio, adjudicación confirmada por una bula del Papa Inocencio 11 en 
el año de 1138 que se inserta en la misma colección diplomática, donde figura 
también una carta original, escrita en pergamino, falta del sello pendiente 
que tuvo, en la cual el primer Obispo de Sigüenza, D. Bernardo, hace dona- 
ción al Cabildo de la Catedral de varias cosas, entre ellas Monasterium sancti 
hauduU quod circam berlangan sit^m est cum ómnibus pertínentiis suis ad haben- 
dum concedo. — Facta fuit hec carta sub era J/.* C.^ Octog.^ secunda (año 1144). 

De todos estos datos se deduce, que de suponer la ermita anterior á la 
conquista de Berlanga por Fernando el Magno en el último tercio del siglo XT, 
habría que considerarla como obra de mozárabes, ó sea los cristianos que vi- 
vían al amparo de los mahometanos en tierra soriana; y que si se tratare de 
relacionar su origen con la del mona,^terio de San Baudilio, de que dan noti- 
cia los documentos de mediados del siglo XII, conservados en el Archivo Ca- 
tedral de Sigüenza, solamente podría admitirse la conjetura respecto del culto 
del santo en la comarca, pero no en cuanto á que la ermita sea resto del mo- 
nasterio desaparecido, pues por pequeño que supusiéramos éste no ofrecía 
dicho lugar de la sierra apropiado emplazamiento para él, ni allí se rastrea 
el más leve resto, ni aun topográfico, de la existencia de otra fábrica que la 
ermita, á duras penas incrustada en la peña. 

No ha sido más fructuosa nuestra investigación por el campo geográfico. 
En las Relaciones del tiempo de Felipe II, que manuscritas guarda la Acade- 
mia de la Historia, no está registrada la comarca castellana á que nos veni- 



152 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

mos refiriendo. De los Diccionarios geográficos corrientes uno solo, el de Ma- 
doz, al hablar de Casillas menciona como existente en su término «un monte 
robledal de casi una legua de circuito y bien poblado y una ermita, de San 
Baudel, colocada junto al monte, sobre una peña, y á sus inmediaciones se 
ve una cueva, que dicen sirvió de morada á dicho santo.» 

Resulta, pues, que de cuantos autores hemos consultado, uno solo, Madoz, 
menciona la ermita; pero sus referencias son inexactas, pues que el monu- 
mento no se halla junto al monte sino en él y la cueva no está en su inmedia- 
ción, sino unida y como aneja á la ermita, ni debe existir en esa sierra otra 
cueva que esa, con el nombre de San Baudel registrada por D Gabriel Puig 
y Larraz en su Catálogo de las cavidades naturales de Espaila (Madrid, 1896). 
La especie de que dicha cueva sirviese de morada al santo es error todavía de 
más bulto, pues según las referencias que hemos hallado en las Acta Sancfo- 
rum de los Bolando y las copiosas y eruditas noticias con que nos ha honrado 
el sabio P. Fita '^l) resulta que San Baudelio ó Baudilio, llamado por abrevia- 

(1) Memorias españolas de SAN BAUDILIO, mártir de Nimes (siglo II ó III), cuya fiesta 
se celebra en 20 de Mayo. 

Fuentes: Sai7it Baudile et son cuite, par M. l'Abbé Azaís. Nimes, 1872. — De gloria Eccle- 
siae, por San Gregorio de Turs, obra escrita á fines del siglo VI, libro I, cap. 78 (ap. Migne, 
Patrología latina, tomo LXXI, col. 773-775. París, 1858). — Httbner: Inscriptiones Hispaniae 
Christtianae, núms. 42, 255. — Boletín de la Real Acndemii de la Historia, tomo XXV, pági- 
nas 143 y 144. — Férotin: Le Liber Ordinum, pág. 4fi5. París, ll'Ol. — Yepes: Coránica general 
de la Orden de San Benito, tomo IV, fol. 205. Valladolid, 1613. 

San Baudilio, que se ci*ee nacido en Orleans, murió martirizado en las afueras de Nimes, 
por predicar la fe evangélica á los ciudadanos de Nimes, que celebraban las fiestas natalicias 
(gonales) de Júpiter en una floresta. De aquí es que en sus imágenes se le pinte ó esculp.i 
bajo una palmera y una segur, símbolos de su martirio. Dícese que su cabeza, como la de 
San Pablo, dio tres saltos separada del tronco, á cuyo contacto la tierra se abrió dando sali- 
da á tres fuentes. El cuerpo fué sepultado por los cristianos en el mismo paraje, y á partir 
del siglo IV se hizo famoso por la gloria de sus milag*ros. Entre ellos cuenta San Gregorio de 
Tours, el de un laurel, nacido junto al sarcófago, el cual entoldó, y de cuyas hojas y corteza 
se disputaban los fieles la adquisición, como curativas. Otro milagro se obró á la vista del 
rey ostrogodo Teodorico y tutor de su nieto el visigodo Amalarico, á priotipios del siglo VI. 

Dos inscripciones de la Edad visigótica, en otras tantas aras de Zahara y la Morera (Bo- 
letín de la Real Academia de la Historia, 1. cit.), atestiguan cómo algunas partecillas de las 
reliquias del Santo llegaron á dichos dos pueblos de la provincia de Badajoz, y se incrusta- 
ron, como reliquias de un mártir, en aquellos sitios, dentro de otras tantas aras. La diócesis 
de Nimes era sufragánea de la de Narbona, y, de consiguiente, parte integrante de la Espa- 
ña visigoda, en cuyos dominios fácilmente se extenderían el culto y la celebridad del santo 
mártir. 

Y que así fué, lo confirman siete Calendarios españoles de la Alta Edad Media, que ha 
confrontado el sabio benedictino Dom Férotin, correspondiente de la Academia de la Histo- 
ria, y que marcan la fiesta en 20 de Mayo. 

1) Calendario Cordubense del año 961: «in ipso (die) est festum Baudili mar- 

tiris, iu civitati Nemeseti, 

2) Año 1039: Sancti Bauduli». 

3) » 10.Í2: » Bauduli et comitum, Nimaso. 

4) > 1055: » Bauduli. > 

5) » 1066: » Bauduli. 

6) » 1066: » Baudali, martyris Christi». 

7) » 1072: » » » » 

Todos estos Calendarios, á excepción del primero mozárabe Cordubense, pertenecen á los 

reinos cristianos de León y Castilla. 

Hübner (niím, 255) dejándose influir por la copia inexacta de Amador de los Ríos, lee 

(lín. 36), nombre postrero. 

B A VB^ ... 

y lo interpreta Banb (ili); pero ee evidente que el trazo que sigue á la segunda B pertene- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. == = = = = = = 153 

ción Baudel en las citadas referencias locales y San Boy en Catalufia es un 
santo de los primeros siglos de la Iglesia cristiana, de origen francés, nacido 
á lo que parece en Orleans y mártir de su fe, sacrificado por los paganos de 
Nimes á causa de haberlos él apostrofado en un bosque sagrado y dedicado á 
Júpiter por el culto que á éste rendían. Introducido después el del glorioso 
mártir en España, aparece atestiguado por inscripciones visigodas del medio- 
día, dos publicadas por el mismo Padre Fita en el Boletín de la Academia de la 
Historia (XXV (1894), págs. 143 y 144) y otra por el inolvidable profesor Hiib- 
ner en Qu repQvtorio Inscriptiones Hispaniae Chrísfianae (Berlín, 1871, núm.175). 
No hay, pues, indicio ni referencia de que el santo viniei-a á España y sí de 
su culto en ella, sin que podamos precisar el origen del mismo en tierras de 
Berlanga, ni menos en especial el de la ermita, donde si la pintura de la cace- 
ría se refiere á algún hecho milagroso, como otros acaecidos en circunstan- 
cias semejantes, debe faltar algún pasaje, que estaría en las pinturas de la 
misma zona, borradas por la acción del tiempo, y la relación del hecho en 
alguna crónica perdida ó todavía ignorada. 

VI 

No existiendo dato alguno histórico para esclarecer el origen de nuestra 
ermita, solamente quedan como elementos para su clasificación arqueológica 
los caracteres artísticos de su singular arquitectura y de su decoración. 

En cuanto á su arquitectura, caracterizada esencialmente por el arco de 
herradura, elemento que, como es sabido, anteriormente á la arquitectura 
árabe, que acaso le toma de los españoles, se usaba en la Península desde 
antiguo, perpetuándose durante la dominación visigoda y aun después, en 
los primeros siglos de la Reconquista, parece á primera vista que su filia- 
ción debe pertenecer á esa arquitectura nacional que tan interesantes monu- 
mentos cuenta, como son la Basílica de San Juan de Baños de Cerrato, la de 
Wamba, las de Toledo, las de Asturias y San Miguel de Escalada, en León. 
Sin embargo, ni la planta de nuestra ermita, que sólo tiene de común con las 
de esas iglesias primitivas el constituir el presbiterio un cuerpo aparte y cua- 
drado, ni los arcos mismos, que son delgados en San Baudelio y robustos en 
las mencionadas Basílicas, le asemejan á ellas. Además, la ausencia de capi- 
teles, de tal modo que aparece suplido este elemento por el conjunto de los 
modillones que forman los arranques de los arcos, y sobre todo, y esto es lo 
más singular, los arcos radiados de la bóveda, elemento completamente nue- 
vo y distinto de cuantos emplearon los constructores visigodos y cristianos 
de la época anterrománica, constituyen los rasgos más originales de este mo- 
numento y le diferencia totalmente de los de la dicha arquitectura anterromá- 
nica, siquiera á ella pertenezcan los arcos. 

ce á una V. Quien leyó bien fué Morales en su Viaje Santo: BA (V) DVLI; forma autorizada 
por l»s Calendarios 2), 3), 4) y 5), anteriores á la inscripción argéntea del arca de Oviedo 
De San Baubilio no hay mención en parte ninguna. 

Del priorato de San Baudilio, donado por el Conde D. Pedro Ansúrez al monasterio de 
San Isidro de Dueñas, escribe Yepes: «El monasterio de San Bauduli es el que ahora llama- 
mos de San Boal del Pinar (prov.'' de Segovia, part. de Cuéllar), el qual es muy antiguo y no 
sabe el principio de su fundación; pero anexóle á esta casa (Dueñas) el Conde D. Pedro An- 
zures y su muger D.^ Elo, por la Era de llrO (año 1112).» Otros datos ofrece Yepes sobre el 
culto del Santo en Castilla; pero lo dicho me parece que basta al intento.— i^. F, 



154 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Eí^pañola de Excursiones 

Estos, bajo el coro, sucediéndose y enlazándose las arquerías de modo que 
cierran espacios cuadrados, como etf el Cristo de la Luz de Toledo y en la 
Mezquita de Córdoba, guardan relación evidente con esa arquitectura primi- 
tiva hispano-cristiana. 

A ella, y atendido el carácter cristiano que predomina en todo el monu- 
mento, creímos, de primera impresión, pertenecía éste, pero estudiados con 
detención sus elementos, advertidas sobre las diferencias ya apuntadas la de 
que los arcos aparecen más cumplidos, de mejor traza y mayor esmero en su 
despiezo que los de aquel tiempo, y sobre todo, la formación de su bóveda, 
de aparejo descuidado y sostenida por arcos radiados, fuertes y bien ejecu- 
tados, cuya disposición y sistema recuerda y como que anuncia ya la impor- 
tante arquitectura cuyo desarrollo llena en la historia del Arte la segunda 
mitad de la Edad Media, nos llevó á comprender se trata de un ensayo de 
bóveda de crucería, como tantos que debieron hacerse, más ó m.enos felices, 
hasta constituir el sistema arquitectónico á que acabamos de referirnos, en 
el cual la bóveda, propiamente dicha, no fué hecha con más intento que 
hacer las veces de la plementería. 

¿Qué fecha debemos asignar á este extraño monumento, que sin pertene- 
cer á un estilo determinado participa de dos, constituyendo un caso origina- 
lísimo en la evolución arquitectónica hispano-medioeval? Cuestión es ésta 
que, como las que quedan apuntadas, con las cuales está íntimamente enla- 
zada, pide más detenido estudio, puesto que se trata de un monumento de 
rareza singular; pero fieles á la deducción que de los caracteres arquitectó- 
nicos hemos hecho, no nos parece debe corresponderle otra fecha que el pe- 
ríodo de los siglos XI y XII. 

Las pinturas señalan esta fecha con más fijeza, pues su estilo, sin las ano- 
malías que la construcción, se acomoda fácilmente y en todos sus caracteres 
al de la pintura decorativa de la época. Más perfectas que las miniaturas de 
bárbaro estilo de los códices llamados Beatos, Comentarios del Apocalipsis . 
de los siglos X y XI, no es, sin embargo, su estilo tan avanzado como el de 
las pinturas del Panteón de los Reyes de León, que datan del siglo XIII. 

Está por hacer todavía, y es harto necesaria, una historia déla pintura es- 
pañola durante la Edad Media, que para este caso nos ofrecería abundantes 
elementos comparativos en que fundamentar una clasificación exacta de los 
notables ejemplares que motivan estas líneas. 

Sin embargo, supliendo esta deficiencia, en cuanto de momento nos es da- 
ble, con los ejemplares más conocidos, encontramos que el carácter de las 
pinturas de la ermita corresponde al estilo imperante en el siglo XII. Á él se 
ajusta la arquitectura simulada, con sus arquerías, para cobijar las figuras, 
como se ve en arquetas esmaltadas; á él pertenecen aun los nimbos crucife- 
ros y otros elementos simbólicos; á él deben atribuirse el modo de agrupar, la 
expresión y movimiento de las figuras, semejantes en todo^ esto á las no tan 
perfectas de la Biblia de Avila existente en la Biblioteca Nacional y que data 
de igual centuria; á él, en fin, los motivos ornamentales señalados, y tanto en 
ellos, en el meandro 6 greca y en el ajedrezado, como en los ropajes, una par- 
ticularidad característica, como son las luces indicadas por el contraste y 
oposición violenta de dos tonos ó dos colores, particularidad que se observa 
en las miniaturas de otro códice del siglo XII, el Liber Evangeliarum, de Tole^ 
do, también existente en la Biblioteca Nacional, y que no solamente en eso, 



\ 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = == 155 

sino en otros rasgos, guardan sus figuras analogía con las de la ermita. 

Este modo de decorar con pinturas un templo cristiano, cubriendo con 
ellas bóvedas, arcos, enjutas, responde en occidente al sistema oriental de 
cubrir esos mismos elementos de los interiores con mosaicos; y si á esto se 
añade que en el estilo, en el modo de agrupar las figuras, el cual recuerda 
las composiciones de mosaico de algunas basílicas del Norte de Italia, hay un 
cierto sabor bizantino, sin violencia puede admitirse que tanto en la arqui- 
tectura como en el decorado se reconoce la influencia del oriente cristiano. 

Creemos, pues, que este monumento debe datar del siglo XII, y para com- 
probarlo y tener de él exacto conocimiento, precisa hacerle objeto de deta- 
llado y concienzudo examen, para el que nosotros tan sólo hemos querido 
aportar los primeros datos. 

VII 

Lo dicho bastará para justificar la petición de que sea declarada la ermita 
de San Baudelio monumento nacional, de lo que ya se ha tratado en las Rea- 
les Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando, y que no 
ofrecerá dificultad, pues según nuestras noticias la ermita hoy pertenece 
al pueblo de Casillas. Esa declaración es necesaria para la historia del arte 
patrio y urgente para la conservación del monumento. 

Mas entretanto, como la tramitación del oportuno expediente pide tiempo, 
aunque sea breve, y ya que esa ermita, olvidada en medio del monte, pues 
en ella no se celebra culto más que el día 20 de Mayo, fiesta de San Baudelio, 
ha llegado verdaderamente por milagro hasta nuestros días, acudamos á su 
conservación los que amamos el arte. La urgencia de hacerlo indícanlo aque- 
llos muros descarnados, que ofrecen grietas de consideración; su tejado, que 
por haber sido quitado, poco tiempo hace, el primitivo de piedra que conser- 
vaba, como los de la Catedral de Avila y la ermita de los Mártires en el Cerro 
de Numancia; aquellas interesantes pinturas hechas sobre un guarnecido, ya 
desconchado en muchas partes y abolsado en otras. Para atajar el mal, que 
hoy se ofrece amenazador, mientras la mano protectora del Estado ampara 
y guarda tan precioso monumento, ábrase, para sus más perentorias repara- 
ciones, una suscripción entre los amantes del arte y principalmente entre los 
sorianos, que tanto cariño demuestran siempre por su hermosa tierra, ya que 
en ella tienen la dicha de contar una joya valiosísima del arte nacional. 

Manuel Aníbal ALVAREZ 

José Ramón MÉLTDA 




156 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Pe la Galicia desconocida. 



Cuatro iglesias románicas en la ría íe Camarinas. 

Abrupta es la costa gallega. Desde La Coruña á Muros no encuentran los 
buques más que piedras, ensenadas que no merecen este nombre, bajos que 
avanzan hacia el mar, cabos con fenomenales restingas, forman una costil 
tan peligrosa para la navegación, que el espacio comprendido entre el cabo 
Beo y el Touriñana lo ha bautizado la marinería con el fatídico nombre de 
Costa de la Muerte. Hay en este trozo, sin embargo, una solución de conti- 
nuidad, buen abrigo para las embarcaciones, que encuentran allí desde tiem- 
po inmemorial un refugio contra aquel mar, que con fuerzas titánicas rompe 
en las rocas. No lejos del Villano marcan dos puntas la entrada de una ría: 
Virgen del Monte Farelo y Virgen de la Barca se llaman dos santuarios si- 
tuados cerca del mar; visibles desde larga distancia para el navegante, le 
indican el peligro de la costa ó la esperanza del abrigo. Esas dos vírgenes 
marcan la entrada de la ría en Camarinas, en donde puede encontrar abrigo 
contra cualquier tiempo; Mugía y la ensenada de Merejo lo protegen contra 
los vientos del Sur; en Camarinas ó en La Baza se defiende de los del Norte, 
y si su embarcación viene á cambiar especies, como en los tiempos primiti- 
vos, puede, á poco que remonte el río del puente en el fondo de la ría, en- 
contrarse en una feria animada y en un rincón de España, que si no es tan 
conocido como las orillas del Eume y el Mandeo, lo debe á la falta de medios 
de comunicación. 

En ese sitio tan apartado que por él no pasa ni una carretera, se conser- 
van algunas iglesias, casi por completo inéditas pero dignas de estudio. La 
más interesante de ellas es 

SAN JULIÁN DE MORAIME 

En el fondo de la ensenada de Merejo, y á cosa de medio kilómetro del 
mar, hay una aglomeración de media docena de casas con una enorme igle- 
sia parroq'j.ial que podría cobijar á todas ellas. Un vulgar campanario no 
indica nada desde lejos, pero al acercarse, los canecillos labrados del ábside, 
los contrafuertes y el ingreso lleno de esculturas, imitación del nunca bien 
ponderado de la Gloria en Compostela, nos dijeron claramente que oculto en 
aquel valle había algo más que una modesta iglesia parroquial. 

Disposición y construcción. — Tres naves sin crucero, hoy con cubiertas de 
madera, pero que tuvieron primitivamente bóvedas de cañón seguido, de las 
cuales aún se conserva la primera hilada; ábsides semicirculares con bóvedas 
de cascarón (1) á mucha menor altura que las de las naves, cuyo despiezo 
no pudimos estudiar por la enorme capa de revestido que las cubre; colum- 

(1) El ábside central rectangular es moderno y tiene un gran retablo barroco bastante 
vulgar. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = — =± z= = 



= 157 



ñas de fuste prismático con cuatro medias columnas en sus caras; arcos fa- 
jones y formeros dobles rectangulares; pequeños contrafuertes al exterior, 
unidos á la altura de las bóvedas por arcos de medio punto que atan el muro 



SAN JULIÁN DE MOKAIME 








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Croquis de la planta. (Encala aproximada ) 

y permiten restarle espesor, esos son los elementos constitutivos de la basí- 
lica. Recibe luz por unas aspilleras con gran derrame, repartidas desigual- 
mente en los tramos, por una ventana encima del arco triunfal con parteluz 
de piedra en forma de cruz y por dos ojos de buey á los pies de la iglesia en 
las naves laterales. 



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laterior. 



(De una fotografía. ) 



Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 21 



158 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

En el muro del Evangelio y en los tramos marcados con una A en el cro- 
quis, hay unas arquerías ciegas formadas por dos arcos de medio punto con 
su ajimez, cobijados por otro ligeramente apuntado, imitación segura de las 
galerías del triforio compostelano, que no han debido ser nunca más que de 
efecto decorativo, pues en aquella época huecos expuestos al N. (la iglesia 
no está orientada) y bastante grandes, harían la iglesia inhabitable. Toda ella 
está construida con sillares de granito bien aparejados por hiladas, á excep- 
ción del muro de la Epístola, que hasta unos tres metros de altura es tosco, 
de mampostería ordinaria mal hecha y con enorme ^desplome hacia el inte- 
rior. Hay en este muro, hacia el segundo tramo de la iglesia, restos de una 
puerta tapiada, bastante estrecha, con arquivolta de medio punto, de la cual 
quedan algunas piedras con decoración de billetes. 

Decoración. — Es por demás sencilla en el interior. Apoyan las columnas 
en basas circulares, que con grandes garras sujetan los astrágalos de aqué- 
llas; los capiteles son todos iguales, cilindricos, vegetales con hojas de loto 
rematadas por una perla que se separan poco del núcleo central; los imusca- 
pos son funiculares y el cimacio rectangular, razonando así los arcos fajones 
de igual pertii; una sencilla moldura plana indica en las naves el arranque 
de la bóveda; por los pies de la iglesia y en los ábsides corre una imposta de 
billetes. 

Cambia en la puerta radicalmente esa sencillez en el adorno. El ingreso, 
abocinado con tres archivoltas sostenidas por columnas á las que están arro- 
lladas (valga la frase) unas estípites, está muy bien trazado y esculpido con 
gran proligidad de detalles; las fíguras de Obispos y Santos de esas columnas 
no son hieráticas; son sueltos los pliegues de las túnicas; los rostros y las 
barbas acusan una mano que sirve á una inteligencia inspirada; no es de un 
mero copista la labor de aquellas figuras, la misma que hizo los capiteles de 
las columnas que sostienen los arcos con tres órdenes de hojas bien estiliza- 
das, sueltas y de bastante relieve. En el tímpano, siete arcos de medio punto 
cobijan al Padre Eterno en actitud de bendecir al pueblo y á los Apóstoles, 
y las arquivoltas figuran un baquetón corrido al cual se asoman, á guisa de 
balcón, unos pecadores, representados con bastante rudeza y repartidos con 
absoluta simetría: motivo éste copiado probablemente de otro igual, pero in- 
finitamente mejor, que se presenta en el ingreso izquierdo del pórtico de la 
Gloiia. Esta parte, tímpano y archivoltas es bastante inferior á las estípites; 
forzosamente hubo cambio de artista. 

Los ábsides laterales tienen canecillos historiados bastante rudos y los 
ojos de buey de las dos naves están encuadrados con molduras, con billetes y 
cruces parecidas á las de Malta. 

Clasificación del monumento. — No es difícil de hacer. Tres naves que estu- 
vieron cubiertas por bóvedas de cañón, acabadas en ábsides semicirculares, 
carencia de luces directas en la central, la decoración ruda de capiteles é im- 
postas y los contrafuertes exteriores, unidos por arcos para descargar el muro, 
colocan de lleno esta iglesia entre el tipo auverniense, dentro del estilo romá- 
nico. Ofrece, sin embargo, la particularidad de tener las bóvedas de los ábsi- 
des á mucho menor altura que los restantes tramos, lo que permite iluminar 
directamente las naves y tener en el muro del Evangelio las arquerías ciegas, 
que ya se han mencionado, copia fiel de los triforios compostelanos. Es de 
notar que esta arquería no existe más que en tres tramos de los cinco que la 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 159 

iglesia tiene y sólo en im muro, precisamente el mismo que por el exterior 
tiene contrafuertes con arcos de unión, y que no hay ninguna aspillera abier- 
ta en los tramos que tienen esas arcadas. 

La puerta de ingreso (cobijada hoy por un angosto vestíbulo que dificulta 
el sacar fotografías) es indudablemente posterior á la iglesia; las molduras, 
la piedra, todo indica que no es contemporáneo del rudo adorno de los ojos 
de buey que iluminan las naves, y aun dentro de la puerta se notan dos épo- 
cas, ó á lo menos dos artistas: las estípites y capiteles no salieron del mismo 
escoplo que el tímpano y las archivoltas. 

SAN JULIÁN DE MORAIME 







Ingreso en la imafronte. 



{Be fotografía.) 



Este tipo de iglesias es frecuente en Galicia; ejemplar muy parecido á 
este es Santa María la Real del Sar, en Santiago, pero tiene una notable di- 
ferencia, cual es el trazado de los ábsides, poligonales de influencia palesti- 
na (1) en el Sar, circulares de clásico abolengo románico en Moraime. 

Reseña histórica. — López í^erreiro nos da la noticia más antigua en su 
Historia de la Iglesia de tiantíago, tomo III, pág. 179, copiando, entre los do- 



(1) Choisy: Historia de la Arquitectura. 



160 «:«= = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

cumentos que procedentes del Monasterio de San Martín Pinarío guarda la 
biblioteca de la Universidad, el siguiente privilegio: 

«En una Junta ó Concilio, reunido en Santiago en 1093 para asuntos de la 
Sede, compareció D.^ Argilona, viuda de Arias Pepiz, é hija de los condes 
Pelayo y Aldonza; después de exponer cómo había fundado un monasterio 
en tierra de Bergantiños cerca del mar, en un sitio llamado Villanueva (hoy 
San Juan de Borneiro), manifestó su intención de poner dicho monasterio 
bajo el régimen y gobierno del Venerable Ilodorio y sus sucesores los abades 
de San Julián de Moraime, para que éstos procurasen siempre que en Villa- 
nueva se observase la Regla de San Benito. Por lo cual pidió al Obispo y pre- 
sentes que confirmasen y decretasen la anexión de Villanueva á Moraime, 
como en efecto así se hizo.» El monasterio debía ser antiguo é importante 
cuando se le anexionaban otros, pero nada sabemos de él; debía pertenecer á 
la Orden benita, pues desde la invasión de los árabes hasta 1100 no hubo en 
España otra Orden monástica, por haber desaparecido todas las de San Agus- 
tín (1), y no es además lógico que encomendasen guardar la regla de San Be- 
nito en un monasterio, á otro que perteneciera á Orden distinta. Por este 
mismo tiempo — dice López Ferreiro — Froilán Pérez y su esposa Mariana 
Ariamy donaron al monasterio Morianense, que está junto al puerto Arenam 
Majorum (Área Mayor se Uama hoy día una playa situada cerca), y á su abad 
Hodorio, la villa de Sortevagos (Sorteguas), con la cláusula de que los colo- 
nos de dicha villa ó granja sirviesen al monasterio, no como siervos, sino 
como ingenuos. No cita Yepes este monasterio más que incidentalmente (2), 
diciendo textualmente: «... el monasterio San Martín de Ozón, sugeto á San 
Martín de Santiago, estaba á media legua de Moraime»; pero sí lo nombra la 
Historia Compostelana (3) que al hablar de las iglesias destruidas por los pira- 
tas árabes en 1115 cita nuestro monasterio, y, por último, López Ferreiro, en 
el tomo III, c. XXXVI, copia un privilegio otorgado por Alfonso VI en I."* de 
Octubre de 1119, por el cual otorga á «Moraime..., territorio Nemanchos y 
su litoral... para restaurar aquel cenobio que en nuestro tiempo desvastaron 
los sarracenos, proveer al sustento de los monjes, de los pobres y del hospi- 
tal de peregrinos..., en atención á los buenos servicios que le había prestado 
durante su niñez en tiempo de guerra». Parece deducirse de aquí que cuando 
Alfonso el Batallador hizo una irrupción en Galicia, y el conde D. Pedro de 
Trava ocultó á su protegido el infante D. Alfonso, sería en Moraime donde lo 
escondería, suceso cuyo recuerdo aún guardan los habitantes de aquel rincón 
de la tierra gallega. 

Con estos datos no es difícil reconstituir la historia de la Iglesia. Al pri- 
mitivo templo destruido por los piratas en 1115 pertenecen los restos que in- 
dicamos en el muro de la Epístola, el cuerpo de la iglesia es de mediados del 
siglo XII después de la donación de Alfonso, y del XIII el ingreso de la ima- 
fronte. 

No nos pudimos detener bastante en la iglesia para buscar inscripcio- 
nes que es fácil existan, ni la luz nos permitió ver si había por los alrede- 
dores restos del convento y hospedería: ya era de noche cuando abando- 
nábamos aquel sitio encantador el conocido escritor Francisco Antón y el que 

(1) Yepes: t. II, 448, lo copia de Fray Jerónimo Román, 

(2) Tomo IV, fol. 5o. 

(3) I, CIII, pág. 408. 






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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = .= = 161 

esto escribe, y al atravesar la ría, solamente alumbrada la embarcación por 
los destellos del faro del Villano, nuestra alma no volaba hacia delante, sino 
que iba atrás, á recordar los monjes blancos, á pensar en la historia insigne 
de tantas cosas que fueron, y en especial de aquella casa de Moraime que, 
al acoger al infante D. Alfonso, servía la causa de la justicia, pero quizá fué 
causa inconsciente de retrasar por tres siglos la unión de Castilla y Aragón. 

MUGÍA 

La iglesia parroquial de este pueblo, situado en una estrecha península 
combatida del mar por todas partes, no es tan desconocida para los arqueó- 
logos como Moraime. En las Lecciones de Arqueología Sagrada, de López Fe- 
rreiro (pág. 56), se publicó el dibujo de un capitel suyo con el dictado de vi- 
sigodo, y aunque no fuera más que eso, viniendo la afirmación de persona 
tan docta, merece la iglesita un estudio más detenido del que vamos á inten- 
tar. Su historia es por completo desconocida: el Sr. López Ferreiro nos ha 
dicho que aparece mencionada en un documento del siglo X, y el P. Yepes, 
en la Crónica de la Orden de San Benito (1), copia una Bula de Inocencio ITI, 
firmada en 1203, haciendo varias donaciones al Monasterio de Carracedo, 
entre las que figura la iglesia de Mugía con todas sus pertenencias; esto es 
todo. A falta de documentos procuraremos que el monumento nos revele su 
historia. 

Disposición y decoración. — El croquis adjunto indica bien cómo es la igle- 
sia: tuvo planta de cruz griega casi perfecta, con un ábside adosado bastan- 
te profundo, terminado por muro de testero plano; este ábside está cubierto 
por bóveda de cañón seguido, ligeramente apuntado, sostenido por cuatro 
arcos fajones pertenecientes á dos épocas distintas; la nave central tiene cu- 
biertas de maderas vistas, con grandes arcos de perfil rectangular, sin indi- 
cios de haber tenido nunca cubierta de piedra; el tramo C de la cruz (único que 
hoy se conserva) tiene bóveda de arista con nervios rectangulares apeados 
en unos capiteles terriblemente rudos, vegetales, y alguno historiado; las do- 
velas de los arcos diagonales son ligeramente apuntadas y forman cuerpo 
con los pleméntos, de modo que los nervios no sirven más que de adorno; el 
artífice no supo lo que era la bóveda de crucería. Los arcos de la nave cen- 
tral tienen arquivolta, también rectangular, y están apeados en columnas 
robustas de fuste muy corto, flanqueadas por otras semicolumnas, que son 
las que reciben las archivoltas. 

Los capiteles, rigurosamente cilindricos, tienen algunas figuras de ani- 
males, cerdos en su mayoría; uno representa la crucifixión con una rudeza 
horrible (es tal la capa de cal que los cubre que es difícil distinguir las figu- 
ras). En el ábside los hay de dos tipos: los pertenecientes á arcos de sección 
rectangular son vegetales (uno de ellos el publicado por López Ferreiro), los 
segundos tienen unas conchas ó veneras; éstos están bien esculpidos, los otros 
tienen tal tendencia al bisel en su labra, que les acredita de visigodos sin 
duda alguna. 

El alzado de la iglesia tiende á la forma piramidal; el caballete del teja- 
do del brazo C (que tiene cubierta á dos aguas), está más bajo que el tejado 

(1) Tomo V, folio ^:M. 



162 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

de la central, pero sus muros engranan perfectamente, mientras que por el 
otro lado se nota una cortadura en el muro, rellena con materiales más pe- 
queños, que alteran las hiladas del resto de la iglesia, cortadura que tiene la 
misma latitud que la capilla del otro lado. Por último, al final de las hileras 
del tejado y elevadas sobre él, hay unas cruces de Malta inscriptas en círcu- 
los de piedra calados, iguales las tres hoy existentes; es un indicio más en 
favor de nuestra opinión de simultaneidad en la construcción de la nave 
central y la C. 

MUGÍA. 




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Iglesia parroquial, p'aata y alzado. 



No hay por el exterior más decoración que unos canecillos pequeños con 
hojas y cabezas de toro, y la puerta. Esta, de un solo hueco y muy estrecho, 
tiene un arco ligeramente apuntado con archivolta adornada con puntas de 
diamante, apoyada en dos columnas con capiteles vegetales en que las hojas 
apuntadas casi no se marcan. En el tímpano hay hoy una piedra lisa apea- 
da en dos ménsulas, pero enfrente de la iglesia, en un hueco del monte, 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 163 

está empotrada una piedra con las mismas dimensiones que el tímpano y tie- 
ne grosero alto relieve representando la Virgen con dos figuras más, que no 
podemos precisar lo que representan. Digamos por fin que toda la iglesia está 
construida con sillares de granito grandes, bien labrados, sentados con esca- 
sa cantidad de mortero, que no hemos visto signos lapidarios y que la igle- 
sia está orientada, dato tanto más de notar porque situada la iglesia á media 
ladera, la orientación obligó á terraplenar para colocar la cabecera, como 
indica el alzado, mientras que invirtiendo la posición hubiera sido más fácil 
de construir (1). 

MUGÍA 




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Columna nav^e central. 
(De fotografía.) 



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Columna del presbiterio. 
(De fotografía.) 



La iglesia está hoy escasamente alumbrada por algunas aspilleras y dos 
pequeñas ventanas, en el muro de imafronte y el que hay encima del arco 
triunfal, no habiendo señal alguna de haber existido ventana en el muí o que 
cierra el tramo absidal. 

Clasificación del monumento.— Ld. planta, de cruz griega; los dos tramos la- 
terales á menor altura que el central; el ábside lineal por fuera, y con perí- 
metro también lineal la capilla correspondiente, son elementos de abolengo 
bizantino empleados frecuentemente en España en las construcciones visigo- 
das y en bastantes elevadas después de la reconquista, antes de que las in- 
fluencias francesas hicieran olvidar á los españoles las tradiciones indígenas 
de su país. Nave y Hornija entre las primeras, Lena y Melque (2) entre las 
segundas, tienen planta y alzado de bastante analogía con Mugía para que 
pueda atribuirse á mera casualidad. Es, sin embargo, de notar una diferencia 

(1) Notemos que Moraime no está orientado, y eso que el terreno allí es menos pendiente. 
• (2) Recientísimo es el descubrimiento de este curioso monumento. En el numero Vii de 
Cultura Española ha publicado un concienzudo estudio acerca de él nuestro ilustre conso- 
cio el Conde de Cedillo. 



164 = = = = = ==== Boletín de la Sociedad Espxñola de Excursiones. 

esencial: en Nave el espacio comprendido entre los brazos de la cruz está 
ocupado por unas capillas que dan al conjunto planta poligonal con peque- 
ños ángulos entrantes; en Melque no existen esas capillas más que en la ca- 
becera, siendo por lo tanto mayor la analogía con Mugía. El interior de la 
capilla absidal es, por lo contrario, lineal en ésta, circular en Melque; la 
influencia clásica que esto acredita no se nota en Mugía; el artíüce que lo 
erigió no tomó modelo de las obras clásicas, se inspiró solamente en las obras 
visigodas. 

La nave central, cubierta con madera, y la absidal con bóveda, es modo de 
construcción frecuentísimo en Gralicia antes del siglo XII; pero es singular la 
presencia de una nave cañón seguido en el ábside y rudimentaria bóveda por 
arista en el brazo N. de la cruz, y de su simultaneidad no cabe duda, porque 
engranan tan perfectamente las mamposterías, que no cabe en lo posible la 
idea de una reconstrucción, y en cambio los capiteles, la imposta, el pertíl de 
los nervios son iguales; como ya hemos dicho, la bóveda de arista tiene los 
nervios despiezados con los plementos, esto indica un arte incipiente y expli- 
ca que el constructor, que tan poco entendía el mecanismo de la bóveda de 
crucería, no se atreviese á cubrir del mismo modo una nave larga, donde era 
necesario emplear varios tramos; para atrevimienco ya bastaba con cubrir un 
tramo. 

En ios pocos elementos decorativos que la iglesia conserva, distínguense 
tres épocas: pertenecen á la primera los capiteles, probablemente visigodos, 
que publicó López Ferreiro; á la segunda los historiados rudos, de que dan 
idea los fotograbados^ y los arcos rectangulares (h del croquis) es la de erec- 
ción de la iglesia; de la tercera son los arcos A intercalados entre los otros 
en la cabecera del templo con capiteles distintos, pertenecen á alguna res- 
tauración que se llevó á cabo en época desconocida, seguramente á causa de 
un posible derrumbamiento de la nave, que obligó á reforzarla interiormente 
y á construir los dos contrafuertes exteriores del ábside, únicos en toda la 
iglesia y que no forman cuerpo con el muro. 

¿Cuando se construyó esta iglesia? Fácil es la pregunta, pero aventurada 
la contestación, porque los datos que suministra el monumento ni son muchos 
ni concretos; pero intentaremos contestar á ella sin pretensión de decir la 
última palabra, diremos sólo la primera, en espera de que otros con más com- 
petencia y más datos puedan ratihcar ó rectiticar nuestra opinión. 

Fué tan grande la influencia que la Catedral compostelana ejerció en toda 
Caiicia, que bien puede decirse no se construyó ninguna iglesia, á partir del 
año 1050, que en poco ó en mucho no copiara la basílica santiaguesa; sin 
duda llegaron á creer ios gallegos, en su natural admiración hacia aquella 
obra admirable, que no había manera digna de reverenciar á Dios más que 
iinitanüo la iglesia elevada sobre la tumba del Apóstol. Esta influencia ha 
sido tan marcada que ha dado origen al arcaísmo gallego; estaba tan arrai- 
gado el modo de hacer románico, que aun en el siglo XV se construía en ese 
estilo el claustro de San Francisco en Lugo. Y estudiando las plantas de igle- 
sias gallegas construidas del XI en adelante, se nota que mientras en Castilla 
y León se hacían lineales los ábsides de las iglesias chicas y con capillas de 
frente las catedrales, en Galicia imperaban los ábsides torneados y la giróla. 

En Mugía no tenemos esos elementos; la planta es oriental, bizantino el 
alzado, el ábside no tiene nada de clásico; la decoración, ruda, es hermana 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = =; = == 165 

de la latina asturiana; pero la bóveda de arista y los arcos apuntados sotf 
más modernos. Estos arcos y aquella planta no son contemporáneos; allí hubcJ 
antes otra iglesia construida en tiempos más remotos; aprovechando elemen- 
tos visigodos, si no lo era toda ella, hubo una con la misma planta y tal' vez 
los mismos muros; luego, á principios del XI, se construyen las bóvedas, se 
hacen los arcos y la puerta (1); más adelante, hacia el XIII, es necesario po- 
ner los arcos B en el presbiterio y se hacen los capiteles con veneras (sic); 
por último, ayer, se tira la nave D, se abre nuevo ingreso... y así ha llegado 
la iglesia hasta nuestros días. 

J A V I X A 

Era domingo. Sin más intención que asistir á una romería nos embarca- 
mos aquella tarde de Agosto; después de atravesar la ría y cruzar una barra 
peligrosa de ordinario, pero tranquila entonces, entrábamos en una ensena- 
da de aguas quietas que reflejaban las siluetas de inmóviles pinos cuyas raí- 
ces se mojaban en el mar. 

Al fondo se abre el paisaje; alternan masas de castaños y pinos con los tonos 
claros del prado y obscuros de los tojos, y destacando entre aquella gama de 
verdes, una casa blanqueada, la rectoral, un grupo humano, en el que pre- 
dominaban los colores vivos y las apagadas notas de la gaita, nos guiaron 
hacíala romería ¡Hermoso cuadro aquel y soberbio marco para que pluma 
mejor cortada trasladase al papel los sentimientos! 

Unas pocas parejas bailaban la muiñeira. Ellas, con los ojos bajos, reca- 
tadas, moviéndose con pausa, sin levantar polvo con los pies ni hacer un plie- 
gue la falda — diríanse sacerdotisas en una ceremonia de rito arcaico — ; ellos, 
por el contrario alegres, bulliciosos, saltan, dan vueltas, se acercan, se se- 
paran, sin perder jamás el respeto al ídolo en cuyo honor se agitan, y al cesar 
gaita y tamboril cambia el aspecto, recobran ellas la animación y la vida, 
ellos se paran jadeantes y sudorosos; ha terminado la ceremonia, que cere- 
monia parece, porque aquel baile más es religioso que pagano; probablemen- 
te en el culto druida se podrían buscar sus orígenes. No lejos de allí había en 
el atrio de la iglesia una modesta feria: frutas, quesos y mantecas alternaban 
con un café económico, hecho allí mismo sobre las ascuas, y con algunas 
pastas y caramelos, muestras inocentísimas del sublime arte de la pastelería; 
y entonces nos fijamos en una ventanita románica que aparecía entre las 
frondosas ramas de un castaño. 

Por demás modesta es aquella iglesita de Javiña; no tiene historia, ó por 
lo menos nosotros no la hemos visto citada en ninguna parte, á excepción 
del Diccionario Geográfico de Madoz. Él nos dice que ejercía señorío el Mo- 
nasterio de San Martín de Santiago, y que la iglesia parroquial, Santa Ma- 
ría, corresponde al Arciprestazgo de Nemancos. Por lo tanto, pertenecería 
en tiempos pasados á Moraime, con arreglo á la donación de Alfonso. Tiene 
una sola nave, con bóveda de cañón seguido, sostenida por cuatro arcos fajo- 

(1) Villa-amil (Iglesias gallegas, pág-. 136) dice que las cabezas de clavo son cai-acte- 
rísticas de las construcciones gallegas del siglo Xlir, aunque en Castilla hayan sido emplea- 
das mucho antes. A pesar de ello creemos que la puerta de Mugía es anterior; su estrechez, 
el dintel apeado en dos ménsulas, la factura, todo es tan igual al ábside, que no nos parece 
sea de otra época. 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc— 22 



166 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.. 

nes rectangulares, de arranque muy bajo; los capiteles del arco triunfal 
por demás curiosos, son muy altos y parecen formados de dos partes distin 
tas: la inferior tiene volutas y hojas de acanto, pero tan abultados y sepa- 
rándose tanto del núcleo, como no los hemos visto en ninguna parte; sólo 
unos que, procedentes de Santa María de Mave en Asturias guarda el Museo 
Arqueológico, son parecidos á éstos; encima de estas hojas hay un cima- 
cio plano que tiene gran inclinación, y como arranca del tambor y sobre él 
vuelan las hojas, la primera impresión que causa es la de un capitel doble 
bizantino; está adornado este cimacio con unas rosáceas inscritas en círculo de 
poco relieve, labradas á bisel, con tal claridad, que si no formaran cuerpo 
con las volutas de abajo, románicas sin duda, nos hubieran parecido visigo- 
das; las basas sujetan el astrágalo de la columna con grandes grapas, y tienen 
también el plinto adornado con unas hojas triangulares muy abiertas y con 
el nervio muy marcado. Cierra la nave un muro plano, en el cual hay una 
venianita con dos archivoltas, de billetes una, la otra formada con cuatro 
grandes semicírculos, que á su vez cobija una moldura formada por baque- 
tones y listeles. Debajo de estas molduras corre una faja plana adornada 
con rosáceas análogas á las del interior, apeada en dos columnas, con capite 
les vegetales de acanto (1). 

Del ábside lineal ya hemos hablado bastante al tratar de la iglesia 
de Mugía. Los capiteles casi dobles y el adorno en semicírculos grandes de la 
ventana, tiene más orientalismo que todo cuanto hemos visto ni leído del ro- 
mánico gallego; sólo en la puerta del Obispo de la Catedral zamorana, de 
influencia oriental legítima y directa, encontramos algo parecido. Imposible 
es fundar la más pequeña tesis con una ventana y algunos capiteles, pero 
lo avisamos á los arqueólogos. En Mugía, y más en Javiña, hay un modo de 
hacer románico, anterior á la influencia francesa, que lo absorbió todo á 
partir del siglo XI. 

SANTIAGO DE CEREIJO 

No lejos de Javiña, remontando el río del Puente, hay un espolón, que sa- 
liendo de la orilla izquierda corta el rio y le obliga á describir una curva. 
Asoma la roca sus aristas vivas, y en la cima una torre señorial erguida, ma- 
jestuosa, con sus muros pétreos cubiertos de hiedra que ha aprovechado todas 
las juntas para afianzar sus raíces, está como un estandarte, anunciando que 
detrás hay un lugar. Este lugar, del que no conocemos ni un ápice de su histo- 
ria, tiene una iglesita análoga á la de Javiña. Es de una sola nave, con cu- 
bierta de madera y una capilla absidal bastante grande, cubierta con bóveda 
de medio cañón, sostenida por dos arcos de perfil rectangular sobre columnas 
bajas y con contrafuertes exteriores. Limita esta capilla un muro de testero 
plano, y tanto éste como los capiteles y basas son muy parecidos á los de Javi- 
ña, aunque la factura no sea tan delicada, tienen los capiteles menos vuelo que 
aquéllos, y en toda la capilla corre por el arranque del arco una imposta de 
billetes. Es sumamente curioso el tímpano de la puerta, que representa la 
pesca en el lago Tiberiades, pero con una sencillez tal que espanta: las figu- 
ras y las barcas no pueden ser más convencionaleá"; y sobre todo las olas 

(1) No pensando más que en ]a romería, no llevábamos máquina fotográfica aquel día; 
^Bieu castigó la suerte nuestra imprevisiónl 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, = = = = = = = = 157 

están tan simétricamente hechas y son tan grandes, que es lo único visible á 
primera vista. 

Sólo por la existencia del ábside lineal, tipo tan característico del romá- 
nico leonés, citamos esta iglesita. Esos ábsides son en Galicia legión (1) 
y el estudio sistemático de su desarrollo será sumamente curioso. Podrá ser- 
vir para conocer la historia del arte de aquel tiempo y las relaciones artísti- 
cas entre aalicia y León. Al fijarnos en los detalles arquitectónicos creemos 
encontrar notables diferencias entre lo gallego y lo leonés. El estilo ro- 
mánico-bárbaro de tierras zamoranas, se repite abundantísimo en Galicia an- 
tes de la erección de la basílica compostelana, y en cambio en León, Astor- 
ga y el Bierzo el románico es fino y delicado. No es posible que el arte za- 
morano, tan influido de orientalismo, pierda su carácter y retroceda al pasar 
á tierras gallegas desde las leonesas; pero como Duero abajo sigue presentán- 
dose en tierra de Sayago el mismo románico primitivo que luego aparece 
hacia Túy y sigue su emigración hacia el norte hasta unirse en Santiago con 
la otra corriente leonesa, más fina y delicada, de marcada influencia france- 
sa, creemos que la corriente bárbara siguió el curso del Duero quizá hasta 
el mar, ascendió luego por las ricas comarcas costeras hasta la región com- 
postelana, donde se encuentra con una tradición arcaica, goda, de alguna pu- 
janza, y muy poco tiempo después con el románico-monástico-francés, que 
desde Burgos, Torquemada, Falencia y León entraba en Galicia por Monfor- 
te buscando la tumba del Apóstol. El elemento indígena se suelda á estos dos, 
pero no puede resistir á la pujanza del francés, que los absorbe á todos; aun 
en Noya y Santa María del Sar aparece algún elemento ajeno á esta influen- 
cia, pero no son más que chispazos; nadie resiste á la magia de la basílica 
erigida por Gelmírez, y en lo sucesivo no habrá más que una escuela, esa 
escuela compostelana, tan prolífica como monótona. 

Sólo como hipótesis puede enunciarse la idea de esta corriente románico- 
primitiva, que llega á Galicia por Portugal antes que el arte francés, por- 
que no conocemos los monumentos portugueses, que son eslabones necesarios 
de esta cadena, pero lo brindamos á los estudiosos que, con más medios y 
mayores conocimientos, quieran fijar su atención en la arquitectura gallega 
anterior al siglo XII, que tan poco estudiada ha sido por los arqueólogos. 

Salvador GARCÍA DE PRUNEDA. 

(1) Yendo pocos días después en coche desde Santa Comba á Santiago vimos otro, el de 
la iglesia de Páramo. 




168 = = = — = =: = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 

(Continuación.) 



Versículo 14: Y el cielo desapareció como un libro que es arrollado. Desde 
la parte más alta caen once estrellas con sus correspondientes estelas lumi- 
nosas, y de la tierra salen varias figuras en actitud orante, cuyas cabezas 
aparecen cubiertas de varios modos: una con gorra, otra con tiara, otra con 
casco, etc., para significar asi el versículo 15, que dice: Y tos reyes de la Tie- 
rra, y los principes, y los tribunos, y los ricos, y los poderosos, y todos los hom- 
bres, asi esclavos como libres, se escondieron en las grutas y entre las peñas de 
los montes. La figura de San Juan está á un lado en actitud orante. 

Tablero 23 — Cordero sobre el Libro de los siete sellos, á su alrededor los 
cuatro animales simbólicos y abajo San Juan y cinco personajes con corona 
real. Debe referirse al versículo 4.", cap. XIX, en el que dice que los veinti- 
cuatro ancianos y los cuatro animales se postraron y adoraron á Dios. 

Tablero 24.— En un lado, la figura de San Juan, en pie; delante, persona- 
je con larga barba y melena, amplios ropajes y la cabeza cubierta con bone- 
te. Este personaje coge á San Juan por la mano izquierda. Delante hay un 
Ángel que vuela, detrás estrellas, y en el suelo flores y un arbusto. 

Alude esta composición á distintos versículos del cap. XXII y último. 

Tablero 25. — En el centro aparece el Creador, personificado por anciano 
de larga barba, con nimbo, corona y libro; está sentado y apoyando los pies 
sobre la cabeza de un Ángel. Á los lados diez personajes coronados, en acti- 
tud orante. 

Parece que el tallista quiso significar el cap. XXI, que trata del fin di- 
choso de los justos. 
'. Tablero 2^.— Varios ángeles vierten sobre la tierra el contenido de unos 
frascos, que al caer produce los efectos de que habla San Juan en los capítu- 
los XV y XVI, expresados por el entallador, con unas cabezas humanas entre 
unas ondas (que significan el mar de vidrio con fuego) y cinco figuras de 
hombre, metictos en la tierra en actitud de súplica. En la parte más alta se 
ve una casita con puerta y un Ángel con una cinta en la boca. Significa la 
puerta de Cielo y ia voz que salió de allí; mientras que los otros ángeles que 
hay en el relieve, representan aquellos á los que Dios entregó las siete copas 
llenas de cólera: de las que habían de salir las siete plagas postreras. 

Tablero 27. — Sobre un monstruo con siete cabezas y cuerpo de pantera 
cabalga una dama elegantemente vestida, llevando en una mano puesta en 
alto, una gran copa; delante están, en pie, cinco hombres con variados trajes, 
y en lo alto un Ángel con un disco. 

La dama representa á la ciudad de Babilonia sentada sobre el Genio del 
mal y llevando en la mano la copa de oro, llena de abominación é inmundicia. 
Los hombres que la contemplan son los comerciantes grandes y magnates 
que con ella comerciaron y en ella gobernaron; de todo lo cual trata el ca- 
pitulo XVII; el Ángel, es el que se describe en el cap. XVIII, versículo 21, con 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. ==-■ = = = = = = 169 

una piedra de molino que dejó caer sobre la tierra, produciendo los males 
anunciados. 

Tablero 28. — Sobre una nube aparece el Señor sentado en su trono, y á los 
lados los cuatro animales simbólicos, seis figuras humanas en suplicante 
actitud y nueve cabezas con alas. En la parte de abajo gran cabeza de mons- 
truo, entre cuyas fauces está una figura de mujer con copa en la mano y ro- 
deada de llamas. 

Refiérese este relieve á la destrucción de Babilonia (cap. XVII y XVIII), 
representada por la mujer que es tragada por el infierno y destruida por 
su fuego. 

Se ve también la figura de San Juan y un pequeño arbolito, que es uno 
de los dos testigos puestos para presenciar tan extraordinarios fenómenos. 

Tablero 29. — En el centro, el Eterno con el Libro de los siete sellos y cetro, 
apoyando los pies sobre una cabeza de Ángel con alas. Á los lados los cuatro 
animales simbólicos, y debajo San Juan y cuatro personajes con corona real: 
dos en actitud orante, otro toca un arpa y el cuarto presenta un libro. 

Significa este relieve: los cánticos y alabanzas de los santos por la ruina 
de Babilonia, cap. XIX. 

Tablero 30. — En el relieve de este tablero ha presentado el entallador va- 
rios motivos^ que se refieren á los capítulos XII y XIV, en que habla San 
Juan de una bestia que salia de la tierra y tenía dos cuernos y cara de león 
(la cual era del mismo poder que el dragón), y de la venida de JesucristD, 
siega y vendimia de su heredad. 

Aparece en lugar preferente la imagen de Jesús, con corona, manto y una 
hoz en la mano; á un lado, Ángel también con hoz, y al otro una casita y á 
su puerta Ángel orante. Las tres figuras están sobre una nube serpenteante, 
debajo de la cual está el monstruo de siete cabezas, herido por un Ángel que 
armado de espada se ve junto á él; en otro lado tres hombres arrodillados; 
uno con sombrero puesto, otro con tiara y el tercero con turbante. Por enci- 
ma de la roca ó gruta que los resguarda^ asoma la cabeza de la fiera ó bestia 
que tiene cuernos y la cara de león. 

Tablero 31. — Represéntase en él los versículos 7, 8 y 9 del cap. XII, refe- 
rentes á la lucha de los ángeles con Satanás. Aparecen los ángeles, con fle- 
chas, lanzas, espadas y rodelas, y enmedio San Miguel, revestido de armadura 
completa, dando un lanzazo al monstruo que tiene á sus pies, y que lo mismo 
que los otros representan Genios del mal hundiéndose en el Abismo. San Juan 
aparece sentado á un lado. 

Es curioso este relieve por la indumentaria y actitudes, y malo como 
obra de talla. 

Tablero 32.— En un lado, figura de dama que viste larga túnica y ciñe su 
cabeza corona con doce estrellas; tiene las manos en actitud de orar y está 
de pie sobre una media luna; encima de la cabeza, un niño está sostenido por 
dos angelitos. La imagen del Señor bendice el grupo. Un monstruo de siete 
cabezas parece quiere devorar á la dama; y encima de la larga cola del 
monstruo hay veinte estrellas. 

Representa este relieve el cap. XII, que trata de la guerra que el Demo- 
nio y el Antecristo habían de sostener contra la Iglesia; simbolizada por la 
mujer vestida de sol, que da á luz un hijo y es perseguida por el dragón 
infernal. 



170 



^^^^ = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Tablero 55.-Cabeza de Ángel, coq una especie de diadema, rodeada de 
rayos luminosos, dos columnas que despiden humo, libro abierto que coge 
con la boca la figura orante de San Juan. Una de las columnas está en tierra 

y la otra en el agua. ^ i n- t 

Dice el cap X, versículo í ."; Vi también á otro Ángel valeroso bajar del Cielo 
revestido de una nube, y sobre su cabeza el arco iris y su cara era como el Sol, 
y sus pies como columnas de fuego. Versículo 2.^: El cual tenia en su mano un 
Ubrito abierto; y puso su pie derecho sobre la mar, y el izquierdo sobre la tierra 
En la parte alta del relieve se ve á un lado un Ángel con una cana y al 
otro un atrio. Se refiere al cap. XI, versículos I."" y 2.\ 

Con este tablero terminan los que hay colocados en la sillería; pero en las 
paredes de la sala están colgados otros que también pertenecieron á ella. 
Represéntase en uno á Jesús y coro de ángeles, á un lado San Juan y árbol, 
y al otro Ángel turibulario ante escalinata, terminada en altar, sobre el que 

hay un cáliz. ^^. ai. 

Se refiere esta composición al cap. VIII, versículo 3.^: Vino un Ángel y pú- 
sose ante el altar con un incensario de oro (representación de la oraciones di- 
rigidas áDios). 

Los otros tableros sueltos son de mayores dimensiones y tienen talladas 

figuras alegóricas muy interesantes. 

Las misericordias, tanto de las sillas altas como de las bajas, figuran am- 
males caprichosos, parecidos á los de arte ojival, pero de contornos más re- 
dondeados. En los brazales hay tallados monstruos y curiosas figuras. 

Monasterio de San Benito el Real de Valladolid (l).-En el Museo Arqueo- 
lógico de Valladolid se guardan dos sillerías procedentes del Monasterio de 
San Benito (2), una de legos, formada por 28 sitiales con tableros de talla, 
representando pasajes de la vida del santo fundador, de escaso mérito artís- 
tico, y la otra destinada á los monjes, y que por sus bellas labores resulta 
una de las más interesantes del período plateresco. 

Según fecha que figura en dos de sus sillas, fué ejecutada el año 1528, y 
aun cuando D. José Caveda y otros escritores la atribuyeron á Berruguete, 
investigaciones posteriores han demostrado, que su autor lo fué el entallador 
castellano conocido con el nombre de maestro Andrés, autor de las de Santa 
María de Nájera y de Santo Domingo de la Calzada, si bien aquí se apartó 
del patrón seguido en la primera (que como ya hemos visto es de arte ojival) 
para entrar de lleno en la nueva corriente traída de Italia é influido quizá 
por el mismo Alonso Berruguete, discípulo de Miguel Ángel (que por esta 
época regresó de Italia). 

Según Besarte, que la vio colocada en su primitivo lugar en la iglesia de 
San Benito, se componía de dos órdenes de asientos de madera de nogal. 
Sobre los altos había, como coronamiento, una serie de escudos heráldicos 
de todos los monasterios españoles de Benedictinos, que eran 42. Los escu- 
dos—dice—eran dorados y pintados, escrito el nombre del monasterio á que 
pertenecían, siendo el resto de la obra del color de la madera, excepto la 

(1) Este Monasterio estuvo en la calle de San Benito y fué fundado por Don Juan I 
en 1390, cediendo A la Orden de San Benito su propio Alcázar y una renta de 600 fanegas 
de trigo y 1.200 cántaras de vino. El primer Prior fué Fr. Antonio de Ceinos, y Don Juan lu 
hizo cabeza de su Orden. 

(2) Se guard.tu adornas algunas sillas y tableros de otros conventos. 





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primera silla en que está la imagen de San Benito, que es polícroma y esto- 
fada con gran esmero, y que sin duda alguna fué presentada como muestra 
para pintar asi todas las demás. 

Hállase hoy instalada en una de las salas del Museo Provincial, á conti- 
nuación de la de legos, antes citada. 

Es muy de notar en esta sillería la diferencia grande que hay entre la 
mano de obra de las distintas figuras, entre las cuales vemos algunas bue- 
nas, mientras que la mayor parte dejan mucho que desear, pero notándose 
en casi todas cierta tendencia ojival diferente de lo que se advierte en la 
parte ornamental, que es muy hermosa, en estilo plateresco español con in- 
ñuencia italiana. 

En la instalación actual no aparecen las estatuitas que menciona Bosarte, 
colocadas entre los escudos de un modo análogo á las de Santo Domingo. 

Compónese cada silla alta de tres tableros; el inferior (colocado entre los 
brazales) está decorado con fina ornamentación de incrustaciones de madera 
blanca; el que le sigue (á la altura de la cabeza) tiene tallados preciosos 
adornos de buena composición y esmerada factura, que demuestran estar 
ejecutados por un maestro entallador de primera, cosa que no sucede en las 
figuras que en alto relieve decoran los tableros superiores y que no nos debe 
extrañar, porque los entalladores españoles no habían entrado aún en el es- 
tudio clásico de la escultura, y sí, en cambio, estaban muy diestros en el 
adorno, que habían cultivado en el arte ojival ñorido. 

Separando unos tableros de otros vemos pilastras y columnas, que al igual 
de los brazales, paciencias, tableros y todos los espacios libres, están decora- 
dos con labores análogas, dando un aspecto rico y suntuoso á toda la sillería. 

Las sillas bajas tienen sobre sus respaldares, relieves de mejor ó peor 
arte, en que se desarrollan pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. Exis^ 
tiendo también cuatro tableros sueltos que debieron pertenecer á los costa- 
dos de alguna silla (por la parte que se entraba al coro), y representan esce- 
nas de la vida de San Benito (con gran inñuencia ojival), y otro mayor en 
que sucede lo contrario, y según parece formó parte del sillón abacial. Re- 
presenta la Adoración del Nifio Jesús por los pastores. Aparecen en primer 
término el Niño, la Virgen y San José; alrededor los pastores con ofrendas, 
y uno tocando la gaita; en el fondo edificios con detalles ojivales y clásicos, 
mezclados, y en lo alto se ve un grupo de pastores, á los que el Ángel anun- 
cia la venida del Mesías. Este tablero está encerrado en un marco en forma 
de frontón (de un modo análogo á los portapaces), compuesto de dos colum- 
nas, estriadas y decoradas, que sostienen un cornisamento, con friso ornamen- 
tado en estilo plateresco, sobre cuya moldura apoya un tablero ó tímpano 
limitado por un arco de moldura trilobulado, encerrando la composición en 
alto relieve, que representa á Jesús crucificado y las santas mujeres á los 
lados. Sobre la moldura, dos pequeñas esculturitas de niños y una calavera 
en el centro. 

Las sillas altas son las que se conservan hoy en el Museo, colocadas vein- 
te á cada lado del salón. Empezando por la derecha, nos encontramos prime- 
ro con la ya citada, en que se hizo la prueba de encarnación y dorado (que 
sin duda no debió gustar ó pareció excesivo su coste cuando no se continuó la 
obra en las demás). Tiene en la parte alta la imagen del Santo fundador de 
la Orden, con báculo abacial y un libro en el que lee, colocado sobre una 



172 « = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

mesa biblioteca. Es tal imagen de buena talla, y está primorosamente esto- 
fada y policromada. Debajo hay un pequeño tablero con un relieve, en el que 
se ven dos toros frente á frente, separados por un báculo. 
.; Los brazales altos están decorados con ornamentación de madera blanca 
incrustada en el nogal. En el centro, correspondiendo al eje del sillón, una 
cartela, en la que con caracteres góticos está escrito: S. Benedicto. El table- 
ro del respaldo está decorado en igual forma, y en el centro una Cruz aspada 
y una mano bendiciendo, símbolo de la Orden de San Benito. 

En la segunda silla, la imagen de talla del respaldar parece representar 
á un señor de la época en que se hizo la sillería, en traje usual á estilo de 
Alemania. En la inscripción, que como en todas hay entre los brazales altos, 
se lee: 8. Facundus. La tracería ó incrustaciones del respaldo tiene por mo- 
tivo principal un león rampante. 

Hállase colocada en la tercera silla una representación de la Virgen de 
Montserrat, con el Niño en los brazos, que con una sierra de carpintero, 
como las actuales, corta los peñascos que están á su lado. La inscripción 
dice: Dña nóstica, y continúa en la cartela del respaldo en la siguiente for- 
ma: De monte ferrato. 

Tiene la cuarta silla la figura del Rey Don García, fundador del Monas- 
terio de Benedictinos de Nájera, según reza la inscripción que en los braza- 
les y respaldo tiene: Rex gardas, (debajo) fundatorhne mnageri. Aparece el 
Rey ciñendo espada y media armadura; acusando su indumentaria y ejecu- 
ción marcada influencia alemana; pues más que un Rey castellano parece un 
caballero de los que vinieron á España con el Emperador. 

En la silla quinta, un Obispo bendice con la mano derecha, apoyando la 
izquierda en un báculo. La inscripción dice: 8. Mavtinus, habiéndose perdido 
la del respaldo. 

El mismo carácter alemán que en la figura del Rey Don García nótase 
en la del guerrero que aparece tallado en la sexta silla, armado con espada 
corta, escudo (dentro de él una cadena) y armadura completa. Leyenda de 
los brazales: Cid'.catadine. 

La figura de la silla siete es la de un joven vestido de corto ropaje, pero 
bastante amplio; inscripción: S. soilus. En el respaldo tiene el tablero una 
gran ranura en forma de abertura de buzón, pues según parece, lo mismo 
ésta que su compañera de enfrente estaban destinadas para alacenas ó ar- 
marios donde se depositaban los votos para la elección de cargos. 

Sobre la silla que hace el número ocho tenemos representado á Santo Do- 
mingo de Silos, vistiendo largo ropaje y con báculo y libro por atributos. La 
inscripción, dividida en dos, dice: S. Dominico de Silos. 

La figura que hace el número nueve es la más desproporcionada de todas 
y de muy mal gusto, resultando algo grotesca, tanto por el enorme tamaño 
de la tiara y llaves que tiene por atributos, y cuyo peso parece agobiarla, 
como por su actitud poco digna y reposada. La inscripción de los brazales y 
respaldo dice: S. Petrus Silonci. 

Tenemos en la diez otra advocación de la Virgen, no muy frecuente, 
pero bajo la cual estuvo un convento de Benedictinos. Aparece coronada por 
dos ángeles y con el Niño en brazos (como se venera en Andalucía y Extre- 
madura). La inscripción dice: Dña nostra de sopetran (1). 

(1) Monasterio de Benedictinos en la pror. de Guadalajara — So-petran-bajo la piedra. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = ___ jyo 

En la silla once hay una fígura con largo ropaje, báculo y libro, leyéndo- 
se debajo: Dña nra d richi, y en el tablero: Insigni regís que fundator, leyen- 
da no muy clara, por lo que creemos que estos tableros y otros del lado 
izquieido han sido mal colocados al transportar la sillería. 

San Andrés con la cruz aspada y vistiendo largo ropaje es el santo repre- 
sentado en la silla doce. Incripción: San Andrés. 

Silla trece^ santo vestido con dalmática, llevando palma y libros. Ins- 
cripción: S. Vincentius — Obecentis. 

En la catorce otra ñgura con tiara y cetro y la leyenda: S. Gregorius se- 
tifencis. 

En la quince vemos curioso grupo de la Virgen y varios ángeles en la 
misma forma de las Concepciones de Murillo. La inscripción dice: Dña nos- 
tra — D varenes. 

Silla dieciséis, San Ildefonso con tiara y cetro con cruz, en actitud oran- 
te. Inscripción: S. Ildefonso — zamorensis. 

Diecisiete, monje con báculo y libro. Leyenda: S. Leandrus — El hueso. 

La íigura correspondiente á la silla dieciocho viste larga toga, tiene libro 
en la mano derecha y está en actitud de éxtasis. Inscripción: Don. Fer- 
dinan\ 

Y, finalmente, son muy interesantes las dos tallas de las sillas die- 
cinueve y veinte, que representan á los Keyes Don Enrique II y á su hijo 
Donjuán T. Aparece el primero vistiendo el traje de corte (de la época del 
entallador), con espada y cetro. La inscripción dice: Mex enrricus — Muni/icus. 
La otra figura, ó sea la de Don Juan, esta con igual traje, y la inscripción 
es: Joanes Rex — Fundator Scti bncti Vallisoleti. 

Esta es la ultima silla del lado derecho, y comenzando otra vez por la 
entrada del salón, vemos en la primera de la izquierda, haciendo frente á la 
de San Benito, la imagen de un caballero con vestiduras del siglo XV y un 
libro en la mano, y que según la inscripción de los brazales, representa un 
Conde castellano, Sancho Grarcía, protector de la Orden, lo mismo que los 
dos líeyes ya mencionados, y otros señores que aparecen en las siguientes. 

En la segunda silla represéntase á San Juan de Burgos, en hábito de pe- 
nitente y un libro en la mano. La inscripción de esta silla, en vez de ser es- 
crita con caracteres góticos, aparece en letra capital romana, y en el table- 
ro del respaldo, en una cartela que sirve de centro al adorno de taracea que 
lo decora, se lee la lecha de 1528. 

En la tercera represéntase á San Millán de la Cogolla, con hábito de mon- 
je y báculo. En la cuarta, un Obispo con mitra, báculo y capa bordada. Ins- 
cripción: aS'. Rosendo — Celanobe. 

La figura de la quinta es muy curiosa, y según se deduce de la inscrip- 
ción, parece representar á D. Fernando de (iundisal, fundador del Monasterio 
de Arlanza. Viste armadura completa, lanza con banderola y cruz, casco 
con cimera (compuesta de pluma, corona de laurel, torre y un Ángel con 
cruz) y una gran rodela ovalada con la leyenda: DOMINUS MICHI : ADIM- 
TOR : NON. Gomo talla no tiene valor esta figura, pues su factura es mala y 
resulta pesada de proporciones. La inscripción de los brazales y respaldo 
dice: d°' . Ferdi. gudisal — fundator arlace. 

En la sexta vemos representado un caballero con cruz en una mano y 
espada en la otra. Inscripción: S. Claudius — legionensis. 

Bolet. de la Soc. Esp. de £xc. — 23 



174 = = — = =^ = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Séptima silla, figura de un cazador con alcón en la mano izquierda. Ins- 
cripción: S. Julianus — Samius. (Esta silla es también puerta para la urna de 
votaciones.) 

En la silla octava tenemos la imagen de San Esteban, vistiendo largo ro- 
paje, con palma en una mano y con la otra coge la túnica, en la que tiene 
tres piedras. Inscripción: S. Esteban de riba de sil. 

En la nueve se ve la figura de un guerrero con armadura completa y par- 
tesana, espada, cuchillo y palma. Inscripción: B. Isidorus mártir. 

En la silla diez hay otra vez una imagen de la Virgen, pero con distinta 
advocación, como Patrona del Monasterio de Valvanera en la provincia de 
Logroño, partido de Nájera (1). Está la imagen con el Niño en los brazos, 
debajo la inscripción: Dña riostra — de balvanera. 

En la once, imagen de santo con ropas monacales^ descalzo y cadena á 
los pies. Junto á la cabeza hay un Ángel (es bastante mala como obra de 
arte). Inscripción: S. Petrus — Be monte. 

En la doce, imagen de San Vicente, representado con casulla, palma y 
un libro con un pájaro. En el nimbo se lee el nombre del santo: ^'. Bicente O. 
Entre los brazales: S. vicentius, y debajo: Salmantice. 

En la trece, figura con armadura, cota de malla y manto; apoya las ma- 
nos en largo espadón, pendiente del cinto. Inscripción: Comes Osoris — funda- 
tor llorec, ane. 

En la catorce, imagen de San Plácido en hábito monacal, en actitud de 
bendecir. Palma y libro, como símbolos. Inscripción: S. Placidus—Binci 
hisjjalen. 

En la quince, imagen de la Virgen con Niño que coge una rama de lau- 
rel de un árbol próximo. Inscripción: Dña nostra...., faltando la cartela co- 
rrespondiente al respaldo, en la que que terminaba la leyenda. 

En la dieciséis, imagen de santa vestida de abadesa, con báculo y una bo- 
tella en la mano. Inscripción: títa. Scolastica — Fromista. 

En la diecisiete, imagen de santo con largo ropaje, báculo y libro. En el 
nimbo se lee: Domine exaidit. Entre los brazales: >S'. Maurus Mote sorti. 

En la dieciocho, imagen de San Marcos, y debajo la leyenda: S. Marcus — 
Insg (falta una palabra) de ballebiesso epi legión benefice. 

En la diecinueve, imagen de San Bernardo, con báculo, libro y la ins- 
cripción: S. Bernardo — insigni santii d Roia archi epis tollet° befici, 

Y, finalmente, en la silJa veinte vemos la representación ó estatua del 
Rey Don Juan II, vistiendo ropaje corto, bonete, manto y con espada y cetro. 
Inscripción: Eex iones 2.°—Munificus. 

En general, todas estas esculturas, que representan santos fundadores ó 
señores protectores de la Orden Benedictina, están ejecutadas con gran so- 
briedad y no son muy puras de líneas, lo cual les da un marcado aspecto de 
pesadez, que lo mismo pudiera atribuirse á la infiuencia ^ alemana que á la 
poca práctica en el modelado de la figura humana, del maestro ó maestros 
entalladores que hubieron de ejecutarlas; cosa que no sucede en los trozos 

(1) La primitiva imagen de la Virgen de Valvanera fué escondida en el Valle de las 
Veneras (paraje agreste de la Rioja), al efectuarse la invasión árabe, y encontrada en el 
siglo X por el monje Ñuño Oñiz, oculta en el tronco de un roble corpulento. En este lugar 
se construyó una ermita, que más larde fué convento de ermitaños de San Agustín, y en el 
siglo XI Monasterio de Benedictinos. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 175 

ornamentales que hay debajo de cada figura, los cuales están tallados con 
gran gusto y maestría, siendo una buena muestra de ornamentación plate- 
resca española con ligera inñuencia italiana. 

Catedral de Santo Domingo de la Calzada. — La sillería de esta Catedral 
no toda es de obra antigua; destruidas gran número de sillas por un incendio, 
han sido rehechas, en la forma más semejante posible á las destruidas, por 
los escultores castellanos Sr. Martínez de la Hidalga (1). Este trozo de obra, 
si bien se diferencia algo de la primitiva, hace que subsista el conjunto, y 
es digna de elogio por lo que ha contribuido á la conservación de la tota- 
lidad. 

El plan decorativo de esta sillería y el de la de San Benito son tan seme- 
jantes, que si no hubiera más datos que éste, bastara casi para asegurar que 
una y otra salieron de las manos de unos mismos maestros. 

Consta de dos órdenes de asieutos, cubriendo las sillas altas un doselete 
corrido, con su cornisamento rematado por unos pequeños tableros, tallados 
y calados, que en vez de los escudos de ios monasterios en que remataba la 
de Valladolid, tienen unas cabezas humanas; conservándose aquí las esta- 
tuitas de que habla Bosarte al hacer la descripción de aquélla. 

Hay silla episcopal con doselete sostenido por dos columnas, sobre las 
que apoyan unos angelitos para así llegar á la altura del dosel corrido que 
cobija á las demás. 

Los tableros frontales de los escalones están decorados con tallas orna- 
mentales. 

En general, hay más uniformidad en el trabajo total que en la de San 
Benito, pero quizá peque de un poco recargada de adorno, pues no existe 
hueco aprovechable para ello que no esté decorado. 

Según se deduce de varios documentos que obran en poder del Cabildo, y 
que publicó íntegros el Sr. Martí Monsó, la sillería debió comenzarse en 
el 1517, siendo dirigida por el maestro Andrés de Nájera, y el año 1521, en 
vista de lo poco que adelantaba la obra, se celebró un contrato para que tra- 
bajaran otros oficiales bajo la dirección de Andrés. Fueron estos: Guillen de 
OUanda, Juan de Castro, Ortega de Córdoba, Francisco de San Gil y uno 
apodado el Borgoñón. De los dos primeros se sabe que eran entalladores y 
que tomaron parte en la obra, pero de los- otros tres no consta que llegaran 
á trabajar en las sillas. 

En los libros de actas capitulares encuéntrase un acuerdo con fecha 22 
de Marzo de 1521, encargando aL maestro Lucas de la obra de carpintería, 
bajo la dirección del maestro Andrés, que había de ir tres veces al año á 
visitar la obra, cobrando 15.000 mars. de cuatro en cuatro meses. Y en un 
libro de obras del 1523, figuran distintas cantidades pagadas á Lucas, maes- 
tro del ensablamento, á Guillen, imaginero, y á Francisco de San Gil, Bor- 
guiñón, Sancho, Juan de Castro y Olarte, entalladores. 

A últimos del siglo XVI (1598), se acordó trasladar la sillería que estaba 
en alto, á la parte baja, entre los cuatro pilares de la iglesia, trabajo que se 
contrató con los maestros arquitectos y escultores (vecinos de Burgos) Do- 
mingo de Albitiz y Luis Gabeo. 

(1) Madoz dice que en 1& noche del 24 de Diciembre de 1825 se quemaron los dos órga- 
nos y la mitad de la preciosa sillería de Coro, que fueron repuestos en el mismo estilo por 
cuenta del Cabildo, ejecutando la obra D. Francisco Martínez de la Hidalga. 



176 = = == = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Sillería de la Catedral de Avila. — Hállase situada en Coro bajo, frente al 
altar mayor, con dos órdenes de asientos, ejecutados en madera de nogal. Los 
altos tienen grandes respaldares con tallas que representan vidas de santos. 
Los entrepaños quedan separados por medio de columnitas que sostienen un 
friso de menuda labor y crestería con estatuitas de unas dos cuartas y media 
de altura. En las sillas bajas se ven también relieves, y en los respaldares, 
embutidos de madera que llaman texa, de los bosques del Marqués de las 
Navas. Entre las tallas de estos sitiales existe gran diferencia en su ejecu- 
ción, siendo bastante mejores las de un lado que las del otro. 

Fué comenzada en 1527 por Juan Rodrigo, pero en 7 de Junio de 1535, 
acuerda el Cabildo que el maestro Cornelis de Holanda haga dos sillas de 
muestra, en madera de nogal, comprometiéndose á tomar como tipo las de 
San Benito, y en O de Abril de 1536, se le encarga de toda la obra, dándole 
en pago 18 ducados por silla, ascendiendo el gasto total á 33.069 reales, ter- 
minándose en 1547, á satisfacción del Cabildo. 

En general, es bastante aceptable todo el trabajo de esta sillería, pero 
se nota bastante la diferencia de manos, sabiéndose que, además de los dos 
entalladores mencionados, ayudaron á su construcción otros dos ofíciales, 
cuyos nombres nos son desconocidos. 

Cartuja de Mirafiores (Burgos). — Además de la sillería ojival de que ya 
nos hemos ocupado, hay en la Cartuja de Burgos otra muy interesante des- 
tinada á los frailes menores ó barbudos (1). Tiene mucha semejanza esta 
sillería con la de la Catedral, y según parece es obi-a de Simón de Bueras, 
que en 1558 cobró por ella 810 ducados. Consta de 14 sitiales, siete á cada 
lado, separados sus respaldares por columnas estriadas, y en los tableros 
comprendidos entre ellas, se ven talladas imágenes eli bajo relieve, cobija- 
das por arquitos, también de talla. (Las imágenes son de anacoretas, monjes 
y patronos ó fundadores de la Orden.) Las dos primeras sillas de la derecha 
están adornadas con taracea de boj y parecen de distinta mano de obra que 
las restantes. En los recuadros del cornisamento (que forma un dosel corrido 
sobre toda la obra) están tallados pasajes de la vida de Jesús. 

Los santos representados en los respaldares son: San Juan Bautista (2), 
San Jerónimo, San Hugo, Obispo de Lincoln; San Bruno, San Francisco de Asís, 
San Pablo, primer ermitaño, y San Onofre, anacoreta, en uno de los lados; y 
el otro: Santa María Magdalena, Santa Catalina, mártir; San Daniel, con dos 
leones; San Antonio, Abad.; San Hugo, Obispo de G renoble; San Agustín y San 
Juan Evangelista. 

A la derecha según se entra, sobre una puerta, está una talla que signi- 
fica El Lavatorio, y encima de las otras puertas están representados en igual 
forma El Triunfo de San Miguel y La Resurrección. En el cornisamento tene- 
mos: los Desposorios de la Virgen, la Anunciación, la Visitación, el Nacimien' 
to, Circuncisión, Adoración de los Beyes, Presentación en §¿ Templo, Bautismo 
de Jesús, Prendimiento, Coronación, Ecce-Homo, Cristo con la Cruz á cuestas, 
Crucifixión, Descendimiento y Sepultura. 

(1) En la Orden Cartujana había frailes conversos ;l quienes se llamaban barbudos 
porque llevaban larga barba sin bigote, en señal de penitencia; tenían coro separado de 
los otros. 

(2) San Juan Bautista es Patrono de las Cartujas, y por esto se representa entre sus 
santos. 



Boletín de la Sociedad Española de Excnrsiones. = — = = = = = = 177 

Catedral de Huesca. — Parece ser que hasta el siglo XVI existió en esta 
Catedral una sillería que había sido construida por Mahoma de Borja en el 
ano 1402, y que probablemente pertenecería al estilo mudejar, siendo muy 
de lamentar el acuerdo del Cabildo, cuando decidió quitarla para hacer la 
que hoy tiene, que si bien no despreciable, es únicamente una más que aña- 
dir al patrón corriente en la época y semejante en todo á las anteriormente 
descritas. 

Está tallada en madera de roble y fué comenzada en 1587 por Nicolás de 
Verastegui, y terminada en 1594 por Juan Verrueta de Sangüesa, á causa del 
fallecimiento del anterior. 

Consta de 85 sillas destribuídas en dos órdenes, con imágenes de santos 
en los respaldares altos y en el cornisamento. 

Costó cada sillón alto noventa libras jaquesas, treinta y cinco cada uno de 
los bajos, y doscientas setenta las del centro, más trescientas de sobreprecio 
por las cuatro de los ángulos. Las puertas costaron 150, sumando un total 
de 6.390 libras jaquesas, más la sillería vieja, que fué entregada á los enta- 
lladores para aprovechar la madera. 

Catedral de Pamplona. — Es la sillería de esta Catedral obra del entalla- 
dor pampilonense Miguel de Ancheta, ejecutada en madera de roble de In- 
glaterra por el año 1597. Murió su autor sin haberla podido terminar, pero 
sin duda ó le faltó muy poco para terminarla ó se siguieron sus modelos, 
puesto que no se nota gran diferencia entre sus tallas. 

Consta de 56 sillas altas y 44 bajas; éstas muy sencillas, sin respaldares 
altos ni atril^ y únicamente ligeros relieves en los costados. 

Los asientos altos son iguales á los del orden inferior; y sobre ellos hay 
dos tableros: los primeros con interesantes grupos ornamentales de muy buen 
arte y esmerada talla, y los otros con imágenes de santos y santas (tallados 
en medio relieve), sin estar colocados en hornacinas, como sucede general- 
mente, sino recuadrados entre columnas abalustradas y frisos decorados, so- 
bre los que arranca una gran escocia y el cornisamento que forma el dosel 
corrido. 

La silla episcopal es muy sencilla. 

En los respaldos, á la altura de los brazales, hay dibujos de taracea en 
madera de boj. 

En esta sillería se aprecia muy bien que su autor estudió en Italia, pero 
es toda ella de un gran españolismo, pues si bien los paños de las figuras 
pliegan con la realidad del natural, en las cabezas y actitudes se advierte 
gran sencillez, que recuerda la del estilo anterior, sin las exageraciones de 
los imitadores de Miguel Ángel. 

Los brazales y grupos ornamentales son preciosas muestras del arte pla- 
teresco español. 

Pelayo QUINTERO. 

(Continunrá.) 




178 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 



IPortadas artísticas de templos españoles. 



^A^rto ci€íl I^enfi<3Íiiiierito y A.r*te iiiodei'iio. 

Portadas posteriores al 1500. 

Con la muerte de Isabel T coincide próximamente un principio de transfor- 
mación artística, que se convierte en cambio violento y radical para España 
después del desembarco de Carlos V en Tazones ó el Puntal. 

Bajo la viudez de D. Fernando se construyen aquí muchos templos y mo- 
numentos con ventanas de medio punto, adornadas de colgadizos góticos, en 
que se ve el anuncio de las nuevas líneas, con los elementos decorativos an- 
tiguos. El presbiterio de la capilla de Mosén Rubín en Avila, la iglesia de 
Coca y cien más son buenos ejemplos de esta combinación. 

No pueden citarse portadas notables que representen francamente el suso- 
dicho modo de hacer. A las que ostentan canopios más ó menos esbeltos y ele- 
gantes, suceden en orden lógico, más que en el cronológico, las trazadas con 
arcos escarzanos ó carpaneles de tres centros, llenas asimismo de colgadizos 
que no son, en general, de un gusto muy puro. 

En algunos de los retablos de alabastro ú otras piedras que enriquecen 
nuestras iglesias, se aprecia mejor la serie 'de modificaciones que llevaron 
desde el arte gótico al del Renacimiento en nuestro país, que no siguió en 
esto el mismo camino que Francia é Italia. 

El altar mayor de la Seo de Zaragoza produce en conjunto el efecto de un 
altar del período en que domina todavía la arquitectura ojival, y presenta 
luego en sus recuadros los contrastes de la Ascensión y Asunción, labradas 
en forma arcaica, con el cuadro central, donde las figuras de la Adoración 
de los Magos est'in esculpidas más á la moderna. Hay que advertir que la 
obra no se hizo en una sola época ni toda por las mismas manos. 

El de San Nicolás de Bari, en Burgos, ofrece mejor determinada esta mis- 
ma oposición de las líneas generales á los detalles, y en los de la Catedral de 
Huesca y Pilar de Zaragoza los elementos góticos son sólo reminiscencias, y 
las esculturas tienen ya todo el sentido y ambiente de las esculturas del Re- 
nacimiento. 

Con Carlos de Gante vino á España una corriente de formas del Renaci- 
miento, y pasó de España á otros países, siendo nosotros importadores y ex- 
portadores á la vez de las creaciones de Diego de Siloe, B'erruguete, Bartolo- 
mé Ordóñez, Felipe de Borgoña y otros. Esto no quiere decir que el nuevo 
estilo no se hubiera ya anunciado antes en algún caso particular, como en el 
sepulcro del Príncipe D. Juan, en Santo Tomás de Avila, con las inspiracio- 
nes de Domenico Alejandro. 

El plan arquitectónico de las puertas en este período se reduce á líneas 
que se repiten monótonamente en la mayor parte de los ejemplares, y la es- 
cultura se hace en cambio muy variada y de formas muy acusadas, con ca- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = == 179 

rácter de energía dominando á la delicadeza, que la diferencia profunda- 
mente de su coetánea la italiana. 

Un arco de medio punto encuadrado entre dos columnas de imitación 
clásica, sosteniendo encima del arco un rudimentario entablamento ó cornisa, 
componen la mayoría de ios ingresos de templos durante la época más pura 
del nuevo arte. Sobre las enjutas del arco se destacan dos medallones con 
cabezas de relieve más ó menos acusado, y que son casi siempre muy bellas. 
No todos los ingresos y fachadas del Renacimiento se acomodan en Espa- 
ña, sin embargo, á este patrón corriente, y además, aun dentro déla monoto- 
nía del plan general, supo dar la escultura, según acabamos de decir, belleza 
y variedad á las portadas, modelando en ellas magistralmente rostros ex- 
presivos ó llenándolas de labores primorosas, en que parece agotarse á veces 
la lista de los elementos decorativos. 

En Salamanca, que es un verdadero museo de las creaciones de este pe- 
ríodo, son hermosos por sus relieves, sin separarse del modelo común, los 
ingresos de Sancti Spiritu Y de los Estudios Menores , y se alejan ya masó 
menos de aquél los de las casas de las Muertes y Salinas y el de la Universi- 
dad, una de las más encantadoras representaciones de los comienzos del 
cambio desde el estilo anterior. 

Pasando luego revista á los monumentos de otras ciudades, puede for- 
marse la serie completa de los alejamientos graduales desde el tipo genérico 
antes descrito. En la portada del Norte de la Catedral de Calahorra, con re- 
miniscencias ojivales en su porción superior, y plateresca en el arco, dintel, 
jambas, etc , de la parto baja, no ha querido el escultor poner en las enjutas 
del arco los obligados medallones con cabezas, labrando en cambio dos án- 
geles que parecen dos famas romanas, cuyas trompetas se han cambiado en 
antorchas, marcando aquí el imaginero las diferencias que el arquitecto no 
marcaba. 

Sepárase también bastante del trazado, que casi pudiera llamarse reglamen- 
tario, la Puerta del Perdón de la espléndida Catedral que comenzó á construir 
en G-ranada Diego de Siloe, el 15 de Marzo de 1529. Tiene dos cuerpos llenos de 
numerosos elementos decorativos, con las figuras de la Justicia y de la Fe, 
tenantes de una cartela en las enjutas del arco de ingreso, y las de Moisés y 
David en las otras enjutas de la hornacina que ocupa en su parte superior 
el Padre Eterno; esbeltas columnas con figuritas en los ángulos de sus capi- 
teles flanquean el primero y segundo cuerpo^ y delicadísimas labores se acu- 
mulan en prodigioso número sobre los arcos y las diferentes partes del enta- 
blamento. Sábese que la trazó y dirigió por sí el mismo Siloe, y debía hallar- 
se concluida cuando se inauguró el templo, á medio hacer, en 1560, porque su 
autor murió tres años después de tan solemne fiesta. El monumento, dirigido 
luego sucesivamente por Maeda, Orea y por otros, no quedó terminado hasta 
el 1639, y al siglo XVII hay ya que referir el imafronte, que aquí reproduci- 
mos, tan aparatoso como poco artístico, lleno de reminiscencias de estilos 
anteriores, con innovaciones no muy bellas, que produce impresión tan distin- 
ta á la de la puerta precitada, y es el reflejo de una voluntad que quería 
crear lo majestuoso y un entendimiento que sólo concebíalo amanerado. 

Cinco ó seis años antes se había dado principio también á las obras de la 
nueva Catedral de Almería, que no pudo dedicarse definitivamente al culto 
hasta las postrimerías de la déciraasexta centuria. La puerta, muy artística, 



180 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



que la enriquece, es otro ejemplo de obra que se separa del plan común adop- 
tado para los ingresos en muchas ciudades castellanas. Los dos ingresos de 
la de Jaén, tan inspirada en los diseños de Diego de Siloe para la granadi- 
na, son también distintos de los creados en Salamanca; el del Mediodía pudo 
hacerle Andrés de Valdelvira; el principal es más grandioso, pero menos 
bello que su compañero, Otra portada análoga es la de Guadix. 




Fachada principal de la Catedral de Granada. 



Dentro mismo de los mejores y más clásicos años del Renacimiento se 
alejan también del plan gene '- al las fachadas de los monumentos no religiosos 
de mayor importancia, según se ve en el Palacio de Carlos V en Granada, y 
tanto en los de este carácter como en los destinados á las prácticas piadosas, 
pueden recogerse notables ejemplos de edificios en que han hecho gala de su 
independencia de espíritu los constructores, sin borrar por eso los rasgos sa- 
lientes del estilo á que todos rendían fervoroso culto; el San Clemente de 
Toledo, el Ayuntamiento de Sevilla y la Universidad de Alcalá son otros tan- 
tos modelos de líneas y ornamentación variadas. 

La aplicación del mismo trabajo y los mismos intrumentos ó piedras me- 
nos moldeables ó más fáciles de descomponer que las calizas que de ordina- 
rio se habían empleado, y la gradual separación de los tipos primitivos, se 
aunaron en muchos casos para dar producciones, en que aparecía ya degra- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 181 




Portada de la Catedral de Almería. 

dada la hermosa escultura de los primeros años del remado de Carlos V. 
Véanse, por ejemplo, los medallones de la casa del Marqués del Arco, en Se- 
govia, terminada ya por los días de Felipe II, y se observará cuánto dista 
aquel dibujo del dibujo elegante, de los perfiles trazados correctamente, y de 
la belleza de las bien modeladas cabezas que abundan en las localidades 
antes citadas, esculpidas en la primera mitad de la decimosexta centuria. 
Conservando en su porción inferior las líneas generales de las portadas 




ii. -j^ 







'^\ 




Portada principal de la Catedral de Guadix. 
Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 24 



182 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

del Renacimiento castellanas y rematando en la parte alta por un caprichoso 
matacanado, subsiste también en Avila la casa llamada de Polentinos, en 
que hoy se aloja la Academia de Administración militar. Debe citársela 
como un ejemplar interesante de la degeneración del arte que vino con el 
Emperador, y también como un modelo de riqueza en elementos decorativos, 
que son escudos de armas, grifos y águilas tenantes, panoplias, armaduras 
con piezas y detalles bastante naturalistas, cabezas de leones con lazos y 
cien caprichos más en excesiva aglomeración. 

De renacimiento aún más avanzado y algo distante ya de su primitiva 
pureza y elegancia son otras portadas, á las que puede servir de ejemplo la 
que contiene en su tímpano la Virgen de la Catedral de Palma de Mallorca, 
comenzada en 1594 y concluida en 1601. Aquel profundo abocinado lleno de 
florones en relieve, como un artesonado de salón; las columnas con guirnal- 
das colgantes, cual si estuvieran engalanadas con flores para una fiesta; las 
grecas extendidas sobre intercolumnios; los medallones con cabezas que 
rompen en la parte superior las aristas de los arcos diedros que forman 
los citados intercolumnios; las decoradas hornacinas con estatuas de santos; 
las cabecitas de serafines bien nutridos, con alas dispuestas para levantar el 
vuelo y otros detalles minuciosos forman un conjunto muy rico, un cuadro de 
perfiles en su mayoría bien trazados, y un ingreso de excepcional esplendi- 
dez, pero que produce gran fatiga al que le contempla. De este tipo hay nu- 
merosas construcciones muy conocidas en las diversas ciudades españolas. 

En todo el curso de la décimaséptima centuria continúan degradándose en 
muchos edificios los elementos del Renacimiento, y aun podría decirse en nu- 
merosos casos sus reminiscencias, al mismo tiempo que en otras localidades 
van imperando desde la segunda mitad del XVI hasta los mismos días de Fe- 
lipe IV unas imitaciones áridas de lo clásico, inspiradas en lo que la antigüe- 
dad tuvo de severo en las líneas y no de majestuosamente rico en las escul- 
turas de metopas y frisos. 

Entre cien ejemplos que pudieran citarse de lo primero hay dos algo dis- 
tanciados en fecha uno de otro, que es interesante comparar entre si por la 
impresión de gran semejanza que producen en el primer momento y las nota- 
bles y muy marcadas diferencias que entre ellos se aprecian en cuanto se les 
mira con algún detenimiento: son estos San Gregorio Ostiense, situado en una 
eminencia cerca de Mués, en Navarra, y la iglesia de La Redonda con que se 
enorgullece Logroño. 

En ambos se abren los ingresos en el fondo de superficies cóncavas termi- 
nadas en su parte alta por arcos profundamente abocinados, y lo mismo en 
uno que otro edificio están enriquecidos los intercolumnios y todos los planos 
por labores y hornacinas con estatuas; pero aquí acaban las semejanzas, por- 
que ni las columnas y pilastras son del mismo carácter, ni la distribución del 
espacio total en porciones es la misma, ni el trazado y labor tienen grandes 
analogías. 

Las columnas de San Gregorio son salomónicas y por sus canaladuras en 
espiral corren guirnaldas engalanándolas; la de la Redonda tienen fustes ci- 
lindricos profusamente adornados, por lo menos, en su porción superior, ha- 
llándose, sí, coronadas aquéllas y éstas por capiteles corintios. En el primero 
está repartida la superficie total entre tres zonas que corren de alto á bajo, y 
en el segundo aparece el cascarón dividido en cuatro semihusos, desean- 





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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 133 

sando sobre tres arcos escarzanos, que á su vez se apoyan sobre cinco fajas 
verticales que descienden hasta la parte inferior, produciendo una impresión 
de excepcional inarmonía. 

Parece la última fachada, según se ve, una negación de los más elemen- 
tales principios á que obedece la colocación de unos cuerpos de edificio sobre 
los otros, y es realmente en el fondo un ejemplo más de aquellos caprichos tan 
generalizados entre los constructores del momento en que se hizo, caprichos 
que les llevaban á que sus fábricas tuvieran por fuera el aspecto de verda- 
deras paradojas del equilibrio, de cosas que se sostenían sin deber sostenerse 
como los arcos rotos por su clave y los fustes de columnas apoyadas sobre 
esferas. 

Embellece en cambio la escultura esta portada de la Redonda, que tiene 
así un valor que no la conceden les que sólo atienden al efecto total y no se 
dejan convencer por el espíritu de las modas que impei-aron en algunos mo- 
mentos. No pueden calificarse las imágenes colocadas en sus hornacinas de 
esculturas geniales, pero sí están bien dibujadas, presentan buenas proyeccio- 
nes en general, sus cabezas son de buen modelado, y el partido de sus paños 
es suelto, libre, airoso, componiendo entre todo un conjunto agradable. 

A los ingresos, en que ya se presenta degenerado el arte de la primera mi- 
tad del XVI, suceden lógicamente, aunque no siempre en orden cronológico, 
los creados, como antes se dijo, por un clasicismo más ó menos severo que se 
prolonga casi hasta nuestros días, descontada la solución de continuidad que 
ocuparon numerosos y variados desahogos del mal gusto, importado en un 
periodo decadentísimo del arte italiano y exagerado aquí en sus peores ele- 
mentos por sus importadores. 

¿En qué momento comenzó á ceder su lugar el Renacimiento envejecido 
á los reflejos de lo clásico sin edad, cual ocurre á todas las obras eruditas? 
Un templo de Madrid parece fijar para nuestra capital los límites de la su- 
persposición del uno al otro. Las Descalzas Reales tienen una portada muy 
pobre del primero para dar entrada al convento y otra prototipo de la aridez 
del segundo que permite el paso á la iglesia. Sábese por documentos feha- 
cientes que las religiosas ocuparon su casa el 15 de Agosto de 1559, sin aguar- 
dar á que terminara la obra de la iglesia, que no fué inaugurada con una so- 
lemne función religiosa hasta el 8 de Diciembre de 1564: en el curso de estos 
cinco años ó en períodos próximos hay que poner para Madrid la crisis entre 
los dos estilos. 

Imperó enseguida despóticamente, como dueño y señor, este arte semiclá- 
sico, llenando España de fachadas sin una sola labor; con columnas dóricas en 
los cuerpos bajos y jónicas ó corintias en los altos; con arcos de medio punto 
y sin verdaderos entablamentos; no luciendo en ellas más trabajos de escul- 
tura que los escudos de armas, como en el citado ingreso de las Descalzas, ó 
imágenes de santos tan rígidas á veces como el conjunto de que son parte; 
con reminiscencias de las líneas generales y ninguno de los elementos que 
producían emoción estética en Grecia ó en Roma. No es de extrañar que en 
reacción con tan extrema aridez, que aumentaba, por decirlo asi, la frial- 
dad de las piedras, viniera de lejos la ridicula alegría de aquella borrachera 
de adornos inútiles, como galas de coqueta sin gusto, que ha padecido duran- 
te sus primeros años de una austeridad impuesta. 

Las fechas de las fábricas de muchas portadas de templos y casas de Ma- 



184 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

drid ó de otras capitales demuestran que coexistieron en un cierto período la 
severidad de este arte y las bulliciosas creaciones que se han unido todas in- 
debidamente al nombre de Churriguera; en los mismos anos ó en años muy 
próximos se elevaban en poblaciones diferentes, y hasta en barrios distintos 
de una misma ciudad, iglesias que eran el producto del uno ó del otro estilo; 
pero en términos generales puede decirse que impera en los ingresos el primer 
clasicismo desde la segunda mitad del XVI hasta el 1660 ó 70; el mal gusto 
desde la citada fecha hasta mediados del siglo XVIII, y desde el 1750 hasta 
la época actual el último Renacimiento traido por Carlos III de Ñapóles y el 
segundo clasicismo más humano, más templado, más verdadero que tan bien 
encarnó en Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva. 

Pasando desde la portada de las Descalzas Reales al ingreso de la Encar- 
nación, terminada en 1616, se ve acentuarse aún más la severidad, mejor di- 
ríamos, la sequedad, en el curso de aquel medio siglo y en las inspiraciones 
de Juan Gómez de Mora, autor de la segunda, sobre las de Juan Bautista de 
Toledo que hizo la primera. De reflejarse en los edificios el genio de las so- 
ciedades en que nacieron podría decirse que aún fué más austero el reinado 
de Felipe III que el de su padre, por lo menos en lo exterior. Bajo Felipe IV 
no resultan en armonía muchos de los monumentos con el genio de la Corte, 
ni la mayoría de las fábricas erigidas, con algunas de las que se terminaron 
por los mismos años; á una Corte literaria y galante debían corresponder 
otras construcciones más alegres que la levantada en la calle de Toledo. De 
la época de aquel Monarca es San Isidro el Real y dentro de su mismo reinado 
se comenzó en 1667 y se terminó en 1663 la capilla de San Isidro unida á San 
Andrés. Domina en el primero un neoclasicismo templado, pero todavía se- 
vero con sus altas columnas y pilastras corintias; y declara el segundo todo 
el mal gusto, toda la afición á lo nimio y chocarrero que había en Sebastián 
de Herrera Barnuevo, con los chorros de frutas que arrancan del fondo de los 
intercolumnios ó se deslizan contorneando los ángulos de las puertas. 

Poco después se daba otro paso más en este camino de acumular trabajo 
para suprimir la belleza en las obras. José Ximénez Donoso^ que falleció el 
14 de Septiembre de 1690, hacía, como una de sus últimas creaciones, la por- 
tada de San Luis, dejándonos una construcción ante la cual parece casi ele- 
gante y bella la de Herrera Barnuevo. Está roto por el centro el arco que 
debía formar el ingreso, siguiéndose en ello una moda arquitectónica tan 
extendida por aquellos años como indefendible, y sin ser muchos los detalles 
son los bastantes para que se aprecie en ellos lo débil del dibujo con que fue- 
ron trazados. Los fustes de las dos columnas tienen su superficie cilindrica al- 
terada por numerosos polígonos, estando labrados a facetas, como si fueran 
diamantes de Golconda, según la feliz frase de Jovellanos, y no se justifican 
aquí esos desvarios por el amor de la esplendidez y el lujo, causante en la 
vida de tantos ataques á la estética; el ingreso de San Luis es rico en detalles 
ridículos y pobre é insignificante por su conjunto. 

Comenzó el siglo XVIII mostrándose legítimo heredero de las corrientes 
imperantes en los últimos años de su predecesor. D. José de Churriguera 
primero, y D. Pedro Rivera después, se encargaron de dirigir la fábrica de 
San Cayetano, y formaron su fachada con ocho grandes pilastras coronadas 
por capiteles compuestos de su singular invención, engendrando un con- 
junto á modo de remedo en el tamaño y la disposición, ya que no en otras 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. === = = = = = 135 

cualidades, de San Isidro el Real. Tres hornacinas abiertas en los intercolum- 
nios se destinaron á colocar las imágenes de la Virgen, del Titular y de San 
Andrés Avelino, y para honrar quizcí á estos santos se las llenó de elementos 
decorativos á la altura en belleza de las ristras de frutos que había puesto 
Herrera Barnuevo en la capilla de San Isidro. 

D. Pedro Rivera se encargó también de construir la fachada del Hospicio 
y la torre de la iglesia de la Galera, que no son de mejor gusto y si menos 
majestuosas que la portada de San Cayetano. La de la parroquia de San Mar- 
tín, edificado en 1725, hace la competencia á las anteriores, con los jarrones 
colocados sobre el entablamento que sostienen dos columnas, los ramos de 
frutos y los aglomerados adornos de la hornacina en que se aloja la imagen, 
debiéndose criticar, aún más que la confusión de elementos decorativos, las 
grandes deflcencias del dibujo y modelado. San José de la calle de Alcalá, le- 
vantada en 1742, tiene un imafronte que es ya un paso dado en el sentido del 
cambio de estilo, y de juzgar por él habría de afirmarse que lt)s comienzos 
de la revolución contra el churriguerismo no se habían traducido en la sen- 
cillez de buen gusto y sí en la nimiedad desacertada. 

Del mismo estilo, que no resultó afortunado en algunos templos, han que- 
dado en Madrid y otras ciudades españolas diversas fachadas de casas nobi- 
liarias que no producen la misma impresión. Hay también en ellas arcos rotos 
por su centro, gradación de esquinas en los ángulos de las puertas ó perímetros 
de diversos dibujos para adornarlos, guirnaldas ó racimos de frutas, padecien- 
do muchos elementos decorativos de las imperfecciones del modelado que im- 
pone el empleo del granito; pero tanto la de Oñate, como la de Miraflores y la 
que se encuentra próxima á la Puerta del Sol, en la calle de Alcalá, produ- 
cen el efecto de casas artísticas, ricas, señoriales, quizá por el contraste con 
las fachadas de las viviendas próximas. En la casa del Marqués de Dos 
Aguas, en Valencia, luce m¿is la escultura y es mayor también el barroquis- 
mo. La de la Audiencia de Zaragoza parece una manifestación de robustez y 
fuerza, ya que no de arte, en los colosos que la adornan. 

Al llegarse próximamente á mediados de la misma centuria cambiaron 
de dirección las corrientes artísticas. El templo de las Salesas parece marcar 
la nueva crisis entre la extravagancia que desaparecía y una de las infinitas 
formas del buen sentido que volvía á imperar. Hay allí resabios de mal gusto 
y mucho á la vez en que se refleja el movimiento de reacción; el presentarse 
la parte más bella de su imafronte algo apaisada, valga la frase, le quita ma- 
jestad y esbeltez; el no abundar en él los adornos enmascarando la línea ar- 
quitectónica, aquilata su valor; la colocación en diferentes hornacinas de re- 
lieves ó esculturas le hace más amable y menos seco. Lástima que el grupo de 
la Virgen, San José y el Niño, debido á Olivieri, que se ve encima de la por- 
tería del convento, adolezca de insipidez y parezca compuesto de personajes 
aburridos ó inapetentes. 

Por los mismos años en que se edificaban las Salesas comenzaba á dar 
muestras fehacientes de su talento y de su pasmosa laboriosidad D. Ventura 
Rodríguez. Fué comenzado el convento en 1750, y un año antes había traza- 
do ya el célebre arquitecto, como una obra de su juventud, la iglesia de San 
Marcos. 

Las portadas construidas por éste primero, y Villanueva después, no 
pueden identificarse con las del estilo anterior á las creaciones extra vagan- 



186 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

tes de Herrera Barnuevo, Donoso y Churriguera. Hay en las Descalzas, 
on la Encarnación y en los demás edificios de este tipo una reacción contra 
la riqueza del arte de los días de Carlos V, con conservación en cambio de 
algunas de sus lineas generales unidas á elementos diferentes; se produjo al 
cabo de los siglos para engendrarlas un movimiento homólogo al que engen- 
dró los monumentos cistercienses enfrente de los benedictinos, aunque pro- 
pulsado por influencias muy distintas. En las fábricas de los dos célebres 
arquitectos que llenaron España de edificios bastante bellos desde el 1750 
hasta los comienzos del siglo XIX, se respiran en cambio ios entusiasmos por 
todo lo heleno, las ciegas devociones por las líneas del Parthenon, destruido 
en la centuria anterior por las bombas de los venecianos de Morosini, y es- 
tudiado entonces por los más notables arqueólogos europeos. 

A los arcos de medio punto sin molduras, ni escodados, ni columnas que 
los apeen, que parecerían abiertos en el espesor del muro si no se atendiera á 
las piedras talladas que los componen, suceden aquí los entablamentos más 
ó menos completos. Las columnas sostienen sí con su fuste, y no con su ca- 
pitel, reducido á la modesta función de una expansión decorativa del prime- 
ro, como en las construcciones clásicas, y los frontispicios están completos 
en todo su perímetro unas veces, con arreglo al modelo de donde se tomaban, 
y partidos otras para permitir la colocación de medallones con relieve, cual 
ocurre en el ingreso del Caballero de Gracia, siendo entonces una reminiscen- 
cia de los arcos rotos por su centro, tan característicos del período de la in- 
disciplina arquitectónica y del olvido de las eternas leyes de la mecánica. 

En inmenso número pueden citarse en Madrid y fuera de Madrid puertas 
del estilo afortunado unas veces, menos feliz en otras ocasiones, que se ha 
prolongado hasta el momento de llegar á nuestros días y destruirse por 
completo la uniformidad de inspiraciones con la coexistencia de todas las 
escuelas y todas las devociones, que es la característica de los tiempos pre- 
sentes. D. Ventura Rodríguez, nacido en 1717 en Ciempozuelos, y Juan de 
Villanueva, que vio la luz en Madrid en 1739, fueron los últimos que ejer- 
cieron en estas ramas de la actividad humana una dictadura, relativa, de 
gusto y de pensamiento. 

Precedió á la obra de los célebres arquitectos un momento de marasmo 
que ejerció una gran influencia en el arte español de aquel período. Faltos 
quizá de campo de acción, pasaron al extranjaro algunos hombres de talen- 
to como D. Juan Medrano, que edificó en Ñapóles el teatro de San Carlos, al 
mismo tiempo que el Rey encargaba los diseños del nuevo Palacio al abato 
Juvara, autor del templo-panteón de los Reyes del Píamente, que se levanta 
en una eminencia cercana á Turín luciendo bellezas por si mismo y parecien- 
do más hermoso á los viajeros por su emplazamiento, rodeado á distancia de 
la inmensa linea de los Alpes, que le sirve de marco. 

Falleció el arquitecto italiano antes de realizar la construcción proyecta 
da, y de seguir su pensamiento se encargó su discípulo 'Juan Bautista 8a ■ 
chetti. Púsose la primera piedra del actual Alcázar de los Soberanos en 1738, 
y no pudo alojarse en él la familia Real hasta 1764. Son, por lo tanto, coet.'i- 
neas ya sus fachadas de las que hacia D. Ventura Rodríguez, y corresponden 
al estilo en que se extendían por todas partes los órdenes clásicos, las colum- 
nas dóricas, jónicas ó corintias, las pilastras istriadas, los atrios y frontis- 
picios triangulares alternando con los de arco rebajado, todas las reminis- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. == = = = = = = 187 

eencias más ó menos fieles ó lejanas del Parthenon y de los demás monu- 
mentos helénicos. No triunfaba el pseudo clasicismo seco de la Encarnación, 
con sus arcos de medio punto, que no tienen nada de griegos; aparecía un 
nuevo renacimiento dirigido en otro sentido y con menor riqueza de escul- 
turas. 

Ventura Rodríguez debutó en Madrid en 1749, ya lo hemos dicho, con el 
templo de San Marcos, que alababan sin tasa los que no comprendían la be- 
lleza sin las proporciones y líneas de la antigüedad. Fué ésta una obra de 
juventud, de la que se reía en la edad madura su autor, según cuentan sus 
biógrafos. Veinticuatro años más tarde, en 1773, hizo la fachada del palacio 
de Liria desde el piso principal sobre toscas construcciones anteriores, y en 
ésta puso ya elegancias más señoriales, sin separarse de la sencillez y del 
excesivo respeto á las líneas arquitectónicas, que no permitía enmascararlas 
con elementos decorativos. Estos son los principales recuerdos que nos dejó 
en ingresos de la Corte. 




Portada de ]a Catedral de Pamplona, 



De los trabajos que éroprendió en otras localidades, hay que citar en pri- 
mer término la portada de la Catedral de Pamplona; allí tuvo á la vez los me- 
dios, la libertad de proyectar y el ancho campo de acción que no pudo tener 
en la estrecha calle de San Leonardo de la capital, ni en la que es hoy morada 
de los Albas. Allí puede juzgarse de sus ideales y de la delicadeza de su gus- 
to , y apreciársele dentro del modo de hacer de su preferencia. Aquel 
elegante tetrastilo de dobles columnas con el atrio y el frontispicio, forma el 
pórtico de un templo pagano que da ingreso á una iglesia medioeval. Los que 



188 = = = 



= = = Boletín de la Sociedad Espartóla de Excursiones. 



se emocionan con los contrastes gozarán viendo en su fantasía á los filóso- 
fos de peluca en amigable consorcio con los hombres vestidos de cota de 
mallas. Los que estiman que la principal belleza está en la armonía, deberán 
buscar los medios de contemplar por separado una fábrica y otra. 

Al arquitecto enamorado de estos ideales se asoció en alguna de sus últi- 
mas fachadas el precursor del sentido ecléctico y del positivismo moderno, 
que pone á los constructores en el duro trance de hacer más veces lo que les 
encargan que lo que ellos piensan y sienten. En 1783 se encargó de terminar 
el ingreso de la parroquia de la villa de Iznalloz, que había quedado incom- 
pleto en el siglo XVI, y lo hizo respetando el estilo de aquella centuria é imi- 
tándole hasta donde le era posible. 




Portada central del íluseo de Pinturas. 



Las portadas debidas á Juan de Villanueva armonizan en Madrid con el 
carácter de los monumentos en que se encuentran, porque él trazó los dise- 
ños de los edificios, él comenzó á construirlos, y sus planes se respetaron casi 
por completo después de su muerte, acaecida en 1811. El Oratorio del Caba- 
llero de Grracia, el Museo del Prado, que sufrió luego algunas modificaciones 
del lado de su entrada actual, y el Observatorio Astronómico, llamado antes 
Meteorológico, que no pudo terminarse hasta ISYl, son tres buenos ejemplares 
donde es fácil apreciar su modo de hacer. 

Saltan á la vista ante estas fábricas las inspiraciones clásicas que llena- 
ban su fantasía, y estas imágenes eran más amables, más semejantes á las 
de Grecia y los mejores tiempos de Roma^ más próximas realmente á los mo- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



189 



délos, aunque no fueran del todo fieles á sus líneas, nada adustas como las re- 
flejadas en los muros de El Escorial y de la Encarnación de Madrid. No tienen 
sus creaciones aquella riqueza de elementos decorativos que ponía encanta- 
doras cabezas infantiles ó bustos de satirillos en los mismos án^^ulos de los 
capiteles del Renacimiento; dominan en ellas los órdenes clásicos, pero su 
conjunto es elegante y no padece de las tristezas que parecían invadir el 
alma de los que levantaban fachadas con superficies pulimentadas de piedra 
berroqueña. 




Observatorio Astronómico. 



El imafronte del Oratorio del Caballero de Gracia es sencillísimo. Dos 
altas columnas jónicas sostienen uno á modo de entablamento, sobre el cual 
se representó en un relieve la Santa Cena por D. José Tomás, inspirándose en 
la pintada por Leonardo de Vinci en el refectorio del convento de Nuestra Se- 
ñora de la Gracia, en Milán. Otras tantas hornacinas, dispuestas á derecha é 
izquierda de las columnas, contienen sendos jarrones. 

Embellece al Museo del Prado la galería con columnas jónicas que le acom- 
paña en casi toda la longitud del cuerpo central del piso alto, sobre los arcos 
de medio punto del bajo; y el ingreso que aquí reproducimos, unido á los dos 
que le adornan á los extremos Norte y Sur, hacen de él una fábrica monu- 
mental que acredita la cultura del reinado de Carlos III, por cuyo mandato 
se construyó con destino á guardar las extensas colecciones de Historia Na- 
tural que se iban reuniendo, así como la discreción y tino de los que se en- 
cargaron de restaurarla, años después, de los grandes desperfectos sufridos 
durante la invasión francesa. 

El Observatorio Astronómico, destacándose en la cima de uno de los ce- 
rretes más elevados de la corte, muestra allí desde lejos las filas de columnas 

Bület. de la Sor. Esp. de Exc. — 25 



190 = = = = = := = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 

estriadas y con bien modelados capiteles corintios, por entre los cuales se 
pasa para manejar los instrumentos de observación y analizar el cielo, dán- 
dose un abrazo fraternal el arte y la ciencia, las inspiraciones del artista 
que vienen de arriba y la mirada del sabio que hacia arriba se dirige. 

Además del aire de familia que presentan estos tres monumentos, demos- 
trando la conmunidad de origen, á despecho del muy diferente plan que ha 
debido seguirse en la construcción de cada uno, y de las renovaciones hechas 
en tiempos posteriores, tienen entre sí varias analogías de trazado que con- 
firman la unidad de ideal que imperaba en el entendimiento de Villanueva. 
Basta comparar el ingreso del Oratorio del Caballero de Gracia con la puer- 
ta Norte del Museo para reconocer que en las líneas generales la semejanza 
llega casi á identidad. 




Puerta de Alcalá. 



Entre Ventura Rodríguez y Villanueva han de intercalarse los trabajos 
de Sabatini, uno de esos ingenieros militares que se revelaron al mismo tiem- 
po constructores de buen gusto y de los que no se han perdido afortunada- 
mente las tradiciones en el Ejército español (1). Encargado de trazar y diri- 
gir múltiples obras, nos ha dejado en la capital de España, como muestras 
de dos momentos muy distintos de sus inspiraciones, la bella Puerta de Alcalá 
y la fachada de San Francisco, blanco la última de las mayores censuras de 
los críticos de peluca del tiempo, que hubieran preferido el proyecto para el 
mismo edificio de D. Ventura Rodríguez, y fábrica que no puede citarse real- 
mente entre las más afortunadas. 

En el mismo período se hizo también la iglesia de Santos Justo y Pastor, 
con su frente convexo como el del anterior monumento, y más notable que 
por su arquitectura, por las cuatro estatuas de la Caridad, de la Fortaleza, 

(1) Recuérdense, entre varios notables ejemplos, uno de nuestros días. Nuestro querido 
consocio el oficial de Ingenieros D. Salvador García de Pruneda publica en el Boletín db la 
Sociedad notables artículos sobre interesantes monumentos, y no limitándose sólo á estudiar 
ha reproducido formas decorativas del Renacimiento en el bello pabellón militar de la Expo»^ 
sición de Industrias Madrileñas. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = z=z= — = 191 

de la Fe y de la Esperanza que la enriquecen, colocadas en otras tantas hor- 
nacinas, labradas las dos primeras por Roberto Michel, que llegó á Madrid 
en 1740, y las dos últimas por Nicolás Carixana. 

Paralelamente á la arquitectura iba evolucionando la escultura de los in- 
gresos. No pudo lucir gran cosa este arte durante el imperio del estilo del que 
es el mejor ejemplo El Escorial, limitándose á colocar las seis esculturas de 
Reyes sobre el rebajado ingreso principal de aquel templo y un relieve en el 




Portada de San Francisco el Grande. 



de la Encarnación; mas desde que fué dulcificándose la sequedad primitiva, 
ya en el desbordamiento del churriguerismo ó ya en la resurrección de las 
reminiscencias helenas, volvieron las estatuas á desempeñar en las fachadas 
su natural y eterna función. 

La imaginería caballeresca del XVII que puso orando sobre los sepulcros 
los nobles con encañonadas golas y las damas hermosas, de que son tan buen 
ejemplo los de Portacelli de Valladolid, trasladó á los imafrontes de los tem- 
plos efigies de santos de noble rostro y buenos paños, aunque no de tan deli- 
cada factura, cumpliéndose en la décimaséptima centuria la misma ley que 



192 = = = = = = — = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

hemos señalado para otras anteriores, de ser siempre aquí superiores los bul- 
tos de las tumbas á los de las portadas. 

Al acercarse el 1700 las imágenes de San Isidro Labrador y de Santa Ma- 
ría de la Cabeza muestran en la capilla dedicada al primero en la parroquia 
de San Andrés que la decadencia y el mal gusto se extienden, cuando empie- 
zan á imperar, hasta á las ramas del arte que parecen mejor preparadas para 
resistir á sus influencias; y ya en el curso del XVIII logran favor y la coloca- 
ción de sus obras en los principales monumentos, lo mismo los que obedecen 
á más puras inspiraciones, que los que cultivan un modo de hacer sin alma y 
el género más amanerado. 

En el imafronte de San Cayetano puso Alonso de los Ríos las imágenes 
de la Virgen, del Titular y de San Andrés Avelinq, que no carecen de mérito, 
y algunos años después hizo Olivieri el relieve de la Visitación colocado so- 
bre la puerta del templo de las Salesas y el ya citado grupo de la Sagrada 
Familia en la parte alta del ingreso al convento, grupo de una inapetencia 
que no dice nada al espíritu. 

D. Juan Antonio Ron, que alcanzó gran fama en Madrid hacia 1720, según 
dice Ceán Bermúdez, labró en fachadas la estatua de San Fernando recibien- 
do las llaves de Sevilla que adorna la del Hospicio, y para el puente de Tole- 
do las imágenes de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza. Luis 
Salvador Carmona, su discípulo, colocó cabecitas expresivas, conchas y tro- 
feos sobre los balcones del Palacio Real, y el grupo de San Sebastián, mártir, 
en la puerta principal de la Parroquia del mismo nombre, tan mal dirigida 
primero en el sentido del churriguerismo y tan desdichadamente reformada 
al imperar las nuevas corrientes de lo clásico. 

Por la parte que mira hacia el interior de la población trabajó en la Puer- 
ta de Alcalá Roberto Michel, el escultor de San Justo, y por la dirigida al 
exterior Francisco Gutiérrez, autor de las estatuas del sepulcro de Fernan- 
do VI. Uno y otro cumplieron su cometido, embellecieron la obra, mostraron 
en ella bastante buen gusto y no extremaron la genialidad creadora. 

El relieve de la Santa Cena colocado por D. José Tomás en el Oratorio 
del Caballero de Gracia es una regular imitación del modelo en que había 
querido inspirarse y acredita su discreción. Las figuras de Reyes repartidas 
hoy entre el Retiro y la Plaza de Oriente, destinadas á coronar las fa- 
chadas del Palacio Real, no hubieran hecho mal efecto colocadas á suficiente 
altura. 

Aquella escultura de la décimaoctava centuria que se distinguió por la 
belleza de los rostros más humana que divina; que representó en las santas, 
mujeres encantadoras; que nos ha legado el Ángel de Salcillo, las hermosas 
recoletas que hay en el trascoro de San Millán de la Cogulla de Yuso, la es- 
belta Santa Elena de Ojacastro y cien más no se reveló al exterior ni se 
trasladó á las portadas de los monumentos. 

Enrique Serrano FATIGATI, 

(Concluirá.) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, =™ = = = = = = 193 



bibliografía 



lo monumento desconocido: Santa .Haría de Helque, por el Conde de Cedillo, de la 
Real Academia de la Historia. — Folleto en 4." de 30 páginas y dos láminas. — Tirada 
aparte de la revista Cultura Esjjañoía. —Madrid: Imprenta Ibérica, 1907. 

Hemos llegado á un período de reconstitución de la historia del arte espa- 
ñol, y en la empresa están ejerciendo influencia decisiva las iniciativas y 
trabajos de la Sociedad Española de Excursiones. 

Los descubrimientos se suceden unos á otros con excepcional rapidez. 
Templos ignorados y monumentos muy conocidos, en los que se observan 
elementos que habían pasado inadvertidos, proporcionan material suficien- 
te para la rectificación de los antiguos puntos de vista en la arqueología. 

Rafael Torres Campo visitó en las gargantas de la Hermida la ermita de 
Santa María de Lebena, describiéndola en un interesante folleto. 

Hace años, en una sola expedición, encontramos la curiosa cornisa de la 
iglesia de Sotosalbos, que reproduce la de San Juan de los Caballeros de Se- 
govia, la Virgen de la Huerta, que bajo la capa de cal oculta curiosos capi- 
teles, y las columnas extrañamente decoradas de San Salvador de Sepúlve- 
da, que se habían citado sólo al paso, sin concederles la importancia que 
merecen. 

Algún tiempo después, fijaba su atención el sabio arquitecto de Vallado- 
lid, D. Juan Agapito Revilla, en la parroquia de San Cebrián de Mazóte, y 
estudiándola en unión de Lampérez, demostraban ambos su antigüedad é im- 
portancia excepcional. 

Adolfo Fernández Casanova describía los elementos del templo de Lebri- 
ja y analizaba las distintas influencias que habían contribuido á reunirlos, 
realizando una investigación en un fábrica tan comúnmente visitada y tan 
poco vista. 

Entre las innumerables cosas descubiertas por Simancas en Toledo, de- 
ben contarse en primer término los capiteles visigóticos de San Sebastián, 
ocultos por un gran revestimiento de yeso y ladrillos. 

Gómez Moreno, recorriendo tierras de Zamora, dio con las ruinas de Mo- 
reruela, el primer Monasterio Cisterciense español, de quien nadie tenía en 
estos tiempos noticia, publicando en nuestro Boletín un interesante estudio 
acompañado de varias fototipias. 

Francisco Simón Nieto miró con ojos de arqueólogo la cripta de San An- 
tolín, en que todos los años entraban centenares de personas^ y reconoció 
por primera vez que era también visigótica, con otro cuerpo de distinta 
fecha. 

Ahora, en los mismos momentos en que hacemos la enumeración de loa 
descubrimientos, han examinado José Ramón Mélida y Manuel Aníbal Alva- 
rez el templo de Casillas, cerca de Berlanga, de cuyo carácter podrá juzgar- 
se por el erudito trabajo que publicamos en páginas anteriores; y por el tra- 
bajo que le sigue comprenderán también nuestros consocios cuan interesante 



194 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

ha sido el examen de cuatro iglesias gallegas, realizado con su fina percep- 
ción y grandes conocimientos por Salvador García de Pruneda. 

A todas estas conquistas para la historia del arte hay que agregar hoy 
la descripción de Santa María de Melque, magistralmente hecha por el Conde 
de Cedillo en el folleto^ tirada aparte, de Cultura Española, que vamos á exn- 
minar. Los grabados que acompañan á esta bibliografía han sido facilitados 
galantemente por la Dirección de aquella importante Revista. 

Comienza el autor trazando en cuatro rasgos la historia de su visita á 
Melque, y fijando enseguida la situación del monumento dice: 




Vista exterior Je Melque. 

«En la provincia de Toledo, y su partido judicial de Navahermosa, en tér 
mino de la villa de San Martin de Montalbán (vulgarmente dicha Lugarn ne- 
vo), como á una legua al N. del pueblo y á seis y media al S. E. de la urbe 
toledana, se halla la antigua ermita de Santa María de Melque. Al decir «se 
halla», debí añadir «á duras penas», y tras un viaje que tiene poco de cómo- 
do, particularmente desde la importante villa de Grálvez, en que, abandonán- 
dose la carretera que de Toledo conduce á Navahermosa y Los Navalmorales, 
se atraviesa por pésimos caminos, que más bien son sendas, una árida comar- 
ca en que abundan encrucijadas y peñascales, y desde la que, para mayor 
confusión del viajero, no se divisa ni un pueblo. En apartado y casi misterioso 
sitio, pues, ajeno al parecer á todo humano comercio, en medio de la agreste 
y quebrada dehesa de su nombre, de unas novecientas fanegas de extensión. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. === = = = = = = 195 

subsiste el viejo edificio de Melque. Una versión local, que no he visto con- 
firmada por documento alguno, pretende que la tal fábrica llamóse en tiem- 
pos Banta María de Mecus. Pero Melque es, desde lejana fecha, su nombre 
verdadero, nombre de evidente filiación árabe, que, á lo que creo, puede sin 
violencia hacerse proceder de las palabras melk ó melek, que equivale á las 
castellanas rey y reino. Y tras este ligero escarceo etimológico intentemos 
describir el edificio. Mucho han de ayudar para su conocimiento la planta, la 
sección y las vistas fotográficas que acompañan á este escrito, y que formó 
y obtuvo el Sr. Lampérez en nuestra excursión á Melque; no embargante lo 
cual, bien será reforzar dicha parte gráfica con letra escrita que declare más 
los detalles. 




Planta de Melque. 



*La planta de la construcción viene á ser una cruz griega, con sus cuatro 
brazos poco desiguales, terminados en forma rectangular. El edificio está 
orientado según la más constante tradición litúrgica á partir del siglo V de 
nuestra Era, es decir, de Oriente á Poniente, y tiene su único ingreso hacia 
este último punto cardinal. En la intersección de los brazos se alza una torre 
cuadrangular que tuvo esbeltas proporciones, y hoy está en parte destruida, 
sobre todo por el lado que mira al O. El aparejo es, en total, de sillería bas- 
tante irregular y sillares de distintos tamaños, al parecer sin mortero algu- 



196 = = = = = 3= = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 

no. Entre el brazo de cabecera y los dos laterales hay dos pequeños y más ba- 
jos departamentos, del mismo aparejo y época, que estuvieron cubiertos con 
bóvedas de cañón y hoy están arruinados. Casi en toda la extensión de la fá- 
brica corre aún por lo alto de los muros una imposta que recuerda no poco 
los perfiles clásicos. La tal imposta está ya en algunos puntos destruida, y 
tanto por cima como por bajo de ella, hállase mutilado el monumento en de- 
terminados sitios. Los ángulos de los brazos del crucero y del de cabecera es- 
tán redondeados. La imafronte, desordenada hoy en sus diversos elementos, 
debió de terminar en frontón. Sobre el ingreso nótase un gran arco levemen- 
te ultrasemicircular, en la actualidad cegado. Tanto en el centro del brazo 
de cabecera, como en los testeros de los laterales, vcnse sendas pequeñas 
ventanas de arco muy reentrante, formados éstos por dovelas sumamente irre- 
gulares, y exornados bajo sus arranques con dos troeillos de imposta pareci- 
da á la general. En el paramento del brazo lateral derecho que mira al Oeste, 
hay abiertos otros dos arcos de herradura, uno pequeño y sencillo, y el otro 
mayor y con impostas análogas á las que exornan el edificio; y en el del la- 
teral izquierdo ó del Norte, que da también al Poniente, hay otro arquillo re- 
entrante sin adorno de impostas. En el lado izquierdo, ó del N., de lo que po- 
demos llamar cuerpo de la ermita, ábrese asimismo otro arco ultrasemicircu- 
lar del mismo corte que los demás. En lo alto de los lados de la torre obsérvan- 
se ventanas con dintel monolito. En varios sitios del edificio, en fin, hay se- 
ñales de mezcla ó mortero, que delatan composturas ó restauraciones reali- 
zadas con bastante posterioridad á la erección.» 

Señala luego las dimensiones, que son 8,30 metros y 7,25 el largo y ancho 
del brazo de cabecera; ancho del crucero y largo de cada uno de sus brazos 
7,90 y 6,20 respectivamente, midiendo sólo 7,65 la que pudiera llamarse nave 
principal dirigida hacia el Occidente. 

Continuando la descripción de la cornisa añade: 

«Al interior del recinto la piedra de sillería está, como alexterior, al des- 
cubierto, sin más exorno que la ruda cornisa ó imposta surcada por tres ca- 
vetos ó estrías á manera de escocias, que corre en torno de los cuatro brazos, 
por lo alto de los muros, cuyo grosor es muy considerable. Al pasar por el 
crucero, la cornisa forma los capiteles de las robustas columnas adosadas, ó 
mejor, medias columnas que soportan los arcos y bóvedas. Estas semicolum- 
nas son en número de ocho, dos en cada ángulo del crucero, y sus fustes, ab- 
solutamente semicilíndricos y de curiosa contextura (véase el grabado), están 
dispuestos en hiladas de sillares curvilíneos. Si las dichas medias columnas 
tienen basas, se ignora, pues fuera necesario para saberlo limpiar el fondo 
del edificio, hoy en parte soterrado. Sobre las semicolumnas cargan los cua- 
tro arcos torales, reentrantes muy pronunciados, y cuyas líneas de despiezo 
convergen al centro de la circunferencia. Los arcos soportan una cúpula 
(que se conserva íntegra) de disposición muy especial, pues 'en su arranque, 
desde los cuatro ángulos, afecta la forma de bóveda de arista y, sin transi- 
ción de pechinas ni trompas, se resuelve después en cúpula esférica. 

»Los cuatro brazos del recinto hállanse cubiertos por bóveda peraltada. 
En lo extremo del de cabecera ábrese otro arco reentrante que descansa en 
el muro sin cargar sobre columnas. Tras este arco sigue un ábside, semicir- 
cular interiormente y cubierto por bóveda de cuarto de esfera. Vense en di- 
cho ábside algunos restos de decoración pintada en época relativamente mo- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. ==s = =s = = =s:= 197 

derna, cuando la ermita aún permanecía en culto. Entre los dos arcos que li- 
mitan este brazo oriental ó cabecera, hay en los muros laterales sendas puer- 
tas, hoy interceptadas con piedras, que comunicaron con los departamentos 
adyacentes al templo y dependencias suyas que fueron (vestiarium, oblationa- 
rium, gazophylatium) . Todas las ventanas que ya se dijo existen y dan luz al 
recinto son abocinadas, afectando siempre la forma de arco ultrasemicircu- 
lar. En cada uno de los brazos laterales vese un gran arco de herradura á 
manera de hornacina, que sin duda dieron paso también á los departamentos 
secundarios antes mencionados. Hoy el brazo de cabecera y el derecho están 




Vista parcial del interior. 



separados del resto por mezquinas y modernas paredes, y el recinto todo yace 
en el mayor abandono, perdido para su primitivo y verdadero destino, é in- 
vadido por la suciedad.» 

Poco ha dicho de este monumento la Arqueología, y lo hace notar el Con- 
de de Cedillo. A la indicación de su existencia hecha en el siglo XVI por el 
P. Román de la Higuera en su Historia de Toledo, y las breves citas de Ceán 
Bermúdez, de Madoz y de D. Francisco Codello, son todos los antecedentes 
que pudieran buscarse para su estudio. 

Luego de llamar la atención sobre la importancia de la fábrica entra de 
lleno el autor en el análisis de su carácter. 

«Es, sin duda alguna, una iglesia cristiana edificada con este destino. Su 

Bolet. de la Soc, Esp. de Exc. — 26 



198 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



planta, su disposición y orientación así lo persuaden desde luego, y tocante á 
esto no hay vacilación posible. Pero los singulares caracteres de esta iglesia, 
entrañan un verdadero problema, casi un enigma arqueológico, que en tér- 
minos escuetos y semejantes á los de los rompecabezas que suelen entretener 
á los muchachos, podría plantearse así: 

»Una iglesia que por su aparejo y sus macizos se parece á lo romano; por 
la disposición de sus departamentos secundarios á lo latino; por su planta á 
lo bizantino; por la contextura de sus arcos á lo visigodo y á lo árabe prima- 
rio; por sus bóvedas, su cúpula y sus seraicolumnas á lo románico; por el modo 
de ejecución á lo bárbaro; por otros detalles á varios de aquellos artes, ¿qué es? 

»No es un templo romano-cristiano. Su aparejo, sus espesores y su técnica 
de construcción recuerdan, ciertamente, á lo clásico; pero aquel es en extre- 
mo irregular y degenerado, hasta tal punto, que asombra lo rudo y extraño 
de la fábrica, que parece, en este particular, obra de un hombre que, pen- 




sando en romano, ejecutaba en medioeval. Por la labor de la imposta y por la 
ausencia de trompas y pechinas, entiendo que el edificio desciende directa- 
mente de lo clásico. Y todo lo contrario hay que afirmar si se repara en la 
ausencia de capiteles, en la disposición de los fustes, y lo que es más funda- 
mental, en la planta y en la repetición sistemática de los arcos ultrasemicir- 
culares. 

»Hay en este edificio un departamento muy para notado, y es el ábside, 
rectangular por fuera, semicircular por dentro, y cubierto,' según se dijo, por 
bóveda de cuarto de esfera. El abolengo de las construcciones exteriormente 
rectangulares é interiormente curvilíneas, ha de buscarse en monumentos ci- 
viles del más puro clasicismo romano y de la mejor época, de que en Italia, 
y también en España, consérvase tal cual ejemplar de no escasa importancia. 
Ciñéndome aún más al caso presente, el ábside de Melque puede compararse 
con el ábside del pretorio civil de Musmiéh (Siria Central) construido por los 
años 160, ó poco después, de la Era cristiana: ábside rectilíneo por fuera, de 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 199 

planta semicircular por dentro, cubierto por bóveda de casquete esférico v 
construido de sillería, como en su totalidad el edificio. Pero en Musmiéh hav 
á uno y otro lado del ábside sendos departamentos que forman exteriormente 
con él una misma linea; disposición en que se diferencia de la de Melque. Y 
cuanto á los demás caracteres fundamentales de Musmiéh (planta basilical 
arcos de medio punto, pedestales, columnas corintias, etc.), en nada se acerca 
á nuestro edificio de Melque para que haya que insistir en comparaciones.» 

Comparándolo luego con la capilla funeraria de G-ala Placidia en Ravena 
saca la consecuencia de que el templo de Melque es muy posterior, no pu- 
diéndosele considerar como iglesia cristiano-latina de los siglos IV y V; ha 
de admitirse por lo tanto que se trata de una construcción medioeval. 

El acento que á primera vista tiene de visigótico le lleva á establecer pa- 
ralelos con San Román de la Hornija, Baños, San Pedro de la Nave, Santa 
Comba de Bande, cerca de Celanova, y otros restos análogos, deduciendo de 
su estudio que Santa María de Melque debió hacerse en tiempos algo más pró- 
ximos á los nuestros que los de la erección de la antes citada. 

Por un procedimiento análogo demuestra que es poco admisible la doc- 
trina de haberse erigido en tiempos posteriores á la conquista de Toledo, que- 
dando en su virtud sólo la hipótesis de que Melque sea un edificio mozárabe 
y un templo cristiano levantado durante el dominio islamita en tierras to- 
ledanas. 

«Atendamos primeramente al aspecto artístico del asunto. 
»Q,ue el plan fundamental de la iglesia pudo ser ideado por arquitecto que 
laborara después de los primeros años del siglo VIII, es cosa que no necesita 
demostración. Tocante al aparejo de sillería, no sólo se usó por los romanos 
y visigodos, sino que fué también empleado en los primeros siglos de la Re- 
conquista, dependiendo ello, como es lógico, de las especiales circunstancias 
de localidad; fuera de que pudo ocurrir en Melque lo que en tantos otros 
sitios después déla ocupación agarena, esto es, aprovecharse en mucha par- 
te materiales provenientes de alguna edificación anterior. Cuanto á las bó- 
vedas de cañón, de arista y cupuliforme, usáronse también en España en 
aquellos primeros siglos de dominación arábiga, no obstante que la de arista 
fuera poco utilizada con anterioridad al undécimo. Las bóvedas de Melque 
son, por su tamaño, bastante atrevidas, y en épocas anteriores sólo se deter- 
minaban, por lo general, á cubrir con bóvedas las naves laterales de los 
templos, usando para la central la techumbre de madera. En este sentido, el 
monumento de Melque es un avance hacia el arte románico. 

»Los arcos reentrantes ó ultrasemicirculares que se ven en Melque, así en 
las pequeñas ventanas como en el interior, son de tipo francamente musul- 
mán de la primera época, es decir, obedecen siempre al mismo radio y son 
muy pronunciados, traspasando inferiormente el dovelaje la semicircunfe- 
rencia por lo menos en una mitad del radio. El despiezo va al centro de la 
curva: sistema que, si no el más familiar entre los musulmanes españoles, 
tampoco fué desconocido en aquellos siglos, como lo prueba un famoso mo- 
numento coetáneo que mencionaré en breve. Nada de arrabaás ó alfizes, sig- 
no del arte árabe secundario y del mudejar. 

»Una de las razones que hallo para considerar al monumento labrado con 
posterioridad á la invasión sarracena, es la presencia de las medias colum- 
nas, ensayo del pilar compuesto y fasciculado, tan importante en la Arqui- 



200 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones» 

tectura medioeval. También en Santa María de Naraneo se vislumbra el pilar 
fasciculado en los grupos de á cuatro columnas, y también hay en aquel tem- 
plo semicolumnas adosadas, pero unos y otros miembros obedecen allí á dis- 
posición muy distinta de la de Melque. Es asimismo muy de reparar la plan- 
ta, al interior, del ábside ó brazo de cabecera. Aunque, según ya vimos, la 
forma semicircular se empleó desde los mismos tiempos clásicos y en los pri- 
meros siglos de la Era cristiana, es lo cierto que semejante forma no preva- 
leció por el momento. En cambio en los siglos IX, X y buena parte del XI, 
los ábsides fueron cuadrangulares al exterior y semicirculares al interior 
(como en Melque), cuando no interiormente en forma de arco de herradura.» 
Confirma estas razones con ejemplos tomados de edificios españoles de los 
siglos IX y X pasando revista á los caracteres de San Miguel de Lino, Santa 
Cristina de Lena, Santa María de Lebefía, la capillita mayor de San Miguel 
de Celanova, San Miguel de Escalada, Santiago de Peñalba, San Cebrián de 
Mazóte, consignando á continuación otros datos referentes á iglesias extran- 
jeras, como S. Germiny-des-Pres, el baptisterio de Biella» en Italia y la capi- 
llita de la Trinidad en la isla de San Honorato de Lerins, y todos ellos incli- 
nan su ánimo á la creencia de que Santa María de Melque puede considerarse 
como monumento mozárabe de los siglos IX ó X. 

Una vez agotadas las razones artísticas pasa á las históricas. 
«Si examinados los caracteres artísticos del edificio nada se opone á su 
atribución al período mozárabe, veamos si de los antecedentes históricos que 
se hallan puede deducirse racionalmente la misma conjetura. 

»Que después de ocurrida la irrupción sarracénica, los cristianos españo- 
les conservaron en muy gran parte su libertad religiosa, sus diócesis, sus 
iglesias y monasterios, es cosa sabida. Cierto que el fanatismo musulmán, el 
espíritu de proselitismo y la resistencia que en muchas partes opusieron los 
hispano-godos, acarrearon notables estragos, ruinas de iglesias y atropellos 
de todo género contra la conciencia de la raza sojuzgada; pero es no menos 
cierto que entre los derechos otorgados por los vencedores á los pueblos cris- 
tianos, sometidos ya por capitulación, ya por fuerza, ocupa un lugar prefe- 
rente el libre ejercicio de su religión y de su culto. Noticias fidedignas de ello 
nos han llegado, ora por respetable y continuada tradición, ora por los do- 
cumentos. 

»Así vemos que en Córdoba conservaron los mozárabes la Catedral, con- 
sagrada á San Vicente, y otros templos sitos dentro de la ciudad y en los 
arrabales: templos que seguían en su poder á mediados del siglo IX y duran- 
te el X, no obstante lo violento de las persecuciones. Es indudable que en Se- 
villa conservaron también varias iglesias, así en el casco de la ciudad como 
en las afueras. Según tradición, en Salamanca disfrutaron los cristianos, du- 
rante los treinta años de yugo sarraceno, la iglesia de San Juan el Blanco, á 
la orilla del Tormes. En Granada se les respetó desde el principio varias igle- 
sias, y diz que retuvieron en su poder la parroquia de San Cecilio durante 
toda la ocupación árabe, hasta la reintegración cristiana de la ciudad. En 
Huesca conservaron siempre la antigua parroquia de San Pedro, anterior á 
la conquista muslime, y en muchos lugares de aquella comarca había iglesias 
cristianas bajo los moros. Sábese que en Gerona tuvieron hasta el fin de la 
cautividad la iglesia de San Félix, y parece que en Palma de Mallorca ocu- 
rrió lo propio con la de Santa Eulalia. De Barcslona, de Mérida, de Orihuela 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = =z== 201 

y su territorio, de varias ciudades levantinas no lejanas de esta última y de 
otras de la Gaüa Narbonense, se sabe que conservaron muchos templos con 
culto. Y á mayor abundamiento, la Historia nos dice que en Valencia, en 
Zaragoza y en Segovia, retuvieron los cristianos al principio todas sus igle- 
sias, siquiera más adelante, desde Abderrahmán I, perdieran muchas de 
ellas, aunque siguieran en posesión de otras hasta el fin de la dominación is- 
lamita. 

«Análogamente ocurrió con los numerosos monasterios en que florecía la 
vida religiosa en el momento de la irrupción. Ocupados aquellos cenobios por 
benedictinos, situados muchos de ellos en despoblados, lugares solitarios y 
sierras, rodeados algunos de verdaderas colonias agrícolas, los invasores res- 
petaron en gran parte los tales centros monásticos, ajustando con varios ver- 
daderos tratados que garantizaban su existencia para lo porvenir. Era el 
mismo sistema seguido al realizarse las conquistas de Siria, Caldea, Mesopo- 
tamia y Egipto. Sólo en Córdoba y en la vecina sierra, sabemos que á media- 
dos del siglo IX había hasta ocho monasterios de monjes y de monjas, amén 
de algunos santuarios, cuyos nombres son conocidos; y á fines del siglo X to- 
davía se conservaban bastantes de ellos. En la comarca de Auca, en tierra 
de Burgos, varios antiguos monasterios visigóticos fueron tolerados por la 
morisma. Lo propio hay que afirmar de los del territorio de Coimbra, entre 
otros del famoso de Lorban, que, sin alteración, continuó poblado por monjes 
benedictinos, hasta el punto y hora de la reconquista de aquel país por Fer- 
nando I el Magno. Y aún podrían aumentarse más nombres de monasterios 
mozárabes, subsistentes varios de ellos hasta la extinción del dominio sa- 
rraceno. 

»Pero no sólo respetaron éstos muchos templos y monasterios ya existen- 
tes, sino que, apartándose de la fanática sentencia del Profeta, permitieron 
repetidamente, á más de la restauración de aquellos templos, la construcción 
de otros nuevos. Así ocurrió en Córdoba, cabeza del imperio árabe español 
bajo los Ommíadas reinantes en los siglos IX y X. En Segovia, según Mon- 
déjar, los mozárabes fundaron en el valle, extramuros de la ciudad, varios 
nuevos templos. Se sabe que en 1214 los moros permitieron á los cristianos 
edificar una iglesia nueva consagrada á Santa María, en Sanlúcar la Mayor, 
entonces llamada Solúcar de Alpechín ó de Albáyda. Famoso en extremo fué 
en la España árabe el santuario erigido, corriendo la segunda mitad del si- 
glo VIII, por mozárabes valencianos en honor del mártir San Vicente, en el 
antiguo promontorio Sacro, que tomó adelante por ello el nombre de cabo de 
San Vicente. Los muslimes protegieron aquel santuario, que llamaban iglesia 
del Cuervo ó de los Cuervos, y que, convertido pronto en monasterio, subsistió, 
poblado de monjes, por lo menos hasta el siglo XII. Y sin salir del propio Al- 
garbe portugués, en que la familia mozárabe era numerosa y floreciente, bajo 
la dominación mahometana existió también en Santa María de Ossonoba (hoy 
Faro) una magnífica iglesia consagrada á la Virgen, que sólo cedía en fama 
á la mentada iglesia de los Cuervos. 

»Con mayor motivo que el resto de España debe aplicarse lo anteriormente 
dicho á Toledo y toda su tierra. Toledo fué, aún más que Córdoba, el gran 
centro español, el baluarte de la mozarabia, pues prescindiendo de su no in- 
terrumpida importancia como antigua ciudad regia y cabeza del imperio vi- 
sigótico, circunstancias muy favorables, de que no disfrutó Córdoba, permi- 



202 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

tieron que hasta la raismn hora de su redención se prolongase la pujanza de 
la grey mozárabe toledana. 

»En Toledo fué siempre muy particularmente respetada la religión de los 
vencidos. «Quizá entre todas las condiciones con que se rindieron á Tarik los 
toledanos— dice un ilustrado historiador local—, ninguna fué tan garantida, 
ni mereció tanto respeto, como la que se referia al cultor. Así fué como los 
cristianos conservaron por suyas, no sólo las seis iglesias aún hoy llamadas 
parroquias mozárabes, sino además, según se cree, la extinguida de Omnium 
Sanctorum, la de Santa María de Alficén y las suburbanas de Santa Leocadia 
y de San Cosme y San Damián, permaneciendo también por mucho tiempo 
habitados por monjes el monasterio Agállense, y, según se sospecha, los de 
San Pedro y San Félix (Saelices), San Cosme y San Damián y San Silvano. 

»Fuera de esto, en el mismo siglo de la ocupación árabe el ilustre Prelado 
toledano Cixila consagraba su solicitud á reparar templos y á restituir al 
culto católico algunos santuarios que desde la invasión habían quedado des- 
mantelados ó ruinosos, y hasta se ha supuesto que fundó uno nuevo so la ad- 
vocación de San Tirso. Mientras tanto, los mozárabes toledanos venían ga- 
nándose gran influencia con los vencedores. Mal hallados unos y otros con la 
dominación de los emires cordobeses, árabes, mozárabes y muladíes, de co- 
mún acuerdo habíanse alterado ya en el mismo siglo VIII repetidas veces. Du- 
rante todo el IX Toledo permaneció abierta y casi perpetuamente rebelde con- 
tra los Califas de Córdoba, y en toda aquella centuria y el primer tercio de la X 
la ciudad del Tajo fué una especie de república independiente, con existencia 
política propia. Confundidos en una misma aspiración sus habitantes musul- 
manes y cristianos, no es de extrañar que éstos conservasen, como efectiva- 
mente conservaron allí, toda su preponderancia, libres de las fieras persecu- 
ciones que por aquel tiempo afligían á sus hermanos de Córdoba y que, de 
acuerdo con sus compatriotas muslimes, establecieran pactos con los cristia- 
nos reconquistadores del Norte, en odio al enemigo común del Mediodía. Do- 
meñada la ciudad por Abderrahmán III, ni bajo este Príncipe, gran protector 
de los mozárabes, ni bajo sus sucesores, hubo de padecer la cristiandad tole- 
dana, que continuó viviendo respetada y floreciente. 

»Ante semejante estado social y religioso, que no es posible se limitara á 
la ciudad, sino que sin duda se extendió á su tierra por entero y á toda la 
reo-ión á ella sometida, no es temerario, antes bien es cuerdo y prudente, pen- 
sar que al igual que se conservaron, restauraron ó erigieron otros templos y 
monasterios pudo erigirse el santuario de Santa María de Melque.» 

Termina el Sr. Conde de Cedillo su interesante y bien escrito folleto re- 
constituyendo sobre los datos expuestos la historia del monumento. 

Afirma en ella que pudo haber en Melque población romana y que, des- 
truida ésta en ignorada época, ya bajo la dominación visigoda, ó más pro- 
bablemente bajo la muy benigna de los moros toledanos, se erigiría el tem- 
plo estudiado, como iglesia quizá, de algún monasterio benedictino. 

Numerosas vicisitudes, unas generales y otras locales, le han traído al 
estado en que hoy se encuentra. 

Según se ve, el análisis contenido en tan reducido número de páginas es 
completo y honra á la competencia y al espíritu científico de su autor. 

E. S. F. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = == 203 



Visita á la GoleGClón del Exgido. Sl jüarijués le SantlllaDa. 

El domingo 17 dedicó la mañana la Sociedad de Excursionistas á visitar 
las colecciones que de objetos de arte guarda nuestro distinguido consocio en 
su casa-palacio de la Puerta de Alcalá, pues no otro nombre merece el domi- 
cilio de este procer, modelo, por su actividad, iniciativas y elevadas aficio- 
nes, de lo que debieran ser todos nuestros aristócratas, que como él desearan 
continuar las tradiciones de gloriosas estirpes, á las que debimos, por sus 
talentos y pujanza, nuestras grandezas pasadas. 

El actual Marqués de Santillana comienza por honrar la memoria glorio- 
sa del fundador de este título, prefiriéndolo á otro cualquiera que pudiera os- 
tentar, y de todos es sabida su afición además á los grandes adelantos moder- 
nos, á cuya aplicación entusiasta y hasta atrevida entre nosotros, ha dedica- 
do los mayores desvelos é iniciativas, en pro de lo que significarla, á cundir 
su ejemplo, una verdadera regeneración de la vida nacional. 

No hay que decir que recibidos los excursionistas con exquisita atención 
por el dueño de aquella casa en tan numerosa representación como la cons- 
tituían los Sres. Rector de los Escolapios de San Antón, Condes de Gerragería, 
Srta. de Garnelo con su hermano el eminente artista D. José; Mr. Buckler, 
de la Legación de los Estados Unidos; el Sr. Weibel, ingeniero; nuestro Pre- 
sidente el Sr. D. Enrique Serrano Fatigati con su hijo D. Alfredo, mas los 
Sres. Mendizábal, Allende Salazar, Pérez Linares, Barandica, Romero Soria- 
no, García de Pruneda, D. Pelayo Quintero, Sr. Hernández Iglesias, Bazán, 
Soriano, Cuervo (padre é hijo), Guilraaín, Delgado, Menet, Sres. Bosch (don 
Eduardo y D. Pablo), Caleya, Dr. del Amo, Ciria y Sentenach, comenzaron 
á recorrer los salones, por el que podemos llamar la armería, pues en él abun- 
dan las piezas y armas que constituían la antigua panoplia con que se defen- 
dían y ofendían aquellos caudillos, que apuraban especialmente la defensa 
cuando la invención de la pólvora y armas modernas hacían ya tan superio- 
res los medios del ataque. 

Mosquetes de gran lujof espadas de calada talla, prodigios de la armería 
española; un casi completo arnés ecuestre, con rodelas y muchas más piezas 
de finísima labor y temple, cubren casi por completo los muros de aquella es- 
tancia, por la que se pasa á otra en que comienza á contemplarse la riqueza 
pictórica que encierra la casa. 

Grandes lienzos y tablas de asuntos bíblicos y mitológicos llamaron la 
atención de los excursionistas, emitiendo diversas opiniones sobre la atribu- 
ción de algunos de ellos, verdaderos problemas aún por descifrar, pasando 
después á examinar los tan interesantes retratos de los fundadores del Hospi- 
tal de Buitrago, de que en otro lugar de este número damos cuenta. 

Todos convinieron en lo valioso é interesante de tan curiosos retratos, ce 
lebrando la feliz ocurrencia del actual Marqués de Santillana de haberlos 
trasladado á Madrid para evitar así su pérdida segura, suscitándose con este 
motivo levantada discusión entre algunos consocios acerca del alcance del 
concepto de la propiedad sobre estos monumentos del arte y de la historia, 
pues mientras alguno sostenía el criterio individualista puro de la omnímoda 
transcendencia del derecho de propiedad, algún otro objetaba que existe en 



204 = = = = *= = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

ellos cierto elemento de interés general justificativos de la intervención del 
Estado en las transacciones de esta especial propiedad, que ciertamente re- 
quiere ser condicionada. 

Es indudable que alguna diferencia esencial existe entre estas obras, pro- 
ducto de la inspiración de otras edades, y los objetos puramente comerciales 
que convienen á las cotidianas exigencias, por lo que creemos que no sería 
difícil llegar á un acuerdo entre los indiscutibles derechos del poseedor y el 
interés público, en que quedaran á salvo todos los conceptos jurídicos; sobre 
todo, ni tan pobres ni tan perdidos estamos que no nos sea permitido redimir 
nuestras mayores preseas de las garras de la codicia, y en algunos casos 
hasta del regocijo de los chamarileros. 

Pero aún estábamos con esto al comienzo de todo lo que reclamaba nues- 
tra atención en aquella casa, pues al subir al piso principal, á más de salu- 
dar á la Marquesa, que con exquisita cortesía, al ver que también nos acom- 
pañaban damas, salió á recibirlas y atenderlas, comenzamos á examinar el 
verdadero museo, especialmente iconográfico, que con interés siempre en 
aumento acrecientan tan discretamente estos señores. 

Es verdaderamente incalculable el número de retratos, ya de tamaño na- 
tural ó en miniatura, que forma tan valiosa colección; de algunos han de 
disfrutar nuestros consocios, gracias á la incondicional galantería del Mar- 
qués, autorizando su reproducción; y otros interesan tan poderosamente, 
que hay que mencionarlos desde luego. 

Si nos encontramos allí con la auténtica Princesa de Eboli, tal como 
Sánchez Coello la transmitió á la posteridad, no es menos curioso ver cómo 
otro artista afrancesado del siglo XVIII la reprodujo, conservando fielmente 
su rostro con el característico cubreojo que tenía el original, pero vistiéndo- 
la de pastora Luis XV al estilo de su tiempo, para que no chocara su obra 
con la moda reinante. 

Si vimos, aún niña, á la hija del Duque del Infantado, la conocimos más 
tarde elegantísimamente ataviada, rodeada de sus hijos, tal cual la interpretó 
el fino pincel de Lemonier en fecha que consigna. 

No muy lejos se ve el suntuoso retrato del Marqués de la Ensenada, debi- 
do á aquel veneciano Amigoni ó Amiconi, al servicio de Fernando VI entre 
nosotros, pero cuya temprana muerte impidió que produjera los deseados 
frutos, por lo que son verdaderamente escasas las muestras de su habilidad; 
el retrato acredita de espléndido colorista y buen pintor al que lo ejecutó. 

No es posible seguir la enumeración de tanto notable lienzo, aunque ven- 
gan á la memoria algunos tan salientes como el de una joven holandesa de 
edad de veinticinco años en el de 1678, de autor de primer orden, sin faltar del 
Greco, Goya, Van-Dyck, Fragonad y otros que podrían ser objeto de especial 
estudio; tan notables pinturas alternan á veces con tapices y muebles verda- 
ramente riquísimos, siendo, en fin, la casa conjunto de delicadísimos detalles 
y pormenores de buen gusto, que delatan en todos casos el'alto criterio y re- 
finado esmero que á su elección han precedido. 

La amabilidad y atención de los Marqueses de Santillana se hizo notar 
hasta el último momento en que la numerosa representación de nuestra So 
ciedad abandonó el palacio, complacidísimos todos por lo que habían podido 
ver y la forma exquisita con que había sido mostrado. 

N. S 



Boletín 



Año XV.—Núm. 178. 



DE LA 



SOGIEDP ESPHlOLll DE ElCUBSIOHES 

<^-^-^ — Mcidi^'d.— Piciembre de 1907. -®-^ 

********************************** 

Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas, 17. 
Administradores: Sres. Hatiser y Menet, Ballesta, 30. 

La Virgen de Gracia 

única obra auténtica de Juan Sánchez de Castro. 



^^s/v"v^*.'v^^ 



La gloriosa Escuela pictórica sevillana se envanece con la memoria de 
Juan Sánchez de Castro, tenido por lejano fundador de ella en pleno siglo XV, 
doscientos años antes que Murillo. Pero entiendo que va á ser el Boletín de 
LA Sociedad Española de Excursiones el primero en reproducir una obra 
auténtica del pintor cuatrocentista. Los lectores verán en la fototipia que se 
acompaña toda la importancia del arte y del artista. 

Creadas hace pocos años en nuestras Facultades de Letras las enseñanzas 
de Teoría del Arte, dos alumnos de Sevilla, discípulos del entonces catedrá- 
tico de la asignatura, D. Luis Segalá, examinaren la obra, redactaron una 
pequeña Memoria é hicieron fotografiar la interesantísima tabla. No pudimos 
aprovechar las fotografías, habiendo tenido que encargar otra, de que se 
encargó un oficial de los Sres. Hauser y Menet (1), pero sí podemos apro- 
vechar el trabajo de los alumnos D. Celestino López Martínez y D. Antonio 
Artola y Guardiola, del cual son los párrafos que pasamos á copiar, deseando 
á los jóvenes estudiosos la mayor constancia en los estudios de arte, tan se- 
ductores y tan útiles á la vez. Decían de'la obra en la Memoria firmada en 30 
de Diciembre de 1906 lo que pasamos á copiar: 

«Representa el pintor en la parte central de la tabla á la Santísima Vir- 
gen, de tamaño natural, sentada en majestuoso sillón, que le sirve de trono 
y dosel; en sus rodillas vese la imagen de su divino Hijo, al que sostiene con 
el brazo izquierdo, al paso que con el derecho sujeta la Cruz de un Rosario^ 
cuyas cuentas, teñidas de rojo escarlata y engarzadas en un cordón blanco, 
parecen entretener la atención del Niño, que lo sostiene entre sus manos. 

»La túnica y manto de la Virgen son azules, adornados con flores y fran- 
jas doradas, abundando en estas últimas las del Niño, que de un vivo color 
carmesí deja ver por su parte anterior blancas vestiduras interiores. La 
Virgen lleva cíngulo, severa corona, tras la que se destaca ancho nimbo, y 
bajo ella se observa embellecedora toca que cae graciosamente sobre sus 

(1) La tabla está hoy colocada tan alta j tiene enfrente tan cerca otra pared, que no 
pudo lograrse una mayor reproducción. 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 27 



206 — = — = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

hombros; el Niño, sin llevar corona, ostenta el nimbo crucifero propio de la 
divinidad (1). 

»A derecha é izquierda del trono aparecen San Pedro y San Jerónimo; el 
primero con capa pluvial, ricamente adornada de imaginería, y pectoral 
acabadísimo; tiene en sus manos, vestidas de guantes rojos, un libro 
abierto, las llaves, símbolo de su autoridad, y el báculo en forma de T ó tau^ 
representativo de su jurisdicción. El segundo, con traje cardenalicio, túnica 
blanca y capa roja, lleva en sus manos libro y báculo 'como el anterior (2). 

»En la parte superior del cuadro, á derecha é izquierda del dosel, en- 
cuéntranse cuatro ángeles: dos portadores de la tiara pontificia, con las ínfu- 
las negras, adornadas de cruces doradas; los otros dos intentando cubrir la 
desnuda cabeza de San Jerónimo con el capelo cardenalicio. 

»En la parte inferior y á la izquierda, estuvo la figura del orante (retrato 
del pintor, al decir de Matute), y de la que sólo se ven, por estar aserrados 
los dos ángulos inferiores del cuadro, algunos trozos de su negro manto y la 
filáctera blanca que partía de su boca, y en la que se lee la siguiente ins- 
cripción en letras góticas: O domina mea fanta Maria ora pro me pecatore. 

»Hasta aquí puede ser estudiado; no así el resto, por su considerable de- 
terioro, pero suple la imposibilidad de observación propia lo que D. Fran- 
cisco de Vera y Rosales, en manuscrito de la Biblioteca Colombina, nos dice 
de esta obra: «Al pie de la imagen está un rótulo con letras germánicas que 
dicen: «Santa María de Gracia»; á los pies de San Pedro está arrodillado un 
hombre vestido de negro, á lo antiguo, que lleva la ropa hasta los pies; el 
cuello de la capa que tiene puesta por ambos hombros, es muy pequeño y 
angosto, y después tiene vestido una gorra negra ó un sombrero pequeño de 
muy cortas alas... A sus pies tiene otras letras como las anteriores, que dicen: 
«Juan Sánchez de Castro, pintor.» 

»Mide la tabla 2,46 metros de altura por 2 metros de ancha, aserrada, 
como decimos, por sus ángulos inferiores y taladrada en su parte central, 
por donde fuertes clavos debieron sujetarla; termina en su parte superior en 
forma circular, y las vicisitudes por que ha pasado en su larga vida han de- 
teriorado mucho la pintura en la parte inferior del retablo.» 

Los autores de la Memoria que extractamos, en el examen artístico que 
de la obra hacen, después de la copiada descripción, notan atinadamente la 
nobleza y dulzura de los rostros, los fuertes tonos del colorido, que todavía 
conserva su viveza, aunque sin transparencia y jugo; el predominio de los 
dorados, que forman relieve en la corona de la Virgen y en la mitra y capa 
de San Pedro; la minuciosidad en la reproducción de varios detalles, y en es- 

(1) Quiere el Sr. Sanpere Miquel que esta sea la Virgen de la Hiniesta copiada en ta- 
bla de la escultura medieval, hoy conservada en el altar mayor de la Iglesia misma de San 
Julián. Creeré que él no hizo, como yo no he hecho, la comparación de ambas imágenes. 
Una dualidad de ellas, bajo una sola invocación, en la misma Iglesia, la tengo por poco ve- 
rosímil. Hiniesta ó retama no es planta que yo vea en el cuadro, ni creo tampoco en la ima- 
gen esculpida, por lo demás. V. Cuatrocentistas catalanes, t. II, págs. 78 y 81. 

(2) Pedro de Tous, caballero catalán, dio la Virgen de la Hiniesta, aún conservada en 
altar, á San Julián de Sevilla. Más tarde, su hijo Pedro de Tous y Sandoval, abandonó pro- 
piedades en Cataluña y se fundó en ellas el convento de San Jerónimo de Valí d'Hebron. 
¿Atina, según creo, Sanpere y Miquel al ver en la tabla de la Virgen de Gracia, es decir, 
en San Pedro y San Jerónimo, el nombre y el otro santo de la devoción de Pedro de Tous? 
V. loe. cit. . 



BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 



TO/nO XV. 




Fototipia lie Hauser y Memf. — Miidrid 



JUAN SÁNCHEZ DE CASTRO 

"LA VIRGEN DE LA GRACIA" 

Catedral de Sevilla, procedente de San Julián 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = =—= 207 

pecial el realismo de los tipos y el profundo sentimierito religioso, que serán 
siempre característicos en el desarrollo de la escuela sevillana (1). 



Esta tabla fué descubierta en 1878 (18 de Enero) detrás de un altar en la 
Iglesia de San Julián de Sevilla. D. José Grestoso Pérez, el ilustre investiga- 
dor del arte y las industrias artísticas de la ciudad, hizo mérito detallado del 
descubrimiento en alguna de sus eruditas publicaciones (2). 

Llevada á la Catedral, á la Sala de restauraciones, pasó después en depó- 
sito al palacio arzobispal mientras se verificaban las obras en aquel magno 
templo. Los autores de la Memoria la examinaron y la fotografiaron en la 
«Sala de descanso de los Señores Beneficiados» en la Catedral. Con posterio- 
ridad ha sido retocada y restaurada por el pintor Sr. Escacena y colocada 
en la contaduría de la Iglesia metropolitana. 

Fué el Sr. Gestoso quien dio con la prueba de quién era el autor, leyendo 
el Discurso histórico de Nuestra Señora de la Hiniesta de Vera y Rosales 
(1688), del cual extractaron los autores de la Memoria el párrafo antes copia- 
do donde se ve tenía la tabla la firma del pintor. 

La importancia de esta obra, por ser testimonio auténtico único ó casi 
único del mérito de un famoso artista, corre parejas con su propia importan- 
cia estética que los lectores tienen vista para apreciar, sencillamente y sin 
necesidad de panegírico, en presencia de la pequeña fototipia que acompa- 
ñamos. 

Porque ¿qué nos queda de Juan Sánchez de Castro, auténtico de toda 
autenticidad? Yo no sé de otra obra que ésta que reproducimos. 

Ceán Bermúdez (3) cita el retablo «de Santa Lucía» en la capilla de San 
José de la Catedral de Sevilla, pintado en 1454, con el Nacimiento del Señor 
y muchas tablas de santos y profetas. En pleno siglo XIX se arregló la capi- 
lla y se perdió el retablo. 

Ceán Bermúdez cita también el San Cristobalón de la parroquia de San 
Julián — la misma donde se halló la tabla que nos ocupa — . La colosal pintura 
firmada por Juan Sánchez de Castro en 1484, fué horrendamente repintada 
en 1775, salvo la cabeza, y hoy apenas conserva débiles rasgos de lo que fué, 
según dice Gestoso (4) y todos hemos comprobado. 

El fragmento de pintura mural del titular en el ábside de San Ildefonso 
de Sevilla, también firmado, desapareció con el derribo de la Iglesia en 1795. 

La Anunciación que vio Pacheco en San Isidro del Campo, ya no existía 
tampoco en tiempo de Ceán Bermúdez (5). 

(1) Sanpere Miquel, lugar citado, se equivoca del todo, en mi sentir, al suponer esta ta- 
bla pintada en el último cuarto del siglo XV, cuando á lo más parece del tercer cuarto. Supo- 
ne que es la Virgen de la Hiniesta, y copia, en su parte central de la imagen, allá, llevada por 
Pedro de Tous desde Cataluña, creyendo que el donador del cuadro sería dicho magnate. Y 
encuentra las figuras de los dos santos, más libres, más realistas, mejores; «figuras de mucho 
relieve, de buenas proporciones, y de rostros muy modelados y bien acabados», «recomen- 
dable la cabeza de San Pedro por lo muy acabada y lo delicado de su modelado» y la de San 
Jerónimo no menos, y «cuyo cabello y largas barbas están tratados, en grandes masas, con 
verdadero arte, y no con aquella caligrafía capilar que todavía triunfa en la obra». 

(2) V. Gestoso: Curiosidades antiguas sevillanas, t. I, pág. 17. 

(3) Ceán Bermúdez, artículo Sánchez de Castro, t. IV, pág. 328. 

(4) V. Gestoso: Guia Artística de Sevilla, pág. 24. 

(5) V. Pacheco: Arte de la Pintura, su antigüedad ¡/'grandezas. 



208 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Las ocho tablas de santos que fueron de San Benito de Calatrava, hoy en 
la Iglesia de Montesión — siempre refiriéndome á Sevilla — , las atribuyó á ¡Sán- 
chez de Castro D. Claudio Boutelou sólo por razonamiento apriorístico, es de- 
cir, por entenderlas posteriores al arte d^ las pinturas murales de San Isidoro 
del Campo y anteriores á la obra auténtica de Juan Núñez, supuesto conti- 
nuador de nuestro artista; y también por un curioso detalle— los peregrinos 
enanillos pendientes del cinturón de San Cristóbal— que positivamente se re- 
petía y aún es de ver en el San Cristobalón de Sánchez de Castro (1). 

«La preciosa tabla que representa el Nacimiento de Nuestro Señor, exis- 
tente en la Iglesia de la Virgen del Águila, en la villa de Alcalá de Guadai- 
ra» no sé, finalmente, si la atribuye Cestoso á Sánchez de Castro por otras 
razones que las de estilo y manera (2); por solas ellas Boutelou hizo la atribu- 
ción, mas indefinida, á la escuela del maestro (3). 

Resulta comprobado, después de este recuento, que únicamente por la 
Virgen de Gracia podemos apreciar así los méritos como el estilo de Sánchez 
de Castro. 

Ni ayudan demasiado, tampoco, los datos biográficos documentales. 

No sabemos cuándo nació, ni cuándo murió. La losa marmórea sepulcral 
en la parroquia de San Román no señalaba la fecha, ni siquiera ponía la se- 
gunda parte del apellido: Esta sepoltura es de Ju'^ SSJ'^ pitor, e de su genera- 
ción (4), y resulta además en mi sentir que no se refiere al artista famoso. 

Y como pintor ó pintores llamados Juan Sánchez á secas, se declara ó se 
declaran en documentos do 1413, 1430, 1431, 1433, 1435 y en otros de 1462, 
1464, 1486, 1513, 1519, 1525, 1543, y todavía menos que eso Juan SS' en 1425, 
y como por 1500 hay un pintor en Sevilla llamado Juan Sánchez de Roble- 
da (5), y antes, por 1480, otro Juan Sánchez de Santromán (6), resulta indi- 
cada la cautela más extremada y la precaución más celosa en la aceptación 
de las fechas ciertas á que se deba referir el nombre del famoso pintor (7). 

Ni siquiera las propias fechas de firma de cuadros traídas por Ceán pue- 
den darse todas por seguras, pues pudo dar á Castro lo de un Juan Sánchez á 
secas. Por eso excluyo (?) lo del retablo «de Santa Lucía», y no el San Cris- 
tobalón, porque todavía se ve su firma, con el «Castro», así como la vio Vera 
y Rosales en la Virgen de Gracia, no fechada. 

Resumen de fechas ciertas: 1478, 1480 y 1484; ni más, ni menos. 

1478: en documento en que se dice «Antón Sánchez hermano de Juan Sán- 
chez de Castro pintor vecino a sant Saluador» (8). 

(1) V. Boutelou: Monografía especial en el Museo Español de Antigüedades, t. IX.— 
Passavant y Boutelou: El Arte Cristiano en España, pág. 209. 

(2) V. Gestoso: Ensayo de un Diccionario de los artífices... de Sevilla, t. II. pág. 100. 

(3) V. loe. cit. 

(4) V. Ceán. Desapareció la lápida de caracteres góticos— como los de las firmas del 
maestro—, y hoy se ve sólo una lápida moderna. V. Gestoso. — Guia Artística de Sevilla, pá- 
gina 40. 

(5) Gestoso no identifica como debiera (en mi concepto) á Juan Sánchez de Robleda, 
por 1500, con el Juan de Robleda, pintor, de la collación de San Vicente, conocido en docu- 
mento de 1494. V. Ensayo, t. II, págs. 100 y 81, respectivamente. 

(6) Nótese que en San Román se supone de Castro la lápida sepulcral de Juan Sánchez. 

(7) Para todos los nuevos datos documentales, V. Gestoso: Ensayo de un Diccionario, 
t. II, págs. 98 á 101 . 

(8) V. Gestoso: Ensayo, t. II, pág. 100. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 0Q9 

1480: veedor de los pintores de uno de los bandos en que se dividieron. 

1484: firma fechada del San Cristobalón. 

Ni más, ni menos (1). 

Hoy, con certeza histórica al menos, no puede decirse de nuestro cuatro- 
centista famoso, sino que «floreció por 1478-84». Todo lo demás es dudoso ó 
meramente probable. 

Por ejemplo: que fuera precisamente Castro el pintor Juan Sánchez á la 
vez organista de la Catedral de Sevilla en 1462 y 1464 (2); que fuera preci- 
samente él el avecindado en San Andrés, citado como «maestro mayor» en la 
pintura de los cueros heráldicos del Alcázar en 1478; que fuera precisamente 
él el autor en 1454 del perdido retablo «de Santa Lucía»... Todo esto es con- 
jetural aunque probable, en mi sentir. 

En 1480, capitaneados los más excelsos ó los más vanidosos pintores de 
Sevilla por Juan Scinchez de Santromán y Juan Sánchez de Castro, pretenden 
dignificar con exámenes y reválidas y celosas previsiones el ejercicio del 
arte de la pintura que antes gozarla de más libertad. Sendos memoriales de 
una y de otra parte (pues hubo resistencia de los más, que serían los peores 
artífices por lo que de ambos textos parece deducirse) nos dan largas listas 
de nombres {3). 

Yo me atrevo á imputar á Juan Sánchez de Castigo la condición de orgullo- 
so, el legítimo orgullo que en ese caso le animara y al cual se debe, en mi 
sentir, el prurito que tuvo de firmar sus obras, cosa no del todo desacostum- 
brada allí, pero tampoco demasiado frecuente en general en el arte del si- 
glo XV. De Sevilla tenemos, además de las suyas, tres firmas más cuatro- 
centistas (4), pero de todas maneras entenderé probable la idea de una per- 
sonal y familiar jactancia de méritos legítimos que indica sinceridad y con- 
vicciones artísticas, y es digna de aplauso, en definitiva. 

Pero resulta que el otro Juan Sánchez, el de San Román, también capita- 
nea con él el movimiento dignificador y reglamentarista de los pintores, y 
ello nos delata su relativa importancia y mérito. Por los enemigos de la re- 
glamentación se apellidó al segundo expresamente «pintor de retablos» (5). 
Luego la confusión entre uno y otro ha podido ser frecuente; luego la lápida 
que se supuso de Sánchez de Castro en San Román, es de Juan Sánchez de San- 
tromán; luego el Diego Sánchez de Parias, pintor, no es hijo del primero, sino 
del segundo, pues el Juan Sánchez, pintor, padre suyo, era vecino en la colla- 
ción de San Román, contra lo que siente Gestoso, que no llegó á dar equiva- 
lencia al apellido Santromán con él nombre de la parroquia (6). 

(1) El benemérito Sanpere y Miquel ha tenido, entre otras fantasías, la de sostener que 
Juan Sánchez de Castro fuera cordobés y darlo como seguro: solamente porque el cuadro 
de Pedro de Córdoba de 1475, existente en la Catedral de Córdoba, «lo mandó fazer Diego 
Sánchez de Castro, canónigo de esta Santa Iglesia.» Por el contrario, ¿no podía ser sevillano 
el canónigo acaso? Hace Sanpere Miquel de Sánchez de Castro estudio tendencioso en su libro 
útilísimo. V. Cuatrocentistas catalanes, tomo II, págs. 74 á 79. 

(2) V. Gestoso: Ensayo, t. II, pág. 100, 2.*' párrafo. 

(3) V. ídem id., t. I, pág. LXVII, donde se copian los documentos. 

(4) La de Juan Hispalense, á principios del siglo y antes de él; la de Pedro Sánchez (?) 
quizá su hermano, y la de su sucesor Juan Núñez. Quizá pueda añadirse como sevillana con 
mucha razón la de Francisco de Burgos (?), reproducida en este Boletín (t. IV, pág. 57). 

(5) Y. Gestoso: Ensayo, t, II, pág. 101, primero y segundo párrafos. 

(6) Lr.s fechas de Diego Sánchez de Parias parecen ser 1467, 1472, 1485; f antes ó en 1502. 



210 = — =:==t — := = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Por iguales ó parecidas razones creo lo más verosímil dar á Santromán 
el Juan Sánchez de un documento de 1435 por referirse á uno de la collación 
de San Román (1), y á padre ó antepasado de Castro, el Juan Sánchez, de 
los documentos de 1413, 1430 y 1431 por referirse á uno de la collación del 
Salvador, donde es visto que vivía el hermano del Castro indiscutible 
de 1478. 

Se conoce también, por 1480, un Pedro Sánchez de Castro, pintor, pero 
ignoramos si es el de la firma de un sargazo conservado, pues así como en 
los Castros hubo con certeza un Juan (ó dos?), un Antón y un Pedro, Antones 
Sánchez, Diegos Sánchez y Pedros Sánchez hay varios y todos pintores de 
la época. ¡Un endiablado maremagnum! 

He dicho que á padre ó antepasado de Juan Sánchez de Castro atribuyo 
el nombre Juan y apellido Sánchez, escuetos de los documentos de 1413, 1430 
y 1431 referentes á un pintor llamado Juan Sánchez, habitante en la collación 
de San Salvador^ en la cual vivía el hermano de Juan Sánchez de Castro 
en 1478. Y quiero añadir que ese más viejo pintor Juan Sánchez habitaba 
como inquilino una propiedad urbana del Cabildo Catedral, que era nada me- 
nos que una mezquita todavía conservada, aunque profanada (si á un cristia- 
no se le consiente el participio que usaría un moro). 

Es verdad que en el mismo Ensayo de Gestoso se ve que la tal mezquita 
se alquiló en diferentes épocas á diversos artífloes, pintores ó no pintores. 
Pero todavía pienso que el viejo templo mahometano, con sus restos artísti- 
cos, convidaría á pintores y á otros artistas para asentar en él talleres ó es- 
tudios con más amplitud y espacio que el que pudiera ofrecer una casa par- 
ticular ordinaria. 

Lo cierto es que se sabe, gracias á la investigación de Gestoso, que el 
Cabildo entregó en 1413, desde 1.° de Febrero, «las casas mezquita que son 
cerca del corral de las vacas, «collación del Salvador», á Johan Sánchez, 
pintor, por todos los días de su vida, cada año por 330 maravedís de moneda 
vieja en reales de plata»; y es cierto que en aquella mezquita había, y se 
señalaban, columnas y mirhab: «Hay ocho mármoles que están por pilares, 
en que se sostiene la casa; los seis están dentro en la mezquita, y los dos es- 
tán en la entrada de la casa. ítem hay más dentro en la puerta, que es de can- 
tería, encima tres mármoles prietos con sus basas blancas, que son de pre- 
cio, ítem hay más en la alcobilla del adoratorio dos piedras marmoleñas 
grandes». Y como además es cierto que en 1430 vivían en la casa Juan Sán- 
chez y su mujer, y en 1466 pasó á una Leonor Sánchez, mujer de pintor de 
nombre poco legible, habré de pensar yo, sea ó no sea cierto, que una dinas- 
tía dilatada de artistas tuvo en la mezquita, así descrita en ese documento, 
su casa solariega, que es casi, casi, á mi entender, la casa solar de la vieja 
pintura sevillana, ennoblecida con tan gloriosa descendencia corriendo los 
años, andando los siglos. 

Todo esto lo digo para traerlo al caso del estilo personal del Juan Sánchez 
dé Castro, con certeza vivo en los años 1478 á 1484, y conocido, en su estilo, 
por la Virgen de Gracia, que somos los primeros en dar á la publicidad, re- 
producida en nuestro Boletín. 

(1) V. Gestoso: Ensayo, t. II, pág. 100, párrafo 4.°, donde supone que es Castro. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 211 

Porque esta obra no tiene sabor flamenco, y habremos de enterrar la es- 
pecie de que Juan Sánchez de Castro fuera en Sevilla el imitador de Juan 
Van Eyck, ó en general de los antiguos flamencos, carácter que, hoy por hoy, 
debemos reservar á su continuador Juan Núñez. 

Cuando D. Claudio Boutelou decía que el primero «obedeció á la influen- 
cia de la escuela de Van Eyck (1), ó seguía demasiado fielmente á Passa- 
vant (2), que no pudo basarse en otra cosa que en detalles de cuadro perdi- 
do, que no bastan á demostrar la tesis — un rosario colgado de la pared en 
la Anunciación que vio Pacheco; la capa pluvial de San Gabriel en ella — , 
ó se apoyaba en obras que le atribuía sin bastante fundamento — las de Monte- 
sión y Alcalá de Guadaira — , ó hacía recaer en el supuesto maestro y patriar- 
ca de la escuela sevillana las notas del estilo de Juan Núñez, cuyo aprendi- 
zaje con aquél ó discipulado de influencia es mera y vaga conjetura, en nin- 
guna razón sólida fundamentada, puesto que ningún dato documental ó mo- 
numental la apoya ni la justifica. 

No veo tampoco nuevos argumentos ni base á favor de la tesis en los crí- 
ticos posteriores, Sres. Cossío (3) y Lefort (4), autores de manuales de Pin- 
tura española, elaborados antes de tener conocimiento de la indiscutiblemen- 
te auténtica Virgen de Gracia y sin hacer mérito de ella. 

Lo contrario ocurre con el Sr. Sentenach (5): entiendo yo que se equivo- 
ca al dar como nota del cuadro «el gusto eyckiano puro con la mayor fideli- 
dad, perfectamente interpretado por el artista», pero que acierta este distin- 
guido crítico en su libro, ya de fecha lejana — de fecha lejana para lo que 
€l Sr. Sentenach ha trabajado y ampliado después — , al poner, como reserva 
á su te3is, que Sánchez de Castro imprimió carácter local á su obra, tanto en 
les tipos como en la ejecución, obteniendo más galanura y riqueza. 

Podrá reconocerse alguna cosa, como la extremada afición á los detalles 

(1) V. ^Pinturas murales de Saa Isidro del Campo» en el tomo II del «Museo Español de 
Antigüedades». 

(2) V. pág. 207. 

(3) V. «La Pintura Española*, síntesis todavía la mejor que tenemos, en «La Enciclope- 
dia popular ilustrada de Ciencias y Artesa», por Gillman. Madrid, 1886: «Dos nombres descue- 
llan entre todos aquellos que representan el influjo flamenco; uno en Andalucía, Juan Sán- 
chez de Castro; otro en Castilla, aunque algo posterior, Fernando Gallegos. Ellos son, sin 
duda, los mejores representantes de esta dirección, y no es extraño que pasen para el vulgo 
como autores de cuantos restos, buenos ó malos, se encuentran sin paternidad conocida en 
las respectivas regiones.» La autoridad de Cossío basta para dejar asentado el carácter 
eyckiano predominante en las obras de San Benito de Calatrava, hoy en Montesión; pero su 
atribución á Sánchez de Castro es caprichosa, y fuera de esto todo son detalles— los antipa- 
rras y baratijas de la Anunciación que vio Pacheco, y los peregrinos enanillos que á la vez 
se observan en el San Cristobalón repintado de Sánchez de Castro, y en una tabla, repre • 
sentando también á San Cristóbal, de las conservadas hoy (¡dentro de clausura!) en Monte- 
sión.— El Sr. Cossío en realidad basó el estudio en estas tablas sin conocer la Virgen de 
Gracia. 

(4) V. La Peinture espagnole, pág. 49. «Les naíís ouvrages, tout realistes et flamands, 
de Juan Sánchez de Castro, le plus anclen peintre indigéne... en Andalousie», que mencio- 
na— copiando sin examen personal — son las perdidas citadas por Ceán y Pacheco y el San 
Cristobalón «entierement repeint au XVIIIe siécle.» No conoció tampoco M. Lefort la Vir- 
gen de Gracia. 

(5) V. La Pintura en Sevilla, Sevilla 1885, págs. 24 á 23. Como el Sr. Sentenach atribu- 
ye también á Juan Sánchez de Castro las tablas de Montesión creeré que en ellas, más que 
en otras, basa su adhesión á la idea del eyckianismo del pintor. 



212 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

de interior, por lo cual no sea de rechazar en absoluto una legítima influen- 
cia de los primitivos flamencos en la obra indiscutible de Juan Sánchez de 
Castro: esa influencia lejana, de mero ejemplo, que verosímilmente se había 
de producir en cualquier rincón de Europa, en el siglo XV, adonde llevaran 
tablas flamencas los aficionados de entonces ó el activo comercio de obras de 
arte que entonces se hacía en las ferias, las lonjas y las naves. Probable- 
mente no podría menos de haber en Sevilla alguna de las pequeñas mara- 
villas de la delicadísima y esmaltada pintura de Brujas ó de Gante, arras- 
trada por el brillante aspecto del óleo según la labra flamenca, todavía un 
secreto á la sazón. 

Fuera de esa vaga influencia y de esos ejemplos aislados, entiendo que 
Juan Sánchez de Castro ya no se puede ofrecer como jefe de una escuela fla- 
menquista sevillana, ni siquiera como adherido á las corrientes artísticas de 
la imitación flamenca. Eso entiendo que demuestra, inesperadamente, la 
Virgen de Gracia que damos reproducida en el Boletín. 

Al propósito de este examen, pienso que debe repasar el suscritor los vo- 
lúmeaes de nuestra publicación, hasta dar, en el tomo del año IX, 1901, pá- 
gina 25, con la reproducción de un interesantísimo tríptico firmado por Juan 
Hispalense, es decir, por Juan de Sevilla, que forma parte de la magnífica co- 
lección de D. José de Lázaro Galdeano. El sólo bastaría para retrotraer el 
carácter de patriarca de la escuela á un artista también llamado Juan, algu- 
nos años anterior á Juan Sánchez de Castro. Por su estilo el Juan Hispalense 
corresponde á los primeros años del siglo XV, y comparando su obra con las 
catalanas de la época, notabilísimas, yo me atrevería á llamarle, por apelli- 
darle de alguna manera, el Borrassá sevillano. 

¿Será Juan Hispalense la misma persona que el pintor Juan Sánchez, que 
habitó la mezquita entre 1413-1430?... ¿De aquel Juan Sánchez de quien pue- 
de tenerse idea que fueron descendientes los Sánchez de Castro?... 

Sea ó no lo sea, es cierto que en Sevilla había arte local antes que de Flan- 
des llegaran modas, estilos y convencionalismos á la ciudad del Guadalqui- 
vir. Aquel notable tríptico lo demuestra, y la firma parece recalcar ufanía 
de escuela ó vanagloria personal. 

Después se ven allí, todavía anónimas, las pinturas de San Isidro del 
Campo, muy en nuevo estilo, pero extrañas á lo flamenco. Y enseguida, sin 
notada influencia flamenca, se nos ofrece nuestra Virgen de Gracia, que si 
recuerda á otros artistas, no es, ciertamente, á los de Brujas ó Haarlem tan- 
to, como á Jacomart Basó, pintor valenciano de Alfonso V, á Vergós y compa- 
ñeros, pintores de la corte del Condestable de Portugal, Rey intruso en Bar- 
celona. 

Las obras de Jacomart, en especial las que de reciente he examinado 
en la Seo de Játiva (1); las de Vergós, en especial el retablo del dicho Con- 

(l) He publicado eu el diario de Valencia Las Provincias tres cartas, no cortas, con 
el siguiente título: «Un Museo de Tablas: la Seo de Játiva» en los números de los días 18, 2J 
y 30 de Noviembre de 1907. Allí he estudiado una obra maestra de Jacomart, el retablo de Ca- 
lixto III: muy sucintamente. Al corregir pruebas debo anunciar el trabajo importantísimo 
de M. Bertaux sobre Jacomart en el último número de la Eevue de VArt Anciene et Moderne 
con muchas reproducciones,, incluso del retablo de Calixto III que á su noticia yo debía de 
antes. Y... ¿no creerá el catedrático francés que sean también de Jacomart el retablo de Ru- 
bielos de Mora (Teruel), que sé que él conoce, y el de la colección del Sr. Rius y Badia (Bar- 
celona) que el mismo M. Bertaux había reproducido como anónimo en otro trabajo anterior? 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 213 

destable en el Museo de Santa Águeda, provincial, de Barcelona, son cosa 
distinta, pero no muy distinta que lo que nos muestra el indiscutible cuadro 
único de Juan Scmchez de Castro (1). 

La Virgen de éste no acaba de ser la misma que la Virgen de la Pente- 
costés del retablo del Condestable, mucho más excelente; ¿pero habrá quien 
dude que el San Pedro de Sánchez de Castro está vaciado en el mismo tro- 
quel que el San José que puso Vergós en la Epifanía, parte principal del re- 
tablo del Condestable, con no alcanzar aquél tampoco tantos quilates de mé- 
rito? (2). 

Yo no he visto, desde 1892, la tabla de la Virgen de Gracia, y no puedo 
acabar el juicio ante la vaguedad del recuerdo, añadiendo indicaciones sobre 
el colorido y la factura. Baste lo dicho y la aproximación que me atrevo á 
dejar aquí establecida (3) . 

Sólo sé decir que, así como avanzamos más en el conocimiento de los pri- 
mitivos españoles — gracias sean dadas á Cossío, Gómez-Moreno, Sanpere Mi- 
quel, Tramoyeres, Bertaux, Burguera, Sentenach, Gudiol, Gestoso, Casellas 
y otros — , más me sorprende el parentesco que muestran entre sí los pintores 
cuatrocentistas de las varias regiones españolas — sin ser óbice la dualidad 
ó pluralidad de coronas — , más independencia respecto del extranjero voy 
sorprendiendo en ellos, contra lo que esperaba, y más vigorosa aparece á 
nuestros ojos la fibra artística nacional de aquellas ya remotas edades, 

Y esto es todo lo que se le ha ocurrido en Madrid al ordenador de las no- 
tas y recortes que forman toda la trama de este escrito. 

Elias TORj\IO. 

Postdata. — Compuesto el trabajo anterior, y dando unos pocos días de espera la 
tirada del Boletín, creí oportuno remitir las galeradas al Sr. Gestoso Pérez, que 
sospechaba yo que algo podría añadir hoy á cuanto j-a lleva publicado sobre artistas 
sevillanos. Debo á su exquisita amabilidad una carta que parecerá interesante á mis 
lectores, bastante más que mi artículo, pues en ella añade algunas noticias inéditas 
referentes á los varios pintores Juait Sánchez de nombre y apellido. 

Formula además reparos sumamente atendibles á mi juicio: lo que me lleva á 

(1) Sanpere nada dice de eyckianismo, pero ¿cómo no vio relación de estilo con sus tablas 
catalanas en la obra esta de Sánchez de Castro? 

Y... hablando de otra cosa— por él citada en los mismos párrafos -¿cómo no relacionó ni 
conjeturalmente el Bartolomé Ruiz (quizá mal leído) firmante como cordobés de una tabla 
en 1450, con el Bartolommeus Eubbeits, del cuadro del pueblo valenciano de Tous^ identifi- 
cado ó no con el Bartolomé Vermejo, cordobés, fecha 14!:;0, del cuadro de Barcelona? 

(2) Sobre el mérito de Juan Sánchez de Castro he de hacer notar que no es justa la in- 
dlg-nación de Gestoso ante las frases de Ceán Bermúdez que supone despectivas. Dijo éste: «el 
dibujo lánguido corresponde á las mejores obras de aquel tiempo y el colorido conserva aún 
su frescura», lo cual, respecto de un primitiro, es en la pluma académica de Ceán Bermúdez 
alabanza grandísima; lo de lánguido, se dijo en relación con el dibujo del antiguo ó el de 
Rafael y f/Iiguel Ángel, lleno de brío, y no en sentido de monosprecio del artista, cierta- 
mente. 

(3) Hablando Boutelou, sin él saberlo, del verdadero estilo de Sánchez de Castro, y cre- 
yendo referirse á obras anteriores, señaló «el carácter sevillano en los tipos, y todavía más 
en la expresión dulce y comunicativa de las figuras» que bien clara se muestra en la obra, 
para él desconocida, que estudiamos, así como la «nobleza y dignidad en las figuras, senti- 
miento delicado, seguridad en el dibujo y un excelente sistema de plegar las ropas, unido al 
esmero de loa detalles». Sólo que Boutelou atribuía esto al arte de Sevilla antes de Juan Sán- 
chez de Castro, y el antes es lo que sobra. V. El arte cristiano en España, pág. 178 y 195. 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 28 



214 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

creer que no lo expresé adecuadamente, pues no he pensado afirmar que; Castro pro^ 
ceda de Juan Hispalense, ni menos negar la influencia del Arte del Norte en Juan 
Sánchez de Castro. Esta la afirmaré como parcial ; la supongo de segunda ó de 
tercera mano en cuanto al aprendizaje mismo, es decir, diluida en el estilo ya espa- 
ñolizado de otros maestros que más directamente enseñaron á pintar á nuestro ar- 
tista, y la veo reducida á la influencia general y difusa de las tablas y, quizá más toda- 
vía, de las esculturas flamencas, rhinianas ó alemanas, en general é indistintamente, 
sin nada de particularmente eyckiano en la manera y técnica del pintor sevillano. 
Todo lo contrario de lo que de Juan Nüñes es de afirmar y afirmamos rotundamente. 
Los párrafos de la carta del Sr. Gestoso, firmada en Alcalá de Guadairael 14 de 
Diciembre, son los siguientes (aparte sus bondadosas frases): 

"Con razón califica usted de "endiablado maremagnum,, cuantas noticias he podi- 
do ir acumulando respecto á los muchos pintores del XV llamados Pedro Sánchez y 
Juan Sánchez, y el mismo lío y la misma confusión hallo en las relativas á los artis- 
tas apellidados Royz, Ferrández, Pérez, Rodríguez y todos los que llevaron apellidos 
vulgares. Ahora, precisamente, que me ocupo en la impresión del tomo III de mi 
Diccionario, para el cual he reunido una interesantísima colección de papeletas de 
Pintores, más y más me confundo, y en muchas ocasiones no sé á qué artista San 
chez, por ejemplo, debo acumular ciertos datos. Entre este nuevo material me en- 
cuentro que corresponden á un Juan Sánchez (ó á varios) los datos siguientes: 

„Vecino a la Magdalena en 1487. 

„Vecino de Alcalá de Guadaira, marido de Elvira Muñoz en 1508. 

„Vecino a Santa Catalina en 1526. 

„Idem id. id. en 1528. 

„Marido de Isabel de Valladares en 1531. 

„Fallecido en 1539. 

„Vecino a Santa Catalina en 1540. 

„Idem id. id. en 1544. 

„E1 de la Valladares en 1545, el cual continuaba morando en Santa Catalina 
en 1550. 

„Desde luego declaro que mi pobre ingenio no sabe salir de este laberinto, y en 
tal virtud, me contentaré con exponer los datos, dejando á otros investigadores más 
afortunados el gustazo de aclarar estas tinieblas. 

„Cada vez me convenzo más de que mientras no contemos con muchos documen- 
tos seguiremos dando palos de ciego, rectificando á cada paso lo que habíamos es- 
crito. Puedo asegurar á usted, por lo que respecta á Sevilla, que nadie más que yo 
ha invertido años en el examen de este Archivo de Protocolos buscando noticias ar- 
tísticas y ¡ni aun he podido leer e\ a e i o u / Calcule usted la riqueza que ocultan 
aquellos miles de legajos... 

„Pero pasemos á otro punto. Dada la... de usted... critica artística, no osaré cier- 
tamente discutir la influencia neerlandesa, ó puntualizando más, eyckiana, que reve- 
le la obra de la Virgen de San Julián; pero séame lícito emitir mi opinión en gracia 
de mi sinceridad. 

„A primera vista, es indudable que en la tabla se manifiesta el carácter local; 
pero ¿recuerda usted bien el plegado de profusos ángulos del vestido de la Virgen? 
¿Tienen el menor parecido con el tríptico de Juan Hispalense? ¿Y quién, sino las 
obras procedentes de Flandes, pudieron influir en el gusto del pintor sevillano, para 
que siguiese esos nuevos derroteros, enseñándole á disponer los paños de una mane- 
ra no acostumbrada por sus predecesores? Así me explico yo que el insigne Juan 
Núñez hubiese podido imitar á los flamencos hasta el punto de que si la tabla que te- 
nemos en la Sacristía de los Cálices de esta Catedral no estuviese firmada por él, 
dudo mucho que los críticos la hubiesen considerado sevillana. Por fortuna la firma 
les ha librado de haber incurrido en un error que ciertamente habría sido disculpable. 



BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



C^o TOMO XV. 




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dt'ctr ujmtn ctópiís Alidtilx) Ctópcnn ^ 



'ioüpia de Hauser y Menet. — Madrid 



PÁGINA DE LOS COMENTARIOS AL APOCALIPSIS, POR S. BEATO 
Que se conserva en el Mtiseo Arqueológico Nacional 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = 



= = = = = 215 



Tuan Sánchez de Castro y algunos otros de sus contemporáneos, que hoy ya co- 
nocemos por los datos documentales, prepararon el terreno á Juan Núflez y á sus 
coetáneos de que no conservamos obras. En invéntanos de muebles de comienzos 
del XV es frecuentísimo leer "un retablo de flandes, unos paflos de belduque, otros 
naftos de malinas 6 de brujas,, y mil objetos más que venían de los Países Bajos. 
Nuestras relaciones con aquellas regiones eran muy int.mas: las nacwnes flamenca 
TalZL (asi llamaban al conjunto de los naturales de aquellos países) formaban 
numerosas colonias como hoy decimos, que tomaban parte en todos los públicos re- 
ToXs y ya en el siglo XVI tenían su capilla y hospital espléndidamente dotados^ 
Creo pues firmemente que Juan Sánchez de Castro conoció pmturas flamencas, de 
días tomé una parte, conservando otra de la tradición de la pintura loca : tal es su 
tit o por elempleo del oro y por el de los adornos relevados en el aparejo del yeso 
?on que procura dar más realce á las joyas, bordados y atributos. Tan arraigado es- 
í!ba este gusto entre los sevillanos, que un pintor flamenco, Esturmes, contrataba 
liras de pitura en ,a segunda mitad del siglo XVI, obligándose á hacer los nimbos 
: los fondos de oro" Después de conocida la tabla de San Julián, también me inclino 

loo rio lMr.ntp«íión V Alcalá puedan ser de su mano. 
* " cL^o se dt de u a vtrgen de Gracia pueda ser la de la Hiniesta, me pa- 
rece que no'tif'e fundamento. La segunda está de pie y más parece influenciada 

"" M„atr:e":tfar;n Sevilla; pues habría ido en e. acto á ver una vez 
más el cuadí: para consignar en ésta mis ultimas impresiones; pero ofrez«> ^ -ted 
hacerlo en la primera escapada que haga para ver á mi medico -J. Gestoso.. 

miniaturas noíaliles fiel museo flípoiógico nacional 

Existen en la Biblioteca de este Museo ciertos códices, ó mejor dicho, res- 
to, de eílos «ue sin poder considerarse como tales por su estado fragmenta- 

Reina leonesa Dona Sancha, y el otro, á que con espondnto^^^^^ ^^^_ 
iniciales de la lámina, al de los Reyes Católicos, como fácUme 
prende con sólo mirarlos. p„n»t!tuve una página de 

La primera miniatura que hemos ^^ ^'^"^^^^^^^f'^Z otros'varios de 
un San Beato, ó sean unos coméntanos «\f í^^fl ^'o X y XI, comentan- 
los que forman una larga serie nuestros códices del siglo X y K, 

do por el de la Biblioteca de Valladolid, <!"« í^'^''/^^ v "¡fnal y el del Mu- 
tinuado por los de El Escorial, los dos de la Biblioteca Nacional, y 
seo Británico procedente del Monasterio de Silos 

Pero en ninguna de las relaciones de esta sene ^e ""«f "^^^ Arqueoló- 
tivos se da cuenta ni se consigna apenas este fragmento del Museo A q 



216 = = === Boletín de la Sociedad Española de Excursioneá. 

gico, que á estar completo el tomo sería sin duda el más importante de todos. 
Procede de la Biblioteca de San Isidoro de León, y es verdaderamente la- 
mentable lo que ocurre con este volumen, pues conservando sus pastas ha 
sido horriblemente saqueado en época desconocida, llegando en muchas ho- 
jas hasta á haberse recortado sus preciosas miniaturas, que á juzgar por las 
que quedan debían ser verdaderamente preciosas. 

No hace muchos años, nuestro consocio entonces el embajador de Rusia 
M. Schevitch, hoy ya fallecido, adquirió en muy buen estado bastantes pági- 
nas de este mismo códice, y aunque su generosidad llegó al punto de ofrecer- 
las al Estado por lo que le habían costado, no halló su interés eco por parte 
de las personas de mayor autoridad que debían haberlo atendido, desapare- 
ciendo por esta causa de entre nosotros tan precioso complemento del códice 
más hermoso español del siglo XII que tenemos. 

Por su arte difiere esencialmente de los otros Santos Beatos citados; la 
riqueza de su exornación y belleza de su estilo es muy superior á cuanto en 
los demás vemos, explicándose esta mayor suntuosidad al considerar que de- 
bió ser sin duda regalo de los Reyes Don Fernando I y Doña Sancha al Mo- 
nasterio de San Marcos de León, por el que tanta predilección mostraron. 

Basta leer la carta de donación de los Reyes Don Fernando y Doña San- 
cha que transcribe el P. Manzano en su Vida y portentosos milagros del glo- 
rioso San Isidoro, Arzobispo de Sevilla (Salamanca, 1732), (libro III, capí- 
tulo XLVI) (1) para comprender hasta dónde llegó la regia munificenda ha- 
cia aquella casa, pues á más de costear todos los gastos necesarios para su 
construcción la dotaba de valiosísimas alhajas y ornamentos, libros de coro, 
cantorales y cuantos objetos sagrados eran necesarios para la mayor sun- 
tuosidad del culto. 

Por su estilo ofrece también caracteres muy especiales, pues si en los 
otros sus congéneres encontramos recuerdos quizá irlandeses, aunque con 
gran carácter español, hasta un extremo que á éste deban sus mayores espe- 
ciales rasgos, el de León, aunque no tan castizo, pues su estilo es puramente 
extranjero, nos presenta, sin embargo, la más acabada muestra del progreso 
obtenido en Francia en aquella época, respecto á la iluminación de sus ma- 
nuscritos, pues francés fué sin duda el monje tan artista que lo llevó á efec- 
to, con perfección suma, como se comprende al examinar la corrección y be- 
lleza de su dibujo, el gusto de sus colores, el brío verdaderamente deslum- 
brador de sus dorados y hasta la proporción y carácter de sus figuras. Sin 
duda, alguno de aquellos benedictinos del Cister que trajo Don Fernando fué 
el encargado de labor tan preciosa. 

Pero no por eso lo creemos ejecutado en Francia, pues por numerosos de- 
talles arquitectónicos, de indumentaria y hasta de útiles y objetos, fué sin duda 
llevado á cabo á la vista de tales originales. 

Tanto se asimilan las ilustraciones de este códice con las pinturas del te- 
cho del panteón de los Reyes en el propio San Isidoro de León, que parecen 
en algunos casos como una reducción de ellos, dándonos por esto una nota 
más de su autenticidad y procedencia, obteniendo por todo esto el calificati- 
vo estas miniaturas de los de estilo románico más genuino que poseemos. 

La lámina que publicamos corresponde á la página en que describe el 

texto la destrucción de Jerusalén, representando el momento en que los solda- 

(1) Puede verse en el Museo español de antigüedades (I, pág. 149) articulo del Sr. Assas. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 217 

dos del ejército de Antíoco echan por tierra las puertas y murallas de la ciu- 
dad, mientras que en la parte de abajo matan á Elias y á Enoc; y aunque los 
soldados no tienen nada de griegos, ni la arquitectura que destruyen nada 
de judaica, sino que son una copia fiel de lo que el miniaturista veía en sus 
días, este mismo candor arqueológico la presta su mayor interés y valor 
histórico. 

Con esto se comprenderá la importancia excepcional que tendría á estar 
completo este precioso códice para la historia de nuestras miniaturas, pues 
si no el más antiguo, es sin duda el más artístico y el de mayor riqueza esté- 
tica de los de su serie. 

Larga es la total de nuestros códices iluminados, pero realmente aún no 
está ni trazada ni estudiada, aunque en él se divisen ciertos grupos: uno de 
ellos sería el de los pertenecientes al Rey Sabio ó Alfonsi; otro parece con- 
cretarse aún más al reinado de Don Pedro I de Castilla^ siguiendo la evolu- 
ción hasta fines del siglo XV, en que se definen y forman grupo especial las 
del tiempo del reinado de los Reyes Católicos, 

No son escasos los volúmenes y documentos con miniaturas de este tiem- 
po, pero sin duda nunca desarrolló mayor lujo y suntuosidad decorativa 
este especial arte, que cuando se trató de ilustrar el gran cantoral que con 
destino al Monasterio de Santo Tomás de Avila dedicaron los Reyes, sus pa- 
tronos y fundadores. 

El hallarse allí enterrado su hijo Juan, tan querido, hizo que recibiera 
este convento los efectos mayores de la munificencia de los Reyes, y al tra- 
tarse de este libro de coro, bien puede decirse que nunca se escribió ni ilu- 
minó otro más lujoso y artístico. 

Tampoco se conserva incólume este libro, ni mucho menos; sólo restan de 
él algunas hojas, que por su importancia decorativa vinieron á poder de 
algunos aficionados. De ellas conserva una en parte nuestro consocio el señor 
Traumara; otras dos parece que se vendieron á un extranjero, y dos más son 
las que guarda hoy el Museo Arqueológico Nacional, procedentes de la 
colección del Sr. Rico y Sinovas, una de ellas la más completa de las cono- 
cidas. Aunque quedan otras dos más, según nuestros informes, de paradero 
desconocido. 

Las dos iniciales que damos en la lámina corresponden á las dos grandes 
hojas del Museo Arqueológico, las cuales ocupan un tercio de la hoja, es- 
tando el resto ilustrado por ancha y riquísima orla, con los emblemas y es- 
cudos reales entre el rico follaje que los festonea, quedando el espacio res- 
tante para varias notas y palabras correspondientes á los versículos del can- 
toral á que pertenecen. 

No hay que encarecer el exquisito gusto y arte con que están ejecutadas¡ 
tanto las grandes iniciales como las orlas; basta examinar la lámina, á la que 
sólo falta el juego tan armonioso como variado de colores del original para 
formarse completa idea de éste. 

Según parece corresponden á las iniciales de los cantos correspondientes 
á las fiestas de primera, pero además encierran un sentido alegórico relacio- 
nado con las virtudes teologales y cardinales que cada una conmemoran. 

La primera de las iniciales (que es una L), en que están de pie todas 
las figuras, simboliza la virtud de la Candad, que con los brazos abiertos 
aparece en medio, sobre un pedestal, acompañada de siete figuras femeni- 



218 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 

ñas, ricamente vestidas, llevando todas en la mano filacterias con versícu- 
los alusivos al ejercicio de tan hermosa virtud; el grupo se destaca sobre un 
paisaje de lejano horizonte, preciosamente ejecutado, con diáfano celaje en 
su parte superior . 

La L está ornamentalmente dibujada, formando como el marco del grupo, 
y el todo encuadrado por una faja azul, en la que difícilmente se lee en el 
original la frase CARITAS CONSUMATIO OMNIUN MANDATORUM ABRE- 
VACIO OMNIUM PRECEPTORUM. Todas las figuras ciñen coronas y visten 
regios trajes de preciosos brocados, observándose en sus fisonomías un mar- 
cado parecido, y lo que es más, muy semejante con el de la Reina Católica, 
como si el artista que lo ejecutó hubiese tenido especial empefio en ello. 

La segunda inicial (una N) contiene la alegoría correspondiente á la Pru- 
dencia. También en ella aparece la figura principal de pie, sobre un pedes- 
tal, vestida con un manto de plumas de pavo real, sin duda por los mil ojos 
que requiere, pero las otras que la acompañan están sentadas, llevando en 
sus manos filacterias con versículos alusivos; también ciñen todas coronas, 
é igualmente recuerdan el mismo modelo, ofreciendo estas agrupaciones 
una marcada tendencia á la expresión de feminidad en todo, como si el 
autor quisiera ponerse en armonía con el espíritu de aquellas sabias mujeres 
de que tanto gustaba la Reina rodearse. 

Los epígrafes latinos completan el sentido de intelectualidad que preside 
á estas singulares miniaturas, proclamando el que encuadra la segunda de 
éstas, que PRUDENTIA E3T OMNIM VIRTUTEM GLORIA VIRUM PONDE- 
RATIO ET ABREVIATIO ACCIONIS. 

Libro que contaba con tales iniciales y orlas debía ser verdaderamente 
una obra admirable, y aunque su texto no tenga interés especial por lo co- 
nocido y corriente, como espléndida muestra de lo que llegó á ser la minia- 
tura en el siglo XV no puede darse nada más suntuoso ni interesante. 

Otros fragmentos de códices interesantísimos posee la Biblioteca del Ar- 
queológico, algunos de marcado carácter mudejar ó morisco. Pero ninguno 
llega á los descritos, produciendo tan sólo éstos la inmensa pena de verlos 
en estado tan fragmentario y deteriorados, siendo lo que resta, sin embargo, 
causa de la admiración de cuantos los contemplan. 

N. SENTENACH. 




Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 219 



SILLAS DE CORO ESPAÑOLAS 

(Continuación.) 

Catedral de Murcia. — En esta Catedral existió en tiempos antiguos una 
sillería de coro distinta de la que actualmente posee. Dicha sillería fué des- 
truida por un incendio, el día 2 de Febrero del 1854, y ha sido reemplazada 
por otra, que por los años de 1561 á 1571 construyó el artista toledano Ra- 
fael de León^ con destino á la Abadía de San Martín de Valdeiglesias, siendo 
abad Fray Jerónimo Hurtado y costando 24.921 reales en moneda y 300 du- 
cados de mejora. 

La Silla episcopal, colocada en el centro, es obra moderna, ejecutada por 
José Díaz Benito, al hacerse la traslación de las demás; que suman un total 
de 78: 34 bajas y 44 altas. 

Los respaldares de las del orden superior constan de dos partes: una (so- 
bre los brazales) de pequeños tableros con asuntos bíblicos y otra formada 
por hornacinas, que contienen talladas imágenes de santos monjes de la Or- 
den de San Benito y San Bernardo. Separando los respaldares entre sí hay 
columnas estriadas y decoradas, sosteniendo un cornisamento del que arran- 
ca la gran escocia que forma el dosel corrido, rematado en una crestería con 
21 estatuitas de santos y 20 tarjetones intercalados con imágenes de santos 
de la Antigua Ley. En el textero, tres tarjetones con la representación del 
Padre Eterno en el centro y dos pasajes de la vida de San Bernardo en los 
lados. Los espacios entre los pedestales están llenos de bajo relieves y en los 
pedestales figuras representando los vicios y las virtudes. 

Los respaldares de las sillas bajas son de bastante tamaño, con bonitos 
relieves que tienen por asunto episodios de la Vida de Jesús. Entre ellos hay 
algunos muy interesantes, como el que representa el Bautismo de Jesús, que 
demuestra una gran ingenuidad por parte del escultor: aparece Jesús, de pie 
en medio de impetuoso torrente con palmeras en las orillas, tiene las manos 
juntas en actitud orante, recibiendo el agua que San Juan le vierte sobre la 
cabeza con una concha (desde la orilla del río); detrás hay dos ángeles adul- 
tos con las manos entrelazadas, y en lo alto el Padre Eterno y el Espíritu 
Santo entre nubes. La figura de Jesús está desnuda, y el San Juan con túnica 
abierta por los muslos y capucha; su actitud es muy movida. Estos tableros 
están separados entre sí por cariátides que plantan sobre los brazales y sir- 
ven de sostén al atril que está ante las sillas altas. 

En general las estatuas están bien plantadas y bien plegados los paños, 
resultando la obra de una gran unidad, de carácter muy español y muy acep- 
tables todas las tallas. 

Sobre la construcción de esta sillería existe una interesante leyenda, 
perfectamente narrada en una poesía que se publicó en el Boletín en el 
año 1897 (tomo V, pág. 60). 

Refiérese en ella que el escultor Rafael de León, casado con una sevillana 
(llamada D."" Elvira), trabajaba en su taller, cuando unas miradas cambia- 
das entre ella y un apuesto mancebo, discípulo del artista^ hiciéronle conce- 



220 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 

bir sospechas respecto á la fidelidad de su esposa, que una vez confirmadas 
pusieron fuera de sí á León, dando muerte á su discípulo. Huyó el escultor de 
Toledo y fué á parar al Monasterio de Valdeiglesias, donde su abad le dio 
asilo. Pasado algún tiempo, la penitencia, el trabajo y la oración dieron á 
León la tranquilidad deseada é hizo relación de su historia al abad, y para 
dejar un testimonio de gratitud al convento, pidió lo necesario para hacer la 
sillería y dio comienzo á su labor, que le ocupó por espacio de algunos años. 
Faltaba poco para terminarla, cuando el abad le dijo que su esposa hallá- 
base en Toledo implorando la caridad pública, y ordenóle que puesto la había 
perdonado, tomara dinero y fuera á socorrerla, sin darse á conocer; hízolo 
así, encontrando á Elvira tan cambiada por los años y sufrimientos que ape- 




Catedral de Murcia: Presentación de Jesús en el Templo (tablero de las sillerías bajas). 



ñas la reconoció; sin mostrarse quién era fué socorrida espléndidamente y re- 
gresó á su convento, con el alma afligida, dispuesto á terminar su obra. Fal- 
tábale únicamente la silla abacial para terminarla, cuando el abad nueva- 
mente le dijo que en Toledo una epidemia asolaba la ciudad y una de las víc- 
timas era su esposa. Corre el buen artista á socorrerla de nuevo y halla á su 
esposa moribunda y abandonada por todos; y según la narración poética, de 
D. Francisco Valverde: 

«Lo que allí pasó se ignora: 
más, según se cuenta ahora, 
se comentó de mil modos, 
con cierta malicia, el hecho, 
que dos pobres apestados, 
fraile y mujer, abrazados, 
se murieran en un lecho. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = =: = =: = = 221 

Y en la ciudad toledana 
nadie en ellos supo ver, 
ni al escultor del taller, 
ni á la bella sevillana». 

Cartuja de Jerez. — Fué fundado este monasterio en el siglo XV por los 
cartujos de Sevilla, á expensas del caballero jerezano D. Alvaro Obertós de 
Valeto. Como todos los conventos de la Orden, tenía dos coros, pero de sille- 
rías no tenemos noticia nada más que de la que hoy está en el presbiterio de 
la Iglesia de Santiago de Jerez. 

Consta de un sólo orden de asientos, con reclinatorio (decorado con tallas). 
En los respaldos, imágenes de santos, y debajo de ellos pequeños tableros con 
relieves. 




Trozo de la sillería que perteneció ala Cartuja de Jerez 

En los brazales altos apoyan columnas abalaustradas que sostienen el en- 
tablamento que forma el dosel; y uniendo estas columnas con las pilastras 
adosadas á los tableros, hay una especie de ménsulas invertidas, de corte ele- 
gante y de calada talla, en forma de pata de cuadrúpedo, artísticamente com- 
;puesta, con otros elementos y motivos, rematando por arriba bien en una ca^ 
beza humana, bien en una de caballo. 

En conjunto resulta muy parecida á la del Parral; pero indica un período 
smás avanzado en el arte plateresco. 

San Marcos de León. — Ostenta este templo una sillería cuya riqueza es 
propia de la Orden caballeresca á que perteneció. 

•I'. Está situada en coro alto, á los pies de la Iglesia, y fué trabajada en ma- 
dera de nogal por el maestro Guillermo Doncel; teniendo bastante obra de 
épocas náuy posteriores que le dan cierto carácter decadente, á pesar de la 
buena época de su ejecución. r 

Bolet. de la Soc. Esp. de Exc. — 29 



222= = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

Consta de dos órdenes de asientos y silla presidencial; formando los rea- 
paldares del orden alto, una gran arcada apoyada sobre columnas abalaus- 
tradas, entre las cuales (sostenidas por ménsulas decoradas) destacan las imá- 
genes de la Virgen, Profetas, Santos Padres y otros santos y santas, cuyos 
nombres están escritos en las mencionadas repisas, en medio de cartelas. 
■■' Sobre la arcada corre un ático ornamental, sustentando es atuas de niños 
i grupos de bustos en cartelas (algunas con tenantes y pináculos.) 

Los frisos y tableros que hay en los asientos están adornados con luchas, 
centauros y motivos vegetales. ^ « „«i«..i^ 

En el centro del textero está la silla prioral, de mayor tamaño que las de- 
¿ás, pero de análoga traza: con dosel saliente (del mismo dibujo que el co- 
rrido), encima del cual se levanta un baldaquino en forma de templete; con 
cúpula hemisférica sostenida por columnas. ^ ¿ V: ^^ 

El orden inferior tiene también grandes respaldos con figuras de medio 
cuerpo (en bajo relieve), colocadas dentro de círculos recuadrados (repre- 
sentando personajes del Antiguo Testamento). Separando estos tableros entre 
sí hay columnitas abalaustradas, sobre las que apoya una especie de alero ó 
te'ladillo artesonado que forma el atril de las sillas altas. ^ 

En una de las sillas bajas, próximas á la prioral, hay un adorno de incrus- 
tación en madera blanca, y en él la firma del autor en la forma siguiente: 
Maqister Guillermus Doncel me Fecit MDXLIL Según parece fué comenzada 
el año anterior (1541) y se terminó en el siguiente; fechas que figuran también 
en la silla segunda al lado de la puerta y en la escalerita que da paso á las 
sillas altas. En la escalerita del lado de la Epístola, se ve un letrero que dice 
se empezó á renovar la sillería en el año 1721 y se acabó en el 1723. Estas fe- 
chas explican los trozos barrocos y churriguerescos que se ven en eUa, mez- 
clados con la obra de Doncel. 

En general, las figuras son bastante movidas y con bien plegados paños, 
pero de poca expresión en sus rostros, y algunas muy amaneradas: siendo 
muy curiosa la que representa á Santa María Egipciaca totalmente desnuda, 
en actitud de andar, llevando tres panes en las manos, unos sobre otros, y con 
largo y enmarañado cabello cubriendo gran parte del cuerpo desnudo; cuer- 
po que resulta de un desarrollo exagerado, impropio de una penitente (exa- 
geración en que cayeron los imitadores del realismo italiano y condujo á la 

decadencia.) , . mi - i„ 

^■- Catedral de Toledo.—Se distingue notablemente entre todas laá sillerías la 
de eát'a Catedral; y tanto por su magnífico conjunto, como por la excelencia 
de sus esculturas y tallas, puede citarse como ejemplar único eñ la/ historia 
de la escultura española. '' ' ^ ' 

No pertenece toda ella á la época del Renacimiento, puesto que el orden 
bajo de sus asientos es de arte ojival, labrados por el maestro Rodrigo á en- 
cargo del Cardenal Mendoza, dándolos por terminados en el año 1495 y siendo 
su coste 43.315 reales y 30 maravedís, á razón de 866 reales y 20 maravedís 

por cada uno. ., '. '\ 

Todos estos sitiales tienen sobre los respaldos unos tableros con relieves 
encuadrados bajo arcadas rebajadas y sobre ellas un friso de figuras quimé- 
ricas (característico de la época), j.'j' 
Los asuntos presentados en los relieves de estos tableros son episodios de 
la guerra de Granada, tales como asaltos, entradas triunfales, etc„ en lo!s 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 223 

que si bien el dibujo y la perspectiva dejan mucho que desear, en cambio 
hay tal lujo de detalles y es tan movida la composición, que resultan suma- 
mente interesantes. Desde luego nótase en ellos una marcada influencia ale- 
Ktana, tanto en la factura como en la indumentaria de algunas figuras. Son 
de una ingenuidad grande, en los que el artista, queriendo expresar bien 
claro el asunto, acumula unas figuras sobre otras, y no contento aún (como 
los niños cuando hacen un dibujo), para mayor claridad, pone el nombre de 
la ciudad ó del asunto que representa (1). Así, por ejemplo, en el tablero co- 
rrespondiente á la toma de Alhama vemos una puerta de muralla y algunos 
torreones; en aquélla un hombre descorre el rastrillo; en lo alto del muro 
cuatro guerreros de luengas barbas se defienden, con peñascos y armas blan- 
cas, del ejército asaltante, en el que figuran: dos soldados, que con escalas 
dé madera llegan á las almenas; un ballestero que dispara su arma, un trom- 
petero, un artillero que da fuego á su cañón (con una mano, mientras que 
con la otra sostiene la espada); hay también un sirviente con dos cargas 
arrodillado á su lado. Uno de los asaltados pone como escudo el cadáver de 
otro soldado; en el fondo se ven caballeros que ya han asaltado la fortaleza 
y tremolan el estandarte con la cruz (2). En un torreón se lee Alhama, y 
completan el cuadro una serie de cascos, dos siluetas de caballos y lanzas y 
ballestas que simulan un ejército sitiador. 

. » Los brazales, misericordias y ménsulas que sostienen el atril colocado 
ante ías: sillas del orden alto, están llenos de figuras más ó menos fantásticas 
en movidas actitudes, que combinadas con los grupos de columnitas, hojaras- 
cas y macollas que completan el decorado forman un conjunto rico, propio 
del periodo florido. 

Los respaldos de los asientos tienen una labor, cuyo dibujo parece más de 
un brocado que de una talla. 

La parte más importante de esta sillería es la que constituye el orden su- 
perior de asientos; y es tal su riqueza artística, que lo de menos en ella son 
los sitiale§^ Está compuesta por dos cuerpos arquitectónicos, labrados con 
maderas finas, mármoles y bronces, sirviendo de remate á todo un colosal 
grupo escultórico trabajado en mármol de Espeja y alabastro de CogolludOi 
' Sé comenzó á labrar este grandioso monumento del arte español, en tiempo 
del Arzobispo D. Juan de Tavera. Consta de 3.5 sillones á cada lado; los de 
la Epístola, obra de Alonso Berruguete (3), y los del opuesto lado, de Felipe 
Biguerny, que las terminó en 1543. Dispuestos ea igual forma que en la sille- 
ría de San Benito y otras de la época, están aquí colocados bajo una gran ar- 
quería, que apoya sobre columnas exentas (de alabastro, todas ellas, menos 
las dos correspondientes al sillón arzobispal que son de bronce). En los interco- 
lumnipSí hay nichos ú hornacina? conteniendo (esculpidas en alto relieve) 
imágeñe» de santos, patriarcas y profetas. Sobre esta columnata carga el se- 
gundo cuerpo, semejante al fondo del inferior y dividido como él en tres par- 

(1) Én letra gótica de gran tamaño. 
"' , 1(2) Eb este asalto dispuso el Marqués de Cádiz que se adelantaran Juan de Ortega, 30 
escaladores y 300 hombres escogidos para efectuar la sorpresa. 

''' .X^er fueron los que treparon á los adarves: Juan de Ortega, Martin Galindo y Juan de 
Toledo qtie, dando muerte á los centinelas, franquearon la puerta que daba al campo, por la 
qué entraron los demás, mientras él resto del ejército asaltaba la plaza por el lado opuesto. 

(3) Nació en Paredes de. Na va por el año 1480. 



224 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 

tes: basamento decorado, estatuas de personajes bíblicos en hornacinas y co- 
lumnas abalaustradas, en las que apoyan las ménsulas que sostienen el enta- 
blamento. 

Los respaldares y costados de los asientos tienen preciosas labores de in- 
crustación de maderas finas sobre nogal, así como la parte inferior de ellos 
está cubierta de magnificas tallas platerescas. La silla del Prelado ocupa el 
centro del tcxtero y lleva el escudo heráldico del Cardenal D. Juan Martínez 
Silíceo, en vez de ser el de Tavera que se ve en las otras. En el respaldo des- 
tácase un medallón de alabastro, cuyo asunto en relieve es: la Virgen impo- 
niendo la casulla á San Ildefonso (es obra de un hermano de Felipe deBorgo- 
ña llamado Gregorio). Tiene por remate un colosal grupo, obra de Berru- 
guete, representando la Transfiguración del Señor, en el que además de la 
obra escultórica hay una airosa y ligera columnata que sirve de marco á la 
composición. Le fué encargado este magnífico grupo en el afio 1643 y lo ter- 
minó en el 1548, siendo tasado en 4.640 ducados por Juan de Juni, Jerónimo 
Quijano y Pedro Machuca. 

Auxiliaron en la ejecución de la sillería á los dos maestros citados, un so- 
brino de Berruguete llamado Inocencio, uno de los Villoldos y Giralte. 

Comparada esta sillería con las demás similares, resulta superior en la 
imaginería, pero no en la parte ornamental; que en algunas, como en la de 
San Benito es superior. Creemos que los maestros trabajaron únicamente en 
las esculturas, dejando la ornamentación para los auxiliares, que cumplieron 
su cometido con gran esmero, pues sin tener la finura y delicadeza que vemos 
en otras no desmerece nada de la buena escuela plateresca. 

Las esculturas están todas dentro de las corrientes del Renacimiento, sin^ 
caer en sus exageraciones, sobre todo las talladas por Berruguete. ^ 

Entre los documentos que se guardan en la Catedral, hay los siguientes, 
que tratan de la obra de la sillería: 

<íPrecio§ de cada silla p'' berruguete^ 

Las cosas que se an de añadir y enmendar en la silla que esta hecha para 
la yglesia mayor de toledo (de mas e aliende de las condiciones questan puestas) 

son la siguientes. ■, j - 

—Primeramente que los arcos que cargan sobre las columnas de jaspe e 
sobre los balaustres de madera y traspilares della sean conformes de una misma 
obra conque no lleben rrosettas (pues que en el arte y alquitectura antigua nunca 

se usaron. ,. . . 

— Yten que se ha de hacer debaxo de los dichos Arcos (su cornijon.y frtso y 
arquitrabe) que cargue sobre las dichas columnas y balaustres y trapilares. . 

Yten que la media naranja que es la bovedasea honda y en los ángulo^ 

della vayan serafines. t j- i y; '• 

— Yten que en el Respaldo de la silla donde esta la figura (que la dicha figu- 
ra sea de baxo Relievo y muy mas baxo las cosas que de dentro entraren de ma- 
nera que tan solamente sean perfiles como Requieren en berdadero baxo Relievo^ 

— Yten que algunas délas taraceas sea de cornexo (1) escuro de madera que 
sea negra (de ébano ó de otra madera negra) con Realze claro que sea el oposito 
de la madera que agora están hechos y el campo dello sea claro de madera clara. 

— Yten que los ángulos del asentamiento donde estanlos serafines se hagan (unos 
nichos ó coquillas bien Revueltas que resciba la moldura del asiento de la silla. 

Yo alonso berruguete digo que conforme á las condiciones questan hechas y 
lo que se enmendó (y de la manera e forma que aqui digo haré las dichas sillas 
por cinquenta mili mrs cada una e que sean muy bien acabadas. — BERRUGUETE. 

1) Género de madera dura, empleada en ebanistería y taraceas. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = == 225 

Poco tiempo después se celebró un contrato (1539) entre el Cabildo y los 
maestros Felipe de Borgoña y Alonso Berruguete, en la forma siguiente: 

*En la ciudad de toledo á ocho días del mes de mayo de mili e quinientos e 
treinta e nueve años... don dj°. lopez de ayala vicario canónigo de la Santa Igle- 
sia de toledo... mando que notifique a maestro felipe vecino de la cibdad de bur- 
gos e alonso de berruguete vecino de la villa de Valladolid... que mañana. .. nuc- 
he. .. de mayo den hechos y sacados los contramoldes de las bobedas que se han 
de hacer de alabastro para las sillas de la dicha sancta iglesia y de lo demás de 
pilares e historias y molduras... conforme al dicho asiento serán obligados a 
dar los dichos contramoldes al tiempo y luego que comenzaren a labrar en la 
dicha obra (e por no avellos dado se pone dilación para el cumplimiento della 
con protestación que no dando los dichos como soys obligados) mandaría que 
otro dia luego siguiente cese la dicha obra e se cierran los talleres...^ 

Con igual fecha que el documento anterior, se les hizo la notificación á 
Berruguete y Biguerny, y los dos dijeron estar prontos á cumplir lo mandado 
en él. Y con fecha de 9 de Febrero de 1542, hay otra notificación á los cita- 
dos maestros para que quiten otras sillas viejas que había en el coro, y asi 
dejar lugar á las nuevas; por lo cual se deduce que, además de las sillas bajas 
ejecutadas por el maestro Rodrigo, debió haber otras altas que se han perdido. 

Catedral de Badajoz. — De la misma época y muy semejante á la de To- 
ledo, pero de mayor sencillez es la sillería de la Catedral de Badajoz. 

Consta de 85 sitiales, divididos en dos órdenes: el bajo muy sencillo, con 
tableros de ornamentación plateresca, representando cartelas con tenantes 
ó con bichas, y el alto con tableros iguales á los del orden inferior, y encima 
de ellos estatuas de santos apoyadas sobre ménsulas. Todas estas imágenes 
van cobijadas por un cuerpo arquitectónico bastante saliente, con techo ar- 
tesonado y friso decorado con cabecitas de ángeles. Este cuerpo que forma 
el entablamento, está sostenido por una columnata cuyas basas apoyan en 
los extremos de los brazales. Sirve de remate una crestería con niños y gru- 
pos ornamentales. 

La silla episcopal está unida á las demás, pero tiene mayor tamaño y 
una especie de baldaquino decorado con tenantes, adornos y un escudo herál- 
dico de los Fonseca. Sobre el respaldo, en vez de la imagen de un santo, 
está la del Creador, con un mundo en una mano y bendiciendo con la otra. 
En la silla de la derecha la imagen de la Virgen con el Niño, y en la de la 
izquierda la de San Juan. 

Son bastante buenas las esculturas, y parecen de la misma escuela que 
las toledanas. Según parece fué labrada esta sillería por el año 1557. 

Son también de este período y trabajadas con arreglo al mismo gusto, las 
sillerías de San Pedro Mártir, en Toledo (con hermosas tallas, de gusto se- 
vero, que parecen de algún discípulo de Borgoña ó Berruguete), y las de la 
Catedral de Orense é iglesia de San Asensio, en la Rio ja . 

La de Orense es obra de los entalladores leoneses Diego de Solís y Juan de 
Anges. Es muy sencilla y sin pretensiones, tallada en nogal. Las imágenes 
y los adornos muy dignos de estima. 

La de San Asensio es obra del entallador Pedro de Arbulo, natural de 
Santo Domingo de la Calzada. La construyó por el año 1569, recibiendo por 
ella 7.387 ducados el año 1574, en que la terminó.— Pelayo QUINTERO. 

Nota. En el término de la villa de San Asensio está el Monasterio de Estrella, que tam- 
bién tuvo sillería, pero que ha desaparecido, j 



226 = = =^ = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Portadas artísticas de líionumentos españoles. 



.A.i*te del Renacimiento y ^áLrte módei-no. 

Portadas posteriores al 1500. 

Desde las últimas portadas de Juan de Villanueva se pasa sin violencia' 
á las construidas en los diferentes períodos del siglo XIX. Época la actual de 
estudio y de libertad, ha llevado á todo su espíritu y ha impreso en todo su 
sello característico. El vertiginoso movimiento de análisis de los monumen-- 
tos antiguos ha despertado las variadas devociones por el románico, el 
ojival, el mudejar..., subsistiendo al lado de las anteriores los entusiasmos 
por el clasicismo, y faltos los arquitectos de un ideal de belleza superior y 
propio, que no ha podido formarse todavía en nuestro tiempo, se han visto 
obligados á construir en las principales ciudades edificios públicos y palacios 
particulares en que se reproducen las formas, ya que no se vivifica el alma 
de las edades pasadas. 

No en todas las ciudades españolas han ejercido estas reacciones de lí- 
neas su acción del mismo modo, por más que no faltan en casi ninguna las 
pruebas de su influencia. Valencia, Zaragoza, Málaga, Granada y otras se 
han dejado arrastrar poco por la corriente de las imitaciones y cultivan más 
dentro de sus muros, ó en sus casas de campo, un tipo de viviendas lleno, sí, 
á veces, de reminiscencias de pasados siglos, pero muy adaptado á su modo 
de ser y con el sello, en su gran mayoría, de sus respectivos territorios. Bur- 
gos acaba de terminar su Capitanía general con una combinación de los esti- 
los del renacimiento y el gótico que tantas joyas la dieron en anteriores eda- 
des (1). En Salamanca y su tierra nacen con arcos apuntados las nuevas fá- 
bricas religiosas, como la Colegiata de Alba de Tormes (2). En Cartagena se 
destaca entre las demás viviendas la llamada La Casa de Cervantes, Hería de 
elementos decorativos medio modernistas en su fachada, que produce impre- 
sión agradable y algo extraña á la vez (3). Valladolid se enriquece con el 
nuevo Casino de la Victoria (4), de arco de medio punto en su ingreso, arcos 
semicirculares separados por pilastras en el piso principal y estatuas soste- 
niendo el remate de la portada, formando una curiosa combinación de ele- 
mentos de antiguo abolengo é innovaciones de nuestros días. La más comple- 
ta y bella imitación moderna del arte de los siglos XIII al XV, en monumen- 
tos religiosos^ es la puerta de la Catedral de Sevilla que ha diseñado y díri-; 
gido D. Adolfo Fernández Casanova. ;, . , 

Quedan luego Madrid y Barcelona como amplios escenarios en que pue- 
de estudiarse bien el carácter y la transformación de las construcciones mo- 

(1) Ha sido construida por el Arquitecto municipal D. Saturnino Martínez Rui^. 

(2) Dirige su construcción el Excrao. Sr. D. Enrique María RepuUés y Vargas, Aca- 
démico de la Real de Bellas Artes de San Fernando. 

(3) El Arquitecto que la ha diseñado ha sido D. Víctor Beltri. 

(4) Dirigido por el joven Arquitecto D, Emilio Baeza Eguiluz. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = =: = = 227 

dernaá: en la primera, porque sus edificios públicos y privados forman una 
serie completa con todos ios términos porque se ha pasado desde el modo de 
hacer de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, hasta el espíritu comple- 
jo, formado de tendencias muy contrapuestas que domina á la arquitectura 
actual; en la segunda, porque las manifestaciones de los gustos más antitéticos 
Be han acentuado hasta la exageración, mostrando los devotos del uno ó del 
otro todo lo que son capaces de producir y lo que de ellos puede esperarse 
para el porvenir. Son, por lo tanto, los edificios de ambas dignos de ser seña- 
lados de un modo más especial. ¡ 
fi' Madrid ha revelado, en su crecimiento y mejora, esa tendencia de sus 
hijos á recoger, sin exclusivismos y con amor, cuanto con amor sé mira 
en las demás comarcas. Pasando de unos barrios á otros, se ven en sus casas 
lo mismo el derroche de las columnas jónicas y corínticas, con sus corres- 
pondientes entablamentos, que la predominancia de las líneas tortuosas y de 
^a alteración de las proporciones, en rebusca de originalidad, que caracteriza 
hoy todavía los primeros ensayos del modernismo. 




Puerta de Toledo. 



Cualquiera creería, sin embargo, que un poder superior se ha entretenido 
en clasificar sus construcciones según su diverso género y en señalar el tipo 
á que ha de acomodarse cada uno de los grupos. En los edificios públicos, no 
religiosos. Congreso, Palacio de Museos y Bibliotecas, Ministerio de Fomento, 
Bolsa, Colegio de Sordo-Mudos, etc., prepondera el gusto clásico ó sus diver- 
sas reminiscencias; en los templos se recuerdan los estilos que fueron impe- 
rando sucesivamente en el largo curso de la Edad Media, según se ve en la 
cripta de la Almudena, el Buen Suceso, Santa Cruz, San Fermín de los Nava- 



228 = = :== = = = = Boletín de la Sociedad Espinóla de Excursiones ■, 

rros y otros de acento románico, gótico ó mudejar; en las casas domina la li- 
bertad de formas y planes más absoluta, en consonancia con la libertad indi- 
vidual y el variado gusto de sus propietarios. 

Las líneas de todas estas fábricas han sido modificadas por la superspo- 
sición de otras lineas que las asociaban en su fantasía los arquitectos, con 
arreglo á los gustos y necesidades de los tiempos que corremos. Desde los 
años de Ventura Rodríguez y Villanueva pasaron las formas helenas y ro- 
manas al través de las creaciones berninescas , sufriendo la influencia de 
su contacto, y luego puso en ellas algo de su sello personal cada autor, por- 
que es imposible que artistas, y artistas de las razas meridionales, se limiten 
al modesto papel de simples imitadores. 




Fachada principal del Congreso. 

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{Arquitecto Sr. Colomer.) 

La Edad Media, piadosa y guerrera, que tan bien se revela en el conjunto 
de nuestros grandes monumentos de los siglos IX al XV, aparece muy dulci- 
ficada, muy tolerante, muy pacífica, muy adaptable á todas las corrientes y 
á todas las circunstancias en esos modelos del románico, del ojival y del mu- 
dejar, en que se ha reproducido el cuerpo privado del alma de los origina- 
les. Son sí muy dignas de encomiar en ellas la erudición de buena ley y la 
delicadeza de gusto de los que las diseñaron y dirigieron, sintiendo la belleza 
general, pero no el estilo con que las hacían. 

La Puerta de Toledo, construida en 1813, ha de ponerse á la cabeza de los 



JBoletln rfe lii Soacdnci Española de Evcufsiotrc^. = = = := = = = = 229 

ingresos artísticos que vamos á enumerar. Se hizo en conmemoración del di- 
choso término de la Guerra de la Independencia, y á todos pareció más feliz 
el hecho que el monumento que á su recuerdo se asociaba. No supo darla' don 
Antonio Aguado la esbeltez y la grandiosidad que indudablemente buscaba 
cala altura con que la construyó, pero no carece de cierto mérito, á pesar 
de su aspecto de pesadez; otra disposición de las columnas jónicas y pilastras 
que la adornan y de sus tres pasos la hubiera embellecido más. Adórnanlá 
cascos, corazas, banderas, armas y escudos formando dos trofeos militares,! y 
se destaca en su parte alta el grupo de España dispensando su protección á 
las artes, que modeló D. José Ginés y ejecutaron Barba y Salvatierra. 




Pórtala principal de la Bolsa. 



A treinta años de distancia, próximamente, comenzó la construcción del 
Congreso. Seis columnas corintias con contrapilastras del mismo orden for- 
man el cuerpo saliente de su fachada, cargando sobre aquellas un entabla- 
mento y encima un frontispicio triangular. La escultura ha puesto diversos 
símbolos y relieves en los espacios donde se la ha permitido extenderse: en 
los capiteles de las columnas colocó cabeza de leones en vez del florón corres- 
pondiente, en representación de la fuerza; para el tímpano del frontispicio 
labró en relieve D. Ponciano Ponzano las figuras de España unida á la Cons- 
titución y rodeada de la Fortaleza, la Justicia, el Valor español, las Bellas 
Artes, el Comercio.^ la Industria, la Agricultura, la Navegación, la Paz, la 

Bület. de la Soc. Esp. de Exc. — 30 



2:30 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Éxtursiones, 

Abundancia, los Ríos, los Canales, cuánto puede ponerse en Tai fantasía Úénh 
pueblo que sueña coa ser rico y feliz. ' !■<•--. 

i-MA los capiteles jónicos de la Puerta de Toledo y los corintios del Con^i^eso 
se sustituyen en el último tercio del siglo XIX los capiteles compuestoá'éñ lá 
mayor parte de los edificios públicos madrileños. El largo período de gran-' 
dioso movimiento literario que preparó para el ailo de 1830 la emancipación 
dé Grecia y la invasión de sabios que la siguió, hubo de reflejarse también 
en ia Arquitectura, sembrándose en las fachadas las hojas de acanto; las vo-' 
l'utas, los fustes istriados, los pórticos y los frontispicios. Pasaron luego los 
últimos. hervores del entusiasmo helénico, hacia mediados de la défcimanove- 
na centuria, y empezaron enseguida á sentirse, de un lado, las excitaciones en 
los espíritus románticos de la nueva revolución política y literaria producida 
por la constitución de la unidad italiana, y del otro los influjos de la educa- 
ción en Roma de nuestros artista^. 







Portada del Colegio de Sordo-Mudos. 



Revélase ésta bien y en buena forma en el ingreso de la Bolsa de Madrid, 
diseñado y dirigido por D. Enrique María Repullos y Vargas. Hay en todas 
las fábricas del mismo género y del mismo período recuerdos de las maghifi- 
cas columnatas y pórticos de las más espléndidas basílicas romanas; reflejos" 
de las mejores creaciones del Bramante y berninescas, ó imágenes ainables 
de la ornamentación que se extendió por Italia desde las mismas postrime- 
rías del XV hasta bien entrado el XVI; y en los muros y las dos entradas de 
la Bolsa se superponen á los elementos citados un cierto acento español en 
el modo de trazar algunos detalles y mucho del sello personal del autor en 
la distribución de masas y combinación de efectos. - i*'. •'í,.jr 

El Palacio de Biblioteca y Museos, el Ministerio de Fomento, f renté á lá 
Estación de Atocha, el Banco y el Colegio de Sordo-Mudos, al lado del Hipó4 



BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 



1' 






TOMO XV. 




Fototipia, de Huuser y Menei. — Madrid 



MADRID 
Portada del Edificio de Museos y Bibliotecas Nacionales 



Boletín fie la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = ac 231 

dromo, completan él cuadró de las portadas de los edificios públicos cons-, 
truídos én los mismos años que corremos, á loila,rgo de una línea de espíen-, 
didos paseos, embellecidos ya desde los fines del siglo XVIII por el Botánico, 
el Museo del Prado, hermosas fuentes y estatuas. ' in fVw 

►- Nada se hae^scatimado para que resultara grandioso y artístico el ingre-i, 
ao dé la Biblioteéa Nacional que mira á Recoletos. Se asocian allí para pror. 
ducir la impresión de lo rico y hacer gala de la genialidad de nuestros escul-, 
tores, la amplia escalinata con las efigies sedentes de San Isidoro y Alfonso 
el Sabio; el triple ingreso defendido por las estatuas de Cervantes, Lope de 
M ir.) ,. -i 




Fachada del Ministerio de Fomentoi 



Vega, Luis Vives y Nebrija; los medallones que ocupan los bustos de Queve- 
do, Mariana, Fray Luis de León y Calderón de la Barca, puestos en las en- 
jutas de los arcos; el amplio pórtico formado por ocho columnas compuestas 
que se destaca sobre el fondo del cuerpo alto; el frontispicio triangular con el 
relieve de Querol, y las representaciones que se levantan en sus ángulos di- 
bujándose sobre el azul del cielo. 

- El Ministerio de Fomento, construido por D. Ricardo Velázquez, tiene á 
derecha é izquierda dos estatuas á modo de cariátides que sostienen el bal- 



232 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Eipañola de Excursiones. 

con del piso principal; un pórtico én éste, fo'rmado por ocho columnas parea- 
das de capiteles compuestos; un cuerpo alto ó desván con pilastrillas muy 
bajas y gran escudo en el centro, estando hoy todo coronado por otros gru- 
pos de Querol. El efecto de conjunto es bastante bello, extrañándose sólo que 
esta fachada, lo mismo que la del Colegio de Sordo-Mudos, que también re- 
producimos, parezcan algo estrechas, privadas de amplitud con relación * 
los edificios. 

El Banco de España, que dirigió Adaro, es una manifestación de fuerza y 
de riqueza, diferenciándose en sus líneas délos demás que hemos citado. 
Hay en su ingreso un gran arco, columnas flanqueantes, relieves..., en los 
muros próximos ventanas de todas trazas, separándose de los otros monu- 
mentos públicos madrileños en la carencia de pórticos y de columnatas ber- 
ninescas, lo mismo en el piso bajo que en los altos. 




Banco Hispano-Americano. 



En el edificio de la Academia Española y en la portada cercana á ella del 
Museo de Reproducciones, se vuelve á las tradiciones helénicas de los co- 
mienzos de la décimano.vena centuria. En el segundo, para que armonice el 
exterior, hasta donde es posible, con los frisos del Parthenon, las Venus y 
las cien reproducciones griegas que se han colocado dentro. En la primera 
porque los que adoptaron los planos de la casa quisieron hacerla más Acade- 
mia que española en el carácter de su morada. 

A continuación del Banco de España y como términos de enlace entre los 
monumentos públicos y las casas particulares, han de ponerse los edificios 
construidos por grandes entidades financieras: la Equitativa, el Banco Hispa- 
no-Americano, el Crédito Lyonés. Parece la fachada de la primera ün frag- 
mento de ciudad norte-americana, trasladado sin descomponer á Madrid, y 




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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 233 

luce en ella, como en la mayor parte de las construcciones actualistas, la 
magnificencia y el poder más que el arte y la originalidad, sin que esto quie- 
ra decir que la impresión del conjunto no sea agradable. Entre las mensuli- 
tas que sostienen los balcones se han multiplicado las cabezas de elefantes 
con sus largas trompas, cuyas relaciones con los seguros de vida no se com- 
prenden fácilmente á primera vista. 

El ingreso del Banco Hispano- Americano, última obra del arquitecto Ada- 
ro, es de buen efecto con sus numerosos adornos delicados y las dos estatui- 
llas bajo doseletes que lucen á uno y otro lado. El frente del Crédito Lyonés y 
sus dos puertas flanqueadas de columnas acredita el buen gusto de su autor 
D. José Urioste, que ha hecho un palacio, alojamiento de la sucursal en Ma- 
drid de la poderosa Sociedad francesa, con cien elementos del arte del 
siglo XVI, tribunas llenas de relieves y altas torretas. 



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Cripta de la Almádena. 



En los templos que se han edificado en el curso de siglo XIX, ó que se es- 
tán edificando, se cambia profundamente de recuerdos y de estilo. La Edad 
Media de las obras teatrales y las portadas que figuran en las decoraciones, 
se anuncian de cuando en cuando entre los grupos de casas en que viven y se 
nutren prosaicamente los vecinos de la Corte. Un arco apuntado sin doseletes 
Di eatatuítas, muy venido á menos, anuncia en uno de los barrios la capillita 
•de un asilo; otro con pobrisimos elementos decorativos, que están declarando 
el quiero y no puedo, permite en éstas ó aquéllas calles el paso á una iglesi^ 
parroquial. 

La portada de la cripta de la Almudena, la de San Fermín de los Nava- 
rros y la del Buen Suceso pueden tomarse como ejemplos respectivos del ro- 
mánico, del mudejar y del ojival de nuestros dias. Las dos primeras: soa, 
indudablemente, superiores á la última, y la segunda es la que mejor produ- 
ce la impresión de los modelos en que se ha inspirado; pero debe añadirse 
que también son más fáciles de ejecutar los edificios de este tipo, que produ- 



234 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



éír tion acierto recuerdos de las espléndidas Catedrales españolas ó francesas 
del XÍII y del XIV. La capilla Caviggioli, dirigida por D. Fernando Arbós, 
no es de un estilo puro, pero sí bella, con los acentos de las famosas fábrica» 
dé Pisa y de Florencia que lleva el autor á sus diversas obras. 

Las casas particulares ricamente decoradas abundan hoy en Madrid; no 
podrían citarse todas sin emplear bastantes páginas. Las hay con torreones 
en las esquinas, como antiguos alcázares que han adelgazado algo en el cur- 
so de los años, y existen por contraste otras llenas de brillantes adornos de 
barf o esmaltados que las dan un aspecto de sana juventud. En la calle áel 



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Q^tí&x&l Arrando ha reproducido bien el Conde dé Cédillo en su.-:y,iviei^íia, \^a 
Veíltanas y otros elementos del palacio de Don; Martín,-en ; JPoblj^ti y Qn.el 
Jpaséo del Cisne lucen caprichosos balcones de bastante buen gusto, reflejan,- 
do un maridaje entre el estilo de la transición del XV al XVI y uii ínodefqia- 
mo prudente.. Jm /;' . . ^ - '. iv£ ;': :■:■'■ ■ -- .--ro^ .j, 
■ i La fábrica délos hijos de Za6owrc?eí^0n el enlace de la calles de Alm^gi^o 
^G^in la Castellana, y el Hotel de las Cuatro Naciones en la del Arenal,, , <^- 
müestran, hasta qué punto puede invadir el industrialismo al arte/producieft- 
áólas^j fachadas llamativas que convienen al carácter de am,bQ& e^^bleci- 
miettijos. Estas construcciones, con ocho cariátides la primera, cpn centejí^- 



Boleiin de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = — = 235 




San Fermín de los Navarros. 



108 de cabezas la otra, hechas todas á molde, son, respecto de la arquitectu- 
ra, lo que aquellas novelas que se publicaban intercalando anuncios de zapa- 
tería ó sastrería, cuando el autor hablaba del calzado y las ropas de sus per- 
sonajes. Conste, sí, que esto no es culpa de los respectivos Arquitectos, que 



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Casa nuir.. 8 de la care dd Barquillo. 



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236 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones: 



tienen talento y conocimientos de sobra para hacer mucho más cuando se lo 
encargan. 

Dos fachadas del Renacimiento contrastan por su buen aspecto con las 
anteriores: la señalada con el número 8 de la calle del Barquillo (1) y la que 
ocupa La Azucarera, detrás de la Bolsa (2). Tiene aquélla acentos de la me- 
jor escultura de Berruguete, que el Arquitecto director supo ya interpretar 
muy bien en las ménsulas y otros elementos del Pabellón de España en la úl- 
tima Exposición de París, y se distingue la segunda por las modificaciones de 
un modernismo simpático , introducidas en el carácter general del arte del 



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Casa de «La Azucarera». 

siglo XVI, y las múltiples representaciones de la caña de azúcar, sus hojas, 
las máquinas trituradoras y cien elementos análogos, repartidos por los bal- 
cones, los canecillos y la crestería, que la dan una originalidad de buen 
gusto. 

La casa de los Longorias, proyectada por el Sr. Grases y terminada por 
Salaberry, es un delirio de torcimiento de líneas, áe paradojas de dibujo, de 
fugas de todos los conatos de regularidad en que alguna vez se tiende á caer 

(1) Ha trazado el plan y dirigido su construcción D. José Urioste y Velada. 

(2) La ha diseñado y dirigido D. Enrique María Repullés y Vargas. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = — = = = = = = 237 

por distracción, á despecho del autor. No ha podido cortar el segundo direc- 
tor estos extravíos por encontrarse ya el plan trazado, y no le acreditan al 
primero tanto como la Equitativa y otras obras de aspecto monumental y más 
correcto estilo. Las porciones altas del torreón del centro son más artísticas 
que el resto. D. José Salaberry ha dirigido la casa del Blanco y Negro y la 39 
del Paseo de la Castellana, propiedad del Sr. Coc, en la que se revela devoto 
de otras formas muy diversas de las de la casa de los Longorias. 

A cada uno de estos tipos pueden referirse otras muchas en que no se 
acentúa tanto la devoción por un modo de hacer determinado. Las de la calle 
de Sagasta, números 11 y 13, con adornos de estilo del Renacimiento (1); las 
de la Castellana, 15 y 17, esta última en construcción, y propiedad del señor 
Mitján; el palacio del núm. 49; la del Duque de Arión, dirigida por el señor 
Arbós; las colocadas cercanas al cruce de la calle de Lista con las de Veláz- 
quez, y las repartidas entre las dos aceras de ésta, son buenos ejemplos, en- 
tre cien, de lo mucho que ha mejorado el sentido artístico en las fachadas. 




Casa de los Longorias. 



Barcelona está llena de casas medioevales del cemento armado, con que se 
trata de suplir la escasez de las buenas piedras de construcción. En contraste 
con San Pablo del Campo, la Catedral, Santa María del Mar, la Audiencia y 
los demás augustos edificios que enriquecen la ciudad, tienen estas moder- 
nas construcciones, con vistas al pasado, algo de los transitorios pabello- 
nes de exposición; pero prescindiendo de paralelos y recuerdos, producen 
buen efecto la mayoría de las edificadas con fachadas artísticas, y deben ca- 
lificarse algunas de muy bellas. 

Hace ya bastante tiempo se levantaron el convento de las Salesas y la 
iglesia de los Jesuítas en la calle de Caspe, que pueden contarse entre los 

(L) Pertenece la primera al Conde del Moral de Calatrava y la segunda á la Marquesa 
viuda de Águila Real. 

Bolet. de la Soc. Esp. d« Exc. — 81 



238 = = = = = = = = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 

primeros ensayos de los monumentos modernos en que se hacían revivir al- 
gunos de los estilos que dominaron en pasadas épocas. Créanse asi facsímiles 
de museo de tamaño natural y destinados á estar expuestos al aire libre, y 
más que como creaciones geniales, de las que distan bastante, han de ala- 
barse las portadas de los dos templos como medios de despertar en las masas 
el interés por el estudio de la historia del trabajo. 

La taberna-hostal, tan conocida y tan extraña por su carácter, que lleva 
el nombre de Les quatre-gats, ocupa en la calle de Montesión un verdadero 
palacio gótico, en cuya fachada recuerdan los escudos de armas la condición 
señorial de las antiguas viviendas de género parecido; representa la devo- 
ción de nuestros antepasados la efigie de un santo colocado bajo un doselete, 
y refrescan en la fantasía el arte de los siglos XIII al XV los arcos apunta- 
dos de los ingresos, los adornos de los balcones y cien detalles más ejecuta- 
dos con primor. Ha dirigido la construcción el Arquitecto D. José Puig y Ca- 
dafalch, enamorado en todo de los ideales pasados, y bajo su dirección se ha 
construido también otro edificio del mismo carácter en el núm. 41 del Paseo 
de Gracia, con doble ingreso canopial. 

Pasando de extremo á extremo, contrastan con estas resurrecciones fan- 
tásticas de formas ya muertas en el espíritu creador de los artistas, los em- 
briones dados á luz, antes de tiempo, del que ha de ser necesariamente ro- 
busto arte del porvenir. Aquéjalos la imperfección producida por el prema- 
turo parto, que les presagia por el pronto corta vida, y les da valor el anun- 
cio en sus líneas de lo que podrá mostrarse grande cuando aparezca comple- 
to. En el primer lugar de los propulsores de este movimiento puede ponerse 
en la arquitectura barcelonesa á Gaudi, hombre de indiscutible talento, y 
figura notable por más de un concepto, aunque figura también en la que se 
acentúa de día en día el desequilibrio nervioso, reflejado en sus sucesivas 
creaciones, y la tosquedad suma, que antes se estimaba originalidad de ca 
rácter y hoy se cree falta de bruñido en el roce con las demás gentes. 

Entre los trabajos hechos para fuera de Cataluña está el Palacio episco- 
pal de As torga, que hubiera sido en absoluto inhabitable y simple joya de 
Museo de haberse seguido por completo el plan primitivo. Dentro de la ciu- 
dad condal sorprende á los viajeros el espléndido parque de Güel, tan admi- 
rable por su desarrollo y plan general, como extravagante, más que origi- 
nal, en la mayoría de sus elementos. La portada del Nacimiento del templo de 
la Sagrada Familia de Barcelona la ha trazado dándola vida un pensamiento 
grandioso, y resultando luego en su realización una alucinación mental por 
el conjunto, y á medias un juguete por la nimiedad de varios de sus detalles. A 
la megalomanía que domina en su cerebro, no responden por completo ni sus 
medios de ejecución, ni la realidad de las obras ejecutadas, porque no pue- 
den responder en el estado actual de la formación del estilo moderno. Se ve 
reflejada en su personalidad esa terrible lucha, tan simpática y tan emocio-^ 
nadora, entre el ideal sentido y la labor realizada, que declaran también los 
monumentos, las estatuas, los cuadros, las partituras y los libros de todos 
los albores de las épocas más señaladas por las radicales revoluciones en 
las artes, y se ve también que no le ha destinado la fortuna para alcanzar M 
triunfo en la empresa. 

La Portada del Nacimiento en el templo de la Sagrada Familia es de todos 
modos un ejemplar único, del que es imposible prescindir en el estudio de^ 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 9qq 

estos miembros de los monumentos, y monumento que marca una fecha en la 
historia de las crisis porque va pasando la arquitectura española. Hay allí 
algo de gruta de jardín para representar el país en que encontraron la Virgen 
y San José el pesebre donde refugiarse; la engrandece, en rudo contraste con 
la pequenez de los detalles, el plan bien acentuado de presentar en ella un 
cuadro completo, lleno de luz, dulce y poético, de la venida al mundo del 
Redentor, como ocho siglos antes se había representado en el pórtico de San- 
tiago, orgánica y terrible, la dramática escena del Juicio Final. En el valor 
y acierto de la ejecución no están los dos á la misma altura, sí á medias en 
el pensamiento, salvo las diferencias de tiempo y lugar. 




Puerta del Nacimiento en el templo de la Sagrada Familia.— Detalle. 



Sirve de centro, naturalmente, á la composición la imagen de Jesús, colo- 
cada sobre base de piedra y follaje, sostenida por una columna de caprichoso 
capitel, y el fondo de aquella obra de escultura pictórica lo componen rocas 
y ojivas adornadas por cadenas con bolas, cual si se quisiera asociar la ima- 
gen de la naturaleza á la del arte muy cristiano. Medallones en forma de con- 
chas contienen relieves con episodios de los sagrados libros^ enriqueciendo el 
conjunto como detalles dignos de una tabla flamenca. A derecha é izquierda 
del Niño -Dios surgen, á modo de concreciones espontáneas de las peñas, las 
cabezas del buey y la muía, y en los lados contrarios del doble ingreso se 



240 = = = 



= = Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 




destacan una efigie de hombre y otra de mujer. Numerosas estatuillas de 
cuerpo alargado y rostro inocente, que á veces raya en la memez, ocupan 
los huecos sobre las ásperas superficies y delante de los ventanales; unas 
contemplan con ansiosa admiración al recién nacido; otras entonan un himno 
de fiesta y gloria alguna eleva sus ojos al cielo. Extrañas cabezas medio 

borrosas, monstruos y reptiles en la base de las colum- 
nas y cien detalles más avaloran la composición, que 
es necesario explicar á las gentes para que éstas la 
comprendan. 

Prescindiendo de algunos recursos infantiles, á los 
que ya antes hemos aludido, se aprecia mejor la sig- 
nificación de esta obra. No presenta toda la origina- 
lidad con que se la hubiera querido crear, porque la 
expresión de un nuevo estilo no es la mezcla bas- 
tante abigarrada de elementos conocidos, como los 
ventanales apuntados, y otros recogidos en diferentes 
campos; pero sí hay fantasía y medios de producir 
emoción estética en la distribución de las figuras, en 
sus actitudes, en los relieves que parecen haberse di- 
bujado espontáneamente en seres naturales por la in- 
fluencia del santo acontecimiento, en la tristeza que 
expresan los reptiles y todo lo repulsivo, y la ale- 
gría, por contraste, de lo bueno y de lo bello, adqui- 
Basa de columna en la Puerta ^'í^ndo la Puerta del Nacimiento de Barcelona el valor 
del Nacimiento. ^^\ ^ás alto reflejo de las actuales corrientes moder- 

nistas. 
De la fachada de la taberna-hostal de Les quatre gats, que parece' una 
muestra de ciertas hipocresías modernas por el carácter de la sociedad que 
oculta tras las arcaicas galas señoriales, hasta la del templo de la Sagrada 
Familia en que se declara el esfuerzo enérgico para abrir nuevos horizontes 
al arte y el ardiente deseo de la fe, desde aquella á ésta, repetimos, se extien- 
den en serie numerosas fábricas en que no se acentúan tanto los estilos como 
en una ni como en otra y que las sirven de enlace á pesar de la inmensa dis- 
tancia que media entre ambas. 

La casa del núm. 121 de la calle del Rosellón; la de alquiler que ha cons- 
truido D. Pedro Falqué y Urpi en la esquina de las de Cortés y Balmes, con 
la curiosa rotonda de la galería baja, y los talleres de J. Thomas, que se en- 
cargó de embellecer D. Luis Domenech Montaner, son tres tipos muy dife- 
rentes, á los cuales pueden referirse la mayor parte de las demás viviendas 
artísticas. Hay en la última un pórtico de seis columnas con algún acento 
jónico, que tienen istriados sus fustes en la mitad superior y llenos de flores 
de girasol, viñetas, hojas pinnadas y alguna cabeza animal que los adornan; 
es si muy extraño que con estos elementos cause la obra la impresión de algo 
producido por uno de los artes orientales, contribuyendo á ello los numero- 
sos florones estilizados que se extienden por los muros. 

¿Están aquí los gérmenes del arte del porvenir? ¿Son estos desahogos tran- 
sitorios de una originalidad enfermiza? Entendemos nosotros que todo lo que 
sea separarse de lo común y corriente, es moverse en el sentido de las solu- 
ciones de los grandes problemas planteados para el mañana, siquiera los pri- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. = = = = = = = = 241 

meros pasos sean tropiezos y caídas; pero creemos que sigue olvidándose en 
los ensayos un factor importante, el papel también artístico y de primera 
línea que en las construcciones modernas han de jugar el hierro y los demás 
metales. Así como en las obras de ferretería que se producían en las postri- 
merías del XV se copiaban los ventanales de los claustros y las formas domi- 
nantes en la arquitectura, quizá estaremos hoy destinados á que se trasla- 
den á los monumentos las líneas más bellas de la ferretería y orfebrería de 
nuestros tiempos. En las joyas de varias grandes casas extranjeras es donde 
se observa un modo de hacer de verdadera novedad y característico de la 
época. No se puede ya afirmar que no hay un punto de partida para la radical 
reforma, siquiera sea en un arte de los unas veces justa y otras injustamente 
llamados industriales. 

Ya se acentúa esta tendencia en diferentes edificios. Las columnas de las 
casas de J. Thomas y de la esquina de las calles de Cortés y Balmes en Bar- 
celona, parecen, más que de piedra, de fundición y de las destinadas á embe- 
llecer galerías de hierro. La ornamentación de las casas núms. 20 y 27 de la 
calle de Velázquez en Madrid es la ornamentación adoptada para los marcos 
de espejos, con las figuras alargadas que se dan la mano por cima de los bal- 
cones del piso principal y los grupos de frutos y flores de los demás pisos. 
Las cabezas que tanto abundan en viviendas de diversas localidades son de 
las que se repujaban en copas, centros de mesa y otros objetos de plata. 

En cada edad ha partido la renovación de un arte diferente que ha pasa- 
do de utilitario ó decorativo á tener vida propia; en época de industrialismo 
no ha de tener nada de extraño que el eterno sentimiento de lo bello se ex- 
prese en él idealizándolo, y que desde aquí irradien las nuevas formas á todo 
lo demás. 

Enrique Serrano FATIGATI. 




SECCIÓN OFICIAL 



Desde el próximo año de 1908 se convertirá en trimestral este Boletín. 

En cada número se darán de 64 á 80 páginas de texto y 15 fototipias, 
que los Sres. Hauser y Menet proporcionan á la Sociedad por el mismo pre- 
cio que las 12 que antes se daban cada tres meses, mostrando una vez más 
el celo y buen deseo que les anima en favor de la Corporación y de sus pu- 
blicaciones. 

Las Excursiones serán anunciadas en hojas sueltas, que se repartirán 
á nuestros consocios días antes de celebrarse aquéllas, lográndose así que 
nuestros compañeros se fijen más en dichos anuncios y que los viajes se pue- 
dan realizar en mejores condiciones. 

Como verán fácilmente todos, la reforma se hace para que reciban más 
texto y más fototipias sin mayores sacrificios por su parte, y con el fin de 
que nuestra Revista pueda competir dignamente con las buenas Revistas de 
Arte extranjeras, á las cuales se la compara ya fuera de España. 



ÍNDICE POR MATERIAS 



P&gB- 

Fototipias, 1 y 125 

Monumentos de Aviles, por Fortu- 
nato de Selgas, 2, 18 y 41 

Ana Mengs, por Pelayo Quintero . 13 

Sillas de coro españolas, por Pela- 
yo Quintero, 28, 44, 53, 86, 126, 
168y 219 

Iglesias medioevales de Tuy, por 
Adolfo Fernández Casanova, 57, 
75, 91 y 114 

Portadas artísticas de monumen- 
tos españoles, por Enrique Se- 
rrano Fatigati, 64, 97, 178 y. . . . 226 

"Pro Patria„ (Sociedad Excursio- 
nista de Málaga), por Alfredo 
Serrano Jover 66 

La Catedral de Almería, por Vi- 
cente Lampérez y Romea 70 

Notas sobre pinturas españolas en 
galerías particulares de Inglate- 
rra , por Herbert-Cook 102 

Los tapices de actos de los Após- 
toles de la colección de los Re- 
yes de España, por Elias Tormo 
y Monzó 105 

Retratos de D. Iñigo López de 
Mendoza, primer Marqués de 
Santillana, por N. Sentenach. . . 142 

La ermita de San Baudelio, por 
Manuel Aníbal Alvarez y José 



Págg. 

Ramón Mélida 144 

Cuatro iglesias románicas en la 
Ría de Camarinas, por Salvador 

García de Pruneda 156 

La Virgen de Gracia, única obra 
auténtica de Juan Sánchez de 

Castro, por Elias Tormo 205 

Miniaturas notables del Museo Ar- 
queológico Nacional, por Narci- 
so Sentenach. 215 

EXCURSIONES 

Impresiones de la excursión á An- 
dalucía, por Salvador García de 
Pruneda 39 

Excursión por Madrid 51 

Excursión á Zaragoza y Navarra, 
por Joaquín de Ciria 79 

Visita á la colección del excelentí- 
simo Sr. Marqués de Santillana, 
porN.S 203 

Bibliografía, por Alfredo Serrano 

y Jover 119 

Bibliografía, por E. S. F 193 

Noticias arqueológicas y artísticas 135 
Sección oficial, 16, 40, 52, 68, 100, 

140 y 241 



ÍNDICE POR AUTORES 



P&gt. 

Alvarez (Don M. A.) y Mélida 
(Don J. R.)— La ermita de San 
Baudelio 144 

Ciria (D. Joaquín).— Excursión á 
Zaragoza y Navarra 79 

Copk (D. Herbert). —Notas sobre 
pinturas españolas en galerías 
particulares de Inglaterra 102 

Fernández Casanova (D. Adolfo). 
Iglesias medioevales de Tuy, 57, 
75, 91 y 114 

García de Pruneda (D. Salvador). 
Impresiones de la excursión á 

Andalucía 39 

— Cuatro iglesias románicas en 
la Ría de Camarinas 156 

Lampérez y Romea (D. Vicente). 
La Catedral de Almería 70 

Quintero (D.Pelay o). — AnaMengs 13 
— Sillas de coro españolas, 28, 
44, 53, 86, 126, 168 y 219 

Selgas (D. Fortunato de). — Monu- 



P¿gs. 

mentos de Aviles, 2, 18 y 41 

Sentenach (D. Narciso). — Retra- 
tos de D. Iñigo López de Men- 
doza, primer Marqués de San- 

tillana 142 

— Miniaturas notables del Museo 

Arqueológico Nacional 215 

Serrano Fatigati (D. Enrique). — 
Portadas artísticas de monumen- 
tos españoles, 64, 97, 178 y 226 

Serrano y Jover (D. Alfredo).— 
"Pro Patria„ (Sociedad excur- 
sionista de Málaga) 66 

—Bibliografía 119 

Tormo y Monzó (D. Elias).— Los 
tapices de actos de los Após- 
toles de la colección de los 

Reyes de España 105 

— La Virgen de Gracia, única 
obra auténtica de Juan Sán- 
chez de Castro 205 



PLIETILLA P¿M LA COLOCACIÓI DE LAS LÁMIMS 



4-/ 



Páffs. 

Aviles. — Portada de San Nicolás. 5 > 
ídem. — Puerta de la capilla de Las 

Alas 11 

ídem. — Altar de la capilla de Las 

Alas 11 

ídem. — Portada de San Francisco. 17 
ídem. — Capitel y friso de San Fran- 
cisco 17 

ídem.— Portada de Santo Tomás 

de Sabugo 22 ^ 

ídem. — Puerta lateral de Santo 

Tomás de Sabugo 22 

ídem. — Palacio deCampo Sagrado 41 
ídem.— Casa de los Baragañas. . . 42' 

Armadura de un lebrel i''' 

Badajoz y Toledo (Catedrales de). 

Sillerías 222''' 

Barcelona. — Pulpito y sillería de 

la Catedral 47 '*' 

ídem. -Sillería de la Catedral 47»- 

Burgos.— Sillería de la Cartuja de 

Miraflores 29'-' 

Casillas de Berlanga.— Ermita de 

San Baudelio (4 láminas) 144^ 

Correa } Fernández (Alejo) (?). — 

2 cuadros en una lámina 101 

Gallegos (Fernando). — (Escuela 

de). — Caída de Jesús 101 

Iniciales del cantoral de los Reyes 

Católicos de Sto. Tomás de Avila 217 ' 

Juan Sánchez de Castro. — La Vir- 
gen de Gracia 207 

León (Catedral de).— Puerta del 
centro de la fachada principal. . 65 

ídem. — Sillería del coro de San 
Marcos 221 

Mugía.— Interior de la iglesia pa- 
rroquial 161 ' 

Madrid. — Edificio de la Real Aca- 
demia Española 232 

ídem. — Portada. Edificios de Mu- 
seos y Bibliotecas Nacionales. . . 231 

ídem. — Sillería de San Francisco 
el Grande 126 ' 

ídem.— San Francisco el Grande: 

Sillería del Paular 127 ' 



Paga. 

Olite (Castillo de) 79 '^ 

Oviedo. — Sillería de la Catedral. . 85 
Palma de Mallorca. — Portada de 

la Catedral 182 «^ 

Página de los Comentarios al Apo- 
calipsis, por S. Beato 215 *'' 

Pamplona. — Arqueta de la Cate- 
dral 125^ 

Retrato de Ana Mengs 13*^ 

ídem del grabador Carmona 13 ♦^ 

ídem de D. Iñigo López de Mendo- 
za, primer Marqués de Santi- 

llana 141 ^ 

ídem de D. Iñigo López de Men- 
doza, primer Marqués de Santi - 

llana (fragmento) 142 '**' 

ídem de D.* Catalina Suárez de Fi- 
gueroa, primera Marquesa de 

Santillana 143 «^ 

Segovia.— Sillería de la Catedral.. 31 ^ 
Santa María de Nájera y Museo 

de Valladolid.— Sillerías 170 í>^ 

Tarazona. — Interior y portada de 

la Catedral 79"^ 

Tuy. — Galería del claustro de la 

Catedral... 114 1^ 

ídem.— Fachada lateral de la Ca- 
tedral 114 «-^ 

ídem. — Pórtico de la Catedral 95 v< 

ídem. — Fachada principal de la 

Catedral 95«^ 

ídem.— Interior de la Catedral. ... 116*^ 

ídem.— Interior déla Catedral 116 K 

ídem.— Exteriores de la iglesia de 

Santo Domingo 60 «^ 

ídem. — Portada de la iglesia de 

Santo Domingo 62 ^ 

Valdés Leal (Juan) y Ribalta 
(Francisco ). — Dos cuadros en 

una lámina 101 

Valladolid (Museo de). — Sillería 

de San Benito 170 ^ 

Zaragoza. — Coro de la Seo 46 "^ 

Zurbarán (atribuido á ). — Santa 
Isabel de Hungría (2 fototipias 
en una lámina) 103 ^C 



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boletín 



DE LA 



Sociedad Española de Excursiones. 



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Sociedad Española de Excursiones 






^ Arte # Arqueología # Historia. ^®> 







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JVIñDt^lD 

30 — (2:alle de la ballesta — 30 



% 



ÍNDICE POR MATERIAS 



Páginas. 

Fototipias 1 

Relieves en martil del arca de San Millán de la Cogolla, por Nar- 
ciso Sentenach 4 

Sillas de Coro españolas, por P. Quintero 16 y 88 

Antecedentes para el estudio de la Arquitectura cristiana española, 

por V. Lampérez 24 

Monumentos artísticos de Vizcaya por el P. Pedro Vázquez, 35, 

126, 201 y 306 

Juan de Burgos, pintor del siglo XV, por Elias Tormo 50 

Los primitivos cordobeses Pedro de Córdoba y Bartolomé Berme- 
jo, por E. Homero de Torres 55 

Asalto de la villa de Galera por D, Juan de Austria, porF. Oáce- 

res Pía 63 

Excursión á Santillana y San Vicente de la Barquera, por el Con- 
de de Polentinos 68 

Santa María de Tera, por M. Gómez-Moreno 81 

Origen de Oviedo, por Fortunato de Selgas 102 

Excursiones artísticas, por N. N 148 

Excavaciones de Numancia, por N. N 161 

La Basílica del Salvador de Oviedo, por Fortunato de Selgas. . 162 

Descubrimientos del Marqués de Cerralbo, por N. N 214 

El Monasterio de Aguilar de Campóo, por V. Lampérez 215 

Escultura en Madrid, por Enrique Serrano Fatigati 222 y 241 

Basílica de San Tirso de Oviedo, por Fortunato de Selgas 281 

Necrología 1^^ 

Bibliografía, por E. S. F 150 y 319 



ÍNDICE POR AUTORES 



Páginas. 

Oáceres Pía (D. F.)— Asalto de la Villa de Galera por D. Juan 

de Austria í>3 

Gómez-Moreno (D. M)— Santa Marta de Tera 81 

Lampérez y Romea (D. Vicente).— Antecedentes para el es- 
tudio de la Arquitectura cristiana española 24 

— El Monasterio de Aguilar de Carapóo 215 

Polentinos (Excmo. Sr. Conde de).— Excursión á Santillana y 

San Vicente de la Barquera 68 

Quintero (D. Pelayo).— Sillas de coro españolas 16 3' 88 

Homero de Torres (D. Enrique).— -Los primitivos cordobeses 

Pedro de Córdoba y Bartolomé Bermejo 55 

Selgas (D. Fortunato de). - Origen de Oviedo 102 

— La Basílica del Salvador de Oviedo 162 

— Basílica de San Tirso de Oviedo 281 

Sentenach (D. Narciso).— Relieves en marfil del arca de San 

Millán de la Cogolla 4 

Serrano Fatigati (D. Enrique).— Escultura en Madrid. . 222 y 241 

Tormo (D. Elias). — Juan de Burgos, pintor del siglo XV 50 

Vázquez (R. P. Pedro).— Monumentos artísticos de Vizcaya, 

35, 126, 201 y 306 



ÍNDICE DE LAMINAS 



Páginas. 

AVILA. — Trascoro de la Catedral (2 láminas) 239 

BERMEJO (Bartolomé).— Cristo á la columna 56 

BILBAO.— Obreros del Monumento á Chavarri, por Blay 276 

BURGOS (Juan de). — La Anunciación 50 

BURGOS (Catedral de). — Repisas policromas de la capilla de 

Santa Catalina (4 láminas) 227 

— Iglesia del Barrio de la Vega. Estatuas orantes de Cris- 
tóbal de Andmo y su mujer 238 

CÁDIZ Y TORTOSA. -Sillerías de las Catedrales 88 

CORDOBA.-Coro de la Catedral 98 

CO VADONGA. — Imagen de la Virgen, por Samsó 269 

GALDACANO.— Iglesia de Santa María (4 láminas) 127 

GRANADA.— Sillería del Monasterio de San Jerónimo 20 

— Sillería de la Capilla Real 22 

GUADALUPE (Monasterio de).— Sillería 92 

* GUADDÍ.— Sillería de la Catedral 94 

JAÉN Y BURGOS.— Sillerías de las Catedrales 19 

MORALES (El Divino). — Ecce Homo 2'^ 

MURCIA.— Imágenes de Salzillo (2 láminas) 262 

OVIEDO. — La Cámara Santa (4 láminas) 188 

— Ventana del ábside de San Tirso 286 

— Basílica de Santullano (5 láminas) 287 

— La fuente de Foncalada 304 

RINCÓN (Antonio del).— La Crucifixión 2 ^ 

ROTA Y CABRA.-Sillerías 101 

SAN MILLAN DE LA COGOLLA.-Relieves en marfil (3 lá- 
minas) 7 *^ 

— Imágenes en la iglesia de Yuso 266 

SALAMANCA.— Claustro del convento de las Dueñas (4 láminas). 236 

— San Juan de Sahagún. Relieve de bronce, por 

Marinas 277 



N 



Faginas. 

SANTA MARTA DE TERA (Iglesia DE).-r^ láminas) 82 

SANTILLANA DEL MAR (Colegiata de).— ("5 láminas) 68 

SAN VICENTE DE LA BARQUERA. -Sepulcro y puerta de 

la iglesia 76 

SEGÓ VIA. — Catedral. Crucifijo de la Marquesa del Lozoya 258 

SEVILLA.— Sillería de la Cartuja 95 

— Catedral. Sepulcro de Colón, por Arturo Mélida 273 

TOLEDO.— Sillería de la iglesia de San Pedro Mártir 101 

— Hospital de Afuera. Sepulcro del Cardenal Tavera. . 235 

— Colegio de Infantería. Lápida dedicada á Juan Váz- 

quez Afán de Rivera, por Marinas 278 

— Sepulcro del Cardenal Siliceo, por Bellver 271 

* UTRERA —Sillería de Santa María 100 

VALLADOLID, - La Magdalena. Sepulcro de D. Pedro Lagasca. 247 

— Museo. La piedad, de Gregorio Fernández.... 251 

— Museo. El Cristo de la Luz, de Gregorio Fer- 

nández 252 

— Museo. Paso de Semana Santa 252 

— Museo. Imagen de autor desconocido 253 

— Portacoeli. Estatuas orantes de D . Rodrigo 

Calderón y su esposa 254 

— Portacoeli. Estatuas de los padres de D. Ro- 

drigo Calderón 255 

ZARAGOZA.— Sillería del Pilar 16 

ZUMECHAGA. -Ermita de San Miguel 202 

(*) Los rótulos de estas dos láminas están cambiados. 



II 



Boletín aso XVI.-Primer trimestre. 



DE LA 




EspeSOLH OE E 







/irte -í- /arqueología -í- Historia 



Madrid. — 1.° de Marzo de 1908. 



Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas, ij. 
= Administradores : Sres. Hauser y Menei, Ballesta, ^o. - 



~&s> eXs" 



^ fototipias. ^ 



ECCE-HOMO 

TABLA DEL DIVINO MORALES, DE LA PROPIEDAD DEL SEÑOR 

DON EZEQUIEL DE SELGAS 

Pocas veces queda el ánimo más tranquilo que ante esta pintu- 
ra, de que se trata de una obra perfectamente auténtica v cuva atri- 
bución es indiscutible. 

El cuadro del Sr. Selgas, que reproduce la lámina, es un acabado 
ejemplar de lo más característico de aquel pintor solitario extremeño 
que, recluido en su patria, pasó la vida perfeccionando sus inspira- 
ciones, mediante la mas adelantada técnica de su tiempo. 

Nada más perfecto como pintura puede presentarse, pues su eje- 
cución es tan esmerada que llega al análisis más minucioso, cual pu- 
diera hacerlo el alemán más atento á ello, pero con la ventaja por 
nuestro artista que aquella minuciosidad con que llega á ejecutar el 
cabello pelo por pelo y penetrar casi en el interior de las facciones, 
queda armonizada por una entonación tan rica y jugosa, por un es- 
malte tan brillante, que nunca es dado obtener á los artistas criados 
en otras tierras, donde el sol no destella tan fuerte y el color no llega 
á obtener tonos tan brillantes. 

Esto en cuanto á su técnica, porque respecto á su inspiración es 
tan honda, que mueve aquella ima;3'en á la piedad más profunda, jus- 
tificando por ello aquel apelativo de dicino que obtuvo el artista. 

No eran sus condiciones, ciertamente, para producir efecto en su 



Boleiin de la Sociedad Española de Excursiones. 



aplicación al exorno de las disformes proporciones escurialenses, pol- 
lo que Felipe II no lo empleó en las obras de su construcción colosal; 
pero tampoco era digno de su aislamiento y precaria vida, pues 
aconteció que al pasar el Monarca por su patria para posesionarse de 
Portugal, le ocurriera decirle:— Muy viejo estás, Morales—; á lo que 
contestó con gran sinceridad: — Y muy pobre también, señor.— El 
Rey le señaló entonces pensión para comer y para cenar. 

Felicitamos á nuestro querido consocio, el Sr. Selgas, por la po- 
sesión de tan preciosa joya del arte. 



LA CRUCIFIXIÓN 

TABLA DE LA PROPIEDAD DEL SEÑOR TRAUMANN 

Nadie ha puesto en duda que fuera española la importante tabla 
de la Crucifixión, de que damos la lámina correspondiente; pero sien- 
do muy difícil obtener datos sobre su atribución, resulta de verdade- 
ro interés la siguiente carta, por los que proporciona muy curiosos 
acerca del autor de tan interesante ejemplar 'primitivo español. 

La carta que conserva en su poder el Sr. Traumann dice así: 

«Biarritz, 14 Diciembre 1907. 

»Amigo Gustavo: Recibí su carta, y no he contestado enseguida 
por haber estado ausente, y he llegado hoy en el expreso. Y en el 
correo de hoy me encuentro con una carta del Sr. Traumann, que me 
hace la misma pregunta. Le contesto, pues, á usted para que le ma- 
nifieste que, cuando yo adquirí el cuadro, lo atribuían todos los anti- 
cuarios de aquella época á Albert Durer, y esto para darle más im- 
portancia, aunque no era así, pues al limpiarlo descubrimos la firma 
de Antonio del Rincón. Pero como no me convenía en ningún modo, 
desde el punto de vista comercial, divulgar esto, sino dejar la atri- 
bución á Albert Durer, mandé horrar la firma, así es que hoy ésta 
ya no existe. Puede, pues, darle la atribución de autor que quieran. 

♦Recuerdos á todos, y mande á su compañero y amigo, — Joaquín 
Riquelme.» 



BOL. re LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



TOMO XVL 




Fototipia de Hausery MeH¿t.— M adrid 



ECCE HOMO 
Tabla de "El Divino" Morales 

PROPIEDAD DEL SR. D. EZEQUIEL DE SELGAS 



BOL. DE LA 50C. ESF. DF= FXr (jRSIONP"í 




Fototijiia de Haitser y Menst. — Madrid 



LA CRUCIFIXIÓN 
Tabla que estuvo firmada por Antonio del Rincón 

PROPIEDAD DEL 5R. D. ENRIQUE TRAUMANN 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 3 

Sea el que fuere el criterio que adoptemos, es lo cierto que la noti- 
cia proporcionada por el Sr, Riquelrae es del mayor interés, y de 
mucho puede servir en su dia para el estudio de tan sobresaliente 
artista como debió ser Antonio del Rincón. 

La tabla ofrece en ciertos detalles, como las cabezas de Cristo y 
Dimas, marcada semejanza con las de las figuras del retablo de Ro- 
bledo de Chávela, aunque en el resto difiera de tal estilo; pero por 
el suyo se nos muestra con grandes semejanzas con la famosa tabla 
de nuestro Museo del Prado, el Triunfo de la Iglesia sobre la Sinago- 
ga, que al acusar igual pincel, resulta ya no tan aislada, por su paren- 
tesco con la del Sr. Traumann. 

Todo esto es muy de tener en cuenta para el estudio de nuestros 
primitivos. 



Las demás fototipias se estudian en los artículos correspondientes. 



Rülíeves a marfil M mi k M lillán k la Cocolía. 



Entre las joyas españolas de la Edad Media, cuya desaparición 
nunca deploraremos bastante, se cuenta, en primer término sin duda, 
aquella riquísima arca de metales y materias preciosas, mandada 
construir por el Rey de Navarra y Castilla, Don Sancho, llamado el 
Mayor, en el siglo XI, para encerrar los restos mortales de San Millán, 
ó San Emiliano, muerto en olor de santidad en el lejano año de 564, 
durante el reinado del godo Atanagildo. 

Muy devoto Don Sancho de la memoria de aquel venerable varón, 
cuya historia empezaba á cristalizar entonces en el prototipo del justo 
eremita, erigió, al pie del monte en que estaba el antiguo santuario 
de Suso, otro suntuoso monasterio que entregó á los benedictinos, 
llamado de Yuso, ó sea el de abajo, en el que á más de su hermosa 
fábrica hizo donación de cuantos objetos eran precisos para el culto, 
y entre ellos mandó construir á los mejores artífices de sus días una 
riquísima arca para contener y custodiar los restos mortales del vene- 
rado Santo, que antes yacían en un sencillo sepulcro de tosca piedra. 

No hemos de decidirnos en favor de alguna de las opiniones que 
acerca de la naturaleza y vida de San Millán se han formado, pues 
mientras unos lo consideran riojano, nacido en Berceo, según el céle- 
bre poeta Gonzalo de este lugar, otros lo hacen aragonés, del de 
Verdejo; pero sea de uno ú otro punto, ello es que pasando su niñez 
en el humildísimo ejercicio de guardador de cabras, por los revueltos 
días del Rey godo Teodorico, sintióle después tan inclinado á la vida 
contemplativa, que retiróse á las asperezas de la CogoUa, y allí pasó 
la mayor parte de sus días alojado en una cueva hasta la respeta- 
ble edad de ciento y un años, á cuya avanzada edad, valetudina- 
rio é hidrópico, cuidaban de él unas piadosas mujeres, que asistían 
al imposibilitado anciano. En los postreros días de su vida predijo la 
ruina de la gran ciudad de Cantabria, al lado de Logroño, y así lo 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 5 

comunicó á sus senadores, lo que en efecto sucedió bien pronto, sien- 
do devastada por Leovigildo. Sintiéndose morir, llamó á otro santo 
varón, llamado Áselo, y en sus brazos exhaló el último aliento de 
su existencia. 

Gran devoción debió despertar su memoria, pues hay muy funda- 
dos motivos para creer, por los restos arquitectónicos del santuario 
de Suso, que en los tiempos visigodos se erigió éste al lado de las 
cuevas que habían albergado al Santo, pues sus arcos de herradura, 
capiteles, planta y alzado proporcionan muy fundados motivos para 
así creerlo. 

«Y está oy en día, aun non es desecho 
un oratorio dicen que él lo ovo fecho», 

como afirma Gonzalo de Berceo. 

Habiendo sobrevenido la invasión árabe, no debió ser muy grande 
el dominio de los dueños de la Península entre aquellas breñas, por lo 
que se conservó la memoria y quizá el culto del santuario, y pudie- 
ron los Condes de Castilla restablecer con toda eficacia la devoción 
del Santo, naciendo la leyenda de que el Conde Fernán González hizo 
el celebérrimo voto de San Millán al verle cabalgar cual Santiago, 
vestido de monje blanco, en la famosa batalla de Simancas. 

Es igualmente objeto de disputas si ordenado el Santo llegó á 
párroco, pero ejerciendo después la potestad de abad de un cenobio, 
notas que tienen interés por lo que á nuestro particular objeto impor- 
tan. Los biógrafos como San Eugenio de Toledo, San Braulio de Za- 
ragoza y el poeta Gonzalo de Berceo no están acordes en muchas de 
las particularidades de su vida. 

Como nuestro estudio se refiere principalmente al arca que Don 
Sancho el Mayor mandó construir para guardar los restos del Santo, 
á esto debemos principalmente circunscribirnos. Ella misma nos dirá 
mucho de lo que en el siglo XI se tenía como más cierto acerca de la 
vida del santo varón Emiliano. 

Según Cean y el P. Moret, que la conocieron intacta, consis- 
tía el ccnotafio, en el sentido de encerrar parte de sus cenizas, en un 
arca, con tapa á dos vertientes, de vara y medía de larga por cinco 
sexmas de alto, chapeada toda ella de oro con diferentes labores, 
que formaban como la guarnición ó marco á veintidós chapas de 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



marfil esculpidas, representando pasajes de la vida del Santo, según 
Cean, y veinticuatro, según el P. Moret, de las cuales sólo restan diez 
y seis, cuyas muestras damos por las láminas adjuntas. 

El chapeado de oro estaba enriquecido con diferentes labores de 
filigrana, sin duda, como era usual en aquélla época (1) y por cabu- 
jones con piedras preciosas, entre los cuales descollaba un hermoso 
carbunclo, objeto especial del capricho de una Reina y del ejemplar 
castigo de un monje que quiso complacerla, según tradición, y 
que pagó la profanación y despojo que intentaba adhiriéndosele la 
mano al arca, de tal suerte que sólo por la confesión de su propósito 
y rezos de la comunidad pudo desasirse. «El arca hizo presa del la- 
drón y no el ladrón del arca», dice el P. Moret. 

Tan singular alhaja fué bárbaramente despojaba de su cobertura 
de oro por las huestes francesas en 1809, mas dejaron en ella, sin 
embargo, las chapas de marfil, por no considerarlas de gran valor, 
cuando era precisamente lo más notable que tenia, y gracias á este 
imperito desdén han llegado á nosotros, aplicadas á otra arca de 
reciente construcción. Pero aún han estado expuestas á perderse, 
pues no hace mucho tiempo iban á ser objeto de una substracción 
nocturna, cuando el acaso hizo que fuera ésta impedida por un ser- 
vidor del templo. 

Con este motivo son hoy objeto de un proceso criminal, y gracias 
á este incidente, como á la pericia del excelente fotógrafo D. San- 
tos Fernández y Santos, premiado en el Concurso internacional Luna 
de Londres, en Noviembre de 1904, y á la generosidad del actual ilus- 
trísimo Obispo de Sigüenza, Fr. Toribio Minguella, que ha donado al 
Museo Arqueológico Nacional una colección de las fotografías, de las 
que reproducimos tres en fototipias, nos es dado poder hacer de tan 
interesantes relieves el presente estudio. 

En tres seríes podemos dividirlos en razón al estilo, asuntos y 
hasta dimensiones de estos relieves, ocupando preferente lugar cua- 
tro de ellos que representan escenas de la vida de Jesús, principal- 
mente de sus milagros y Pasión. 

(1) Como ejemplar intcresanUsimo de este estilo de composición cnso-elefanti- 
na, pueden verse Ins tapas de libro de la Catedral de Jaca, de que dio cuenta el 
Sr. Leguina en el año II (I8,t5), phg. 216, de este Boletín de la Sociedad Españo- 
la DK Excursiones. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 7 

El primero de éstos que nos ofrece la serie, es uno dividido en 
dos tandas de composición, que representa la curación del ciego y la 
del paralítico por Jesucristo (véase la lámina). 

Compañero de él es otro con muy parecida composición y motivo, 
siguiendo después otros de iguales proporciones, representando la 
Entrada de Jesucristo en Jerusalén cabalgando en un solípedo, que 
más tiene de jaca que de asno, concluyendo esta serie con el magní- 
fico recuadro que representa la Cena (véase la lámina). 

Son estos cuatro recuadros de marfil los mejores de todos ellos, y 
por su delicada talla, elegancia en las figuras y estilo de su trabajo, 
las creemos de ejecución francesa, y quizá llevados al Monasterio de 
Yuso por algunos de aquellos benedictinos que el Rey Don Sancho 
llamó para que lo habitaran. 

Obsérvanse en ellos tales reminiscencias clásicas, á la par que 
tal carácter de época, que quizá puedan considerarse como muestra 
de las más perfectas esculturas de su tiempo, pues hay que considerar 
que pertenecen al comienzo del siglo XI, según todos los datos que 
sobre ellas tenemos, y en esa época apenas la escultura en toda la 
Europa Occidental daba de sí más que intentos aún demasiado pue- 
riles. 

En la Cena, sobre todos, el escultor se esmeró al ejecutar obra tan 
delicada, comenzando por las cabezas, á las que supo dar gran ca- 
rácter, principalmente á la de Cristo, llena de majestad y grandeza, 
sólo obtenidas por el dominio del modelado de sus facciones; véese 
después una gracia en los paños y un primor tal en la ejecución de 
tan numerosos detalles, que realmente quien los realizó debía ser fa- 
moso artista en su tiempo. 

Toda la composición de la Cena es acertada é interesantísima; la 
colocación de Judas, al otro lado de los demás discípulos, sin nimbo, 
le da á esta figura rasgos muy expresivos; la ejecución de los man- 
jares, que artísticamente figuran sobre la mesa con otros accesorios, 
son de acabada factura, y el partido del mantel por delante de la 
mesa, extraordinariamente decorativo y plegado con suma gracia 
dentro de su monotonía. 

Mil detalles pudieran detener nuestra atención en este interesante 
marfil; á cada Apóstol se ha tratado de caracterizar con su atributo 
propio; las manos, aunque un tanto exageradas, están movidas con 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



gracia y expresión; obsérvase que sólo figuran pescados como man- 
jares, y aunque aparece el pan, no vemos representado el vino. La 
escena se destaca bajo un arco de tres centros, que apoya en retor- 
cidas columnas, y en las enjutas se distinguen los remates de distin- 
tas construcciones, alguna con arcos de herradura (que quizá sea 
restaurada). 

Ninguno de estos cuatro recuadros tiene epígrafes, al contrario 
de los otros que tenemos que examinar, y por su belleza artística, 
corrección y finura, superan á cuantos de tal tiempo se conocen, 
pues no hay que olvidar que el Crucifijo de Fernando I de San Isido- 
ro de León es posterior á ellos, y que sin duda sirvieron de modelo, 
como veremos, á los demás ejecutados ya en España para el arca de 
San Millán, construida en 1053 por Don Sancho el Mayor. 

La otra serie de ellos la constituyen actualmente seis placas, cu- 
yos asuntos están presentados en dos cuadros, en sentido vertical, 
correspondientes todos á pasajes de la vida del Santo. 

Pero antes debemos fijarnos en el principal, que nos ofrece la 
imagen del Santo á que estaba dedicado tan rico cenotafio. 

Preferente lugar debió tener este recuadro en el arca, pues en él 
aparece San Millán, ó EMILIANO, de cuerpo entero, oficiando en 
unión de otros tres santos, cuyas figuras están cobijadas bajo los tres 
lóbulos de un gran arco sobre columnas, en cuya archivolta se lee la 
inscripción SCS . ASELLUS — SOS . EMILI ANUS — ET — SCS . 
ETROHCIUS ET SOFRONIUS. 

Sanctus Emilianus aparece en el centro, vestido de sacerdote, con 
gran casulla, bajo la que so ven los extremos de la estola y el alba 
interior; da el cáliz con la mano derecha á Áselo, que como hemos 
visto, le acompañó en el momento de su muerte, teniendo á la izquier- 
da á los Santos Etrocio y Sofronio, que le entregan unos libros. Hay 
que observar que si San Emiliano ostenta el nimbo, los otros santos 
que le acompañaban carecen de ellos. 

Como se ve, en los días de la ejecución de la caja se le concedían 
al Santo los honores del sacerdocio, sin señales algunas del monacato. 

La ejecución de este relieve es bastante esmerada y correcta, te- 
niendo todos los detalles primorosamente acabados. Difiere, sin em- 
bargo, bastante de los de la vida de Jesús, pero ya acusa los caracte- 
res tan especiales de la serie que le sigue. 



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BOL. DE LA 50C. ESF. DE EXCURSIONES 



TOMO XVI, 




Cliché de Santos Femátidei 



Fototipia de Hausery Menet. — Madrid 



RELIEVE EN MARFIL DEL ARCA DE S. MILLÁN DE LA COGULLA 
Representando la destrucción de Cantabria por Leovigildo 



Bolefi» de la Sociedad Española de Excursiones. 9 

El cambio de estilo, aspecto y ejecución es en éstos completo. Los 
anteriores han dado lugar á ellos, pero ofrecen por sí méritos muy 
singulares. 

Las figuras, de un tipo marcadamente nacional, tienen otras pro- 
porciones y expresión; los accesorios otro carácter; la arquitectura 
distinto estilo. La tradición artística se enlaza más directamente con 
los precedentes nacionales, y la abundante epigrafía que los ilustra 
tiene también una dicción sMÍ^rcwem. 

Podemos comenzar su estudio por el más interesante de ellos, aun- 
que se refiera á uno de los últimos acontecimientos previstos por el 
Santo: por aquel que representa la destrucción de Cantabria (v. la lá- 
mina), en el que hay tantas cosas que observar, que merecería por sí 
solo un trabajo aislado. 

Desde luego se nota la mano tan distinta de los primeros que lo 
han ejecutado; más española, sin duda, ofrece una tosquedad especial 
en el modelado, una menor esbeltez en las proporciones, que dan á 
las figuras mayor vulgaridad y aspecto más ordinario; pero en cam- 
bio resulta tan jugoso y robusto en el clarobscuro, tan recio en su 
contextura, que adquieren por ello estas representaciones más expre- 
sión de vida y de realidad que sus modelos. 

Los epígrafes explicativos de este doble recuadro eápecifican los 
pasajes en ellos representados: en el de la parte superior, el Santo, 
con hábitos eclesiásticos, anuncia á los habitantes de la ciudad su 
ruina (DE EXCIDIO CANTABRIE AB EO DENVNTL\TO.) y vée- 
se á la ciudad, representada por una de sus puertas y murallas, 
ostentando preciosos datos arquitectónicos en su exornado arco de 
herradura, que cierran puertas á la oriental con goznes exteriores, 
presentando además en sus enjutas y festones labores asimismo orien- 
tales, que enlazan directamente con las propias del arte visigodo. En 
el recuadro inferior llega el Rey Leovigildo á caballo, vestido con 
ceñida loriga y espada en mano, y aprisiona y desoía á Cantabria 

(UBI LEOVIGILDO REGE CÁNTABROS AFFIDIT), 

cuya ciudad ha cerrado sus puertas y coronado de guerreros con escu- 
dos las murallas; pero todo ello se rinde al empuje del Rey debelador. 
Los datos de indumentaria y arquitectónicos que ofrece este relie- 



10 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



ve le prestan el mayor interés, y como estilo artístico se le ve derivar 
tan directamente del visigodo español, que bien pudiera tomarse como 
coetáneo del suceso, á no conocerse tan determinadamente la fecha 
de su ejecución. A más, su derivación artística de los cuatro primeros 
relieves examinados es tan patente, como veremos en otros, que no 
podemos suponer de anterior fecha, Y es que en aquellos siglos, 
lejos de detenerse las corrientes del arte, continuaron sin interrup- 
ción, aunque sometiéndose á sus precedentes, y proporcionando á la 
Historia el espectáculo de la más delicada transición. 

En otro relieve, ciertos malvados ponen fuego á su lecho estando 
dormido el Santo, INCí]N'DVNT; pero al despertar se incorpora y los 
enemigos caen muertos, DUNT SVRGIT SE QVOQVE CEDVM. Es 
muy de notar en este relieve la forma del lecho, de las mantas y el 
uso de dormir vestido, que en otras representaciones posteriores no 
prevalece. 

En otro se representa en el cuadro superior el milagro de que á 
cuantos enfermos reparte el vino, que eran muchos más de cuantos pu- 
diera esperar, repitiendo el milagro de los panes y los peces, sanan 
de sus dolencias. DEPARTRVM VINI MVLTITVDINE HOMINVN 
SANATA. — Así, pues, colocados los personajes tras una mesa, un ser- 
vidor les trae las tazas con el vino; y en el recuadro inferior se repite 
el caso en otra ocasión, REITERATIO MIRACVLI VT SVPRA, EN 
ALIA VILE. 

Hay que observar en la representación de estas escenas cómo 
acusan la copia á su modo de la mesa del relieve de la Cena, que exa- 
minábamos al comienzo, en cuanto lo estimábamos por modelo de 
éstos, pues en la representación de la mesa y los manjares se ve cla- 
rísima la copia de aquél en éstos; pero con la particularidad notable 
de que no comprendiendo bien el copista la perspectiva de la mesa 
de la Cena, y no queriendo suprimir los manjares, en vez de colocar- 
los sobre la línea superior que indica el plano de la mesa, los grabó 
por bajo de éste, queriendo figurar así que estaban sobre la mesa, 
pero apareciendo en realidad como si se hubiesen bordado sobre la 
caída de los manteles. 

Son estos relieves una verdadera ilustración del poema de Gon- 
zalo de Berceo, y debe fundadamente suponerse que el vate los tuvo 
presentes para la redacción de sus metros, pues en otro de ellos se 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 11 



representa aquella devolución de la acémila que tenía el Santo, y 
que por haber cegado los cuatreros le devolvieron, implorando su 
perdón: 

El confesor precioso de su voluntad larga 
avei una azemila, bestia era de carga 
Turibio y Sempronio vidieronla amarga 
por su mal la medraron del pasto de la carga. 

Y en efecto, Toribio y Sempronio, ciegos, devuelven á San Millán 
la acémila que le habían robado; ellos sanaron, y el Santo vendió la 
bestia, dando su importe á los pobres. (No es fácil la completa lec- 
tura de este recuadro en la fotografía, aunque por su texto se ve que 
corresponde al del hecho que representa.) Pueden, sin erabnrgo, leer- 
se las palabras LATRONIBUS REDVCUNT ET SATISFATIUNT. 

No es menos curioso otro relieve, éste de un solo recuadro y con 
figuras mayores, en el que se representa la expulsión de una casa de 
cierto travieso demonio que, por lo visto, traía muy atemorizado á un 
senador anciano y á su joven hija ó mujer que con él vivía; el Santo 
lo exorcita y el diablo sale ligero, echando venablos y tirando pie- 
dras por los tejados.— DE DEMONE EXPULSO A DOMO HONORII 
SENATORIS PARPALINENSIS. 

En el último de esta serie se representa la muerte y sepelio del 
santo presbítero, en dos recuadros. En el superior, cuyo epígrafe no 
nos es dado leer, aparece el Santo en el lecho, al que se acerca un 
ángel para transpoitar, sin duda, su alma al Cielo; la presencia de un 
árbol á la cabecera de la cama parece indicar que la escena ocurre 
en el campo. En el recuadro inferior, cuatro personajes pertenecien- 
tes á la Iglesia colocan su cadáver en el sepulcro; uno de ello lleva 
Cruz parroquial alzada y otro maneja un incensario. — VBI RELI- 
GIOSIS VIRIS CORPVS ÉIVS VMATVM EST. 

Son todos los relieves de esta serie los más toscos en su ejecución; 
pero, sin duda, los más expresivos y con carácter nacional. Los tipos 
ofrecen rasgos étnicos tan marcados, que bien podemos ver en ellos 
á los herederos coetáneos de los Pelendones y Verones, primitivos 
aborigenses de los riojanos; y, sin duda, la sangre de ellos corría por 
las venas del artista que los hizo, cuando tan fiel como inconsciente- 
mente supo retratarlos. Su estilo corresponde, sin embargo, á la épo- 



12 Boleiíii de la Sociedad Española de Excursiones. 



ca en que se dice fué hecha el arca, y bien pueden considerarse 
como los más notables que de ella tenemos; comparándolos además 
con las miniaturas sus contemporáneas, algunas de las más famosas 
ejecutadas también en el propio monasterio de San Millán de Yuso, 
como el célebre Códice llamado Emilianense (en El Escorial) del 
sig-lo X, obsérvase en los marfiles un progreso extraordinario, con 
una observación tan atenta de la naturaleza y un vigor realista, que 
indica haber entrado el arte, desde luego, en nuevas vías de regene- 
ración y de adelanto. Es muy de notar que persiguiendo el artista la 
mayor expresión en las cabezas dotó á todas ellas de pupilas de una 
substancia vitrea negra, que les presta gran efecto. 

Todas estas cualidades más desarrolladas, á la par que más do- 
minadas, hasta el punto de llegar á una estilización verdaderamente 
estética, se observan en la que hemos dado en llamar tercera serie 
de estos marfiles. 

Divididos todos ellos en dos ó cuatro recuadros y de labor más 
menuda y detallada, aparecen en éstos escenas como de recuerdo de 
la vida del Santo, pues en el primero que examinamos vemos á Emi- 
liano á los pies del Obispo de Bilibo San Felices, cuando implora de 
él que le conceda los Ordenes sagrados— VBI VENIT AD. SCS FELI- 
CEN BILIBICENSEM. La mano del Eterno le confiere desde lo alto 
el Orden y la gracia del sacramento. En el recuadro inferior un án- 
gel le infunde divino sueño, en el que le hace entrever su porvenir de 
santidad.— VBI IN EUM DIV INITVS IRRVIT SOPOR (1). 

En otro, también de dos compartimentos, vemos á dos ciegos que 
recobran la vista al tocar un arca, que pudiera ser fiel esquema de 
la que tuvo los marfiles, colocada sobre un altar cubierto por bien 
plegados paños. -DE DVOBVS CECIS ILVMINATIS— dice el epígra- 
fe—, y en la parte de abajo— DE CANDELA DIVINITVS INPLETA— 
nos manifiesta el prodigio de la lámpara maravillosa, que arde sin re- 
poner el aceite, salvando así los descuidos ó aprovechamientos del 
sacristán, que de ello se admira. 

Son estas cinco placas más orientales, más bizantinas, por así de- 
cirlo; su estilo más somero y de silueta grabada mejor que relevada; 

(1) Debemos la depuración y completa lectura de estos epígrafes h la recono- 
cida latinidad de nuestro excelente compañero el resbítero. D. Ignacio Calvo, jefe 
de la Sección Numismática del Museo Arqueológico Nacional. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 13 



la proporción y partidos de paños algo flotantes; los tipos poco rea- 
listas; los arcos, bajo los que ahora se representan las escenas de 
corte bizantino, igualmente que las columnas y capiteles que los sos- 
tienen, todo lo que da á estos relieves un marcado carácter oriental, 
quiz¿i ftancés provenzal, que los hace un tanto exóticos; losgenuinos 
españoles son los antes consignados. Ahora aparecen los epígrafes en 
las archivoltas de los arcos, y en el primero que tenemos á mano, 
dividido en cuatro pasajes, represéntase en el superior de la izquierda 
el acto de dar vista el Santo á una ciega — VBI SICORILA ANCILLA 
ILVMINATA AB IPSO — . En el de la derecha se interpone entre una 
mujer á la que perseguía un espantable diablo y la libra de sus ga- 
rras— IRRISIO DIABOLI PRO MVLIERERIBVS CONLVCTAT. 

Bajo el arco inferior de la izquierda— VBI VALE FACIT POST 
RECEPTA SALUTE — presenciamos la despedida de un agradecido 
enfermo que ha recobrado la salud, y en el de la derecha lucha el 
propio San Emiliano con el mismo demonio de arriba á brazo partido 
—DE DEMONI se V EMILIANO- , del que nos dice Gonzalo de 
Berceo: 

«Luego que esto disso la vestia enconada 
quiso en el sancto onrae meter mano airada; 
abrazóse con elli pararti zancaiada, 
mas no le valió todo una nuez foradada.» 

En otro relieve, que podemos considerar como compañero del an- 
terior, continúan los recuerdos de los milagros del Santo; ya en el 
primero superior cura á una mujer paralitica— VBI CVÍJAT MVLIE- 
RE PARALITAM — ; ya en el inferior (éste y los tres siguientes sin 
arcaturas) devuelve la salud á otra mujer llamada Bárbara — VALE- 
RALTIO... NOMINE BARBARA—, ó bien en el segundo superior 
hace salir por la boca, valiéndose del bastón de su jerarquía, al de- 
monio, del cuerpo de un poseído — DE DIABOLO... 

En el último inferior, un enfermo que ha recobrado la salud se 
despide del Santo— POST RECEPTA SALVTE VaLDE FACIT HIE. 
El último relieve aparece algo recompuesto y como si se hubiera 
hecho de dos fragmentos desiguales; represéntase en él tres escenas: 
una en la parte superior, en que se postra un personaje ante un 
altar para recibir la bendición divina, quedando detrás el Santo con 
otro personaje.— IN DIJITI NIIL SUPER EST. -En la parte inferior 



14 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



se distingue, de modo algo extraño, la resurrección de un muerto — S. 
PATIM EST RESUSCITA — , y al lado, dos personajes tras una mesa 
tratan de conseguir ó se disputan la posesión de un pescado. 

Tales son en concreto los 16 relieves que nos ha sido dado exami- 
nar gracias á las magnificas fotografías ejecutadas por el Sr. Fernán- 
dez Santos. Sin duda no quedan más placas cuando no las ha reprodu- 
cido también. Según la descripción de Cean, el total de ellas eran 22, 
y según el P. Moret, 24, cuando lucían recuadradas de oro y pedrería 
en la primitiva arca, debida á la munificencia de Don Sancho; y si se- 
guimos el poema de Gonzalo de Berceo y la Vida de San Braulio, ve- 
mos que, en efecto, aún quedan pasajes notables á más de los consig- 
nados y que seguramente serian el tema de los seis ú ocho relieves 
que nos faltan. 

En uno de ellos se representaba la aparición de un ángel ó perso- 
naje divino, y por lo visto llevaba el epígrafe de APARITIO... Esto dio 
motivo para que algunos críticos creyeran que el autor de tan pere- 
grina alhaja era un llamado Aparicio, orfebre notable de su tiempo; 
pero como observa muy atinadamente D. Pedro Madrazo en su tomo 
de Logroño, de la España, sus monumentos y artes (NAVARRA, III, 
pág. 677), aquella palabra no parece significar un nombre propio, 
sino más bien ser la correspondiente á la aparición que representaría 
el relieve. 

El nombre del autor del todo ó parte del arca nos es hoy descono- 
cido, y no porque la hubiera dejado de firmar, pues su nombre lo es- 
cribió al pie del relieve que representaba la ejecución de su obra, 
pero con tan mala suerte para nosotros, que sólo pudo leer Cean de él 
las palabras... TRO ET RODOLPHO FILIO. Conocemos por ellas el 
nombre del hijo del maestro; pero el del padre ha desaparecido, pri- 
vándonos así de concederle la gloria merecida. 

Como se ve por todo lo dicho, los relieves del arca de San Millán 
de Yuso, restos de una de las más preciosas alhajas del siglo XI, son 
de un interés é importancia excepcionales para la historia religiosa 
y artística de España. 

Ningún monumento más fehaciente de las tradiciones de aquella 
región ni del adelanto del arte entre nosotros. Ellos enlazan maravi- 
llosamente dos etapas importantísimas: de un lado el recuerdo del 
arte visigodo, continuación evolutiva del clásico á que debía la vida. 



BoleUn de la Sociedad Española de Excursiones. 

15 

y por otro el asomo á la época de la gran influencia francesa bene- 
dictina, que habia de constituir el arte de dos centurias, monacal y de 
retiro, pero preparatorio de aquel otro ya más civil, más de vida aso- 
ciada y de relación humana que habían de representar las Cátedra- 
les ojivales. Los marfiles de San MiUán deben, pues, estimarse como 
una de las más valiosas joyas del arte nacional de la Edad Media que 
poseemos. ^ 



N. SENTENACH. 



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SILLAS PE CORO ESPAÑOLAS 



Iglesia del Pila, de Zaragoza. -Pertenece e.ta sillería al segundo 
grupo de los dos ea que dividimos las comprendidas dentro del ar e 
plateresco; y aun cuando construida en igual techa que las de Toledo 
y San Mareos de León, difiere de ellas completamente, tanto en la 

traza como en el decorado. 

Es la única de todas las espafiolas que consta de tres órdenes do 
sitiales, sumando un total de 115, labrados con buena madera de >-o- 
ble de Flandes y completamente cuajados de finas tallas (tal vez con 
exceso) representando batallas, escenas pastoriles, alegorías, ani- 
males reales ó fantásticos, ángeles, asuntos bíblicos, grupos orna- 
mentales y multitud de caprichos. 

La primera y segunda fila de asientos son semejantes; tienen bra- 
zales, paciencias y costados con caprichosos motivos, y encima de 
los respaldos unos pequeños tableros recuadrados (más anchos que 
altos) y en ellos diminutas figuras talladas, expresando vanados 
asuntos históricos ó de costumbres. 

Sob.e las tres sillas del trente, que están ante la presidencial, hay 
otros tantos tableros, más altos que los demás, con asuntos bíblicos; 
Y separándolos entre si, en torma de pilastras, unas figuras de hombre 
y de mujer, en las que apoya un trontón triangular, decorado con dos 
estatuitas femeniles sosteniendo guirnaldas. 

La tercera fila de sitiales, ó sea el orden superior, tiene lo.s asien- 
tos brazales y pequeflos tableros iguales á los demás; pero sobre 
ellos se eleva un segundo cuerpo, compuesto de basamento con ta- 
bleros ornamentales, columnas adosadas profusamente decoradas y 
entablamento, formando el dosel corrido, con ménsulas, frisos y cres- 
tería, excesivamente recargados de tallas platerescas. Las hornaci- 
nas que forman los intercolumnios tienen grandes relieves, represen- 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 17 



tando episodios del Antiguo y Nuevo Testamento en uno de los lados, 
y de la Vida de la Virgen en el otro. 

En la silla central, que es semejante á las demás, está represen- 
tada la Virgen del Pilar. 

Toda la obra es de gran riqueza de detalles, con algunos tableros 
de mérito muy superior y dignos de un estudio especial por ser ver- 
daderas obras de arte, notándose la diferente factura de los tres en- 
talladores que sabemos trabajaron, y quizá de alguno más que les 
ayudara. 

Como puede verse por la fototipia, este monumento justifica el 
nombre de plateresco que se dio al estilo de estas tallas, pues más 
bien parecen trabajo de orfebre que de maestro entallador. 

Se atribuye su traza y parte de la obra al artista navarro Este- 
ban de Obray, el cual dícese cobró solamente seis ducados por aqué- 
lla y sesenta y dos mil sueldos por la mano de obra, en la que le ayu- 
daron Juan Moreto y Nicolás Lobato, vecinos de Zaragoza. La empe- 
zaron en el 1542, terminándola en el 1548. 

Catedral de Burgos. — Es la sillería de su coro una de las más ca- 
racterísticas y rica en adornos, de las que se labraron en estilo pla- 
teresco; en su mayor parte es obra de Felipe de Borgoña, y consta 
de dos órdenes de asientos en madera de nogal, formando un total 
de 103, 44 bajos y 59 altos. Estos están separados entre sí por colum- 
nas, estriadas en espiral, desde el tercio inferior del fuste, que está 
decorado con variada ornamentación. Sobre las columnas hay un pe- 
queño friso ornamental, del cual parte una gran escocia, dividida 
por tantas repisas como columnas hay en el cuerpo inferior; esta es- 
cocia, con un gran tablero y crestería calada, forman el guardapol- 
vo ó dosel corrido, en el que aparecen representados en alto relieve 
pasajes del Antiguo Testamento, separados entre sí por estatuítas 
exentas, correspondientes una á cada repisa, significando otras tan- 
tas imágenes de santos y santas. 

En los tableros de los respaldares altos hay relieves con escenas 
de la Vida y Pasión de Jesús, y sobre cada uno de ellos una hornaci- 
na de casquete en forma de concha, cuyo centro es una cabeza hu- 
mana. 

Los tableros bajos están decorados con motivos vegetales y ani- 
males fantásticos propios del estilo; y los asientos, lo mismo éstos 

2 



18 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



que los del orden inferior, tienen incrustaciones caprichosas de ma- 
dera de boj. 

Las sillas del orden inferior son semejantes á las otras, y los ta- 
bleros altos, separados entre sí por pilastras decoradas, representan 
milagros y escenas de la vida de santos. 

La silla arzobispal tiene en el respaldo inferior un medallón ova- 
lado, con el Rapto de Europa (asunto extraño que no sabemos si ten- 
drá un significado especial, ó si será sólo muestra de la influencia del 
clasicismo pagano); en el superior está la Oración del Huerto, y más 
alto, Abraham y sus hijos. Rematando en un dosel con la Asunción de 
la Virgen, El Padre Eterno y un pequeño obelisco que sirve de final. 

En toda la obra se nota un trabajo esmerado y prolijo, estando 
decorados todos los espacios, sin quedar libres de adorno más que los 
absolutamente precisos. Hay figuras muy bien hechas y con buenos 
ropajes; en otras se nota cierta desproporción. Son muy curiosas: las 
de un Obispo llevado por un demonio^ el gallo de Santo Domingo y 
otras de brazales y costados. Resultan muy interesantes los tableros 
en que aparece el grupo de Noá y sus hijos, Noé labrando la viña, 
éste y su familia en el Arca dando suelta á la paloma y mirando como 
vuela, etc., etc. 

Entre los otros tableros los hay interesantísimos, tanto por la ex- 
presión como por los detalles de indumentaria y por lo que reflejan 
las costumbres de la época, pero que de estudiarlos detenidamente 
nos apartaría del objeto de nuestro estudio. 

Por el año de 1527 trasladóse la sillería, desde la Capilla Mayor á 
la nave central, siendo Obispo D. Pascual de la Fuente de Ampudia, 
y entonces trabajaron en ella Esteban Jaqués y Simón de Bueras. Se 
hicieron las sillas colaterales, sin cortar el paso de uno á otro costa- 
do por el frente ó testero del coro, hasta que un Obispo, el Hmo. Señor 
Vela, mandó trabajar la silla presidencial, tomando por modelo la del 
Arzobispo de Granada y gastando en ella mil ducados. Se colocó 
primero al lado de la del Deán, hasta que D. Antonio Zapata (1) 
mandó ponerla en medio, cerrando la nave y construyendo el trascoro. 

(1) Tenían por armas los Zapata, gules y cinco borceguíes ajedrezados de pla- 
ta y sable en souter y la bordura del campo fileteada de oro y barra de sable con la 
bordura de lo mismo, timbrado el escudo de tina cruz y una traversa de oro con el 
capelo. 



BOL. DE LA 50C. ESF. DE EXCURSIONES 



TOMO XVI 




JAÉN: Sillería de la Catedral 



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Fototipia de Hauser y Menet. — Mnd-id 



BURGOS 
Sillería de la Catedral 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 19 



Capilla del Condestable. — Una de las capillas más interesantes de 
la Catedral burgalesa es la del Condestable, en uno de cuyos ángulos 
existe una pequeña sillería compuesta de 12 sitiales, labrados en es- 
tilo Renacimiento, con columnas abalaustradas, apartadas de los res- 
paldos y sirviendo de apoyo á un cornisamento que forma el dosel. 

Es muy sencilla y de escaso mérito artístico. 

Catedral de Jaén. — Para la construcción de esta sillería debió ser- 
vir de modelo la de la Catedral de Burgos, pues tanto por el trazado 
general como por los asuntos y forma de estar tratados, parece hija 
de aquélla; y decimos hija y no hermana, porque ciertos detalles pa- 
recen indicar una fecha un poco posterior, aun cuando las diferen- 
cias que se aprecian bien pudieran depender de ser otros los artistas 
que ejecutaran sus tallas. 

Tiene, como aquélla, dos órdenes de sillas; la distribución de ta- 
bleros está hecha en igual forma, con la misma abundancia de orna- 
mentación, análogos asuntos desarrollados en los tableros, estatuítas 
en el cornisamento, incrustaciones en los respaldos, etc., etc., siendo 
las únicas diferencias los fustes de las columnas que separan los ta- 
bleros, que aquí aparecen decorados en su totalidad y en la de Bur- 
gos son estriados en su mayor parte; y las conchas de las hornacinas, 
que en ésta tienen medias figuras de los Profetas y en la burgalesa 
son sólo cabezas. 

Tiene el coro puertas laterales, con adornos tallados y escaleras 
de cinco peldaños. 

Consta la sillería de 63 sillas altas y 42 bajas, mas otras 14 (siete 
á cada lado), destinadas á los huéspedes, separadas de las demás por 
unas grandes portadas de mármoles; estas sillas son semejantes á las 
del orden superior, pero sin que el cornisamento forme dosel, sino 
que está situado en el mismo plano de los respaldares. Delante de 
ellas, en vez de atril, hay un antepecho reclinatorio, también tallado. 

La silla episcopal guarda relación con el resto de la obra, siendo 
su principal diferencia el mayor tamaño y el gran saliente del cor- 
nisamento. 

Monasterio de Celanova (Orense).— Este Monasterio tiene dos sille- 
rías: una en el coro alto (situado á los pies del templo), labrada en 
madera de nogal, pero muy sencillamente decorada con ligera orna- 
mentación y sin figura humana, por lo cual no tiene importancia den- 



2o Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



tro de nuestro estudio. La otra, que también es de madera de nogal, 
se encuentra colocada en el coro bajo, en el centro de la nave princi- 
pal, comunicándose con la iglesia por una puerta de dos hojas, en las 
que están talladas las imágenes de San Pedro y San Pablo. 

Esta sillería está ejecutada con arreglo al mismo plan que las dos 
citadas^ aun cuando con menos riqueza, sirviendo de motivos para 
los relieves de los tableros altos distintos episodios de las vidas de 
San Benito, San Rosendo y otros santos de la Orden. 

Monasterio de Montserrat. — Esta sillería, muy interesante por sus 
tinos relieves y esmerada ejecución, parece que fué labrada hacia el 
año 1578 por Cristóbal de Salamanca. 

Está construida con escogidas maderas, y sus interesantes relie- 
ves representan misterios de la vida de Jesús, siendo célebre el que 
significa La Tentación del Señor en el Desierto, porque aparece el 
demonio en hábito de fraile (modo bastante frecuente, en aquella épo- 
ca, de vestir al demonio). 

Catedral de Barbastro. — Está situada la sillería en coro bajo en 
la nave central, frente al altar mayor. Es de buen gusto y esmerado 
trabajo, y lo mismo que las anteriores de este grupo, aparece com- 
puesta por tableros decorados, columnas separando los tableros, 
guardapolvo corrido y friso ornamentado. 

Fué comenzada por Jorge Commón, que trabajó en ella hasta el 
año 1581, y la terminó Juan Cubero, natural de Barbastro, que había 
empezado á trabajar en ella el año 1594. 

San Jerónimo de Granada. — El coro de este antiguo Monasterio 
está colocado á los pies de la iglesia, y su sillería, que es de elegante 
y sencillo estilo plateresco, consta de dos órdenes de asientos, siendo 
digno de atención el sillón central en forma de banco. 

Las sillas bajas tienen sobre sus respaldos unos pequeños table- 
ros decorados de un modo simétrico con tallas de arte plateresco, 
cuya composición consiste, en un busto encerrado dentro de un círcu- 
lo y dos animales fantásticos con hojarascas y motivos característi- 
cos del Renacimiento. Separando un tablero de otro hay pilastras 
decoradas con gran sencillez. 

Las sillas altas tienen tableros análogos á los de las bajas y sobre 
ellos otros mayores, sin más decoración que una concha con cintas y 
pendiente de ella una cartela con vefsículos de los Salmos. A los la- 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 21 



dos de estos tableros, pilastras abalaustradas, que sostienen una gran 
escocia ó guardapolvo decorado con rosetones y rematada por cres- 
tería de medallones, bichas y pináculos, en perfecta consonancia con 
el resto del decorado. 

El tablero correspondiente á la silla prioral ostenta un bajo relie- 
ve, cuyo asunto es la Virgen Maria estrechando al Divino Niño entre 
sus brazos; encima se ve al Padre Eterno. Termina el guardapolvo 
en un frontón con niños sedentes á los lados. 

Los brazales de las sillas extremas los forman bichas muy bien 
talladas. 

A Gil de Siloe se atribuye la traza, y de su mano ha de ser el re- 
lieve central y algunos adornos, muy superiores á los otros, y que sin 
duda hubieron de servir de ejemplo para ejecutar los demás á otros 
tallistas, con mejor ó peor arte, pues se aprecia bastante desigualdad 
en la ejecución de las tallas. 

En conjunto, es una silleria muy aceptable, de gran uniformidad y 
gusto sencillo. 

Iglesia de Santa Maria en Berlanga de Duero (Soria). — Está situa- 
da la silleria, en coro bajo, en el centro de la iglesia. Se compone de 
51 asientos, distribuidos en dos órdenes. La silla del Prelado tiene en 
su respaldo las imágenes de San Pedro y San Pablo, y en las puertas 
están talladas (combinadas con los adornos) cabezas de los Profetas. 
Los tableros de los respaldares y el cornisamento saliente están de- 
corados con tallas ornamentales. Es de madera de nogal y se cree fué 
labrada por el año 1580. 

Todas las demás sillerías pertenecientes á este período son muy 
sencillas, como sucede con las de la Capilla Real de Granada, Santa 
Inés de Sevilla y panteón de Osuna. 

Silleria de la Capilla Real de Granada. — Situada en coro alto, dos 
órdenes de asientos, buena época plateresca con reminiscencias oji- 
vales. Los asientos bajos tienen brazales tallados en forma análoga á 
los de estilo ojival y unos tableros ornamentales sin figura alguna en 
sus tallas. Los tableros que están sobre los asientos altos son comple- 
tamente lisos, separados por pilastras decoradas que sostienen un pe- 
queño friso decorado sencillamente. Las sillas son descubiertas, sin 
dosel de ningún género. 

Se cree que la traza fué de Diego de Siloe. 



2 1 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Santa Inés de Sevilla.— ha. sillería de este convento (según refe- 
rencias) parece ser que está labrada en madera de roble, en estilo 
plateresco, con grupos ornamentales de flores, frutas, escudos talla- 
dos en sus tableros, separados entre sí por columnas abalaustradas. 

Osuna. — En el Panteón que los Duques de Osuna tienen en la villa 
de este nombre, se guarda una pequeña y original sillería de coro, 
colocada en el centro de la capilla subterránea. 

La forman solamente once sitiales, tres en el frente y cuatro á 
cada_,lado. Es de madera de nogal, y las labores de talla que adornan 
los costados de cada asiento son de lo mejor y más fino que se trabajó 
en ornamentación plateresca. Se ven figuras humanas y de monstruos 
con adornos muy bien compuestos, denotando un maestro entallador 
de primera, formando su riqueza contraste con la sencillez de los res- 
paldos, que son completamente lisos. Los tableros altos son igual- 
mente sin adorno ninguno y giran horizontalmente hasta dejar libre 
el espacio comprendido entre las columnillas abalaustradas que los se- 
paran entre sí y sostienen la pequeña crestería calada. 

Las misericordias son preciosos capiteles ornamentales. 

En la Colegial, que está sobre el Panteón, hay otra sillería en el 
centro de la nave; pero es solamente obra de carpintería, sin el menor 
adorno. 

En la iglesia del Hospital existe otra (en el coro alto) con tallas 
barrocas de hojarasca y cartelas sin valor alguno. 

En Santo Domingo y San Francisco hay otras dos con pinturas do 
santos de poco valor y sin tallas, y en el convento de Dominicos otra 
con tallas de escaso mérito. 

Catedral de Cuenca. -La sillería de esta Catedral estuvo situada 
primeramente á los lados de la nave central en los dos brazos del 
crucero, y se trasladó al lugar que hoy ocupa en la nave principal 
(entre la tercera y sexta arcada) para dejar sitio á la portada del 
claustro. Compónese, como la generalidad de las sillerías pertenecien- 
tes á Catedrales, de dos órdenes de asientos; en los respaldares del 
orden superior hay talladas imágenes de santos, estando divididos los 
entrepaños por columnas estriadas que sostienen un sencillo cornisa- 
mento. El orden inferior tiene también tableros altos y bajos, pero 
sin talla alguna. 

La silla episcopal es de mayores dimensiones que todas las demás 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 23 



y tiene sobre su respaldo un escudo heráldico, y á los lados dos figu- 
ras de mujer representando la Justicia y la Gracia divinas. El escu- 
do está partido con cinco lises en una banda y dos leones en la otra; 
alrededor de todo él corre una faja con souter, castillos y leones; 
debajo del sombrero del Obispo tiene una corona. La figura tallada 
en el respaldo, en vez de ser la imagen de un santo, representa la 
del Salvador bendiciendo con la mano derecha y sosteniendo el globo 
con cruz con la izquierda. 

Respecto al coste, época y autor de esta sillería, tenemos escasos 
datos, por ser el archivo de la Catedral uno de los muchos que están 
sin ordenar y completamente cerrados al público; hay noticias de que 
por el año 1557 se abonaron á un tal Villadiego, maestro entallador, 
la cantidad de 16.875 maravedís por reparar la sillería y por un pul 
pito, y sábese que trabajó también en ella el maestro Pedro Saceda, 
y más adelante, en 1612 y 1617, Juan Martínez, Bautista Crescencio 
y otros. 

Las líneas generales están trazadas según las corrientes del neo- 
clasicismo; pero abundan los detalles barrocos, propios de los si- 
glos XVII y XVIII. La fecha de 1557, en que aún no se había mani- 
festado en España el barroquismo, no se aviene con el decorado de los 
tableros ni con la silla presidencial, por lo cual nos parece que el en- 
tallador Villadiego debió trabajar para la sillería antes de su trasla- 
ción, puesto que el carácter de la actual está ya dentro de lo que em- 
pieza á construirse hacia el 1612 por Martínez y Crescencio, influidos 
ya por las corrientes de barroquismo llegadas de Italia Nosotros 
creemos que la traza y carpintería en general están dentro del estilo 
de Herrera, y por tanto pueden ser del 1557; pero los tableros y sillón 
episcopal han de ser, cuando menos, de comienzos del siglo XVII, por 
lo cual es probable que al hacer el traslado desde el crucero (encon- 
trando la sillería de poca vista) le añadieran las tallas y el sillón del 
Obispo para dar más suntuosidad á la obra. 

Pelayo QUINTERO. 

(Continuará.) 



ANTECEDENTES PARA EL ESTUDIO 



DE LA 



Jlrquihcfura Grisíiana Cspañoía. 



(Capitulo inédito lie la Historia de la Arquitectura Cristiana Española, /;ífw?Wa tn el concurso 
internacional «Martorelh y próxima ¿publicarse.) 

Hasta fines del si^lo XVITI nadie intentó escribir una Historia de 
la Arquitectura Cristiana en España. Los prolegómenos de ella están 
en las Crónicas de Sebastián de Salamanca (siglo IX); Sampiro, el 
Silense y Pelayo de Oviedo (siglo XI); Ximénez de Rada y Lucas de 
Tuy (siglo XIII); el Burgense y el Gerundense (siglo XV), y demás 
cronistas de los siglos medios que nos dejaron noticias inapreciables, 
aunque no siempre exactas, sobre fundaciones de iglesias y monaste- 
rios. No son menos valiosas las aportadas por algunos viajeros, aun- 
que sólo datos sueltos pueden sacarse de sus escritos: Benjamín de 
Tudela (siglo XIII), Marineo Sículo y Andrés Navagero (siglo XVI), 
son los más conocidos. 

Vienen luego la serie de escritores, eclesiásticos en su mayoría, 
que durante los siglos XVI, XVII y XVIII escribieron sobre Historia 
civil y religiosa de España. La Historia y demás obras de Sandoval 
(1560-1621); el Viaje Sacro, de Morales (1572); la Crónica de la Orden 
de San Benito, del P. Yepes (1609); los Giste rciensium annaliunif del Pa- 
dre Manrique (1649); las Antigüedades de España, de Berganza (1670); 
La España Sagrada, del P. Flórez (1749), continuada por Risco; el 
Teatro histórico de las iglesias del reino de Aragón, del P. Zarago- 
za (1780); El viaje literario por las iglesias de España, de J. Villanue- 
va (1803), y algunas más son fuentes de abundante caudal donde ha- 
brá de beber todo el que quiera escribir nuestra historia artística. 

Ocioso sería analizar estas obras que andan en manos de todos. 
De una sola lo haré, atraído por sus condiciones especiales. 

Ambrosio de Morales, el sabio profesor de la Universidad de Al- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 25 



cala y cronista de Felipe II, emprendió en 1572, por mandato de 
éste, un viaje por Asturias, Galicia, parte de Castilla la Vieja y otra 
del antiguo reino de León. A su vuelta, Felipe II, que como dice Fló- 
rez, era hombre nacido pava todo, quiso oir de sus propios labios la 
relación de su viaje. Después, Morales lo escribió con el nombre de 
Viaje Sacro; pero el manuscrito que se guardaba en la Biblioteca de 
El Escorial no se publicó hasta 1765, por los cuidados del P. Flórez. 
El objeto del viaje de Morales fué exclusivamente certificar sobre 
reliquias, enterramientos reales y libros antiguos. Sin embargo, el cro- 
nista de Felipe II, hombre de gran sentido, amplia inteligencia y 
espíritu abierto á todas las sensaciones, se excede poco á poco de su 
misión, y sin olvidarla, se entrega á la descripción de relicarios y 
alhajas, que tienen hoy valor inapreciable por constituir un inventa- 
rio de cosas para siempre desaparecidas. Y hace algo más: entusias- 
mado con el arte, describe la parte arquitectónica de muchas iglesias, 
siendo notabilísimo y digno de llamar la atención que aquel hombre, 
viviendo en plena época escurialense, se entusiasme con las iglesitas 
pelagianas. Clásicas son las descripciones de San Miguel de Linio, 
Santa María de Naranco y de Aniago, y dignas de recoi'dación la? 
frases que dedica á Covadonga, prueba clarísima de alto espíritu y 
certero punto de vista (1). Claro es que dados el objeto del Viaje de 
Morales, y la época, no ha de pedírsele apreciaciones exactas sobre 
materia arquitectónica: aun sin ellas basta lo contenido en el Viaje 
Sacro para darle inmenso valer. 

En el siglo XVII hay que citar como escritores técnicos, cuya im- 
portancia en la historia de la Arquitectura hemos de ver á su tiem- 
po, á dos. Simón García, arquitecto de Salamanca, es autor de un 
Compendio de arquitectura, y si no es historiador de ella, tiene la va- 
liosa condición de haber consignado datos de positivo interés para 
formarla. Algo de esto puede decirse de Diego López de Arenas, au- 
tor de un Tratado de carpintería de lo blanco, que demuestra la per- 
duración en España de los procedimientos mudejares (2). 

(1) Tratando de la obra de madera de la cueva, atribuida á Alfonso el Casto 
y tenida por milagrosa porque no se pudre, escribe: «Dios más que esto puede hacer; 
mas yo veo manifiestas señales ei; todo de obra nueva y no de tiempo de aquel Rey.> 

(2) No se citan aquí todos los dogmatizadores de la Arquitectura seudo-clásica, 
que comienzan en Diego Sagredo y acaban en el cura Ortiz y Sanz, porque nada 
aportaron á la historia del arte cristiano español. 



26 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



La verdadera historia de la Arquitectura española alborea en el 
siglo XVIII, con el contcidísimo Viaje, de Ponz, publicado en 1787. 
Al emprenderlo se propuso principalmente «hablar de los edificios 
y obras públicas que existen en España, manifestando el artificio y 
excelencia de algunas, así como la falta de inteligencia y propiedad 
de otras», A pesar de estos propósitos, trata de cuanto le sale al 
paso, haciendo un libro que, dicho sea con el debido respeto, fatiga 
y desorienta al que, engañado con aquel programa, busca la nota 
arquitectónica. Es, sin embargo, obra capital en nuestra historia ar- 
tística; mas aquí habré de renunciar á seguirla en sus diez y ocho to- 
mos. Su criterio está retratado por modo admirable en aquel pasaje 
en el cual, puesto en el ábside de la Catedral de Toledo, teniendo á 
un lado el «Transparente», de Tomé, y á otro el altar de San Ilde- 
fonso, de D. Ventura Rodríguez, establece la comparación entre la 
arquitectura churrigueresca y la neo-clásica. Todos los improperios 
del Diccionario le parecen suaves para la primera, y todas las ala- 
banzas para la segunda. De la arquitectura gótica, que él cree tudes- 
ca, ó sea originaria de Alemania, confiesa que tiene mucho que ad- 
mirar; pero su inteligencia de ella no va más lejos. 

No puede considerarse en realidad como historiador de Arquitec- 
tura el ilustre D. Antonio Capmany (1779), aunque lo es, y muy nota- 
ble, de la marina, comercio y artes de Barcelona. Sus noticias histó- 
ricas sobre las relaciones de Cataluña con Grecia, Siria é Italia son; 
por incidencia, de gran importancia. Algo trata de Arquitectura en 
el tomo III de su obra; mas fuera de la tendencia admirativa hacia 
el arte gótico, muy de alabar en su época, poco se encuentra en sus 
páginas como datos históricos de Arquitectura, aunque otra cosa di- 
gan sus panegiristas. 

Llegamos por fin á un nombre ante quien hay que descubrirse con 
respeto: D. Gaspar Melchor de Jovellanos. Verdaderamente se ade- 
lantó á su tiempo, no sólo por su penetración arqueológica, sino en la 
manera de tratar los temas de Arquitectura; porque hasta entonces 
estos estudios se concretaban á descripciones é impresiones de los 
monumentos y á datos históricos ó biográficos de fechas y artistas. 
No así Jovellanos, que entró derecho por el campo de la Arqueología 
comparada y de los orígenes de los estilos en la forma y manera que 
estas materias han alcanzado en nuestro tiempo. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 07 

Al publicar en 1770 el Elogio de D. Ventura Rodríguez, que había 
leído ante la Real Sociedad de Madrid el 19 de Enero de 1788, lo adi- 
cionó con unas «Notas», que son el primer esbozo de una historia 
de la Arquitectura española. Apartándose de la forma puramente 
descriptiva, investiga orígenes y establece comparaciones de gran 
valor. El fué el primero que protestó contra la común creencia del 
barbarismo artístico de los godos españoles; quien señaló la importan- 
cia de la Arquitectura asturiana, como denominó á la primera de la 
Reconquista; quien valientemente apostrofó á los arquitectos españo- 
les para que se empapasen del arte nacional antes de ir á estudiar el 
extranjero; quien con verdadero talento de adivinación atribuyó á las 
influencias de Oriente el desarrollo de la Arquitectura gótica, sentan- 
do una teoría que ochenta años después han confirmado los descubri- 
mientos de la Persia y de la Siria; quien entrevio que el arco apunta- 
do había sido usado por los egipcios. Allí se apuntan por primera vez 
curiosas observaciones sobre la Catedral de Córdoba y la procedencia 
de sus capiteles; así como los primeros pasos del mudejarismo, dados 
por los esclavos moros que inspiraron á los artistas pelagianos. 

Ante tal labor, bien puede dispensársele errores de algún bulto, 
naturales en la época y en hombre sometido á la influencia clásica. 
Negó la existencia en España de edificios visigodos; no distinguió la 
yVrquitectura románica; calificó mal los albores del Renacimiento ita- 
liano, clasificando entre los artistas góticos á Juan y Andrés de Pisa; 
ignoró los monumentos de transición entre el románico y el ojival, lo 
que le sirvió de fundamento para afirmar que la Arquitectura ojival 
había aparecido simultáneamente y con entera perfección en toda 
Europa, y atribuyó caprichosamente á las míquinas de guerra de los 
cruzados]las formas de la Arquitectura gótica (1), estableciendo un pa- 
ralelo fantástico entre la Catedral de Burgos y un castillo de madera. 
Pero no era posible pedir el acierto en todo ni la exactitud en sentar 
doctrinas que aún hoy mismo están en tela de juicio. 

Insignificante es el libro de Bosarte sobre Segovia, Valladolid y 
Burgos, y no merecería nombrarse si no fuera por citar la estupenda 
afirmación de que la Arquitectura de la Edad Media es una deprava- 
ción de la antigua greco-romana. 

(1) Un siglo después, siu embargo, el arqueólogo francés Mr. Courajod sos- 
tiene una teoría análoga en sus Origines de l'Art Uoman et Gothique. París, 1899, 



28 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Llegamos, por fin, á la obra capital para nuestro asunto: el libro 
Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su restau- 
ración, por el Excmo. Sr. D. Eugenio Llaguno y Amirola, con notas y 
y adiciones de D. Juan Cean Bermúdez (1829), verdadero monumento 
elevado por estos dos hombres ilustres á la cultura artística de Es- 
paña. No he de analizar esta obra, cuyo único defecto es quizá el 
escaso lugar en ella concedido á la Arquitectura medioeval, aunque 
sí merece un examen el discurso preliminar de Cean Bermúdez, pri- 
mera historia de la Arquitectura española, hecha con el carácter de 
tal, puesto que la obra de Jovellanos no era más que una disquisición 
sobre el tema. 

Cean Bermúdez divide la historia de la Arquitectura española en 
diez épocas: I Primeros pobladores, caracterizados por las chozas 
de troncos. II. Venida de los fenicios, los focenses, los tartesios y los 
cartagineses; comienza la construcción en piedra. III. Romanos, que 
según el autor, habían inventado el orden dórico, el jónico y el co- 
rintio, dándoles formas que «á nadie es dado alterar sin incurrir en 
la nota de prevaricadores de la noble Arquitectura». IV. Los godos, 
de quienes dice que no conocían la simetría. Señala (progresando en 
esto sobre Jovellanos) como obras godas San Millán de la Cogolla de 
Suso, la iglesia de San Salvador de Ley re, las ruinas de Santa Leo- 
cadia de Toledo, San Román de Hornija, San Juan de Baños y la 
iglesia de Vamba. V. Los árabes. Este período está tratado con ver- 
dadera ignorancia del tema; pero no ha de extrañarnos, cuando hoy 
mismo esperamos de quienes pueden y saben una historia de la Ar- 
quitectura árabe en España que se salga de los lugares comunes, con 
la división de los períodos bizantino, mauritano y granadino, VI. Ar- 
quitectura asturiana. VIL Gótica, tudesca ó ultramarina. En estos 
períodos sigue á Jovellanos ad litteram, incurriendo en el mismo 
desconocimiento del estilo románico. Poetiza un poco también en este 
último período sobre las bóvedas góticas, «que imitan las palmeras 
de la Palestina». VIII. Renacimiento. Con Herrera llegó la Arqui- 
tectura española al colmo de la perfección. IX. Churriguerismo. 
Sigue á Ponz en sus insultos á los arquitectos de esta época, y llama 
chafallón á Rivera, heresiarcas á los Churrigueras, furibundo á Bar- 
bas y badulaques á todos los restantes. X. Seudo-clásica. Aquí agota 
el repertoi'io de las alabanzas, afirmando que la Arquitectura de 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 29 



esta época fué digna continuación de los esplendores escurialenses. 

Tal es, en síntesis, la primera etapa de nuestra historia arquitec- 
tónica. Antes de entrar en la segunda conviene sentar un curioso 
hecho. Desde Ambrosio de Morales hasta Cean Bermúdez (siglos XVI 
á XIX), es decir, en toda la época de amor al clasicismo con más ó 
menos variantes, en la que el odio á todo lo medioeval, calificado de 
bárbaro, es ingénito; en la época, en fin, en que se destruyen las 
construcciones románicas y góticas para levantar las insulsas seudo- 
clásicas, todos los autores, Morales, Jovellanos, Capmany, Llaguno 
y Cean Bermúdez (con la sola excepción de Bosarte), tienen frases de 
alabanza para la Arquitectura de la Edad Media. Y es curioso que 
Ambrosio de Morales, que pasa casi indiferente ante las catedrales 
más grandiosas, se extasía con San Miguel de Linio y Santa María de 
Naranco. Honor es todo ello de los escritores españoles y prueba de 
su elevado criterio. 

Ábrese al mediar el siglo XIX la segunda etapa de estos estudios. 
La más constante comunicación con los países que los desarrollaban, 
el desenvolvimiento de la cultura artística, el renacimiento romántico 
en la literatura y la aparición de hombres eminentes que á ello se 
dedican, son causas del notable incremento que toma entre nosotros 
la ciencia arqueológica. Los trabajos de Inclán Valdés, Caveda, 
Carderera, Amador de los Ríos, Rada y Delgado, Assas, Tubino, Sa- 
virón, Quadrado, Piferrer, Riaño, Pi y Margall y algunos más son 
documentos inapreciables para aquella ciencia. Mas siéndolo, no los 
informa el sentido que hoy se exige, pues careciendo sus autores, con 
ser tan eminentes, de los conocimientos técnicos necesarios á quien 
haya de ocuparse de arte tan exacto y preciso como es la Arquitec- 
tura, limitábanse la mayoría de las veces á estudios abundantes en 
fechas y documentos, pero ayunos de apreciaciones técnicas, indis- 
pensables para seguir la marcha histórica de las escuelas y de los 
estilos. Dedicaré breve espacio á las obras de los principales autores 
citados* 

D. Juan Miquel Inclán Valdés publicó en 1833 unos Apuntes para 
la historia de la Arquitectura y observaciones sobre la que se distingue 
con la denominación de gótica, obrita de escasa importancia y que se 
cita tan sólo por dos cosas: ciertas apreciaciones sobre la Arqui- 
tectura visigoda, de las que en su lugar me ocuparé, y los enor- 



30 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



mes absurdos que sienta sobre la Arquitectura gótica, en su afán de 
probar lo que constituyó el objeto de su libro, ó sea que aquella Ar- 
quitectura surge en España con anterioridad á los demás países de 
Europa, á los cuales nada les debe. 

Entre 1846 y 1849 dio D. Manuel Assas en el Ateneo de Madrid un 
curso de Arquitectura española, publicado más tarde en el Semanario 
Pintoresco Español. Coincidió con aquellas lecciones la publicación 
por el mismo Sr. Assas del Álbum artístico de Toledo; y ambos traba- 
jos merecen especial mención, por cuanto contuvieron apreciaciones 
de cierta novedad sobre el arte visigodo. 

El Ensayo histórico sobre la Aquitectura española, del Sr. D. José 
Cavada, dado á la estampa en 1849, es ya una meritisiraa y completa 
historia, en la que recopilando datos de Llaguno y Cean Bermúdez y 
las propias observaciones, presentó con relativa extensión un cuadro 
completo de la Arquitectura nacional con una clasificación justa y 
un plan metódico. Datos interesantes, descripciones animadas, estu- 
dios de Arquitectura comparada con las demás artes de cada época 
y otras muchas circunstancias, avaloran este libro, hoy anticuado, 
pero cuya consulta será indispensable siempre á quienes de la mate- 
ria hayan de ocuparse. 

Tres publicaciones magnas acometiéronse por el promedio de la 
época que nos ocupa: El Museo Español de Antigüedades, Los Monu- 
mentos arquitectónicos de España y los Recuerdos y bellezas de España. 
Constituyen las dos primeras pequeñas monografías escritas por Ama- 
dor de los Ríos, Rada, Assas, Tubino, Madrazo, Savirón, etc. No es la 
Arquitectura el tema exclusivo del Museo; pero no falta en él. Res- 
pecto á los Monumentos j cuanto se diga en alabanza suya será páli- 
do. Si algún defecto puede achacársele es su misma monumentalidad. 
Con tal obra entró España de lleno en las corrientes modernas de in- 
vestigación arqueológica, prestando un servicio inapreciable. Pero 
todavía lo es más, en el sentido arquitectónico, la publicación de los 
monumentos en plantas, alzados y secciones Compruébase aquí que 
en los estudios de Arquitectura de nada sirve la descripción más mi- 
nuciosa y poco los dibujos pintorescos; que el alma, para la compren- 
sión de un edificio, es el plano. 

Trae como por la mano esta última observación á tratar de una 
obra que debiera haber prestado un gran servicio á estos estudios: 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 31 



la España Artística y Monuynental, de Pérez Villamil y Escosura, pu- 
blicada en París entre 1842 y 1846. Son su base los dibujos represen- 
tando monumentos españoles; pero de tal modo fantaseó el artista, 
que su obra no sólo es inútil, sino perjudicial, pues ha desorientado 
á algunos arqueólogos extranjeros (1), haciéndoles aceptar como fie- 
les y exactas unas representaciones dignas tan sólo de ilustrar una 
«España» á lo Teophilo Gautier. 

Capítulo aparte merece la célebre obra de Parcerisa y Quadrado, 
continuada después por muy notables escritores. 

Era D. José Quadrado un historiador que hacía revivir las épocas 
que tocaba con su pluma. La enorme labor que llevó á cabo constitu- 
ye una de las glorias nacionales, y los Recuerdos y bellezas de Espa- 
ña son libros de constante consulta. Acompañaron y siguieron al ilus- 
tre escritor mallorquín, Piferrer, Madrazo, Pi, Llórente, Amador de 
los Ríos (hijo), Rabal, etc., etc.; pero hay que confesar que no todos 
brillan con igual luz que el iniciador. En conjunto, los Recuerdos y 
bellezas de España, si no es la historia de la Arquitectura española, 
es un libro indispensable para escribirla. Un defecto tiene: la magia 
de las plumas de Quadrado y Piferrer describen poetizando, y el que 
pretenda averiguar la disposición y estructura de un monumento, se 
verá mil veces perplejo y vacilante. Quien esto escribe, puede decir- 
lo prácticamente, por haberse visto precisado en muchas ocasiones á 
emprender largos y no cómodos viajes para estudiar un edificio su- 
blimemente descrito é historiado, pero medianamente visto y com- 
prendido desde el verdadero y exacto aspecto arquitectónico. 

La época que sigue es la que pudiera llamarse monográfica. Los 
Discursos de recepción en las Academias de Bellas Artes; las Revis- 
tas de las Sociedades sabias españolas; las monografías de monumen- 
tos arquitectónicos publicadas por la Sociedad Central de Arquitec- 
tos, por la de Arquitectos de Cataluña y por distintos particulares; 
los estudios publicados en los Boletines de la Institución libre de En- 
señanza, de la Sociedad Española de Excursiones, de la Castellana, 
de la Catalana, de la Artístico-arqueológica de Barcelona, de la Lu- 
liana, del Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Museos y otras Revistas 

(1) C. Enlart la cita entre las fueutes de ioformacióu de la Arquitectura espa- 
ñola, en la Bibliog-rafía do la fíistnire de VArt, de A. Michol, t-mo I, segunda 
parte, pág. 588. 



82 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



y Boletines; los informes oficiales de declaración de Monumentos Na- 
cionales; las lecciones dadas en las Escuelas de Bellas Artes, de Ar- 
quitectura y de Diplomática, en la de Estudios Superiores del Ateneo 
de Madrid, en el Centro excursionista de Barcelona, en el Ateneo de 
esta ciudad y multitud de artículos y libros más ó menos completos 
(entre ellos una continuación de los Monumentos Arquitectónicos de 
España con nuevo y laudatorio plan), han hecho entrar de lleno los 
estudios de Arquitectura española en el camino que hoy siguen en 
Europa, y en el cual no vamos tan retrasados como á primera vista 
parece (1). 

¿Qué parte cabe á los extranjeros en esta serie de estudios? Per- 
mítaseme decir que, con contadas excepciones, poco y de escaso 
brillo. Cierto queLubke, Choisy, Fergusson, Coirroyer y demás histo- 
riadores generales de Arquitectura tratan en sus libros de la nuestra. 
Pero no hacen sino sentar generalidades, fundándose en datos anti- 
cuados y sin ningún estudio directo de los monumentos. Los que han 
querido descender á más detenido análisis, caen en errores de bulto; 
así el alemán GuU confunde el estilo ojival primario con el románico- 
arcaico de los tiempos de Alfonso VI de Castilla; Gonse sienta de 
plano hechos que, como los relativos á la Catedral de Toledo, no con- 
firman ni los documentos ni los monumentos; Marignan, que visitó 
España, sacó la peregrina consecuencia de que no tenemos edificios 
anteriores al final del siglo XII, y ni vio ni entendió nuestra curiosa 
Arquitectura mozárabe de la décima centuria, y Justi, aunque más 
conocedor de nuestros monumentos y sagaz investigador de puntos 
de arte español, hace sólo un rápido análisis de la Arquitectura, que 
no es su especialidad. 

Lugar y mención especiales merecen en esta reseña dos extranje- 
ros: el inglés Street y el francés Enlart. 

Street era arquitecto. Conocedor profundo del arte cristiano (del 
ojival principalmente), cuyos monumentos de toda Europa había es- 
tudiado, visitó España, y delante de nuestros templos dibujó y anotó 
con tan certero punto de vista, que su libro sobre El Arte gótico en 

(1) Exigiriau mención capitalísima los louios del Inventario Monumental de 
España, que se lleva á efecto cou el auxilio, algo tardo y pobre, del Estado. Son 
varias las provincias concluidas y no pocas hay en ejecución, pero nada se ha pu- 
blicado hasta ahora, ni se ve camino despejado para que el intento resulte liiil á 
eütos estudios. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 33 

España (1) ha llegado á ser clásico, si se me permite la palabra. ¡Lás- 
tima grande fué que Street no viese más que una parte muy peque- 
ña de España! De todos modos, su obra es de excepcional importan- 
cia. Lo conocido de su texto me revela de hacer su análisis; bas- 
ta decir que su método se funda en el estudio técnico de cada edificio, 
dejando á un lado las descripciones poéticas y las lucubraciones 
literarias. 

Enlart es un arqueólogo prestigioso en Europa entera. De larga 
fecha datan sus estudios sobre la influencia de la Arquitectura fran- 
cesa de la Edad Media en los demás países, y entre ellos en Espa- 
ña (2): y en una obra moderna ha acometido de lleno la empresa de 
historiar nuestros monumentos (3). Entre sus primeros trabajos citados 
y este último, media una gran distancia: aquéllos son fragmentarios, y 
éste es de conjunto; aquéllos se inspiraban en un exclusivismo falsa- 
mente patriótico (francés, claro está), y éste ya reconoce en nuestra 
Arquitectura otras fuentes y un fondo autóctono; aquéllos demostraban 
una carencia de conocimientos de nuestros monumentos y de nuestros 
escritores, y éste ya aparece mejor informado. Mas á pesar de ello, 
¡cuántos errores, qué confusión y qué falta de orientaciones en la 
marcha de nuestra Arquitectura! ¡Qué superficial examen ó que des- 
conocimiento de los monumentos! ¡Qué caos en las apreciaciones! La 
obra de Enlart es, en resumen, un intento apreciabilísimo y en él se 
nos reconoce, por vez primera, la beligerancia en la Europa monumen- 
tal; pero no servirá de mucho á los que persigan la marcha progre- 
siva de la Arquitectura española. 

Finalmente; entre las obras extranjeras relativas á nuestra arqui- 
tectura deben citarse dos casi exclusivamente gráficas: La Arquitec- 
tura en España estudiada en sus principales monumentos, por el arqui- 
tecto Max Junghandel, colección de vistas fotográficas con texto su- 

(1) Same account of Gothic Architecture in Spain; by George Edmund Street. 
London, 1869. 

La parte relativa A Cataluña ha sido traducida al catalán y publicada. 

(2) «Origiues de ¡'Architecture gothique en Espagne et en Portugal> (Bulletin 
Archeologique: 1894). — <0rigine8 de TArehitecture gothique en EBpagne> (Bulle- 
tin de VUnión syndicale des architectes frangais: 1896). — «Villard de Hounecourt 
et les Cisterciens» {Bibliotheque de l'Ecole des Chartes: 1895). — Manuel d'Archeolo- 
gie frangaise: 1904). 

(3) Histoire de l'Art depuis les premier s temps chretiens jusqu'a nos jours, 
publié sur la direction de Andró Michcl; Armaud Colín, París, 1905. 

3 



34 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



mario (en aleraán), de D. Pedro de Madrazo (Gilbers, Dresde), y Die 
Kirchliche Baukunst des Abendlandes, por Dehio y Bezold (Stuttgart, 
1901), copiosa serie de plantas y secciones do monumentos que com- 
pletan las de los Monumentos arquitectónicos de España. 



Tal es el arsenal de datos con que cuenta el que en la actualidad 
acometa la magna empresa de historiar la Arquitectura española. 
Sobre tan fuerte andamio puede intentarse construir el edificio confor- 
me álos procedimientos de la arqueología moderna. 

Vicente LAMPEREZ Y ROMEA, 

Arquitecto. 



Monumentos artísticos de Vizcaya. 



DOS PALABRAS 

Cualquiera que lea, ya las historias y publicaciones que acerca 
de las Provincias Vascongadas se han escrito especialmente, ya loa 
tratados generales y particulares que sobre la arquitectura cristiana 
en la Península Ibérica se han publicado, se formará idea pobre del 
arte religioso en el país vasco, no creerá que existan más que aque- 
llos monumentos hasta ahora conocidos, y muchos de ellos ni siquie- 
ra estudiados, que le causen pasmo y despierten nobles sentimientoa 
de profunda estimación, su espíritu se llenará de tristeza al notar la 
escasez de fábricas cristianas y artísticas en la región vascongada, 
sobre todo en Vizcaya, al contrario que en el resto de España, donde 
se admiran suntuosísimas obras erigidas por los Césares, sencilloá 
restos de la monarquía asturiana, bulliciosas lacerías y prodigiosas 
alharacas del voluptuoso arte oriental, lóbregas y sombrías iglesias 
del románico-bizantino, esbeltas y atrevidas fábricas del ojival, ge- 
niales y ostentosas del plateresco, clásicas y majestuosas greco-ro- 
manas, caprichosas y delirantes del churriguerismp. 

Mas no se desaliente y embargue su ánimo; deseche la melanco- 
lía y la tibieza, justificadas por tal creencia; la ignorancia y el indife- 
rentismo, motivados por tal escasez, y visite los monumentos que es- 
tán clamando un investigador que los saquen del abandono en que 
yacen y del olvido en que se les tiene; dígnese contemplar los que 
subsisten aún sobre pintorescas colinas, en amenísimas vegas y fron- 
dosas hondonadas, para convencerse del florecimiento artístico en el 
país vasco en aquellos tiempos posteriores á la irrupción de los bár- 
baros del Norte y de la invasión sarracena; entre en aquellos sagra- 
dos recintos para que renazca el debido entusiasmo, enalteciendo las 
bellezas petrificadas en aquellos restos de antigua grandeza, y estu- 



86 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



die con amor é indecible constancia las marcas indelebles, impresas 
en las esbeltas portadas, caprichosos capiteles y hermosos ventana- 
les, pues si, como dijo el Marqués de Monistrol, «la arquitectura ha 
sido la traducción plástica del pensamiento humano, y siempre sus 
líneas han escrito sobre la superficie de la tierra la historia de los 
pueblos» (1), allí verá traducido el desarrollo del arte arquitectónico 
de la intrépida Vasconia al asociarse á las demás regiones de la Pe- 
nínsula que la prestaron apoyo al establecerse en el país eúskaro; 
allí verá escrita la influencia poderosa que la religión de Cristo ejer- 
ció en la civilización de los vascos, religión que se mantiene firme y 
constante en el corazón de los hijos de Aitor; allí verá impresa la 
huella destructora de las feroces é inhumanas luchas fratricidas, 
pequeñas al principio de la Edad Media, más terribles y sangrien- 
tas al alborear el Renacimiento; allí verá manifiesta la acción de- 
moledora de los elementos de la naturaleza, la ignorante despreocu- 
pación de los hombres y el deplorable abandono en que han estado 
aquellas «páginas de piedra», como las llama el escritor vasco señor 
Lecanda. 

SANTA MARÍA DE GALDÁCANO 

El viajero que, yendo desde Bilbao á Durango, se detenga en la 
anteiglesia de Galdácano, distante nueve kilómetros de la capital 
vizcaína, y extienda su vista por la falda meridional de la sierra de 
Ganguren, verá entre varios caseríos, comparados por el autor de los 
cuentos Color de rosa á una bandada de palomas que se posan sobre 
el verde, asentada sobre tupida planicie, un vetusto é infelizmente 
abandonado edificio (2), muy digno de estudio de artistas y arqueólo- 
gos, dominando con majestuosa mirada la extensa cuenca del río 
Nervión, destacándose la graciosa silueta de sus quebradas líneas del 
fondo de la sierra, distinguiéndose frondosa hiedra que, colgando de 
los esbeltos canecillos, cubre la sencilla fachada del Poniente. Si- 



(1) Discurso leído en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 10 
de Agosto de 1868, pág. 14. 

(2) Desde el 9 de Agosto de 1896, en que se inauguró la nueva iglesia parro- 
quial de Qaldácano, ha quedado relegada la antigua iglesia á la condición de una 
ermita en despoblado y á merced de la inclemencia del tiempo. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 37 



guiendo el camino real llégase al cruce de dos caminos, el que va á 
Durango y otro que llega hasta el pórtico de la iglesia antigua de 
Santa María, como la llaman los vecinos de Galdácano. Rodéala por 
Levante y Poniente una calzada que parece ser el itinerario de los 
peregrinos que transitaban á Santiago de Compostela, pasando antes 
por Larrabezúa, villa del tradicional árbol de Arechabalagana; cir- 
cúndanla seis caseríos, cuyos moradores rinden culto á la veneran- 
da y bizantina imagen de la Madre de Dios, colocada en uno de los 
lados del plateresco retablo (1). 

BOSQUEJO HISTÓRICO 

I 

Antes de dar principio á la descripción del venerando templo de 
Santa María de Galdácano, «verdadera epopeya religiosa escrita en 
laboriosas piedras sillares» , según frase del mencionado escritor feli- 
pense Sr. Lecanda, creo conveniente hacer un ensayo histórico de la 
arquitectura cristiana en Vizcaya, no estudiado hasta ahora (2), para 
determinar la época y caracteres del tiempo en que fué construida 
tan interesantísima obra, único camino posible para salir de la con- 
fusión en que nos encontramos; pues respecto á los monumentos cris- 

(1) El pueblo de Galdácano tributa homenaje á su antigua Patrona en su pri- 
mitiva iglesia, el día de la Natividad de la Virgen y el día de Animas. 

(2) El Sr. D. José Amador de los Ríos, en varios artículos que con el epígrafe 
de «Estudios Monumentalos», «Las Provincias Vascongadas», publicó en la Revista 
de España, números 80, 81, 83, 85 y 87 del tomo XXII, estudia los caracteres de 
las construcciones cristianas en el país vasco, describiendo y analizando particu- 
larmente las iglesias de San Andrés de Armentia v Santa María de Estlbaliz (Ala- 
va), de las que escribieron concretas monografías D. Manuel Díaz de Arcaya y el 
Académico D. Sixto Mario Soto; del templo de Idiazabal (Guipúzcoa), y no Villza- 
bal como la llama el insigne arqueólogo; da á conocer también la Cruz Domini- 
cana de Durango; los sepulcros y enterramientos de San Pedro de Tavisa, en Du- 
rango; del de Herrán, en Orduña; de los de Vélez de Guevara, de San Miguel de 
Oñitte; del de Don Rodrigo de Mercado y Zuazola en la misma iglesia; del de Pe- 
ro Martínez y de D. Diego de Álava y Esquivel en la parroquia de San Pedro, en 
Vitoria. De los monumentos vizcaínos ^ólo menciónalos más notables. 

El único que se ha ocupado tanto de las construcciones religiosas como civiles de 
Vizcaya ha sido el ilustre Superior de la Congregación del Oratorio de San Felipe 
Neri, de Alcalá de Henares, Rdo. D. Juan José de Lecanda, en diversos y acertados 
artículos que ha publicado en el diario de Bilbao El Nervión con el título de «Pá- 
ginas de Piedra de la Historia de Vizcaya», dándonos á conocer sus impresiones de 
viaje, hechas ;\ los monumentos que ligeramente describe. 



88 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



tianos vizcaínos de todas las edades, sólo leemos en los historiadores 
indicaciones siempre indeterminadas y vagas, sin apreciaciones del 
mérito de tales obras y muchísimo menos de la analogía con monu- 
mentos de otras regiones que nos indiquen los signos determinativos 
que nos puedan ilustrar en el conocimiento ó fin que tuvieron los 
constructores al proyectar tan valiosas fábricas, notándose las defi- 
ciencias que Caveda nos manifiesta acerca de los cronistas del 
siglo XVI. En este modo somero y vago de juzgar los monumentos 
cristiano -vizcaínos no existen desaveniencias ni criterios distintos, 
excluyendo el tamoso ídolo de Miqueldi, en Durango; la caprichosa 
capilla de San Miguel de Arrechinaga, en Marquina, y los curiosos 
Sepulcros de Arguineta, en Elorrio (1), de los que se han escrito tan di- 
ferentes juicios acerca del origen de tales construcciones. 

II 

¿Cuándo tuvo origen y fundamento el arte cristiano en Vizcaya? 
Rin duda alguna cuando fué predicado el Evangelio en esta región y 
fué abrazada la nueva Ley por los hijos de Euskeria. Y ¿cuándo se 
introdujo el cristianismo en Vizcaya? Asunto es este de suma impor- 
tancia y de difícil solución, que ha motivado diversos pareceres en- 
tre los que han desarrollado tan vasta materia. Domínguez y Ben- 
guria (2) remonta los orígenes de la religión cristiana á los primeros 
siglos del cristianismo, aduciendo «el hecho incontrovertible de no 
contarse en el martirologio español mártir alguno sacrificado en el 
territorio comprendido en las Provincias Vascongadas», contra «las 
repudiadas teorías de los muy habilitados literatos, que no han tenido 
embarazo en manifestar que los habitantes de este país vivían aisla- 
dos, incomunicados, sumidos poco menos que en la barbarie, han 
considerado como refractónos y hasta indignos de alcanzar la inte- 
ligencia de la moral de Jesucristo». El Sr. Labayru sostiene que 
«hasta principios del siglo V puede decirse que Vizcaya no empezó á 
ser cristiana, y su cristianización bastante completa á fines del VI» (3), 

(1) Nuestro amigo D. Darlo Areitio, ilustrado Bibliotecario de la Diputación de 
Vizcaya, publicará en breve una extensa Monografía acerca de estos sepulcros. 

(2^ Jnun Bermen. — Fastos Históricos y Defensa de laM. N. y M. L. Villa de 
Bermeo..., por Santos Domínguez y Benguria; t. I; Paraná, 1902, pág. 84. 

(8) Historia general del Señnrin de Vizcaya, por ol prrflhftero Estanislao I. de 
Labayru, 1«95, t. I, cap. XV. 



Boletín de la Sociedad Española de Excur$ionts. 39 



negando «la autenticidad de la sierva de Jesucristo «Vilella», que 
murió en Vizcaya en el año 77 de nuestra Era», que defienden el Pa- 
dre Henao y Floranea. Fantástica nos parece la opinión de los seño- 
res Amador de los Ríos (1), Cánovas del Castillo (2) y Cénac de Mon- 
caut (3), y de otros historiadores, de que hasta muy entrada la Edad 
Media no se difundió el cristianismo en la región vasca, fundados en 
la carencia absoluta de monumentos cristianos de remotas épocas; 
pero la opinión más razonable y conforme con los principios de sana 
crítica nos parece la del erudito cronista de las Provincias Vascon- 
gadas Sr. Echegaray (4), á quien sigue Díaz de Arcaya (o), «de que 
la fecha en que la inñueiicia bendita del cristianismo comenzó á irra- 
diar sobre los euskaldunas, puede remontarse nada menos que hasta 
el siglo III de nuestra Era». No carece de fundamento «que el cris- 
tianismo tardó mucho en ser la religión de los vizcaínos, después que 
Santiago, y acaso también San Pablo, lo predicaron en España», sos- 
pecha del Sr. Lecanda por «lo abrupto é impracticable entonces de 
los bosques de la Euscalerría, lo inaccesible de las montañas, la hos- 
tilidad de sus pobladores á recibir influencia alguna de extraña domi- 
nación é imposiciones de ningún género, y el apego entrañable ásus 
costumbres y á sus creencias religiosas» (6). «Las cristiandades for- 
madas por San Saturnino y San Honesto en Navarra, y por San Pru- 
dencio en el territorio que hoy donorainamos la Rioja, y por San 
León en la Aquitania, debieron ser la base de partida para la predi- 
cación en Vizcaya de la religión de Jesucristo», prosigue el mismo 
Sr. Lecanda. 

Que el origen del cristianismo en Vizcaya se remonta á la tercera 
centuria de nuestra Era, se deduce de las razones ya aducidas por 

(1) Estudios Monumentales y Arqueológicos arriba citados. 

(2) Introducción de D. Antonio Cánovas del Castillo á la obra <Los Vasconga- 
dos^ su pais, su leyígua, por D. Miguel Rodríguez Ferrer; Madrid, 1873. 

(3) Histoire des peuples et des Etats Syrénééns, por Cénac de Moncaut. 

(4) Introducción del Cristianismo en el Pais Vasco. Conferencia de D. Carmelo 
de Echegaray, leída por el autor en el salón de Actos del Instituto de Guipúzcoa 
el día 30 de Septiembre de 190^; San Sebastián, 1905. -También ba tratado este 
asunto el ilustre cronista en su obra Las Provincias Vascongadas á fines de la 
Edad Media, pág. 47, 73 y 74. 

(5) Armentia, su Obispado y su Basílica de San Andrés, por Manuel Díaz de 
Arcaya; Vitoria, 1901, pág. 39. 

(6) Páginas de Piedra de la Historia de Vizcaya, por D. Juan José de Lecan- 
da. Suplemento Literario de El Nervíón del 17 de Enero de 1898. 



40 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



escritores de gran autoridad. «Se sabe por innegable documento — dice 
él Sr. Díaz de Arcaya — , que ya en 312, en tiempo de Constantino el 
Magno, existia Obispado en Calahorra, pues este Emperador hizo al 
Obispo de Calií horra sufragáneo del de Tarragona. No hay porqué 
esforzarse en hacer ver que los Obispos de Calahorra, con el celo 
propio de aquella época, mandarían sacerdotes á todas las regiones 
contiguas para propagar la santa doctrina del Crucificado» (1). 

No basta atender al estilo arquitectónico de las construcciones 
hasta hoy conocidas ó de los restos de otras anteriores que aún se 
conservan, «manía que lleva por lo común al absurdo» (2), según 
frase del P. Fita. Visítese iglesia por iglesia, ermita por ermita, ca- 
serío por caserío, seto por seto, y entonces podrá afirmarse con cono- 
cimiento de causa la carencia absoluta de construcciones cristianas 
anteriores á la época de los siglos medios. «Si al extremo de España, 
que podemos llamar último por ser el menos concurrido y el más 
agrio — continúa el insigne epigrafista — iluminaba la fe valientemente 
en los días de Diocleciano, ¿cómo ha de parecer imposible esto mismo 
en la Vasconia y Vardulia, cruzadas por vías militares, erizadas de 
puertos ó emporios de nuestro comercio oceánico con la Galia y am- 
bas Bretañas?» «Sí ya por el año 270 se internábanlos propagadores 
de la ley de Cristo — dice nuestro ilustrado amigo Sr. Echegaray en la 
citada Conferencia — hasta lo más fragoso de Asturias, según consta 
de descubrimientos arqueológicos..., los que llegaban hasta la astu- 
riana Corao bien podían llegar también á los valles de Iraurgui y de 
Marquina, de Guernica y del Vidasoa; pues si quebrado era el país 
vasco y difíciles los medios de comunicación, no menos practicables 
eran los desfiladeros que separaban á Asturias del resto del mundo». 
¿Qué nos ha transmitido la tradicional devoción á los santos mártires 
calagurritanos Emeterio y Celedonio, y los santuarios levantados en 
su honor, ya el erigido en Larrabezúa, ya en otros pueblos, sino las 
relaciones que desde los primeros tiempos del cristianismo debieron 
de existir entre los que vivían á orillas del Ebro con los de los abrup- 
tos bosques de Vizcaya? Por no permitirlo el fin de nuestro trabajo 
no aducimos más razones y las que han formulado los eminentes es- 

(1) Armentra..., pág. 43. 

(2) Carta del P. Fita A Mané y Flaquer. fochada en 18 de Enero de 1877. Véase 
El Oasis, tomo III, pág. 320 y siguientes. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 41 



critores que han estudiado á fondo el origen y desarrollo del Evange- 
lio en el país vasco. 

m 

¿Qué monumentos existen en Vizcaya de los primeros tiempos de 
la Iglesia? Por desgracia, ni vestigio, ni señal alguna, ni memoria que 
nos sirva de norma para adivinar el estilo á que se sujetaron las pri- 
meras construcciones, las que primeramente, según Labayru, «fueron 
pequeñas ermitas que, colocadas por lo general en los picos ó en los 
espesos bosques de los remansos y estribos de las alturas, congrega- 
ban de cuando en cuando á los fieles desparramados en varias leguas 
al contorno (1). Estas ermitas serian fábricas modestísimas de made- 
ra, toscas y pequeñas, ya que la pobreza del país no permitiría gas- 
tos cuantiosos en tales construcciones, no sólo en los primitivos tiem- 
pos de la religión cristiana en Vizcaya, sino aun en la Edad Media, 
cuando se levantaban edificios civiles y religiosos endebles, como 
hemos visto en bastantes iglesias y ermitas sobre todo, construidas 
algunas en el siglo XV, cuya techumbre es de madera y las paredes 
de simple mamposteria. 

Muestra ruda son la humildísima parroquia de San Miguel de Ele- 
jabeitia en el valle de Arratia, la ermita de San Cristóbal del barrio 
de Iturreta (Marquina) (2) y la parroquia de Santa María Magdalena 

(1) Historia de Vizcaya, tomo I, cap XL.— Iturriza en bu Historia de Vizcaya 
pág. 64, opina que los vascos tdespués que abrazaron el Santo Evangelio fueroi 
edificando las parroquias en las barriadas ó cofradías de casas que estaban esparci 
das por las montañas, eligiendo los parajes solitarios y eminentes..., y después fue 
ron algunas de ellas suprimiendo y otras trasladadas A los llanos y parajes más co 
municados». En una nota añade: <No se fundaron éstas (las parroquias) en los lu 
gares hasta el año 400, y en las ciudades hasta el 1110, según lefiere D. Manuel 
Arna de Lara al folio 25 de la Descripción breve de España , y según lo decretado 
en el Santo Concilio Africano, celebrado el año de 403, no se podían fundar donde 
no hubiese cuerpo santo ó reliquia, á quien se dedicaba, mandando se derribasen 
las que estaban sin reliquia. En el canon 38 del Concilio cuarto Toledano, celebra- 
do el ano de 633 con la concurrencia de los Prelados de todas las provincias de Es- 
paña, se estableció, que si los fundadores de iglesias, ó sus hijos, llegasen k verse 
en necesidad, fuesen alimentadas por ellos». 

(2) Según escribió el vascófilo inglés Edward S. Dodgson (véase El Nerrión, 14 
de Septiembre de 1906) en ima visita que hizo á la citada ermita, hace observar la 
original bóveda de estilo ojival en el siglo XV, construida de madera, tal vez única 
en Vizcaya. Es curiosa la inscripción que leyó tan ilustre epigrafista en una piedra, 
que en forma de pera está colocada en el dintel de la puerta occidental de la ermi- 
ta de San Cristóbal, inscripción atribuida por Mr. Dodgson al siglo X y que debió 



42 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



de Arrigorriaga, que algunos creen sea fundada en el siglo IX. «Se 
sabe por documentos, que visitando la villa de Durango el Rey Enri- 
que IV en 1457, al observar el Monarca castellano la pobreza, ruin- 
dad y fragilidad de la mayor parte de las casas de Durango, dijo que 
su suerte estaba en manos de un loco; fatídica profecía que tuvo su 
cumplimiento un siglo después» (1). Por lo tanto, nada tiene de ex- 
traño que después desaparecerían, ya por la acción destructora del 
tiempo y ya por el abandono en que quedarían al ser trasladadas á 
otros lugares ó al construir fábricas más suntuosas, cuando el arte se 
desarrolló con todo vigor. 

¿Cuál seria el estilo de aquellas primeras y sencillas construcciones 
cristianas de Vizcaya, cuando en el resto de España se levantaban san- 
tuarios en honor de los primeros mártires ó se conservaban los construí- 
dos bajo la dominación romana, de los que aún quedan restos, como 
la Basílica visigótica de San Juan de Baños y la parroquia de Vara- 
ba (Valladolid), y otras innumerables que cita Caveda? Los vizcaínos, 
por el penoso esfuerzo en defender su independencia de la monarquía 
visigoda y su libertad de la tiranía mulsumana, por su hostilidad á 
recibir influencia extraña á su país y por el profundo apego á sus 
costumbres, no pudieron improvisar una arquitectura. «Este arte 
— como dice Caveda — necesita para formarse y crecer, no sólo de 
grandes recursos, sino de la creencia y la opinión de un pueblo. Con 
ella nace y se robustece, y con ella únicamente varía sus formas y 
adquiere un nuevo carácter» (2). Si los hijos de Aitor carecían de gran- 
des recursos, según indicamos anteriormente, si sus creencias y opi- 
nión eran distintas de las de los demás habitantes de la Península, 

de pertenecer aun edificio más antiguo, según opina el mismo escritor Estu ins- 
cripción, que no la publicó el Sr. Labayru, dice así: IN NOMINI (Donnni)—EGO 
GUITERI- CU DUMERISMUNIO PRESUITER— FECO ECTO ME XP. Termina 
con el monograma griego de Cristo Por pareceise esta inscripción á otras de Aba- 
diano y de Sengoitia, creemos sea la piedra una lápida sepulcral, fundándonos en 
que casi todas, sino todas las lápidas medioevales que existen en Vizcaya, tienen 
las palabras EGO FECI. Al lado de las palabras de tan curiosa lápida, dice Dodg- 
son, hay grabados místicos: «Un sacerdote en eu casulla; una cruz dentro del orbe; 
el serperte adujado (símbolo de la eternidad), y abajo dos dagas, una envainada y 
la otra expuesta y entre sus manos un globo. > 

(1) Apuntamiento para an Compendio Historial de la M. N. Villa de Duran- 
go y memoria de sus hijos más ilustres, por D. Camilo de Villavaso. Trabrijo pre- 
miado con Accésit en las fiestas eúskaras celebradas en Durango en Julio de 1886 

(2) Ensayo histórico sobre los diversos géneros de arquitectura, por D. José 
Caveda, pág. 96. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 43 



estarían exentos de la cultura artística que reinaba fuera de Euske- 
ria, deduciéndose que sus fábricas cristianas no tendrían el carácter 
arquitectónico de las construcciones de las provincias situadas al 
otro lado del Ebro. Cuando recibieron los vascos á los que, huyendo 
de la irrupción agarena, se refugiaron en su país, y los ministros de 
Cristo les inculcaron la Ley nueva, entonces, dando mano á sus creen- 
cias y no negándose á recibir la cultura que les hiciese comprender 
la necesidad de acomodarse á su carácter, entonces, repito, se des- 
arrollaría el arte arquitectónico en todas sus manifestaciones. «En 
tiempo de la irrupción agarena — dice el historiador vasco Sr. Labay- 
ru — es cuando Vizcaya tuvo notorio desenvolvimiento y progreso 
feliz en su vida religiosa y social, y con lo que menos podía esperar- 
se se robusteció la fe y salió de su situación comprimida... Enlazados 
muchos de los refugiados con hijas de Vizcaya^ se consolidó la unión 
de los advenedizos con los naturales y constituyeron una patria co- 
mún» (1). 

Esta unión no dejaría de comunicar el carácter, las costumbres y 
cultura de los «prófugos á la rústica hospitalidad euskalduna», según 
frase del citado historiador, álos moradores de Vardulia, quedando es- 
tablecida entre unos y otros estrecha é íntima alianza. Desde enton- 
ces las ermitas pobres, sin ornatos y de reducidas dimensiones, erigi- 
das en las montañas del país vasco, se suprimen ó trasladan á los 
valles, donde se levantan iglesias enriquecidas con los ornatos del 
arte que tan estimadas conquistas había conseguido en otras regiones 
allende la Vasconia. ¿Cuáles fueron estas iglesias? No damos crédito 
á la rectificación que D. Ramón de Echezarreta publicó á un artículo 
del Sr. Lecanda sobre la iglesia de San Pedro de Tavira en Durango, 
de «que por tradición digna de asentimiento firmísimo, puede remon- 
tarse la fundación de dichí) templo á remotos tiempos, á las postri- 
merías de la dinastía visigótica, y que lo fundó Andeca, primer señor 
de Vizcaya» (2), cuando nada queda, según hemos visto, del actual 

(1) Historia general de Vizcaya^ tomo I, cap. XL. 

(2) Suplemento de El Nermón, 31 de Enero de 1898, cap. V de las Páginas de 
Piedra, del Sr. Lecanda. 

Delmas en su Guía Histórico- Descriptiva de Vizcaya, Bilbao, 1864, pág. 190, 
cree sea San Pedro de Tavira «el primer templo de la religión cristiana dentro del 
territorio vizcaíno», anotando fué fundado por Andeca, que murió en la desgra- 
ciada batalla del Rey Don Rodrigo en el año 714, según afirman las crónicas, cuan- 
do 8c duda de la autenticidad de estas crónicas. 



44 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



templo de su primitiva fundación, y muchos historiadores niegan la 
existencia de tal Andeca. Uno de los edificios religiosos que puede 
ser como resultado de la unión entre vizcaínos y moradores de la Es- 
paña central es la iglesia de Castillo {Gaztelu en vascuence), de Ele- 
jabeitia; anteriormente fué casa torre construida por D. Fortunio 
Martínez de Zamelzu y D.* María Iñíguez de Elejabeitia su mujer, 
en el año 869; iglesia de traza singular, cuyo examen deja perplejo 
acerca de su origen. El Sr. Lecanda (1) encuentra analogía en su tra- 
za con gran número de edificios mudejares que existen todavía en 
Castilla, «pero que no creo — escribe el ilustre Filipense — que tengan, 
fuera del ejemplar á que aludo, similar alguno en el país vizcaíno». 
El antepecho del coro, los caprichos y variados canecillos muestran el 
corte y traza de las celosías de los edificios árabes, que no se compa- 
ginan con el ingreso al templo, cuya puerta es ojival, notándose dos 
estilos, tan distantes unos de otros; como he visto en la mencionada 
iglesia de San Pedro de Tavira,de marcado acento ojival en su alzado, 
ventanas, columnas y puertas de ingreso, y el antepecho del coro de 
madera, descansando sobre maderos, cuyas cabezas, como los modi- 
llones que corren por la parte baja, tiene parecido á los dibujos que 
forman las lacerías mudejares, además de los arcos de herradura que 
están entre la cornisa y de los canecillos. No nos atrevemos á asegu- 
rar que tan extrañas y singulares trazas de dichas iglesias pertenez- 
can á la época de la arquitectura árabe, aunque ésta sea exótica en 
el país vasco y contraria á la historia y costumbres eúskaras, ni re- 
chazamos tampoco que sean obras importadas por los constructores 
de otras fábricas levantadas en Castilla y otras provincias de España 
después de la dominación mulsumana, mientras no se aclaren las 
dudas del origen de tales santuarios. 

Hasta el siglo XI no consta la fundación ó existencia de edificios 
religiosos en Vizcaya, cuando «el Duranguesado y el resto de la pro- 
vincia tuvo relaciones con los Reyes de Pamplona, sugeridas por la 
calidad de sus señores, que fueron magnates del reino, y por la fra- 
ternidad y la simpatía entre ambas nacionalidades de una misma 
raza», según explica el Sr. Labayru (2). Por las escrituras de dona- 
ciones se citan desde 1051 las iglesias de Santa María de Axpe de 

(1) El Nervión, Suplemento Literario, 10 de Abril de 1899. 

(2) Obra citada, tomo II, pág. 7y. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 45 



Busturia, donada, juntamente con la Decanía y Priorato de Bareizi, 
por los señores D. Iñigo López y D/' Toda, al Obispo de Armentia, 
D. García, pasando á su muerte al monasterio de San Millán de la 
Cogulla (1); la de San Agustín de Echevarría, fundada en 1053 por el 
Conde de Durango, D. Munio Sánchez, y su mujer, D.^ Leguncia; las 
iglesias de Munguía, la de San Miguel y Santa María de Bermeo, la 
de Mundaca, Guernica y Luno (2), las de Garay, Cenarruza, Abadia- 
no, San Martín de Jurreta, San Vicente de Ugarte de Múgica, Bolibar, 
Aránzazu, Munitibar, Echano y Santurce, y otras que designa La- 
bayru, según escrituras registradas, atribuyendo la fundación de ta- 
les iglesias á los caballeros vizcaínos de más representación en el Se- 
ñorío, y no conservándose vestigios de tales iglesias, cuyo estilo no 
dejaría de ser el que imperaba en las próximas comarcas del Medio- 
día de Francia, de Navarra y de la Rioja, puesto que en muchas de 
dichas iglesias fueron donadas, ya al monasterio de San Millán de la 
Cogulla ó de Santa María de Nájera,ya al de San Juan de la Peña (Ara- 
gón) ó de Oña. Aunque no existieran por entonces en Vizcaya mon- 
jes ni monasterio (3), los arquitectos ó constructores de los templos 

(1) R. Rico, España Sagrada, tomo XXXIII, pág. 244. 

(2) El P. Fita publicó en el tomo III del Boletín de la Academia de la Histo- 
ria, 1S83, pág. 202 y siguientes, un documento latino, copiado de un facsímile 
del siglo XVI, hecho del original quo existió en el archivo de San Agustín de Elo- 
rrio. Labayru reproduce íntegro el texto latino; Iturriza y Llórente en castellano; 
el documento es de 1053, Era 1091, firmado por Don García, Rey de Pamplona y 
Álava. De este documento parece deducirse que la iglesia de San Agustín de 
Echevarría, que edificaron D. Munio y D.* Leguncia, fué monasterio, y no debe en- 
tenderse así; como dice Labayru, y está en lo cierto, «en Vizcaya, la palabra mo- 
nasterio se aplicó á las igiesi.is parroquiales, y aun á las simples ermitas. A los pá- 
rrocos se les llamaba abades, de abba, abad, padre; además los clérigos ocupados 
en el servicio de estas iglesias vivían juntos, guardaban vida común. La clerecía 
ó Cabildo se formaba del abad, el cabeza ó jefe, y los demás beneficiados, llamados 
fratres, hermanos». Cita Labayru una información que vio en Elorrio, despachada 
en 1645, que principia: *Dentro del convento de la yg.* parroquial, casa donde ha- 
vittan los veneficiados de la congregación de dicha parroquia de S. Agustín de 
Echcbarria>, etc. Hasta el siglo XIII no existieron frailes, pues se tiene como pri- 
mer monasterio, fundado en Vizcaya, el de Santa María de la Merced, en Bur- 
ceña, que lo fué en 1283. 

(8) D. Félix de Pagarmínaga, en sus Memorias históricas, párrafo V, pági- 
nas 30 y 31, piensa sobre la situación de Vizcaya en la Edad Media, que «apenas 
se encuentran dentro de sus ámbitos algunos de los restos arqueológicos que sirven 
de documento para estimar la antigua cultura de los pueblos, ni hay siquiera en- 
clavado en sus términos monasterio alguno, cuando es sabido que la morada de los 
monjps fué en aquella edad el depósito de las letras y el archivo de )a Historia, y 
cuando tales recuerdos del florecimiento de la fe cristiana vemos que se levantan 



46 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



medioevales vizcaínos serían de aquellos monasterios que desde la 
segunda mitad del siglo XI produjeron un cambio completo en la épo- 
ca románica, aportando los elementos de la arquitectura de los mon- 
jes de Cluni, que extendieron sus casas por toda Europa, ó también los 
de la arquitectura de los Religiosos del Císter, de donde salieron ex- 
celentes artífices, y del influjo que las Cruzadas ejercieron sobre el 
arte occidental. 

Las escuelas cristianas, encerradas en los monasterios de San Sal- 
vador de Leire, de San Millán de la Cogulla y de Santa María la Real 
de Nájera, extenderi¿ui sus rayos luminosos á la Vasconia, cuyos Se- 
ñores simpatizaron durante largo tiempo con los Reyes de Navarra, 
donando á aquellos centros de saber y de virtud los edificios cristia- 
nos erigidos en el país del Señorío. Sólo un templo se conserva de la 
primera época del estilo románico en la agreste Vizcaya, débil refle- 
jo de aquel estilo: la ermita de San Miguel de Zumechaga, en Mun- 
guía, donde se encuentra, como describió el Sr, Lecanda (1), «el tipo 
de la bóveda de cañón y de las ventanas, aspilleras ó troneras abier- 
tas bajo arcos de medio punto sobre impostas y columnitas latino- 
bizantinas, que forman decoración abocinada ó abocardada, con 
flora más ó menos embrionaria». Si en los siglos XI y XII se levan- 
taron algunas fábricas cristianas, como las iglesias de Santurce (2), 
de Aránzazu y de Gueñes, ésta fundada por Martín Sánchez en tiem- 
po de D. Diego López de Haro el Bueno, de las que no quedan rastro 
ni vestigios, hasta el siglo XIII no empezó á desarrollarse la arqui- 
tectura en Vizcaya, como puede verse en los únicos ejemplares que 
hoy se conocen, cual son la suntuosísima iglesia de Santa María de 
Galdácano, que describimos y estudiamos más adelante, y la Cruz de 
Crutziaga en Durango, de la que dice el Sr. Lecanda que es «una sin- 

rauy cerca de los linderos dul Señorío, en Navarra, en Rioja, en Castilla la Vieja... 
Son de Castilla ó Navarra los monasterios adonde se encamina la piedad de los viz- 
cainos.» Lo que explica la cultura en aquellos tiempos de los habitantes de Vizca- 
ya, que si ahora se vanaglorian de haber defendido su independencia, deben lamen- 
tartse que su hostilidad motivó el retraso de las artes en su país 

(1) El Nervión, Suplemento Literario. Bilbao, 31 de Enero de 1898. 

(2) Últimamente se ha sustituido la portada lateral románica de Santurce, cu- 
riosísima por las impostas de flora bizantina y por los cuatrilobos mal pintados en 
el desarrollo de su arco ojivo túmido, con otra de estilo completamente anodino, 
soso é insípido, falto de todo espíritu y gracia, como ha hecho público nuestro ami- 
go Sr. Lecanda. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursionea. 47 



tesis de los dos Testamentos de la Santa Escritura, desde la prevari- 
cación de Adcán eu el Paraíso hasta el establecimiento de la Iglesia 
y la predicación evangélica por los doce Apóstoles» (1), monumento 
que por la armonía y concepción de las partes que la componen, por 
los caracteres especiales de sus figuras y la singular manera de eje- 
cución la llevamos con el Sr. Amador de los Ríos, Delmas y el citado 
escritor á los postreros años del siglo XII ó á los primeros del XIII (2). 

La aparición del arco ojivo en la obra religiosa de Santa María 
de Galdácano se desenvuelve, á pesar de las encarnizadas luchas de 
pendencieros banderizos que derribaron almenadas torres señoriales 
y algún templo cristiano (3), con más vigor en las señaladas funda- 
ciones de D.* María Díaz de Haro la Buena y otros notables edificios 
de Dios, atestiguando elocuentemente los esfuerzos artísticos de la 
señorial Vizcaya en levantar grandiosas fábricas para bien y pros- 
peridad del país, esfuerzos que se refiejan en las numerosas y rura- 
les ermitas, curiosas por los signos característicos que en algunas de 
ellas hemos visto, ya ventanas gemelas ojivales de peregrino aspecto, 
ya aspilleras adornadas caprichosamente. 

En la centuria XIV, lo mismo en toda la Península que en el me- 
diodía de Europa, llega á su apogeo aquella revolución artística que 
transformó el carácter de las antiguas ciudades y deja sentir su in- 
fluencia en Vizcaya, cuando sus moradores, asociándose á la cultura 
de los Monarcas de la Iberia central y arrastrados por la exigencia 

(1) El Nervión, Suplemento Literario; Bilbao, 28 de Febrero 18'.»8. 

(2) Aunque no existen restos de las iglesias vizcaínas de los siglos XI, XII 
y XIII, fuera de la de Santa María de Galdácano, encontramos citadas en los histo- 
riadores: La de San Emeterio y Celedonio de Lairabezúa, del siglo XI, fundada por 
los labradores censuarios de la comarca; la de San Vicente de Abando, fundada á 
fines del XII por el rebiznieto del primer Conde de Avala y D.^ Alberla Sánchez, 
D. Garci González; las de San Pedro y Santa Juliana de Abando, fundadas eu 124U 
y 1260, respectivamente, por D. Fernando de Abanto; la de San Miguel de Zalla, 
fundada en el XII por los señores de Ayala y Galiudo; la parroquial de San Vicente. 
de Baracaldo, fundada en el siglo XIII por D. Galiudo Retuerto, Lope Gonzales de 
Zorroza y el primogénito de la casa de Baracaldo, y la de Santo Tomás de Arrazua, 
del siglo XIII, fundada por el primogénito de la casa solar de Arrazua. reedificadas 
y ampliadas en las centurias décimasexta y séptima. 

(3) Prueba es la iglesia de Santa María de Muudaca, demoliJa en 24 de Junio 
de 1446 por Gómez González de Butrón por discordia y enemistad que tuvo con su 
dueño Ruiz Sánchez de Mundaca, según escriben Lope García de Salazar y el reli- 
gioso ftgustino P. Fr. Martín de Coscojales, citadas por Iturriza en su HUtoria de 
Vizcaya. 



4g Boleiin de la Sociedad Española de Excursiones. 



de un elemento educador, levantan suntuosos templos en medio de sus 
altivaciones. Así era como Orduña vio terminada la iglesia de Santa 
María; Bilbao logra contemplar, ampliado en 1379, el templo de San- 
tiago, muy bello por su planta, por el ábside perforado de graciosos 
arcos ojivales, por su hermoso triforio, por sus rosetones y ventana- 
les, elegante y originalmente calados, por su correcto claustro y por 
sus lindas portadas laterales del Ángel y del Pórtico. Bermeo empie- 
za en 1310 la notable iglesia de Santa María de la Atalaya, de la que 
no quedan vestigios (1); Durango ve transformada su primitiva igle- 
sia de San Pedro de Tavera; Larrabezúa ostenta reformada su iglesia 
juradera de puro y sencillo estilo ojival; Bermeo eleva Santa Eufe- 
mia con gallarda y correcta nave y el convento de San Francisco, 
fundado en 1377 por el Infante D. Tello y D.'' Juana de Lara y Haro; 
Valmaseda erige la típica portada de San Severino, de profusos ador- 
nos que engalanan los soportes; Portugalete recibe carta puebla 
en 1322 de D.* María Díaz de Haro para levantar la iglesia de la Asun- 
ción, que no construyeron sus moradores hasta el siglo XV (2), y Cena- 
rruza, al ser elevado á colegiata, su primitiva iglesia en 1380, cam- 
bia sus miembros arquitectónico-románicos por los del estilo crecien- 
te en aquel tiempo. 

En el siglo XV sigue su curso con mayor energía el impulso noble 
que fecunda la región vizcaína de otros suntuosos monumentos. Du- 
rante aquel insigne período en que los Reyes Católicos y los Reyes 
de Castilla procuraron dar cima á la Monarquía española, brillan en 
Vizcaya construcciones tan ricas como la de Santa María de Lequei- 
tio, reedificada de nueva planta desde 1488 hasta 1508, ostentando so- 
bria portada de numerosas arquivoltas, gallardos botareles y esbeltos 
remates, como también la de Santa María de Guernica, de sólidos mu- 

(1) Iturriga hace mérito de esta iglesia por 8U magnitud «que podia competir 
con las mejores iglesias de España. Su plano, continúa este historiador, es de figura 
de una cruz; tuvo tres naves, trece altares (fuera de otros que tenía antes de empe- 
zar á arruinarse), cinco capillas mayores y ocho menores, diez y seis panteones, un 
corredor admirable en su circunferencia con treinta y ocho tribunas de piedra are- 
uiza con varias labores y magnífico pórtico. En 1776 se le cayeron las bóvedas, por 
lo que no se ha celebrado Misa en ella desde el 9 de Febrero de 1781 en que se hizo 
la traslación de ornamentos, imágenes y demás alhajas á la iglesia de Santa Eu- 
femia. > 

(2) D. Rafael Ramírez de Arellano hizo uu estudio de esta iglesia, ampliada y 
modificada en las siguientes centurias, en el tomo IV, núm. 70 de este BolbtIn. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 49 



ros, de singular iriforio, i»dorníidos sus capiteles con cabezas de perso- 
nas nobles que cubre el retablo mayor, de pórtico más elegante, cons- 
truido por Sancho de Emparan en 1418, y de proporciones no tan sobe- 
rana como la lequeitiana (1), ambas de parecido carácter á las porta- 
das deSan Cernín y Ujué de Navarra. Gonzalo Moro, corregidorde Viz- 
caya, reedifica á sus expensas en 14101a iglesia juradera de Santa Ma- 
ría la Antigua, de Guernica, demolida en 1826 para sustituirla con la 
que hoy se alza; Bilbao levanta sobre los cimientos del antiguo alcázar 
el templo ojival de San Antonio Abad; Ondarroa empieza en 1462 la 
iglesia de Santa María con ornamentadas ventanas ojivales de la de- 
cadencia, con pináculo y cresterías adulteradas, pero sin carácter en 
el interior; Elorrio construye la atrevida y arrogante iglesia de la 
Inmaculada, y la villa de Bilbao erige el suntuoso templo del conven- 
to de San Francisco, que ha poco desapareció (2). 

' P. Pedro VÁZQUEZ, Agustino. 

(Continuará.) 

(1) Existe un documento en el Archivo del Ayuntamiento de Guernica que 
describe el sacrilego despojo que hicieron en 1470 las mesnadas del Conde de Sali- 
nas, que se dirigían á Hungría á socorrer á su hermano el Conde de Haro Incen- 
diaron el templo y arrebataron cuantos vasos sagrados, alhajas y ornamentos tu- 
vieron á la mano, dejando el Santuario del Señor en tan mal estado, que duraron 
sus obras hasta el año 1710. 

(2) Delmas, en su Guia del viajero de Vizcaya., pág. 301, dice de este templo: 
«El convento imperial de San Francisco... era una obra monumental y vasta. Altas 
bóvedas del gusto gótico, bellísimas capillas, hermosos claustros y gallarda to'rc 
componían la parte principal de este monumento cuyas ruinas subsisten todavía. 
Coa parte de su piedra se construyó el cuartel del Príncipe Alfonso, que se levanta 
sobre el camino real de Valmaseda.» 



^ 



Juan de 3urgos, pintor del siglo XV. 



Recordarán los lectores del Boletín que Mr. Herbert Cook dio 
cuenta en el mismo, entre otras pinturas españolas existentes en gale- 
rías particulares de Inglaterra (1), de una Anunciación formada por 
dos tablas de un díptico (2) propiedad de Sir Charles Robinson, con- 
servada en Swanage (Dorsetshire). Se reproduce hoy en la lámina 
que se acompaña. 

La importancia de esta obra recae y se fundamenta precisamente 
en la firma que tiene, y que dice así: Maistre Ju. de Burgos Pitor. 
El Sr. Cook, que conoce nuestra historia artística mejor de lo que su 
modestia le hace decir, pudo añadir á la noticia, con verdadera exac- 
titud, estas palabras: «Nada parece saberse de este Juan de Burgos», 
añadiendo: «Pero las tablas debieron pintarse hacia el año 1450». Ob- 
servación crítica, esta última, que tiene toda verosimilitud, aunque 
basada tan sólo en el examen estético-histórico de las tablas, que por 
lo demás, declara que son, conservando el marco dorado antiguo, de 
«efecto muy agradable». 

En efecto, nada parece saberse de Juan de Burgos. En el Diccio- 
nario de Cean Bermúdez solamente suenan tres «Burgos» artistas, 
uno de ellos mero bordador, aunque bordador de imaginería, en el 
siglo XVI (Pedro Burgos), y dos que fueron pintores, pero del si- 
glo XVII, ya avanzado (D. Francisco y D. Isidoro de Burgos y Man- 
tilla). Ni más, ni menos. 

El Conde de la Vinaza, en sus «Adiciones al Diccionario de Cean 
Bermúdez», por su parte, no cita ni un solo artista de apellido Burgos, 
en el tomo de la Edad Media ni en los tres tomos de la Edad Moderna. 

Es caso curioso el que se nos ofrece también con otra firma de 
pintor del siglo XV no menos desconocido, que al parecer debe leerse 

(1) V. año XV, 1907, pág;. 102. 

(2) ¿Pudieron ser las dos tablas en au origen, en vez de un fliptico, parte míni- 
uia de un gran retablo: por ejemplo, parte del cierre parcial de la espina ó ático, 
si no parte del guardapolvo de la batea? 



BOL. DE LA 50C. ESF. DE EXCURSIONES 



\ 

O 



TO/AO XVI 




Fototipia de Hnuser y Menet.—M ¡ídriil 

LA ANUNCIACIÓN 
Obra de Juan de Burgos 

COLECCIÓN DE SIR. CH. ROBINSON, EN SWANAGE (DORSETSHIRE, INGLATERRA) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 51 



Francisco de Burgos. Aludo á una obra inédita también —quiero de- 
cir, no reproducida — hasta que se publicó la fototipia de ella en nues- 
tro Boletín (1). Me refiero, como recordarán nuestros lectores, á una 
copia de arte del siglo XV — nó ciertamente del XVI — de la famosa 
Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla, teniendo la firma del 
pintor en letra alemana, con las siguientes abreviaturas: Fq° Bus. El 
veterano restaurador y benemérito excursionista D. Vicente Poleró 
tradujo sin titubear la letra, leyendo en ella Francisco Burgos, en el 
erudito estudio con que se acompañó la fototipia en las páginas de 
nuestro Boletín. Antes, en el nomenclátor ó «Noticia de los princi- 
pales pintores españoles con otros desconocidos», que publicó con mu- 
chas incorrecciones, pero con algunos nombres inéditos, en su Tratado 
de la Pintura en general, no aparece todavía ese nombre (2). 

El Sr. Poleró, que no sólo examinó sino que restauró la tabla (lien- 
zo sobrepuesto) á que nos referimos ahora — que era y es de la pro- 
piedad de D. Manuel López de Ayala — , cree que corresponde á «artis- 
ta aventajado de mediados del siglo XV», haciendo notar cuidadosa- 
mente las diferencias con la famosa pintura original, en especial la 
figura de la donadora, que es enteramente nueva, haciéndole pensar 
ciertas condiciones de estilo de la obra en algunos de los artistas ce- 
lebrados del siglo XVI. 

El mismo Sr. Poleró, y en nuestro propio Boletín (3), en un ar- 
tículo intitulado «Firmas de pintores españoles», dio el facsímile (con 
otros treinta ó cuarenta) de la firma del cuadro, y lo daba siempre 
como de un «Burgos (Franc.)», pintor del siglo XV. 

Lo es para mí indiscutiblemente; como es también del siglo XV el 
cuadro de la colección Robinson de que nos hemos ocupado primera- 
ramente; ofreciéndonos el uno y el otro, en obras bastante similares 
entre sí — por su mérito, no sobresaliente, y por su estilo — , una verda- 
dera y doble incógnita, la de saber quiénes serán ese Juan de Burgos 
y ese Francisco de Burgos, de los cuales no hacían mención alguna 
nuestros historiadores de cosas de arte. Tener solo de ellos dos sen- 
das obras firmadas, es tener mucho, pues es conocerles por su estilo, 
educación técnica y manera personal; pero ¿cuánto no convendría 

(1) V. t. IV, año de 18H6. ¡>ág. 57. 

(2) Tratado de la Pintura en general^ Madrid, 1«86, p. 237. 

(3) V. t. V, año 1897, pág. 22, 



52 Boíeiin de la Sociedad Española de Excursiones. 



hallar en los archivos la memoria documental que á dicha noticia 
monumental hiciera alguna referencia? Desde luego se piensa en Se- 
villa, por ser copia de la Virgen de la Antigua de su Catedral, el cua- 
dro de Francisco de Burgos: en Sevilla ha habido escrutadora inves- 
tigación de los archivos, gracias á D. José Gestóse Pérez. 

Se piensa también en Burgos, pues es probable que fueran hijos 
de Burgos (si no eran ya hijos de hijos de Burgos, ó hijos de nietos de 
burgaleses) los dos maestros que en la clase menestral del siglo XV 
no es probable que trajeran de abolengo un verdadero apellido fa- 
miliar consolidado: en Burgos, en el archivo catedralicio al menos, 
hubo también investigación escrutadora, gracias al canónigo D. Ma- 
nuel Martínez y Sanz. 

Creeré que Mr. Herbert Cook no tenía revisados los libros de 
Gestóse y Pérez y Martínez y Sanz cuando dijo que «nada parece 
saberse de este Juan de Burgos»; pero lo mismo hubiera dicho después 
de revisarlos. Ni en el Ensayo de un Diccionario de los artífices... de 
Sevilla, del Sr. Gestóse (ano 1899 y 1900), ni en la Historia del Templo 
Catedral de Burgos (año 1866), del Sr. Martínez, que contienen colec- 
cionadas papeletas, uno y otro libro, referentes á todos los pintores de 
que hallaron noticia, se mencionan los nombres de Juan de Burgos 
y Francisco de Burgos. 

No los hallo en ei libro de Gestoso entre los pintores, ni tampoco 
entre los escultores, imagineros é iluminadores, oficios que no siempre 
andaban separados. No doy tampoco con ellos en el libro de Martínez 
y Sanz entre los pintores, los escultores, ni entre los arquitectos si- 
quiera; pero sí hallo aquí una referencia entre los iluminadores. 

Reducida la referencia á lo siguiente. Habla en general el Sr. Mar- 
tínez y Sanz de los «Escritores de libros de coro», — pues en realidad 
no tiene lista aparte referente á los iluminadores — , y la encabeza, 
según el orden cronológico, que es el que sigue, con estas líneas: 
«1498 = Antonio: escribió unos invitatorios»; y enseguida: «1498 = 
Juan de Buügos: hizo unas letras é iluminación en los invitatorios, 
que escribió el anterior». En nota las referencias al archivo: Libro 40 
(según el tecnicismo del xirchivo libro es cosa distinta de volumen, de 
Registro, etc.) folios 139 y 39 respectivamente (1). Ni más, ni menos. 

(i) V. Dr. D. Manuel Martínez y Sanz, Historia del templo Catedral de Burgos, 
escrita con arreglo á documentos de su 4rc/iii;o.— Burgos, 1866, p. 232. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 53 



La identidad de persona entre el Juan de Burgos, de las tablas de 
Mr. Robinson, y el Juan de Burgos, iluminador en Burgos en 1498, no 
puede aceptarse como probada, aunque sí como verosímil. El ser tan 
común el nombre de Juan, y tan grande la posibilidad de que, en espe- 
cial fuera de Burgos, se llamaran Burgos de apellido los artistas bur- 
galeses, es consideración que debe tenerse presente. En la misma ciu- 
dad, tomar el nombre de ella, como lo hizo el iluminador de 1498, ya 
es más significativo; y si las tablas de Mr. Robinson procedieran de 
lugar conocido, y fueran de tierra burgalesa, la hipótesis de la identi- 
dad de los dos homónimos ya tendría algunas probabilidades, no obs- 
tante ser el estilo de las tablas demasiado arcaico para referido á 1498; 
aunque al fin los iluminadores han solido ser muchas veces más tradi- 
cionalistas ó arcaizantes que los pintores. 

Pudo también, es verdad, llamarse sólo fuera de la ciudad natal 
Juan de Burgos, quien en Burgos se oyera llamar Juan Sánchez ó 
Juan Fernández ó tomara en la ciudad nombre de pueblo próximo, 
quizá de calle. En Zaragoza, en el promedio del siglo XV, fué llama- 
do Pedro Juan de Tarragona el mismo gran escultor tarraconense que 
en Tarragona era llamado Pedro Juan de Vallfogona. Pero no hallo 
tampoco en Burgos, en el libro de Martínez y Sanz, otro Juan que el 
Juan de Burgos iluminador, salvo un pintor y escultor de 1427 llama- 
do Juan Sánchez de Fromesta, que entiendo no es verosímil que pueda 
ser el autor de las tablas de Robinson, porque Fromista es población 
de Falencia y no de Burgos, haciendo inexplicable esta circunstancia 
la dualidad de los apellidos Burgos y Fromista en la misma persona. 
D. Demetrio de los Ríos, arquitecto restaurador de la Catedral de 
León, examinó detenidamente el archivo y publicó muchas noticias 
inéditas en su monografía. Examinada con alguna atención una de 
sus páginas, creeré notar que agrupa mal en una sola persona dos re- 
ferencias documentales que bien pueden referirse á distintas perso- 
nalidades (1). Reduciendo á mejor lectura lo mismo que el texto dice, 
resulta que en 1420 un Maestre Juan, vidriero, vecino de Burgos, se- 
gún es de ver en un acuerdo capitular, trabajó en las vidrieras de la 
Catedral. Pero que los grandes trabajos de los vidrios no se empren- 
dieron, al parecer, hasta 1453, pues en el libro que comienza el 54, 

(1) V. D. Demetrio de los Ríos y Serrano. La Catedral de León. Monografía. 
Madrid, Biblioteca del <Resuraen de Arquitectura^ 1895, t. II, p. 222, y 1. 1, p. 149. 



54 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



desde 1." de Enero continúa abonándose salario, no pequeño, á un vi- 
driero que cocía los vidrios— siempre de noche — anotándose la fecha 
de cada recocción y las ventanas que trabajó. A este vidriero, en 1454, 
le sustituyó otro llamado Aniquin, es decir, un flamenco. Ahora bien, 
como desde 1454 á 1459 el Maestro Nicolás Florentin, conocidísimo 
pintor, aparece inspeccionando las vidrieras, saco yo en consecuencia 
que un Maestre Juan de Bargas que las inspeccionaba en 1452 es ve- 
rosímil que fuera pintor y no vidriero, y que fué persona distinta del 
otro Maestre Juan de Burgos, antes citado como vidriero en 1420-24, 
¡al íin habían pasado veintiocho años sin verle citado en los docu- 
mentos! (1) 

Tenemos pues en 1452 de inspector de las vidrieras leonesas un 
artista, probablemente pintor, llamado Maestre Juan de Burgos; y en 
Burgos mismo, en 1498, un pintor de iluminación llamado Juan de 
Burgos. Creeré imposible llegar á decir cuál de estos dos tiene títulos 
para que pensemos en identificarle con el Maistre Ju. de Burgos, 
de la firma de las dos tablas de San Grabriel y la Anunciada de la 
Colección Robinson. que como apéndice al estudio del Sr. Herbert 
Cook publica hoy nuestro Boletín; pero entiendo, con el Sr. Cook, 
que es más probable referirlas al ano 1450, añadiendo que en Burgos, 
en 1498, se pintaba ciertamente en estilo más flamenco, mucho más 
puro y con una incomparable mayor perfección técnica, y que Li 
importancia misma de la escultura burgalesa de los últimos decenios 
del siglo XV no nos permite pensar que corresponda á la misma 
época el díptico de la Anunciación. 

Todo lo cual rae lleva á tener por lo más probable que su autor 
fuera la misma persona que en 1452 iba desde Burgos á inspeccionar 
los trabajos de las vidrieras de la Catedral de León. 

Añadiré que del Francisco de Burgos firmante de la Virgen de la 
Antigua, de la colección del Sr. López de Ayala, no he encontrado 
hasta ahora ni siquiera el rastro de su nombre en los libros eruditos 
que he registrado al caso. 

¡La historia de nuestros primitivos todavía duerme yacente en 
nuestros archivos! 

Elias TORMO. 

(l) Que puede ser por cierto este líltimo el mismo vidriero Juan de que hal">lan 
los documentos burgalescs referidos al año U33. 



• LOS PRIMITIVOS CORDOBESES 

Pedro de Córdoba y 3artolomé 3ermejo 



Al finalizar en Italia el siglo XIII, la pintura se emancipa de la 
imitación servil y estéril del mosaico, y sigue la innovadora escuela 
del Giotto, que, sin apartarse de lo que á la sazón constituye el ideal 
cristiano, proclama la importancia de la forma, retrocediendo á la 
observación de la naturaleza, por largo tiempo olvidada. 

El nuevo arte abre dilatados horizontes y lo propagan por espacio 
de una centuria los Orgagna, Gaddi, Giottino, Spinelli, Juan de Me- 
lano y otros discípulos famosos del ilustre florentino, hasta el beato 
Angellico, alcanzando nuevos triunfos, los cuales, sin traspasar la 
sencillez cristiana, contribuyen al esplendor de la religión; pero ava- 
sallado en el siglo XV por el naciente amor á la antigíiedad clásica 
y por el estudio de la arqueología, apartándose gradualmente de las 
conveniencias místicas y seducido por la voluptuosidad gentílica, 
amenazaba olvidar la tradición religiosa echándose en brazos del 
sensualismo. 

Aquel arte idealista, impregnado de férvido misticismo, que en 
concierto con la forma imaginó las obras de Giunta de Pisa, Taffi, 
Cimabue y el seráfico monje de Fiésole, y en arquitectura creó aque- 
llos admirables monumentos en cuyos muros dejaron grabada la acen- 
drada fe de la sociedad cristiana de la Edad Media, iba desaparecien- 
do dolorosamente, arrollada por las revolucionarias tendencias de 
un naturalismo apasionado. 

Pero este espíritu invasor de las nuevas doctrinas al introducirse 
en la católica España, que durante siete siglos había peleado tenaz- 
mente por restablecer el imperio de la Cruz, hollada por la Media- 
luna, lucha por arraigarse en nuestro suelo, y aunque al fin vence, 
no obstante convierte el arte en auxiliar poderoso de la Religión y 



56 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



más obediente al ideal místico que á la verdad naturalista de la res- 
tauración pagana. 

A la pléyade de artistas nacionales que al declinar el siglo XV 
conservan la pintura espafiola, en íntimo consorcio con. la tradición 
cristiana, inspirada en el más acendrado misticismo, cumpliendo la 
misión que le imponían las austeras creencias de la época, pertene- 
cen estos dos grandes pintores cordobeses, Pedro de Córdoba y Bar- 
tolomé Bermejo, los cuales ocupan lugar preferente entre los primi- 
tivos españoles, y quienes, como Sánchez de Castro y Gonzalo Díaz 
en Sevilla, pudiera decirse que son los progenitores de la escuela 
cordobesa. 

Desgraciadamente no se conocen datos biográficos de estos artis- 
tas meritísimos. Entre los doctos, solamente Ponz, en sus Viajes, so 
concreta á mencionar la magnífica tabla de La Anunciación, firmada 
por Pedro de Córdoba, existente en la Catedral y por cierto en de- 
plorable estado de abandono. Cean Berraúdez se limita á copiar dicha 
noticia en su Diccionario; pero tanto este escritor como el anterior, 
en unión de Pacheco y Palomino y de otros eruditos, nada dicen de 
la existencia de Bartolomé Bermejo, hasta que Piferrer, en su tomo 
de Recuerdos y bellezas de España, en el año de 1839, descubre á este 
gran artista cordobés como autor de la famosa tabla La Piedad, que 
hoy se admira en la sala capitular de la Catedral de Barcelona, y del 
proyecto de la vidriera que está en la capilla bautismal del mismo 
templo. 

Pedro de Córdoba, en cuyo estilo pueden apreciarse todavía mar- 
cadas reminiscencias bizantinas, florece en 1475, y es anterior á Ber- 
mejo, pintor más naturalista en la tabla de La Piedad, ejecutada 
en 1490; y es anterior también á Alejo Fernández, á quien mal pudo 
imitar, como erróneamente afirma D. José M.* Tubino en su libro 
Murillo, puesto que Alejo floreció en 1508 á 1525; pudiéndose supo- 
ner más bien que éste estudiara á aquél en el tiempo que residió en 
Córdoba. 

En el año de 1888, mi difunto padre, D. Rafael Romero Barros, en 
el Ateneo cordobés, leyó una Disertación sobre la influencia de las Es- 
cuelas Italiana y Germánica en la Península, representada en la tabla 
de la Anunciación de Pedro de Córdoba, que publicó la Prensa local 
y creo vio también la luz pública en el Boletín de la Real Academia 



50L. DE LA SOC. ESF. DE EXCURSIONES 



TOMO X.VL 




F:>i,>tij>ia di Hausery Menet. — Madrid 



CRISTO Á LA COLUMNA 
Por Bartolomé Berinejo (?) 

(MUSEO DE CÓRDOBA) 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 57 



de Bellas Artes de San Fernando. En dicho trabajo literario hace una 
critica minuciosa de la mejor obra que hasta ahora se conoce de este 
artista ilustre; señala su importancia y la gran influencia que ejerció 
en la pintura andaluza de su tiempo, y descubre además en dicha 
obra los retratos de Pedro de Córdoba y del canónigo donante D. Die- 
go Sánchez de Castro, los cuales, en traje talar, aparecen en primer 
término, arrodillados á derecha é izquierda, respectivamente, de la 
composición, y entre ambas figuras un letrero con caracteres mona- 
cales á la altura de las manos del autor, que dice: «Pedro de Córdo- 
ba, pintor.» 

En el Museo Provincial de Pinturas de Córdoba existe una hermo- 
sa tabla que, sin duda, formó parte de algún retablo, original de este 
artista benemérito. Representa á San Nicolás de Bari de cuerpo en- 
tero, revestido de pontifical, empuñando en la diestra lujoso báculo 
y con la siniestra sosteniendo un códice abierto; sus ricas y angulo- 
sas vestiduras están exornadas con pedrería y brocados de buen gus- 
to, destacándose la santa figura sobre precioso fondo carmesí reca- 
mado de elegantes labores estofadas. Posee una tabla, con la firma de 
este autor, muy repintada, que representa un San Sebastián de me- 
dio cuerpo, nuestra distinguida amiga la Srta. Margarita Fernández 
de Córdoba. 

En la galería de los herederos del Sr. López Cepero, en Sevilla, 
también existe un interesante cuadro, cuyo asunto es: La adoración 
de los pastores, firmado así: «Pedro, hijo de Iván de Córdoba.» 

Y en la importante Revista francesa La Revu de V Art hemos vis- 
to la reproducción de otra magnífica obra de este pintor: Cristo y las 
Marías, de la colección PacuUy, cuyas figuras, de largas proporcio- 
nes y pequeñas extremidades, y de rostros enjutos y expresivos, ha- 
cen recordar al Greco, el cual hubo de inspirarse sin duda alguna en 
los pintores de esta época. 

El Sr. Ramírez de Arellano (D. Rafael), en su Diccionario de ar- 
tistas cordobeses, dice que hay una tabla de Pedro de Córdoba en la 
Catedral de Barcelona, aunque no la conoce. Cuando hace dos años 
yo visité aquella histórica basílica, no vi esta tabla, cuya existencia 
hubiera tenido suma importancia para venir á comprobar la emigra- 
ción de algunos artistas cordobeses á Cataluña á fines del siglo XV, 
como supone el Sr. Sampere y Miquel en su obra Los cuatrocentistas 



58 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



catalanes, para justificar la presencia allá del pintor cordobés Barto- 
lomé Bermejo. 

La labor de Pedro de Córdoba debió ser grande; pues según Tu- 
bino fué el propagador de la pintura religiosa en varias previncias 
andaluzas, y es de suponer con fundamento que produjera muchas 
más obras, las cuales, ignoradas, permanezcan anónimas ó atribui- 
das á otros autores, pues esto es muy frecuente entre pintores primi- 
tivos, ó hayan ido á enriquecer galerías ó museos extranjeros como 
las dos tablas suyas que había en la iglesia de San Nicolás de la Villa, 
las cuales se vendieron en Córdoba hace muchos años. 

No es de extrañar, pues, que en estos tiempos que corren de rege- 
neración, en que toda nuestra riqueza artística va desapareciendo 
desgraciadamente de las iglesias y Catedrales de España, unas ve- 
ces por estúpida ignorancia y otras por censurable codicia, nos den 
á conocer de allende los Pirineos la existencia de muchos artistas 
ignorados en su Patria, y cuyas obras, conservadas con entusiasmo 
y orgullo, sean objeto de concienzudo estudio y de elevadas contro- 
versias en el campo de la crítica, al objeto de inquirir noticias y da- 
tos fehacientes que vengan á comprobar la verdadera filiación de 
cualquier obra de arte. 

Tal sucede con las obras del pintor cordobés Bartolomé Bermejo, 
que han sido objeto recientemente de ruidoso debate en las revistas 
francesas é inglesas, muy en particular acerca del San Miguel con el 
donador, existente en la colección Vernher, de Londres, que repro- 
dujo en el número 47 de Noviembre del año anterior Les Arts, y que 
procede de Thous, pueblo de Valencia, en cuya iglesia se conservaba 
hace años. 

Este cuadro está firmado por Bartolomeus Rubeus, y como de es- 
cuela francesa había figurado en la Exposición de Primitivos france- 
ses, celebrada en París en 1905. 

¿Era este el artista cordobés Bartolomé Bermejo autor del notable 
cuadro que hemos mencionado de La Piedad, firmado en 1490, exis- 
tente en la sala capitular de la Catedral de Barcelona? 

El distinguido literato catalán Sr. Casellas salió á la palestra y 
propuso la afirmativa, suponiendo que Rubeus es una traducción lati- 
na del apellido español Bermejo, aceptándola y rectificándose á sí mis- 
mo el ilustre crítico inglés Herbert Cook, y la apadrinó también el cri- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 50 



tico francés L. Dimier, que hasta entonces había permanecido en una 
prudente reserva. El docto profesor de la Facultad de Letras, Emile 
Bertaux, sostuvo que Ruheus es español y que puede ser y es verosí- 
mil que sea el mismo Bartolomé Bermejo. Demuestra lo primero, sin 
réplica posible, por la forma española de la letra r de la firma: la 
erre perruna de la paleografía española. 

Y en la importante revista Cultura Española, el ilustrado publi- 
cista D. Elias Tormo hizo atinadas observaciones acerca de que no 
coincidían el estilo de San Miguel con el de La Piedad — que por cier- 
to pasó bastante inadvertida en la Exposición del Centenario de Co- 
lón — , aunque el donador y el mismo San Miguel de Rubeus denotaban 
que era una obra estrictamente española y con mucha analogía al 
de Juan Núñez de Sevilla, cuyo San Miguel era muy parecido al que 
se conserva en la colección Vernher, por lo que pudiera ser del pri- 
mer estilo de Bartolomé Bermejo. 

En el interesante libro publicado recientemente por el Sr. Sampe- 
re y Miquel, intitulado Los cuatrocentistas catalanes, le dedica gran 
parte á Bartolomé Bermejo y hace un detenidísimo estudio crítico de 
sus obras — que divide en dos grupos — existentes en España y en el 
extranjero y de algunas otras que le atribuye, quizá con más entu- 
siasmo que exactitud, según puede observarse por la mera compara- 
ción de las hermosas fototipias que avaloran tan notable libro, como 
La Piedad y La vidriera, de la Catedral de Barcelona; Santa Faz (Mu- 
seo Episcopal de .Vich); La Santa Faz I.*" (colección de D. Pablo 
Bosch, Madrid); La Santa Faz 2.*, escuela de Bermejo (colección 
ídem); Santa Engracia (colección del Sr. Gardiner, Bostón E. V.); La 
Piedad, de Villeneuve-les-Avignon (Louvre-Paris); San Miguel (colec- 
ción del Sr. Vernher, Londres); San Miguel ^Museo de Avinyó, Fran- 
cia); La Anunciación (Museo ídem), y Ecce-Homo, de Abysinia (colec- 
ción de D. Ricardo Olmes, Londres). 

El Sr. Sarapere y Miquel, ya hemos dicho anteriormente no se ex- 
plica de otro modo la presencia de Bartolomé Bermejo en Barcelona 
en 1490 que en la emigración de artistas cordobeses á la ciudad con- 
dal para la construcción del monasterio de San Jerónimo bajo la pro- 
tección de Pere de Tous el Mozo. Cree que esto lo justifica la presencia 
allá de los cordobeses Jaime y Alfonso de Baena, en unión de los cua- 
les pudo haber ido para tomar parte en aquellas obras. 



60 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



Nosotros creernos muy posible que Bermejo fuese recomendarlo 
por los monjes del convento de San Jerónimo, de Córdoba, á sus co- 
legas de Cataluña, por tratarse de un excelente artista, que bien pudo 
trabajar con éxito en el monasterio cordobés, á pesar de que niní^ún 
escritor lo mencionen, como Pacheco, Palomino, Ponz ni Cean Berraú- 
dez, ni Pablo de Céspedes, que al hablar de Alejo Fernández, dice 
que en Sevilla hizo muchas obras y en Córdoba, en el monasterio de 
San Jerónimo, el retablo grande y otros pequeños. 

La circunstancia de que en aquella época los pintores no firmaban 
todas sus obras, y entre ellos había mucha semejanza, que solamente 
por un detenido y concienzudo examen de los mismos puede llegarse 
á veces á una aproximada filiación artística, ha dado lugar siempre, 
y mucho más en anteriores centurias, en que nuestros pintores primi- 
tivos no eran tan apreciados como en la actualidad, á erróneas clasi- 
ficaciones con muchísima frecuencia, pasando por anónimos cuadros 
de autor reconocido, bien atribuyendo á determinados pintores obras 
de artistas mns modestos ó bien catalogando por obras flamencas ó 
alemanas otras genuinamente españolas. 

Sólo asi puede explicarse porqué en Córdoba, donde debe supo- 
nerse que residiera algún tiempo Bartolomé Bermejo y pintara algu- 
nos cuadros, no hayan sido mencionados por aquellos doctos. 

En el Museo provincial de Pinturas de Córdoba que tengo á mi 
cargo, llaman mucho la atención de los inteligentes un hermoso reta- 
blo de últimos del siglo XV, procedente del Hospital de Antón Cabre- 
ra, y un cuadro en lienzo, al parecer de principios del XVI, ex- 
puestos al público hace poco tiempo. Mide el retablo, pintado al tem- 
ple, tres metros de alto por dos y medio de ancho, dividido en tres par- 
tes. La del centro, ó sea la principal, es mayor y en ella se representa 
á Cristo amarrado á la columna azotado por dos sayones, uno de los 
cuales le tiene asido por el cabello, viéndose á sus pies una corona 
de espinas. En segundo término, á la derecha, apoyado en un antepe- 
cho cubierto por una colgadura negra, un hombre contempla la flage- 
lación, y sobre fondo de paisaje destácanse en último término las 
arcadas de un templo y cinco figuras que, asomadas á una terraza, 
miran con extraña curiosidad y una de ellas señala hacia un portal, 
en cuyo interior se ve á San Pedro sentado calentándose en una chi- 
menea y con el rostro vuelto mirando á dos figuras de mujer que pa- 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. Q\ 



recen interrogarle; completando este grupo el simbólico gallo que 
aparece en la penumbra. Las otros dos partes del retablo son más 
pequeñas y estrechas y están divididas en cuatro rectángulos, con las 
figuras de cuerpo entero, tamaño académico, de San Juan Evangelis- 
ta, San Antonio de Padua, San Antonio Abad y San Francisco de 
Asís sobre fondos de bellos y variados paisajes. 

Desde que tuve ocasión de admirar la hermosa tabla de La Pie- 
dad en Barcelona, siempre he creido recordar los muchos puntos de 
contacto que tiene la figura yacente de Cristo con el de La flagela- 
ción que se conserva en el Museo de Córdoba. 

Ante la imposibilidad de hacer por ahora una buena reproducción 
fotográfica de este retablo interesante, á pesar de haberse intentado 
muchas veces sin éxito, por las malas condiciones de luz en que se 
encuentra y por la patina amarilla antifotogénica que lo recubre, nos 
limitamos á dar á conocer por hoy lo que á continuación publicamos 
y como detalle, la reproducción de la cabeza del Cristo y parte del 
torso, aunque no dé idea exacta del original. No obstante, por ella 
podrá apreciarse el muchísimo parecido que tiene con algunas de las 
Santas Faces atribuidas á Bermejo. La expresión de amargura y 
dolor en sus demacradas facciones; la doblez del párpado superior 
tan característica, al parecer, en los santos rostros del pintor cordo- 
bés; la boca entreabierta; los pómulos bastantes pronunciados y su 
estilo en general denotan gran semejanza con aquéllas. 

El segundo cuadro, que también ha sido muy difícil reproducirlo, 
mide un metro cincuenta centímetros de ancho por dos metros de alto 
y tiene la particularidad de estar pintado al óleo sobre un lienzo suje- 
to á un bastidor de madera; su asunto es también Cristo amarrado á 
la columna, con San Pedro y tres figuras más en actitud orante, pinta- 
das con mucha delicadeza y gusto. El Cris'o, de dibujo vigoroso, es 
semejante al de La Flagelación; y el capitel y cimacio de la columna 
son exactamente iguales á los del retablo, diferenciándose la basa 
exornada con tracerías mudejares. Y al comparar ambas composicio- 
nes anónimas se ve que pertenecen á una misma escuela y que el au- 
tor del lienzo lo es también del mencionado retablo. 

¿Podrán ser estas pinturas de Bartolomé Bermejo? ¿Serían ejecu- 
tadas á su vuelta de Barcelona y hasta ahora hayan permanecido ig- 
noradas? 



92 Boletín de ¿a Sociedad Española de Excursiones. 



Nosotros, desde que las instalamos en el Museo, siempre hemos 
abrigado tal creencia, la cual nos ha sido confirmada verbalmente por 
el reputado crítico francés Emile Bertaux en una visita reciente que 
ha hecho á este establecimiento. 

Según este notable escritor, tan competente en esta clase de estu- 
dios, no hay duda de que el autor de La Piedad, de Barcelona, es el 
mismo del retablo y lienzo que se conservan en Córdoba. 

No hace mucho también que el distinguido Catedrático de la Uni- 
versidad Central, D. Ellas Tormo, antedichas obras, comprendiendo 
su gran importancia, me excitó á darlas á conocer, como al fin he de- 
cidido hacerlo en esta ilustrada Revista. Y ojalá que al publicarlas 
puedan servir á la critica para aportar algunos datos más á la histo- 
ria de la pintura primitiva española, de la que fueron tan ilustres 
campeones los cordobeses Pedro de Córdoba y Bartolomé Bermejo. 

Enrique ROMERO DE TORRES. 
Córdoba, Septiembre de 1907. 



Hsailo de la villa ile Galera por Don Joan de Hostrla. 



(I) 



A pesar de la importancia del asunto del Canto XXVIII (2), que 
Pérez de Hita empieza invocando: 

«Combiene mussa mia que el sentido 
de buestro proceder sea encumbrado 
con un estilo graue y tan subido 
como el alto intento a demandado, 
agora tenéis mas esclarecido ^ 

sojeto que asta aqui abéis tratado 
pues emos de tratar del poderoso 
don Joan de Austria, principe glorioso», 

desde luego es presumible que antes de él hubiese finado el manus- 
crito en el momento, un tanto cortesano, si tal estilo se compadece 
con la brusca y repentina partida del Marqués de los Vélez, después 
de la llegada á Huesear, y casi rayano á Gralera (que éste tenía ya 
en asedio y no vencida y tomada por falta de recursos y de artille- 
ría), del hijo de Carlos V, Príncipe bien nacido, feliz y afortunado, 
como llama Pérez de Hita á este bastardo imperial, nacido misterio- 
samente en Ratisbona, reconocido en el caserío del convento de la 
Espina, de Valladolid, por su hermano Felipe II, con aquella celebé- 
rrima frase: «Volvámonos, caballeros, que lo que es por hoy hemos 
hecho una bonísima caza*; hijo de ganancia, como le llama un histo- 
riador, y de quien la santidad de Pío V, de felice recordación, al en- 
terarse de la victoria de Lepanto, saludó regocijado: Fuit homo missus 
a Deo cui nomen erat Joannes. 

Mas si el Marqués de los Vélez, á las reiteradas y lisonjeras ofer- 

(1) Capítulo del tomo II, inédito aún, del estudio histórico titulado Pébbz 
DE Hita. 

^2) Libro de la Foblazión y hazañas de la Mvy Novilissima y Leal Ciudad de 
Lorca, por Giuó» Pérez de Hita (i5T2). MS. eu poder del autor. 



64 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones . 



tas del hijo del César, que rigió á la Hispania vidrie, de aquellos 
grandes siglos, respondió, según Hurtado de Mendoza, «por términos 
extraños que siempre usó, aunque medido con su grandeza, diciendo: 
Yo soy el que más he deseado conocer de mi rey un tal hermano i quien 
mas ganara de ser soldado de tan alto principe, mas si respondo á lo 
que siempre pro fessé, irme quiero á mi casa, pues no combiene á mi 
edad anciana aver de ser cabo de esquadra», y desde aquel punto aban- 
donó el campo dirigiéndose á su villa de Vélez Blanco, y si se retiró 
de aquella ruda campaña, en la que tanto luchó con el enemigo, como 
con émulos que le escatimaron los medios de concluirla, y si en los 
últimos días de su vida colgó la espada en la panoplia de la sala de 
su torre del homenaje en el castillo de los Vélez, no por marcharse 
rostrituerto con los consejeros que acompañaban al de Austria, llevó- 
se consigo la gente de Lorca y el grueso de su ejército, pues que dejó 
más de tres mil hombres á las órdenes de un tal ermano del rrey y de 
tan alto principe, claro está que nuestro poeta soldado y novelador 
(Pérez de Hita) no podía menos de ocuparse de sus compañeros de 
armas y paisanos los lorquinos y demás hijos del Adelantamiento de 
Murcia, ya que él no había de participar de sus gloriosos hechos por 
tener que seguir á D. Luis Fajardo, dado el cargo de escudero que 
desempeñaba á su lado. 

De propia manifestación, hecha en sus Guerras civiles de Granada^ 
sabemos que no habiéndose hallado en el cerco de Galera y deseando 
escribirlo, tuvo necesidad de buscar información, y en fuerza de sus 
diligencias exquisitas adquirió noticias de que el alférez Tomás Pé- 
rez de Hevia, vecino de la ciudad de Murcia y soldado veterano muy 
distinguido, que siguiendo las banderas de Don Juan de Austria se 
halló en esta jornada, había redactado un escrito sustancial y breve 
del sitio de Galera y de lo que día por día iba en él ocurriendo, por 
lo cual acordó copiarlo á la letra. 

La Galera de hoy es un pueblo, cabeza del Ayuntamiento de su 
nombre, en la provincia de Granada, situado en un llano, si bien aún 
se conservan casas y cuevas en la escarpada ladera de un cerro que 
lo domina al SE., en la cual estuvo asentada La Galera, conquista- 
da por el Arzobispo de Toledo D. Diego Ximénez de Rada, quien así 
como su sucesor ejercieron allí señorío desde el año 1230 hasta el 
de 1321 que cayó en poder de los árabes. Reconquistada por los Reyea 



Boletín de In Sociedad Española de Excursiones. 65 



Católicos en 1482, la dieron á D. Enrique Enríquez, el de Baza, cuyos 
descendientes la poseyeron hasta 1569, en que fué enseñoreada por 
los moriscos. «Esta villa, escribe Mármol de Carvajal, era muy fuer- 
te de sitio; estaba puesta sobre un cerro muy prolongado á manera 
de una galera, y en lo más alto de él, entre Levante y Mediodía, tenía 
los edificios de un castilo antiguo cercado de torronteras muy altas, 
de peñas que suplían la falta de los caídos muros. 

»La entrada era por la misma villa, la cual, ocupando toda la cum- 
bre y las laderas del cerro, se iba siempre bajando entre Norte y Po- 
niente hasta llegar á un pequeño llano, donde á la parte de afuera 
estaba la iglesia, con una torre muy alta que señoreaba el llano, y 
un río que bajando de la villa de Orce se junta con el Huesear y 
viene á romper las aguas en la punta baja de Galera, y desviándose 
luego cerca el llano donde estaba la iglesia, poco á poco corre hacia 
la villa de Castilleja. No estaba cercada de muros, mas era asaz fuer- 
te por lo dificultosa y áspera subida de las laderas que había entre 
los valles y las casas, las cuales estaban tan juntas que las paredes 
eran bastante defensa para cualquier furioso asalto, no se pudiendo 
hacer en ellas batería que fuese importante, porque estaban puestas 
unas á caballero de otras en las laderas, de manera que los terrados 
de las primeras igualaban con los cimientos de las segundas, y el fun- 
damento era sobre peñas vivas, alzándose hasta la más alta cumbre, 
y por esta causa eran los terrados tan desiguales que no se i»odía su- 
bir ni pasar de uno en otro sin muy largas escalas...» (1) 

Cuatro asaltos tuvo necesidad de dar el ejército sitiador, sangrien- 
tos y porfiados, hasta el extremo de haber corrido peligro de muerte 
el mismo Príncipe Don Juan, pues necesitando en uno de ellos ponerse 
con su persona al remedio del daño, no con poco peligro de la vida- 
dice Hurtado de Mendoza—, porque andando con una diligencia y 
valor persuadiendo á los soldados que se retirasen sin olvidarse de 
las armas, fué herido en el peto, que aunque no hizo daño en su per- 
sona, escandalizó mucho á todo el campo, particularmente á su ayo 
Luis Quijada, que nunca le desamparaba, cuyas persuasiones obliga- 
ron á Don Juan á retirarse, por el inconveniente que se sigue en un 
ejército del peligro de su General. 

(1) Mármol de Carvajal: Rebelión de los moriscos. .., lib. VIII, cap. II. 

5 



QB Boleiin de la Sociedad Española de Excursiones. 



Finalmente, al cabo de dos meses y seis días, 

«De aquesta suerte fué el pueblo tomado 
que era en todo muy tuerte y poderoso 
al cabo de gran tiempo que cercado 
fuera del cristiano belicoso; 
dos meses y seis días fué sitiado 
aquel pueblo malvado tan dañoso, 
á siete de Febrero justamente 
Galera feneció y su mala gente. » 

Y continúa nuestro Pérez de Hita en su poema describiendo los 
destrozos causados en la villa tomada, y efectivamente siguióse la 
victoria hasta que se rindió Galera, sin dejar en ella cosa que la con- 
trastase, que todo no lo pasasen á cuchillo, según dicho Hurtado. 

Repartióse el despojo, y fué tanta la cantidad de trigo y cebada 
que encontraron los sitiadores, que bastara para sustento de un año; 
no contentos del saqueo, pusieron fuego al lugar, tanto para no dejar 
el nido á los rebeldes como por temor á una epidemia al corromperse 
tanto cadáver. ¡Tanta fué la mortandad y sangre vertida! No hace 
aún muchos años que visitando Galera, desde la nueva población, 
extendiendo la mano y señalando á la antigua, nos decía ilustrado 
cicerone: «Allí fué y allí está sepultada aquella Galera tan fuerte y 
heroica, ¡quién sabe lo que sé ocultará debajo de sus escombros!» 

Efectivamente, como aquel pueblo se desplomó y vino á sepultar- 
se entre sus propias ruinas, ¡quién sabe lo que sepultaría! Hubo ver- 
dadera crueldad, pues el mismo Don Juan de Austria mandó alancear 
mujeres y hasta niños, no respetándose á ninguno de doce años arri- 
ba; pero la guerra no se contenta con blanduras, y aquélla, sobre 
todo, aconsejaba tales extremos si había de tener tin, y esta era tam- 
bién la política del Marqués de los Vélez, censurada antes por los 
mismos que ahora la encontraban única y excelente. 

Muchos fueron los esforzados capitanes y soldados que sellaron 
con su sangre y entregaron su vida en este sitio, y que no enumera- 
mos aquí por traerlos los escritores que venimos citando. Nuestro 
Pérez de Hita los limita en este Canto á los soldados de Lorca y Mur- 
cia, haciendo especial mención del capitán Martín de Lorita, cuya 
muerte supone lloró el de Austria. Este Lorita era Regidor de Lorca y 



Boletín de la Sociedad Española de Excttrsiones. tlT 

venía de Alférez mayor de sus banderas. También García de Gueva- 
ra, Regidor de la misma ciudad, 

«salió de aqueste asalto mal herido», 

y no es de extrañar que siendo el contingente de sus soldados lorqui- 
nos tres mil hombres, 

«en esta extraña y cruda arremetida 
murieran muchos hombres valerosos», 

distinguiéndose sobremanera los capitanes de Infantería Adrián Leo- 
nés y Juan Felices Quiñonero, y el de Caballos, Hernán Pérez de 
Tudela. 

También dice el poeta en este Canto: 

«el gran Comendador luego ha partido», 

y este gi'an Comendador no es otro que D. Luis de Requesens, una de 
las glorias militares de aquel siglo. Era Comendador de Castilla y de 
León, nacido en Valladolid, de noble familia, destinada desde mucho 
tiempo á dar á su Patria famosos capitanes, tanto de mar como de 
tierra. No muy tarde las glorias de esta casa Requesens se reúnen ó 
funden con la de los Fajardos, en el cuarto Marqués de los Vélez, 
D. Pedro Fajardo Zúfiiga y Requesens, nieto del segundo Marqués de 
los Vélez, Virrey y Capitán General de Sicilia hacia el año 1644. A 
este D. Luis de Requesens no trató muy bien D. Luis Fajardo antes de 
este hecho de arraas^ estando el Adelantado de Murcia esperando en 
Adra ó en las inmediaciones de la costa vituallas y socorros. 
Concluido lo de Galera 

«de allí fué luego el campo levantado 
y á Baza dio la vuelta concertado». 

Complementan este Canto vigésimo octavo: el P. Moróte, en sus 
Antigüedades de Lorca, libro III, de la parte II, pág. 414; Mármol, 
libro VIII, cap. II al V de su Rebelión; Juan Rufo, La Austriada, 
canto XVI, y Pérez de Hita, en las Guerras civiles de Granada, par- 
te II, cap. XX y XXI. 

F. CÁCERES PLA. 



Vi) 



EiGürsíúD lí Sanííiiaiia y Sao Iflceníe de la Barpera. 



Después de dejar eu la estación de Puente San Miguel el pequeño 
ferrocarril cantábrico, se toma una carretera que atraviesa la línea 
férrea casi frente á la estación, y si el excursionista es aficionado á 
andar, después de cuatro kilómetros de buena cuesta se llega á San- 
tillana. 

La impresión que se tiene al llegar no se borra nunca; parece 
como que por arte de magia se ha retotraído el visitante á la Edad 
Media; sus calles tortuosas y sus blasonadas casas con sus fachadas 
ennegrecidas por el tiempo y sus aleros que avanzan sobre ellas como 
queriendo protegerlas contra las inclemencias de la lluvia, tan fre- 
cuente en este país; la desigualdad de estas mismas casas, casi todas 
de piedra, unas altas y esbeltas, como queriendo velar por la segu- 
ridad de las bajas que á su lado humildemente se apoyan y cobijan 
fiadas en su fortaleza, casi todas con lemas en sus grandes escudos, 
nos llevan la imaginación sin querer á aquellos días en que la villa 
era pujante y rica cuando era la capital del Oriente Asturiano, que 
se denominaba Asturias de Santillana, y cuando era teatro de luchas 
entre familias y poderes rivales, y hasta de sus personajes contra el 
Rey, como sucedió en el reinado de Alfonso VII (1127-1167), en que los 
Condes Pedro de Lara y Rodrigo González se rebelaron contra su se- 
ñor, no aviniéndose sino cuando supieron que venia el Monarca contra 
ellos con un poderoso ejército (Ij. Al pasar por sus estrechas calles 
espera uno encontrarse nobles ó esforzados guerreros, y sufre un des- 
encanto el soñador viajero al ver en esta población, casi desierta, al- 
guna persona, pues sus atavíos modernos parecen desentonar de todo 
lo que estamos viendo. 

(l) Assas: Crónica de la provincia de Santander, tomo XI, pág. 79. 



BOL. DE LA SOC. ESF. DE EXCURSIONES 



^'^ 



TOMO XVL 



-WA-apítlW^c: 




Cliché del Conde de Palentinos 



Vista general 




Cliché del Conde de Manila 



Fototipia lie Hauser v Mmet. — Madrid 



Frontal de plata 



COLEGIATA DE SANTILLANA DEL MAR 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 69 



Debió ser en lo antiguo habitada solamente por hidalgos, á juzgar 
por los escudos que adornan las fachadas de todas sus casas. En la 
calle del Cantón^ que es la que conduce á la Colegiata y que pudiéra- 
mos llamar la más aristocrática en este pueblo de nobleza sin igual, 
se encuentran la que ostenta el escudo de los Mendoza, solitario edi- 
ficio de sillería, con ojival portada y su piso alto decorado por moldu- 
rada imposta que á modo de greca recorre la fachada y rodea las 
ventanas y que nos trae á la memoria la figura del primer Marqués 
de Santillana, cuya sombra parece vagar por todo Santillana. La per- 
teneciente á la familia de los Villa, llamada la casa del Águila por os- 
tentar en su escudo un águila herida de un saetazo que le atraviesa 
el pecho y rodeado de la divisa: Un buen morir honra toda la vida. 

La de los Ceballos con su leyenda, que dice: Es ardid de caballe- 
ros Ceballos para vencellos. En una plaza se alza, al lado del Pala- 
cio de Borja, la torre del Merino, en la que los estragos de los años 
han hecho desaparecer por completo el almenado que primeramente 
debió de tener, conservando solamente de su primitivo esplendor dos 
grandes escudos con sus lambrequines correspondientes. Doblémosla 
calle de las Lindas y volvamos á la calle del Cantón que nos conduce 
á la Colegiata. 

Para su ingreso hay que subir moderna escalinata de piedra, al 
final de la que hay dos leones y en el suelo una reja horizontal, colo- 
cada sin duda alguna para evitar que pasen al espacioso atrio las 
vacas que andan sueltas por todas partes, como en todos los pueblos 
de la Montaña. La puerta de entrada á la iglesia está formada por 
cinco arcos concéntricos y cuatro columnas con capitel historiado. 
Tiene dos torres cuadradas y á la derecha un cubo románico rodeado 
de impostas jaqueladas, en uno de cuyos lados, el que mira al atrio, 
tiene en su parte alta un ajimez; á la misma altura próximamente, y 
entre sus dos torres, tiene una galería de arcadas muy elegantes y 
encima corre una greca terminada por bolas á modo de pináculos. 

Sobre el dintel del tímpano el Eterno sienta en su regazo el Libro 
de la vida y varios ángeles sostienen el nimbo; á ambos lados de esta 
representación hay doce figuras, seis á cada lado, algunas sin cabeza. 
En el interior la iglesia consta de tres naves, formando ocho arcos que 
se apoyan en ricos capiteles que representan el purgatorio; un desa- 
fío entre dos caballeros, cubierta la cabeza por capacetes y con lar- 



70 Boletín de ¡a Sociedad EspafioUi de Excursiones. 



gas adargas que los defiende; nuestros primeros padres Adán y Eva, 
y varios otros de animales, terminando dichas naves en tres ábsides 
semicirculares, adornadas exteriormente con ventanas de floridas ar- 
quivoltas, impostas y canecillos. 

En el centro de la iglesia se encuentra el sepulcro de Santa Julia- 
na, de unos ochenta y dos centímetros de alto y compuesto de una lá- 
pida en que está de cuerpo entero la imagen de la Santa con una 
mano sobre el pecho y con la otra la cuerda con que tiene agarrota- 
do á sus pies el demonio; descansa esta lápida en un zócalo labrado, 
rodeado todo por una verja de hierro (1). 

Cubre la mesa del altar mayor un espléndido frontal de plata cin- 
celada, y encima de ella está el retablo gótico, formado por cuatro 
relieves en los plintos, á la altura de la mesa, representando á los 
cuatro Evangelistas, y encima seis tablas pintadas, separadas por 
doseletes y pilarcillos dorados; las dos inferiores nos muestran esce- 
nas de la vida y martirio de Santa Juliana, y las cuatro superiores 
el Nacimiento de Jesús, la Adoración de los Reyes, la entrada en Je- 
rusalén y el descendimiento de la Cruz; en el centro y entre las seis 
tablas están representados, en talla. Cristo en la Cruz, con la Virgen 
y San Juan de pie, á arabos lados, y la efigie de la Santa. 

Detrás del frontal de plata hay empotradas en la fábrica cuatro 
figuras de Apóstoles. En el camarín, según el P. Flórez, había algu- 
nas reliquias traídas de Tréveris y Colonia por D. Francisco de Pra- 
do y Calderón, Conde del Sacro Imperio, natural de San Vicente de 
la Barquera, quien las donó á la Iglesia en 1549 (2). 

En la cabecera de la nave del crucero hay un sarcófago que tiene 
forma de tumba, con dos vertientes, y descansa sobre leones, y se 
dice ser el de Dofia Fronilde, gran bienhechora del convento, de quien 
se conservan algunas escrituras relativas á los años 982 al 1001, y á 
quien se supone fundadora del mismo. 

Por una puerta abierta en la nave del Evangelio se sale al claus- 
tro, de planta rectangular, con cuatro galerías de catorce arcos 
de medio punto, que descansan, unos en cuatro columnas y otros en 



(1) La cabeza de esta santa Mártir está en el camarín y el cuerpo fué mandado 
trasladar por el Obispo de Burgos D. Alonso de Cartagena al altar mayor, al lado 
del Evangelio, en 1453, 

(2) Estas reliquias eran el Lignum Crucis, el cabello y el velo de la Virgen. 




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Boletín de la Sociedad Española de Excursioves. 71 



dos, cuyos románicos capiteles son una maravilla por la variedad de 
asuntos; los hay historiados, de hojas, de aves y cuadrúpedos; un 
centauro disparando una flecha sobre monstruoso dragón de cabeza 
de ave y garras está esculpido en uno; ea otro, un guerrero se des- 
monta de un caballo, que es devorado por un oso, y por último, los 
religiosos, que representan escenas de la Pasión y el Juicio Final. 
En el patio central y alineados á una de sus alas, hay varios ataú- 
des de piedra, que no se sabe de ellos sino que los poseen por derecho 
hereditario las casas de Calderón, Velarde, Villa y Polanco. Este 
soberbio claustro tiene, para mi opinión, mucha anología con el del 
Monasterio de Silos, del que publiqué un artículo en este mismo 
Boletín. 

Últimamente ha sido restaurado hábilmente por el sabio arqui- 
tecto Sr. Lázaro, el que en su restauración se ha limitado á enlosar 
el centro del patio, lleno de hierbas de todas clases (que sirvió para 
enterraraento durante largo tiempo), á poner techo nuevo á las ga- 
lerías, imitando en lo posible el anterior, que sólo tenía algunas 
vigas destrozadas y carcomidas por el tiempo, y asegurar algunas 
de BUS alas (principalmente la Sur, de construcción y distinta de las 
otras), cuyos arcos y capiteles amenazaban venir al suelo. 

Al visitarlo por segunda vez el pasado año, sentía una gran ale- 
gría, á que estoy poco acostumbrado en estas excursiones, viendo 
con satisfacción que se habían salvado de la ruina, gracias á la peri- 
cia de un buen arquitecto, uno de los monumentos románicos más her- 
mosos que hay en la Montaña. 

Tanto el claustro como la iglesia de esta Colegiata no se sabe á 
ciencia cierta en qué época fueron construidos; el Sr. Amador de los 
Ríos (1) supone que debió ser empezada la iglesia hacia el reinado de 
Alfonso VII y continuada -en el de Alfonso VIII, y quizá fuese su 
autor, según Escalante (2), algún discípulo de aquel Pedro de Dios 
que labró la Colegiata de San Isidoro de León; pero dejando esta su- 
posición, parece lo más probable, como dice Amador de los Ríos, 
que su construcción sea entre fines del XII y principio del XIII, por 
la época que representa el traje con que aparece esculpida la Santa 
en su sepulcro. 

(1) Santander: Kspaña y sus monumentos. 
2) Agabio Escalante: Álbum de Cantabria. 



72 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 



La historia de este monumento va íntimamente ligada á la de la 
villa; según Gil González (1), se debe su fundación á las Infantas 
Doña Fronilda y Dofia Biceta, pero no se puede admitir con certeza 
este origen, pues los únicos documentos que hablan de ello, del 
año 999 al 1001, declaran solamente que Doña Fronilda fué bien- 
hechora de la Abadía (2) El P. Flórez dice que existiendo cerca del 
sitio llamado Planes un Monasterio dedicado á Santa Juliana, varias 
familias se trasladaron cerca de él, comenzando á poblarlo con el 
nombre de Santa Illana; esto, como se ve, no dice cuál fué su origen. 
El abad más antiguo de que se tiene noticia es Albano, en el año 962, 
al que siguieron Trecio, Indulfo, Julián y Martín^ en los años 904, 
1000, 1025 y 1110 (3\ 

En tiempo de los Condes Fernán González y Don García, y de 
Don Fernando I de Castilla, se hicieron donaciones al Monasterio, 
agregándole en tiempos de Don Fernando los Monasterios de Fauniz, 
Santa Cecilia, el de San Julián de Canalejas- y el de San CIprián, con 
viñas, tierras y molinos. 

El Rey Don Fernando IV que estuvo, siendo niño, en Santillana, le 
dio en Valladolid, á 11 de Agosto, Era 1333 (año 1295), un privilegio 
por el que confirmaba á «vos Don Rui Peres abat de Santa Illana 
mío capellán et á vuestros sucesores et al cabildo et á la clerecía de 
vuestra Eglesia et á los vuestros vasallos en todos los privilegios et 
las cartas que vos et ellos avedes del Emperador (4) et de todos los 
otros reyes que fueron ante mi». 

Santíllana gozó de antiguo excepciones de no contribuir al Obispo 
ni admitir Merino, ni pagar pechos ni portazgos, y que ninguno de 
su iglesia pudiera ser compelido por Juez seglar ni usurpar sus bie- 
nes, añadiendo algunos Reyes la expresión de ser Abadía suya (5). 

Realmente debió ser siempre un Monasterio de importancia, cuan- 
do se cita en diversas épocas como abades de ella, además del Infan- 

(1) En su descripción del Arzobispado de Burdos. 

(2) Padre Flórez: España Sagrada, tomo XXVII. 

(3) «Catálogo de los Abades de la Insigne y Real Colegiata de Santíllana», por 
D. Tomás Alonso Sánchez. MS. original firmado el 9 de Febrero de 179J. — Acade- 
mia de la Historia, E. 136, fol. 250. 

(4) Alfonso VII. 

(.^) Santillana fué primero Abadía de Monjes Benedictinos, pero en el reinado 
de Alfonso VII se cambió en Colegiata, según aparece en una escritura en que por 
primera vez se le da este nombre Flórez: España Sagrada. 



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Boletín de la Snciedad R'^pañola de Excursiones. 73 



te Don Sancho, hijo de San Fernando y hermano de Alfonso X, á don 
Pedro González de Salamanca, Obispo después de Salamanca; á Suá- 
rez de Carvajal, Obispo de Lugo; á D. Marcos de Viegra y Otero, 
Inquisidor de Toledo y Santiago, y en 1722 á D. José Uriarte Isunza, 
Gobernador del Principado de Asturias. 

En 1209 concedió el Rey Don Alfonso VIH la villa de Santillana al 
abad y al Cabildo, los que la cedieron por otros bienes al Duque del 
Infantado, D. Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana (1), 
que quedó de señor absoluto de la villa, conservando además el 
cargo de abad en la Colegiata la casa de Mendoza para sus parien- 
tes y allegados. 

Antes de abandonar la villa visité los conventos de San Ildefonso 
y «Regina Celi». Fué fundado el primero por Alonso Gómez del Corro, 
canónigo tesorero de la Colegial de Santillana, para monjas Domini- 
cas; solicitada licencia de Fray Pedro Alvarez de Montemayor, pro- 
vincial de la Provincia de España y confesor del Rey Carlos II, toma- 
ron posesión del convento, después de bendecida la iglesia por el en- 
tonces abad de la Colegiata, D. José de Mesones y Velasco, Caballero 
de la Orden de Alcántara, el día 11 de Junio de 1670, las monjas pro- 
cedentes del convento de «Porta Celi» de Valladolid, Sor Mariana de 
Escobar, Sor Melchora Ovalle, Sor Francisca Aranda y su hermana 
Sor Luisa de Aranda, que fué la primera priora (2). 

El convento de «Regina Celi> fué fundado por el caballero don 
Alonso Velarde para frailes en el año de 1592 á 5 de Septiembre, á 
espaldas de la iglesia de Santa Juliana, trasladándose al llamado 
Campo de Revolgo (3), donde hoy está, según consta en una relación 

(1) En Escalona, el día 15 de Septiembre de 1445, otorgó el Rey de Castilla Don 
Juan n al célebre D. Iñigo López de Mendoza la merced del Marquesado de Santi- 
llana de la Mar, sin perjuicio do los derechos de la Colegiata de esta villa. Heredó 
este título 8U hijo primogénito D. Diego, por testamento de su padre, otorgado en 
Guadaifljara A 8 de Mayo de 1445, y además los estados de Torrelavega y la Casa 
de la Vega. Estas disposiciones fueron aprobadas por Enrique IV ea Ubeda á 20 de 
Agosto de 14)8. 

(2) Sor Luisa de Aranda era hija de D. Alonso de Aranda y Portillo, Regidor 
de la ciudad de Valladolid y nieto del Marqués de Siete Iglesias D. Rodrigo Calde- 
rón, y de Doña Juana de Aranda, su prima hermana. Dicha Sor Luisa dicen que 
era tan hermosa que sirvió de modelo para un cuadro de Santa Águeda que había 
en el convento de «Porta Celi» de Valladolid. 

í3) Teatro de luchas y peleas entre familias rivales y del Merino contra el señor 
en la Edad Media. 



74 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones 



que está en el legajo de su fundación (1). Tiene este convento en su 
portada un gran escudo de los Velardes con la siguiente, divisa: Este 
es Velarde el que la sierpe mató y con la Infanta casó. Al desembo- 
car la calle que va á la carretera, á la derecha, está el Palacio del 
Marqués de Casa Mena, preciosa casa solariega de las Barredas, que 
contiene en su interior un verdadero museo: armas, monedas, tallas 
y lozas antiguas adornan sus hermosas salas, y en una de ellas la Bi- 
blioteca, la mejor joya entre tanta preciosidad, formada de crónicas y 
escritos curiosísimos, casi todos referentes á asuntos montañeses y 
formada sin duda por aquel erudito D. Blas de Barreda perteneciente 
á esta familia y honra y prez de la Montaña. 

Con pena abandonó Santillana y al perder de vista en una re- 
vuelta del camino los pinos del jardin de Casa Mena, parecía como 
que perdía algún ser querido á quien no volvería á ver, y los recuer- 
dos del pasado que en tropel habían sucesivamente acudido á mi 
mente se iban borrando dejando en su lugar una dulce melancolía 
que la vista de los paisajes montañeses me producían. 

Después de pasar por Orefia, cuya antiquísima iglesia no nos fué 
dado ver por la escasez del tiempo, y por el lindo Cóbreces hicimos 
alto en Comillas para dar lugar á que el ganado tomase algún des- 
canso y visitar el palacio de los López y la bonita capilla ojival des- 
tinada á panteón, y sobre todo, el célebre museo arqueológico en el 
que el Marqués de Comillas ha coleccionado cuanto interesante para 
la Montaña ha podido recoger, desde objetos prehistóricos hasta del 
tiempo del Monarca español Carlos III. Puesto de nuevo en camino, 
cruzo el pintoresco y solitario sitio conocido por La Rabia, y después 
de subir penosas cuestas llego por fin á San Vicente de la Barquera. 
Lo primero con que tropiezan mis ojos es el magnifico puente de la 
Maza, construido por despacho de ios Reyes Católicos á 25 de Agosto 
de 1496, y que debió concluirse ya entrada la décimasexta centuria, 
y que aunque primitivamente tenía 32 arcos y 1.563 pies de largo, 
quedó reducido en 1865 á 28 arcos y 1.390 pies. Al final del puente 
muestra sus tristes despojos, cubiertos de musgo y plantas trepadoras, 
el convento de Franciscanos, que tanto protegiera la casa de Gueva- 
ra al escogerlo para su última morada. ¡Triste condición la de los 

(I) «Regina CeU».-SaMtillHim, VIS. Archivo Histórico Nacional, leg'HJo ¿i7. 



Buleiin de la Sociedad Española de Excursiones. 75 



años, que nada respeta!, pues de este antes rico convento sólo quedan 
algunos paredones cubiertos de yedra y sostenidos por verdadero mi- 
lagro de equilibrio. 

Después de atravesar su calle principal, llamada de la Barquera, 
cuyas casas tienen anchos soportales con grandes arcos, y en la que 
se encuentra el comercio del pueblo, empezamos la subida al peñasco 
en que están enclavados la iglesia y el antiguo Castillo; subimos por 
la calle alta (antes llamada de Corro) y encontramos en ella una casa 
de elegante tipo renacimiento, con frontón toscano encima de la puer- 
ta, tres balcones flanqueados de columnas jónicas, una fuerte cornisa 
que remata la fachada y dos grandes y bien esculpidos escudos á uno 



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Ábside en forma de torre de la iglesia parroquial de San Vicente de la Barquera. 

y otro lado del balcón central, que fué fundada por D. Antonio del 
Corro para asilo de pobres. A pocos pasos se descubre el ábside de la 
Iglesia de Nuestra Señora de los Angeles. Ésta semeja una fortaleza 
militar, cuya parte alta tiene tres cubos que dividen cuatro ventana- 
les góticos, y colocados uno en el frente y los otros dos en los ángulos 
de la torre y terminados en graciosos pináculos, que separan dos sen- 
cillas espadañas que forman el campanario, grandes y fuertes estribos 
colocados en la parte inferior y con tres retallos dan fuerza y con- 
sistencia á la torre; cerca de la fachadaj que podemos llamar Norte, 
hay una pared formada de cráneos humanos, y dando vuelta al edi- 
ficio encontramos dos puertas, la del imafronte y la de la fachada del 



76 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 



Mediodía; la primera consta de cuatro arcos concéntricos sostenidos 
por otras tantas columnas de corto fuste, cuyos capiteles son cónicos 
y dibujan bichas y uno de ellos un león y un castillo; tiene encima 
un tejadillo soportado por siete canecillos; la puerta del Mediodía, 
que es la principal que da ingreso á la iglesia, está situada sobre una 
escalinata y compuesta hasta de seis arcos concéntricos de medio 
punto, cuyos volteles están decorados con dientes de sierra; las colum- 
nas que sostienen cinco de los arcos son de recio fuste con capiteles 
historiados en que están esculpidas aves y figuras humanas, y el sexto 
arco, estrechando el hueco de la puerta de arco rebajado, forma un 




Sepulcro en la iglesia de San Vicente de la Barquera. 



tímpano en que está colocada una cruz rodeada de los escudos de 
España y de la Villa; esta puerta está pintada de verde, que tapa 
muchos de sus detalles y la estropea por completo. La iglesia, en su 
interior, tiene tres naves, cerradas sobre ojivas, ambas del siglo XII; 
tiene seis capillas y cinco altares además de la mayor. Entre las ca- 
pillas merece mencionarse aparte la de San Antonio, de planta irre- 
gular y que contiene tres arcos sepulcrales. El de la izquierda encie- 
rra los restos de un caballero y una dama, cuyas figuras yacentes en 
alabastro nos muestran ser ios en ella sepultados un guerrero ves- 
tido de armadura y sobre ella plegada túnica, cuya mano derecha 
reposa sobre el pomo de la espada, y la señora que á su lado duerme 
el sueño eterno lleva capa de alto cuello, descotada, con un sartal 
de perlas rodeado á su cuello, descansando sus manos, rodeadas de 



BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 



TOMO XVL 




Sepulcro del Inquisidor Corro 




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Clichés del Conde de Folentinas Fototipia Je Hauser y Meiiet. — Madrid 

Puierta de la Iglesia 
SAN VICENTE DE LA BARQUERA 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. hn 

anillos, sobre su seno; decoran este sepulcro dos ángeles arrodillados 
uno á la cabecera del señor y el otro á los pies de la dama, y un 
perro sin cabeza. Sobre el plinto que sirve de base á las estatuas hay 
un ángel que sostiene entre sus manos un escudo con la cruz de Co- 
vadonga y el lema: Ángelus Pelaio et suia victoriam. El otro se- 
pulcro, también de alabastro, nos presenta la figura de un hombre 
echado con traje talar y bonete en la cabeza, apoyada su cabeza 
sobre el brazo derecho, que á su vez se apoya en unos almohadones, 
mientras el izquierdo sostiene un libro que remeda estar leyendo; 
debajo de un sencillo zócalo, y en su base, hay en los ángulos dos 
mofletudos chiquillos que tienen entre ambas manos y sobre el pecho 
cartelas (1), y en el centro un ángel, semejante al del sepulcro ante- 
rior, que sostiene un cuartelado escudo; entre estas figuras hay unas 
inscripciones que dicen, en la de la izquierda: 

HIC lACET LICENCIATVS ANTONP DEL CORRO : VIR 
PRECLAR 'MORIB' ET NOBILITATE . AC PERPETV^ MEMORIA 
DIGN' CANONIC- HISPALENSIS . AC IBIDEN CONTRA HERE- 
TICAM PRVITATEM A. CHATOLICIS REGIC FERDINANDO. 

Y en la de la derecha : 

ET ELISABEHT VSQ AD SVM OBITUM APOSTOLIC INQUI- 
SITOR ET IIVIVS AULE ECLESIíE TANQ NATURALIS VTIQ 
BENEFICIATVS QUI OBIIT VIGESSIMA NONA DIE MENSIS 
IVLII ANNO 1556. ETATIS VERO SVE 84. 

Es del sepulcro del Inquisidor de Sevilla D. Antonio del Corro (2), 
nacido en San Vicente^ é indudablemente italiana su escultura y muy 
hermosa, y en la que en lugar de figurarnos al Inquisidor descansan- 
do el sueño de los justos, parece como que está vivo y va á levantar 
la vista del libro para fijarla en el visitante que tiene la osadía de 
interrumpir su lectura con su presencia. 

Esta iglesia, según dice D. Enrique Leguina (3), fué comenzada 

(1) Las cartelas dicen: El que aquí está sepuliailo no murió, que íué partid» su 
muerte para la vida. 

(2) A los treinta y dos años, en 1504, era Inquisidor general. 

(3) E. de Leguina: «Apuntes para la Historia de San Vicente de la Barquera». 
Santander, 1875. 



78 BüUtin (le la Sociedad Española de Excursiones. 



en el siglo XII y terminada en el XVI, y yo estoy conforme con su 
opinión, pues en ella han dejado marcado su paso todas las épocas; 
las puertas, que son las más antiguas, debieron ser construidas en 
fines del XII ó principios del XIII; su ábside, asi como la capilla de 
San Antonio, debieron ser edificadas en la XV centuria; las ojivas de 
sus'naves son del XIII. Además, dicho Sr. Leguina cita una provisión 
dada por Carlos V en 9 de Diciembre de 1634, para que el Corregidor 
ó Juez de Residencia de las cuatro villas de la costa (1) informara so- 
bre la representación hecha por los vecinos de San Vicente pidiendo 
por ocho afios el vino que rentaba la fábrica de la iglesia, á fin de 
pagar con ellas al Conde de Buendía los mil y quinientos ducados que 
les había prestado para el ensanche de la iglesia, por haberles falta- 
do el dinero cuando ya tenian empezada su construcción. 

La iglesia de que estamos hablando está rodeada de una especie 
de almenado, desde el que se divisa San Vicente con sus dos puentes 
y el mar, y la altura con respecto á éste es de unos quinientos pies. 

Se hace tarde y tenemos que visitar la Barquera y el Castillo, y á 
ellos encaminamos nuestros pasos descendiendo por la calle alta y el 
barrio llamado de los Judios; esta es la parte más ruinosa de la ciu- 
dad, y sus calcinadas piedras son como una escritura que acredita lo 
que debió sufrir esta villa con el incendio de 1483. 

El Castillo fué fundado, según tradición, por Osoriz, Duque de Es- 
trada, que casó con una hija del Rey Don Alonso III, y hoy solamente 
queda un montón de ruinas, en que apenas puede verse alguna gale- 
ría ó trozos de escalera que bajaba á los silos de la fortaleza (2). 

Siguiendo la calle de la Barquera, de que hemos hablado antes, y 
camino de la Barquera, está la ermita de San Vicente, de la que sólo 
llamaron mi atención la pila de agua bendita, en cuya superficie apa- 
rece tallada la cara de una persona y una imagen en talla de San 
Francisco; después recorrimos toda la costa, penetramos en la Ceta- 
rea (3), navegamos embarcados por una cueva, espectáculo que tiene 

(1) Las cuatro villas eran Santander, Castro Urdiales, San Vicente de la Bar- 
quera y Laredo. 

(2) Según el Sr. Leguina en este Castillo so alojó Carlos V. El Sr. Foronda dice 
que donde se alojó fué en el convento de Fraiuiseanos; me parece, dadas las esca- 
sas dimensiones del Castillo, que no es muy grande, más probable que el Empera- 
dor escogiese este último sitio para él y los que le acompañaban. 

(3) Cetárea, ci ladero de langostas. 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 7y 



mucho de fantástico, y cuando salimos de la Cetárea, el sol, descen- 
diendo á su ocaso y rodeado de pequeñas nubes, se ocultaba detrás 
de la torre de la iglesia parroquial envolviendo á San Vicente en roja 
claridad, mientras allá abajo, en las marismas que lo rodean forman- 
do un sin número de diminutas islas, al reflejar en el agua despedía 
plateados destellos. ¡Cuántas veces no hablan presenciado este mis- 
mo espectáculo algunos de los que hoy descansan entre los muros de 
su vetusta iglesia! Pero entonces San Vicente era potente y rica; el 
Emperador se hospedaba en su recinto á la vuelta á Castilla después 
de su viaje, y por sus calles hoy tristes y casi abandonadas transita- 
ban castellanos y flamencos que acompañaban al Emperador en sus 
jornadas, y hasta en su plaza se celebraba, á creer á un moderno es- 
critor, una fiesta de toros (1). 

Después de pasar una buena noche en la fonda, que más parece 
solariega casa á juzgar por su portalada y ancha escalera de piedra, 
visitamos, antes de abandonar San Vicente, su otro puente, construido 
por el arquitecto Bustamente en 1799, en el reinado de Carlos IV, y 
á costa del arbitrio impuesto sobre los pueblos del Bastón de Laredo, 
según inscripción que hay en sus pilares; dicho puente tiene 15 arcos 
y mide 555 pies de largo. 

Tanto de San Vicente como de Santillana queda mucho por decir 
y su historia todavía está por hacer, pero empresas son éstas sólo 
dignas de ser acometidas por personas competentes y versadas en 
esta clase de estudios; yo, por mi parte, me he limitado á narrar mo- 
destamente, ayudándome en lo que otros escritores han dicho, mis 
impresiones en la excursión que á dichos sitios hice, con el solo ob- 
jeto de llamar la atención de mis consocios para que los visiten y 
estudien. 

El Conde de POLENTINOS. 

(1) El Sr. Forouda, en su libro Dt I Aunes á Covadonga, dice que el Emperador, 
en su viaje á Valladolid en 1517, llegó el 29 de Septiembre á San Vicente, donde se 
demoró catorce días á causa de una enfermedad y de la que aún no repuesto salió 
para Treceno el 12 de Octubre. 



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g ECCIÓN O FICIAL 



^ í!r Excursión á Zaragoza, v^ rlí- 

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIiillliiillllllllllili'llllllllilllilllill'lllii'lill'illillllllilllllllDIIIIÜIlillllllllillllllilKilll 



Este año se celebrará en Zaragoza el centenario de los famosos 
Sitios. 

Es la fiesta el recuerdo del vigoroso despertar de una raza y la 
conmemoración del renacimiento nacional; no hay en ella odios ni 
prevenciones contra pueblo alguno. 

La Sociedad Española de Excursiones desea asociarse á este 
acontecimiento, que tan directamente se relaciona con el principal fin 
que persigue: enaltecimiento del nombre y del pensamiento de la Pa- 
tria por medio del estudio y de la propaganda de sus creaciones 

Para dar fehacientes muestras de nuestro cariño á Aragón orga- 
nizaremos una visita á su capital, en los días y forma que se anuncia- 
rán por hoja suelta á nuestros consocios cuando se haya dado forma 
al proyecto y esté todo dispuesto para realizarle. Con este acto se 
celebrará también el XVI aniversario de la fundación de nuestra 
Sociedad. 



Madrid — Nu«va imprenta de Sau Fraucisco de Sales. Bola 5>. 



Boletín AnoXVI.— segundo trimestre, i 



DE LA 



SOCIEDP ESPHjiOLB DE EkDBSIOHEIÍ 

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- Madrid. — 1.° de Junio de 1908. 



Director del Boletín: D. Enrique Serrano Fatigati, Presidente de la Sociedad, Pozas, ly. 
= Administradores : Sres. Hauser y Menet, Ballesta, ¡o. ^^ 



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SANTA MARTA DE TERA 

( BENAYENTE : ZAMORA ) 

He aquí una especie de Lourdes de ha ocho siglos; un santuario 
donde recibían vista los ciegos, oído los sordos y andar los cojos; don- 
de se curaban los mancos, sanaban los enfermos, los leprosos queda- 
ban limpios, eran expulsados demonios de los cuerpos oprimidos, y 
hasta los prisioneros aherrojados se veían libres dondequiera que su 
cautiverio fuese. Así lo consignó solemnemente el Emperador Alfon- 
so VII en un privilegio de 1129, cuando herido por una gravísima en- 
fermedad, y temiendo caer bajo la .lusticia divina, se acogió á Santa 
Marta, pidiéndole la salud á cambio de los términos realengos y de 
señorío comprendidos dentro de los cotos de su iglesia. Realmente no 
tasaba en mucho el joven Rey la gracia de alejar por entonces de sí las 
penas del infierno; pero el hecho es que Alfonso curó de firme. 

Perdida hasta la tradición de todo ello, redúcese la historia del san- 
tuario á los pocos datos recogidos por el P. Fiórez con demasiada lige- 
reza (1), puesto que el archivo catedral de Astorga, donde sus datos 
se guardaban, sabido es que fué quemado en la guerra de Napoleón. 
Es posible que arrancase de tiempos visigodos su existencia, porque 
de entonces hay en el edificio actual un capitel de pilastra corintio, 
muy desgarbado, y varios fustes de mármol. Luego, se le cita, siendo 
monasterio, en el siglo X, pero su esplendor fué del XI al XII, cuando 

(1) España sagrada, tomo XVI, páge. 62, 454, 457, 464, 479. 

6 



82 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



se enriqueció con dádivas copiosas, entre ellas las de Gelvira, hija de 
Berraudo II, en 1033. Fernando I lo cedió con todas sus pertenencias á 
la Sede astoricense en 1063, como recompensa de los servicios presta- 
dos por su Obispo Ordouo en la traída del cuerpo de San Isidoro á León, 
y esto mismo lo confirmó Alfonso VI eu 1085, estableciéndose allí una 
abadía con canónigos regulares, que duró hasta el siglo XVI. De todas 
sus grandezas no queda ni la fama; hoy es una parroquia que da nom- 
bre al pueblecillo, por donde cruza la carretera de Benavente á Sana- 
bria, y si descuella en algo es por un anejo de la iglesia, titulado Pala- 
cio del Obispo de Astorga, y ¡qué palacio! Ahora bien, á tanta mengua 
resistió el edificio de la iglesia, tal como en sus tiempos más esplendo- 
rosos fué alzado, y bien merece señalarse á la atención de los eruditos, 
ya que nada se lia dicho en su elogio ni aun suena entre nuestros mo- 
numentos. 

Trátase de una obra románica de las más bellas por su aspecto ex- 
terior, y de las más curiosas, dada su gran vejez, pues ciertamente her- 
mana con el crucero de San Isidoro de León . Mas como respecto de 
esta otra iglesia no se ha fijado bien la fecha, conviene aclarar este 
punto, que arrastra consigo la introducción del arte francés en aquel 
reino. 

La primera iglesia de fecha segura en que hallo indicios de él es San 
Salvador de Fuentes, en Asturias, edificada por Didago Píppici y Man- 
suara, y se consagró en 1023. Sobrevino luego, bajo Fernando I, un flore- 
cimiento con sabor oriental, según hacen patente el claustro de Silos, 
anterior á 1073, y los marfiles de San Isidoro de León, de hacia 1060, 
admirables por su gran arte, y que además tienen precedentes en los de 
la Cogolla (1032). Estos jalones son fijos, y comprueban, tocante á ar- 
tes decorativas por lo menos, un avance y saperioridad respecto de lo 
francés, que obligan á buscar por otro lado su inspiración ó á rehacer la 
cronología del período románico en Francia, que tan llena de divaga- 
ciones y desconciertos se nos ofrece. Apartando esto, y sobre dicha 
base, hay confianza en reconocer como parte de lo edificado por Fer- 
nando I en San Isidoro su magnifico panteón, que no sería primitiva- 
mente sino el portal ó nártex de la iglesia dedicada en 1063. La Cate- 
dral vieja de la misma ciudad, concluida diez años más tarde, era de 
tipo francés, á juzgar por sus vestigios. Pero el desarrollo más esplén- 
dido sobrevino inmediatamente al reconstruirse la gran Basílica de 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 83 



Compostela, sobre influencias auvernatenses muy probables; mas sus 
esculturas marmóreas no hay sino que atribuirlas á un maestro bizanti- 
no sobresaliente, cuya escuela se esparció por todo el reino, llegando á 
Tolosa de Francia. Comenzada la Catedral de Santiag-o hacia 1074, pudo 
bien erigirse la fachada de las Platerías en 1078, fecha cuya exactitud 
acredita la portadilla de San Esteban de CoruUón, en el Bienzo, iglesia 
consagrada en 1086, y que es un remedo compostelano evidente; 
además, los relieves del arca santa de Oviedo, donación de Alfonso VI 
y su hermana Urraca, entre 1072 y 1085, comprueban el definitivo 
avance de nuestro arte. 

Volviendo á San Isidoro, la iglesia actual ofrece dos partes; una, la 
más antigua, comprende todo el crucero y ábsides, los cuatro arcos 
medianeros inmediatos del cuerpo de la iglesia, lo correspondiente del 
muro Sur, con su portada, y la del panteón. Después llegóse á comple- 
tar las naves, alterando lo ya hecho de ellas á fin de abovedarlas total- 
mente, y entonces caería la iglesia de Fernando I, cuyo ancho acaso 
no sobrepujaba al del panteón mismo. Esta segunda obra sabemos 
ciertamente que la dirigió el maestro Petro Deustamben, qui superedi- 
fcavit ecclesiam hanc, como dice su epitafio, en tiempo de Alfonso Vil, 
y fué su consagración en 1149. Respecto de la obra anterior, no sé 
que haya sido alegado como dato precioso y concluyente la inscrip- 
ción sepulcral de Urraca, hermana de Alfonso VI, donde consta que 
ella ampliavit ecclesiam isíam et multis muneribus ditavit. Es, pues, se- 
guro que amplió la iglesia, añadiendo el crucero actual á la cabeza del 
edificio erigido por su padre, y esto hubo de ser entre 1072 y el 1101, 
fecha de su muerte. Comprueban más aún, si preciso fuere, la exacti- 
tud de dicha frase, grabada muy poco después, el cáliz de ágata y oro 
que aún se conserva, y un grande y rico Crucifijo, ya perdido, que 
eran donación suya. 

Ahora bien; esta parte del crucero y portadas de San Isidoro es lo 
que guarda tantas analogías con Santa Marta de Tera, y por consi- 
guiente, ha de atribuirse á los decenios últimos del siglo XI, siendo 
obra de un maestro que cultivaba el arte decorativo y los fundamen- 
tos del sistema románico tal como en Santiago iban desarrollándose; 
pero, como le inquietasen demasiado las bóvedas, ya las excusaba, ya 
les oponía estribos disformes, que denuncian miedo mucho más que 
ciencia, y su españolismo acredítase con el empleo reiterado de arcos 



84 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



de herradura y con lóbulos y de unos modillones de tipo mozárabe. 

El aspecto de nuestra iglesia altamente halagüeño; colocada como 
está en alto, dominando el río Tera y con hermosa vista sobre el 
valle; limpio su cuidadoso aparejo de pizarra micácea, brillante á los 
rayos del sol, y cuyo tono plomizo se aviva con las cornisas y capite- 
les tallados en arenisca amarilla. Solamente una espadaña, y más aún 
su groserísima escalera, afean el conjunto. Por dentro súfrese una de- 
cepción al verla encalada y pintorreada, con tres armaduras toscas su 
crucero y bóvedas en la nave que desarmonizan. La altura media de los 
sillares es de 30 á 40 centímetros, con algunas marcas, pero raras y 
en forma de letras, esculpidas en ellos. 

La planta es una cruz de 27,50 por 16,50 metros, medida por 
dentro, y con un ancho de 6,18 metros sus naves. De tal forma son 
raras las iglesias románicas, fuera de Cataluña, y sólo recuerdo las de 
San Cristóbal y Santo Tomás, en Salamanca, y San Andrés de Armen- 
tia, todas ellas posteriores á la de Tera; pero aun más insólita es la 
cabecera rectilínea, como que, dentro de dicho tipo, acaso no se repi- 
ta sino en San Pedro de Camprodón, y ello por inñuencias cistercien- 
ses más bien. Al contrario, iglesias cruciformes solían hacerse en el 
Oriente, desde Constantino, y por acá en tiempos visigodos, según 
atestiguan Santa Comba, en la Limia, San Pedro de la Nave y San Ro- 
mán de Hornija; y duraron no sólo en Asturias, puesto que así era 
Santa Cruz de Cangas, sino también entre mozárabes, como parece 
acreditarlo Santa María de Melque. En vista de ello, cabe suponer si 
nuestra iglesia conservará el trazado de otra mas antigua, ú obedecerá 
cuando menos á la tradición española del período anterior. Imitación 
directa suya, en la cabecera y aun en lo decorativo, parece ser Santo 
Tomé, una de las más vieja;? iglesias zamoranas. 

En Santa Marta bien se echa de ver que solamente la capilla iba dis- 
puesta para bóveda, con sus muros más gruesos y enormes estribos es- 
calonados: ella es de cañón con peralte, apoj'áudose por junto al testero 
en un perpiaño sobre columnas, con la intención de descargar en ab- 
soluto el muro cabero. Es además curiosa la forma de ingerirse en ella, 
como lunetos embrionarios, los arcos de las ventanas. Por adorno llevan 
dichos estribos en cada relej un par de bolas, todo como en San Isidoro. 
Las columnas del testero, por fuera, parecen simplemente decorativas 
y resabio de las que solían ponerse, haciendo de estribos, en los ábsides. 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



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Los arcos torales son doblados, y tres de ellos hacen avanzar algo 
en curva su peralte, de modo que resultan de herradura, así como es 
angular con cinco lóbulos el del alféizar de la portada que mira á sur. 
Ésta, la occidental y el postigo del crucero carecen de tímpanos, pues 
dada su pequenez no cabía otra cosa. Tocante á ventanas hay una serie 




baja con decoración de columnas por ambas haces, y además unas cla- 
raboyas pequeñas, pero muy derramadas hacia dentro, en los hastiales 
de cabeza y brazos y en la parte central y más elevada del crucero 
hacia oriente. Una de aquéllas couserva su reja de hierro primitiva, 
análoga á la de San Isidoro, aunque más sencilla, y se compone de do- 
bles espirales de alambre, sujetos entre sí y á dos barras laterales me- 



88 Boletin dé la Sociedad Española de Excursiones. 



diante lañas y sin clavazón alguna. Es curioso también el dato de que 
las puertas se aseguraban por dentro con trancas encajadas horizontal- 
mente en el muro. 

A los pies de la iglesia extiéndese una especie de portal, dos de 
cuyos lienzos son en su mayor parte modernos, y en el de hacia norte 
hay una puerta adintelada con arco de descarga; las esquinas llevan 
gruesos estribos, y unido ello á la robustez de muros, hacen creer que 
encima surgiría una torre, como en San Esteban de Gorullón, arriba ci- 
tado, y la parroquial de Barrios de Salas, en el Bierzo, que forman un 
ingreso en su base con dos arcos laterales y cerrada ia delantera, para 
resguardo de la puerta que comunica con el interior, disposición muy 
cómoda, aunque poco bella, y á propósito para albergar á los pere- 
grinos. 

Nótase en dicha portada occidental— que era semejante á la de sur 
— un deterioro enorme con pérdida casi total de su decoración, y asi- 
mismo en la nave de los pies de la iglesia, faltando mucho de las 
cornisas de MUets que la ceñían tres veces á par del crucero, cosa in- 
explicable, á no ser por efecto de un incendio que hubiese prendido en 
los techos de la torre y de dicha nave causando su ruina: ello hubo de 
ser hacia fines del siglo XIT, puesto que de entonces datan el aboveda- 
miento de la segunda y otras reformas. Cúbrese, en efecto, la nave con 
tres bóvedas rectangulares de aristas, capialzados en rampante recto 
sus cascos menores, y enlucidas, como hechas con lajas groseramente; 
pero adornan sus claves unos rosetones de primerosa talla, conforme 
al estilo de transición hacia lo gótico. Los arcos de entre estas bóvedas 
son apuntados, sobre repisas de molduras idénticas á las de Moreruela; 
las ventanas difieren de lo primitivo, siendo arquillos lisos y derrama- 
dos; las cornisas por fuera son fayancas góticas, y en el alero, bajo 
una cornisa también de tipo cisterciense, turnan modillones lisos del 
mismo tiempo con otros románicos. Todo ello hace creer que un artí- 
fice educado ea Moreruela llevó á cabo esta reforma. 

En lo decorativo, la obra antigua es bastante rica y muy homogé- 
nea, como hecho todo de una vez. Los aleros tienen modillones corta- 
dos en forma de nácela, ya lisos ya con baquetones atravesados, por 
imitación mozárabe, y se les sobreponen generalmente hojas, pinas, ra- 
cimos ó cogollos, cabezas de lobo, bustos de toro y de león, algún cua- 
dnipedo, figuras humanas desnudas ó cabeza abajo, etc. Las molduras 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiofies. 87 



todas llevan dillets, excepto la más baja del crucero que es de baqueto- 
nes corridos. Algunas impostas, cimacios y arquivoltas engalánanse 
con rosetas, lacerías y follajes; las basas tienen garras y algunas al- 
canzan gran desarrollo, con plinto redondo y bocel inferior cubierto de 
hojas. 

Los capiteles ostentan mucha variedad: hojas escotadas lateral- 
mente y con bolas debajo de su punta, otras lisas y picudas; caulícu- 
los, tallos enlazados y mordidos por cabezas de león; basiliscos, sire- 
nas, leones, aves picando una bolita, cabeza humana y dragón mor- 
diendo á un cuadrúpedo. Uno del arco toral de la capilla representa 
una mujer desnuda, dentro de aureola, llevada por dos ángeles; otro 
del testero por faera efigia la Epifanía, con la Virgen sentada en me- 
dio teniendo al Niño desnudo, los Magos sobre una fila de hojas y otro 
hombre indicando el astro quizá; por último, en las ventanas campean 
dos personas sentadas juntas, otras desnudas tras de ramaje, otra sen- 
tada teniendo una cabeza humana en sus brazos, que recuerda la fa- 
mosa escultura de la portada de las Platerías, y finalmente, un caba- 
llero ante el cual se postran dos hombres. Sin ser una perfección todo 
esto, lleva enorme ventaja á lo zamorano, revelando filiación próxima 
respecto del gran anónimo de Compostela. 

Igual tendencia, pero con carácter leonés mejor definido, desarro- 
llan otras esculturas de más alta significación y tamaño. Son ellas tres 
imágenes de apóstoles, en piedra arenisca, que asoman coronando la 
espadaña; y además un alto relieve, de 97 por 65 centímetros, que re- 
presenta al Salvador, imberbe, sentado, con una especie de cásula, ben- 
diciendo y abierto bajo su mano izquierda un libro, donde se lee: EGO 
SVM LVX MVNDI. Recuerda otro semejante puesto en la giróla de 
San Sernín de Tolosa, y será una • de nuestras efigies hieráticas en 
piedra más antiguas, que iría tal vez sobre el altar mayor; hoy no tiene 
sitio fijo. 

M. GÓMEZ-MORENO. 






SILLAS PE CORO ESPAÑOLAS 

((."outinuación) 

Catedral de Toríoj?rt. —Está colocada la sillería en el centro de la 
iglesia y consta de dos órdenes de asientos, formando los altos un 
cuerpo arquitectónico con columnas compuestas, que separan los ta- 
bleros entre sí y sostienen un sencillo cornisamento. Sobre los res- 
paldares hay imágenes de santos, talladas en relieve de regular ex- 
presión y dibujo, pecando algunas de pesadez en las formas, pero sin 
caer en el barroquismo. Las sillas bajas son lisas, sin ninguna figu- 
ra ni otra clase de adorno. 

Fué labrada en madera de Navarra, y su trazado está hecho con 
arreglo á las corrientes neo'-clásicas, siendo de una gran semejanza 
con la de Cuenca, pero sin los detalles barrocos que vemos en aquélla. 

La silla episcopal forma también^ como la conquense, una espe- 
cie de pórtico (pero aquí más dentro del gusto clásico), en el centro 
del cual está la imagen del Salvador, y como remate un rosetón en- 
cuadrado entre sencillas pilastras, con las que forma un segundo 
cuerpo. Delante del asiento tiene fijo el atril y dos escaleritas latera- 
les, y en vez de cuatro asientos á los lados como en Cuenca, aquí hay 
seis por ser mayor el ancho de la nave. En conjunto parecen las dos 
traza del mismo arquitecto, siendo las principales diferencias el ab- 
soluto dominio de la línea recta en la tortosina y el apoyar las esta- 
tuas en la base del tablero sin adorno alguno, mientras que en aqué- 
lla están sostenidas por repisas y rodeadas de una especie de marco 
de estilo barroco, coronado por dos cabecitas de ángel. 'Por lo tanto, 
creemos que si bien el autor del trazado pudiera ser el mismo en las 
dos, los ejecutantes, aunque pertenecieran al mismo siglo, no estaban 
inñuídos por el arte barroco. 

Parece ser que Cristóbal de Salamanca trabajó en ella desde el 
año 1588 al 1593, costando la obra que él hizo 5.500 libras jaquesas, 
sin contar las maderas. 



BOL. DE LA SOC. ESF. DE EXCURSIONES 



^¿^ TOMO XVI. 




CÁDIZ: Sillería de la Catedral 




Fototipia de Hauscr y Mcnet.—Madnd 



TORTOSA 
Sillería de la Catedral 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones^ 89 



Monasterio de San Zoilo (Carrión de Jos Condes). —Ha desapare- 
cido la antigua sillería que poseyeron los primitivos monjes Bene- 
dictinos, y que según parece, estuvo colocada alrededor del altar 
mayor. La que hoy existe no se comenzó hasta el año 1693, y para 
costearla, recibió el Abad, Fr. Gregorio Ruiz, la cantidad de 28.000 
reales, que le fueron entregados por el General de la Orden, Fr. Am- 
brosio de la Torre. 

Consta la sillería de dos cuerpos: el primero formado por 12 asien- 
tos á cada lado, tres distintos de los demás, con las imágenes (en alto 
relieve) de San Benito, Santa Escolástica y Santa Gertrudis. El cuer- 
po alto tiene 15 asientos á cada lado, y también tres de ellos con las 
imágenes de San Zoilo, San Agapio, Obispo de Córdoba, y la del 
monje San Félix, martirizado por los moros. 

Está construida con madera de nogal, midiendo el cuerpo infe- 
rior siete metros y veinte centímetros, y el superior diez, incluyendo 
las dos puertas laterales. Sobre la puerta de la derecha hay un escu- 
dito con dos leones apoyados en un báculo, y en la parte inferior 
una mitra. Encima de la otra puerta hay también un escudo, 
pero con distintos atributos, que son: un báculo abacial, y á los 
lados unas palmas. La anchura total del coro es 12 metros y 50 cen- 
tímetros. 

Tiene esta sillería 44 columnas salomónicas, correspondientes á 
los brazos de los asientos (dobles en la silla abacial). 

Sobre el dosel, que corona toda la sillería, encima del asiento pre- 
sidencial, tiene un grupo tallado, con las armas de la Abadía, forma- 
do con dos escudos, coronados con el sombrero abacial, rodeado todo 
con ramas de laurel y rematando en un ángel. 

Catedral de Almería. — Esta sillería es de escaso valor artístico, 
ignorándose la fecha exacta en que se construyó (siglo XVII), así 
como quién fuera el autor ó autores que la labraran. 

Es de madera de nogal y está colocada en el centro del templo, 
frente al presbiterio, habiendo una nave intermedia. Tiene dos ór- 
denes de asientos, con 44 sillas en el superior y 30 en el inferior, 
mas la silla episcopal en el centro, y de mayor tamaño que las demás. 

Las sillas altas tienen un medallón en relieve, y sobre éstos hay 
estatuas representando personajes bíblicos, los Apóstoles y otros san- 
tos. Las bajas tienen tallados en sus respaldos medallones con imáge- 



90 EoleUn de la Sociedad Española de Excursiones. 



nes de santos ó santas. Los brazales son tallados, y en general se en- 
cuentra bien conservada. 

Antequera. — En varias iglesias de esta ciudad existen restos, más 
ó menos importantes, de sillerías, casi todas lisas ó de escasa labor 
de talla, siendo entre todas ellas la de mayor mérito, la que perte- 
neció al convento de San Agustín (iglesia de Santa Catalina már- 
tir), que hoy pertenece á la parroquia de San Sebastián. Está á los 
pies del templo, formada por 36 sitiales altos y 24 bajos, labrados 
en madera de roble y distribuidos en dos órdenes. Los respaldares 
de los altos tienen talladas imágenes de santos de la Orden de San 
Agustín, y en la silla central, que se diferencia algo de las otras, 
tiene la imagen de San José. Los tableros quedan separados unos 
de otros por medio de columnitas, en las que apoya el friso que 
corona toda la sillería. Los tableros de los sitiales bajos son sen- 
cillos. 

Catedral de Santiago. — Esta sillería es grandiosa en el detalle, y 
sus lineas severas y atrevidas hacen que, á primera vista, aparezca 
mejor de lo que realmente es. 

vSe empezó el año 1603, según proyecto de Juan Bautista Celma, 
y la ejecutaron Gregorio Español (1), natural de Astorga, y Juan 
Dávila, de Tuy; el primero hizo el lado del Evangelio, y el segundo el 
de la Epístola, dándola por terminada el año 1608. 

La silla episcopal es de mayores dimensiones y con atributos de 
Arzobispo, 

La madera empleada es el castaño. 

La manera de estar ejecutadas las esculturas de esta sillería, 
hace que parezcan influidas por el gusto barroco, sin que realmente 
sea así, siendo debida esa tendencia á la falta de pericia artística 
y tosquedad de los maestros entalladores regionales que la traba- 
jaron. 

El Sr. Tormo, al hablar del maestro Dávila ó Vila, estudiando la 
escultura de Galicia, dice: «Que dibujaba bien y daba realidad al 
bulto de sus figuras» . 

Colegiata de Calatayud ó del Santo Sepulcro. — Está colocada la 
sillería detrás del Tabernáculo, y la forman dos órdenes de sitiales 

(1) Cean Bermúdez dice nació en Cisneros (León). 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 01 



de madera de nogal, con relieves en sus tablero? y columnas entre 
ellos, sobre las que apoya el entablamento. 

La silla prioral tiene la imagen de San Alberto, Obispo, y las que 
están junto á la salida para el presbiterio, y otra más, tienen las de 
las tres Marías, 

Parece ser del siglo XVII ó principios del XVIII. 

Santa María la Antigua (Valladolid) . — Formando parte del reta- 
blo principal de esta iglesia hay á cada lado de él tres sillas, cuyos 
respaldares altos ostentan talladas imágenes de santos, ejecutadas en 
medio relieve. Los respaldos de las sillas centrales son más altos 
que los otros, y forman especie de frontones de gusto barroco, y en 
sus tímpanos, la figura de San Pedro en uno, y la de San Pablo en el 
otro. Los respaldos de las otras cuatro son rectangulares, y las figu- 
ras talladas no son completas, sino de medio cuerpo, representando 
santos monjes. 

Es obra atribuida á Juan de Juni, autor del retablo. 

Catedral de Salamanca. — Puede ser ejemplo esta sillería del estilo 
barroco español llamado churrigueresco, como obra de Alberto Chu- 
rriguera, hermano del célebre arquitecto que dio su nombre á esta 
época artística en España. 

Cincuenta y siete sitiales en el orden superior y cuarenta y uno 
en el inferior forman la sillería; sabiéndose que trabajaron en ella los 
maestros José de Lara y Alfonso Balbás. 

Sobre los respaldares altos están talladas en alto relieve y colo- 
cadas en hornacinas imágenes de santos mártires, Apóstoles y Docto- 
res, separados entre sí por pilastras decoradas, de marcado estilo ba- 
rroco, carácter que también se observa en la factura de las tallas. En 
el centro destaca la silla episcopal, formando un cuerpo arquitectóni- 
co sostenido por gruesas pilastras decoradas con festones y masca- 
rones y que sirven de apoyo á un segundo cuerpo, especie de arco 
triunfal, bajo el cual está colocada una imagen de la Virgen y dos 
ángeles mancebos á los lados, sirviendo de remate una representa- 
ción del Espíritu Santo entre ráfagas y serafines. En los tableros del 
cuerpo inferior está representada la Sagrada Cena y encima la Ascen- 
sión del Señor. 

Por la parte alta de toda la sillería corre un cornisamento, forma- 
do por trozos arquitectónicos, agrupados con ángeles que tocan ins- 



92 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



trunientos y con cscuditos que llevan tallados atributos de la Virgen. 

El resto de la sillería, tanto de esta parte como de la inferior, está 
decorado con cartelas, flora y atributos, formando un conjunto uni- 
forme y monótono, que si bien les da un aspecto ostentoso y rico, 
cansa por la repetición de motivos y no sobresale por ningún detalle. 

Monasterio de Guadalupe. — Existió, según parece, en este monas- 
terio, una sillería de arte plateresco, trabajada por los mismos mon- 
ges, pero de la cual no ha llegado nada hasta nosotros; la actual fué 
colocada entre los años 1741 y 1744; es toda ella de madera de nogal, 
obra del escultor salamanquino Alejandro Carnicero, discípulo de 
Lara Churriguera, que trabajó en la salamanquina, con la cual tiene 
gran semejanza. 

Consta de dos órdenes de asientos, 49 altos y 45 bajos, con imáge- 
nes de santos y santas, representados de cuerpo entero en las tallas de 
los tableros del orden superior y en bustos en los relieves de los del 
inferior. 

Las imágenes contenidas en los tableros altos son, empezando por 
el lado del Evangelio, las siguientes: Santos Lorenzo, Felipe de Neri, 
Ignacio de Loyola, Cayetano, Félix de Valois, Francisco de Paula, 
Francisco de Asís, Domingo, Bruno, Bernardo, Benito, Antón, Agus- 
tín, Gregorio, Dionisio, José, Marcos, Bernabé, Alteo, Santiago, Ma- 
teo, Felipe, Tomé, Jaime, Pablo, Juan Bautista, Jerónimo, Pedro, An- 
drés, Juan, Tadeo, Bartolomé, Simón, Matías, Lucas, Joaquín, León, 
Papa; Inocencio, Papa; Paulino, Eliodoro, Blas, Basilio, Juan Casiano, 
Eusebio de Cremona, Pauliniano, Teodosio, Cromado, Columbano, 
Juan de Mata, Sebastián y Esteban. En el centro está la imagen del 
Salvador. Las santas, representadas en los tableros de las sillas bajas, 
son: Paulina, Plácida, Elena, Brígida, Ménica, Francisca Romana, 
Isabel de Portugal, María Egipciaca, Margarita, Isabel de Hungría, 
Eduvigis, Perpetua, Vitoria, Anastasia, Gertrudis, Felicitas, Cecilia, 
Ágata, Lucía, Marcela, Magdalena, Madre del Bautista, Isabel, Ana, 
Paula, Eustoquia, Marcelina, Demetriades, Principia, Ulalia, Martina, 
Rosa de Lima, Margarita, Eulalia, Dorotea, Polonia, Petronila, Marta, 
Leocadia, Clara, Teresa, Inés, Bárbara y Engracia. 

Los tableros de las sillas altas están separados entre sí por grue- 
sos pilastrones barrocos, análogos á los de la sillería de Salamanca, 
á la cual, como ya hemos dicho, es muy parecida, salvo que está me- 



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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 93 



nos recargada de adornos; siendo dos las principales diferencias: 
una, el que la balaustrada del cornisamento aparece decorado en ésta, 
únicamente con cartehxs de hojarasca y una cabecita de niño, mien- 
tras que en aquélla es muy historiada, entrando en su ornamentación 
gran número de figuras completas de niño; y la otra, el que siendo 
ésta de menor altura, los tableros colocados entre las imágenes y los 
asientos son también menores y sin decorar. 

El corte de los brazales, atril y disposición general es idéntico en 
las dos, viéndose perfectamente que el discípulo siguió fielmente la 
escuela y manera de su maestro. 

Parroquia de San Juan ó Colegial de Marchena. — Dentro del gusto 
de la salamanquina está también la sillería de Marchena, situada 
en la nave central, á los pies de la iglesia, pero dejando lugar para 
la entrada por la puerta principal; la componen 43 sitiales, 29 altos 
y 14 bajos, y la silla central^ que es análoga á las demás, pero tiene 
tallada en su respaldo la Purísima Concepción en vez de las imáge- 
nes de santos que tienen las otras^ y entre los que están San Luis, 
San Antonio, San Francisco, San Juan Bautista, San Agustín, San 
Lorenzo, San Roque, San José, San Esteban, etc., etc., y en el frente 
los Apóstoles. 

Es una sillería de marcado carácter barroco^ excesivamente re- 
cargada de adornos y cartelas; todas las esculturas parecen de la 
misma mano, estando bastante bien ejecutadas, revelándose en ellas 
la mano de algún discípulo de Roldan. Están colocadas bajo un dosel 
de talla, imitando paños, y separándolos unos de otros gruesas pi- 
lastras churriguerescas, decoradas con dos niños desnudos cada una. 
Los tableros de las sillas bajas tienen en el centro medallones con las 
imágenes de varias santas, en relieve y de medio cuerpo, como en las 
de Guadalupe. 

Las misericordias son mascarones, todos muy parecidos. 

En conjunto, es bastante aceptable, dada la época á que pertene- 
ce, lamentando no poder dar noticia alguna respecto á su autor, por 
no habérsenos permitido visitar el archivo parroquial ni haber logra- 
do alcanzar datos documentales que justifiquen la atribución que 
algunos le dan, diciendo es obra de Duque Cornejo. 

Parroquia de Santa María de la Encarnación de Ronda. — La sille- 
ría de Ronda es del mismo tipo churrigueresco que las otras anterio- 



94 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones . 



res, y como ellas consta de dos órdenes de sitiales, dosel corrido sobre 
ios altos, imágenes de santos de gran talla, pilastras barrocas separan- 
do los tableros, cartelas y medallones en los del orden bajo, etc., etc. 

Es de madera de nogal, con 24 asientos altos y el prioral en el 
centro, formando grupo aparte, dividido en dos cuerpos: el superioj" 
con la figura de San Miguel y ángeles á los lados, y relieves que re- 
presentan la Anunciación y la Encarnación; en el cuerpo inferior 
está tallada la imagen de Jesús crucificado y á los lados la Magdalena 
y San Juan. En las repisas de los siguientes están los Apóstoles y otros 
santos, siendo las mejores tallas las del Crucifijo y los grupos que re- 
presentan loa Desposorios de la Virgen y la Visitación. 

Sobre las pilastras que separan los tableros, apoyan unas figuras 
de niño sosteniendo el cuerpo alto, que, en forma de gran escocia 
(con friso y remates de grupos ornamentales), avanza sobre las sillas 
sirviéndoles de dosel. Es obra muy aceptable dentro del gusto barro- 
co, y tiene tallas muy bien ejecutadas. 

Catedral de Guadix.—h3i sillería de esta Catedral es de trazado 
más original que todas las demás de su época, no pareciéndose á nin- 
guna de ellas, pero perdiendo en buen gusto lo que gana en origina- 
lidad. 

Fórmanla dos órdenes de asientos, con los respaldares del orden 
superior de mayor altura que en la generalidad. El adorno de todos 
los respaldares es igual (compuesto de enrevesadas molduras y hoja- 
rasca), encima repisas ó pedestales, sobre los que descansan estatuas 
de santos, exentas y talladas en madera clara que destaca sobre el 
fondo obscuro del resto de la sillería. Cada estatua tiene su dosel in- 
dependiente de muy mal gusto, rematando en penachos característi- 
cos, sobre los que hay otro segundo dosel corrido, de líneas ondulan- 
tes, en el que termina. 

Las esculturas son muy movidas, hay alguna desproporcionada, 
pero, en general, están regularmente talladas, si bien sus actitudes 
sean un poco convencionales y amaneradas. Pudieran muy bien ser 
de Cornejo ó de algún compañero ó discípulo suyo. 

En conjunto, es una sillería rica y tipo de talla churrigueresca. 

Silleria de la Catedral de Cfld¿z.- -Procede de la Cartuja de Santa 
María de Las Cuevas, de Sevilla, y fué trasladada á la Catedral á 
mediados del siglo XIX, siendo colocada y restaurada por el tallista 



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BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



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Fototipia de Hauser y Menet. — Madrid 



SEVILLA 
Trozo de la Sillería de la Cartuja 



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BOL. DE LA SOC. ESP. DE EXCURSIONES 



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Fototipia de Hauscr y Meuet. - Marlrid 



GUADIX 
Sillería de la Catedral 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 95 



gaditano Sr. Rosado. Consta de dos órdenes de asientos: 41 altos y 
24 bajos; éstos modernos, lo mismo que la silla del Prelado, colocada 
en el centro del testero, y á la que se asciende por una escalinata de 
mármol con balaustres de bronce. A cada lado de la silla episcopal 
hay una puerta. que comunica con el trascoro. 

Los respaldares del orden alto tienen talladas imágenes de santos 
y están separados por columnas salomónicas y cobijadas todas por un 
gran entablamento saliente, subdividido por modillones ó ménsulas 
decoradas, rematando en un friso de medallones tallados. 

Está labrada con maderas de cedro y caoba y ha sido atribuida 
por algunos ^á Pedro Duque Cornejo sin causa justificada, siendo 
lo más probable que Agustín Perea ó Juan de Valencia trabaja- 
ran en ella, según veremos al hablar de la de Santa María de las 
Cuevas. 

Cartuja de Sevilla. — Fundada la Cartuja de Santa María de las 
Cuevas en el siglo XV, por el Arzobispo D. Gonzalo de Mena, tuvo, 
por lo menos, dos sillerías, pero sólo se conserva la ya mencionada 
de Cádiz, y otros 16 sillones, en muy buen uso, con su correspondien- 
te reclinatorio, que se guardan aún en lo que fué capilla de dicha 
Cartuja (hoy fábrica de cerámica). 

Sábese por ciertos documentos, que en 1702 Agustín Perea (dis- 
cípulo de Roldan), ayudado de su hijo Miguel y de Juan de Valencia 
ídiscípulo de Jerónimo Gómez de Málaga), cobraron 390 reales por 
cada santo, 175 por cada virgen, 90 por cada ángel, siete y medio 
por los serafines y 1.800 por cada silla, sin la madera. 

Esta sillería, á pesar de su carácter barroco, tiene estatuas muy 
bien talladas, como si fueran de mejor época. 

En un manuscrito que perteneció á la Cartuja y que hoy está en 
la Biblioteca del Duque de Tillí-Serclaes, encontramos los siguientes 
datos: <^Año 1475. — El Prior D. Fernando Cerrague mandó hacer en 
Flandes una sillería para el coro {que no la tenia) de madera de borne, 
y esa fué la primera, pero que después hubo otras, porque en esta 
de 1620, por descuido de una lucerna mal apagada, se quemó todo un 
lado de la sillería del coro. El Prior Lujan, lo principal que hizo fué 
fabricar nueva sillería correspondiente á lo que quedó sin quemar. Y 
en 1623, se amplió la Iglesia, se hizo la sillería de los religiosos conver- 
sos, y en el 1696, entre las obras que hizo el Prior Fabián fíuiz de Ama- 



96 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



ya, fué otra sillería para el coro, que es la que vemos, para cuyo efecto 
compró un navio viejo de cedro y de caoba en San Lucar. 

»Año 1630. Siendo Prior Fabián Ruiz de Amaya, dejó proyectado la 
sillería de ambos coros, para cuyo efecto tenia comprado un navio viejo 
en San Lucar y otras muchas maderas y hierro. 

»1700. Siendo Prior el P. Bruno Escolano concluyóse las obras de 
la sillería última, cual se ve, habiendo tenido antes dos que ninguna gustó 
y aún dicen que la que hoy tienen en el Salvador los canónigos es una 
de ellas. 

»1709. El Prior D. Juan de Aliona hizo acabarla escultura de la 
sillería del coro de los religiosos conversos, que le faltaba la cornisa de 
arriba.^ 

Iglesia parroquial de Bota (Cádiz). — Forman esta sillería 33 si- 
llas, 21 altas y 12 bajas, con silla presidencial, que ocupaba el vi- 
cario (cuando existía esta autoridad), y que se diferencia de las 
otras en la talla más saliente, formando un nicho, donde se halla 
colocada una imagen del Salvador; la pequeña cúpula que cubre el 
nicho tiene en su frente un escudo heráldico de Arzobispo. Los res- 
paldares de los sillones están separados por pilastras churriguerescas, 
dejando en el centro un tablero terminado en medio punto, y en cada 
uno de ellos colocada la estatua de un Apóstol, y dos Evangelistas en 
los 14 laterales altos. 

En el frente, que hay siete asientos, dos tienen á sus espaldas 
claraboyas con vidrieras, y los otros cinco, uno es el presidencial; 
á su derecha la Virgen, y á la izquierda un Patriarca; á la izquierda 
de éste, pasada la claraboya, San Juan Bautista, y en el lugar co- 
rrespondiente de la derecha, el Arcángel San (iabriel. Sobre todos 
los tableros corre una cornisa churrigueresca con arcos recargados 
de talla. 

La madera es de cedro y caoba, y el todo cerrado con dos 
puertas de talla, y en el frente una reja de hierro forjado de buen 
dibujo. « 

Esta sillería fué construida en substitución de otra antigua, que 
tenía 19 asientos de madera de borne, y fué mandada hacer en la 
visita del año 1727 por el Arzobispo D. Luis Salcedo y Ascona, co- 
rriendo la obra de carpintería á cargo de Andrés Martínez, y con- 
tratándose las esculturas con Diego Roldan, de Jerez, que había 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. !t7 



de hacer 19 santos de á vara, á 20 pesos cada uno, dándole la made- 
ra en Jerez. 

Caíed)-«Z cíe Zwgo.— Se debe la traza de esta sillería al maestro 
Francisco Moure, natural de Orense (murió en 1633), y su coste fué 
5.000 ducados. 

En uno de los ángulos hay una inscripción con el nombre del 
autor y el de otro entallador llamado Ignacio (quizá hermano suyoj, 
así como la fecha 1624 y los nombres de los Reyes Don Felipe IV y 
Doña Isabel y el del Obispo López Gallo. 

Tiene estatuas y adornos muy aceptables, por las que mereció su 
autor ser calificado por Cean como uno de los mejores maestros de 
su tiempo, pero en realidad es algo exagerada la calificación, pues si 
en algunas tallas se aprecia su genio, igualmente se ve gran inocen- 
cia en ciertos detalles y hasta la fatuidad de artista provinciano que 
se siente alabado por admiradores poco inteligentes. Hay detalles 
que se hacen notar por lo absurdos y que, como decía el Sr. Tormo 
en su estudio sobre la escultura gallega, tiene esta sillería algunas 
composiciones con un carácter especial de «barroquismo ingenuo.» 

Monasterio de San Martin de Pinario. — En el coro de este templo, 
hoy iglesia del Seminario de Santiago, hay una sillería, obra de un 
tal Francisco ó Fernando Prado, ejecutada por el año 1647, y que re- 
sulta muy interesante, más por ser labor de un artista regional que 
por la excelencia de su trabajo. Tiene sillas altas y bajas decoradas 
en la forma usual en estas sillerías, con profusa ornamentación y 
grandes imágenes en los respaldos de los sitiales altos. 

Catedral de Tuy.— Atribuyese la sillería de esta Catedral á ün 
maestro portugués, y acusa una decadencia muy grande, tanto por su 
factura como por la traza, por lo cual la creemos más bien obra de 
un tallista regional poco adelantado en su arte, que trabajo de un 
artista extranjero, puesto que en la época en que se hizo (años 1711 
á 1720) se hacían obras muy aceptables y quedaban aún artistas ex- 
celentes. En los respaldos tiene imágenes de santo, presidiendo la de 
San Telmo. Está pintada de negro, lo cual contribuye á aumentar su 
mal aspecto. 

Catedral de Orihuela. — Hállase situada la sillería en el centro del 
templo, compuesta de dos órdenes de sitiales, labrados en madera de 
caoba. La silla del Prelado es de mayores dimensiones que las demás y 

7 



98 Éoletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



se encuentra colocada en el centro. En vez de tener en los respaldares 
estatuas representando santos (como casi todas las de arte decadente), 
tiene tallados en ellos asuntos del Antiguo y Nuevo Testamento. 

Trabajó en ella, por el año 1692, el artista valenciano Juan Bau- 
tista Borja. 

En la parroquia de Santa Justa y Rufina, de la misma población, 
parece que existió otra sillería de caoba tallada, pero de la cual no 
hemos podido procurarnos dato alguno. 

Catedral de Córdoba. — En el centro de la famosa mezquita destá- 
case, profusamente iluminado, el espléndido coro catedralicio, como 
si la luz y grandeza del cristianismo penetrara en medio del misterio 
y fantasía de la religión de Mahoma. Y en ese coro (llenándolo todo 
él) es lo más interesante su notable sillería, interesante ejemplar del 
estilo churrigueresco, con todos sus defectos y todas sus bellezas, pre- 
sentando un aspecto de riqueza y fastuosidad que agrada al primer 
golpe de vista, pero fatiga tan pronto como se observa en detalle. 

P'ué labrada por Pedro Duque Cornejo, escultor sevillano, nacido 
en el 1677, que fué discípulo de Roldan y estuvo al servicio de la 
Reina Isabel Farnesio, muriendo á los ochenta anos de edad. 

Duró la construcción desde el año 1748 hasta el 1757, corto perío- 
do de tiempo si se considera la labor inmensa que representa por sus 
dimensiones y prolijidad de detalles, siendo de presumir que el escul- 
tor daría los modelos ejecutados en barro ó cera, y oficiales tallistas 
estarían encargados de labrarlos en madera como hoy se hace y con 
lo que se logra mayor rapidez y unidad en la ejecución, si bien el 
trabajo resulta menos artístico. 

Consta de 63 sillas altas y 42 bajas de madera de caoba. En el 
frente tiene dos puertas, entre las cuales están el sitial del Prelado y 
otros dos formando grupo con él. 

En los medallones de las sillas bajas represéntanse pasajes de las 
vidas y martirios de santos cordobeses, en composiciones tan seme- 
jantes- unas á otras que parecen repetirse. 

Sobre íás sillas altas hay dos series de tableros (unos menores que 
los otros) con asuntos del Antiguo y Nuevo Testamento (en los inferio- 
res, de la antigua Ley^ y en los superiores, de la Vida y Pasión de Je- 
sús). Entre tablero y tablero, columnas decoradas, y cobijando todos 
los sitiales un dosel, cuyo frente forma un arca para cada sillón. Los 







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Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 99 



espacios entre respaldares y columnas están tancubiertos de molduras, 
hojarascas, volutas, cabecitas y otra serie de elementos, que cansan 
la imaginación y quitan importancia á las escenas bíblicas desarro- 
lladas en los tableros, muy interesantes y bien ejecutadas algunas de 
ellas; notándose que si en la parte arquitectónica cayó en el barro- 
quismo el discípulo de Roldan, en la escultórica sigue la tradición se- 
villana, apreciándose una mezcla de misticismo y realismo que en- 
canta, como sucede en el relieve que representa la Sagrada Familia: 
sirve de fondo, ancho portal andaluz con escalera, en un lado. San 
José trabajando en el banco de carpintero, en el otro María cose con 
una almohadilla sobre las piernas (forma clásica de repasar y coser la 
ropa en los pueblos); en el centro, sentado en un escabel, está el Niño 
Jesús contemplando una pequeña cruz. Es todo el grupo de una gran 
sencillez, muy bien estudiada la perspectiva, bien los paños, expre- 
sión de bondad en los rostros, etc.; siendo una lástima que el exceso 
de adorno no permita fijarse en ello sino á quien exclusivamente vaya 
á estudiarlos. Lo mismo puede decirse de los relieves que representan 
la Circuncisión, la Huida á Egipto, etc., etc., cuyas composiciones 
parecen tomadas de cuadros de la escuela sevillana creada por Mu- 
rillo. .. -. 

La silla del Prelado forma un grupo monumental con laa dos de 
los asistentes y las dos puertas que dan altrascoro (como ya hemos 
dicho); y hay en él tal exceso de esculturas, doseletes soportes,. mol- 
duras y cuantos elementos decorativos pueden ocurrirse á laimagl: 
nación más fecunda, que seria necesario un libro para hacer la des- 
cripción y aun así resultaría confusa; por lo cual, nos limitamos á rcr 
producirla en fototipia, y en ella podrá verse, aunque muy reducid 
do, el gran relieve representando la Ascensión del Señor y las esta- 
tuas de Santa Teresa y la Magdalena con las cuatro Virtudes Cardi- 
nales y la imagen de San Rafael. - 

Antes de hacerse esta sillería existió otra, según puede juzgarse 
por un documento fechado en 7 de Marzo de 1593, en el cual contrata 
el. Cabildo con Lucas Navarro, vecino de Granada, el que éste haga 
el reparo de la sillería por 160 ducados, y en el que se dice: .«La co- 
ronación baja se ha de quitar y con ella sanear y reparar toda la alta 
y los pinjantes que cuelgan entre las chambranas bajas se han de cor- 
tar por junto á la viga alta sobre que carga la coronación y pegarlas 



100 Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 



por donde se ha de hacer el corte las repisillas que hoy tienen los 
mismos colgantes y haciendo las que faltaren sino hubiese hartos y asi 
mesmo ha de hacer y engerir todos los remates que faltan en la coro- 
nación alta.» 

Dice luego que se han de hacer nueve figurillas que faltan en las 
pilastras y los tabernáculos que las cubren, sanearlos tableros de los 
respaldares altos, asi como las imágenes de San Martín y de San Cis- 
cos y otras desatinadas, como quitar las historietas de los sillones 
bajos y ponerlas en los altos. 

De todo lo cual se deduce debió ser una hermosa sillería del periodo 
de transición ojival-plateresco, pero de la que no ha llegado nada has- 
ta nosotros, teniendo que juzgar el mérito de Navarro por el trabajo 
del facistol, que aún se conserva. 

Parroquia de Bujalance (Córdoba) .—Segán noticias, esta sillería 
hasido desarmada hace poco tiempo y trasladada desde la nave cen- 
tral (frente al altar mayor) y ha sido colocada alrededor de esté para 
dejar más libre la iglesia. Consta de dos órdenes de sillones de nogal: 
30 altos y 20 bajos; aquéllos con tableros decorados con un grupo or- 
namental de talla y debajo el busto de un santo, y los inferiores con 
tablero más sencillos, también tallados, pero sin remates, como los 
de arriba. El sillón prioral es de la misma madera con la imagen com- 
pleta de un santo en el respaldo. 

Se cree fué construida en el siglo XVII, y así parece por su estilo, 
pero se ignora el autor. 

Santa María de Utrera. — Encuéntrase situada la sillería á los pies 
de la nave central, delante de la puerta principal. Consta de dos ór- 
denes de asientos, tallados en madera de ciprés y caoba, y por su 
arte parece pertenecer ya al siglo XVIÍI (1). 

Los respaldares de las 37 sillas que forman el orden superior es- 
tán decorados con imágenes de Apóstoles, Doctores y otros santos, 
tallados con poco relieve, representados de medio cuerpo y con el 
nombre de cada santo puesto debajo. Los tableros están separados por 
columnas abalaustradas que apoyan sobre cabezas de ángeles y sos- 
tienen una especie de cornisamento con cartelas, cabezas de ángeles 
y figuritas completas de niño y otros adornos que decoran la escocia 

(l) Iguüíaiuoá 8i eu el archivo exiatiiá algiiu docuuieuto, poique uo se uod 
penaitió visitarlo. 



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BOL. DE LA 50C. ESP. DE EXCURSIONES 



TOMO XVL 







ROTA: Coro de la Iglesia Parroquial 




Fot tupia Je Haitser y Mentt. — Mudrid 



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Coro de la Iglesia Parroquial 



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BOL. DE LA SOC. E5F. DE EXCURSIONES 



TOMO XVI. 




Fototipia de Hausery Meiut. — Madrid 



UTRERA 
Sillería de Santa María 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 101 



en forma de guardapolvo que corre sobre toda la sillería, sirviendo 
de remate una serie de esferas y adornos simétricos, perdidos en su 
mayoría. 

La silla presidencial tiene delante de su respaldo una talla repre- 
sentando la Asunción de Nuestra Señora; estatua que apoya sobre una 
repisa cuyo coronamiento está formado por una gloria de dos niños y 
tres cabecitas de ángeles con el Espíritu Santo; termina todo con un 
gran penacho de motivos vegetales. A los lados tiene dos pilastras 
abalaustradas, rematadas en torsos de mujer. 

La escultura de la Virgen es muy barroca, bien estofada y pinta- 
da; parece posterior á las otras tallas. 

Las veintiséis sillas bajas son casi lisas y no tienen nada digno de 
mención. 

En los costados hay dos puertas, una á cada lado, con las imáge- 
nes de los reyes San Fernando y San Luis. 

Parroquial de Cabra. — Esta sillería es del mismo tipo que la de 
Utrera y Bujalance, pero mucho más sencilla en su traza, pues no 
tiene dosel ni siquiera cornisamento, estando formados los respalda- 
res por tableros con medallones de talla y dentro de ellos la imagen 
de un santo (de medio cuerpo). No tiene pilastras ni columnas sepa- 
rando los tableros, y sí únicamente una sencilla faja de talla. Por la 
parte inferior corre una moldura de hojas y por la alta otra lineal, 
formando un pico sobre cada tablero, y encima de ella pináculos tor- 
neados. 

Tiene en total 35 sillones, 13 á cada lado, en un sólo orden; en el 
frente son ocho y el presidencial, que sólo se diferencia de los otros en 
que el medallón es mayor y en que la imagen que ostenta es la de la 
Purísima (patrona de la iglesia). El sillón es de madera de álamo y 
el medallón de madera blanca. 

Pelayo QUINTERO 

Contiy^uará.) 



Origen de Oviedo. 



Est.a antigua ciudad, como otras muchas localidades de la Edad 
Media, debe su origen á una institución monástica: á la Orden Bene- 
dictina. La civilización romana no había brillado en Asturias con el 
fulgor que en las demás regiones de España, como lo dice la carencia 
de monumentos arquitectónicos, en los que se refleja la grandeza, la 
cultivra y el poderío de los pueblos; La decadencia y postración en que 
cayó la Península con la desaparición del Imperio y la invasión de los 
bárbaros, fué aquí mayor, y lo confirma el silencio de los historiado- 
res, que en el largo tiempo transcurrido del siglo V al VIII, en que se 
verifica la venida de los árabes, no citan jamás ningún acontecimien- 
to acaecido en este país, sabiendo tan sólo por el Obispo hispalense 
San Isidoro, que fué sometido á la dominación visigoda por el Conde 
Richilano, en tiempo de Sisebuto, muy entrado el siglo VII. 

Parecía natural que un territorio favorecido por la naturaleza con 
espléndido suelo, de fertilidad grande, de clima benigno y suave, y no 
muy poblado, atrajera algunas colonias monásticas, y es tanto más de 
extrañar, cuanto que en las provincias limítrofes, á las puertas de 
Asturias, existían, no ya solitarios monasterios, sino grandes estable- 
cimientos religiosos, como los de Penal va y Montes del Vierzo, donde 
á la voz de los Santos Fructuoso y Valerio se creó en la época visigoda 
una verdadera Tebaida; en la Liébana, el de Santo Toribio; en León, el 
del mártir Vicente, y en la vecina Galicia descollaba entre todos el 
Dumiense, al que va unido el nombre del santo Obispo Martín. La vida 
monástica no apareció en Asturias hasta la invasión musulmana, que 
trajo una población numerosa en busca de patria y de libertad religio- 
sa. Los Reyes, movidos de una fe ardiente, excitada por la lucha con 
los árabes, fundaban monasterios en los lugares donde fijaban su 



Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 103 



residencia, al lado de sus viviendas, siendo acaso el primero el de 
Abamia, corte de Pelayo y de Favila, y los de Covadonga y San Pedro 
de Villanueva, sitios predilectos del primer Alfonso. 

En el año 761, reinando Froila, el abad Fromestano y su sobrino el 
presbítero Máximo fundaron en una colina situada al pie de la monta- 
ña de Naurancio un monasterio dedicado al levita y mártir Vicente, 
huidos probablemente de León, caída en poder de los árabes, donde 
existía otro desde los primeros tiempos del cristianismo bajo la advo- 
cación de dicho Santo. Veinte años después, en 781, en el reinado de 
Silo, el presbítero Montano, en unión de los veinticuatro monjes que 
formaban la comunidad durante el gobierno de los citados Fromestano 
y Máximo, hicieron donación al monasterio de todos sus bienes, libros 
religiosos, ornamentos de iglesia, ganado y aperos de labranza. Atraído 
por la belleza del sitio, el Rey Froila trasladó su Corte, de las vertien- 
tes de los Picos de Europa, donde la tenían su padre y abuelo, á este 
lugar, y levantó al lado del monasterio su morada y dos templos, dedi- 
cado el mayor al Salvador del Mundo y los Doce Apóstoles, y el otro 
á los Santos Julián y Basilisa. No consta el año en que este Monarca 
fijó aquí su residencia, pero debió ser con posterioridad al de 781, fecha 
de la escritura de fundación del monasterio, pues de lo contrario, dada 
la importancia del suceso, no hubiera dejado de consignarse en el cita- 
do testamento de donación y confirmación de 781, del tiempo del Rey 
Silo, que guarda completo silencio. 

Aquella colina, cuando se estableció la asociación monástica, esta- 
ba cubierta de espeso bosque, que los monjes tuvieron que abatir, rom- 
piendo el duro suelo con el arado. Bajo la dominación romana no exis- 
tió allí población alguna, y lo confirma el no haberse hallado jamás,: 
al removerse el terreno y los cimientos de antiguas y modernas cons- 
trucciones, restos de edificios, fragmentos de cerámica, de cementos, 
monedas y otros objetos que manifiestan su procedencia de la época 
del Imperio. Llevaba esta colina el nombre que le habían dado los 
aborígenes del país, OVECTAO, cuyo bárbaro vocablo consta en algu- 
nos documentos casi contemporáneos de la fundación de l